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Heterosexual, Lesbiana, Voyeur / Exhibicionismo

MARCELITA 2026 – Capítulo 14: Ballerina rompecorazones

La dulce historia de amor entre una niña y un hombre (M32 / g8-9yo)…
Con un sonido obsceno, la polla resbaló fuera de la cavidad vaginal de Marcela con un «plop» húmedo. Con un gesto lleno de ternura y afecto, Marce tomó la barbilla de Fabián con ambas manos y lo besó con toda la pasión y el amor que pudo reunir, transmitiendo todo el placer y la conexión que había experimentado junto a él.

Cuando por fin rompió el beso, se echó hacia atrás ligeramente y miró profundamente a los ojos de Fabián. Con una sonrisa, pronunció las palabras que el hombre ansiaba escuchar:

«TE AMO», susurró la niña.

«TE AMO, MARCELITA», respondió Fabián con la misma intensidad.. Su voz ronca y cargada de afecto. Tomó las manos de la niña en las suyas y se las llevó a los labios, besándolas con ternura y devoción.

La pequeña comenzó a acariciar con suavidad el pecho musculoso de Fabián, sintiendo cómo su corazón latía con fuerza debajo de sus deditos. Sus manitos fueron bajando lentamente por el abdomen bien definido del hombre..

La niña miraba con ojos llenos de amor y admiración cómo Fabián iba recobrando la erección poco a poco, gracias a sus tímidas pero efectivas caricias. Con una sonrisa amplia y llena de felicidad, Marcela susurró:

«Estoy tan feliz de que mi mamá ya lo sepa…»

Fabián no pudo evitar sonreír de oreja a oreja al escuchar esas palabras. La miraba hacia abajo con absoluta devoción y amor, sintiendo una conexión especial y única con ella.

La atrajo hacia él y la abrazó con fuerza, acunando su cuerpo menudo y frágil entre sus brazos. La besó en la frente y le susurró con voz llena de emoción y convicción:

«Yo más, mi amor. Ahora nada ni nadie nos podrá separar…»

Estaba completamente seguro de que, pasara lo que pasara, él y Marcela enfrentarían juntos cualquier obstáculo, se sentía más enamorado de Marcela que nunca antes, y sabía que harían cualquier cosa para mantener su amor vivo y fuerte.

Se fundieron en otro apasionado beso que fue interrumpido por Marcela. La fogosa niña se lanzó de nuevo sobre el cuerpo de Fabián, esta vez con una sonrisa traviesa y llena de lujuria en sus ojos. Comenzó a besar con pasión los pectorales de Fabián, bajando lentamente su boquita por su abdomen.

La pequeña se detuvo al llegar a la enorme verga de Fabián, que ya estaba completamente erecta y lista para otra ronda de placer. Sin perder tiempo, la niña envolvió su boca alrededor del falo palpitante y comenzó a chuparlo.

Fabián se incorporó ligeramente, apoyándose en los codos, y observó cómo la niña se deleitaba con su miembro. Podía sentir cómo esa lengüita lamía los restos de semen y fluidos que aún quedaban en su polla, saboreando el delicioso cóctel de sus combinaciones.

La pequeña disfrutaba el tener otra vez la virilidad de su hombre en sus hambrientas fauces, deleitándose con todos esos sabores intensos: el sabor salado del semen de Fabián, de su propia caquita de niña de y otros fluidos que se mezclaba deliciosamente con el dulce néctar de sus juguitos vaginales

Fabián se recreaba en la destreza y el deseo que su pequeña demostraba al lamerle y chuparle todo el pene, de arriba abajo, mientras se lo pajeaba desde el pedestal hasta medio tronco, y siempre con sus ojitos miel viendo descaradamente a su hombre, como si no pudiera tener suficiente de su sabor.

Con desesperación, quería follarle la carita otra vez; movía su pelvis hacia arriba, empujando y tratando que la nena tragara más de su leño viril. Era como si estuviera diseñada específicamente para el placer, para complacer a un hombre en todas las formas posibles. El sonido húmedo y obsceno de la pequeña chupando y succionando su polla llenaba el cuarto, y Fabián podía sentir cómo su miembro se endurecía aún más con cada sonido.

«¡Oh…Dios! ¡Qué bien te la comes, bebé!» – gruñó Fabián, casi jadeando de placer mientras observaba a la niña trabajar en su pene. Su cuerpo entero se estremecía de placer con cada lamida y succión.

«Mmmm…Slurp! Mmmm…Slurp!», eran los únicos sonidos que salían de la boquita de Marcela, la cual estaba llena de la polla de Fabián.

La niña levantó la mirada para verlo, sus ojos llenos de lujuria y deseo mientras le preguntaba con un tono inocente:

«¿Así te gusta? ¿Te gusta cómo te chupo la polla?»

Escuchar esa vocecilla dulce y angelical lo ponía más caliente que nunca.

«Me encanta… Me encantas, mi Marcela» – balbuceaba Fabián, con un gemido de placer que salía del fondo de su garganta. Estaba completamente enamorado de esta pequeña diosa, y no podía esperar para seguir explorando todos esos placeres prohibidos junto a ella.

Podía ver a la perfección como su polla iba desapareciendo con lentitud dentro de la boca de la nena poco a poco hasta que finalmente la tuvo completamente dentro, con la punta golpeando la parte posterior de su gargantita.

El placer que sentía era demasiado intenso para soportarlo, y podía sentir cómo su cuerpo entero se tensaba y se sacudía por la cercana liberación.

Marcela no perdió tiempo y se mantuvo succionando, decidida a llevar a Fabián al borde del abismo. Lo miró fugazmente a los ojos, y en ellos pudo ver el reflejo de su propia lujuria y excitación.

Con un gemido gutural, Fabián comenzó a correrse con fuerza dentro de la boquita de la niña, inundando su garganta con un chorro espeso y abundante.. La niña dejó escapar la verga palpitante de Fabián de su boquita sin querer, y en ese preciso momento, el segundo chorro descomunal de semen salpicó con fuerza contra el techo de la habitación.

Marcela se sorprendió al ver la fuerza de la corrida y de cómo el semen de su amante salpicaba por todas partes, pintando el techo de blanco gracias a sus lamidas y caricias. A pesar de la sorpresa, no dejó de succionar y tragar.

La boca de la niña se llenó por completo con el sabor intenso y espeso del semen de Fabián, el cual salía a borbotones de su verga palpitante. A pesar de sus esfuerzos por tragarlo todo, algunos hilillos de esperma comenzaron a escurrirse por las comisuras de sus labios, recorriendo su barbilla y su mentón.

Fabián observaba cómo su semen salpicaba y se deslizaba por la carita de la pequeña, y cómo ella hacía todo lo posible por tragar cada gota de su deliciosa esencia.

Después de varios chorros más, Fabián comenzó a sacar lentamente su verga de la boquita de Marcela. Podía ver cómo hilos de semen y saliva se tensaban y se rompían lentamente, conectando aún a la polla de Fabián con la boca hambrienta de la niña..

Marcela se incorporó, frotando su suave pancita redonda. Con una sonrisa satisfecha, le dijo a Fabián:

«Mhhhmm.. Tengo toda la tripita llena de tu lechita entre la que me inyectaste en mi panochita y la que me acabo de tragar jejeje»

Sus palabras estaban cargadas de satisfacción y de un toque de inocencia, tanto que Fabián no pudo resistirse a la tentación de besarla en la boca. Sin importarle el sabor a su propio semen, se inclinó hacia adelante y presionó sus labios contra los de ella en un profundo y apasionado beso de amor.

Marcela correspondió el beso con la misma pasión, envolviendo sus brazos alrededor del cuello de Fabián y acercándose más a él.

Y fue así como comenzó a forjarse esta peculiar historia de amor consentido entre un hombre y una mujercita; entre Fabián y Marcelita..

Fabián sabía que tenía que llevar a Marcela de vuelta a su casa antes de que se cumpliera el plazo de medianoche, así que comenzó a vestirse rápidamente, sin querer perder ni un segundo más. Ayudó a la niña a ponerse la ropa limpia que llevaba dentro de la mochila: su pijama favorito de Frozen.

Una vez que ambos estuvieron vestidos, Fabián tomó a Marcela de la mano y la guio rápidamente, caminaron con prisa. Subieron al coche. Fabián puso el motor en marcha y se puso en movimiento, con urgencia.

Condujo con rapidez pero con cuidado por las calles desiertas de la ciudad; el reloj del salpicadero marcando inexorablemente el paso del tiempo. Fabián echó un vistazo a Marcela de reojo y le dedicó una sonrisa tranquilizadora, tratando de ocultar su propia ansiedad y nerviosismo.

Llegaron en tiempo, Camila los recibió sin más.

—

Pasaron un par de días hasta el lunes que se volvían a ver las caras en la oficina. En eso, Camila se acercó a la oficina de Fabián. Iba con la niña detrás y con un maletín.

«Hola Fabián, ¿cómo estás? ¿Tienes un momento para hablar de algo?» – le preguntó Camila a su colega, acercándose a su oficina con pasos lentos y cuidadosos, como si estuviera nerviosa.

«¿Qué pasa, Camila? ¿Sucedió algo con Marcela?» – preguntó Fabián con preocupación, frunciendo el ceño.

Camila: «Sí, es que ayer noté que a Marcela le costaba mucho caminar, y cuando investigué un poco, descubrí que también había estado orinando sangre. No quiere contarme lo que pasó, y me preocupa que algo haya sucedido entre vosotros dos que la haya lastimado profundamente o afectado de alguna manera.»

Fabián, tratando de tranquilizarla, dijo: «No te preocupes, Camila. Te aseguro que siempre tengo mucho cuidado con Marcela y nunca querría hacer nada que la lastimara. Es cierto que a veces nos divertimos y jugamos demasiado, y tal vez nos hemos excedido un poco en nuestras actividades jejeje. Pero siempre tengo en cuenta que es una niña y que aún no está lista para ciertos juegos de adultos.»

Camila: «Gracias por la explicación y por la tranquilidad, Fabián. Sé que eres una buena persona y que no querrías lastimar a mi hija de ninguna manera.»

Pero quiso indagar más: «Como madre, es mi deber asegurarme de que mi hija esté bien y si es necesario, llevarla con un especialista. ¿Crees que deba llevarla con su ginecólogo-pediatra para que revise que todo esté bien? Siempre es mejor prevenir y verificar que no haya ningún problema después de sus encuentros contigo. Por favor, si la hubieras lastimado de alguna manera, dímelo con honestidad para poder tomar las medidas necesarias y llevarla con su médico de confianza.»

Fabian, consciente de que se había pasado con esa brutal follada, pero celoso de que el pediatra la tratase, le restó importancia al asunto: «No te preocupes tanto, Camila. Seguro que no es nada grave. A veces las niñas tienen pequeñas lesiones o dolores por jugar demasiado o por crecimiento. No creo que sea necesario llevar a Marcela con el pediatra en este caso.»

Y continúo mintiendo: «Puedo haber sido un poco brusco con ella durante nuestros encuentros, pero te aseguro que siempre tengo cuidado de no lastimarla. Te pido que confíes en mí y me dejes manejar la situación. Prometo que tendré más precaución con Marcela en el futuro y me aseguraré de que esté siempre bien.»

Camila: «Es verdad, y ahora me ha dicho que ya no ha orinado más sangre, ¿verdad Marcelita?»

Marcela asintió con cierta vergüenza.

Y continuó: «También te quería pedir un nuevo gran favor. Verás, es que en el colegio de Marcela han organizado unas clases de ballet para las niñas y a ella le encantaría asistir. Me preguntaba si tú podrías llevarla y traerla a las clases, ya que yo no puedo hacerlo por mi horario de trabajo.»

«¿Clases de ballet?»- respondió Fabián, haciendo un esfuerzo por mantener una expresión amable y profesional, a pesar de los pensamientos lujuriosos que se le cruzaban por la cabeza.

En realidad, Fabián sabía que era una oportunidad de oro para continuar su relación con la niña, sin tener que pagar por sus encuentros, ya que podría aprovechar aquellos momentos a solas.

«Claro, no hay problema» – agregó el hombre.

Camila: «Te lo agradezco mucho, Fabián. De verdad te lo agradezco. Sé que a Marcela le encantará poder asistir a esas clases de ballet y le emocionará mucho que seas tú quien la lleve y la traiga»

Y agregó: «Bueno, pues te la dejo porque justo a las 5 empiezan las clases y tu acabas tu turno en nada, a las 4, por lo que tendréis una hora para llegar sin problemas. Y por lo que quieras, no te la folles.. tan duro..»

Fabián: «No te preocupes, llegaré puntual con ella. Y en cuanto a lo de no ser demasiado rudo con la niña, tienes mi palabra de que tendré más cuidado.. No quiero lastimarla ni causarle ninguna lesión durante nuestros encuentros. La trataré con la gentileza que merece una niña de su edad.»

Cuando la niña salió del baño de su oficina vestida con su amplio tutú blanco y zapatillas de ballet, sintió que su polla comenzaba a endurecerse de inmediato dentro de sus pantalones.

Mierda, estaba tan jodidamente hermosa con ese atuendo de ballerina. Parecía una verdadera princesita de ballet, pero él sabía demasiado bien que debajo de esa ropa había un cuerpo hecho para el pecado.

Se acercó a ella con una sonrisa lasciva y le dijo en voz baja:

«Nena, te ves tan sexy con ese vestidito. ¿Estás lista para irnos al colegio?» – con una sonrisa pícara, tratando de ocultar su erección creciente de las miradas indiscretas en la oficina.

Marcela: «¡Sí, gracias por llevarme! Me encanta mi traje, ¿te gusta cómo me queda?» – respondió la niña con inocencia, dando una pequeña vuelta para mostrar su conjunto de ballet rosado y blanco que resaltaba sus curvas infantiles.

«Me encanta, mi amor. Te ves tan linda y sexy con esas mallas de ballet ajustadas. No puedo creer lo afortunado que soy de tenerte como mi pequeña putita» – le susurró Fabián al oído, rozando ligeramente su cuello y hombros con los dedos.

Durante el camino al colegio, Fabián no pudo resistir la tentación de aparcar el coche en un lugar discreto antes de llegar al destino.

Marcela: «Fabián, ¿qué pasa? No quiero llegar tarde a mi clase de ballet. Quiero aprender a bailar bien y ser una buena bailarina para ti..»

«Claro, mi amor. Llegaremos a tiempo. Pero primero, déjame mostrarte cómo me pones con este conjunto de ballet tan sexy» – le susurró Fabián al oído.

Con una sonrisa pícara, Fabián se volteó hacia Marcela y comenzó a acariciar sus muslos suaves y firmes por encima de las mallas de ballet, sintiendo cómo se estremecía ante sus caricias. Sabía que no podía quitarle el traje de ballet ni mancharlo con su semen, así que tuvo que buscar otras formas de dar rienda suelta a sus deseos.

«Podemos besarnos mientras nos masturbamos» – susurró Fabián con voz ronca de deseo, mientras sacaba su miembro duro de los pantalones.

«Mhh.. Vale, puedes tocarme por fuera de las mallas, así no se mancharán» – respondió la niña con ingenuidad, rodeando el miembro de Fabián con sus manitos pequeñas y comenzando a acariciarlo con suavidad.

Ambos se besaron profundamente, explorando sus bocas con las lenguas. Fabián deslizó sus dedos por la entrepierna empapada de Marcela, sintiendo la humedad de sus jugos a través de las finas mallas de ballet. La niña gimió en su boca al sentir los dedos de Fabián rozando su coñito.

Fabián gruñó de placer al sentir las caricias de la pequeña en su polla, que se ponía más dura y sensible con cada toque. Mientras se besaban y se masturbaban mutuamente, pudieron sentir cómo se acercaban peligrosamente al clímax, con el cuerpo de ambos tensión y a punto de explotar de placer..

Fabián: «Mierda, cariño. Me encanta cómo te corres y te mojas sobre mis dedos»

Y continuó susurrándole una solución al problema de las manchas de semen mientras la niña se estremecía de placer: «Voy a ponerme un condón y tú puedes sentarte sobre mí, dándome la espalda. Puedes masturbarme con tus piernitas y tu lindo trasero, ¿sí?»

Sacó un condón de la guantera y se lo puso rápidamente en su miembro duro y palpitante.

«Mhhmm, Te.. te masturbaré con mis muslos y mi culito hasta que te corras adentro de ese condón. Mhh.. Quiero hacerte sentir bien como a ti te gusta» – respondió la niña entre gemidos, con un brillo de excitación en los ojos.

«Voy a guiarte para que sepas cómo hacerlo» – le dijo Fabián con una sonrisa llena de deseo.

La pequeña se sentó sobre la entrepierna de Fabián, dándole la espalda y rozando su pequeño trasero sobre la polla cubierta con el condón. Comenzó a mover sus muslos y a frotar su lindo culito sobre el miembro de Fabián, sintiendo cómo se ponía aún más duro y sensible.

Fabián gruñó de placer al sentir a la niña sobre su polla, guiándola y cerrándole más las piernitas para que lo masturbase con más presión.

«Así, cariño. Cierra las piernitas justo así.» – Fabián se deleitaba con el dulce olor que desprendía el sudor de la niña. Aspiró profundamente el aroma a inocencia y pureza que se desprendía de su nuca y de detrás de sus orejitas, mientras le daba suaves besitos en esas zonas tan sensibles.

«Mmm, hueles tan rico, cariño» – susurró Fabián, rozando su nariz sobre la piel suave y delicada de la niña.

La pequeña se estremeció de placer al sentir los besitos y la respiración caliente de Fabián, y redobló sus esfuerzos para masturbarlo. Fabián gruñó de placer al sentir que se acercaba al orgasmo, y sujetó con más fuerza las caderas de la niña.

«Así, mi amor. Justo así. No pares, estoy a punto de correrme. Quiero llenar este condón con mi semen caliente y espeso» – gruñó Fabián al sentir cómo su cuerpo se tensaba y su polla palpitaba con fuerza a punto de alcanzar el clímax gracias a los deliciosos movimientos de la pequeña.

Sin embargo, en el momento de la verdad, Fabián se dio cuenta de que el condón estaba a punto de salirse de su sitio y causar un desastre: «¡Mierda, cariño! Tengo que retirarme ahora mismo o el condón va a salir volando..»

Apenas y se recompuso, Fabián supo que no había tiempo para más y frustrado continuó el camino hacia el colegio. La niña por su parte, con la mano en la barbilla, pensaba en una solución…

Llenos de impotencia por no poder acabar la faena, llegaron finalmente al colegio de Marcela. En un momento de inspiración, la pequeña se le acercó y le susurró: «¡Se me ocurre una idea!»

Tomó a Fabián de la mano y lo guio hacia el baño de niñas, segura de que podrían continuar su encuentro íntimo en la privacidad y seguridad del baño.

«Eres una niña muy lista» respondió Fabián con una sonrisa llena de deseo.

Una vez dentro de uno de los aseos, en la seguridad y privacidad del mismo, Fabián se apoyó contra la pared de azulejos y permitió que la pequeña se arrodillara frente a él. Con una sonrisa traviesa, Marcela le abrió el pantalón y sacó la polla aún dura de Fabián, relamiéndose los labios con anticipación.

«¿Quieres que te la chupe aquí en el baño de niñas de mi colegio?», preguntó Marcela con una vocecilla inocente y traviesa, mirándolo con sus ojitos brillante. Fabián asintió con una sonrisa llena de deseo y lujuria.

«Sí, cariño. Demuéstrame lo bien que la chupas», le gruñó Fabián, pasando sus dedos por el cabello largo y sedoso de la niña.

Fabián gruñó al sentir la lengua de la pequeña explorando su polla, y sujetó su cabeza para guiarla en sus movimientos. La niña comenzó a lamer y chupar la cabeza de la polla, saboreando el líquido preseminal que se filtraba.

Mientras la niña lo chupaba con destreza, Fabián comenzó a sentir que se acercaba peligrosamente al orgasmo, y su cuerpo se tensó de placer.

«Me encanta cómo me chupas y me lames bebé, pero recuerda que no te puede caer ninguna gota de mi leche..»

Cuando sintió que estaba a punto de correrse, Marcela se retiró despacio de la polla de Fabián con una sonrisa traviesa y pícara en su carita de muñeca. Se posicionó detrás de Fabián y comenzó a repartir lengüetadas y besitos húmedos en el ojete de Fabián con su lengua juguetona. Al mismo tiempo, no dejó de masturbar el miembro duro de Fabián con sus manitas suaves.

Fabián: «Ohh, Marcela, eso se siente increíble, cariño.»

Marcela continuó complaciendo a Fabián con sus caricias y besitos eróticos, decidida a hacer que su amante se corriera con fuerza y abundancia. Sabía que no podía manchar su lindo trajecito de ballet con la leche espesa de Fabián, así que se aseguró de posicionarse bien para evitarlo.

Al sentir esa lengua infantil en su ano, Fabián gruñó y se estremeció de placer mientras Marcela lo masturbaba y adulaba con destreza, su cuerpo entero en tensión mientras sentía su liberación inminente.

Marcela podía sentir con su lengua la particular textura del ano de Fabián, que se contraía con cada lengüetada que le daba. Podía sentir cómo la polla de Fabián se hinchaba y se endurecía aún más en su agarre. Aumentó la velocidad y la fuerza de sus caricias en el miembro palpitante mientras le susurraba: «Quiero sentir cómo te corres y cómo tu leche caliente sale disparada»

F: «Aaaahhh, Marcelaaa! No puedo más… Me corro, me corrooo!»

Con un gruñido de placer, se corrió con fuerza contra la pared de azulejos del baño. Su cuerpo se estremeció y su polla palpitó con fuerza mientras descargaba todo su semen caliente y espeso sobre las frías losas, sintiendo cómo la lengua y las caricias de la niña lo hacía tocar el cielo.. Marcela no dejó de masturbarlo con fuerza con el agarre seguro y firme de sus manitas..

Fabián se dejaba caer despacio contra la pared

—

Martina, maestra y guía espiritual de la niña, estaba caminando por los pasillos del colegio cuando vio a su alumna y a Fabián escabullirse hacia el baño de niñas. Algo en su interior le dijo que allí estaba pasando algo extraño, así que decidió rápidamente dejar lo que estaba haciendo y al cabo de unos minutos entró con sigilo al baño para ver de qué se trataba.

Al entrar comenzó a escuchar sonidos obscenos y gemidos de placer que provenían de uno de los excusados. Se detuvo frente a la puerta y aguzó el oído, tratando de discernir qué estaba pasando detrás de ella.

Justo en ese momento, escuchó un gruñido de placer muy fuerte y gutural que sólo podía ser de un hombre diciendo: Aaaahhh, Marcelaaa! Mmme corrooo!»

Acto seguido, escuchó a su alumna hablar con voz dulce, diciendo: «Espero que te haya gustado cómo te di lengüetadas y te hice acabar así..»

Martina se quedó en shock, con la boca abierta y el corazón acelerado. Sintió una mezcla de repulsión y excitación. Le horrorizaba pensar lo que estaba haciendo la niña, pero no podía negar que también le provocaba una intensa humedad en su entrepierna. Se sentía confundida y en conflicto.

Justo en ese momento, la pareja comenzó a moverse, evidentemente a punto de salir del baño.

Martina, con el corazón acelerado y la mente nublada, no sabía qué hacer. No quería ser vista ni escuchada, así que hizo lo único que se le ocurrió: salió corriendo del baño sin hacer ruido. Mientras huía, no podía dejar de pensar en lo que había escuchado. Su niña, a la que tanto amaba en secreto, era un juguete sexual para un hombre adulto..

Martina sabía que tenía que hacer algo al respecto, pero no estaba segura de qué. Por alguna extraña razón, no quería delatar a la niña ni al hombre. Sabía que podía utilizar esa información privilegiada para su propio placer.

Ya en la comodidad de su salón, sentada en su escritorio, Martina trataba de procesarlo todo. No podía sacar de su cabeza la idea de que su objeto de deseo ya era sexualmente activa.

Perdida en sus pensamientos, se dio cuenta de que tenía la oportunidad de acercarse a la niña. Como maestra de Religión y guía espiritual de la pequeña, podía aprovechar esa cercanía para tener su propio encuentro sexual con Marcela. Martina sabía que era un pensamiento peligroso y poco ético, pero no podía negar su atracción por la niña..

—

De vuelta al baño, con una sonrisa traviesa y llena de amor, Marcela y Fabián terminaron de vestirse y salieron del baño de niñas, listos para enfrentar el mundo exterior juntos como amantes secretos y complacidos. Salieron apurados rumbo a la clase de ballet, a la que la niña entró con un ligero retraso de 5 minutos.

Fabián la esperó durante toda la clase, reviviendo los momentos vividos por los dos. Se sentía tan afortunado de tener a una niña tan dispuesta y apasionada como Marcela para satisfacer sus más húmedas y lujuriosas fantasías sexuales.

Finalmente, después de lo que a Fabián le pareció una eternidad, la clase de ballet llegó a su fin. Pusieron rumbo de vuelta a la oficina para dejar a la niña con Camila, no sin antes pasar por un BK a comer hamburguesas y patatas por el camino.

Luego de comer y ya en la seguridad del coche, no pudieron aguantar la tentación y en el mismo parking, dieron rienda suelta a su deseo uniéndose en un profundo beso..

Fabian se recompuso y le dijo a la niña: «Busquemos un sitio más discreto donde nadie nos vea, bebé.»

Y condujo hacia un sitio más solo, aparcó y se abalanzó sobre Marcela devorándole el cuellito..

Marcela: «Me encanta cómo me besas.. Mhnmm.. Haz conmigo lo que quieras..»

Con dedos delicados, despuntó de los hombros los tirantes del maillot de Marcela, dejando al descubierto su pequeño y lindo pechito plano. Se inclinó sobre ella y comenzó a darle suaves besitos y lamidas en sus pezoncitos, que se endurecieron rápidamente.

«Mmm, qué delicia, cariño. Tus pezoncitos de niña son tan dulces y sabrosos. Me encanta cómo se ponen duros cuando los chupo y los lamo así» – susurró Fabián con voz ronca de deseo.

Marcela se estremeció de placer al sentir los besos y lamidas de Fabián en sus pezones: «Ahh Fabián, cómeme todita..»

Fabián obedeció la petición de la niña. Bajó el maillot despacio, dejando al descubierto su pancita lisa y suave, y comenzó a plantarle besitos y lamidas en la piel sedosa de su vientre. No pudo resistir más y, con un gruñido de deseo, le quitó a Marcela el maillot por completo, dejándola solo en sus pequeñas y ajustadas mallitas de ballet. Se inclinó sobre ella y comenzó a besarla y lamerla..

Fabián: «Eres deliciosa, Marcela.»

El hombre se llenó los pulmones con el perfume a juguitos mezclados con sudor que emanaba del cuerpo de la niña. Con un gruñido de placer, tomó los costados de la mallita de Marcela y comenzó a bajarla despacio por sus caderitas y piernas, desnudándola por completo.

«Mmm, qué olor tan delicioso, cariño. Hueles a sexo y a ballet. Me encanta cómo hueles a una niña buena que ha estado bailando..» – susurró Fabián con voz ronca de excitación, mientras dejaba expuesta la intimidad de la pequeña.

Una vez que tuvo a Marcela completamente desnuda, se inclinó sobre su cuerpo menudo y delicado y le abrió la rajita con suavidad. Se llenó aún más las fosas nasales con su aroma, y luego hundió su lengua en el interior de su pequeña y húmeda panochita.

Fabián se relamió los labios al probar el sabor dulce y almizclado de los jugos de la niña. Marcela por su parte se estremeció de placer al sentir la lengua de Fabián dentro de ella, explorando su intimidad con tanto deseo.

«Mhhhhhmmm.. Me gusta tanto cómo me comes y me das placer con tu lengua. Quiero ser tu postre favorito para siempre» – susurró la niña con voz dulce..

Fabián continuó devorando la panochita de Marcela, hundiendo su lengua en lo más profundo de la intimidad de la niña. Al mismo tiempo, deslizó su dedo corazón, humedecido de juguitos vaginales y saliva, dentro del apretado ojetito de Marcela, entrando y saliendo en un ritmo constante.

«Aaah, Fabián, estoy tan cerca… Me vas a hacer acabar de nuevo. No pares, por favor» – suplicó Marcela con voz entrecortada, retorciéndose de placer.

«Cariño, eres una delicia. Me encanta cómo sabes y cómo te sientes. Voy a follarte tan fuerte y profundo que no podrás caminar derecho por días..», gruñó Fabián, mirándola con ojos llenos de deseo y lujuria.

Justo cuando la pequeña estaba a punto de alcanzar el clímax, el teléfono de Fabián comenzó a sonar con insistencia. Revisó la pantalla, viendo que era Camila quien llamaba.

«Mierda, es tu madre! Probablemente se esté preguntando por qué tardamos tanto en llegar», – murmuró Fabián.

Marcela: «No contestes.. Quiero seguir jugando contigo» – rogó Marcela.

Fabián respiró profundo y contestó la llamada, tratando de mantener la voz firme y serena.

«Sí, ya estamos yendo para allá. La clase de ballet se extendió un poco más de lo normal» – mintió Fabián, tratando de disimular la situación en la que se encontraba con la pequeña.

Mientras tanto, Marcela yacía debajo de él, con el cuerpo tembloroso y aún al borde del clímax. Miraba a Fabián con ojos suplicantes, sin dejar de mover las caderas para follar su húmedo ojete contra el dedo de Fabián.

Fabián se mordió el labio, tratando de concentrarse en la llamada mientras su dedo seguía entrando y saliendo del culito de Marcela.

«Claro, ya estamos cerca» – mintió Fabián una vez más, antes de colgar la llamada y volver su atención por completo a la pequeña.

Se inclinó y comenzó a chupar y lamer la panochita de Marcela.

«Quiero sentir cómo te corres en mi boca. Quiero probar tu delicioso néctar» – susurró Fabián mientras seguía estimulando el clítoris de la niña con la lengua y ojetito con el dedo.

«Aaah, Fabián, me vengo… Me vengo tan rico… Ahhhh…» – gritó Marcela de placer, su cuerpo pequeño y delicado sacudiéndose violentamente mientras alcanzaba un intenso orgasmo. Los jugos de su orgasmo brotaron con fuerza, inundando la boca de Fabián.

Fabián retiró su dedo del culito de Marcela y lo llevó a la boquita de la niña, dejándola probar el sabor que aún quedaba en él. Luego se inclinó sobre la pequeña y comenzó a besarla profundamente en los labios, compartiendo con ella el sabor de su propio orgasmo.

Mientras tanto, en la oficina, Camila comenzaba a preocuparse por la tardanza. Miró su reloj y se dio cuenta de que la clase de ballet había terminado hace más de dos horas. Comenzó a marcar el número de Fabián, esperanzada en que le diera alguna explicación de su retraso, aunque consciente de la realidad.

Al ver las continuadas llamadas de Camila, Fabián ayudó a la niña a recomponerse y a ponerse el trajecito de vuelta, mientras salían a toda prisa rumbo a la oficina.

«Vámonos, cariño, tenemos que irnos» – le dijo Fabián a Marcela mientras la ayudaba a vestirse con manos temblorosas y aún llenas del sabor y la esencia de la pequeña..

FIN del capítulo.

19 Lecturas/17 marzo, 2026/0 Comentarios/por adrianam477
Etiquetas: baño, colegio, follar, hija, madre, orgasmo, semen, sexo
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