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Heterosexual, Incestos en Familia

Me cogí a mi sobrina camino a la playa

Un viaje apretado fué el momento perfecto para gozar a mi sobrina .
El viaje a la playa se había vuelto un caos desde el principio. La camioneta familiar estaba repleta: los padres de Frida adelante, su hermano menor y dos primos atrás, maletas, neveras y toallas por todos lados. No quedaba espacio. Por eso, cuando llegaron a recoger a su tío Humberto, de 49 años, la única solución fue que Frida se sentara encima de él.

Frida tenía 20 años, era una morena curvilínea de cabello corto negro que le enmarcaba la cara con estilo. Sus ojos grandes y rasgados le daban esa mirada de gata que volvía locos a los chicos. Tenía una sonrisa hermosa, blanca y traviesa, que usaba para coquetear sin esfuerzo. Sus pechos eran pequeños pero firmes, apenas cubiertos por la parte superior de un bikini rojo sexy de dos piezas que se ataba con delicados lazos. Lo que realmente destacaba era su cuerpo de abajo: unas caderas anchas, unas nalgas grandes, redondas y torneadas que se movían con cada paso, y unas piernas gruesas, suaves y bien formadas que brillaban con el aceite bronceador que ya se había puesto.

Humberto era delgado, bien parecido, con algunas canas en las sienes que le daban un aire maduro y atractivo. Vestía solo unos shorts de baño negros holgados y una camiseta ligera que ya se había quitado por el calor. Cuando Frida se sentó sobre sus piernas, él trató de mantener la compostura. La familia charlaba animadamente, la música de reggaetón sonaba fuerte y las risas llenaban el auto mientras salían de la ciudad rumbo a la costa.

Al principio fue incómodo. Frida se acomodó lo mejor que pudo, con las manos en el techo para no golpear la cabeza. Pero el camino era lleno de curvas y baches. Cada frenazo, cada vuelta, hacía que su cuerpo voluptuoso se frotara contra el de su tío.

Sus nalgas grandes y suaves presionaban directamente sobre el regazo de Humberto. El bikini era tan fino que apenas era una barrera. Sentía el calor de su piel morena a través de la tela delgada de sus shorts. Cada movimiento del auto hacía que las nalgas de Frida se deslizaran ligeramente hacia adelante y hacia atrás sobre su entrepierna.

—Ay, perdón tío… —murmuró ella al principio, girando un poco la cabeza con esa sonrisa coqueta, aunque sus ojos de gata brillaban con algo más.

—No pasa nada, mija —respondió Humberto en voz baja, tratando de sonar normal. Pero su polla ya empezaba a reaccionar. El roce constante, el calor de ese culo perfecto y la forma en que las nalgas de Frida se apretaban contra él cada vez que el auto saltaba en un bache… era inevitable.

Pasaron los minutos. La familia adelante hablaba de dónde parar a comer, los primos cantaban con la música. Nadie prestaba atención a la parte de atrás.

Frida sintió cómo algo duro crecía debajo de ella. Al principio fingió no darse cuenta, pero el bulto se hacía cada vez más grande y grueso contra su entrepierna. El bikini de ella era tan pequeño que la tela se hundía ligeramente entre sus labios vaginales. Cada frotamiento hacía que la verga de su tío se presionara justo contra su clítoris a través de las dos telas finas.

Ella mordió su labio inferior. Un calor húmedo empezó a crecer entre sus piernas. Sin quererlo, o tal vez queriéndolo un poco, comenzó a moverse ligeramente más, acompañando el movimiento del auto. Sus nalgas se deslizaban lentamente sobre la polla endurecida de Humberto, sintiendo cómo latía y crecía.

Humberto apretó los dientes. Sus manos, que al principio estaban en los costados del asiento, terminaron posándose con cuidado en las caderas anchas de su sobrina. No la agarraba fuerte, solo la “ayudaba” a estabilizarse. Pero sus dedos se hundían un poco en esa carne suave y morena.

—Estás muy… apretada aquí atrás —susurró él cerca de su oído, aprovechando que la música estaba alta.

Frida giró un poco la cara, su cabello corto rozando la mejilla de su tío.

—Es que no hay de otra, tío… —respondió ella con voz bajita y juguetona—. Y parece que a ti te está gustando el viaje…

El auto dio otro bache fuerte. Esta vez, el movimiento hizo que el bikini de Frida se corriera un poco hacia un lado. La cabeza gruesa de la verga de Humberto, que ya había salido por la pierna de sus shorts, rozó directamente la piel caliente y húmeda de los labios de su sobrina.

Ambos se tensaron. Frida soltó un suspiro suave que disimuló con una risa cuando su mamá preguntó algo desde adelante.

Humberto no pudo más. Con una mano disimulada, apartó un poco más el bikini de ella. Su polla, dura como piedra y goteando precum, se deslizó lentamente entre los labios vaginales de Frida. Ella estaba empapada. El roce fue resbaladizo, caliente.

—Shhh… tranquila —murmuró él en su oído mientras la familia reía por una broma.

Centímetro a centímetro, aprovechando los movimientos del auto, la verga de Humberto entró en la vagina apretada y caliente de su sobrina. Frida abrió la boca en silencio, sus ojos de gata se entrecerraron de placer. Sentía cómo esa polla madura la abría, la llenaba por completo. Sus nalgas grandes descansaban ahora completamente sobre el regazo de su tío, con la verga enterrada hasta el fondo dentro de ella.

Empezaron a follar así, disimuladamente. Cada curva del camino, cada bache, servía como excusa para que Humberto empujara hacia arriba y Frida bajara sus caderas. Era un movimiento lento, profundo, constante. La polla entraba y salía de su coño mojado con un sonido suave y húmedo que quedaba ahogado por la música y las conversaciones.

Frida sentía las manos de su tío apretando sus nalgas por debajo, abriéndolas un poco para penetrarla mejor. Sus piernas torneadas temblaban ligeramente. Gotas de sudor corrían por su espalda morena. Sus pechos pequeños subían y bajaban con la respiración agitada.

—Qué rico… tío… —susurró ella casi sin voz, girando la cara para que solo él la oyera.

Humberto mordió suavemente el lóbulo de su oreja.

—Estás tan mojada, Frida… tu culo y tus piernas me tienen loco desde que te sentaste.

Ella sonrió con esa hermosa sonrisa traviesa, aunque sus ojos estaban vidriosos de placer. Aceleraron un poco el ritmo cuando el auto entró en una carretera más recta pero con vibraciones constantes. Humberto follaba a su sobrina con estocadas cortas y profundas, su polla rozando ese punto dentro de ella que la hacía apretar los muslos.

Frida llegó primero. Su coño se contrajo con fuerza alrededor de la verga de su tío, temblando, soltando jugos calientes que empaparon los shorts de Humberto y el asiento. Mordió su propio brazo para no gemir fuerte mientras su cuerpo se sacudía en un orgasmo silencioso pero intenso.

Humberto no aguantó mucho más. Con un gruñido bajo disimulado como si estuviera estirándose, empujó una última vez y se corrió dentro de ella. Chorros gruesos y calientes de semen llenaron la vagina de Frida, rebosando un poco por los lados y mojando sus nalgas torneadas.

Se quedaron así unos minutos, conectados, respirando agitados mientras la familia seguía platicando y riendo como si nada.

Cuando el auto finalmente se detuvo en un semáforo, Frida se acomodó el bikini con disimulo, sintiendo cómo el semen de su tío le chorreaba lentamente por los muslos. Giró la cara una vez más, le dedicó esa sonrisa hermosa y coqueta, y susurró:

—Creo que este viaje a la playa va a estar mucho más interesante de lo que pensaba, tío…

  • Humberto solo sonrió, con las manos todavía descansando posesivamente sobre esas nalgas perfectas, mientras el auto volvía a avanzar hacia el mar.
6 Lecturas/2 abril, 2026/0 Comentarios/por Premium
Etiquetas: baño, follar, hermano, madura, maduro, playa, primos, viaje
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