Me escapé con mi violador
Como una nena de 6 decidió escaparse con su violador.
Este relato debe ser publicado de forma anónima, pues no soy su autor sino un tal Kpina. Lo descubrí en AO3 bajo otro idioma y pensé que era una verdadera lástima que no estuviera por estos lares.
Me escapé con mi violador
Carlos era un hombre de 37 años, alto, grande, negro y bien corpulento, y que, tras largos años de luchas internas, finalmente se reconocía abiertamente para sí mismo como un pedófilo. Siempre amó a las niñas, y después de lograr follarse a la primera, ya no podía soportarlo más y necesitaba satisfacer el dulce placer de catar carnalmente a más lindas niñas.
En esos momentos estaba trabajando esporádicamente sirviendo bebidas en un bar local, y siempre venía un cliente anciano para emborracharse, pero un día, este viejo borracho trajo consigo al bar a una linda niña de 6 años, que era su hija. Tan pronto como Carlos vio a esa criatura, se enamoró perdidamente de ese ángel. Ella era todo lo que siempre había soñado. Se le metió en la cabeza que no solo la deseaba, sino que necesitaba follarse a esa cría, así que comenzó a escuchar todas las conversaciones del anciano con sus amigos borrachuzos. En esas conversaciones descubrió que la preciosa niña se llamaba Laura, y que era el resultado de una relación pasajera del viejo con una joven veinteañera que no había querido ejercer de madre, por lo que él solo cuidaba de aquella ricura.
Carlos pensó: «Si cuida a esa niña él solo, ¿por qué está aquí emborrachándose siempre que puede?»
Durante los siguientes días que transcurrieron, escuchando a escondidas las conversaciones que tenía el anciano con sus amistades, Carlos comprendió que la chiquilla se encontraba sola en casa cada vez que su viejo padre se emborrachaba durante la noche hasta el amanecer, cuando regresaba sólo a su casa a la mañana siguiente. Carlos pronto pensó que esto tenía que ser un regalo del cielo, una niña tan rica y hermosa, sólita en su casa durante tantas horas. Carlos rápidamente planeó como iba a salir de noche y saciar sus deseos libidinosos con esa muñequita aprovechando una de las largas estancias del viejo en aquel bar. Le fue fácil conseguir la dirección del anciano, el verdadero quid de la cuestión sería conseguir un día ideal para realizar su plan.
Al final de la tarde del día señalado, el anciano llegó al bar como hacía normalmente y al poco rato Carlos salió del local aprovechando la oscuridad de la noche, sin que nadie pudiera sospechar que se dirigía al domicilio del viejo. A mitad de camino comenzó a llover, por lo que tuvo que apresurarse para llegar a su destino.
***********************************
Mi nombre es Laura, tengo 6 años de edad y vivo prácticamente sola desde que tengo memoria, ya que mi padre es un viejito que se la pasa bebiendo y durmiendo todo el tiempo, así que siempre me las he tenido que arreglar yo sólita desde bien chica. Sin embargo, una tarde que estaba lloviendo muchísimo, la puerta de casa se abrió. Cuando la escuché, me quedé sorprendida, pues mi padre nunca volvía tan pronto de su bar favorito. Fui a la entrada a recibirlo, pero solo vi un ligero rastro de agua de lluvia, como si alguien hubiese entrado mojado en la casa, pero antes de hacer algo más, la mano de un hombre cubrió mi boca desde atrás y me levantó en el aire con increíble facilidad. El desconocido me alzó y se adentró por la casa hasta entrar en mi habitación, donde me lanzó a mi cama.
Cuando observé al extraño, vi que era negro, muy alto y grande, sobre todo comparado conmigo. Me entró tanto miedo que empecé a gritar, pidiendo ayuda, pero el ruido del aguacero que estaba cayendo afuera acallaba mis suplicas por completo. Entonces el hombre me dio una fuerte bofetada en mi cara, y desde que soy muy blanquita, estoy segura de que aquello había dejado una gran marca colorada sobre mi carita. Al menos, así se sentía, por lo que empecé a llorar, suplicando ir al hospital para que me curasen, pero entonces él habló.
– Hombre: «Hoy he venido a follarte, cielo. Desde el día que te vi por primera vez, he estado soñando con desvirgar ese coñito tuyo.»
Seguí llorando encima de la cama, mientras aquel hombre tan grande comenzaba a quitarse sus prendas. Poco a poco veía como el hombre se estaba preparando para violarme. Siendo tan pequeña, sabía que era incapaz de defenderme de aquel desconocido. Afuera, se escuchaba de fondo como la lluvia incrementaba su potencia mientras se vislumbraba algunos destellos de rayos, para a los pocos segundos escuchar como sonaban fuertes truenos. Parecía que sería una tormenta en toda regla, y al ser tan fuerte impediría que cualquier vecino me escuchará gritar pidiendo ayuda. Estaba aterrorizada, sabiendo que no tenía escapatoria y que aquel hombre corpulento se aprovecharía violentamente de mi como él quisiera.
Cuando el extraño se quedó completamente desnudo, pude observar como saltaba un gran miembro que debía medir unos 20 centímetros, y entonces como él lo agarró con su mano mientras se dirigía hacia donde me encontraba.
– Laura: «No, señor. Por favor, no me haga daño.»
– Hombre: «No te iras de aquí hasta que te haya follado bien por todos lados. Estas demasiado rica.»
– Laura: «Por favor, no señor. Usted es demasiado mayor.»
– Hombre: «Nunca desperdiciaría esta oportunidad para follarte como mereces.»
Me dí cuenta de que no había forma posible de detener a aquel hombre. Por lo que cerré mis ojos cuando él me agarró de los tobillos y me arrastró hasta el borde de mi cama. Con aquel pollón negro en su mano, comenzó a forzar la entrada de su miembro en mi boca. Incluso aunque traté de detenerle, él era tan fuerte, muchísimo más fuerte que yo, que me fue imposible pararle mientras lograba que su verga se adentrase en mi boca, siendo la primera vez que probaba y sentía esa carne de macho en mi boca. Al poco tiempo, el hombre comenzó a mover lentamente sus caderas, con la intención de que mi boca acogiese gradualmente cada vez más cantidad de ese mástil de carne hasta llegar al extremo de lograr sentir como su polla se adentraba cada vez más en mi garganta. El extraño parecía estar disfrutando como una pequeña niñita como yo se estaba tragando su duro miembro; debió ser tan grande su placer puesto que al poco rato comenzó a acelerar sus movimientos de forma tan rápida que sentía que ya no podía respirar más. Cuando él se dio cuenta de lo que me sucedía, sacó su enorme verga erecta de mi boca pero apenas tuve tiempo de recuperar el aliento, pues al poco rato volvía a meterla por mi boca mientras ejercía presión con sus fuertes brazos para que no pudiera negarme más a sus intenciones. Así, ya no podía mover lo más mínimo mi cabeza mientras me sostenía así para seguir metiéndomela hasta la garganta. Con sus rápidos movimientos, empecé a babear por toda su polla y cuando la sacaba de mi boca para que yo pudiera tomar aire, siempre había un hilo de saliva que conectaba esa fuerte verga con mis labios.
Ya me encontraba en una situación tal que sabía que me era imposible escapar de ella, pero conforme pasaba el tiempo, el dolor y el asco que había sentido al principio fueron desaparecieron para, tan extraño como podría pareceros, empezar a gustarme lo que él me estaba haciendo.
Tras unos quince minutos que se sintieron una eternidad, aquel hombre sacó su miembro cubierto de saliva de mi boca y de pronto me alzó violentamente y comenzó a desgarrar las ropas que llevaba, dejándome completamente desnuda enfrente de él. Yo ya sabía que algo más iba a pasarme, algo que sabía que ninguna niña debía experimentar a una edad tan temprana como la mía, pero el gustillo que me había desencadenado él al follarme la boca me hacía no querer detener más todo esto.
– Hombre: «Ahora voy a convertirte en toda una mujer, y también te mostraré como es follar con un hombre de verdad.»
Entonces el hombre ante mi, antes de follarme, me colocó de nuevo tumbada sobre la cama hasta dejarme las piernas abiertas sobre el borde de la cama para luego arrodillarse y zambullir su rostro en mi coñito rosado, empezando a chuparlo y lamerlo. Aquellas extrañas acciones sobre mi rajita pronto me dieron una fuerte y extraña sensación que nunca había sentido en mi corta vida. No tardo mucho para que mi coñito, a pesar de ser una niña tan pequeña, empezará a mojarse por tales estimulaciones mientras mis labios comenzaron a soltar gemidos de excitación. Ni siquiera podía atisbar lo que significaba realmente el placer hasta el momento en que ese hombre empezó a chuparme y lamerme. Después de tantas estimulaciones provocadas por su diestra boca, era como si mi coñito instintivamente suplicará ser violado.
Tras pocos minutos más disfrutando de aquella experiencia, el extraño se detuvo y se posicionó, de forma que su enorme miembro estaba justo enfrente de mi rajita mojada, y entonces empezó a metermela por mi coñito. Acabé soltando un grito desgarrador cuando empezó a rellenarme ese mástil de carne por aquella rajita tan pequeña, pero a causa de la fuerte lluvia que caía en el exterior, era imposible que algún vecino me escuchase. Sentía como su verga me invadía, adentrándose en mis entrañas como si me fuera a partir por la mitad. Fue un dolor tan horrible. Me dolió tantísimo que traté de escapar como fuera de aquello, pero el negro desconocido se me aferró con tanta fuerza que fue imposible. Podía ver en sus ojos que aquel hombre sentía un placer memorable al arrebatarme la virginidad y meter su gran polla en un coño tan chico como el mío. Dolía tanto que, aunque mi boca no estaba cubierta, ya no tenía fuerzas para seguir gritando del dolor.
Tras lograr meter todo su miembro dentro de mi, él se quedó quieto durante apenas un minuto esperando a que coño recién profanado se acostumbrará a su invasión. Aún así, el dolor no se detuvo en absoluto hasta que el extraño empezó a mover lentamente sus caderas, de atrás a adelante, una y otra vez. El hombre estaba deleitándose del gozo de como su enorme pija se movía dentro de mi, una niñita de 6 años, y no tardó en comenzar a acelerar sus embestidas, cada vez más profundas y duras. Y entonces, empecé a rendirme. Comencé a sentir unas sensaciones tan extrañas como deliciosas con cada movimiento del extraño. Sentía un extraño hormigueo en mi coño, una sensación que me estaba encantando cada vez que él se movía dentro de mi, y cuando lo hacía más fuerte y rápido, mejor se sentía y pronto empecé a quererlo más. Al poco tiempo ya estaba gimiendo de placer y el desconocido lo notó y habló.
– Hombre: «Sabía que disfrutarías de un macho.»
En cuanto aumenté el volumen y la intensidad de mis gemidos en respuesta a sus palabras, escuché al hombre comentar que pensaba que era el hombre más afortunado del mundo entero. Y sin vacilación alguna, comenzó a meterla más duro, con más profundidad si cabe, en mi rajita. Con sus manos grandes, se agarró a mi cintura y continuó follándome. Tendría una vista privilegiada, al ser capaz de ver como su gran verga desaparecía en el interior de mi coñito rosado, un hermoso contraste con su polla negra. Sin compasión alguna, comenzó a follarme más duro, pero aún era delicioso para mi. Era mi primera vez teniendo sexo, nada más ni nada menos que a mis 6 años de edad, ¿y cómo podía algo así sentirse tan riquísimo? Mientras él disfrutaba de follarme bien duro, yo también sentía sus enormes huevos chocando contra mi culo, y esas sensaciones tan extrañas me eran tan maravillosas.
Ya solo podía gemir de placer y ver como ese enorme negro estaba encima de mí, empalándome su pija bien dura a su gusto…
***********************************
Mi cuerpecito estaba bañado en sudor, tanto el mío como el del vigoroso hombre que había estado cayendo sobre mi mientras me había estado cogiendo como deseaba hasta hace nada. El negro estaba teniendo sexo con ella como si no hubiera un mañana. Era un placer y una satisfacción tan inimaginables como indescriptibles. Esa rajita tan pequeña le había proporcionado tanto gozo que para él era importante controlarse, detenerse y asegurarse de que yo, la niña de 6 años que estaba violando, disfrutará del sexo tanto como él.
Así que después de más de diez minutos de coito que les parecieron eternos a ambos, él decidió salirse de mis entrañas vaginales para degustar ávidamente mis juguitos con su boca, como si fueran un manjar celestial. Este cambio provocó una inicial sensación de vacío en mi ser, que fue descartada en cuanto la boca de mi machote probó nuevamente la vulva de su hembrita, volviéndola cada vez más adicta a esas estimulaciones mientras él se la comía con la voracidad de un famélico.
Sin embargo, aquella cortesía por parte de él no podía durar mucho y al poco rato se alejó del néctar que le proporcionaba para introducir nuevamente su duro miembro de 20 centímetros en mi rica vaginita de la que parecía que se había hecho todo un adicto, actuando como una auténtica maquina de follar conmigo, la pequeñita Laura, la hembrita de sus sueños.
Y así continuó follándome bien duro, como si el fin del mundo estuviera a la vuelta de la esquina, y no había atisbo de que él amainará su intensidad. Al contrario, el hombre se encontraba completamente encima mía, y de lo enorme que él era comparado con mi pequeño cuerpo, prácticamente estaba oculta debajo de él mientras me follaba con un vigor y energía cada vez más crecientes. Es como si el hombre me follará con tanto deseo que prácticamente parecía haberse olvidado de que yo era una niñita de solo 6 años, pues parecía que fuera un macho en celo buscando preñar incansablemente a su hembra. Comenzó a violarme tan bruscamente, con tanta violencia y sin pizca de piedad, que ya solo buscaba satisfacerse a si mismo, pero incluso así, el placer que estaba sintiendo era el máximo que una niña tan poco experimentada como yo podía sentir. Simplemente, estaba fornicando con tanta fuerza que sentía estar convirtiéndome en una simple muñeca de trapo, por como sus embestidas hacían sacudir mi cuerpo y mis extremidades.
Era una experiencia tan cachonda y placentera que había olvidado siquiera fijarme en todo este tiempo en el espejo que había en el armario de mi habitación, y cuando giré la cabeza y miré su reflejo, solo podía ver en él al enorme cuerpo del hombre que me follaba sin piedad, mientras mi cuerpo blanquito estaba casi aplastado bajo su corpulento cuerpo negro. Y así siguió follándome, tan duro y tanto tiempo que tras otros 20 largos minutos, finalmente logré experimentar el primer orgasmo que había sentido en mi corta vida. Sentí tanto placer que empecé a contarle que no se detuviera.
– Laura: «No pare… Es tan rico. Es lo mejor que he sentido nunca.»
Mi violador no se detuvo en absoluto. De hecho, parecía como si no se cansará, y siguió cogiéndome como si fuera toda una adulta experimentada. Mi mente estaba tan absorta en esas nuevas sensaciones que prácticamente me olvidé de todo sobre mi vida. Incluso paré de escuchar el aguacero que estaba cayendo en el exterior, pues únicamente podía escuchar los sonidos de nuestros cuerpos chocando entre sí y los que soltaba la fricción entre mi coño lubricado y su enorme pija cada vez que ésta entraba y salía de mi. Y una vez que mi ser había experimentado el placer del orgasmo por primera vez, no tardaría mucho en experimentarlo una segunda vez. Esa polla me estaba provocando las sensaciones más maravillosas del mundo por todo mi pequeño cuerpo. Él me había convertido por completo en su putita, y si alguien fuera a ver esa escena sin conocer el contexto, pensaría que ya me habían follado asiduamente con anterioridad, al haber sido capaz de soportar toda esa vigorosa sesión de sexo.
Después de casi toda una hora que se sintió una eternidad, noté como el hombre cambió su semblante mientras el intenso ritmo de sus embestidas se volvía cada vez más irregular y caótico hasta que, a los pocos segundos, disfruté de recibir hasta más de diez potentes chorros de leche caliente, directamente a lo más profundo de mi coñito. Ese espeso liquido se esparcía por mi interior, mientras la verga dura de aquel negro semental palpitaba aún dentro de mi vaginita. Tras el intenso esfuerzo físico, él cayó a mi cama a un lado mio, aparentemente agotado y sudado por completo, pero en cuanto colocó su mano sobre mi tripa, se alzó para besarme en la boca, metiendo su lengua para buscar la mía. Fue también la primera vez que me besaban así. Correspondí el beso como mejor pude y nos besamos mucho así.
– Hombre: «¿Te ha gustado?»
– Laura: «Mucho.»
– Hombre: «Me alegra ver que sigo teniendo el don de descubrir cuando una pequeña esconde una putita en su interior.»
El hombre se levantó y se aproximó a mi vuelva para ver el daño que su tremenda verga me había ocasionado. Después de tanto sexo duro, mi coñito se hallaba muy roja y estaba ardiendo.
– Hombre: «Guau, ni siquiera parece que solo tenga 6 años de edad.»
El extraño, totalmente desnudo, salió de mi habitación y fue al baño para orinar, y incluso con todo mi pequeño cuerpo bien dolorido, me levante como pude y fui tras él. Me quedé junto a él, observándole mear y desde ese preciso momento, en todo lo que un macho hacía, yo veía belleza. Llegué a ver esa polla haciendo pis como si fuera una maravilla. Mientras estaba parada allí, el semen acumulado en mi coñito empezó a escurrírseme y caía poco a poco sobre el suelo. Después de terminar de orinar y cerrar la tapa del váter, él me cogió con la mayor facilidad y se sentó sobre la tapa, haciéndome parar sobre la tapa y comenzó a besarme. Solo de esa manera estaba en la misma altura que él. Seguimos besándonos por un largo tiempo, hasta que finalmente recordé a mi padre.
– Laura: «Dios mio, mi padre. Te tienes que marchar.»
– Hombre: «No te preocupes. El viejo debe estar emborrachándose en el bar. Por cierto, me llamo Carlos.»
– Laura: «Yo soy Laura.»
– Carlos: «Lo sé. Te he visto antes ahí, en el bar.»
– Laura: «¿Me viste?»
– Carlos: «Si. Si no fuera así, como iba a ver una niñita tan hermosa. Me enamoré de ti en cuanto te vi por primera vez.»
Aquello me daba mucha pena, pero también estaba contenta de que alguien se enamorase de mi, porque era alguien que me amaba, a diferencia del ausente de mi padre al que apenas veía.
– Laura: «¿Me amas?»
– Carlos: «Muchísimo. Locamente. Eres la primera chica de la que he enamorado en toda mi vida.»
– Laura: «¿En serio?»
– Carlos: «Es lógico, cariño. Quiero que seas la madre de mis hijos.»
– Laura: «¿Hijos?»
– Carlos: «¿No quieres?»
– Laura: «Me encantaría serlo»
– Carlos: «Eres tan condenadamente sexy que quiero tener miles de hijos contigo.»
– Laura: «Siempre he soñado convertirme en madre cuando sea mayor.»
– Carlos: «Acabo de tener una idea. ¿Qué te parece si te olvides de tu viejo y te vienes a vivir conmigo?»
– Laura: «¿A qué te refieres?»
– Carlos: «Ahora eres mi esposa, y una esposa no puede vivir lejos de su marido.»
En ese momento pensé mucho al respecto, pero desde que apenas tenía un vinculo con mi padre que se pudiera calificar como tal y al hecho de que ya amaba a Carlos y me encantaban todas las cosas que habíamos hecho hasta ahora, así que acabé aceptando su propuesta.
– Laura: «Vale. Quiero hacerlo.»
– Carlos: «Sabía que aceptarías. Si te vistes, podríamos marcharnos ya mismo.
A los pocos minutos me había vestido, cogiendo las primeras prendas que atisbe y dejamos junto esa casa para nunca volver.
***********************************
Ha pasado una semana.
Me acabo de despertar, estirándome en la cama junto a mi Carlos, ambos completamente desnudos. Pasé mi mano por sus pectorales y me incline para olfatear su olor de macho. Durante esta semana he dejado atrás mi antigua vida para escapar con mi violador y no me arrepiento ni por un segundo. Salí furtivamente de la cama, de forma que no despertará a mi hombre, cerré la puerta y encendí la televisión mientras hacía mi desayuno.
Como era por la mañana, estaban dando las noticias y al poco rato escuché como estaban informando de la desaparición de una niña de 6 años de edad, por lo que inmediatamente descubrí que estaban hablando sobre ella misma. En el reportaje estaban entrevistando a mi viejo padre, llorando y diciendo cuanto me echaba de menos. Era una actuación tan pésima que cambie de canal, porque mi padre jamás me había prestado atención alguna.
Después de hacer una hogaza de pan y comerla, fui al baño a orinar. Poco después volví a la salita para ver la televisión, acariciando mi tripa, preguntándome como estaría cuando empezará a hincharse por un embarazo, pero desde que aún soy pequeña, Carlos dice que debería tardar algún tiempo para que me quedé embarazada. El aburrimiento era el mayor problema de todos, ya que no podía abandonar la casa, ni siquiera al patio trasero de la casa de Carlos.
Como nadie sabe de mi paradero, Carlos ya estaba planeando comprar una cosa en el interior, tan lejos como sea posible de aquí, para que podamos vivir juntos con mayor libertad. Para prepararme para ello, aunque ya sabía cocinar y había empezado a usar YouTube para aprender como hacer más recetas de las que ya sabía, también he comenzado a aprender como cuidar de la casa, para ayudar en lo posible a mi hombre. Y además, he hecho todo para satisfacerle sus deseos carnales, pues me siento completa estar siempre disponible para él y ver su sonrisa en su rostro.
Como Carlos aún no ha despertado, volví a la cama y fui a encontrarme con su miembro reblandecido y comencé a lamerlo para empalmarlo. Empezaba a chupársela cuando sentí su mano pasando sobre el cabello hasta que me lo agarró y presionó hacia abajo, haciéndome atragantarme con su mástil de carne. Chupé su rica pija durante largos minutos hasta que mi Carlos se corrió en el fondo de mi garganta, acabando tragándome todo su delicioso esperma. Nos quedamos en la cama durante un buen rato, hasta que finalmente él se levantó, se vistió, empacó algunas cosas y dejó la casa. Me contó que se iba a ver a un amigo suyo para conseguir más dinero y así podríamos mudarnos a otra cosa.
Los días pasaron y Carlos consiguió una camioneta de su amigo. Poco después de eso, él logró vender su casa para comprarse otra en un pueblo muy chico. Tan chico que era prácticamente una serie de granjas alejadas las unas de las otras. Y con esa camioneta nos las arreglamos para marcharnos de allí, y así hicimos. Durante el viaje, Carlos cortó mi cabello tanto para hacer pensar a los demás que yo era un chico, y así no levantar sospechas.
Fue un viaje bien largo, pero era hermoso pensar en ser la esposa de este maravilloso hombre. Después del largo trayecto, llegamos a nuestro nuevo hogar. Era una simple casa, pero era ideal por el momento. Le abracé y dije que le amaba, y entonces nos besamos apasionadamente, pero antes de que entráramos en nuestra nueva casa, Carlos habló.
– Carlos: «Sé que elegiste fugarte conmigo, pero tengo que preguntártelo. ¿Aceptarías concederme el honor de ser mi esposa?»
Lloré de emoción y respondí afirmativamente, a lo que nos besamos una vez más, pero esta vez él me alzó como a una novia y me llevó al interior de nuestro nuevo hogar. La casa aún no tenía electricidad, pero aún así follábamos como conejos en esa oscuridad. Me quedaba dormida sobre el pecho de mi macho, finalmente sintiéndome protegida por un hombre de verdad, a diferencia de como me sentía con mi negligente padre. Estuvimos limpiando y adecentando la casa durante meses para convertirla en nuestro nidito de amor, y como nuestro hogar estaba lejos de la ciudad y la carretera, en mitad del bosque, ya no teníamos que tener miedo. Como estábamos en mitad de un bosque, Carlos empezó a cazar y solo iba unas pocas veces al pueblo más cercano para comprar productos esenciales.
Carlos era un auténtico macho, tanto que se las arregló para preñarme tan pronto como comencé a menstruar a los 9 años de edad. Me convertí en esposa y ama de casa mientras Carlos cazaba o iba al pueblo más cercano. Aún era una niñita cuando mi tripa se puso enorme por el embarazo. A mi hombre le encantaba verme así, una niña que llevaba en su ser a otro bebé. Nunca me imaginé que mi violador sería el hombre de mi vida, y que haría cualquier cosa por él. El parto fue bastante difícil pero el solo hecho de recordar que era el bebé de mi hombre saliendo de mi viente era suficiente para darme fuerzas y acabé dando a luz a una hermosa niña. Siempre me sorprende recordar que fui capaz de dar a luz con solo 9 años de edad. Eso no detuvo a mi Carlos de seguir cogiéndome tanto como antes, tanto que acabó embarazándome meses después de que diera a luz, ya con 10 años.
***********************************
5 años más tarde, ya era una completa mujer y madre, y solo estaba pensando en tener más hijos de Carlos. La libido de mi macho nunca disminuyó, exudaba masculinidad a los cuatro costados, tanto que no me extrañó nada ciertas miradas que él lanzaba a nuestras hijas mayores, de 5 y 4 años. Carlos y yo nunca habíamos ocultado nuestro amor a los niños, y ya habíamos practicado sexo enfrente de ellos. Carlos, mientras me follaba así, también observaba a nuestras hijas con otros ojos.
Así pues, un día Carlos se fue de caza como hacía normalmente, pero habían pasado varias horas desde que había visto a nuestra hija mayor de 5 años. Preocupada, fui a buscarla, dirigiéndome al pozo que Carlos había construido hacía algunos años. Cuando lo revisé y me aseguré de que no había nadie caído dentro, pensé en volver cuando entonces escuché unos extraños sonidos que se asemejaban a gemidos y fui a comprobar de donde venían.
Fui al cagadero entre los arboles, hasta que tuve el shock de ver a mi hombre follándose a nuestra hija de 5 años de edad, que estaba apoyada contra un árbol. Ella gemía igual de cachonda a como lo hacía yo misma, y estaba acogiendo la totalidad de los 20 centímetros de la polla de Carlos. La diferencia en altura entre ambos era colosal, pues mi niñita apenas llegaba al metro de altura. Carlos se la estaba cogiendo como si ya fuera una adulta, justo de la misma manera en que me violó por primera vez. La cara de placer que mostraban los rostros de ambos era tan evidente, tanto que decidí no interrumpirlos, pues la cosa más importante es el placer de mi hombre y como padre, Carlos tenía todo el derecho a follarse a su propia hija.
Regresé a nuestra cabaña mientras Carlos aún seguía cogiéndose bien duro a nuestra pequeña. Al anochecer, los dos regresaron y me di cuenta que nuestra niña estaba teniendo dificultades para andar, debido a la buena ración de verga que había recibido de su padre. A la hora de la cena, Carlos me contó que había violado a nuestra hija y que ya la había convertido en una mujer. Me dijo que ahora podía compartir las tareas domésticas con ella, para hacerlas más fácilmente. Y luego, por la noche, antes de dormir, Carlos me folló bien duro y se corrió bastante en mi útero. Él siempre había soportado una vida con los huevos bien llenos de leche y ahora tenía dos coñitos con los que poder rebajar su enorme tensión sexual cuando le apeteciese. Además, aún tenía por delante un tercer coñito en casa, el de nuestra hija de 4 años de edad, a quien Carlos ya dejaba que se la chupara para que aprendiera el futuro que le esperaba.
Nunca me imaginé que tendría esta vida, pero es incluso mejor de lo que me imaginaba que sería. Carlos y yo hemos creado una familia totalmente pedófila llena de amor, y nunca me arrepentiré de ello.


Dejar un comentario
¿Quieres unirte a la conversación?Siéntete libre de contribuir!