Mi hermana se lleno de leche en el parque
Con calentura, mi hermana y yo fuimos al parque buscando invitar a alguien más a coger….
Las calles estaban oscuras y frías. Paola y yo caminamos hasta el parque que estaba a unos metros de nuestra casa.
Entramos por la puerta mal cerrada que dejaban los vigilantes del parque. Adentro, solían a ver chavos fumando, bebiendo, mendigos y parejas cogiendo. Esperábamos entrar y invitar a alguien.
Nos detuvimos cerca de unos árboles y bajé el cierre de mi pantalón, sacando mi verga semierecta. La acerqué a los muslos de Paola y abofeteé mi cabeza contra su culo. Ella me miró con una sonrisa. No tardó en agacharse y empezar a quitar los residuos de semen que quedaron en la punta.
Tomé su cabello y empecé a empujar mis caderas, yendo más profundo por su garganta. El sudor recorría mi cara, la fiebre estaba matandome (re exageraba). Alguien echó un silbido.
— ¡Ora, qué hacen!
Paola volteó, sacando mi verga de la boca. Se reincorporó y intento esconder mi verga con su espalda, pero una linterna nos dejaba en evidencia.
Un hombre bajó de su bici. Caminó hasta nosotros y nos iluminó de pies a cabeza. Paola, entre sus manos, ocultaba mi verga que ya había crecido lo suficiente para que el guardia notará mis huevos salidos del pantalón.
— Pinches calenturientos…
— ¿Te nos unes?
Paola se acercó a él, frotando su mano contra la entrepierna del hombre. El guardia apagó la linterna y la guardo en una bolsa de su pantalón.
— Nomás si me dejas sin lechita…
Acarició un muslo de Paola.
— Si yo por lechita vine aquí, papi.
Sin aviso, Paola se agachó frente al guardia, soltando mi verga. El guardia empezó a quitarse el cinturón y en un rato, empecé a escuchar el sonido de una buena mamada.
— Qué pinche puta más rica tienes, cabrón.
Acarició la cabeza de Paola.
— Verdad que sí…
Me acerqué a una piedra atrás mía. Me senté sobre ella, mientras tomaba aire.
— ¿De casualidad, sólo estás vos cuidando hoy?
El guardia me miró. El brillo en el ojo de Paola que me miraba de reojo crecía al oír mi pregunta.
— No wey… Hay dos vatos más.
— Si querés llama a uno… O dos… Está cabrona desea verga y yo no le puedo dar hoy…
— Pinche cuernudo… Chido carnal.
Tomó la radio en su pecho y empezó a llamar entre códigos a sus compas, mientras tomaba la cabeza de Paola y la dirigía hasta sus huevos.
Una bicicleta sonaba a una corta distancia. Se acercó y bajó de la bicicleta.
— No mames cabrón. ¿Está puta qué?
Se agachó y acarició el culo de Paola.
— Está chida, vea. Chingemosla, wey.
— Simón carnal.
El nuevo guardia bajó sus pantalones. Entre la oscuridad logré ver una silueta dirigiéndose a una mejilla de Paola, quien se la comió de un bocado.
El primer guardia caminó hasta atrás de mi hermana, tomándola de las caderas y ayudándola a ponerse en cuatro, mientras mamaba la verga del otro guardia.
Eché mi espalda hacía atrás mientras limpiaba mi sudor. El sonido de una chupadota me hizo levantarme. Paola gemía, mientras la verga de un wey le golpeaba la cara. El otro cabrón le empezó a chupar bien gacho el chiquito.
Nomás vi como se escupió la mano y frotó su verga, mientras la llevaba al culo de Paola, que se tragó todo de golpe. Paola echó otro grito, pero el guardia que abofeteaba su cara, llevo la punta hasta su boca, ahogando sus gemidos.
Ambos se movían bien recio, nomás se oían los gemidos ahogados de Paola y los gruñidos de los cabrones intentando romper a mi hermana.
Un destello volvió a cegarme. Una bicicleta se escuchaba aproximarse…



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Continua lo por favor! Que más le hicieron a la putita en ese parque? La pasearon como perra? Le tomaron fotos humillantes? La orinaron?