Mi hijo me trajo beneficios inesperados
no tenía gusto por menores, pero descubrir a una chiquilla experimentada es inevitable no querer probarla.
La vida de ser padre no es sencilla sobre todo cuando eres padre soltero y a pesar que no fue una lucha que viví desde su nacimiento sino mucho después, no significa que haya sido fácil porque luego de que me separé de que me separé de mi pareja ella se quedó con el niño que en aquel entonces tenía 3 años por lo que fue un problema que terminó en tribunales por lo que siendo hombre la tenía de perder así que me daban derecho de que solo los fines de semana el niño podía estar conmigo a pesar de que él tenía preferencia de estar conmigo y no fue hasta que luego de 4 años logré obtener la custodia. Por lo que nuevamente menciono que ser padre soltero no fue fácil, pero también era una compañía que disfrutaba y en muchas ocasiones también enojaba, me entristecía, etc.
Sin embargo, debido que solo éramos nosotros 2 también eran muchas horas que el niño estaba solo en casa por lo que decidí que luego de la escuela se quedara en casa de una vecina y esa rutina se mantuvo por 3 años, después por cierto inconvenientes no me pudieron cuidar más a Luciano así que ya a sus 10 años tampoco veía necesidad de que lo cuidaran, solo le pedía que no dejara entrar a nadie, cosa que en más de una vez no hiso caso ya que lo agarré infraganti 1 vez por lo que era seguro que en más de una ocasión me había desobedecido y a pesar que le comprendía ya que como a él le gustaba jugar de 2 en su consola de juegos era comprensible que quisiera invitar a alguien, no obstante eso no lo salvaba del castigo.
Dos años después yo aún continuaba soltero, mi tiempo se lo estaba dedicando completamente a mi hijo y una noche me enteré de algo sorprendente algo que para mí era inimaginable y algo que cualquier adulto responsable hubiera reprendido.
Cuando entré a la casa se supone que mi hijo andaba con algunos amiguitos jugando en su consola (para aclarar: también había niñas), por lo que sería un ambiente algo bullicioso, pero no. Todo estaba muy callado, así que extrañado entro despacio y tratando de hacer el menos ruido posible, pero no había nadie en la habitación de Luciano por lo que pensé que habrán salido sin embargo unas pequeñas risitas y murmullos venían de atrás de la casa, por lo que fui con cuidado hasta que vi al grupito y pude observar algo que ni se me habría pasado por la cabeza y es que tenían a una de las chicas mamando verga y lo más sorprendente era la menor que apenas tenía 10 años mientras que el mayor de los presentes que además era su primo tenía 14 mientras que mi hijo y el otro chico tenían 12, todos andaban eufóricos rotándose a la chiquilla y es que a pesar que se le notaba cierto nerviosismo a la chica esta cedía a sus peticiones dejando que metieran sus pequeñas vergas en su boca aunque claro.
Tal escena me tenía sorprendido, si bien soy consciente que cuando entramos a la adolescencia despiertan nuevas sensaciones y por la actitud de mi hijo no esperaba que ese tipo de cosas la fuera a hacer todavía sin embargo lo que si me tenía casi en shock es que una niña de 10 estuviera tan familiarizada con ese tipo de actos y es que le gustaba por la manera en que se reían e incluso hacía bromas de los penes pequeños de mi hijo y de su amigo, era toda una putita que no le importaba que alguien ajeno le tocara su conchita.
—¿y si te jugamos a “eso”? —, dice Marco el chico de 14 mientras acariciaba la entrepierna de Juliana.
Sin embargo, tras una breve pausa ella miro a los chicos y sonriendo como si todo fuera un simple juego pregunta: —¿y si nos ven? —.
A mi simplemente se me abrió la boca acompañada con una ligera sonrisa de lo traviesa que era aquella chiquilla y a su vez me fui a esconder en la habitación que usábamos como depósito ya que andaba justo frente de aquella ventana.
—Ve a ver Luciano—, poco después de haberme escondido, Luciano revisa todo apurado para verificar si la casa estaba sola.
—no, no hay nadie —, le responde Luciano.
—ves, te lo dije—, le dice Marco a juliana.
Y tras un pequeño silencio de Juliana mueve como que alegremente su cabeza de lado a lado y dice: —está bien, está bien. Rapidito—, mientras decía eso ya se estaba bajando el calzón para luego apoyarse en la pared dejando su rajita a la vista. Por desgracia como estaba apoyada justo en la pared frente de la ventana donde me asomaba como estaba mirando a través de los cristales cerrados no podría mirar las expresiones de su rostro, solo miro como el mayor se echa saliva en la verga y entre risas les dice a los otros 2: —aquí es donde la meten—, y en el instante que este embiste, la niña suelta un lindo “ah…” casi como un susurro, para posteriormente escuchar su jadeo acorde a las embestidas y luego es mi hijo quien tiene esa colita húmeda frente de él y sin mucho miramiento se la mete mientras los otros reían emocionados, en esta ocasión la reacción de Juliana fue distinta ya que la manera alcanzaba a mirar su torso claramente esta estaba mirando en como mi hijo jugaba con su cola y a pesar de que creo que disfrutaba del momento ese hoyito no estaba teniendo lo que quería y del mismo modo fue con el otro chico y es que a pesar de ser mayores y más grandes que ella sus penes aún eran muy prematuros, su prepucio todavía cubría su cabecita por lo tanto en otra situación sus pequeño penes serían suficientes para una niña de su edad era evidente de que el coño de Juliana ya tenía más edad, el suficiente para recibir con gusto los rápidos movimientos de Marco el cual se la andaba cogiendo por segundo vez, pero en esta ocasión luego de su mutuo jadeo, Marco se tensa y le da unas pausadas embestida hasta el fondo —esto es lo mejor—, decía entre dientes casi como si estuviera gruñendo. A su vez Juliana dice: —está caliente—.
Ya con su acto finalizado yo procedo a dejarlos solo, tenía una carpa que me hacía creer que podría romperme el pantalón que hasta me planteé a bajármelo de un pajazo sin embargo preferí salir de la casa, cuando de pronto tocan la puerta y yo abro. Era la Hermana de Daniel (el otro chico) y me pregunta si andaba aquí por lo que respondí que sí y procedí a llamarlo, aquel chico salió como un cohete y miro la cara de incomodidad y nerviosismo de los demás, aunque el mayor trata de disimularlo diciendo que es mejor salen, pero de pronto en modo de juego le digo a Juliana: —¿tienes ganas de orinar?, porque se te está saliendo—, y le señalo la gota que bajaba de su muslo. Los chicos se ríen tímidamente mientras se van mientras que Juliana sonrojada se va al baño así que para darle algo de intimidad para que se lavara, yo por mi parte me voy a mi cuarto a analizar todo lo que vi pues me sentía anonadado y excitado por lo que había visto y no simplemente por el hecho de presenciar un acto sexual sino porque ella lo hacía como si fuera un simple juego, riendo mientras se turnaban y dado que parecía disfrutar tanto la pija de su primo no pude evitar hacerme la idea de cómo sería su expresión si le metiera la mía y en cómo se le estiraría su conchita. No podía creer que anduviera fantaseando con una menor, me sentía como un degenerado.
Pasado un tiempo me parecía raro que no hubiera rumores o chismes sobre aquella niña porque no era solo su primo o quien sabe más hacían esas cosas con ellas porque al haber individuos ajenos como lo sería mi hijo o el otro chico sería el tipo de elementos que filtrarían información, no obstante, la reputación de aquella niña se mantenía impecable.
De no ser de haberlo visto aquella noche yo también pensaría como los demás y es que Juliana no era una chica callejera, sus padres eran educados, ambos trabajadores por lo que invertían en la educación de su hija mandándola a una escuela privada, por lo que desconocían que su hija ya había sido mancillada, por lo tanto, Marco tenía oportunidades de sobra de hacer cositas con su prima las veces que se quedaba con ellos y las veces que mi hijo iba a su casa era de suponer que harían cosas deliciosas cuando tuvieran oportunidad, sin embargo no era algo que pudiera presenciar, al punto que me hacía envidiarlos.
La rutina de trabajar, comer y dormir en ocasiones me hacía sentir miserable, aún no tenía mujer, tampoco pretendiente ni siquiera una amiga para liberar el estrés mientras que mi hijo ya andaba explorando esos terrenos. Por lo que cuando aquel día iba regresando a casa medio día antes de lo usual no podía evitar imaginar encontrar a mi hijo haciendo cositas así que ya se me había vuelto costumbre llegar en silencio, sabía que Luciano estaría en casa a esa hora porque no tenía clases por lo tanto la casa no estaría callada y lo primero que escucho es la música proveniente de la consola por lo que con curiosidad me acerco a su cuarto y sorprendo a Luciano besándose con Juliana.
—¡ajá!, ¿qué te he dicho yo? —.
—es que ella no puede entrar a su casa—, responde Luciano.
Resulta que por ciertos asuntos suspendieron las clases en el colegio de Juliana y resulta que llave la olvidó al salir.
Esa conversación la dejé hasta allí, así que me preparé para una ducha pensando todo tipo de cosas, Juliana estaba en casa y quien sabe cuándo tendría otra oportunidad de que estuviera ella sin compañía, por lo que al cambiarme fui directo al cuarto de Luciano a ver que podría lograr: así que comencé haciendo las típicas preguntas casuales de cómo iba en la escuela entre otras cosas, hasta que pregunto si era la novia de Luciano, pero me responde que no.
—¿entonces por qué se besaban en la boca? —, estaba algo sonrojada, —¿así que besas en la boca a todos? —.
Y me responde que no, que solo andaban jugando.
—mmm… ¿y tu mamá o tu papá sabe que juegas así? —.
—por favor, no le digas a mis padres—, su rostro mostraba algo de preocupación.
—no se… a ver, bésense otra vez—.
Ambos se quedan extrañados y se ríen algo nerviosos “¿ya. ¿Aquí?” me pregunta Juliana.
—¿claro, donde más? —.
Honestamente duro unos minutos con su pendejada haciéndose la inocente, que incluso el primer beso fue un mero pico.
—así no vale, ya sé que sabes besar con lengua ¿o acaso quieres besarte conmigo? —.
—¡ay no! —, me respondió al instante.
Si bien tampoco es algo que quisiera hacer, su rápida respuesta dolió un poco mientras que mi hijo era el que andaba disfrutando de mis juegos. Paulatinamente iban tomando confianza e incluso mi hijo comenzaba a acariciarle, algo que inició por su rostro para luego pasar por su plano pecho hasta quedarse en su abdomen.
—son todos unos expertos—, ambos sonríen un poco, —¿Y quién besa mejor: tu primo Marco o Luciano? —.
—¿por qué dice eso? —, claramente estaba muy sorprendida.
—porque yo sé lo que ustedes hacen—, mi sonrisa llena de pura malicia se hace presente, —sé que ya eres toda una adulta—, a la vez que le decía eso mi mano le fue acariciando su muslito hasta llegar tocar su entrepierna bajo su falda. Ella palideció en ese momento sabía lo que le estaba diciendo y antes de que pudiera decir algo le revelé que los miré a los 4 haciendo aquello y parecía gustarle e incluso le dije que cuando le mencione que si se andaba orinando sabía que era la leche de su primo. La pobre estaba impactada, no sabía que decirme, pero yo le trataba de calmar que no me importaba, a todas las mujeres le gusta hacer el amor y podía confiar en mí.
—¿en serio no le va a decir a mi mamá o a mi papá? —, me lo decía algo titubeante.
—claro que no nena, ¿acaso no confías en mí? Mira el tiempo que pasó y aun nadie sabe nada—.
De ese modo tras haberle dado un poco de agua por fin se calmó.
—¿ya estás bien? —.
Y ella asiente.
—entonces para ver cómo se besan enserio—.
Juliana no se veía del todo con el humor como para proseguir con los juegos, pero en el momento que le fui a buscar el agua hice que Luciano me acompañara para que se pusiera serio con ella y así podrá cogérsela.
Por lo tanto, cuando comenzaron sus besos Luciano se puso más intenso manoseándola por todos lados y a pesar de que Juliana no quería que le tocaran su cosita yo le quité la mano y sin mucha resistencia se dejó a que Luciano le tocara sin restricciones, mi hijo sabía dónde estaba lo bueno, sabía lo que quería porque podía ver como su mano acariciaba mucho la entrepierna de Juliana.
—ahora mámamela—, le dice Luciano mientras que se levanta y saca su enorme bestia de 7cm. Y a pesar que parecía como que no quería eso no evito que ella misma abriera la boca y comenzará a lamer su pequeño miembro.
En ese instante Luciano y yo nos miramos y alzamos nuestros pulgares mientras que aquella joven podía desaparecer aquel pene y juguetear con él con su lengua, esa pequeña verga no era suficiente para llenarle la boca no obstante mi hijo disfrutaba del momento y yo no iba a arruinárselo, tristemente para el aun no podía eyacular por lo que tras unos minutos disfrutando de las habilidades orales de Juliana, este le dice a ella para “hacerlo”. Así que juliana su calzón y esta vez puedo ver su lampiña raja y sonriendo se separa los labios, su vagina era hermosa, claramente se podía observar que su vagina ya había sido perforada y su clítoris era un poco más grande de lo que esperaría en una niña. Luego de admirar esa maravilla de la naturaleza veo que mi hijo la pone en cuatro para así cogérsela, pero en ese momento los detengo.
—¿espera que vas a hacer? —.
Luciano extrañado me responde: —se lo voy a meter—.
—¿pero no se la vas a chupar? —.
—¿chupar qué? —.
—su conchita—.
—¡ay no!, que asco. Ella orina por ahí—.
En parte no podía creer esa reacción tan infantil.
—pero ella te chupo la verga y tu orinas por ahí —.
—pero no es lo mismo, a ella se le pone toda babosa —.
No podía evitar poner una cara como de póker al escuchar esas repuestas
—¿a ti te lo han lamido? —, le pregunto a Juliana.
—Mi primo a veces lo hace—.
—¿y te gusta? —.
Ella solo asiente.
—bueno, entonces Luciano también va a hacerlo—.
—¿yo por qué? —.
—porque eres hombre—, y me siento al lado de Juliana mientras esta tiene sus piernas abiertas y separo esos tiernos labios ligeramente humedecidos, —¿acaso no se te antojan? —, Juliana estaba ligeramente sorprendida de que le tocara de imprevisto sin embargo no retiró mi mano y mientras continuaba hablándole de cómo debería hacer las cosas mis dedos recorrieron su rajita que en el momento tras meter mi dedo en su hoyito Juliana echa para tras su cabeza con sus ojitos cerrados a la vez que mordía su labio inferior y es que a pesar de su corta edad su vagina estaba preparada para el sexo, sus paredes vaginales engullían mis dedos y parecía que me los succionara además que comenzó a mover ligeramente sus caderas al son del movimientos de mis dedos.
—con que te gusta así—, le menciono y ambos sonreímos.
por lo que al ver satisfactoriamente sus respuestas corporales dirigí mi rostro a su entrepierna y tras oler ese rico y juvenil aroma comencé a lamerle el lindo botoncito mientras que mis dedos jugaban dentro de ella.
—¡papá! ¿qué haces? —, Luciano estaba algo sorprendido y pues no era el único ya que Juliana también se sorprendió al principio, pero el continuo toqueteo y por la manera en que le lamia y succionaba su clítoris se terminó dejándose llevar por el placer al punto de sujetarme por el cabello
—esto es loque tenías que hacer—, no más mira cómo me agarra y prosigo chupándosela, mi lengua podía sentir mejor lo calientito que estaba por dentro no obstante si bien Juliana y yo estábamos disfrutando del momento Luciano se estaba molestando porque tenía acaparada la mejor parte.
—está bien, ya sé lo que tengo que hacer. Ahora me toca—, me decía insistentemente a la vez que trataba de empujarme y se supone que esto era para instruirle a el sobre el sexo, pero tras haber probado sus juguitos y ver las pícaras expresiones que hacía, no la había visto ni en la mejor porno, no había visto persona más morbosa que esa niña que en un instante se flexionó y tomó a Luciano por el brazo y lo llevó hacia ella para entrelazar sus lenguas, pero eso no sería lo único ya que en el momento en que se besaban ella le manoseaba su pija.
Juliana estaba entregada por completo a la situación, la lujuria consumía su alma tan temprano, sus gemidos lo decían todo mientras le chupaba la pija a Luciano. Claro que ellos no eran los únicos excitados yo aún tenía mi adolorida verga dentro de mis pantalones aun así estaba más enfocado en jugar con ella, en beberme lo que saliera de esa conchita y es que ya estaba lista para que se la follaran, pero en vez de eso continué masturbándola sumándole otro dedo y como no vi señales de molestia fue inevitable que quisiera meter el 4to dedo y a pesar de que me apretaba los dedos la puta disfrutaba en cómo se lo metía y sacaba.
En ese momento nadie decía ni una palabra, solo se escuchaban jadeos. Juliana estaba recostada con las piernas abiertas recibiendo mis dedos al mismo tiempo que devoraba la pequeña pija Luciano.
—ahora cambiemos—, dice mi impaciente hijo poniendo a Juliana en cuatro, le levanta la falda y comienza su faena entre risas diciendo algunas frases sucias.
Por mi parte simplemente me siento frente de Juliana para masturbarme y en el momento que me la ve dice: —que grande—, y yo me río, pero en ese mismo instante la nena toma mi verga y sin miedo se lo lleva a la boca sin siquiera importarle el olor ni lo baboso, solo la engulló y aunque fuera un poco menos de media verga la cual le cupo por un momento me hiso pensar que soltaría todo y es que tras la primera zampada la condenada en chuparme la cabeza sin dejar que el prepucio se interpusiera.—sabes mucho—, mientras sentía su lengua recorriendo mi verga. Por lo que al ser sometido a tal placer mi mente ya no daba para otra cosa, por lo que la tomo debajo de los brazos haciéndole que se levante y la dirijo hacia mí.
No vi a Luciano ni me importaba y Juliana ya sabía lo que estaba por suceder que ni hiso falta decirle nada, una vez que estuvo frente de mí, solo puso sus manos en mis hombros y se agachó hasta que nuestras intimidades hicieron contacto y a pesar de que no veía porque la falda lo impedía, ambos sabíamos dónde estaba tocando y en donde debía estar que ni me hiso falta buscar nada ya que ella misma se movió y lo puso en el lugar para posteriormente dejándose caer con su peso haciéndonos soltar un gemido casi al unísono, su vagina era más prieta de lo que esperaba y por la manera en que me abrazó me hiso entender que la estaba estirando como nunca, ahora bien por más que pudiera expandirse su prieta, juvenil y experimentada vagina. No podía ser el salvaje que querría ser, aún era muy pequeña y su coño no más pudo tragarse lo mismo que su boca de arriba, un poco más un poco menos (como que ambas bocas son del mismo tamaño) me hiso pensar.
—¿estás bien? —, le pregunto.
Y ella asiente mientras tenía su frente apoyada en mi pecho.
—es muy grande y grueso, siento como si mi cosita se fuera a romper —.
—¿quieres que lo saque? —.
Y nueva mente mueve su cabeza, pero diciéndome que no.
—me gusta cómo se siente—, y tras levantarse un poco se vuelve a dejar caer soltando un delicioso jadeo. De modo que cuando vuelve a repetir el movimiento, pero yo me levanto con ella insertada y la recuesto al borde de la cama así tomando el control y la comienzo a follar con algo de intensidad mientras le tapo la boca antes de que fuera a gemir con fuerza, hubo momentos en que parecía que era muy brusco por como reaccionaba, pero cundo le preguntaba si quería que parara ella me decía que no al punto que no pude aguantar más.
En ese instante se me vino dos opciones a la cabeza lo cual la primera era vaciarme por completo dentro de ella lo cual también quería, la otra opción que sería lo seguro era echarlo afuera sin embargo ensuciarla y que llegase a notar algo una vez llegara a su casa me hiso preferir hacerle un creampie. Uno que me hiso sentir que las bolas me dolieran, la leche se desbordaba de su coño mientras mi pene todavía estaba dentro de ella.
—estás soltando bastante—. Su respiración era casi tan fuerte como la mía. —me gusta como siente esta parte—.
Una vez por fin terminé de llenarla y mi verga se puso toda flácida, miré como coño escurría una asombrosa cantidad de semen, su coño estaba rojo y bien abierto.
—creo que será mejor que te limpies y te arregles antes de que venga alguien—.
Así que Juliana toma su ropa para arreglarse en el baño, pero antes le quito sus bragas.
—de recuerdo—, y la olfateo. A pesar de todo lo que hiso todavía le quedaba cierta pizca de inocencia ya que se sonrojó con timidez al verme olfateando su ropa interior. Por lo que mientras ella se lavaba y se arreglaba Luciano y yo tuvimos una charla sobre lo que había sucedido hasta que salió.
El resto del día Luciano y yo prácticamente hablamos de lo mismo y ya no tenía ningún temor en preguntarme sobre sexo.
Ya no éramos padre e hijo, ahora también éramos cómplices.
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