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Heterosexual, Intercambios / Trios

Mi marido me compartió con el director

En una reunión del día del maestro sucedió lo inimaginable .
Angélica llegó a la fiesta del Día del Maestro del brazo de su esposo Luis, luciendo un elegante vestido negro largo que caía hasta los tobillos, pero con una abertura lateral que subía provocativamente hasta la mitad del muslo. Su piel blanca contrastaba con la tela oscura, su cabello castaño oscuro caía en ondas suaves sobre sus hombros, sus pechos medianos se marcaban firmes bajo el escote y sus piernas torneadas terminaban en unas nalgas paradas, redondas y firmes que se balanceaban con cada paso. Debajo solo llevaba una tanga diminuta de encaje negro, porque con la anchura de sus caderas y la firmeza de su culo era lo más cómodo; cualquier otra prenda se le clavaba en la carne.

Luis, delgado, atlético y bien parecido, caminaba orgulloso a su lado. Pero pronto notó que no era el único que la devoraba. El director Francisco, un hombre obeso, bajo de estatura y con lentes gruesos, no apartaba la mirada de ella. Cada vez que Angélica pasaba cerca, sus ojos la desnudaban sin pudor: bajaban por su escote, se detenían en la abertura del vestido y se clavaban en ese culo perfecto que se movía bajo la tela. La esposa del director se fue temprano, agotada de tanto bailar, pero Francisco se quedó porque, como director, debía permanecer hasta que se fuera el último maestro.

Al principio Luis se encabronó. Sentía la sangre hervir cada vez que veía al gordo babear por su mujer. Pero conforme avanzaba la noche, las copas y la música hicieron su efecto. Esa molestia se transformó en algo oscuro y caliente: morbo puro. Ver cómo el director se relamía los labios al mirar el culo de Angélica empezó a endurecerle la polla dentro del pantalón.

Poco a poco los profesores se fueron yendo con sus parejas, riendo y despidiéndose entre abrazos ebrios, hasta que el salón quedó casi vacío. Solo quedaban las luces tenues de las guirnaldas, el eco lejano de la música y ellos tres: Angélica, Luis y el director Francisco, que seguía sentado al otro lado del salón con una copa en la mano, sin disimular ni un segundo.

Angélica, con las mejillas sonrojadas por el vino y el calor de la noche, se acercó a su marido. Su cuerpo olía a perfume dulce mezclado con sudor ligero. Se inclinó sobre él y le susurró al oído, con la voz un poco ronca:

—Amor, ya vámonos… Casi no queda nadie y estoy cansada.

Luis no contestó de inmediato. En cambio, mientras ella aún estaba inclinada, deslizó su mano derecha por debajo de la mesa con lentitud deliberada. La metió por la abertura alta del vestido y sus dedos calientes recorrieron el muslo torneado de Angélica, subiendo despacio, sintiendo cómo la piel blanca se erizaba bajo su toque. Llegó hasta la tanga diminuta de encaje negro, ya completamente empapada. La tela estaba caliente, pegajosa, y Luis sonrió con malicia al rozar con las yemas de los dedos los labios hinchados de su coño, notando cómo chorreaba de excitación.

La acarició lentamente, presionando el encaje contra su clítoris hinchado, dibujando círculos pequeños y tortuosos mientras le murmuraba al oído, con la voz baja y cargada de morbo:

—Mira cómo te mira el director… No le quita los ojos a tu culo ni un segundo. Cada vez que te mueves, ese gordo te está desnudando con la mirada. ¿Sientes cómo te desea? Apuesto a que ya tiene la polla dura como piedra solo de imaginarte doblada sobre una mesa.

Angélica soltó un suspiro bajito y entrecortado, casi un gemido ahogado. Sus caderas se movieron apenas contra los dedos de su esposo, buscando más presión, mientras sus muslos se abrían un poco más debajo de la mesa. Luis no paró. Metió dos dedos por debajo de la tanga, separando los labios mojados de su coño y hundiendo las puntas apenas dentro de ella, sintiendo cómo sus paredes calientes y resbaladizas lo apretaban.

Siguió hablando, con la boca pegada a su oreja, lamiéndole el lóbulo mientras sus dedos entraban y salían con lentitud obscena:

—Está duro por ti, mi amor… Imagínate esa mirada babosa mientras te folla. Imagina cómo te agarraría esas nalgas firmes y te abriría el culo para metértela hasta el fondo… ¿Te gusta que te mire así? ¿Te pone cachonda saber que quiere cogerte como una puta delante de todos?

Angélica mordió su labio inferior para no gemir más fuerte. Su tanga estaba empapada, y un hilo de sus jugos ya le corría por el interior del muslo. Luis siguió masturbándola despacio debajo de la mesa, sabiendo que el director, desde su asiento, no perdía detalle de cómo ella se removía inquieta en la silla.

Cuando ya solo quedaban ellos tres en el salón, Angélica insistió, con la voz entrecortada por el placer:

—Luis… vámonos ya. Todos se fueron. Solo queda el director y yo… estoy muy caliente. Quiero que me cojas en cuanto lleguemos a casa.

Pero Luis, con la polla palpitando dolorosamente dentro del pantalón, tenía otros planes.

—Un último baile y nos vamos, mi reina. Por favor.

Angélica aceptó a regañadientes. Se levantaron y fueron a la pista. A medio baile, Francisco pasó a un lado de ellos, ya con varias copas encima, devorando con la mirada el culo de Angélica que se movía al ritmo de la música.

Luis sonrió con malicia y le dijo al director:

—Director Francisco, tengo que ir al baño un momento. ¿Puede bailar un rato con mi esposa para que no se quede sola?

Francisco no lo dudó ni un segundo. Sus ojos brillaron de deseo. Angélica miró sorprendida a su marido, pero este ya se alejaba… solo que no fue al baño. Fue directo al DJ y le pidió la canción más sensual y lenta que tuviera: una balada oscura con ritmo profundo y cargado.

Luis se escondió detrás de una columna y observó con morbo puro cómo su mujer y el director empezaban a bailar. Francisco ya no ocultaba su erección. Su polla gruesa y corta formaba una tienda de campaña evidente en el pantalón. Gracias a su baja estatura, su miembro erecto quedaba exactamente a la altura de la vagina de Angélica. Se pegaba descaradamente al cuerpo de ella, presionando su enorme pancita contra el vientre de la maestra mientras frotaba con lujuria su verga dura y palpitante directamente contra el coño de Angélica a través de la tela del vestido. El glande empujaba justo contra los labios hinchados, rozando y presionando la tanga empapada con movimientos cortos y ansiosos, como si ya estuviera follando la entrada de su coño.

De repente Luis apareció por detrás de su esposa. Sin decir nada, pegó su cuerpo al de ella y colocó su polla dura exactamente entre las nalgas firmes de Angélica, empujándola hacia adelante para que el director sintiera también la presión. Ella dio un pequeño respingo al sentir la verga caliente del director clavándose justo contra su vagina húmeda a través de la tela fina de la tanga. Un suspiro escapó de sus labios.

—No se vaya, director —dijo Luis con voz ronca—. Un baile más y nos vamos.

Francisco, temblando de excitación, se quedó. Ahora los tres bailaban pegados: Luis atrás, presionando su polla dura contra el culo de su mujer; Angélica en medio, y Francisco adelante, con su miembro corto y grueso rozando perfectamente el coño empapado de la maestra gracias a su altura. Luis empezó a besar el cuello de Angélica, lamiendo su piel blanca mientras sus manos le acariciaban la cintura. Luego estiró los brazos, agarró las caderas del director y lo jaló con fuerza, pegando completamente sus cuerpos en un sándwich caliente y sudoroso. Le guiñó un ojo al gordo, dándole vía libre.

Luis subió las manos y tomó los pechos medianos de su esposa por encima del vestido, pellizcando los pezones duros. Los tres sudaban, respiraban agitados. La falda del vestido subió poco a poco por las manos de Luis hasta que la tanga negra quedó pegada directamente contra el pantalón de Francisco. El director gemía bajito.

Luis bajó el cierre del pantalón del director. Una polla mediana pero totalmente erecta, gruesa y venosa, saltó como resorte, palpitando. Francisco empezó a mover las caderas, frotando su glande directamente contra la tela empapada de la tanga, rozando y separando los labios hinchados de la vagina de Angélica con cada movimiento.

Luis tomó los brazos de su mujer y los colocó alrededor del cuello del director, pegándola más a él.

—Bésalo, amor —le ordenó con voz cargada de lujuria.

Angélica, perdida en el placer, obedeció. Su boca se unió a la del director en un beso húmedo y baboso mientras Luis le bajaba la tanga hasta las rodillas. La polla de Francisco se deslizó directamente entre los labios mojados de su coño, frotándose contra su clítoris hinchado.

La excitación era insoportable. Luis se desabrochó el pantalón y sacó su verga dura, más larga y gruesa que la del director. Sin más preámbulos, la metió de un empujón profundo en el coño empapado de su mujer, mientras Francisco seguía frotándose contra su clítoris desde adelante. Angélica gimió fuerte entre los labios del director.

De pronto una silla cercana hizo que Francisco cayera sentado. Luis miró a su esposa con ojos oscuros de deseo y le dijo con voz ronca y dominante:

—Quiero ver cómo te cogen, amor. Quiero verte bien abierta, montando esa polla como una puta mientras él te llena el coño.

Angélica, con las piernas temblando de excitación, se abrió de par en par y se sentó lentamente sobre la polla del director. El miembro mediano pero grueso entró hasta el fondo en su coño caliente y resbaladizo. Empezó a montarlo con fuerza, subiendo y bajando, sus nalgas firmes chocando contra los muslos gordos del director. Sus pechos rebotaban mientras besaba con hambre la boca de Francisco.

Después de unos minutos intensos de cabalgarlo, Luis, con la polla palpitando, la levantó suavemente de la silla y la colocó en una nueva posición: arrodillada en el suelo frente al director sentado. Angélica, obediente y cachonda, abrió la boca y se metió la verga gruesa y venosa del director hasta el fondo de la garganta. Chupó con ganas, lamiendo cada vena hinchada, saboreando su sabor salado y el precum que ya le goteaba. Sus labios se estiraban alrededor del miembro mientras lo mamaba con hambre, haciendo ruidos húmedos y obscenos.

Luego, sin sacar del todo la polla de su boca, giró la cabeza hacia su marido y lo besó con pasión, compartiendo el sabor de la verga del director en su lengua. Luis devoró su boca, lamiendo los restos de saliva y precum. Angélica volvió inmediatamente a meterse la polla del director hasta la garganta, chupando más fuerte, y repitió el movimiento varias veces: mamaba con lujuria la verga de Francisco, la sacaba babeada y brillante, y besaba a su marido con lengua profunda, dejando que Luis probara el sabor del director en su boca. Una y otra vez, alternando entre chupar al gordo y besar a su esposo, mientras sus jugos le corrían por los muslos.

La excitación creció hasta ser insoportable. Luis levantó a Angélica, la colocó de espaldas contra su pecho y la penetró profundamente por detrás, follándola de pie mientras ella seguía chupando al director. Después la llevaron de nuevo a la silla: Angélica se sentó otra vez sobre la polla del director, montándolo con fuerza.

Francisco fue el primero en correrse. Con un gruñido animal, empujó sus caderas hacia arriba y descargó chorros calientes y espesos de semen directamente dentro de la vagina de Angélica, llenándola con su carga espesa. Angélica gimió fuerte al sentir cómo el semen caliente del director le inundaba el fondo del coño.

Luis, que estaba detrás de ella, no esperó. Apenas sintió los espasmos del orgasmo de Francisco, empujó su propia polla gruesa en el mismo coño ya lleno de semen. Empezó a follarla con fuerza, moviéndose rápido y profundo, literalmente batiendo las dos semillas dentro de ella. El semen del director se mezclaba con los jugos de Angélica y con la polla de Luis, creando un sonido húmedo y obsceno de carne chapoteando en semen.

Angélica se excitó salvajemente al sentir las dos cargas calientes mezclándose dentro de su vagina. Sentía cómo el semen espeso del director se removía con cada embestida de su marido, cómo las dos semillas se batían y se fundían en un caldo caliente y pegajoso que le llenaba por completo. Eso la llevó al orgasmo más intenso de la noche: su coño se contrajo violentamente alrededor de la polla de Luis, ordeñándola mientras gritaba de placer.

Luis no aguantó más. Con un gemido ronco empujó hasta el fondo y se corrió también dentro de ella, soltando su propia carga espesa y caliente. Los dos hombres se vaciaron completamente dentro de la vagina de Angélica, mezclando sus semillas en un revoltijo blanco y viscoso que rebosaba de su coño bien follado. El semen combinado empezó a escurrir abundantemente por sus muslos torneados, goteando al suelo en gruesos hilos.

Los tres quedaron jadeando, sudados y satisfechos. Angélica, con una sonrisa lujuriosa y el coño palpitante lleno de las dos semillas mezcladas, besó a su marido y luego al director, sabiendo que esa noche había sido solo el comienzo de algo mucho más perverso.

3 Lecturas/11 abril, 2026/0 Comentarios/por Premium
Etiquetas: baño, culo, follando, orgasmo, polla, puta, semen, vagina
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