Mi novia de 6 años
Voy a contar todo lo que recuerdo de mi primer amor, mi primera novia, la ahijada de mi mamá..
Este relato es la continuación de «Amor de verano con una nena». Está en nuestro perfil.
Después de haber tenido sexo con la ahijada de mi mamá, de tan solo 6 años, me dió culpa y miedo. Culpa por hacerlo con una nena tan chica, y miedo a que dijera algo y me acusen; cosa que afortunadamente nunca pasó.
Y aunque esa noche me costó dormir por la preocupación tampoco pude evitar hacerme la paja pensando en ella y lo que hicimos. Pero mi mano no se sentía igual que la vagina apretadita y suave de Brisa.
El día después
Al otro día vino a casa pero no me despertó. Bajé a la hora del almuerzo, me saludó normal. Me preocupé un poco. Pregunté por qué no me despertaron y me dijeron que se fueron a comprar cosas. Después del almuerzo mamá se fue a tomar su siesta y apenas cerró la puerta Brisa me abrazó y me dió un piquito.
-Te extrañé -me susurró con su vocecita dulce.
Me volvió el alma al cuerpo y la abracé con fuerza y le di un beso apasionado.
-Yo también mi amor, estuve toda la noche pensando en vos. Tenía miedo que te enojaras por lo que hicimos.
– No me enojé tonto, pero no quiero que tú mamá se entere que somos novios.
Nos pusimos a ver una peli abrazados y al ratito nos empezamos a tocar. Para mí era inevitable tener una erección teniendo apoyada su cola. Empecé con unas caricias en su pierna llegando hasta su bombachita. Ahora ya no tenía miedo de tocarla, después de todo era mi noviecita. Ella me apretaba la pija sobre el pantalón de fútbol. Después le metí la mano por el costado de la bombacha y pude sentir toda su conchita babosa y caliente. Nos dimos un par de besos, ya ni pelota le dábamos a la televisión. Fue ella quien propuso al oído:
– Vamos a tu pieza?
– A jugar a la play? -le dije haciéndome el tonto
– No bobo, vos ya sabés… Hacer cosas de novios.
Subimos, prendí la play para que haga ruido y la senté en la cama. Le abrí esas piernitas largas y carnosas que la hacían parecer una nena de 8 o 9. Fui bajándole la bombachita que ya estaba toda húmeda. No sabía que una nena se podía mojar.
Por primera vez sentí el olor de su conchita (el inconfundible olor de conchita infantil) y fue como una droga que me provocó un deseo irresistible de comérsela. La tiré de las piernas y se la empecé a chupar como loco. Brisa pegó un alarido y se tapó la boca con la mano. Qué rico qué tenía la conchita esa nena! Se la estuve chupando un buen rato, lamía sus labios internos y succionaba su clítoris chiquitito. Ella largaba unos juguitos riquísimos.
-Pará que me voy hacer pissss! -me dijo. A mí ya no me importaba si lo hacía pero le hice caso.
Me paré… me saque el short y el boxer de un tirón. No perdí tiempo ni di vueltas: ella estaba mojada y yo con la pija al palo. Apunté la pija a su vagina y con un poco de presión le metí la cabeza.
Ahora podía ver cómo le iba entrando mi pene en su vagina. Sus labios se separaban y se iba tragando mi verga dentro de ella, otra de las imágenes que quedaron grabadas en mi memoria. Brisa estaba ruborizada, sudando por el calor y por tener mi pene adentro de su cuevita. Hubiese querido cogerla así toda la tarde pero la excitante vista que tenía, sumado a sus gemidos tiernos, me hacían imposible contener la eyaculación y después de unos minutos, por segunda vez le llené su conchita con mi leche.
Después del acto nos limpiamos y nos pusimos a jugar a la play de verdad. Al rato mamá se levanta y la llama a Brisa. Le preguntó por qué estaba tan despeinada y transpirada. Ella ni lenta ni tonta le dijo que estuvo jugando a las luchitas conmigo (algo que era habitual) y mamá la mandó a bañarse. Cuando Brisa entró a la bañera, mamá tomó su ropa, se asomó a la puerta y me pidió
-Hijo, poné esto en el lavarropa por favor. -dandome el vestido de Brisa, y su bombacha de princesa húmeda en la entrepierna.
Tragué saliva y se me cruzó pensar si mamá sospecharía algo, pero como siempre me hice el desentendido. Aún con esa duda no iba dejar de hacer el amor con Brisa. Nos queríamos y a los dos nos gustaba hacerlo. Cada día juntos íbamos descubriendo cosas nuevas.
Mi tesoro
La primera vez que uno tiene sexo nunca se olvida, al igual que el primer amor. La mía había sido perfecta y mi relación con Brisa era perfecta, nos hacíamos compañía, nos reíamos, jugábamos, hacíamos el amor. No había escena de celos ni reproches de pareja. Era perfecto, era una relación ideal pero no se lo podía contar a nadie por la diferencia de edad.
Cuando le conté a mi mejor amigo Fede que estaba cogiendo con «una chica». Al principio no me creía, me pedía nombre, fotos, su fotolog (era esa época). Yo me hacía el misterioso pero ante su escepticismo, mi orgullo me llevó a mostrarle una foto de mi celu donde se veía mi habitación y parte de la cola de Brisa, con su vagina chorreando semen. Si bien me creyó, aumentó su curiosidad y sus preguntas, pero yo no podía dar más información. Entendí que Brisa era mi tesoro y debía cuidarla a ella y nuestra relación.
Cómo cambió nuestra relación
Después de consolidarnos como novios, ella siguió yendo a despertarme casi siempre tocándome la pija, eso le divertía. Pero ahora que había más confianza; la sacaba del boxer, la manoseaba. Un día me despertó de la mejor manera que te pueden despertar en la vida: con una chupada de pija. Para ella era una manera de «molestarme» jaja. No era una experta pero imagínense lo bueno que es despertar sintiendo que te lamen el tronco y la cabeza de la verga. Abrís los ojos y hay una nena hermosa como un ángel lamiéndote el pene y mirando si vos te despertás. Una locura.
Para la noche de navidad, a mi noviecita le regalé una muñeca que ella quería mucho y que sabía que su mamá no iba a comprar (escuché hablar a nuestras mamás de su regalo). La compré con plata de unas changuitas que hacía para mis gastos. Después del brindis fuimos a mi casa a buscarla. Nuestras mamás estaban en su casa tomando champagne y charlando con familiares suyos que habían ido a cenar. Mientras tanto, yo la tenía a Brisa de perrito en mi cama, con su vestidito negro levantado y su bombacha por los tobillos, penetrándola aún con su nuevo juguete en sus manos. Para mí, Ella era mi mejor regalo de Navidad.
Me encantaba cogerla en cuatro, podía ver cómo le entraba y salía por su vagina y también ver su culazo de nena grandota para su edad. La agarraba de las caderas y ahí sí que no le «hacía el amor» sino que me la cogía como su fuera mi putita. No fuerte ni bruto, pero con un ritmo más intenso que cuando hacíamos el amor.
Dos veces intenté hacerle la cola, pero le dolía así que no insistí.
Casi siempre lograba que ella tuviera un orgasmo, aunque algunas veces no. Pero eso sí, ella siempre se iba a casa con mi leche adentro.
Otra anécdota divertida fue una tarde que estábamos en mi habitación jugueteando y ella arrodillada sobre mi cama se asoma por la ventana que da a su patio (mi habitación era un altillo). Yo aproveché, le bajé el shortcito y la bombacha, y se la fui metiendo. En eso su mamá sale al patio a colgar la ropa y Brisa con su espontaneidad de niña la saluda.
– Hola Mamiiii- saludó ella.
Yo del otro lado de la cortina y con la mitad de mi verga dentro de ella, me alerto y dejo de bombear.
– Hola mi vida! Qué hacés ahí arriba?
– Estoy jugando a la play con Lucas (siempre usábamos la misma excusa, si)
-Bueno en un ratito ya vení a casa, si?
-Bueno Mami! – dijo antes que yo se la volviera a hundir.
Después del susto, me dió un poco de morbo la situación, una adrenalina de seguir cogiéndola así, detrás de la cortina a metros de su mamá que estaba tendiendo la ropa lavada y mi mamá en nuestro patio haciendo lo mismo .
Un poco de ayuda
Los fines de semana eran de lo mejor. Ella venía a despertarme y casi siempre era darnos sexo oral. Primero ella me la chupaba hasta acabar en su boquita. Solo una vez se tragó mi semen y como no le gustó no quiso repetirlo ni yo le insistí. Nunca obligarla a nada siempre fue clave.
Después recibir sus «besitos» yo le sacaba la bombachita y le comía esa conchita gordita y rosada.
Si había tiempo y ganas hacíamos un «rapidito», el cual casi siempre nos hacía transpirar y ella quedaba despeinada por lo que mamá nos retaba por andar «jugando a las luchas».
– Brisa, vos sos una nena, no tenés que jugar de manos. Ahora estás despeinada y sudada. Te vas a tener que bañar. – le decía mi vieja.
Una de esas veces me mandó a comprarle bombachitas.
-Anda a la tienda de la avenida y comprá bombachas para Brisa.
– Tengo que ir yo? Me da vergüenza
– Si, anda vos. Vos la hiciste transpirar y yo la tengo que bañar, vestir y peinarla. Compra 3 o 4 así ya quedan acá, que siempre viene con las bombachitas manchadas la nena.
– Y… Pero… Cómo pido? No sé
– Pedile bombacha para nena talle 10.
Me acuerdo que me moría de vergüenza pero la vendedora me atendió re bien. Tengo que decir que me dió un poco de excitación todos los modelitos de bombachas que me mostró. Yo me hice el que me daba igual pero elegí las tres que más me gustaron.
Por estás cosas estoy casi seguro que mi vieja sabía lo que hacíamos, pero no sé por qué no nos detenía. Muchas veces le dí vueltas al asunto. Pero estoy convencido que ella sabía o se imaginaba, porque no era una mujer ingenua como para no sospechar de las señales; las bombachas «manchadas», la transpiración de ambos, el olor a sexo que debíamos tener. Me da cierto morbo pensar que mi vieja permitía a su hijo adolescente desfogarse con su pequeña ahijada de seis años.
Lo mejor es que cada vez nos dejaba más tiempo solos, cuando Brisa venía la mandaba a despertarme y ella salía sola.
El día de los enamorados nos sacó a pasear en una salida que fue bastante romántica al delta de Tigre. Hasta nos hizo subir solos en la Vuelta al Mundo porque a ella le daba vértigo. Brisa y yo aprovechamos para besarnos en la altura viendo el atardecer a la orilla del río. Fue uno de los días más felices de mi vida.
Todo lo bueno en algún momento se termina
Brisa empezó la escuela y al verano le quedaba poco. Yo estaba haciendo el curso de ingreso a la Facu y nos veíamos los fines de semana. Para colmo me mandaban un montón de lectura y no le podía dedicar el tiempo que ella se merecía. Igual cuando podíamos pasábamos tiempo dándonos cariño de todo tipo, pero el sexo fue mermando. Ni siquiera recuerdo claramente cuál fue la última vez que lo hicimos.
Conseguí trabajo para costear mis estudios, no quería ser más carga para mí vieja, y esa rutina me consumió todo el tiempo. A Brisa la veía cada vez menos, y tengan en cuenta que a su edad no tenía teléfono, mucho menos redes sociales, ni siquiera existía WhatsApp.
Con el paso de los meses nuestro vínculo volvió a ser como el de un hermano y su hermanita… con juegos, cariño y haciéndonos bromas, comiendo juntos, paseando… Pero sin sexo ni besos en la boca.
Pasaron los años, yo me mudé, me puse de novio. La veía muy poco, algunas veces cuando volvía a mi barrio. Nunca hablamos de lo que hicimos ese verano pero en alguna cena con nuestras madres, Brisa mencionó como un recuerdo divertido: «Te acordás cuando nos pasábamos toda la tarde jugando a la play y viendo pelis… Y que jugábamos a las peleas?»
Nunca hubo un reproche ni un reclamo por parte de ella. Al día de hoy nos vemos algunas veces. Muy poco, pero mantenemos buen trato.
Actualmente está estudiando y sigue siendo esa chica tranquila e inteligente y de buen corazón. Nunca le conocí un novio.
Espero que tenga una buena vida y que tenga el mismo recuerdo grato que tengo yo de ella.


(12 votos)
Dejar un comentario
¿Quieres unirte a la conversación?Siéntete libre de contribuir!