Mi primera experiencia, y lésbica.
Soy Lemon, este es el segundo relato de mi infancia cachonda, contiene un poco de hetero, incesto, lésbico, y mucho placer..
He estado pensando en cuál fue mi siguiente paso después de aprender a masturbarme, y creo que encontré la anécdota perfecta.
Volviendo a esa época en la que yo tenía 8 o 9 años, en esos días tenía muchos primos de la misma edad o unos cuantos años mayores, pero habían dos de ellos con los que me llevaba especialmente bien: un niño, al que en este relato llamaré “Salty», y una niña a quién llamaré “Sugar».
Salty tenía 12/13 años, Sugar tenía la misma edad que yo. A Salty por la edad ya casi no le gustaba jugar con su hermana ni conmigo, y cuando decidía hacerlo, siempre quería jugar al típico papá y mamá para tener una excusa de estar más cerquita de mí. También le gustaba jugar a que éramos perros, y le gustaba ponerme en 4 y montarse encima de mí (en ese entonces yo no comprendía bien lo que hacía, ahora lo entiendo jajaja), y recuerdo una ocasión en la que intentó besarme pero yo me asusté y me retiré, el hecho de que fuera mi primo me hacía sentir que era algo totalmente indebido, y sin saber que toda la distancia que intentaba mantener de Salty, la terminaría rompiendo con Sugar, su hermana y mi prima.
Un día, Sugar y yo estábamos jugando en su casa, ese día se prestó a que estuviéramos las dos solitas, jugaríamos al papá y a la mamá pero esta vez yo sería el papá y ella la mamá. El juego transcurrió con normalidad hasta que decidimos que para hacerlo más realista, teníamos que besarnos, nos dimos un pico nada más, era lo que dos niñas de 8 o 9 sabían hacer, pero ese pico fue suficiente para despertar en ambas algo nuevo: el deseo de tocar y sentir a otra persona.
Después de ese primer pico el juego continuó, pero lo único que queríamos era volver a repetirlo, así que buscamos cualquier excusa para volver a repetirlo y así fue, nos besamos otra vez pero más fuerte y profundo, dejamos a un lado el juego y pasamos directamente a una sesión de besos con mucha lengua y saliva, estuvimos así un buen rato hasta que decidimos pasar a la cama para estar más cómodas, además, era lo que los “papás» hacían, y nosotras seguíamos “jugando»…
Llegamos a su cama y ambas nos acostamos una al lado de otra, sin pensarlo seguimos con los besos, pero esta vez con caricias incluidas, nos acariciamos las caras, los brazos, la espalda; ella se acostó encima de mí con todo su peso sobre mi cuerpo, podía sentir sus pequeños senos y los míos aplastándose, seguimos con los besos, bajé mis manos de su espalda a su trasero y lo acaricié y apreté un poco, ella mientras tanto bajó con sus besos hasta mi cuello, ambas estábamos tan calientes que es increíble pensar que dos niñas pequeñas pudieran sentir esa cantidad de deseo.
Lo siguiente fue ella levantándome la blusa que estaba usando y directamente yendo hacia mis pequeños senos a besarlos y chuparlos, yo no alcanzaba a entender bien lo que pasaba pero me encantaba, deseaba a mi prima, quería besarla y tocarla, y hacerle todo lo que veía en el porno lésbico con el que me masturbaba. Después de chupar mis senos, fue mi turno, se acostó en la cama y pasé a ser yo la que estaba encima, le levanté la blusa y le besé y chupé los senos, pasé a besar y lamer su estómago, quería bajar más, quitarle lo que llevaba puesto abajo y chuparle esa panochita infantil.
Entre tanto beso y manoseo en la cama, ambas terminamos quitándonos la ropa, sólo estábamos usando nuestros calzones, yo procedí a acostarme de nuevo y ella se subió encima de mí y sin más comenzó a montarme. Comenzó a restregar su vagina encima de mí, de arriba a abajo y de un lado a otro, estábamos muertas de placer, a mí me volvía loca la imagen de mi prima montándome y hasta el día de hoy guardo dicha imagen en mi memoria y me mojó cuando lo pienso.
Así estuvimos un rato, ella montándome y besándonos, acariciando nuestros cuerpos, hasta que ella se estremeció, ocultó su cara en mi cuello, y se vino.
Después de eso nos vestimos y seguimos jugando, pero desde ese día cada vez que estábamos solas aprovechábamos para besarnos y manosearnos, éramos adictas al placer, incluso cuando no estábamos solas, buscábamos la manera de escondernos bajo la mesa y los manteles largos de su casa para seguir besándonos y tocándonos.
Me encantaba la sensación de besar a otras niñas y desde esa experiencia con mi prima, siempre intentaba convencer a otras amiguitas de besarnos y tocarnos, algunas aceptaron, otras se asustaron jajaja pero al menos nunca me faltó placer con mi prima.
Espero que les gusté esta segunda anécdota de mi infancia caliente, ya estoy pensando en cuál será la siguiente.
También estoy pensando en habilitar un correo para intercambiar mensajes y experiencias, avisen si les gustaría que platiquemos.



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