• Registrate
  • Entrar
ATENCION: Contenido para adultos (+18), si eres menor de edad abandona este sitio.
Sexo Sin Tabues 3.0
  • Inicio
  • Últimos Relatos
  • Publicar Relatos
  • Relatos Eróticos
    • Categorías de relatos
    • Buscar relatos
    • Relatos mas leidos
    • Relatos mas votados
    • Relatos favoritos
    • Mis relatos
    • Cómo escribir un relato erótico
  • Menú Menú
1 estrella2 estrellas3 estrellas4 estrellas5 estrellas (1 votos)
Cargando...
Heterosexual, Incestos en Familia

Mi único hijo.

El universo entero éramos mi hijo y yo..
Me llamo Mirna, soy madre soltera de un chico todavía en la enseñanza media, él tiene dieciséis y está en segundo medio.     Su padre nunca lo conoció, pues tampoco yo lo conocí mucho, tuvimos sexo casual estando yo con unas copas de más; quedé embarazada, cuando me enteré de que estaba embarazada, ya ni siquiera recordaba la cara del chico con el cual había estado.     Nunca se me ocurrió un aborto y finalmente lo esperé con ilusión y amor de madre.     Así nació Gianni, mi único hijo.

 

 

Tenía un excelente trabajo.     Estaba a cargo de la jefatura de una rama de la empresa y mi salario era uno de los más altos.     Mi holgura económica me había permitido tener una casa de mi propiedad.      A mis treinta y seis años, mi apariencia era de al menos diez años menor.     Mi cuerpo estaba bien cuidado, tenía mi propia palestra o gimnasio personal donde me entrenaba y ejercitaba para mantenerme en forma.      Normalmente me vestía con atuendos de negocios, pero bastante sexys, no podían faltar el minivestido con medias negras autoadherentes a medio muslo.

 

 

Mis senos son 36D, que con ejercicios dedicados, estaban firmes y duros.     Piernas largas y moldeadas, mi culo paradito y con dos nalgas redondas y robustas.      Había muchos pretendientes en torno a mí, pero siempre me dediqué preferencialmente a mi trabajo y no tenía tiempo para pensar en nada más que en mi hijo y mi trabajo.     Mi hijo adolescente iba a la escuela local, para su edad, era el más alto de la clase; hombros anchos y cuerpo de atleta, levantaba pesas y hacía lucha greco-romana.

 

 

Llegó el fin de año y normalmente los chicos se juntaban en casa de uno de ellos para hacer una fiesta de despedida.      Siempre alguien lo pasaba a dejar a casa, pero está vez se estaba haciendo tarde y él no regresaba; tampoco contestaba mis llamadas.      Estaba muy preocupada, ya me había preparado para dormir, estaba vestida con mi negligé negro y tanga roja, trataba de distraerme con mi Tablet cuando sonó el timbre de casa.

 

 

Era Gianni acompañado de un hombre con acento venezolano que dijo ser de Uber y me pedía de cancelar la carrera.      Mi hijo casi arrastraba sus pies, evidentemente estaba totalmente borracho, yo sabía que él no estaba acostumbrado a beber, así que el alcohol le había jugado una mala pasada.      Los ojos del conductor y los de mi hijo estaban con sus ojos fijos en mi atuendo que cubría poco o nada de mi cuerpo.      Me molestó que el taxista me mirara de esa manera, pero no que mi hijo lo hiciera, nadie podía culparlo, mi cuerpo estaba en exhibición y él era un adolescente, la mayoría de los adolescentes tienen sus sesos bañados en semen y cualquier cosa un poco sexy les llama la atención y corren a masturbarse.

 

 

Ayudé a llevar a mi hijo dentro de casa, pagué la tarifa del taxi y cerré la puerta luego de hacer que el taxista se fuera.      Gianni estaba borracho y se comportaba extraño.      Decía cosas que normalmente no decía.     Comenzó a mirar mis piernas con ojos lujuriosos.      Nunca me había mirado de esa forma.      Me decía que con mi cuerpo caliente había excitado al pobre taxista.     Con su voz ebria me dijo.

—Tú … Tú, mami … Tú tienes la culpa de calentar a los hombres … Mira el cuerpo caliente que tienes … Mírate esas tetas gorditas y grandes, mami … Tú … Tú y tu culo … Mira estas piernotas bronceadas y esbeltas … Tú … Tú, mami … Tú eres demasiado sexy … Eres una madre calentorra … Todos mis compañeros te miran cuando vas al colegio …

Mientras decía todas esas boberías, sus manos se colaban por todo mi cuerpo, incluso enfilándose entre mis piernas tratando de alcanzar mis partes privadas.

 

 

Mientras lo abrazaba para acompañarlo a entrar a su habitación.     Él tomó mi cabeza y besó mis labios.     Sus fuerzas eran muy superiores a las mías.     Frotó mi cuerpo contra el suyo, me empujó contra el muro y una de sus mano se metió en mi entrepierna, me sentí avergonzada de haberlo recibido vestida en este modo.     Mi negligé era muy corto, muy trasparente, sin mangas y solo dos tirantes que mantenían el peso de mis pechos.     Mis nalgas estaba prácticamente desnudas y solo un pequeño triangulo de tela cubría mi femineidad, por cierto, también estaba sin sujetador.

 

 

Gianni me acorraló contra la pared, traté de resistirme y empujarlo, pero prácticamente no lograba moverlo ni un milímetro.     Él me tenía aprisionada con sus fuertes brazos y me besaba los cabellos, mis mejillas, mi boca, mi cuello y yo no podía evitarlo.     Con su fuerza hercúlea, me inmovilizó, su mano entre mis piernas alcanzó mi tanga y de un solo tirón la rajó y tiró lejos; acto seguido comenzó a frotar mi coño lampiño y desnudo.      Su boca estaba sobre mi boca y me besaba ardorosamente.     Sentí que mis piernas flaqueaban, estaba perdiendo el control de mi misma, esa no era una acción propia de mi hijo, pero me estaba poniendo cachonda que él hiciera eso conmigo.     Mi coño se sentía bien con la presión de su mano y comenzaba a mojarse y calentarse.

 

 

Hice todo lo que pude para quitármelo de encima; él se tironeó hacia abajo sus shorts y apareció una enorme erección que comenzó a golpear mis piernas, mi ingle y mi vientre.     Esto me asusto tanto que con una fuerza sobre humana logré separarlo de mí.     Comencé a gritonearlo y decirle que debía avergonzarse de lo que estaba haciendo como mi hijo.     Me miró con una mirada perdida y se giró para entrar en su cuarto.     Yo traté de recuperarme y respiré suspirando cansada de luchar.     Como pude logré recomponerme.     Mi mente todavía estaba agitada y confusa, nunca había sucedido nada parecido en nuestras vidas.

 

 

Cuando finalmente me tranquilicé, decidí ir a controlar a mí hijo en su dormitorio, para asegurarme que dormía y tal vez debía cubrirlo.     Entré sigilosamente en su habitación, me sorprendió verlo totalmente desnudo de espaldas a mí.     Me acerqué un poco y vi que sostenía su polla en su mano, ¡Valgame Dios!   Su manita parecía pequeña aferrando esa polla magníficamente grande, la masajeaba, la jalaba.     Él no se percató de que lo estaba observando, me sorprendí al no correr de regreso a mi cuarto, me aseguré de que él no pudiera verme y me acerqué un poco más.

 

 

Me encontraba a un metro de mi hijo viéndolo como masajeaba su polla, o la jalaba, o lo que fuera que estuviera haciendo con su polla en la mano.      Lo que más me llamó la atención fueron sus dimensiones.     Después de los nueve años dejé de bañarlo o que se bañara conmigo.     Debía aprender a hacer sus cosas el solo, era un hombrecito y debía crecer como tal.      Jamás se me pasó por la mente que su pequeño pito iba a desarrollarse de este modo.     Así a simple vista podría decirse de una polla de a lo menos unos dieciocho centímetros, mucha polla para un muchachito adolescente, pensé.

 

 

Sé que estaba mal que lo espiara de esta manera tan desvergonzada, pero jamás había visto una polla así de grande.     Que era la polla de mi hijo no me importaba mucho.     No podía evitarlo.     Él había frotado mi conchita y esto había despertado viejos deseos y sensaciones casi olvidadas y que ahora con este espectáculo de su gran polla, volvían a mi mente al galope.

 

 

Involuntariamente mi mano se deslizó entre mis piernas, posándose en la parte superior de mi coño desnudo, me dio un escalofrío al tocar mi sensible clítoris.      Con mi mano derecha deshice los amarres de mis tirantes y mi negligé cayó hacia abajo con el peso de mis tetas, rápidamente torcí mi pezón izquierdo para calmar las cosquillas que me abrumaban.      Lo pellizqué fuerte, me dije que estaba siendo una mala madre.      Tratando de encontrar una excusa, me recordé del largo tiempo que llevaba sin ver a un hombre.     Me recordé de los años que llevaba de abstinencia sexual.     Ahora de pronto todo se despertaba mirando la tremenda joya que mi hijo tenía en su mano.      En punta de pies salí de su cuarto.     Quería gritar, mis piernas temblaban y tuve que apoyarme al muro, el mismo donde mi hijo me tenía atrapada frotando mi coño, entonces me corrí.     No podía quedarme allí y hacerme escuchar por mi hijo, así que rápidamente entré a mi dormitorio.

 

 

Estaba avergonzada de mi misma, me boté sobre la cama tratando de encontrar un poco de serenidad mientras mi cuerpo todavía tiritaba y mi piel de gallina parecía arder.     Traté de dormir, pero me fue imposible, mi mente estaba colmada con las imágenes de esa dura y gran polla que Gianni masajeaba en su mano.      Me senté apoyada en las almohadas y abrí ampliamente mis piernas, luego con dos dedos abrí mis labios mayores y deje al descubierto los pliegues que escondían mi botoncito, entonces furiosamente lo restregué, lo palmoteé, lo tironeé y lo amasé con la palma de mi mano, hasta que exploté en un violento orgasmo que me hizo retorcerme sobre el edredón.     Quedé exhausta, casi desmayada, pero había logrado vaciar mi mente de pensamientos cachondos y finalmente logré conciliar el sueño.

 

 

A la mañana siguiente me levanté con mi gruesa bata blanca, era domingo y ya un poco tarde en la mañana.     Me fui a la cocina a preparar un poco de café, al rato mi hijo entró también.     Estaba ojeroso y se dirigió directamente al frigorífero para sacar un Tetrapak con jugo de naranjas, luego de beber largos tragos se dirigió a mí.

—¡Hola, mami! … Siento mucho lo que pasó anoche … No recuerdo nada ni sé cómo llegué a casa … Creo que fueron muchas las cervezas que me hicieron beber … Pero era un desafío, ¿sabes? … No estoy seguro, pero creo de haberlo ganado … Después no recuerdo más nada …

—¿Seguro que no recuerdas nada? …

—Mami … ¡No sé ni cómo llegue a mi cama! …

—Pero ¿sabes que hiciste algo muy malo? …

—Sí, mami … No debí haber bebido de ese modo … Discúlpame, mamá … No volverá a suceder …

—Eso de beber está muy malo y después hiciste algo peor … Pero como no lo recuerdas no te diré nada … Creo que viviré angustiada por el resto de mi vida …

Me miró extrañado y comenzó a presionarme para que le dijera lo que había hecho, pero me negué rotundamente.     No quería volver a sentirme avergonzada por causa suya.     Finalmente vino junto a mí y me abrazó pidiéndome perdón por haberse emborrachado.     Sentí sus fuertes brazos y recordé como me tenía aprisionada contra el muro y frotaba mi coño, sentí un ligero temblor en mis piernas y unas maripositas en mi vientre.

 

 

Sería una mentirosa si dijera que yo también había olvidado todo.     Yo me recordaba de cada cosa.     Su polla dura golpeando mis piernas y mi vientre.     Mis tetas que saltaban salvajemente tratando de escapar de entre sus fuertes brazos.     ¿Por qué nunca grité pidiendo ayuda?

 

 

Más calmadamente decidimos salir a almorzar afuera.     Lo hicimos y nos divertimos tratando de continuar con nuestro diario vivir.      Por la noche, Gianni tuvo que salir a hacer algo con sus amigos, prometió no beber nada y yo le creí.     A una cierta hora me preparé para dormir, me puse mi negligé de un color diferente y bragas.     Encendí la televisión de mi dormitorio y traté de ver algo que me distrajera por un rato y luego ponerme a dormir.     Cuando Gianni regresó, golpeó a la puerta de mi cuarto y entró luego que yo le dijera que podía entrar.     Estaba vestido solo con sus pantaloncitos cortos, se sentó tranquilamente a mi lado, luego me miró a los ojos y me preguntó.

—¿Por qué no me quieres decir todo lo que sucedió anoche? …

Solo entonces tomé conciencia de que mi negligé era similar al de la noche pasada, tan corto y revelador que no escondía nada de mi cuerpo.     Otra vez mis bragas eran pequeñitas y estaba sin sostén.     Junté mis piernas tratando de ocultar algo de mi semi desnudez.     Crucé mis brazos sobre mi pecho para eclipsar la vista de mis protuberantes tetas, acción que no pasó desapercibida para Gianni y encuadrándome toda volvió a preguntar.

—¿Por qué estás tratando de cubrirte? … ¿Acaso tiene que ver con lo que pasó anoche? …

 

 

En casa estábamos acostumbrados a girar con poca ropa.     Éramos muy liberales en nuestra forma de lidiar con nuestros cuerpos y desnudez.     No había nada que ocultar.     Muchas veces yo giraba por la casa solo con mis bragas y sujetador en presencia de él.     Pocas veces salí desnuda del baño por no haber llevado mi bata.     No había nada de extraño en eso.      Ahora por primera vez instintivamente trataba de cubrir mi cuerpo a mi hijo.     Ahora él se estaba fijando en todas mis partes íntimas y me hacía sentir incómoda después de lo que había sucedido anoche.

 

 

Al improviso él se levantó y salió a grandes zancadas hacia la cocina.     Cuando volvió traía dos vasos y una botella de pisco sour.

—Sabes, mamá … No podemos vivir con cosas escondidas … Nunca lo hemos hecho … Tomemos una copa juntos … Eso te relajará y podrás decirme lo que sea que me estás ocultando … Porque yo creo que hice algo inapropiado y quiero saberlo …

—Pero tu no puedes beber … No tienes la edad para beber …

—No me voy a emborrachar, mamá … Ya sé que eso no es bueno … Pero necesito que me digas que es lo que hice que te hace sentir tan terrible …

En algún modo le encontré razón y recibí el vaso medio lleno.     Estaba fresco y dulce, pensé que estaba bien para poder dormir bien.

—Está bien, cariño … Veamos si me animo a decirte todo …

Comenzamos a beber y a charlar, yo trataba de posponer el tema, pero él insistía frecuentemente.     Hablamos de muchas cosas, incluida su vida sexual, me enteré de que tenía a más de una chica.     Y él quiso saber todo sobre mí.     En realidad no tenía nada que confesar mi ocultarle, así que admití que de tanto en tanto me masturbaba y que eso era lo natural para cualquier ser humano, sea hombre o mujer.      Poco a poco comenzamos a sentirnos bajo los efectos del alcohol, nos reíamos por bobadas y cada vez nos poníamos más desinhibidos.

 

 

Yo me había cubierto con el edredón, no quería que él me mirara, pero más de una vez lo encontré mirando el escote de mi negligé y a veces vislumbrando mis pezones cuando yo me reía a carcajadas y el edredón se movía hacia abajo.     Él se percató de ello y también se fijó que yo daba furtivas miradas a la parte delantera de sus shorts.

 

 

De repente él me miró directamente a los ojos diciendo.

—Mami … Eres una mujer estupenda y sexy … Tienes un cuerpo fabuloso como para atraer a cualquier hombre … ¿Por qué es que nunca sales y te diviertes? …

Me encontró por sorpresa, no supe que decir, simplemente abrí la boca incrédula y dije.

—¿Qué? …

No me había dado cuenta, pero dado la temperatura estiva demasiado alta, el edredón estaba recogido hacia los pies y mi cuerpo estaba expuesto a la mirada escrutadora de Gianni que me encuadraba de arriba abajo.     Cubriéndome en parte las piernas le dije.

—¿Y quien querría mirar a una anciana como yo, cariño? …

Gianni se acercó, uso sus manos en mis hombros, me acercó a él y luego me dio un beso suave en la mejilla diciendo.

—Mamá … No te subestimes … Eres realmente hermosa … Tu belleza atraparía a cualquier hombre …

Esta vez me tomó y me acercó a su cuerpo en un abrazo muy estrecho y cálido.     Lo suficientemente apretado como para sentir mis tetas aplastarse contra su pecho desnudo.     Se sintió muy agradable y estoy segura de que a él también le gustó sentir mis esponjosas tetas semi desnudas presionando su fornido pecho.

 

 

Gianni hizo deslizar el edredón hacia abajo comenzando a descubrir mi cuerpo; colocó la palma de su mano sobre mi muslo y comenzó a frotar suave y lentamente mi piel hacia arriba por la parte interna de mi muslo.      Entonces le susurré al oído.

—Eso es algo que estabas haciendo anoche, Gianni … Cuando estabas borracho …

Se detuvo y actuó sorprendido.

—¿Qué? …

Dijo intentando alejar su cuerpo del mío.     Lo aferré contra de mí y lo empujé sobre la cama, posicionándome encima de él.

—Está bien, bebé … Anoche me defendí porque estabas borracho … Pero ahora no lo estás y se siente tan bien esta noche … Ahora estás en tus plenos sentidos … Y está bien, tesoro …

—¿Y mi mano también? …

Sonreí y me apreté contra él diciéndole.

—Sí, amorcito … Anoche también intentaste tocarme …

No le dije que había frotado mi coño y me había hecho mojar.      Bajé mi mirada avergonzada, ruborizada y excitada.     En cierto modo me sentí un poco puta admitiendo que él me había tocado, sabía que me estaba mostrando débil y sumisa, pero quería que él me hiciera más cosas.     Sabía que él era mi hijo, pero había muchas cosas mezcladas que me rendían flexible y frágil, tal vez el alcohol, sus caricias, la falta de sexo, etc.     Pero estaba consciente que me estaba insinuando en alguna forma y creo que él estaba aceptado mi sumisión.

 

 

Mi cuerpo temblaba cuando su mano siguió aproximándose a mi panocha y mi voz no era de rechazo, por el contrario, era suave y seductora incitándole a seguir con sus caricias.     Gianni estaba tan caliente como yo, acercó su boca a mi boca, sus labios se posaron suavemente en los míos y me dio un beso delicado.     Su mano seguía en movimiento hasta que tocó mí coño mojado, gemí muy fuerte y saqué mi lengua para buscar la suya dentro de su boca.     Entre dientes él me susurró.

—¿Te gusta eso, mamá? …

Instintivamente comencé a frotar mi conchita contra su mano.     Abrí un poco mis piernas invitando a su mano a tocar más mi coño.     Chillé emitiendo gemidos guarros de loco placer.     Entre mis gemidos y mi respiración entrecortada, balbuceé.

—¡Uhmmm, ssiii! …

Para entonces los labios de mi hijo estaban pegados a los míos y su lengua danzaba junto a la mía; me dio un beso largo, me mordió delicadamente los labios; fue el beso más apasionado de mi vida.     Al mismo tiempo su mano no se quedaba quieta ni un instante.     Acarició mi labia henchida, separó mis labios húmedos y me penetró con sus dedos en forma profunda.     Su dedo pulgar no cesaba de dibujar círculos sobre mi clítoris turgente, me estremecí de goce y me llevó al borde del clímax.

 

 

Sucedieron muchas cosas contemporáneamente, yo me derretía de caliente, él estaba con su verga dura como palo, ambos estábamos bajo los efectos del alcohol.     Todo se salía rápidamente de control para él y para mí.     No había forma alguna de volver atrás.     Dejé caer mi cabeza sobre la almohada, mi espalda se arqueó, mis tetas empujaron hacia arriba, mis piernas se abrieron y mis caderas se dispararon sin control a empujar contra los dedos de mi hijo.

—¡Uuuggghhh! … ¡Aahhhhh! … ¡Aahhhhh! … ¡Umpf! … ¡Aahhhhh! … ¡Aahhhhh! … ¡Uuhhhhh! … ¡Aahhhhh! …

Mi orgasmo me hizo contorsionar en sus brazos.     Junté mis piernas desesperada ante la sensibilidad de mi clítoris, cada vez que él me rozaba allí mi cuerpo se descontrolaba.     Él no se detuvo y yo era incapaz de detenerlo, se deslizó en forma fulmínea sobre mi vientre y reemplazó sus dedos con su boca y su lengua.     Comenzó a beber mis fluidos como sediento de ellos.     Volví a abrir un poco mis piernas, mis muslos apretaban su cabeza y tiritaba cada vez que su lengua azotaba mi botoncito.

 

 

Gianni lamió mi panochita depilada, incluso levantó mis piernas para recorrer con su lengua mi apretadito agujero anal.      Nunca nadie me había tocado allí, lo encontré genial.     Usó todas sus habilidades para darme placer y me estaba llevando por segunda vez a un estrepitoso orgasmo.    ¡Santo Dios!   Nunca me había corrido dos veces seguidas.     Su cara estaba enterrada entre mis muslos, justo sobre mi conchita mojada y temblorosa, lo escuché que me llamaba puta; ¡oh, sí!  Me estaba llamando puta a mí, a su propia madre.     No me sentí aludida, tal vez era su forma de hacer el amor, pero debo admitir que un poco puta me sentía al dejar que mi hijo me hiciera todas esas deliciosas cosas; ni siquiera se me pasaba por la cabeza detenerlo.

 

 

Sin advertencia alguna, Gianni se levantó encima de mí.     Sentí la bulbosa cabezota caliente de su pene restregándose en medio a los labios de mi vagina que parecía una laguna.     No tuvo necesidad de empujar.     La enorme cabezota resbaló dentro de mí panocha suavemente y fue inmediatamente bienvenida.     La gran polla de Gianni estaba dentro de mí y seguía adentrándose en lo más profundo de mi ser, yo lo quería así, apreté su polla mientras sentía que mi corazón latía más fuerte y se apretaba en mi pecho.     Perdí el sentido de todo y me concentré en la exquisita sensación que me hacía sentir la encantadora, grande, fuerte y joven polla dura de él.     Me encantaba que mi hijo me estuviese follando en esta forma tan caliente.

 

 

Es cierto que había visto su polla solo fugazmente la noche anterior, pero ahora estaba sintiéndola dentro de mí y era verdaderamente grande, estiraba los pliegues de mi coño.     No había ninguno de mis consoladores que me hiciera sentir esta suavidad deliciosamente aterciopelada y caliente que empujada mis paredes vaginales; que se hundía y salía de mi coño escarbando cada vez más profundo en mí.

—¡Mmhhhhhh! … ¡Uuhhhhh! … ¡Ay! …

Gemí, Gianni se detuvo y luego comenzó a sacar su enorme pene de mi vagina y me interpeló.

—¿Te duele, mami? … ¿Te hice daño? …

Lo apreté contra mis pechos y le aseguré.

—No, cariño … Sólo me estás dando placer … Me estás haciendo sentir rico … Quiero que me folles fuerte y lo más profundo que puedas … Quiero toda tu polla dentro de mí …

No me arrepentí de haber dicho eso, pero me sorprendí de habérselo dicho a mi hijo.     Era su pene que estaba dentro de mi vagina.      Le estaba pidiendo en forma salaz que me follara con fuerza.     Ahora sí que me sentí un poco más puta y no me desagradaba para nada.     Es mi hijo y estaba disfrutando junto a él, ¿qué mayor intimidad puede haber entre madre e hijo?

 

 

Esa noche me corrí varias veces más y con seguridad sé que él también lo hizo al menos tres veces.     Nos habíamos amado carnalmente él y yo.     Esto era un incesto crudo y duro, pero solos él y yo lo sabíamos, esto pertenecía sólo a nosotros, el mundo entero no importaba.     El universo entero éramos mi hijo y yo.     Mi hijo me amaba y no solo desde esta noche, me confesó que a veces me espiaba cuando estaba en la ducha y solía mirarme furtivamente cuando yo corría del baño a mi dormitorio totalmente desnuda.     Me dijo que mi cuerpo le fascinaba.     No había ninguna mujer más hermosa que yo y que una infinidad de veces eyaculó pensando en mí.

 

 

Todas esas cosas me las mencionaba cerquita de mí oído mientras su pene se perdía en la humedad de mí panocha, yo lo abrazaba y lo apretaba encima de mí.     Mientras él me hablaba su pene se iba poniendo cada vez más duro y otra vez me besaba, otras vez frotaba mis tetas y mi coño se contraía alocadamente queriendo estrujar su polla enhiesta y maciza entre los dobleces rosados de mi conchita, la que se mojaba y me dejaba lista para ser follada una vez más.

 

 

Me sorprendí al máximo cuando me confesó que sabía perfectamente lo que había hecho esa noche cuando me atacó sexualmente.     Dijo que había encontrado fantástica mi resistencia, la forma en que lo empujaba para alejarlo de mí, el modo en que me movía cuando apuntó su pene erecto contra mi cuerpo, la forma en que reaccioné cuando él tocó mi coño.     Dijo que le gustaba mi cuerpo y que me deseaba desde siempre.     Su sueño máximo era estar en la cama conmigo y poder hacerme el amor.

 

 

Dijo que estar borracho esa noche lo envalentonó para intentar poseerme, pero no quiso ir más lejos, no quería presionarme y violentarme.     En cambio ahora, las cosas se habían dado con cierta naturalidad y finalmente logró meterse entre mis piernas en forma consensuada.      Le parecía fantástico de que yo quisiera volver a gozar.

 

 

En realidad no tengo ningún sentimiento de culpabilidad, no me arrepiento de nada; Gianni me dio todo el sexo que yo necesitaba.     Me folló toda la noche y me atreví hasta de dejarlo meterme su polla en mi estrecho culito, mi hijo tomó mi virginidad anal.     Anteriormente solo mis dedos y la puntita de mi consolador había explorado esa rendija apretada, pero él me excitó tanto, que yo misma me senté sobre su pene y lo deje penetrarme hasta sentarme en sus muslos con su polla entera dentro de mí trasero.     ¿Sí me dolió?     Solo un poco de malestar al inicio, luego él fue gentil y me folló suavemente hasta llenar mi recto con su semen caliente.

 

 

Mi hijo y yo continuamos teniendo sexo casi a diario.     Él se mudó a mi dormitorio y dormimos juntos saciados y satisfechos.     Soy su amante y él despertó en mí un insaciable apetito sexual, no puedo estar más feliz.

 

 

Fin.

 

 

***** ***** ***** ***** ***** ***** ***** *****

 

El regalo más preciado de quien escribe es saber que alguien está leyendo sus historias.  Un correo electrónico, a favor o en contra, ¡Tiene la magia de alegrar el día de quien construye con palabras, una sensación y un placer!

 

[email protected]

 

33 Lecturas/6 marzo, 2026/0 Comentarios/por Juan Alberto
Etiquetas: amigos, anal, colegio, incesto, madre, mayor, mayores, sexo
Compartir esta entrada
  • Compartir en Facebook
  • Compartir en X
  • Share on X
  • Compartir en WhatsApp
  • Compartir por correo
Quizás te interese
Aprendiz de Puta
al sábado siguiente
Estaba lloviendo fuera…. por Mago Merlin
Mi Hijo Es Mi Adoración – Capítulo 06 – Un Domingo Muy Especial
Mcgregor y sus hijos 1
NUEVAMENTE EN EL CINE
0 comentarios

Dejar un comentario

¿Quieres unirte a la conversación?
Siéntete libre de contribuir!

Deja una respuesta Cancelar la respuesta

Lo siento, debes estar conectado para publicar un comentario.

Buscar relatos

Search Search

Categorías

  • Bisexual (1.397)
  • Dominación Hombres (4.277)
  • Dominación Mujeres (3.146)
  • Fantasías / Parodias (3.453)
  • Fetichismo (2.835)
  • Gays (22.486)
  • Heterosexual (8.533)
  • Incestos en Familia (18.730)
  • Infidelidad (4.595)
  • Intercambios / Trios (3.206)
  • Lesbiana (1.177)
  • Masturbacion Femenina (1.041)
  • Masturbacion Masculina (1.994)
  • Orgias (2.134)
  • Sado Bondage Hombre (464)
  • Sado Bondage Mujer (194)
  • Sexo con Madur@s (4.491)
  • Sexo Virtual (272)
  • Travestis / Transexuales (2.483)
  • Voyeur / Exhibicionismo (2.607)
  • Zoofilia Hombre (2.262)
  • Zoofilia Mujer (1.684)
© Copyright - Sexo Sin Tabues 3.0
  • Aviso Legal
  • Política de privacidad
  • Normas de la Comunidad
  • Contáctanos
Desplazarse hacia arriba Desplazarse hacia arriba Desplazarse hacia arriba