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Heterosexual, Incestos en Familia

Nuestra infancia feliz

Hubo casos de un encuentro entre padre-hija y otro de hermano-hermana donde se recurrió al clásico viaje de una semana a San Antonio para que no trascendiera que se omitió el uso del condón. En esta ocasión cuento una relación entre primo-prima..
Desde pequeños, los primos y hermanos jugábamos al doctor, y al papá y la mamá, pero conforme entrábamos en la adolescencia, el pretexto de los juegos fue perdiendo validez y nos reuníamos para jugar directamente con los genitales. A medida que a las mujeres nos iba llegando la menarquía, era más claro que entre los familiares no debíamos permitir la penetración vaginal, a menos que fuera con condón, pero sí ocurría el sexo anal y el oral, además de los manoseos hasta lograr los orgasmos. Es decir, salíamos de una infancia descuidada y divertida para entrar en una adolescencia muy caliente, pero con mayores restricciones y responsabilidades.

Mi prima Roxana era consciente de estas precauciones, pero solía ignorar el uso del condón en el sexo vaginal cuando los primos eran menores.

En una ocasión, fui a la casa de los abuelos, lugar frecuente de reuniones entre los primos, desde pequeños, para jugar. Después de saludar a la abuela me metí para ver si encontraba a alguien y escuché que Francisco, de 13 años, hablaba con Roxana.

–Primita, me encantan tus tetas, dame un poco de ellas –le pidió tratando de desabrocharle el brasier, después de haberla estado besando y sobándole las chiches.

–Sólo si traes condones –respondió ella con mucha calentura ya.

–No te voy a coger, sólo quiero mamarte –contestó él continuando la tarea.

–¡No! Mejor ve a mamárselas a tu hermana. Yo quiero coger… –le respondió ella arreglándose la ropa.

–Sandrita las tiene chiquitas y tú no… –alcancé a escuchar.

–Mira, allí viene Ishtar, ella sí las tiene como yo –le dijo Roxana señalándome a mí con un movimiento de cabeza, y salió del cuarto.

–¿Qué se traen conmigo? –le pregunté a mi primo.

–Comentábamos que tus tetas ya están del mismo tamaño que las de ella –dijo sonriendo y estiró las manos para acariciar mi pecho.

–Sí, más o menos. ¿Te gustan? –pregunté al calentarme de inmediato con sus caricias.

–A ver… –dijo, dándome un beso en la boca mientras desabrochaba mi blusa-

Yo misma me desabroché el sujetador, dejando libre mi tetamen y Francisco se lanzó de boca sobre ellas, chupándolas y magreándolas. Yo bajé mi mano a su pene y lo apreté sintiendo cómo se templaba. Le bajé el cierre del pantalón y, mientras él se entretenía mamándomelas, yo me levanté la falda, hice a un lado el puente de los calzones y me sobé su glande en mi clítoris. El presemen permitía que nuestros sexos resbalaran haciendo que los movimientos de coito fuesen más rápidos, pero sin penetración, hasta que Francisco estalló y me llenó de semen la entrada del chocho. Lo acosté en la cama y comencé la limpieza de su instrumento. Mi lengua no permitía que decayera su turgencia y, dentro de mi boca, volvió a venirse. Me subí en él para descansar. “Mamas más rico que Sandrita”, musitó Francisco mientras se reponía. “Tú también mamas muy rico, hazme más…”, contesté besándolo en la mejilla y de inmediato él se puso a mamarme.

En eso estábamos, cuando regresó Roxana trayendo a nuestro primo Raúl, de 11 años.

–¿Qué están haciendo? –preguntó Raúl.

–Jugamos al papá y mamá. ¿Quieres jugar conmigo? –le preguntó, bajándole los pantalones.

–Sí, pero me dejas chuparte las chiches como Francisco le hace a Ishtar… –reclamó tratando de abrirle la blusa.

Roxana se quitó la blusa y el sostén de inmediato y Raúl comenzó su tarea. Roxana se levantó la falda y con trabajos se quitó los calzones pues Raúl seguía pegado a su pecho. De inmediato, Roxana se acostó a nuestro lado llevándose a Raúl sobre ella, para tallar el pitito del primo en su crecido pelambre. Cuando el pene ya estaba muy parado, se lo metió en la vagina y movió el cuerpo de Raúl sobre ella. Pronto, Raúl dejó de mamar y se abrazó a mi prima para moverse frenéticamente sobre Roxana. No tardó ni un minuto de frenesí cuando Raúl comenzó a hacer gestos de angustia y placer, acompañados de gemidos y se quedó quieto sobre Roxana.

–¡¿Te viniste, escuincle malvado?! –preguntó Roxana angustiada separándolo inmediatamente.

–¿Qué es eso? ¡Yo sentí muy rico! Nunca había sentido tan bonito contigo ni con nadie –dijo Raúl aún con los ojos cerrados.

Roxana hurgó en el pene flácido de Raúl, bajándole el prepucio, le dio unos jalones y comprobó, por el olor y el sabor, que sí había salido semen. “Sígueme chupando, prima, siento muy rico…”, musitó el primito. “¡Qué chúpame, ni qué nada!”, le reclamó y tomó unos pañuelos desechables para limpiarse. Salió al baño y allá se trató de limpiar con agua. Felipe y yo nos comenzamos a reír.

–¿Qué le pasó a Roxana? –nos preguntó Raúl.

–Nada importante. Ven, te presto a “mi esposa” para que sigas jugando. Los pezones son más pequeños, pero el tamaño es el mismo dijo. Se levantó y empujó a Raúl sobre mí. Yo lo recibí ofreciéndole una teta que el mamó de inmediato.

–¡Estás muy mojada de aquí! –dijo, al sobarme los pelos ralos de mi panocha que estaban llenos de la lefa de Francisco quien había eyaculado fuera de mí.

Escuchamos que Roxana salió del baño y se fue sin decir adiós. Tallé el penecito exangüe de Raúl en mi clítoris, pero no se volvió a erguir aunque yo sí tuve un orgasmo. Nos levantamos y arreglamos la ropa, justo a tiempo porque llegó la abuela para reclamarnos que hicimos enojar a Roxana y se fue azotando la puerta.

Casi a los dos meses, Roxana se fue de vacaciones con su mamá a los Estados Unidos. Hasta la fecha, Raúl recuerda su primera eyaculación, pero ignora el borlote que provocó en la familia de Roxana.

 

101 Lecturas/9 febrero, 2026/0 Comentarios/por Ishtar
Etiquetas: anal, hermana, hermano, hermanos, mayores, primos, sexo, vacaciones
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