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Fantasías / Parodias, Heterosexual, Sexo con Madur@s

Roxy: La Bebota (2)

La fiesta familiar empieza y desde el inicio hay tensión por el atuendo de Roxy. Pero a ella solamente le importa una cosa: Ver qué cara pondrá su tío al verla. .
Finalmente la madre fue quien dió un paso adelante y tocó el timbre de la casa. Adentro se escucha el bullicio de la fiesta. Música, risas y conversaciones. Unos pasos acercándose y luego el sonido de la cerradura abriéndose.

Una mujer de mediana apareció. Vestida y arreglada de forma modesta. Era una de las tías de Roxy. La señora Esmeralda.

– ¡Hola! ¡Qué gusto que hayan…!

La señora se quedó a media frase al ver a la nena en medio de los padres. Sus ojos se abrieron como platos y sus mejillas se sonrojaron. La miró de pies a cabeza y luego, mirando a los padres, terminó la frase.

– … venido.

Ambos le dieron una sonrisa apenada. Sabían exactamente lo que la señora pensaba y con su expresión intentaron comunicar sus disculpas.

– Ejem… Los estábamos esperando. Hola Roxanita. Hacía tiempo que no te veía. Estás tan… cambiada.

– ¡Hola tía! ¡Sí! Ya crecí mucho jeje ¿Cómo está?

Y vaya que había crecido, pensó la señora. Pero trató de no mencionar lo obvio.

– Estoy bien, hija. Pasen. Mi mamá ya estaba preguntando por ustedes.

Se hizo a un lado y los dejó pasar. No sin antes enviarles una mirada de reprimenda a los padres. En especial a su hermana. Los dos solamente asintieron con la cabeza, como una especie de reverencia, tanto de agradecimiento por dejarlos pasar y no devolverlos por donde vinieron, como también en forma de disculpa por la vestimenta inapropiada de su hija preadolescente.

– ¡Hola a todos!

Saludó con entusiasmo la niña al entrar y ver a toda su familia.

De pronto hubo un silencio incómodo. Solo la música continúo sonando sin que nadie le prestara atención. Hubo de todo: miradas de sorpresa, murmullos, incluso hubo quien se llevó la mano a la boca. Incluso miradas de impresión lujuriosa, por parte de los hombres de la familia, pero fugaces. Pues nadie quería ser atrapado mirando de más a una niña de la familia. Era claro lo que todos pensaban: ¿qué clase de ropa era esa?

– Hola Roxanita…

El saludo fue respondido casi en automático.

Los padres aparecieron detrás, con la misma expresión apenada.

Finalmente alguien habló. La típica tía chismosa y metiche que hay en cada familia. En este caso una de las tías políticas de Roxy.

– Madre mía, ¿no les parece a ustedes dos que esas ropas no son adecuadas para una niña?

La crítica cayó como cuchillo. Directa. Poniendo en evidencia la falta de límites de los dos padres.

Aunque todos pensaban lo mismo, nadie hizo más comentarios. Solamente se limitaron a voltear a ver a la mujer y luego a los padres, esperando una respuesta. Roxy de pronto se sintió pequeña. Mucho más pequeña de lo que era. Con una mano intentó inútilmente cerrar su chaqueta para cubrir sus senos tan expuestos y con la otra hizo lo posible para cubrir más sus piernas tirando de la minifalda.

– Sí… lo sabemos Rosaura. Es solo que la niña hizo su primera compra de ropa sola y bueno. Aún no sabe bien cómo pedir tallas adecuadas.

Trató de explicar la madre. Sintiéndose evidenciada y acusada. Si bien la mujer tenía razón, no le parecía correcto soltarlo así delante de todos.

– Bueno, yo por eso nunca dejo que mis hijas vayan a comprar solas su ropa. De hecho, nunca las dejo solas.

Una pedrada directa al hecho de que Roxy pasaba la mayor parte del día sola.

La madre sintió la sangre subirle a la cabeza de golpe. Nadie iba a venir a decirle cómo criar a su hija. Y menos una vieja gorda que tenía hijas igual de obesas que su madre. Pero antes de que pudiera soltar algo de lo que seguro después se arrepentiría alguien entró a poner orden.

– Bueno, ya basta. Sino tienes nada bueno que decir, Rosaura, mejor no digas nada. Mi nieta se ve preciosa tal y como está.

Dijo la cumpleañera y abuela de Roxy. La viejita cumplía 80 años, pero aún tenía suficiente fuerza y energía para mandar a callar a su nuera, que dicho sea de paso, nunca le cayó bien. Le extendió sus brazos a su nieta, la cual corrió a darle un abrazo, aliviada de que ella sí apreciara su esfuerzo para verse bien. Todo mientras la tía chismosa hacía una mueca de disgusto y se retiraba al baño.

– ¡¡Abuelita!! ¡Te extrañaba mucho!

Dijo apretando a la ancianita, quien sintió lo mucho que su nieta había crecido desde la última vez que la vió.

– ¡Yo también te extrañaba mucho, mi vida! ¡Gracias por venir a mi cumpleaños! Jeje Verte es el mejor regalo que me has dado. Y no les hagas caso. Te ves divina. Muy moderna jeje Ya eres toda una mujercita. Vente. Deja a los amargados con sus críticas.

La abuelita tomó con fuerza a su nieta del brazo. Tal como hacen la gran mayoría de abuelas cuando te quieren cerca de ellas con urgencia. La nena soltó una risita y en sus ojos se veía la alegría de al menos tener a alguien que defendía y apreciaba su nuevo estilo. Sobretodo, que la reconocía como una mujercita y no una niña.

Los demás siguieron con sus cosas y los padres de Roxy se acercaron a rendir un poco más de detalles sobre la razón por la cual había pasado esto.

Ambas se encaminaron juntas a la cocina. Esta, estaba ubicada al fondo del comedor. Separada por una puerta de madera abatible. De esas que tienen una ventana redonda para poder mirar si hay alguien cerca.

La abuela siguió revisando la comida mientras le hacía toda clase de preguntas rutinarias a su nieta: ¿cómo te ha ido?, ¿qué has hecho?, ¿cómo va la escuela?…

Roxy estaba feliz de conversar con ella. Realmente tenía muchas ganas de hablar con ella. Sin embargo, no había perdido de vista su objetivo ni por un segundo. Y había algo que la inquietaba: al llegar no divisó a su tío por ningún lado.

– Oye abuelita, ¿mi tío Fernando…?

Comenzó diciendo, con la vista clavada en la estufa, sin hacer contacto visual con su abuela. No estaba segura de cómo preguntar por su tío sin levantar sospechas. Sin embargo, al dirigir la mirada hacia su abuelita, para finalizar su pregunta, se le heló la sangre. La señora, que inicialmente tenía una expresión de abuelita dulce y cariñosa, ahora le dirigía una mirada dura, casi amenazante. Como esperando cómo iba a terminar esa pregunta.

Roxy titubeó un poco antes de proseguir.

– ¿… dónde está?… Es que… tenía muchas ganas de verlo… hace tanto que no veo a todos… y pues… quería saludarlo.

Dijo trabajosamente la nena. Sintiendo que cualquier mala elección de palabras podía hacer que su abuela enfureciera.

Al finalizar la explicación, a la abuela se le ablandó la expresión e incluso soltó un suspiro de alivio.

– Ay, mi niña. Tú siempre tan buena con todos. Me alegra tanto que quieras ver a tu tío.

Dijo conmovida genuinamente. Casi al borde del llanto. Roxy sintió pena por ella y le tomó la mano.

– ¿Está todo bien, abuelita?…

– Ay, hija. Es que nadie perdona a tu tío. No quieren verlo. A pesar de que yo les exigí que lo dejarán en paz, cuando bajó a saludar, todos le hicieron caras. Se sintió tan incómodo y triste, que mejor se subió a su cuarto. Seguro el pobre está muy deprimido.

La señora ni siquiera se imaginó que su “hijito” de 55 años, estaba feliz de estar encerrado en su cuarto, mirando el porno que lo tenía tan enajenado, sacudiendo su sucia y apestosa verga imaginando que se cogía a las mejores pornstars. Y que la única razón por la que no se quedó en la fiesta, era porque al intentar saludar a sus sobrinas, estas únicamente le habían dado de vuelta una sonrisa forzada y un saludo desganado con la mano, que parecía más una señal de “aléjate” que un saludo en sí. Por lo que, sino iba a haber “diversión”, no tenía ningún caso estar ahí. Prefería ver pornstars operadas que ver las malas caras de sus sobrinas. Así que tomó varias cervezas y se hizo el indignado para que nadie lo fuera a molestar.

– ¿En serio? ¿Pero por qué hicieron eso? ¿Por qué son malos con él?

La voz acongojada de Roxy era genuina. Ella realmente no veía ninguna razón por la que su tío debería ser tratado de esa manera. Además, si no bajaba, su plan sería todo un fracaso.

– Ay hija, pues tal vez no lo recuerdes, pero hace mucho tiempo tu tío sin querer empujó a Carmén por detrás. ¡Él no la vió! ¡Fue un accidente!… Pero esa chamaca inventó que él se le había pegado a propósito. Incluso lastimó al pobre. Todos le creyeron la mentira. Siempre han pensado mal de tu tío.

– Sí me acuerdo, abuelita. Me cae muy mal Carmen. Fue muy grosera con él.

Dijo la nenota haciendo pucheros y cruzando los brazos bajo sus senos.

La abuelita soltó una risita y se inclinó hacia ella.

– A mi también me cae mal jeje Pero shhh.

Le dijo en voz baja y ambas se rieron.

– Pero entonces, ¿ya no va a bajar?

Preguntó preocupada Roxy.

– No creo hija. Cuando se encierra así ya no sale y no le gusta que lo molesten.

La bebota hizo una cara de tristeza y frustración. Todo había sido para nada y quién sabe cuándo tendría otra oportunidad.

La viejita notó la expresión triste de su nieta y se compadeció.

– Pero… ya que has venido con tantos deseos de verlo, yo te ayudaré. Vamos a convencerlo de que baje.

– ¡Sí! Eres la mejor, abuelita.

La nena dió un brinco de alegría, que hizo dar a sus senos un firme rebote.

– ¿Qué hacemos? ¿Cómo te ayudo?

Preguntó entusiasmada.

– Le voy a mandar un mensaje, diciéndole que viniste a saludarlo. Seguro que baja feliz de que alguien por fin quiere verlo.

En otro tiempo a Roxy le habría parecido una buena idea. Pero ahora, bajo su razonamiento actual, cabía la posibilidad de que su tío siguiera creyendo que ella era plana, y ya tenía la experiencia del rechazo por esa cuestión. Así que se apresuró a corregir a su abuela.

– No abuelita, mejor no le digas que soy yo. Dile que una muchachita bonita vino a verlo jiji Es que quiero darle una sorpresa jeje

La abuelita se rió. La idea le parecía divertida y totalmente inocente. La abuela parecía más ingenua incluso que Roxy.

– Esa es una muy buena idea, nena. Justo le diré eso.

Y procedió a escribir el mensaje para enviárselo.

————————————————————————————

Mientras tanto, en el cuarto de Fernando , entre ropa sucia, latas vacías y trastes sucios; el obeso mantenido de la familia continuaba con su entretenimiento privado. Había que decirlo, el tipo tenía aguante. Iba ya en su cuarta jalada del día y aún se le seguía parando.

Con los calzones percudidos bajados hasta las rodillas, el desagradable sujeto estaba prácticamente desnudo. Salvo por sus olorosos pies que estaban cubiertos por sus calcetas. El tipo seguía masturbándose con intensidad; la mano derecha la tenía rebosante de pre-semen viscoso y el culo peludo sudaba a montones contra la piel de su silla gamer. Regalo de su madre por supuesto.

De pronto la pantalla de su celular, que descansaba frente a él sobre el escritorio, se iluminó. Lo miró de reojo. Alcanzó a ver quién le había mandado un mensaje. “La vieja”. Así tenía guardado el contacto de su madre.

Hizo una cara de fastidio. Seguro era una petición para que bajara y conviviera. “¿Para qué?” Pensó. “No enseñan nada. No dejan tocar nada. Al menos aquí veo lo que yo quiera”. El razonamiento de Fernando era que las chicas de buen cuerpo, obligadamente tenían que vestir provocativamente para que él se pudiera deleitar debidamente con sus cuerpos. Y sobretodo, tenían que dejarse tocar por él. Sino, ¿cuál es el punto de tener buen cuerpo sino lo vas a mostrar ni vas a dejar probarlo? Todas las mujeres que no usaban su cuerpo como él esperaba, las consideraba como unas engreídas y aburridas.

Esa solo una de las razones por las que nunca encontró pareja. Siempre fue visto como el hombre patético, pervertido y chaquetero que ha sido siempre.

El celular se iluminó de nuevo. “La Vieja” de nuevo. Dió un manotazo sobre el escritorio que hizo saltar las cosas que tenía sobre el, además del monitor.

– No me dejan manosear y ahora tampoco me dejan jalármela en paz….

Farfulló mientras tomaba el celular. Leyó el mensaje desde la previsualización del mensaje: “Está muy ansiosa de verte 😉”

– ¿Eh?…

Intrigado por conocer el mensaje completo, desbloqueó el celular y abrió la conversación con su mamá.

“Vino una chica muy bonita a saludarte 🤭”

“Está muy ansiosa de verte 😉”

Fernando se levantó de golpe. Algo bastante impresionante dado su peso y nula agilidad. Con los calzones en los tobillos, la verga apuntando al monitor mientras el pre-semen goteaba de la punta del glande; su mente trabajaba a mil por hora. ¿Una chica bonita?… ¿Cuál?… ¿Será que su mamá, sintiendo lástima por él, le había contratado una prostituta?… ¿Estaría tan buena como le gustan a él?… Se conformaría con que al menos fuera nalgona.

Rápidamente se subió la truza. Guardando su viscoso y sucio miembro, así como estaba, sin siquiera limpiarlo. Haciendo que una mancha se formara en su ropa interior. Levantó un brazo y se olió la axila. “Meh… no está tan mal” Determinó que no había necesidad de un baño. Y eso que este era el tercer día que no tomaba uno. Se fue a su ropero y sin cambiarse ni los calcetines, se vistió con una camisa azul celeste, la cuál apenas le quedaba. Los botones, empleando toda su resistencia, se estiraban al máximo, intentando contener la enorme barriga de aquel hombre. Entre cada botón se podía vislumbrar la peluda piel de su panza. Era imposible fajarla dentro del pantalón, así que se la dejó suelta. Luego tomó unos pantalones negros de vestir. Los abrochó tan aprisa que olvidó subirse el cierre. Además, como su mano derecha seguía sucia, dejó unos evidentes manchones sobre la tela, que eran muy notorios. Sobretodo por el color de la tela. Se calzó unos zapatos negros sin lustrar. Se pasó un peine después de ponerse kilos de gel sobre su grasiento y escaso cabello. Roció algo de perfume que sólo empeoró más el aroma que emanaba de él y salió a toda prisa de su cuarto.

Con pasos apresurados y pesados, que hicieron crujir los escalones de madera, Fernando bajó a la sala, donde fue recibido con muecas forzadas que intentaban ser sonrisas. Pero las ignoró olímpicamente. Sus ojos escudriñaron entre las visitas buscando a su madre con desespero.

– ¡Mijo!

Escuchó la voz de su madre a su izquierda y giró la cabeza. La ancianita, feliz de ver a su hijo bajar tan guapo (sí, cómo no) le hizo señas desde la puerta de la cocina para que se acercara.

A paso apresurado se acercó y miró a los lados de ella como buscando algo.

– ¿Dónde está?

Preguntó ansioso por conocer a la tan anunciada chica bonita.

– Jeje está ahí adentro.

Señaló la puerta de la cocina. Para luego arreglarle un poco la camisa. Como si eso fuera a mejorar su desagradable imagen.

El corazón –y también lo que tenía entre las piernas– le empezó a dar brincos de anticipación. Se aclaró la garganta y se pasó la mano por el escaso cabello grasiento que tenía. Y entonces abrió la puerta…

………………………….

1 minuto antes.

Roxanita estaba nerviosa. Su abuela le había dicho que su tío había leído los mensajes, sin embargo no hubo respuesta. “Lo más seguro es que ya se está arreglando jeje” Le dijo. Y salió al comedor para verlo cuando bajara. “Tú esperate aquí” Le indicó.

La nena empezó a sentirse muy nerviosa. Jugó con sus dedos mientras el corazón le latía a prisa. Se quedó parada frente a la puerta, mirándola, expectante al momento en que se abriera. La espera era un martirio. Empezó a caminar de un lado al otro.

De pronto escuchó una voz ronca afuera. La reconoció de inmediato. Fue como si el tiempo retrocediera hasta aquella fiesta de cuando tenía solo 8 años. Entró en pánico y no sabía qué hacer. Se puso tan nerviosa que lo único que se le ocurrió fue fingir que hacía algo. Se giró de lado y fingió que buscaba algo en la alacena superior.

…………………………

Los ojos de Fernando se abrieron como platos. Poco le faltó para que la quijada se le cayera al suelo.

Delante de él había una chica, no solo bonita, sino increíblemente buenota, vestida de una manera de lo más provocativa.

Roxy estaba con los brazos estirados hacia la alacena, pero el borde de la cocina la hacía inclinarse un poco. Esto le permitió al tío admirar el tremendo culazo que la nena tenía. Además de poder apreciar como la minifalda negra, ajustada y diminuta; se le subía hasta el raz de las nalgas. Dejando ver las piernas torneadas que tenía Roxy. Además, la imagen de perfil de la nena, también dejaba apreciar lo increíblemente dotada que estaba del pecho, pues se veía claramente la forma redonda y grande de sus senos.

– ¡Wow!…

Fue lo único que el hombre pudo expresar al principio.

– Ejem… ¡Hola!… Soy Fernando . Mi mamá me dijo que me buscabas jeje ¿Eres amiga de alguna de mis sobrinas?

Preguntó mientras se iba a acercando. Listo para plantar su mano en la nalga de esa preciosidad. Después de todo, estaba seguro de que aquella chica era una prostituta que su mamá le había contratado y la estaba haciendo pasar por una “inesperada visita”.

Roxy soltó una risita. Le divertía ver que había cambiado tanto, que ahora su tío ni siquiera la reconocía. Se giró de frente a él, acomodando lo mejor que pudo su faldita y le sonrió. Pero al girarse los ojos de su tío no estaban sobre los suyos; estaban clavados de manera descarada sobre su escote, tal y como ella había planeado. Eso le sacó otra risita.

– ¡Hola tío! Jiji Cuánto tiempo…

Las palabras de la nena hicieron que Fernando saliera de su trance y levantó la mirada confuso.

– ¿Tío?…

– Jiji ¡Soy Roxy, tío! ¿Qué ya no se acuerda de mí?

La confesión hizo que Fernando diera un paso hacia atrás.

– ¡¿Ro-Ro-Roxy?!

Los ojos de Fernando no podían estar más abiertos. La impresión que le causó la noticia hizo que extendiera una mano hacia la estufa, posándola ahí para intentar sujetarse de algo, pues sentía que se iba de espaldas. Entonces sus ojos descendieron de nuevo a los pechos tan desarrollados y tan exhibidos de Roxy. Pero esta vez no los miraba con lujuria, sino con incredulidad. Allí, dónde hace apenas 3 años no había nada, ni siquiera la promesa de que un futuro habría algo decente, ahora había un par de redondos y perfectos senos, que ya desearían tener las actrices porno de los videos que tanto tiempo pasaba mirando. No solo por el tamaño –ciertamente había actrices operadas que tenían melones que superaban en tamaño a los de la nena– sino por su constitución. Estos eran naturales. Su firmeza extraordinaria no venía del silicón, sino de la turgencia de la carne. La “mujer” que tenía delante no era una veinteañera o treintañera fingiendo ser una jovencita. A la que tenía delante era indudablemente una menor de edad. Y no cualquier menor. Era nada más y nada menos que su sobrina más chica. Esa pequeña flacucha que cada vez que se veían quería jugar a la pelota. Haciendo cuentas rápidas en su mente, llegó a la conclusión de que ni siquiera llegaría a los 15 años.

– Pe-pe-pero… ¡De verdad eres tú!… ¿Qué…?… ¡¿Qué te hiciste?!

Preguntó intrigado. Esperando una respuesta totalmente fuera de la realidad –como el uso de un fármaco experimental– que justificara tremendo cambio en el físico.

El corazón de Roxy se aceleró. ¡Esa era justo la reacción que ella esperaba! Para eso se había esforzado tanto en su apariencia. No pudo ocultar una sonrisa de oreja a oreja. Incluso sus ojos parecían iluminarse. No solamente estaba recibiendo el tipo de atención que quería. Sino que además ahora su tío no podía apartar la mirada de ella –o mejor dicho de su cuerpo– al contrario de la manera en que la ignoraba antes.

– Jiji pero sino me hice nada jeje Solamente crecí jeje

– Madre mía. Y vaya que lo hiciste…

El tío recorrió los mismos pasos que había retrocedido, pero esta vez para avanzar hacia ella. Sus ojos todo el tiempo fijos en el canal que formaban los apretados senos de Roxy. Extendió su mano gorda, sudorosa y pegajosa; para posarla sin permiso sobre la cadera de su sobrinita.

– Estás tan…

“Buenota” es lo que quería decir, pero se tragó la palabra junto con su saliva y la cambió por otra.

–… crecidita jaja

– Jajaja Ay, tío. Eso sonó muy raro jaja

La experimentada nena hacía gala de su conocimiento sobre el “juego” El Payaso Manotas, en su avaricia por moldear a una nena perfecta para sus morbosas fantasías, le había enseñado exactamente cómo le gustaba que se comportara durante sus juegos. Y la nena, tan inocente como era, pero al mismo tiempo tan diligente a la hora de aprender nuevas formas de jugar, no solamente seguía las instrucciones al pie de la letra, sino que le salían con una sensualidad y picardía natural, que hacían morir de extinción y provocación a viejo payaso. Y todas esas prácticas y enseñanzas ahora estaban dando frutos para el éxito de la misión de la chiquilla.

–… Pero gracias jeje Sí crecí mucho, ¿verdad? Ya estoy casi de su tamaño.

“Es más divertido cuando nos hacemos los tontitos” dijo una vez el payaso. Y la verdad es que la nena concordaba con su mentor. Así que fingiendo que no sabía a lo que su tío se refería, desvío el tema hacia los centímetros que había ganado en altura en estos años. Sin embargo, como buena “jugadora”, pasó sus delicados dedos de la mano derecha, por el canal de sus senos. Recorriéndolos lentamente mientras le hablaba a su tío, hasta tomar su medallita y jugar con ella entre sus dedos.

– ¿Eh?…

La atención de Fernando había estado fundida al movimiento de los dedos de Roxy y su recorrido, que apenas escuchó las palabras de su sobrina de manera alejada.

Roxy soltó una risita y arqueó una ceja como increpando la falta de atención.

– ¡Ah! ¡Sí, sí! Jaja ¡Estás muy alta, nena! Como una gacela jeje… Y con las piernas de una…

Susurró al final, pero las palabras alcanzaron los oídos de la nena, que soltó otra risita, pues entendió la referencia. Y, nuevamente resaltando la atención que recibía, pasó su mano izquierda por su muslo, como si rectificara la tensión de la tela de su minifalda.

Los ojos del tío nuevamente siguieron el movimiento que Roxy hizo, levantando sus cejas y conteniendo el aliento. Pero su atención nuevamente subió hasta sus pechos. Definitivamente esa era la zona con mayor espectacularidad, al menos en ese momento.

Roxanita soltó una risita y entonces cuestionó a su tío fisgón.

– ¿Qué tanto ve, tío? Jiji

Pero antes de que el hombre respondiera, Roxy le ofreció una salida divertida.

– ¿Le gusta mucho mi medallita? Jiji

El tío estaba tan embobado con los pechos de Roxy que ni siquiera había advertido la pieza de oro que tenía la nena entre los dedos.

– ¿Eh?… ¡Ah! ¡Sí! Jeje Es muy bonita jeje Y te queda muy bien justo donde está jeje ¿Puedo verla?…

La nena, divertida –y emocionada por el nuevo juego– se llevó su mano izquierda a la boca para soltar una risita por los comentarios inapropiados de su tío, aunque claro, para ella no había nada de inapropiado, pues en su mente solo jugaban. Para ella todo esto era una actuación, tal como las niñas se inventan historias y actuaciones cuando juegan a las muñecas.

– Jiji claro, tío.

Y entonces procedió a soltar la medallita, para llevar sus manos a su nuca y buscar el gancho que sujetaba la cadena alrededor de su cuello. Pues realmente pensaba entregarle la medallita para que la viera como cualquier persona normal haría.

Pero el tío Fernando distaba mucho de ser “normal”.

El muy sinvergüenza extendió no solo una, sino dos manos hacia el escote de Roxy y con sus dedos lujuriosos “intentó” tomar la medallita con forma de “R”. Pero en realidad solo la terminó metiendo entre las tetas de su sobrinita, para tener la excusa de “no poder agarrarla bien”

– ¡Uy! Jeje Está muy pequeñita jeje Y bien escondidita jaja

Roxy dió un pequeño respingo. Si bien era este tipo de acciones lo que buscaba, en ningún momento pensó que su tío se abalanzaría de esa manera.

Pudo sentir como los dedos exploradores de su tío buscaban insistentemente tocar y rozar la piel de sus turgentes pechos. Fingiendo querer tomar la medallita para extender el mayor tiempo posible aquel contacto prohibido.

De solo sentir la plenitud y firmeza de aquellos manjares, al tío Fernando se le formó una erección de tales proporciones que el pantalón se le estiró hacia adelante de forma demasiado evidente.

Al notar esto, a Roxy le surgió un cosquilleo y un calor en lo más profundo de su intimidad, que tuvo que apretar sus piernas entre sí, para aliviar un poco la tensión sexual que empezaba a formarse.

“Mi tío quiere jugar” concluyó en su mente. Y un suspiro salió de sus carnosos y brillantes labios. Este acto el tío lo tomó como una reacción positiva ante su intromisión y una mueca en forma de sonrisa pervertida, se formó en sus labios cuarteados y despellejados.

– Parece que esa medallita tuya, se esconde muy bien, entre esos dos montes jaja

Las palabras vulgares de un tío pervertido y degenerado, sonaron divertidas en la mente infantil de Roxy.

– Jiji Ay tío, pero que cosas dic… ¡¡Tíooo!!

La frase se interrumpió al sentir como una mano de su tío se coló dentro del escote, agarrando buena parte de su pecho izquierdo, por dentro del top.

La nena se puso roja de la cara y por puro instinto se llevó una mano rápidamente a esa zona, sujetando la mano del invasor para que no avanzara más. Con los ojos abiertos de enorme sorpresa.

Esto asustó a Fernando. Por un instante sintió que la escena de hace años se iba a repetir. Pero entonces la nena soltó una risita nerviosa.

– Esa mano tío jaja Creo que se desvío demasiado jiji

– Jaja perdón, perdón. Es que quise meter la mano para agarrar bien la medalla, pero creo que se fue de más jeje

La nena lo miró con una ceja arqueada y con una sonrisa cómplice. Era una excusa absurda. Pero eso era lo divertido de este juego. Fingir no estar “jugando”.

Roxy estaba más que dispuesta a darle a su tío lo que quería. De hecho, sino fuera porque había familia al otro lado de la puerta, ella ya se habría empinado para empezar a jugar a los “empujoncitos” Pero sabía que debía ser muy cuidadosa.

Asomó la cara por un lado de su tío y trató de agudizar lo mejor que pudo su oído adornado con la arracada. No parecía que nadie viniera.

– Pues… si tiene tantos problemas… a lo mejor así…

Con palabras nerviosas y dedos temblorosos, desabrochó dos botones de su top, haciendo que sus grandes senos presionaran con más libertad la tela y por consiguiente el escote se abriera muchísimo más. Quedando poco para que la aureola se viera.

– … es más fácil… ¿no tío?…

Dijo la nena con la mirada baja, que lentamente fue subiendo, nerviosa, hacia el rostro de su tío. Y al encontrar los ojos de él, la nena tuvo que taparse la boca para no reírse, pues con su acto, dejó a su tío totalmente embobado. Era un gesto que reflejaba tanto su idiotez por los senos de su sobrina tan desarrollada, como su evidente enajenación y perversión por todo tema sexual.

– ¿Tío?… Jiji ¿Está bien?…

– ¿Eh?… ¡Ah! ¡Sí, sí! Jaja Será mucho más fácil así…

La señal era inequívoca. No había palabras directas porque no se necesitaban, y eso era incluso mejor. Su antigua sobrinita planita, ahora le ofrecía con generosidad sus nuevos y enormes senos para su disfrute. ¿Quién era él para rechazar tal regalo?

– Haber… vamos a ver…

Con la vista concentrada en la inmensidad de los senos que tenía delante. Levantó sus manos como si fueran garras que acechaban a su presa. Roxy supo de inmediato lo que iba a suceder. Su corazón latiendo a mil por hora era prueba clara de su anticipación. Tomó aire como si fuera a sumergirse en un aguas profundas y depravadas. Y cerró sus ojos suavemente para dejarse hacer.

Las manos sudorosas y gordas del tío hicieron contacto. Sus dedos se deslizaron bajo la poca tela que aún cubría una parte de sus melones. Los abarcó tan bien cómo pudo y comenzó a amasarlos. Maravillado por la firmeza que estos tenían a pesar de que la nena no estaba usando un sostén.

¿Y la medallita?… Al diablo con ella. Quedó olvidada y totalmente cubierta por los atributos de Roxy, ya que se apretaban entre si ante el manoseo invasivo e insistente, de quien se supone que debía ser un familiar amoroso y protector.

Roxy empezó a suspirar y jadear. Siempre con los ojos cerrados. No es que le diera vergüenza lo que pasaba o que su tío le diera demasiado asco para mirarlo. Ella solamente quería concentrarse al máximo en el momento, en las sensaciones. Después de mucho tiempo, por fin unas manos ajenas estaban explorando sus atributos. Y no era cualquier persona, era su propio tío, aquel que durante tanto tiempo la ignoró. Tener su atención de esta manera la hizo esbozar una sonrisa de satisfacción.

El manoseo estaba en su punto más álgido. Las tetas de la bebota empezaron a ponerse ligeramente rojas por tanta manoseada. Sus pezones se pusieron duros y erectos, marcándose contra la tela. Y su entrepierna estaba totalmente empapada.

Estiró su mano a ciegas, pero al mismo tiempo sabiendo exactamente qué buscar y en dónde. Cuando sus dedos estuvieron a punto de tocar la punta de la erección de su tío, unos toquidos a la puerta de la cocina los sacaron de su trance, como si les hubieran dejado caer agua fría por la espalda y se separaron casi de un salto.

Roxanita rápidamente se cerró el escote todo lo que pudo, con su mano, mientras corría a esconderse detrás del refrigerador. Al tiempo que su tío trataba de acomodarse la erección para que fuera lo menos evidente posible.

Con el rostro pálido, abrió ligeramente la puerta. Y su madre se asomó también, del otro lado de la puerta, encontrándose sus miradas.

– ¡¿Qué pasa mamá?! ¡Estamos platicando!

Dijo visiblemente frustrado de que su progenitora le haya interrumpido el mejor momento de su vida.

– Ay ‘mijito, perdóname. Es que ya me anda del baño jeje Voy a ir rápido, pero quería avisarles porque ya no voy a estar vigilando la puerta. Ustedes sigan platicando, pero tengan mucho cuidado, porque si los ven juntos, van a pensar mal como la otra vez.

El mantenido Fernando resopló. Sin dudas era bueno saber que indirectamente su mamá le estaba facilitando las cosas. Pero aún sentía la frustración de ser interrumpido, tanto como aún sentía la sensación de los senos de su sobrina en sus manos.

– Sí, Ma. Está bien. Corre, no te tardes. No quiero que me echen bronca por tu culpa.

– No, no. Yo me apuro. Tú no te preocupes.

Y la viejita salió a paso apresurado al baño.

¿Qué hacer entonces ahora?… Seguro que su madre se daría toda la prisa posible para ir y regresar. ¿Pero y si alguien entraba y él tenía puestas las manos sobre los enormes senos de su sobrina? Seguramente su madre volvería a defenderlo. Eso era seguro. El problema es que no le hacía gracia el recibir golpes de nuevo. Y ni qué decir sobre la idea de perder esta grandiosa oportunidad para siempre. Tal vez lo mejor sería decirle a Roxana que subieran a su cuarto. Ahí nadie los interrumpiría. Sí, eso era lo mejor.

Se giró, para hablar con la nena, mientras cerraba suavemente la puerta de la cocina.

– Roxy, nena…

La bebota asomó la cara. Con la típica sonrisa de quien estaba haciendo alguna travesura y por poco la atrapan. Sus mejillas estaban sonrojadas, sus ojos brillosos y sus senos subían y bajaban al ritmo de su respiración ligeramente acelerada, por la emoción de momento.

– Jiji creí que era mi mami…

Confesó.

– Sí, nena. Yo también jaja Imagínate cómo me iría si mi hermana me atrapa agarrándole las chichotas a mi sobrina jaja

Para Roberto todo estaba claro. Era obvio que la pequeña Roxanita, en el tiempo que tenía de no verla, no solo se había puesto buenísima; también se había vuelto tremendamente puta. Y, parte de eso era verdad, lo que no sabía eran las razones detrás, ni el trastornado concepto que la bebota tenía sobre todos estos temas sexuales.

Roxana hizo un gesto particular. Ese que la mayoría de nosotros hacemos cuando no entendemos un chiste, pero aún así tratamos de reír mientras revolvemos en nuestra mente buscando el significado perdido de lo que oímos.

– Pero solamente le enseñaba mi medallita, ¿recuerda? Jeje

Roxanita trataba de mantener el guión. Ése que ambos habían creado juntos en un acuerdo tácito. Tal como lo haría una niña que juega a las muñecas con su padre, y que de pronto el sujeto se sale del guión o de la historia establecida que rige la situación inventada.

Fernando por un momento dudó. Esas palabras, dichas con tal dulzura por su sobrina, parecían bastante reales. Como si realmente esa preadolescente tan desarrollada, creyera con cada fibra de su cuerpo que genuinamente solo le mostraba algo, sin ninguna connotación sexual. Pero al ver la sonrisa pícara de Roxanita y su cabeza ladeada, pensó: “Pero qué buena actríz eres, putita. Me encanta cómo quieres jugar”

– ¡¡Claro!! Jajaja Solamente eso hacíamos. Pero seguro que tu mamá, la malpensada, creería que estamos haciendo algo indebido jaja

Roxanita soltó una risita genuinamente divertida. ¡Cómo extrañaba jugar de esta manera!

Nuevamente, sin ningún acuerdo expreso. Ambos acordaban jugar de esta manera. Donde las palabras directas quedaban prohibidas, y en su lugar se divertían usando excusas inverosímiles. Aunque, ambos tenían un enfoque totalmente distinto.

– Jiji tiene razón. Lo mejor será que nadie nos vea.

Concluyó aliviada de que ambos estuvieran en el mismo canal.

– Qué bueno que lo mencionas, bebota. Porque justo te iba a proponer que mejor siguiéramos “platicando” en mi cuarto.

Antes de poder responder, a Roxy le pareció muy curiosa la palabra que su tío usó para referirse a ella.

– ¿Bebota? Jiji Yo no soy un bebé jeje Ya soy una niña grande.

– Jaja es sólo de cariño, nena. Además, precisamente porque eres muy “crecidita” Eres una bebé grandota. Bebota jeje

A Roxy le gustó la explicación. Gracias a su experiencia con el Payasos Manotas, sabía que eso de “crecidita” muy probablemente se refería a sus grandes atributos. Así que se sintió orgullosa de que su tío lo notara.

– Jiji me gusta. Solo que no creo que podamos subir a tu cuarto.

Confesó entristecida.

– Mis papás dijeron que no debía acercarme a ti, y si me ven subiendo a tu cuarto, me van a regañar.

No hacía falta preguntar la razón. Fernando sabía perfectamente el porqué, su sobrina tan desarrollada, había recibido esa advertencia tan particular. Sin embargo él, como casi todos los manipuladores, jamás había reconocido su “crimen”. De hecho, había estado tan a la defensiva en ese asunto, que hasta él mismo se había convencido de que aquel incidente no había sido más que un desafortunado accidente. Uno que su sobrina Carmen había exagerado desproporcionadamente.

Fernando no respondió con palabras. En su lugar hizo una mueca de disgusto y dejó salir un gruñido de molestia. Roxanita se tensó y se preocupó de haber dicho algo que enfadara a su tío.

Sin embargo, la molestia de Fernando no solo era por el hecho de saber que lo seguían acusando y teniendo en la mira. Sino también por el hecho de que este “impedimento” le causaba graves problemas a lo que tenía planeado. Sin poder subir a su cuarto juntos, básicamente no podía hacer nada con su sobrina. Al menos no de la forma que él quería.

Si salían de la cocina en ese instante, quién sabe si se presentaría otra oportunidad, y estar entrando y saliendo de la cocina juntos, evidentemente iba a causar mucha atención. Ya de por sí era un riesgo permanecer ahí más tiempo.

– Pero… no te preocupes, tío. Yo no creo en nada de las cosas que Carmen anda diciendo de ti. – Se apresuró a explicar la nena, para evitar cualquier malentendido – Por eso le pedí a mi abuelita que te llamara. Porque tenía muchas ganas de verte. Y de… – Se supone que no debía decir esto, pero realmente le preocupaba que su tío pudiese creer que ella era como Carmen – “jugar” mucho contigo…

La nena desvío la mirada. Con las mejillas encendidas y sus dedos jugando entre sí. Era claro que la nena estaba confesando algo que le causaba vergüenza. Como si le estuviera diciendo que quiere que le meta la verga. Y, básicamente lo estaba haciendo pero, recordemos que hay una gran diferencia de percepción entre estos dos personajes.

Fernando, evidentemente confuso, no podía entender qué era lo que le avergonzaba a esta niña, o niñota, mejor dicho. ¿Por qué le daría pena decir tal cosa si hace nada le estaba permitiendo manosearle su tetotas sin disimulo? Pero su excitación fue más grande que su confusión. Su sobrinita tan crecida, estaba diciendo abiertamente que ella quería “jugar” con él.

– ¡Me hace muy feliz escuchar eso! Jeje Y créeme, yo también tengo MUUUUUUCHAS ganas de jugar contigo jaja

Dijo Fernando, dando un paso hacia su sobrinita y pasando nuevamente un dedo en el canal que formaban sus enormes senos.

Esto fue como todo un halago para la mente distorsionada de Roxanita. Quién arqueó levemente su espalda para presentar de mejor manera sus atributos. Mientras le daba una dulce sonrisita.

– Ya encontraremos la manera de poder jugar a gusto. Por ahora, creo que lo mejor será que salgamos de la cocina. Llevamos mucho tiempo aquí y en cualquier momento te empiezan a buscar. Pero no hay que salir juntos. Yo saldré primero y después de un rato sales tú, ¿ok?

La nena miró y escuchó a su tío con toda su atención. Lo que resultaba hasta cierto punto tierno. Para luego asentir con entusiasmo.

Sin embargo, Fernando no iba a salir de ahí sin antes disfrutar de otro atributo de su sobrinita. Cuando entró y la vió medio empinada, se dió cuenta que la bebota no era solamente tetas. Poseía también un par de nalgotas de la mejor calidad. Y si por desgracia ya no hubiera ninguna otra oportunidad en el día para disfrutar de esta nena, tenía pensado al menos irse satisfecho.

– Antes de irme. Las cervezas que tenía arriba en mi cuarto se terminaron. ¿Podrías ayudarme a conseguir otras? Están en el refrigerador, solo que algún genio las puso hasta abajo al fondo. Y yo no me puedo agachar tanto. ¿Me ayudarías, Bebota? Jeje

La nena disfrutó de ser llamada por este nuevo apodo que tanto le divirtió. Con una felicidad genuina, asintió, dió media vuelta y caminó hacia el electrodoméstico, haciendo sonar sus tacones tornasol.

Fue todo un espectáculo para Fernando el ver cómo se meneaban deliciosamente semejante par de nalgas. Y aún más el ver cómo la diminuta tela brillante de la minifalda, dejaba ver la división entre las piernotas de la niña con sus nalgas.

Roxanita abrió el refrigerador y lo que vió la confundió. Las cervezas estaban arriba del todo. Accesibles.

– Pero tío, las cervezas están…

Y antes de que pudiera terminar la frase, las manos gordas de su tío la tomaron por la cintura. Sintiendo el sudor y la pegajosidad de estas, sobre su piel expuesta y suave.

– Esas no me gustan, nena… Están muy calientes, porque las acaban de meter – Mintió. Hablándole casi al oído desde atrás – Las más frías están hasta abajo. Muy al fondo. Yo aquí te sostengo, para que no te vayas a caer jeje

La petición era extraña. ¿Cómo se iba a agachar si la tenía sostenida? Pero entonces, gracias a un movimiento obsceno de su tío, comprendió la verdadera naturaleza detrás de tan rara situación.

Detrás de ella, ocupando casi el mismo espacio que ella, el cuerpo obeso y desagradable de su tío se pegó a ella. Pudo sentir, con una precisión que le robó el aire y casi le provocó que sus rodillas se doblaran, la forma dura y erecta del miembro de su familiar. Sobre sus nalgas. Justo en medio de ellas. Ella creyó que su tío no quería jugar más por el momento, pero al parecer había tiempo para un último jueguito.

Soltó una risita nerviosa pero pícara. Entonces giró su cabeza para mirar a su tío sobre su hombro y dijo algo que llevó Fernando a la excitación extrema.

– Bueno… Pero agarrame bien, tío… No vaya a ser que me vaya a caer…

“Condenada chamaca… Pero si bien que encanta, putita” Pensó Fernando mientras afirmó bien su agarre a la diminuta cinturita de Roxanita y presionó con más ganas su asquerosa erección.

– ¡No te preocupes! Jeje Para eso están los caballeros jeje

Roxy soltó otra risita y entonces miró al frente. Comenzó a bajar su torso hacia el último espacio del refrigerador. Con sus piernas rectas y juntas. Lo que inevitablemente provocó que la diminuta falda comenzará su inexorable ascenso, viéndose superada por la enormidad y curvatura de las nalgotas de la niña. Quedando atrapadas justo a mitad de esta.

La sensación de la presión de esas nalgas perfectas sobre su miembro, y a su vez la presión de la verga de su tío, contra la hendidura de sus nalgas y contra su intimidad de ella; hizo que ambos dejarán salir un pesado y profundo jadeo. Para él, era la gloria poder tener este acceso tan obsceno y prohibido, con nada más que su sobrinita más chica y más buenota; para ella, era una delicia poder volver a experimentar las sabrosas sensaciones que este tipo de juegos le regalaban y que su cuerpo demandaba desde hace tiempo.

Tal como imaginó, ahí abajo no había nada. Solamente verduras y toppers con comida. Pero eso era parte del juego.

– Ahm… ¿Tío?… No veo las… Ahh… cervezas… ¿Seguro que están… MMM… aquí?… 💕

La voz jadeante y entrecortada de Roxy, llegaba a los oídos peludos de su tío como una melodía pícara.

– Uff… Sí, Bebota… por ahí deben de estar… fíjate bien…

La idea de Fernando era simple. Un par de buenos arrimones a su sobrinita culona para disfrutar de tremendo par de nalgotas. Eso sería suficiente para salir de esa cocina más que satisfecho, por el momento.

Comenzó con empujones suaves, profundos. Queriendo grabarse la forma y la sensación de tener esas nalgotas de niña de 11 añitos contra él. A Roxy le causó gran placer y felicidad recibirlos. Era como tener de vuelta al Payaso Manotas detrás de ella. E hizo lo mismo que con él: Usando sus piernas empujó más sus nalgas al contacto, para experimentar un placer mucho más profundo. Todo mientras seguía “buscando”.

Fernando soltó un gruñido de excitación y envío tremendo arrimonsote que no solo elevó más las nalgas de su sobrinota. Sino que la empujó más adentro del refrigerador.

– ¡Aaahhhyyy! Jiji ¡Tíooo! Me vas a tirar jiji… ¡Uuuhmmm! 💕

Roxy entrecerró los ojos y con una sonrisa traviesa de oreja a oreja, dejó salir un jadeo que formó un vaho de aliento que salió de su boquita.

– Uhmm… para nada, Bebota… Yo aquí te tengo bien agarrada… mira…

Dejándose llevar por la calentura, Fernando comenzó a frotar su erección de arriba a abajo contra la culona Roxy. Este movimiento obsceno, hizo que la verga de su tío le regalara sensaciones increíbles a la nena en su conchita y entre sus nalgas.

Pero entonces, algo más pasó. Algo que hizo que Fernando, abandonara su plan inicial y con el, su cordura.

Debido a los movimientos la minifalda ya no pudo resistir más y como un resorte se subió de golpe hasta la cintura de la nena. Revelando un par de nalgas entangadas. Presentadas y ofrecidas de una manera que nadie podría rechazar. A Fernando casi se le salen los ojos al ver tremendo espectáculo. Mandó todo al diablo y separándose lo mínimo, sacó desesperadamente su verga por el cierre abierto, la cual estaba a rebosar de líquido preseminal, y la acomodó en medio de tremendo altar.

La sensación fue abrumadora para ambos. Ya no hubo más palabras. Los gemidos, gruñidos y jadeos; fueron el único lenguaje que usaban estos dos picaros.

Roxy dejó de “buscar”. Se limitó a aferrarse lo mejor que pudo a las orillas del refrigerador. Empujando sus nalgas hacia su pervertido tío, para sentir mucho más y también para ofrecer a su tío una mejor experiencia.

Fernando por su parte, ya no pensaba. Ya no razonaba. Solamente se movía con urgencia animal. Prácticamente estaban cogiendo con una tanga de por medio. El presemen abundante empezó a embadurnar la piel limpia y perfecta de las nalgas de Roxy. Algo que a ella le encantaba por la sensación “chistosa”. La tanga misma quedó completamente empapada de los fluidos de ambos.

Pero querían más. Ambos deseaban más. Antes de que Roxy fozara a su mente extasiada a elaborar un plan de juego, para lograr lo que se proponía. Los dedos de su tío tomaron la tanga por un costado, para luego correrla de lado, acomodándola justo sobre su nalga izquierda, haciendo una división erótica en ella. Lo que dejó completamente expuesta su entrada brillante y ansiosa.

La acción la sorprendió. No creyó posible que se pudiese jugar a las “metidas” sin quitarse su “calzoncito”. Pero no hubo tiempo para pensar más en ello. El grueso y viscoso glande de su tío se presionó contra su entrada y comenzó a avanzar sin ninguna resistencia.

Sentir el calor, la humedad y la presión de estar dentro su sobrinita menor de edad; hizo que a Fernando casi se le doblaran las piernas y emitiera un gemido profundo y alto. Por poco y se corre ahí mismo. Pero hizo de tripas corazón y se forzó a contenerse, deteniendo su avance un momento. Tomó con sus manos las nalgas de Roxy y se dispuso a avanzar. Lentamente. Saboreando cada centímetro que invadía.

Roxy sintió cómo su tío entraba más y más adentro. La sensación de ser invadida. De ser llenada. Era tan placentera que flexionó una de sus piernotas hacia atrás, alzando su pie entaconado.

Cómo extrañaba y deseaba esto Roxy…

Sin embargo…

– ¡¡Guadalupe, espérate!!

La voz de la abuela se escuchó al otro lado de la puerta de la cocina. Por el tono, parecía que la señora venía corriendo desde el baño.

– ¡¿Qué pasa, mamá?! ¡Me asustas!

Se escuchó la voz de la mamá de Roxanita, justo afuera de la puerta. Eso aterró a sobrina y tío por igual. Dejándolos completamente petrificados en sus posiciones.

– Ay hija…perdón es que…

La voz agitada de la abuela estaba visiblemente nerviosa. Seguramente buscando una excusa creíble que justificara su accionar.

– … quiero que me ayudes a algo en el jardín.

Fue lo único que se le ocurrió.

– Ya voy. Es que vengo a ver porqué tarda tanto Roxana en la cocina.

Y antes de que la abuela pudiera impedirlo. La madre de Roxy giró el pomo de la puerta, abriéndola…


Bueno amigos. Espero que hayan tenido unas felices fiestas. Me disculpo nuevamente por el enorme atraso de esta segunda parte. Ya no daré fechas porque siempre las incumplo 😅 Pero tengan por seguro que seguiré escribiendo.

Espero que hayan disfrutado de esta segunda parte y, si fue así, me regalen un voto y su comentario. Suena trillado, pero es lo que me motiva a seguir escribiendo: ver que a la gente le gusta mi trabajo.

Y como siempre, les dejo mi contacto de Telegram. Tanto para compartir, intercambiar y, si también les gusta, hacer roleplay de estos temas: @ViejoMorboso

¡Saludos!

10 Lecturas/14 enero, 2026/0 Comentarios/por ElViejoMorboso
Etiquetas: amigos, cumpleaños, hermana, hija, hijo, madre, mayor, padre
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