Roxy: La Bebota «Escapando de la cocina»
Fernando se las arregla para que la mamá de Roxy no los descubra en pleno acto. Sin embargo, Roxy complica las cosas sin querer. .
Guadalupe no dió tiempo a su madre de hacer algo para impedir que abriera la puerta. Simplemente tomó la perilla, la giró y abrió la puerta sin titubear. Había un sentimiento inquietante en su pecho. Algo no andaba bien y ella lo intuía, pero al mismo tiempo no quería creer lo su mente le sugería.
La puerta se abrió, casi de golpe y ante sus ojos estaba Fernando. Agitado, con la cara roja y escurriendo sudor a mares. Pero, el tipejo siempre se veía así. Incluso hasta con subir las escaleras, el hombre casi moría de un infarto.
– ¿Se te ofrece algo?…
Respondió el tío de Roxy, casi jalando las palabras.
La madre de Roxy no escondió un gesto de desagrado. Era su hermano, sí. Pero ella sabía bien que era un degenerado. Además, el hombre se veía simplemente asqueroso. Y el olor… uff… el solo hecho de aspirar el aroma proveniente del cuerpo de su hermano, parecía que la mareaba. Pero justo cuando se iba a quejar de su falta de higiene. Ahí, al final de la nota de aroma desagradable, hubo dos aromas que la congelaron: el aroma dulce de su nena –reconocía el aroma dulzón del shampoo y de crema de su hija– casi seguido de un inconfundible aroma a sexo. Para una madre como ella, esas dos mezclas de aromas era inconcebible.
– ¿Dónde está Roxana? La ví entrar aquí hace rato con mi mamá y no la ví salir.
La mujer, cubriendo su nariz y boca con la mano; tanto para no oler el desagradable cuerpo de su hermano, como también para no dejar que su mente saque conclusiones alocadas solo por el aroma que había en la cocina; escudriñó con la mirada el lugar. Pero era tan pequeña y angosta que no había sitio para que alguien se escondiera. O al menos eso creía ella…
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(Unos segundos antes…)
Ambos giraron la cabeza hacia la puerta al oír las voces de la abuela y de la mamá de Roxana, tan cerca de la cocina.
Iba a entrar. Ambos lo sabían sin la menor duda. Los dos petrificados por el temor de lo que se venía, no lograban moverse ni un milímetro. Como si ambos solo estuvieran esperando el inevitable momento en que la señora entrara y viera a su hijita, empinada, con la falda haya la cintura y la tanga de lado; recibiendo la verga dura, babosa y sin condón; de su desagradable y gordo tío.
Pero entonces, ante todo pronóstico, el refrigerador hizo un “crack”. Un sonido característico de cuando un refrigerador viejo como ese empieza a descongelar.
El sonido bastó para activar a ambos, quienes se miraron rápidamente.
– ¡Rápido! ¡Ahí!
Le ordenó lo más rápido posible el hombre a Roxy, señalando una gaveta grande de la parte baja de la alacena.
Fernando sabía muy bien que la abuela no guardaba absolutamente nada en la parte de abajo. Ni ella ni él podían ya agacharse tanto para agarrar algo. Ella por la edad. Él por su desagradable y enorme barriga. Así que todo ese espacio estaba vacío. Sin ninguna división más que las puertas. Era perfecto para que alguien de tamaño pequeño entrara ahí.
Roxy no dudó. No cuestionó. Con una velocidad y agilidad asombrosas, abrió la gaveta y prácticamente se echó un clavado dentro. Aún con la minifalda enrollada en la cintura y la tanga desacomodada.
Justo en el instante que lo hizo, la madre entró. A Fernando únicamente le dió tiempo de cubrir su verga, que ahora estaba semi-erecta, con ayuda de la puerta de la gaveta, que tenía el tamaño ideal para cubrirlo justo desde la cintura hasta los tobillos. Entonces volteó hacia la puerta y forzándose a articular de manera adecuada, le dijo a su hermana:
– ¿Se te ofrece algo?…
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– ¿Roxana?… No sé. No la ví cuando entré. Sólo bajé por más cerveza.
Pero la madre no estaba dispuesta a tragarse ese cuento.
– Mira Fernando, yo te conozco muy bien. Yo no me trago eso del “accidente” con Carmen.
La mención de ese nombre disgustó mucho a dos personas: a Fernando, evidentemente; y a Roxy, que estaba arrodillada, dentro del espacio vacío de la alacena, con su cara a centímetros de la verga de su tío.
“¿Por qué no lo dejan en paz de una vez con eso?” Pensó la nena, quien por el miedo aún no había caído en cuenta que a escasos cinco centímetros, se encontraba la verga de su tío, morena y escurriendo pre-semen.
– Mira, ya te dije que no está aquí. Y si solo vienes a molestarme con eso, te voy a pedir que te vayas.
Fernando estaba molesto, sí; pero también sabía que esa era una carta perfecta para salir de este apuro.
Roxanita, que hace unos instantes hacía MUY feliz a su tío, reconoció que su voz se tensó. Incluso le pareció detectar tristeza. Poco le faltó para salir de su escondite y confrontar a su madre por hacerlo sentir mal. Pero en su lugar, hizo algo mucho mejor.
– ¿Ahora me va a correr? Que no se te olvide que esta casa es de mi mamá. Que tú estés viviendo aquí de parásito, no te da derecho a decir quién puede o no venir.
– No seas ridícula. No te estoy corriendo de la casa, solo estoy diciéndote que me dejes en paaaaahz….
Justo en la última palabra, Roxanita decidió que no iba a permitir que su tío se sintiera triste por las palabras feas de su madre. Así que alzó la mirada, vió la cosa semi-colgante de su tío, y sin dudarlo acercó su boca y le engulló el miembro de una. Comenzando a chuparlo suavemente y a estimularlo con su lengua. Algo que le arrancó un gemido inesperado a Fernando y que hizo que las piernas se le doblaran. Teniendo que sujetarse con fuerza de la orilla de la cocina.
– ¿Eh?…
La madre se quedó tan confusa y sorprendida con la extrañísima reacción de su hermano.
“Madre mía, Roxy… ¿En serio?… ¿Ahorita?…” No era que le desagradara en lo absoluto. De hecho, era la mejor sensación de la vida. Pero es que su madre estaba justo ahí, al lado. Y él intentaba desesperadamente que se fuera de una vez.
Sin poder decirle que se detuviera o darle alguna señal para que lo hiciera; Fernando no tuvo más remedio que soportar y tratar de fingir que ahí nada pasaba.
– Dije… que me dejaras en paz… No estoy de humor… para escuchar tus sermones…
Guadalupe se dió cuenta que a su hermano se le dificultaba hablar.
– ¿Y a ti qué te pasa? ¿Ahora hasta te agitas sólo por hablar?
Mientras tanto, Roxy sacaba a relucir sus mejores técnicas, aprendidas con el Payaso Manotas, para darle la mejor mamada de su vida a su querido tío.
Una de su manitas la llevó a las bolas peludas de Fernando, que incluso tenían grumos de semen seco. Con la otra, se sujetaba de la cadera de su tío para emplearse a fondo.
Succionaba el miembro baboso de su tío como si fuera la mejor de las paletas. Dentro de su boca, le pasaba la lengua por todos los rincones adecuados. Provocando que en seguida el tipo estuviera todavía más empalmado que hace rato.
Lo engulló hasta donde podía. Moviendo de adelante hacia atrás su cabeza. Sus ojos cerrados suavemente, totalmente concentrada en su labor. Al mismo tiempo tocaba y masajeaba las bolas de su tío.
Fernando quiso hablar. Responderle a su hermana. Pero sentía que se abría la boca, saldrían gemidos que tenía atorados en la garganta.
Solo cerró los ojos con fuerza, sacudió la cabeza y levantó un dedo en señal de espera.
– Fernando es en serio. ¿Te pasa algo?
Su hermana, que se preocupó un poco de que al gordo de su hermano le fuera a dar un infarto, dió un paso hacia él.
– ¡Noooh!…
Quiso sonar enérgico, pero el gemido se coló al final. Su hermana levantó una ceja en clara señal de desconcierto.
– E-estoy bien… Sí, tienes razón… me… me agito cuando… cuando hablo mucho…
– Fernando, no inventes. Un día de estos te vas a morir de solo dar unos pasos. Cambia ya. Madura. Tienes más de cincuenta. Compórtate ya como el señor que eres.
Nuevamente Fernando abrió la boca para responder. Mirando hacia su hermana. Pero en seguida la cerró casi de golpe y apretó los ojos y los puños. Ahí abajo, su querida y traviesa sobrinita, relajó la garganta y se engulló todo el trozo de una. La naricita de la bella nena, hizo contacto con la lonja peluda del vientre de su tío.
La verga le llegó hasta la garganta y sacó su lengua, lo más que pudo, para lamer debidamente los huevos peludos de Fernando.
Ese acto puso tan caliente, tanto a Fernando como a ella misma, que soltó la cadera de su tío y la llevó a su entrepierna, que estaba expuesta porque la tanga aún seguía desacomodada; y empezó a frotar su conchita, que seguía tan caliente y húmeda, por la breve intrusión de su tío.
– Roxana no está aquí… Como ya te diste cuenta… ¿Por qué no vas y… te fijas si está en el…. baño?…
Finalmente Fernando pudo reunir el suficiente control para poder hablar con algo de normalidad. Al mismo tiempo que con una de sus manos hacia un movimiento como invitando a su hermana a irse.
Guadalupe seguía inquieta. Ahí pasaba algo raro. Pero también no podía negar que su hija, aparentemente, no estaba ahí. Y tampoco quería ser la causante de que a su hermano le diera un infarto por el coraje.
– Sí, iré a ver.
La señora dió media vuelta y tomó la perilla de nuevo. Pero antes de hacerla girar, dijo con voz firme.
– No importa cómo se vea Roxana. Tiene solo 11 años y es tu sobrina. Si se te ocurre hacerle algo, como lo que le hiciste a Carmen, no hará falta que te dé un infarto. Yo misma voy a matarte. ¿Quedó claro?…
– Transparente…
Soltó Fernando, casi como un suspiro.
La mamá de Roxana giró la perilla y salió. Se alcanzó a oír un poco de la conversación que tuvo con su mamá enseguida.
– No está Roxy aquí. Mamá, ahorita que fuiste al baño, ¿no viste si…?
Y la puerta se cerró.
El alivio de haber logrado eludir lo aparentemente inevitable, dió paso a que Fernando se entregara de lleno a las sensaciones.
– ¡Aaah! ¡Roxy!… ¡Así mi niña!… ¡Sigue! ¡Ya casi llego!
Roxana soltó una risita que vibró en su boca y en el miembro de su tío. Luego, empezó a subir la intensidad de su mamada. Llevando una mano a estimular el tronco de la verga de Fernando, mientras que succionaba lo mejor que podía. Solo faltaron un par de segundos para que una enorme carga, espesa y caliente; fluyera a borbotones en la boca de la nena. Los tragó como pudo. Teniendo cuidado de no mancharse. Sin embargo el exceso de saliva y la gran cantidad de esperma hicieron que una mezcla de ambos escurriera por su mentón, bajando por su garganta y terminando en sus imponentes senos.
Fernando se agarró con fuerza a la cabeza de Roxanita mientras le vaciaba toda su carga. Luego, se aferró a la orilla de la cocina y jalaba aire tan fuerte, agarrándose el pecho con una mano, que por un momento sí pensó que le daría un infarto.
Mientras tanto Roxanita sacó lentamente la verga de su tío de su boca. Hasta que finalmente solo un hilo de semen y saliva conectaba su labio inferior con el glande de su tío.
Asomó la cabecita fuera de su escondite para mirar a su tío a los ojos. Le sonrió de manera traviesa y se limpió los restos de su boca y de sus senos con un dedo, para después chuparlo sin romper el contacto visual.
– Jaja… aaah… aaah… eres… eres tremenda… Bebota… aaah… aaah… ¿Qué hubieras hecho… si… tu… mamá… nos atrapaba?…
Fernando apenas y podía hablar con claridad.
Roxy no se preocupó. Sabía que eso era señal de que había hecho muy feliz a su tío. Así mismo terminaba el payaso siempre.
– Jiji por eso lo hice con cuidado.
Fernando se rió y sacudió la cabeza, incrédulo ante lo buena putita que era su sobrina ahora.
– Vete… rápido… o sino… tu mamá va…
– Sí, lo sé jiji Ya me voy.
Lo interrumpió porque tardaba demasiado en hablar.
Roxanita salió de su escondite. Se puso de pie. Acomodó su escote, de forma que sus enormes senos lucieran bien; regresó a su lugar la tanguita desacomodada, quedando de nuevo metida entre sus nalgotas; y se bajó lo más que pudo la minifalda.
Ese espectáculo, digno de una zorrita a la que acaban de meter mano por todos lados. Encendió a Fernando de nuevo, pero por ahora no había tiempo ni energía para seguir. Así que sólo le soltó una nalgada juguetona a la culona de Roxy. Quién dió un brinquito y se rió.
– ¡Ay tío! Jaja 💕
Se giró para verlo de perfil y le guiñó el ojo, con una sonrisa pícara. Para luego salir de la cocina.
Ambos sabían que esto solo era el principio. Y entre los dos iban a arreglárselas para lograr consumar el juego.
Fernando se guardó su verga, que ahora brillaba de limpia. Se tomó varios minutos para reponerse y luego salió.
Continuará….
Qué tal amigos. He estado leyendo tanto sus comentarios como los mensajes que me envían a mi telegram. Así que trataré de responder los comentarios que más se repiten:
1) ¡No tardes tanto!: Sí, lo sé. Soy un autor pésimo en ese aspecto. Por lo mismo, hablando con algunos seguidores, opté por ya no escribir larguísimos relatos y concentrarme en un avance más concreto y enfocado. Sin perder de vista los detalles, que es un elemento que muchos me han comentado que les gusta. De este modo podré escribir más «rápido» y por tanto tendrán una entrega sin tanta espera. Eso sí, al ser relatos más enfocados, es posible que haya menos «acción» Lo cual me lleva al siguiente comentario…
2) ¡Más acción por favor! No desperdicies a la Bebota: Jeje la verdad me asombra que quieran ver a Roxy cogiendo con una gran cantidad de pervertidos jaja Lo cual es bastante válido y emocionante. No obstante, no quiero hacer de Roxy o Pao, relatos donde cada entrega solo coger y coger. Quiero darle desarrollo a la historia, que mis personajes vayan evolucionando y por supuesto, entregar morbo y sexo; pero justificado. No duden que les traeré aventuras morbosas de estas dos chicas, pero sí debo aclarar que no todo será solo sexo.
Por último y como siempre. Agradezco mucho a todos los fans de esta saga su paciencia, su entusiasmo y sus ánimos. Recuerden que si quieren platicar, intercambiar o hacer roleplay, pueden escribirme a mi telegram: @ViejoMorboso
¡Saludos!


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