Sueños mojados con la Sheinbaum
Relato por un hombrezuelo de la Presidente 👜.
Parodia | Humor (?) | Homenaje
Desde que aquél sujeto la agarró por sorpresa, por la cintura y la abrazó tiernamente, le zampó un besito detrás de la oreja y al final casi le agarró la teta izquierda; no he dejado de admirarlo y envidiarlo (¡loco HP! ¿Le vieron la cara?). Le pueden hacer lo que quieran, pero él ya se salió con la suya. ¡Le zampó su besito detrás de la oreja a la presidente! Además, ella no estaba disgustada, sonrió por varios segundos después de darse cuenta de que era un desconocido haciendo algo aventado. Sheinbaum parecía (¡MAMASITA!) universitaria o incluso nena de preparatoria en reunión con sus amigos. Fue hasta después que asimiló, y estoy seguro que lo hizo porque conscientemente supo que tenía que hacerlo, la actitud de víctima. Venga, que una presidente no puede pasar por jovencita jocosa y que no sobre-actúa porque la abracen por sorpresa. Si no han entendido, se los digo sin anestesia: Claudia es todavía bien joven por dentro. Además, se ha dejado ver riendo colorada más de una vez 💞.
La mayoría de mujeres de edad madura tiene sueños mojados o fantasías secretas con el presidente. ¿Por qué íbamos a salvarnos nosotros de lo equivalente? Ya era hora que hubiese una presidente bizcocha, así cucha y todo (bizcucha, jaja). De verdad que hay que estar muy ciego para no admitir el bomboncito que es Sheiunbaum.
No me voy a olvidar nunca de cuando al presidente Duque (de Colombia), en una visita a una región del país le hicieron una bienvenida con un baile folclórico de morritas de trece o máximo catorce años, casi-casi empelotas (esto es real), algo que ni en Brasil. Lo vi por televisión, y quedé con la boca abierta, refregándome los ojos y preguntándome si acaso estaba soñando. Duque vio el espectáculo con casi desdén. ¡Claro! Una mísera sonrisa le habría costado mucho… o todo.
Si en todas la instituciones gubernamentales hay este servicio, como en La Casa Blanca o El Vaticano, ¿Por qué no puede haber un equivalente en México cuando administra un Dama? ¿Por qué no? No vayan a ser machistas, háganme el favor…
Casi diez años después, cuando me he dado cuenta lo mamasita que es Claudia Sheinbaum, fantaseo con que a ella también le tengan un servicio especial para su esparcimiento, un servicio de hombrezuelos.
Para esos locos HPs que fantasean con Claudia, va este relato, y por su puesto, para ella misma. Mamasita rica.
Eres ese güerito del CNI que entró jovencito y con grandes aspiraciones, pero por güero y caribonito, caíste en una red de trata de güeros. Durante los exámenes médicos, una doctora vio que tenías buena herramienta y, por eso, sumado a tu apariencia, te recomendó para ser “modelo presidencial”. O sea que ibas a ganar más dinero que los agentes que arriesgaban sus vidas y salvaban al país (y recibían mordidas), por no hacer nada excepto ir al gimnasio y estar ahí para la presidente cuando estuviera estresada. De las presidentes¹ populares, la única que sacaba más de cinco sobre diez (en la escala internacional de borrachos de barrio) era Fernández de Kirchner. Pero Claudia Sheinbaum es un 8. O no, sería un 8 si fuera tu vecina, una señora así de madura y al mismo tiempo así de bonita. Pero es la presidente… No, esperen, en mayúsculas: LA PRESIDENTE. Entonces tiene un punto más, sólo imagínense su recorrido y estudio… wow, y el aroma de su piel cuando has pasado la frontera de su vestido… entonces es un 9. Pero, si tenemos en cuenta que no se puso histérica cuando el tipo le zampó su piquito detrás de la oreja, sino que lo hizo al rato y por protocolo, entonces es un 10.
________
¹La palabra “presidente”, aplica para masculino y femenino. Para eso termina en “e”, y no se dice “presidento” ni “presidenta”. Sería tan estúpido como decir “representanta”. Otras acepciones son pura histeria, no me vengan con mamadas. Hasta la capulla AI es lingüísticamente incluyente. Prrr.
¯¯¯¯¯¯¯¯
¿Te vas a quejar de algo, güerito aspirante a agente con mejor perfil para putito presidencial?
Entonces, terminaste entrando cada día al Palacio Nacional usando uniforme de traje negro y un ridículo audífono color piel en el oído. Todos llevan una Glock 28, pero tú llevas tu pistola que Dios te dio, de 24cm. No tienes el menor inconveniente en moverte por allí, todos te conocen y hasta te tratan con etiqueta. “Buenos días, Señor Gerlo” te decían los de servicios generales y secretarias. “Paco, nada más” reponías siempre tú. Las muchachas de servicios generales y algunas ejecutivas ya le traían recelo a La Presidente por todo eso que, aunque fuera de vez en cuando, ella se comía. Y de entre lo que se comía ella, lo mejorcito eras precisamente tú. Todas te sonreían, algunas con admiración, otras con insinuación. Pero todas sabían que eras exclusivo y estabas apartado. Entrabas al privado de “La Jefa” y te quitabas todo, te envolvías en una frondosa bata de baño blanca y te ponías a esperarla. Casi nunca llegaba y pasabas la noche ganando dinero sin hacer nada.
Pero a veces sí llegaba…
Claudia abrió la puerta de su privado, desde fuera. Lo único que viste, en principio, fue su bolso volar hasta uno de los sofás. Supiste instantáneamente que ella estaba estresada y que justamente por eso estaba allí. Te pusiste de pie, te alisaste la bata con las palmas sobre tu cuadrado vientre y aclaraste la garganta. Ella seguía diciendo algunas cosas a alguien, y al final se despidió e ingresó. Te lanzó una mirada de desagradable sorpresa, pero no dijo nada. Se pasó las manos por la cara y caminó lento hacia la barra, soltando un suspiro tan profundo que llenó el salón.
—¿Usted sabe servir tragos? —te dijo, sin mirarte.
—¡Es mi especialidad!
—¡Ja! Apuesto a que no —espetó Sheinbaum.
—¿Qué le sirvo, Señora?
—Se me antoja una margarita. Me la sirve y se va, joven, quiero estar sola —dijo La Presidente, descansando su frente sobre su mano.
De veras que estaba cansada, tanto física como mentalmente. Te sientes comprometido a hacer que se sienta bien, por tu propia ética como ser humano y deber como prepago profesional. Si le obedeces y te vas, es el fin de tu carrera y terminarás vendiendo tacos en Iztapalapa.
—Fue uno de esos días ¿verdad? —Le dices, con una sonrisa apenas perceptible, para no parecer burlón y sí una discreta venia.
Claudia Sheinbaum, parece esforzarse para extraer de su batería un último vatio de energía, mirarte, esgrimir su elegante mano y decirte:
—Mire, yo sé que es su trabajo y que tiene que estar aquí y todo eso… tranquilo que si se va yo no dejo que lo amonesten de ninguna manera. Está obedeciendo una orden Presidencial ¿Si? Gracias por querer hacer su trabajo, pero sírvame el trago y retírese.
Le serviste la margarita y fuiste a donde estaban tus cosas, tus zapatos uno al lado del otro y tus pantalones doblados. Pero te decides a no agarrarlos aún. Ves a Claudia Sheinbaum bajarse la margarita en dos rápidos sorbos, volverse a masajear la cara a dos manos y ponerse de pie. Ella jura que estás yéndote, obedeciendo su perentoria órden. Sin volver a mirar y segura que has de desaparecer, se quita la chaqueta y entra al baño. Allí se mira al espejo, se humedece la cara, se suelta el cabello y se recarga en el lavabo para mirarse al espejo. Ahí está ella, en su delgada blusa blanca cuyos tirantes son apenas más delgados que los del sostén. Tiene el cabello torpemente humedecido a los lados. Lees su pensamiento: «¿A qué horas se te ocurrió ser presidenta, Claudia?». Y tú piensas «No, yo no me voy de aquí. Prefiero terminar vendiendo tacos en Iztapalapa por desobedecer una orden de La Presidente que irme al infierno por abandonar a un ser humano, si puedo ayudarla». Bueno, eso dijo tu corazón puro, dentro del pecho, porque dentro de tus pantalones, otra voz decía algo así como: «Hágale, está rica ¿no?» Así que anduviste como un gato hacia ella y la sorprendiste. Ella te vio y puso de cara de «¡Ah, ¿cómo me deshago de este idiota?»
—Señora Presidenta, le pido perdón por anticipado… porque voy a tocarla sin haberle pedido permiso.
Lo dijiste y pusiste tus manos, que llevabas intencionalmente calentando varias horas, porque es tu trabajo, sobre sus delgados hombros. Mientras que a los carajitos que van a ser agentes del CNI les enseñan artes marciales, psicología criminal y manejo de armas, a tí, modelo (putito) presidencial te enseñaron a hacer masajes, psicología femenina y manejo de tu arma. Claudia Sheinbaum alzó ambos hombros en señal de rechazo, pero así mismo, al menor contacto, volvió a bajarlos dando un suspiro, un segundo después. Hacías una fuerte pinza con tus pulgares y costado del índice, empujando este con todos los demás dedos. Le hacías en los músculos de la espalda como si ella estuviera hecha de natilla navideña y quisieras sacarle pedacitos para comer. ¿Tu paga? Sí, miles de dólares al mes, pero nada, en comparación con los gemiditos de gusto de La Presidente. Y que ella se eche el cabello para adelante para que sigas con lo tuyo… bien podrías donar tu salario a una caridad… Entonces cambias de movimiento. Ya no le arrancas bocaditos sino que usas la palma de la mano para desplazar, casi arrastrar los músculos sobre los omóplatos. Los gratos sonidos bucales de ella pasaron a ser guturales, y ves a través del espejo que ella ha cerrado los ojos y ha cedido a relajarse. Ni si quiera tú mismo te das cuenta, pero mirándola unes tus labios de arriba con los dientes abajo y sientes aquella corriente sabrosa en el pubis que anuncia que se te esta parando.
De súbito, Claudia vuelve a fruncir el ceño, como luchando para no excitarse, y te pregunta:
—¿Quién te enseñó a dar masajes?
—Perdón, mi Señora, pero ¿qué importancia tiene eso justo ahora? No me diga que piensa contratar a esa persona.
Sheinbaum abrió sus ojos y te vio directo a los tuyos a través del reflejo. Te retó:
—¿No podría?
Tú, ingeniosamente, pusiste unas onzas más de presión a tus puños para que ella volviera a cerrar los ojos. Lo logras, incluso lograste sacarle otro gemidito. Dices:
—Es una señora, y no podría darle otras atenciones…
—No sea grosero o se me va de aquí —sentenció ella.
Pero tú, hombrezuelo consagrado, procedes a besar su cuello. Al principio solo rozas tus labios unidos con los vellitos de ella, esos pelitos que se desordenan por el calor donde termina su cabellera y empieza su piel. Huele a perfune consumido, calor y sudor de mujer. Te enciendes y se te para del todo. Ella hace un círculo con el hombro, en rechazo a tu mano, pero no cedes y ella… pues sí. Sigue diciendo “No…” con ese tono de “no te detengas”. Y das el brochazo final, para encenderla como pólvora:
—Señora presidente Sheinbaum, esto para mí no es trabajo.
Eureka.
La jovencita de 16 que vive oculta bajo sendas capas de madurez y recorrido, emerge como una fiera. Claudia Sheinbaum se da la vuelta, da un gruñidito y te abraza, tomándote por la nuca para presionar tu cara contra su cuello. Estás sobándole la espalda y chupándole el cuello cual vampiro.
—¡No te quedes callado! —te ordena.
—Solo una presidente puede tener su aroma —le dices, casi sin despegar tu boca de su piel.
—Y es que ¿has trabajado para muchas presidentas? —te pregunta ella, creyendo haberte atrapado.
—Si me pusieran a escoger ¡la escogería a usted!
Claudia Sheinbaum da un pequeño alarido.
Ambos caen en la cama. Pero ella, todavía queriendo verse invencible, abre los ojos y te mira con el ceño fruncido. Aprieta los dientes y te gruñe:
—¿Crees que estás dominándome? ¡Anda, dime!
—No señora.
Ella, empieza a propinarte pequeñas cachetadas, con dos centímetros y tres cuartos de impulso y fuerza insuficiente para amonestar un gato por haberse subido a la mesa y olfateado tu plato.
—Entonces ¿Qué está pasando, según tú? —te pregunta, mientras sigue dándote brutales palmadas en la mejilla.
—Usted me tiene encadenado, Señora Presidente.
—Pues le ordeno que me haga el amor —te exclama, señala con el dedo y remata dándote una última cachetada.
Te quedas mirándola a los ojos y sorpresivamente subes una mano. Le acaricias el rostro con dos dedos y le susurras:
—Yo sería su esclavo sexual aunque usted no fuera presidenta.
Suficientes palabras. Claudia Sheinbaum bajó sus manos, elevo la cintura y empezó a desabrocharse la falda.
Tú solo tenías que quitarte y arrojar la bata. Mientras Claudia Sheinbaum se desvestía, adornaba su prisa con su respiración agitada, y tú besabas cada palmo de piel que salía a la luz. Su falda verde oscuro ya estaba en el piso, y besaste el nacimiento de sus piernas y mordiste la cabeza de su fémur derecho. Te encanta hacerle eso a las mujeres delgadas. Estás encima de La Presidente de tu país, que ha quedado en pantyhose negros, panties de color oscuro y encaje claro, y se está quitando la blusa de delgados tirantes. Besas con vehemencia su vientre, bajo vientre, pubis y… aún no puedes bajar más. Pero el aroma es tan rico que te hace temer la penosa realidad de que aquella experiencia no es eterna sino pasajera. La miras y está ahí, tendida para tí, retorcida como gatita en tejado, con las costillas empinadas y el pecho erguido. Tiene un sostén de media copa. Gateas hasta ponerte a su altura y la besas en la boca. Ella corresponde exquisitamente. Tú, el putito presidencial y La Presidente, parecen una parejita de prepa, y no solo una pareja que estaba que se comía sino una que está experimentando las primeras mieles del amor y se besan a ojo cerrado habiendo echado el mundo al olvido.
Hiciste tu deber. Sigue llamándose “deber” aunque lo disfrutes tremendamente.
A la mañana siguiente, La Presidenta Claudia Sheinbaum emergió de su privado como siendo otra diferente a la que hubo entrado la noche anterior. Ese privado (contigo dentro) era como una cámara de catarsis y recarga., como una semana de vacaciones y no saber de ningún problema de la vida ni la nación, o el mundo.
—Luce usted hoy radiante, Señora Presidente —le dice su más cercana consejera.
Claudia Sheinbaum carraspea y trata de poner cara de seria, pero al final no puede y termina sonriendo de oreja a oreja. Empieza a andar con su séquito de escoltas y funcionarios, lista para otro día del trabajo más pesado del mundo. Bueno, excepto quizá ser maestro estatal.
¿Cómo se logra superar un día duro de ser La Presidente? Se necesita un güero buen mozo y con 24cm de caballerosidad.
Stregoika ©2026 (¡primer relato de este año!)
________
Este relato es de mis consentidos:
Jenny 1995

Los invito humildemente a leerlo, esperando ingenuamente que lo disfruten, y porqué no, lo compartan y comenten.
Y no se olviden de derrochar amor y dulzura, en su vida y en lo que escriban.
Bye.


Dejar un comentario
¿Quieres unirte a la conversación?Siéntete libre de contribuir!