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Heterosexual, Voyeur / Exhibicionismo

TURNO NOCTURNO

Jaqueline ama la soledad de la noche. En el almacén, entre cajas y silencio, ella es la jefa absoluta… hasta que llega David. Él es impuntual, descarado y tiene una sonrisa que desarmaría a cualquiera, menos a ella. Lo que empezó como una tediosa capacitación bajo una tormenta eléctrica, termina .
Jaqueline era la típica chica trabajadora a la que le gustaba estar sola, sin que nadie la molestara en su turno de noche. Esa tarde, por mensaje, le avisaron que tendría que capacitar a un nuevo compañero. Ella, a regañadientes, aceptó sin saber lo que le esperaba.

Se encontraba esperando en la entrada de la tienda.

—Joder, sí que se tarda este imbécil. Primer día y ya llega tarde —refunfuñó entre dientes al ver que un hombre se acercaba corriendo hacia ella. Instintivamente, se puso en guardia—. Espero que sea el tipo que contrataron; no quiero terminar atracada esta noche —pensó en voz alta.

—Hola, ¿tú eres mi compañera? —le preguntó David—. Perdón por la demora, la lluvia hacía imposible el paso de los buses —dijo apenado, saludándola con un beso en la mejilla.

Jaqueline, al notar el contacto, se apartó bruscamente.

—¿Qué crees que estás haciendo? No nos conocemos ni hace cinco minutos y ¿ya crees que tienes derecho a besarme? —dijo cruzándose de brazos—. Sí, soy tu compañera y esta será la última vez que te espere. La próxima te encargas tú de hablar con el jefe y con seguridad. Ahora vamos, que ya perdimos bastante tiempo con tus muestras de cariño —espetó antes de entrar a la tienda.

—Tenemos mil cajas por organizar —le dijo con seriedad—. Estuve mucho tiempo sola, por lo que se acumuló el trabajo. Por cierto, me llamo Jaqueline —por primera vez, esbozó una sonrisa.

—¿Jaqueline? —preguntó David, asombrado—. Tuve una exnovia que se llamaba igual —se echó a ríe.

—Qué coincidencia tan… —buscó la palabra— tan extraña. Pero no me compares; yo soy única y exigente, así que vamos a empezar con el trabajo rápido.

—Claro que no puedo compararte, tú eres más guapa —David soltó el cumplido sonriendo, lo que hizo que Jaqueline se ruborizara y casi se atragantara con su propia saliva.

—Eres muy atrevido, pero gracias. Es refrescante tener a alguien con quien hablar —le sonrió sinceramente—. Por lo general, me encanta trabajar sola, pero contigo por lo menos tengo ayuda. Ahora basta de halagos y hablemos del trabajo y de cómo sobrevivir a los turnos nocturnos. Te advierto que las noches aquí pueden ser… ¿cómo lo diría? —se quedó pensativa— interesantes.

David respondió en tono coqueto y juguetón:

—Uy, eso sí me interesa —dijo riendo descaradamente.

Jaqueline simplemente levantó una ceja y lo miró con una mezcla de sorpresa y diversión mientras un ligero rubor coloreaba sus mejillas.

—Vaya, vaya… parece que aquí tenemos a alguien con bastante entusiasmo por trabajar de noche. Pero cuidado con lo que deseas, las noches pueden ponerse complicadas.

—Si es viéndote a ti y a tu… —David no terminó la frase, pero dejó clara su mirada—, soportaré todas las noches que vengan. Entendiste a qué me referí, ¿verdad? —se rió nuevamente.

Jaqueline casi se atragantó con su propia respiración y le dio un ligero empujón en el hombro.

—Claro, idiota, te entendí. No soy tan tonta como parezco —ahora se reía ella también—. Debo admitir que cuando supe que tendría un compañero no me agradó, pero pienso que nos llevaremos bien. Aunque —hizo una pequeña pausa— no creas que voy a caer tan fácilmente con esos comentarios atrevidos, corazón.

Se dio la vuelta y continuó trabajando, enseñándole a David cómo ordenar las cajas. En un momento, Jaqueline se inclinó para levantar una del suelo. David, unos pasos detrás, no pudo evitar que su mirada se desviara.

—Si sigues mirando así —dijo ella sin voltear—, te voy a poner a trabajar el doble.

David soltó una risa baja.

—Créeme… si el turno es contigo, no me importa que sea el triple.

Siguieron trabajando hasta que, debido a una tormenta eléctrica, las luces del almacén comenzaron a parpadear.

—Joder, no me gustan estas tormentas —dijo Jaqueline, asustada—. Estamos atrapados en este almacén con la luz intermitente. Vamos, el escenario perfecto para que salga algún fantasma.

Sin darse cuenta, se acercó a David.

—Tranquila —él la abrazó suavemente intentando calmarla—, ya pasará.

Inadvertidamente, el cuerpo de Jaqueline quedó pegado al de David.

—Por cierto, acabo de sentir tu corazón —bromeó él—. Tienes un corazón duro. Has tenido que ser valiente aquí para que eso se ponga tan firme —se rió.

Jaqueline soltó una risa nerviosa y le dio un golpe juguetón, pero no se separó.

—Eres un descarado, pero tienes razón. Tantas noches sola me han vuelto muy dura —lo miró sonreír pícaramente—. No, idiota, no en ese sentido, sino en valentía —rodó los ojos—. Pero ahora tendré compañía para estos momentos incómodos… y para otras cosas también, al parecer —susurró.

Jaqueline se giró y miró a David por unos segundos. Solo se escuchaba el golpeteo de la lluvia y los relámpagos.

—Ya sé que te gusto, jefa, pero me pones nervioso —dijo David, por primera vez sin bromear.

Jaqueline sonrió con suavidad; sus ojos brillaban en la penumbra mientras un rayo iluminaba su rostro por un instante.

—Vaya… ¿tú nervioso? Eso es nuevo y hasta podría decir que me empieza a gustar.

Se acercó más, reduciendo la distancia entre ambos.

—Para alguien que no para de hacer comentarios atrevidos, es interesante verte tan vulnerable. Pero la verdad es que me gustas un poco —dijo con voz sensual—. Aunque no te acostumbres demasiado; no vas a lograr lo que quieres tan fácil.

Se dio una palmada juguetona en el muslo y se rió, olvidándose del miedo a la tormenta. David la tomó por la cintura, sorprendiéndola.

—¿Estás segura? Yo siempre obtengo lo que quiero.

Sin decir más, la besó y ella se dejó llevar.

—Parece que esta tormenta tiene sus ventajas —susurró ella tras el beso—. No creas que ganaste la partida; esto apenas comienza.

Lo atrajo hacia sí y lo besó de nuevo. Él no se hizo esperar: la apoyó contra una estantería mientras ella soltaba un gemido. Jaqueline le rodeó la cintura con las piernas.

—Juguemos entonces —dijo David, desabrochando su blusa.

—Veo que pasaremos una noche más que interesante —susurró ella al oído de él—. No sabes cuántas veces fantaseé con algo así estando aquí sola. Continúa… vamos a ver hasta dónde eres capaz de llegar.

David deslizó una mano por la espalda de Jaqueline, enganchando los dedos en el cierre del sujetador mientras la sostenía firme. El metal frío de los estantes contrastaba con el calor que emanaba de sus cuerpos. Cuando el sujetador cedió, Jaqueline soltó un suspiro entrecortado. Ella arqueó la espalda, buscando más contacto, mientras sus uñas se clavaban ligeramente en los hombros de David.

—Joder… —murmuró ella con voz ronca—. Si sigues así, voy a olvidar que estamos en horario laboral.

—Que se joda el horario —respondió él contra su piel.

Jaqueline bajó una mano y encontró la evidencia del deseo de David. Lo apretó con decisión, provocando un gruñido bajo en él.

—No juegues si no vas a terminar lo que empiezas —le advirtió.

David levantó la mirada, con los ojos oscurecidos por el deseo.

—No pienso parar hasta que ambos estemos temblando.

La bajó con cuidado y la giró con rapidez, dejándola de espaldas contra su pecho. Le levantó la falda del uniforme con un movimiento brusco pero calculado. Sus dedos se deslizaron bajo la lencería, encontrándola ya lista.

—Hostia… —susurró él, sorprendido—. ¿Todo esto desde que llegué tarde?

—Cállate y tócame —ordenó ella, empujando sus caderas hacia atrás.

David obedeció. El sonido de la lluvia y los truenos lejanos se mezclaba con el ritmo de sus respiraciones.

—David… —gimió ella—. Más rápido, por favor.

Él aceleró, llevándola al límite. Cuando sintió que ella se tensaba, se inclinó hacia su oído.

—Quiero sentir cómo llegas primero… y después te voy a poseer contra esta estantería hasta que no puedas mantenerte en pie.

Jaqueline soltó un gemido ahogado y se deshizo en sus brazos. Su cuerpo se tensó en un orgasmo que la atravesó entera. Él la sostuvo fuerte hasta que las contracciones cesaron. Aún temblando, ella lo miró por encima del hombro.

—Ahora te toca a ti —dijo con voz ronca.

Se giró y se arrodilló frente a él. Con dedos impacientes, lo liberó de su ropa. Tras una mirada cargada de malicia, comenzó a jugar con él de forma deliberada. David apoyó una mano en la estantería, soltando el aire entre los dientes.

—Joder, Jaqueline…

Ella no le dio tregua, moviéndose con un ritmo que lo volvía loco. Él enredó los dedos en su pelo, intentando no perder el control demasiado pronto, pero la intensidad de ella lo llevó rápidamente al borde.

—Voy a… —intentó advertir.

Jaqueline no se apartó hasta que él se estremeció por completo. Al terminar, ella se incorporó despacio y lo miró con una sonrisa satisfecha.

—Bienvenido al turno de noche, novato.

David soltó una risa agotada, recuperando el aliento.

—Creo que voy a pedir este horario para siempre.

Jaqueline se acomodó la ropa y le dio un beso corto pero intenso.

—Primero sobrevive al resto del turno… y después vemos si te dejo repetir.

Le guiñó un ojo y caminó hacia las cajas como si nada hubiera pasado. Sin embargo, ambos sabían que la noche apenas empezaba. Jaqueline se agachó lentamente, exagerando el movimiento, provocando a David una vez más.

—¿Sabes que estás haciendo eso a propósito? —preguntó él con voz ronca.

—¿Yo? Qué va… solo soy una empleada responsable —respondió ella con fingida inocencia—. Pero si te molesta la vista, puedes venir a ayudarme a «colocar» esto bien.

David no necesitó más. Cruzó la distancia, la tomó por las caderas y la levantó de nuevo. Sus bocas se encontraron en un beso hambriento.

—Quítate los pantalones —ordenó ella.

Él obedeció a medias; no había tiempo para más. Jaqueline lo guió y, cuando se unieron, ambos soltaron un gemido al unísono.

—Despacio no —susurró ella—. Quiero sentirte todo de una vez.

David se hundió en ella con fuerza. Jaqueline echó la cabeza hacia atrás, soltando un grito que se fundió con un trueno.

—Joder… estás tan caliente… —gruñó él.

—Muévete, David. Hazlo como si no hubiera mañana.

La embistió con energía, haciendo que la estantería temblara peligrosamente. Jaqueline se aferraba a él, mordiéndose el labio para no gritar demasiado alto.

—¿Te gusta así, jefa? —preguntó él entre jadeos—. ¿Te gusta que lo hagamos contra las cajas que tanto odias ordenar?

—S-sí… joder, sí… no pares… —su voz se quebró cuando él encontró el punto exacto.

El clímax llegó para ambos con una intensidad arrolladora. Se quedaron así varios segundos, unidos y exhaustos, con la lluvia como único testigo. Cuando por fin bajó al suelo, a Jaqueline le fallaban las rodillas.

—Creo que acabamos de romper varias normas laborales —dijo David con una sonrisa cansada.

—Y varias cajas también —señaló ella riendo—. Esto va a ser un problema para limpiar antes de que llegue el turno de la mañana.

—Tranquila. Yo me encargo de las pruebas del delito —dijo él guiñándole un ojo—. Tú solo encárgate de seguir siendo la jefa más sexy del mundo.

Jaqueline le dio un último beso lento.

—Bienvenido oficialmente al equipo, novato. Y que sepas que esto no fue un hecho aislado.

—¿Entonces tengo permiso para llegar tarde todas las noches?

—Llega tarde otra vez y te hago trabajar el triple… pero sin el premio.

Se miraron con complicidad y volvieron al trabajo. Sabían que el resto de la noche sería larga, y ninguno de los dos pensaba desperdiciarla durmiendo

 

7 Lecturas/12 marzo, 2026/0 Comentarios/por Nomore22
Etiquetas: chica, compañera, compañero, orgasmo, primera vez
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