Una mamá pervertida y sus hijas 2
Una mamá lleva a sus hijas a una espiral de perversión .
La vida continuó y mi perversión solo crecía. Decidí llevar a mis hijas a una fiesta en un club privado, donde sabía que habría otros depravados como yo. Emily y Jimena, aún recuperándose de las experiencias anteriores, me miraban con ojos tristes y asustados, pero eso solo me excitaba más.
Llegamos al club y nos recibió un hombre con una máscara de cuero. «Bienvenidas, señora. Sus hijas son muy hermosas. Estamos listos para comenzar el espectáculo,» dijo con una sonrisa siniestra. Asentí, empujando a mis hijas hacia él. «Hagan lo que quieran con ellas, pero asegúrense de que me den un buen show.»
Las llevaron a una habitación oscura y las ataron a una cruz de madera. La música retumbaba y las luces parpadeaban, creando un ambiente infernal. Empezaron a azotarlas con látigos y correas, dejando marcas rojas en su piel blanca. Mis hijas gritaban de dolor, pero yo solo sentía placer al verlas sufrir.
En otra parte del club, un grupo de hombres y mujeres se reunieron para una orgía. Me invitaron a unirme, y acepté, llevando a Emily y Jimena conmigo. Las forzaron a participar, tocando y siendo tocadas por desconocidos. Los gemidos y gritos llenaban el aire, y yo me perdía en el éxtasis de la perversión.
Después de la orgía, nos llevaron a una sala privada. Allí, un hombre con una máscara de cerdo se acercó a mí. «Quiero comprar a tus hijas para una noche,» dijo, su voz distorsionada. «Puedes hacer lo que quieras con ellas, pero quiero que las devuelvas intactas,» respondí, sabiendo que mi dinero y mi placer eran lo más importante.
El hombre asintió y se llevó a mis hijas a otra habitación. Escuché sus gritos y sollozos a través de las paredes, pero no me importaba. Solo pensaba en el dinero y en la próxima oportunidad de humillarlas y usarlas para mi propio placer.
Al día siguiente, el hombre devolvió a mis hijas, magulladas y exhaustas. Les di una bofetada a cada una. «Váyanse a bañar, perras. Tienen que estar listas para el colegio,» ordené. Ellas obedecieron, arrastrando los pies mientras se dirigían al baño.
Mientras se bañaban, me senté en el sofá y me masturbé, imaginando todas las formas en que podía seguir usando a mis hijas para mi propio beneficio. La vida era perfecta, y yo estaba en la cima del mundo, controlando a mis pequeñas marionetas de carne y sangre.
Espero les haya gustado, aparezco como morbosoyperverso en telegram si alguien tiene alguna sugerencia o quiere comentar algo sobre los relatos


(9 votos)
Dejar un comentario
¿Quieres unirte a la conversación?Siéntete libre de contribuir!