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Fantasías / Parodias, Heterosexual, Incestos en Familia

Yo de 14 años y mi prima de 8 años

Mi tía me deja con mi pequeña prima, y entre juego y juego acabamos follando en su cama.
Vivo en una zona pobre de la ciudad, cerca al cerro, donde normalmente no tenemos agua potable. Las casas solo tienen techos de calaminas y cuesta trabajo llegar hasta el centro de la capital. Aunque mi situacion no es tan lamentable como la de mi tia, que tiene una hija de ocho años y otro hijo recien nacido. Vive a dos casas de la nuestra, pero a mi madre no le gusta conversar mucho con ella despues de que mi tio, decidiera abandonarla. Nunca supe por qué mi tio hizo eso, pero según mi madre fue porque estaba harto de vivir en la capital. Debo aclarar que somos de provincia por lo que no es facil para nosotros en una ciudad tan grande.

Un dia, luego de pelear con mi mamá porque estaba pasando mucho tiempo en el celular jugando, me dijo que aprendiera a ganar algo de dinero ya que no me iba a mantener toda la vida. Ese dia estuve pateando latas afuera, y casualmente pasé por casa de mi tia. La vi preocupada, entonces la saludé.

– Hola tia, ¿cómo esta?

Mi tia correspondió mi saludo pero inmediatamente ingreso a su casa que era apenas una habitacion. Escuché que su hijo pequeño lloraba. Me acerque hasta la entrada y vi a mi prima alistando algunas cosas dentro de una bolsa.

– ¿Sigues aquí? – dijo mi tía.

– Si tía. Disculpe ¿Le ayudo en algo?

De pronto, mi tía pensó un poco, y me dijo: Si, por favor.

Me pidió si por favor si me podia quedar con mi pequeña prima Maricielo de ocho años, mientras ella llevaba al bebe al hospital, que tenía fiebre desde anoche. Seria más facil para ella si solo viajaba con el bebé.

– ¿Podrías? ¿O se lo tengo que pedir a tu mamá ?

– No te preocupes tía, yo puedo.

Maricielo se me acercó y me saludó. Antes cuando todavía mi tio vivía con ellos, yo jugaba con ella pero en los ultimos meses desde que él habia abandonado el hogar, teníamos prohibido visitarnos.

Mi tia salió rapido con el bebe y la bolsa, dejándome solo con Maricielo.

– ¿Jugamos entonces? – me dijo.

En el ultimo año yo habia dado un estirón y habia quedado irreconocible para muchos menos para Maricielo que seguia considerándome como alguien de su edad a pesar de que yo ya tenía catorce años.

Ella desde luego seguia teniendo la misma mentalidad de niña, pero yo ya estaba viendo otras cosas. Me dijo para jugar a la mamá y al papá como siempre a lo que yo accedí más por aburrimiento que por entusiasmo.

Entonces llegó el momento en que debíamos dormir juntos y nos fuimos a la cama a meternos bajo las sabanas como siempre lo habíamos hecho, pero de pronto al tenerla tan cerca descubrí que mi verga se paró al roce de su cuerpo.

Estaba desconcertado, no pensé que mi prima tan pequeña podía despertar en mi una ereccion porque normalmente siempre me estaba masturbando viendo revistas porno que escondía de mi mamá, o muchas veces en el celular cuando lograba cargar algún video, y ahí las mujeres eran mucho mayores que yo. Nunca había imaginado que podía excitarme una niña

Maricielo no tenia tetas aún pero su culito era redondo y bonito. De verdad que me provocó mucho unas ganas irresistibles de comérselo.

– ¡Oye maricielo! hace calor – dije.

– Sí. ¿Qué tiene?

– ¿Y si nos quitamos la ropa?

Ella no respondió al principio pero luego lo pensó:

– Como hacen los esposos ¿no?

Entonces vi que se quitó su playera de tiras, y se bajó el buzo.

– Tú tambien – me dijo.

Me quité el short y la playera. Entonces traté de esconder mi ereccion pero ella se dio cuenta:

– ¿Qué te pasa?

– Nada – respondí.

Ella movió su cuerpo hasta donde estaba mi verga y entonces se dio cuenta.

– Estás hinchado – dijo –  ¿Estás enfermo?

– No. No es eso, sino que tengo ganas de pajearme.

Ella pareció entender un poco.

– ¿Quiere decir que quieres hacerlo como los adultos?

– Sí, igual. ¿Cómo lo sabes?

– Es que he visto como lo hacían mis papás, antes de que se fuera.

Era normal que haya ocurrido porque todos vivían y comían en un mismo cuartucho. De pronto, en medio de la habitacion sentí deseos de besarla.

– ¿Y cómo se empieza? – dijo.

– ¿A que te refieres?

– O sea ¿Cómo se hace eso?

De verdad parecía interesada pero ni yo mismo sabia hasta ese momento como debía follarla porque sólo me habia masturbado desde que descubrí lo rico que era eso.

– No sé – dije.

– Se suben uno arriba de otro, eso sé.

– ¿Quieres intentarlo?

Ella lo pensó: Creo que podemos. Somos como esposos ¿no?

Entonces yo me subí y comencé a tocarle el cuerpo. Ella se rió:

– Me da cosquillas.

–  ¿Puedo quitarte el calzon?

– ¿Sin ropa?

– Sí.

– Está bien.

Le bajé el calzon y ella me bajó el canzoncillo.

Mi verga no dejaba que estar erguida hasta que de pronto sentí mi glande humedo abriéndose mientras le rozaba su vientre:

– ¿Te estas orinando? – me dijo.

– No. No. Es que me salen gotitas cuando tengo ganas de masturbarme.

– Bueno. Creo que debes moverte ¿no?

– Sí – dije.

Maricielo tímidamente acercó su carita hasta la mía y me dio un beso. Sentir su boquita con la mía me hizo excitarme más, entonces empecé a besarla más mientras mi verga trataba de encontrar la conexión perfecta con esa conchita que no dejaba de moverse bajo mi peso.

Maricielo era delgada, con el cuerpo suave, los ojos grandotes y el cabello lacio y negro. No podia creer que mi primera vez sería de esa forma, y menos pensar que sería con mi propia primita que poco a poco empezaba a sentir la misma excitación que la mía porque su cuerpo se iba calentando cada vez más:

– Es raro – dijo – me pica abajo.

– ¿Dónde?

– En mi vagina.

-Te puedo rascar – dije.

Ella movió la cabeza aprobando mi reaccion y comencé a tocarle la entrada de la vagina que ya estaba húmeda:

– Tú tambien estas mojandote – dije.

Ella me pedia que siguiera tocándole.

– Tengo una idea mejor – dije.

– ¿Cuál?

– Te rasco ahí con mi pene.

– Está bien.

Y asi empecé a puntearle poco a poco. Yo habia visto cómo era el sexo en las revistas de mi papá, donde el hombre le metía toda la verga dentro de la vagina de la mujer, pero esto era distinto, porque Maricielo no tenía los labios vaginales abiertos como yo habia visto en el porno.

– Casi no tienes vagina – le dije.

– ¿Cómo asi?

– Es que yo sé que se puede meter todo el pene ahi adentro.

– ¿Así es ?

– Sí, pero no creo que te alcance mi verga

– Inténtalo.

Ella trato de ver bajo las sabanas cómo mi verga entraba pero apenas podia rozarle los labios vaginales, tersos y sin vellos.

De pronto, ella abrió la piernas.

-Si – dije – tal vez es la posición.

Entonces recordando una posicion en una revista porno, le dije que se pusiera de perrito, y así lo hizo.

Fue ahí cuando poco a poco sentí que el cuerpo de Maricielo se iba abriendo ante cada punteda hasta que en un momento en que yo ya no pude aguantar más, logré penetrarla haciendo cierta presión.

Ella lanzó un grito ahogado y mi pene se deslizó dentro de ella.

– Me duele – dijo.

Entonces se la saqué y descubrí que traía la conchita roja.

– ¿Quieres que paremos?

– ¡No! Me gustó pero duele un poco.

Al rato volvimos a intentarlo pero esta vez ella se subió sobre mi.

– Es como en los caballitos – dijo.

– Sí, pero ¿mejor no?

Y ahí Maricielo comenzó a excitarse cada vez más y poco a poco el roce de su vagina provocó que eyaculara dentro de ella. Lance un gemido ahogado.

– ¿Qué pasó? – dijo.

– Es que creo que me salio la leche – dije.

Ella se levantó y vió como iba saliendo mi esperma desde dentro de su vagina.

– ¿Está bien eso? – preguntó.

– Se sintió rico para mi – respondí.

– Bueno, es un poco raro pero se sintió rico también.

Luego volvimos a echarnos. El techo de calamina recalentada me dio pereza. Estuve a punto de quedarme dormido.

– ¡Oye! – dijo de pronto Maricielo.

– ¿Qué?

– ¿Me puedes volver a besar?

Me incliné hacia ella y la besé largo rato

– ¿Seremos novios ? – preguntó.

– ¿Quieres? – dije.

– Sí. Así podemos hacer esto siempre, me gusta mucho este juego.

Entendí que le habia gustado el sexo tanto como a mi. Y ahí nuevamente se me puso dura otra vez.

– ¿Quieres probar otra vez? – pregunté.

– Sí.

Entonces me recosté sobre ella y empecé a buscar la entrada de su vagina mientras ella veia con curiosidad como le entraba mi verga. Su conchita seguia ajustada como cuando se la metí pero igual mi pene pudo entrar de nuevo. Ella soltó un gemido.

Maricielo comenzó a mover sus caderas mientras me agarraba de la cintura. Poco a poco iba excitandose.

Comencé a moverme mientras mis testiculos alcanzaban a rozarle su pubis lampiño.

Ella me miró con sus ojitos tiernos y me empezó a besar cerrando sus párpados.

– Te gusta mucho mi pinga ¿no? – le dije

Ella movia la cabeza afirmativamente pero en silencio.

Yo me movía más deprisa sobre ella, sintiendo cada vez más la humedad de su vagina recién estrenada hasta que nuestros cuerpos empezaron a sudar. Sentí su agitación, su respiración ahogada por los pequeños suspiros que lanzaba, entonces ya no pude más y volví a soltarle otro chorro caliente de semen dentro de ella.

Me quedé tendido sobre su dulce cuerpo a la espera de que el mundo se acabara porque ninguna otra cosa me importaba mas que seguir a su lado. Ella me abrazó y quedamos asi un largo rato.

Horas despues cuando ella ya se estaba cambiando, oí que mi tia volvía. Ayudé rapidamente a Maricielo a terminar de cambiarse, y le puse sus sandalias. Mientras se las iba poniendo en sus deliciosos pies le dije:

– La próxima vez te lamo todito el cuerpo.

– ¿En serio?

– Sí, pero no se lo podemos contar a nadie, ¿prometido?

Maricielo asintió con la cabeza y así quedamos como novios primerizos.

Desde entonces, pude cachar rico con mi primita todas las veces que pude. Pero pocas veces en su casa o en la mia. Nos íbamos por una casa abandonada que quedaba cerca y ahi follabamos de pie sobre una pared. Ella de espaldas agarrándose del muro y yo bajandole su pantaloncito de licra y metiendole mi verga:

– Levanta la colita, mi amor.

– Métemela. Se siente rico.

Siempre terminaba vaceandola adentro pero al final le hacia expulsar mi leche y le limpiaba con papel higienico la conchita. Siempre llevaba para limpiarla bien y no levantar sospechas.

Asi me hice enamorado de mi pequeña primita que estaba más rica que cualquier chica de mi edad. Pero como las cosas no duran, mi tía decidió volver a provincia harta de las dificultades, cuando Maricielo cumplió los nueve años. No se despidieron, ni de mi familia ni de mi.

Los años han pasado y ahora trabajo en un supermercado desembalando cajas. Espero juntar lo suficiente para visitar a Maricielo, que estoy seguro aún me recuerda y de todo lo rico que la pasamos cada vez que cachabamos en esa casita abandonada.

 

9 Lecturas/2 abril, 2026/0 Comentarios/por Locurafetiche
Etiquetas: hija, hijo, madre, mayores, primita, sexo, tia, tio
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