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Heterosexual, Voyeur / Exhibicionismo

📖 Días de un Mirón | Cap 2 | Upskirt apabullante

Upi de mina de ±11 se apodera de mi comportamiento.
Relato breve sobre una morra mostrona que vi por ahí.

©Stregoika 2021

Hoy salí a tomar un poco de sol, porque en esta ciudad puede helar por la mañana hasta congelar los huesos y por la tarde calentar como para quemar la piel. O sea que estaba congelado y quería sentir el sol.

Me paré en las gradas de la cancha del barrio y vi que había una nena de unos 12 años asoleándose las piernas. El sol de la tarde se le debía meter entre esa falda blanca. Estaba con quien asumo, era su madre. Yo, que he amado las culi-cagadas desde hace unos 15 años, ni corto ni perezoso fui a pararme detrás de las rejas de uno de los arcos, a que me diera el sol en la espalda y a ver a la nena de frente. Me quedaba lejos, unos veinte metros, pero como el sol le daba de frente, pude verla bien. En el nombre de Dios que era hermosa, de piel blanca como la yuca, piernas largas y de volumen perfecto. Su carita era linda, delgada, sonreía muy lindo y tenía (la vería de cerca al rato) las pestañas largas y paradas. Llevaba el pelo amarrado en una apretada coleta de caballo en lo alto de la coronilla. Yo, como tenía puesto el tapabocas, aproveché para decir unas cosas sucias, lo cual me calienta. «A ver, diosa hermosa, muéstrame el paraíso, bebé». Tenía una chaqueta en la mano, que supuse, era para cubrirse las piernas y no “mostrar todo”, pero obviamente quería que el sol le calentara sus delicias. Pero, como ya sabrán, parte del encanto de “ver los cucos” o ver un “upskirt”, es que es muy difícil. El ángulo correcto es muy estrecho y muy arriesgado. Desde donde yo estaba, podía verle sus muy largos muslos hasta adentro pero cómicamente no podía verle su “triangulito”. La nena se movía y me provocaba sin dejarme ver más. «Ábrete para papi, mi amor» dije. Y después dije «Uhy hijueputa, MAMASITA» cuando al fin flasheó su entrepierna con panty blanco como la nieve. Sentí que se me iba a parar tremendamente, por lo que respiré y me moví. No son usuales las erecciones sin contacto en mi persona, tiene que ser con un fetiche doble como ese (pre-adolescente + upskirt) para que se me ponga cañón.

La nena y su madre se levantaron y se fueron, pero al rato volví a verlas más de lejos aún, e ir a sentarse en las escalas del atrio de la iglesia, que son más bajitas que las gradas de la cancha. Otra ves, ni corto ni perezoso, me fui para allá. Esa nena definitivamente quería asolearse el coñito. Me recargué en una señal de tránsito a verla desde el otro lado de la calle y la vista era mucho mejor. Ella estaba comiendo helado y estaba sentadita en un escalón. Podía yo verle ese diminuto triángulo blanquito bajo sus muslos espectaculares. Otra vez se me empezó a poner duro, pero a diferencia de hacía unos minutos, no lo reprimí sino que lo disfruté. Estaba demasiado emocionado por ver eso tan hermoso (pasa cuando mucho una par de veces al año, de hecho; me acordé de una colegiala que vi sentada en la escalera de un bus atestado. Estaba tan abierta que no se le veía el “triangulito” sino todo desde la cola hasta el pubis ¡qué provocación!).

A veces pasaban buses y me daba rabia que me obstruyeran el espectáculo, o transeúntes se estacionaban a hablar por teléfono u otra cosa y me daba más rabia. Hasta me movía sin vergüenza para seguir viendo, pero como dije, el ángulo de un upskirt es muy, pero muy estrecho. Después de pocos segundos volví a tener todo el panorama. Y seguía diciendo cosas dentro de mi máscara, como: «¡Qué rico!» o «Mamasita, te la mamo como la tengas ahí, amanecida, sudada, meada…» y repetía «Muñeca, ábrete para papi, bebé ¡ábrete para papi!» Y creo que la telepatía funcionó. La nena se abrió. El sol entró entre esas magníficas piernas de nenita y acarició esos cucos blancos desde arriba hasta abajo. Se me paró del todo. Lejos de intimidarme por que me descubrieran, me excité más. Me resolví a caminar, pues sería un idiota si por miedo me perdiera de semejante espectáculo de cerca. Crucé la calle sin mirar (ni siquiera si un carro pudiera aporrearme), solo con los ojos fijos en el delicioso entrepierna de la nena. Llegué a las escalas del atrio y me acerqué a ella. Ella chupaba su helado. Yo iba directo hacia el medio de sus rodillas. Dos metros… uno y medio… un metro «¡mamasita! ¿Qué es todo eso? Por Dios, ¡qué rico!» treinta centímetros «Está nena está mostrando lo que se llama TODO», veintinueve centímetros… cambié de dirección. Es el destino de nosotros los mirones. Mirar y pasar saliva, y matarse a pajas. Me regresé sin la menor duda, ni siquiera que otras personas me vieran errando como loco (ya alguna vez me sorprendieron viendo bajo una falda de bruja en un halloween y fue muy peligroso y vergonzoso). Pero las ganas le pueden al miedo. Vi durante unos diez segundos más ese esplendoroso upskirt de nenita, hasta que se levantó y se fue.

Sin exagerar ni mentir, me sentí enamorado. Quería seguirla a ver dónde vivía y eso, pero ya habría sido demasiado. La vi alejarse con su madre calle arriba, meneando ese culito lindo bajo su falda de mezclilla blanca, que ni siquiera era muy corta. Entonces vino la ansiedad, luego el existencialismo y luego la depresión (con la que escribo estas líneas). Desear tanto algo que es imposible de conseguir es una mierda como no imaginan. Tener un deseo tan entrañado y ardiente que no puede ser satisfecho, se siente como una puñalada con un cuchillo mojado en ácido. Se gasta demasiada energía reprimiéndose y el agotamiento emocional es inevitable. Por años luché para quitarme ese deseo pero me di cuenta de que es imposible. Así que preferí acostumbrarme al puto destrozo emocional que me deja el arrecharme tanto sin más desfogue que una paja y quizá escribir un relato erótico.

Fin

_____
Notas editoriales:
➣Aquí hay 🔗una imagen ilustrativa. Es una de esas modelos de los 2010s, de una de esas agencias que usaban modelos underage. Estos eran álbumes para pasarse las manos por la cara y preguntarse si era verdad, y preguntarse dónde era y qué decían los papás. Pongo la imagen para que sepan que eso, un upskirt preadolescente, es pero en serio de lo más hermoso que pueda haber para observar.

➣Ese atrio de iglesia sigue siendo un santuario no sólo católico sino para mirones, en especial durante tardes soleadas. Justo ayer hubo primeras comuniones y bautismos, y una de las jóvenes visitantes, de unos 12 años, le pongo yo, estaba allí sentada, en medio de sus padres, que estaban embobados con sus smartphones. Yo iba con sombrilla, justamente por el sol, y al ver de improviso el upskirt de esta fabulosa minita en minifalda negra, me paré como si me hubiera caído un rayo. Bajé la sombrilla unos quince centímetros para ocultar nuestas caras la una de la otra, y poder ver sus maravillas sin ser visto. Los primeros segundos, uno mira sin dar crédito. A veces la vida le da un regalo a tus ojos ¿Por qué no? Esta mina estaba sentada en un escalón bajo, con las rodillas más alto que la cadera. No me lo van a creer: Era atlética, morra que hace deporte o va al gimnasio, porque se veía cómo nacían sus piernas en ángulo en vez de tener una curva. Se le veía el área del pubis y el perineo hasta perderse este entre las nalgas. Ella tenía las rodillas juntas pero los pies muy separados. En medio, se veía muy nítido y con toda la luz del sol, un panty de tela delgadísima, tanto que parecía mojado. No exagero. A veces uno exagera para arrecharse más, y así mismo hay otras veces que uno tiene qué aclarar que no exagera. Era un panticito blanco «seamless», sin costuras, allá estirado desde abajo hasta arriba encima de los más delicioso que poderos imaginar. Estirado, formando una franja angosta que dejaba ver un poco de piel a cada lado. Y todo ello rodeado por el negro de la falda, no dieseñada para que quien la use se siente en un escalón.

Hubiera quedádome mirando hasta que ella se levantara, sobre todo por la bendición de la sombrilla… pero yo no iba solo. Con quien iba, seguía hablando conmigo y me agarró del brazo fuerte para que no cayera, pues había segudo yo andando despacio pero sin mirar otra cosa que esos cucos, y no miraba dónde ponía los pies. Ignoré una escalón de bajada.

Siguiente: Así se fabrica un pervertido.

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📖 Días de un Mirón | Intro y Cap 1 | Percepción de un mirón

1167 Lecturas/11 diciembre, 2025/0 Comentarios/por Orlok82
Etiquetas: adolescente, bus, culito, culo, iglesia, madre, metro, puto
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