Bendita Perversion: Esperando a Magda 1er parte.
siete meses después de embarazar a su cuñada, Ximena. Con la llegada inminente de su hija, Damián aprovecha para profundizar su relación depravada con el hijo de Ximena, Joaquín, y su pequeña hija, Preciosa..
Este capítulo narra la creciente perversión de Damián, siete meses después de embarazar a su cuñada, Ximena. Con la llegada inminente de su hija, Damián aprovecha para profundizar su relación depravada con el hijo de Ximena, Joaquín, y su pequeña hija, Preciosa. El relato culmina con Damián llevando a la beba a un «paseo» con un amigo fotógrafo y su hija adolescente, donde la inocencia de Preciosa es expuesta a un nuevo nivel de depravación a cambio de un trato perverso.
Siete meses habían pasado desde aquel mañanero orgiástico que selló el destino de Ximena. Siete meses de coitos furtivos y sexo sucio con Joaquín, donde mi semen había buscado, y finalmente encontrado, su camino hacia un nuevo vientre. La panza de Ximena ya no era disimulable; una esfera prominente que albergaba a mi nueva cría, una nena que, según la ecografía, venía a completar la triada de putitas que el destino me había regalado en esa familia.
Joaquín, mi pequeño príncipe de ocho años, ya había superado la fase de sentirse cohibido por la escuela. Ahora, para él, el colegio no era una tortura, sino un coto de caza, un lugar lleno de pijas que podría provocar para su placer. Su perversión, alimentada día a día con mi pija y mi meo, crecía al ritmo de mi pija. Se había vuelto un putito descarado y astuto.
Y lo mejor de todo era la imbecilidad del cornudo de su marido, Fernando, que creía a pie juntillas que la semilla que crecía en Ximena era suya. ¡Pobre boludo! Yo era el único que sabía que esa pequeña puta en camino llevaba mi sangre, mi ADN de cerdo.
Hoy, Ximena estaba en las últimas semanas del embarazo, con esa típica pesadez que no le permitía moverse con soltura, por lo que me había ofrecido a buscar a Joaquín en casa para llevarlo a la escuela. Un simple favor que siempre terminaba en un juego morboso.
Llegué a la casa a la hora convenida, la calentura ya me mordía. Toqué el timbre y Ximena abrió, apenas cubierta por un camisón holgado que no podía ocultar la inmensidad de su abdomen. Se veía agotada, pero sus ojos de puta brillaban con la misma lujuria de siempre.
X: ¡Damián! Justo a tiempo. Estoy que no doy más, boludo. Esta puta se me cae encima –dijo, acariciando su enorme panza con una sonrisa lasciva.
D: Mmm, qué rica panza de yegua preñada. Y mi semilla bien adentro. ¿Qué te hace esta hermosura hoy, mami? –Me acerqué y le comí la boca, clavando mi mano en su nalga regordeta. El camisón no tenía bombacha, y mi dedo encontró enseguida su entrada, húmeda y receptiva.
X: ¡Ay, Damián! ¡No podés ser más cerdo! Recién me levanté… –gimió, empujando su pelvis contra mi mano. –Me duele el vientre, pero no de este putito que está por nacer, sino de la falta de tu pija. Estoy re caliente, boludo.
D: Y yo que no doy más de ver esa panza. Mi hijo me está volviendo loco. ¿Dónde está mi putito, para que le dé unos besos antes de la escuela?
En ese momento, un pequeño torbellino apareció por el pasillo. La pequeña Preciosa, de un año y ocho meses, ya caminaba y balbuceaba. Con su pañal y una remera de algodón, se acercó a mí con los ojos brillantes.
P: ¡Tío Dami! ¡Leche! ¡Leche! –chilló la ninfa, estirando sus bracitos hacia mí. Su boquita, que ya conocía la forma de mi pija, buscaba mi pecho.
D: Mmm, mirá a mi ninfa. ¿Querés la leche del tío, mi amor? –La levanté en brazos y le di un beso ruidoso en el cuello, sintiendo su olor a bebé y leche materna. Preciosa, sin dudar, apoyó su carita en mi hombro, balbuceando con ansias.
X: ¡Ves! ¡Te lo dije! El instinto putito de esta familia es increíble. Dale un beso, que se emociona de verte.
D: Preciosa, no tengo leche ahora, pero si me das un besito, el tío te da lengua. –Me acerqué a su carita y le di un beso profundo en la boca, sintiendo su pequeña lengua, tan dulce e inocente.
P: ¡Besito! ¡Rico! –dijo la pequeña, sonriendo con picardía infantil, y luego se colgó de mi cuello, sus manitas tocando mi entrepierna por encima del pantalón.
X: Dale, Damián, aflojá con la bebé. Joaqui está en el cuarto, preparándose. Si tardás mucho, vamos a llegar tarde.
D: Unos minutos más no le hacen mal a nadie. Además, tu hijo va a la escuela para que aprenda a ser un buen putito. –Dejé a Preciosa en el suelo, que enseguida se agarró de mi pierna, y caminé hacia el cuarto de Joaquín.
Lo encontré vestido con el uniforme, la camisa de la escuela a medio prender, sentado en la cama. Al verme, sus ojos se iluminaron con esa mirada de putito excitado que ya conocía.
J: ¡Tío, viniste! ¡Mami dijo que me llevabas vos! –Saltó de la cama, corriendo a mis brazos.
D: Sí, mi príncipe. Vine a llevar a mi putito a la escuela. ¿Me extrañaste? –Lo agarré de la cintura y, a pesar de la presencia de Ximena y Preciosa, le di un beso de lengua profundo y húmedo.
J: ¡Sííí! ¡Mucho! Hoy tengo que conseguir leche, tío. En el recreo voy a provocar al profesor de gimnasia, o a algún pibe de quinto. Me voy a poner la tanguita negra que me prestó mamá bajo el pantalón, para que se me note.
D: ¡Ese es mi putito! Inteligente y provocador. Que se den cuenta en la escuela quién es el hijo del semental. Pero no te olvides de mí, ¿eh? –Le comí la boca de nuevo, más profundo.
J: ¡No, tío! A la salida me esperás. Quiero tu pija, tu leche, todo.
X: ¡Joaquín! ¡Cállate y terminá de vestirte! ¡Estamos apurados! –gritó Ximena desde la puerta, con una sonrisa de puta en la cara.
D: Dejalo, Xime. Que se excite. Así tiene algo en qué pensar en clase. Dale, mi putito, terminá de vestirte. Te espero en el auto. Pero antes, un besito más.
Le comí la boca de nuevo, más profundo, y luego, con la excitación a flor de piel, me separé y caminé hacia la puerta, sintiendo la mirada lujuriosa de Ximena en mi espalda y la pequeña mano de Preciosa jugueteando en mi pantalón. Era un buen inicio de día. Mi estirpe de cerdos perversos seguía creciendo y reproduciéndose.
Me senté en el sillón de la sala, sintiendo el calor de mi excitación. Ximena se acercó con esa pesadez de los últimos meses, su panza enorme dominando la escena. Se dejó caer a mi lado, soltando un suspiro de alivio. La pequeña Preciosa, al verme, vino gateando y se sentó en el suelo, entre mis piernas, mirando la panza de su mamá con curiosidad.
D: Vení acá, mi yegua preñada. Dejá que tu tío papá Damián le dé un beso a su cría. —La abracé y acerqué mi cara a su vientre. Olía a sudor, a leche agria y a esa humedad sexual que siempre la acompañaba. Besé la tela del camisón, justo donde sentía el bulto más firme de la beba.
X: ¡Ay, qué tierno mi cerdo! Cuidado, que esta se mueve mucho. Debe estar sintiendo la pija de su verdadero papá. —Dijo, su mano sobre la mía en su vientre, acariciando la piel tensa.
D: ¿Te gusta que te mime, mi amor? ¿Sentís a tu tío papá Damián? Sos una putita muy afortunada, porque antes de nacer ya sabés que tu concha y tu culito son de tu tío papá. —Le hablé a la panza, mi voz baja y ronca. Sentí una pequeña patada, y me reí. —¡Ves, Xime! ¡Ya está contestando! Le gusta que le hable de mi pija.
Preciosa soltó una risita aguda, balbuceando algo ininteligible y tocando la panza de su madre con su manita. Parecía entender la complicidad.
X: ¡Jajaja, es idéntica a mí, Damián! Puta desde la panza. Le gusta que le hablen sucio. Sabés lo que le conté, ¿no? Le cuento cómo te chupa la pija su hermano, y cómo la mamá la cabalga. Le digo que cuando nazca, va a tener que compartir la leche de mami y también tu semen.
D: ¡Esa es mi trolita! Tenés que prepararla para el mundo, mi amor. Va a amar la poronga. —Acerqué mi boca al vientre y le di un beso ruidoso. —Y cuando salgas, mi amor, vas a ser la ninfa más hermosa de todas. Y tu hermanito Joaquín te va a enseñar a chupar la pija de tu tío papá.
X: Sí, mi amor. Joaquín ya me preguntó si cuando nazca la puede lamer. Dice que le gusta el olor a bebé y que quiere enseñarle a su hermanita cómo se chupa una buena verga. ¡Es un putito tan tierno!
D: Me muero de ganas de verla mamándome, Xime. Y de ver cómo le rompo ese pequeño útero. Va a ser la primera a la que le enseñe a ser una puta. —Le dije, con una sonrisa maliciosa, mientras Ximena jadeaba.
X: ¡Ay, Damián, sos tan asqueroso! Me encanta. Mirá cómo me mojás la concha con solo hablar así. Dale, contale algo más sucio a nuestra hija. Contale cómo vas a abusar de ella en la cuna.
D: Mmm, sos una perra. Está bien. Escuchame bien, mi amor. Cuando nazcas, tu tío papá te va a poner a dormir en la cuna, y te va a meter el dedito en la concha, para que se te vaya abriendo, y te voy a mear en la boca, para que sepas lo que es el sabor del semen de tu papá. Y tu hermano, tu putito hermano, va a estar al lado, lamiéndote el pañal. ¿Te gusta la idea, mi amor? —Sentí otra patada.
X: ¡Ves! ¡Le encanta, Damián! ¡Está excitada! Dale, apretá mi panza. Hacé que sienta la mano de su papá perverso.
Apreté su vientre, sintiendo a la bebé moverse bajo mi mano. Preciosa, abajo, miraba con sus ojos inocentes, riendo con ese balbuceo de ninfa. La promesa de perversión flotaba en el aire, sellando el destino de mi nueva cría.
qPreciosa, abajo, balbuceó, señalando con su pequeño dedo mi entrepierna por encima del pantalón.
P: ¡Pita, tita! ¡Damián, tita rica! —dijo, con esa voz de ninfa que me derretía. La palabra, apenas formada, resonaba como una orden perversa.
D: Mmm, mirá a mi ninfa. ¿Qué quiere la bebé? ¿Quiere la pija del tío papá? —Me reí con malicia. Me desabroché el pantalón y el bóxer, liberando mi verga, que se irguió dura al instante. Preciosa, sin dudar, soltó una risita y se abalanzó, agarrando mi glande con sus dos manitas y llevándoselo a la boca.
P: ¡Rico, mami, tita! —masculló, succionando suavemente mi punta, su lengua pequeña y dulce girando con torpeza.
X: ¡Ay, Damián! ¡Mirá a mi bebé! ¡Es una puta idéntica a mí! —Ximena gimió, apretando mi muslo con su mano. Su respiración se aceleró. —¡Dale, metela bien en esa boquita! Y yo… ¡yo también quiero algo!
Mientras Preciosa succionaba mi pija, acerqué mi mano libre al vientre abultado de Ximena. La tela del camisón era fina, y mis dedos se hundieron en la carne tensa. Acaricié la panza, sintiendo a mi cría moverse con curiosidad bajo la piel.
D: Mmm, sos una yegua preñada, Xime. Mi hijo ya siente la pija de su tío y la boca de su hermana. —Moví mi mano, bajándola hasta sus senos. Estaban enormes, llenos de leche que se transparentaba en el camisón. Agarré una de sus tetas lecheras y la apreté, sintiendo el pezón duro. Un chorrito de leche se escapó, empapando la tela.
X: ¡Ahhh, Damián! ¡Sí! ¡Tocame, que se me llena la concha de baba de sólo verte! ¡Mis tetas están para vos y para mis putitos! ¡Chupale la pija! ¡Dame más! —Gimió, su rostro contorsionado por el deseo.
Me incliné, mi boca se acercó a su teta. Le quité el camisón de un tirón y me prendí a su pezón, succionando con avidez la leche tibia y dulce. El sabor, mezclado con el hedor de su excitación, era un afrodisíaco.
D: Mmm, qué rica leche, Xime. ¡Sabe a putita preñada! —Le dije, sin soltar su pezón.
Al mismo tiempo, la pequeña Preciosa seguía succionando mi pene con su boquita de bebé, manchando mi glande con su saliva. Retiré mi boca de la teta de Ximena, y mi mano se movió a la entrepierna de la bebé. Agarré el pañal y lo rasgué, dejándolo caer. La diminuta conchita, rosada y húmeda, quedó expuesta.
D: A ver mi ninfa… ¿Qué tiene acá la bebé? —Le dije, y mi lengua se movió de la teta de Ximena a la pequeña vulva de Preciosa. Lamiendo con lentitud su inocente carne, notando el aroma a pis de bebé y leche.
Preciosa se retorció, soltando mi pija por un segundo, y soltó un balbuceo de placer.
P: ¡Mami, rico! ¡Lenga, rica!
X: ¡Ay, Damián! ¡Me volvés loca! ¡Estás chupándole la concha a mi hija mientras me chupás y tocás las tetas! ¡Sos un cerdo! ¡Hacelo más fuerte! —Ximena, en un arrebato de lujuria, agarró mi cabeza y me hundió contra su teta, obligándome a mamar con más fuerza.
Yo seguí lamiendo la conchita de Preciosa, mi lengua buscando su pequeño ano. La combinación de la leche de Ximena en mi boca, la succión de la bebé en mi pija (que ella retomó de inmediato), y la inmensa panza de mi cuñada apretándome el costado, me hizo sentir la cima de la perversión.
D: Mmm, sos una putita increíble, Preciosa. El tío te ama, y te va a hacer la puta más grande de todas. —Mi lengua se hundió en su pequeño ano, oliendo la suciedad infantil con deleite.
X: ¡Sííí, Damián! ¡Chupale todo! ¡Que se acostumbre a ser una trola, como la vieja! —Gritó Ximena, con la voz quebrada, mientras sentía una contracción en la panza.
D: ¿Sentís, Xime? La beba se excita con el morbo de su hermana. Pronto va a estar chupando mi pija con ustedes. —Le dije, soltando el ano de Preciosa y volviendo a succionar la teta de Ximena.
Me senté en el sillón de la sala, sintiendo el calor de mi excitación. Ximena se acercó con esa pesadez de los últimos meses, su panza enorme dominando la escena. Se dejó caer a mi lado, soltando un suspiro de alivio. La pequeña Preciosa, al verme, vino gateando y se sentó en el suelo, entre mis piernas, mirando la panza de su mamá con curiosidad.
D: Vení acá, mi reina embarazada. Dejá que tu cuñado Damián le dé un beso a su cría. —La abracé y acerqué mi cara a su vientre. Olía a sudor, a leche y a esa humedad sexual que siempre la acompañaba. Besé la tela del camisón, justo donde sentía el bulto más firme de la beba.
X: ¡Ay, qué tierno, mi amor! Cuidado, que esta se mueve mucho. Debe estar sintiendo la pija de su verdadero papá. —Dijo, su mano sobre la mía en su vientre, acariciando la piel tensa.
D: ¿Te gusta que te mime, mi princesita? ¿Sentís a tu papá Damián? Sos una beba muy afortunada, porque antes de nacer ya sabés que tu conchita y tu culito son de tu papá. —Le hablé a la panza, mi voz baja y ronca. Sentí una pequeña patada, y me reí. —¡Ves, Xime! ¡Ya está contestando! Le gusta que le hable de mi pija.
Preciosa soltó una risita aguda, balbuceando algo ininteligible y tocando la panza de su madre con su manita. Parecía entender la complicidad.
X: ¡Jajaja, es idéntica a mí, Damián! Traviesa desde la panza. Le gusta que le hablen así. Sabés lo que le conté, ¿no? Le cuento cómo te chupa la pija su hermano, y cómo la mamá la cabalga. Le digo que cuando nazca, va a tener que compartir la leche de mami y también tu semen.
D: ¡Esa es mi chiquita! Tenés que prepararla para el mundo, mi amor. Va a amar la poronga. —Acerqué mi boca al vientre y le di un beso ruidoso. —Y cuando salgas, mi amor, vas a ser la ninfa más hermosa de todas. Y tu hermanito Joaquín te va a enseñar a chupar la pija de tu papá.
X: Sí, mi amor. Joaquín ya me preguntó si cuando nazca la puede lamer. Dice que le gusta el olor a bebé y que quiere enseñarle a su hermanita cómo se chupa una buena verga. ¡Es un amor tan tierno!
D: Me muero de ganas de verla mamándome, Xime. Y de ver cómo le rompo ese pequeño útero. De que sienta mi amor por ella. —Le dije, con una sonrisa maliciosa, mientras Ximena jadeaba.
X: ¡Ay, Damián, sos tan picante! Me encanta. Mirá cómo me mojás la concha con solo hablar así. Dale, contale algo más atrevido a nuestra hija. Contale cómo vas a mimarla en la cuna.
D: Mmm, sos una genia. Está bien. Escuchame bien, mi amor. Cuando nazcas, tu papá te va a poner a dormir en la cuna, y te va a meter el dedito en la concha, para que se te vaya abriendo, y te voy a mear en la boca, para que sepas lo que es el sabor del semen de tu papá. Y tu hermano, tu dulce hermano, va a estar al lado, lamiéndote el pañal. ¿Te gusta la idea, mi amor? —Sentí otra patada.
X: ¡Ves! ¡Le encanta, Damián! ¡Está excitada! Dale, apretá mi panza. Hacé que sienta la mano de su papá perverso.
Apreté su vientre, sintiendo a la bebé moverse bajo mi mano. Preciosa, abajo, miraba con sus ojos inocentes, riendo con ese balbuceo de ninfa. La promesa de perversión flotaba en el aire, sellando el destino de mi nueva cría.
Preciosa, abajo, balbuceó, señalando con su pequeño dedo mi entrepierna por encima del pantalón.
P: ¡Pija, papá! ¡Damián, pija rica! —dijo, con esa voz de ninfa que me derretía. La palabra, apenas formada, resonaba como una orden perversa.
D: Mmm, mirá a mi ninfa. ¿Qué quiere la bebé? ¿Quiere la pija del papá? —Me reí con malicia. Me desabroché el pantalón y el bóxer, liberando mi verga, que se irguió dura al instante. Preciosa, sin dudar, soltó una risita y se abalanzó, agarrando mi glande con sus dos manitas y llevándoselo a la boca.
P: ¡Rico, mami, pija! —masculló, succionando suavemente mi punta, su lengua pequeña y dulce girando con torpeza.
X: ¡Ay, Damián! ¡Mirá a mi bebé! ¡Es una putita idéntica a mí! —Ximena gimió, apretando mi muslo con su mano. Su respiración se aceleró. —¡Dale, metela bien en esa boquita! Y yo… ¡yo también quiero algo!
Mientras Preciosa succionaba mi pija, acerqué mi mano libre al vientre abultado de Ximena. La tela del camisón era fina, y mis dedos se hundieron en la carne tensa. Acaricié la panza, sintiendo a mi cría moverse con curiosidad bajo la piel.
D: Mmm, sos una reina embarazada, Xime. Mi bebé ya siente la pija de su papá y la boca de su hermana. —Moví mi mano, bajándola hasta sus senos. Estaban enormes, llenos de leche que se transparentaba en el camisón. Agarré una de sus tetas lecheras y la apreté, sintiendo el pezón duro. Un chorrito de leche se escapó, empapando la tela.
X: ¡Ahhh, Damián! ¡Sí! ¡Tocame, que se me llena la concha de baba de sólo verte! ¡Mis tetas están para vos y para mis hijos! —Gimió, su rostro contorsionado por el deseo.
Me incliné, mi boca se acercó a su teta. Le quité el camisón de un tirón y me prendí a su pezón, succionando con avidez la leche tibia y dulce. El sabor, mezclado con el hedor de su excitación, era un afrodisíaco.
D: Mmm, qué rica leche, Xime. ¡Sabe a trola embarazada! —Le dije, sin soltar su pezón.
Al mismo tiempo, la pequeña Preciosa seguía succionando mi pene con su boquita de bebé, manchando mi glande con su saliva. Retiré mi boca de la teta de Ximena, y mi mano se movió a la entrepierna de la bebé. Agarré el pañal y lo rasgué, dejándolo caer. La diminuta conchita, rosada y húmeda, quedó expuesta.
D: A ver mi ninfa… ¿Qué tiene acá la bebé? —Le dije, y mi lengua se movió de la teta de Ximena a la pequeña vulva de Preciosa. Lamiendo con lentitud su inocente carne, notando el aroma a pis de bebé y leche.
Preciosa se retorció, soltando mi pija por un segundo, y soltó un balbuceo de placer.
P: ¡Mami, rico! ¡Lengua, rica!
Yo seguí lamiendo la conchita de Preciosa, mi lengua buscando su pequeño ano. La combinación de la leche de Ximena en mi boca, la succión de la bebé en mi pija (que ella retomó de inmediato), y la inmensa panza de mi cuñada apretándome el costado, me hizo sentir la cima de la perversión.
D: Mmm, sos una beba increíble, Preciosa. El tio te ama, y te va a hacer la mujer más regaladita de todas. —Mi lengua se hundió en su pequeño ano, oliendo la suciedad infantil con deleite.
X: ¡Sííí, Damián! ¡Chupale todo! ¡Que se acostumbre a ser mimada por vos! —Gritó Ximena, con la voz quebrada, mientras sentía una contracción en la panza.
D: ¿Sentís, Xime? La beba se excita con el morbo de su hermana. Pronto va a estar chupando mi pija con ustedes. —Le dije, soltando el ano de Preciosa y volviendo a succionar la teta de Ximena.
Ximena solo pudo gemir, aferrándose a mi pelo mientras sentía las contracciones de su vientre. Preciosa, por su lado, se estremecía bajo mi mano, gimiendo mientras la lubricación de su coño se mezclaba con el semen que aún corría por sus piernas.
D: Mmm, sos la mejor, Xime. Me encanta cómo me mirás con esa panza, con ese deseo de puta insaciable. Ahora, mi ninfa, es tu turno. —Me centré en Preciosa. Verla, con su carita de muñeca rusa y esa conchita expuesta, me daba una ternura perversa. Mi miembro, babeado por las dos, se movía suavemente.
La levanté en mis brazos. Su cabello rubio, sus enormes ojos grises, qué inocencia más deliciosa. La pegué a mi pecho.
D: A ver a mi pequeña novia… —Le susurré. Empecé a besar su carita, sus mejillas, su frente. Esos besos, ruidosos, suaves, son una forma de marcarla. Ella es mía. Mi nariz se hundió en su pequeño cuello. —Mmm, olés a beba, a leche, a mi perfume. ¡Qué rico!
La beba balbuceaba, riendo, sus manitas agarraban mi barba. Disfruté manoseándola con una delicadeza escalofriante. Mis dedos grandes jugaban con su pequeña vulva. Sentir esa piel rosada, húmeda, es una adicción.
D: Mirá qué conchita más linda tiene la novia del tío. Está esperando que el tío la mime. —Movía suavemente mis dedos, sintiendo esa inocente humedad. Preciosa soltaba pequeños quejidos, un sonido de puro placer.
D: Sos tan dulce, mi amor. El tío te va a llenar de mimos, de besos. Y de leche, cuando seas más grande, como tu hermano. —La levanté un poco, y le di un beso profundo en la boca, buscando su pequeña lengua. Su sabor a leche y pureza me volvía loco.
Ximena, agotada y excitada, observaba desde el sillón.
X: Ay, Damián, sos un peligro. Mirá cómo la tenés. Es una puta, igual que su vieja, te lo dije. —Me encanta que lo reconozca.
D: Es una ninfa, Xime. Y es mi novia. Y la voy a malcriar. —Me giré hacia ella. —Escuchame bien, trolita. Yo sé que estás agotada. Tenés esa panza que te mata, y el cornudo no va a volver hasta la tarde. Es mi oportunidad.
X: Sí, estoy hecha mierda, Damián. Me duele todo. Pero… no sé, ¿y Joaquín?
D: A Joaquín lo llevamos a la escuela. Problema resuelto. Pero a Preciosa, me la llevo yo. La saco a pasear, a tomar un helado, le compro un juguete. Nos vamos a pasar la mañana juntos. Te doy hasta el mediodía para que descanses. O para que te masturbes pensando en mí.
Ximena dudó. Vi la lucha en sus ojos entre la culpa y el deseo de descanso.
X: ¿De verdad harías eso por mí? Me vendría bien una siesta sin que esta puta me patee las costillas. Pero, ¿y la teta? Ella mama mucho.
D: No te preocupes por la teta, Xime. Le doy mamadera. Y si no, le doy mi chota. Ya la agarró. ¿No, mi amor? —Le di un beso ruidoso en la frente a la beba. Ella se aferraba a mi cuello, ya acostumbrada a mis brazos.
D: Dale, pensalo. Te la traigo a la hora de almorzar, limpia, vestida y bien mimada. Además, así le doy un paseo a mi novia.
Ximena sonrió. Esa mirada de puta, de mujer entregada, me encantaba.
X: Mmm, me gusta la idea. Te la entrego a vos, Damián, porque sé que la vas a mimar. Pero no te pases de la raya, eh. No te olvides que es mi beba. —Sí, claro. Tu beba que compartimos.
D: Tranquila, Xime. Solo le voy a mostrar lo mucho que la ama su tío papá. ¿Te la cambio por un último beso de despedida antes de vestirla?
Le acerqué a Preciosa. Ximena le dio un beso. Luego, agarró mi pene, aún erecto. Una despedida rápida y caliente.
X: Andá, llevatela. Pero traeme facturas a la vuelta, y la chota bien dura, para una buena garchada antes de que vuelva el boludo de mi marido.
D: Trato hecho, trolita. Volvemos al mediodía. Ahora, a vestir a mi ninfa. Y a Joaquín, a la escuela.
Me vestí, apuré a Joaquín a terminar de prenderse los botones de la camisa, y agarré a Preciosa. La beba, ya con un vestidito y un pañal limpio, se reía en mis brazos, ajena a la perversión que la rodeaba. Salí de la casa con los dos, despidiéndome de Ximena con una mirada cómplice.
La coloqué en su silla de seguridad en el asiento de atrás. Preciosa, feliz con el juguete nuevo que le había regalado su mamá (un pequeño sonajero de colores), empezó a balbucear y a agitarlo con entusiasmo.
Joaquín se sentó a mi lado, en el asiento del copiloto, con esa sonrisa de putito feliz que me encantaba. Acomodé el espejo retrovisor para poder ver a la beba en todo momento, y encendí el motor.
D: ¿Contento, mi príncipe? ¿Te gusta ir a la escuela con el tío?
J: Sí, tío. Mucho. Me encanta ir en tu auto. Y me gusta más que mami me deje ir solo con vos. —Dijo, su manita tocando mi pierna, rozando el lugar donde mi pija, ya flácida pero aún sensible, descansaba bajo el pantalón.
D: A mí también me encanta, mi putito. Y a tu hermana Preciosa, mirá qué feliz está con su paseo. —Señalé a Preciosa por el retrovisor. Ella balbuceaba, mordiendo el sonajero.
J: Sí. Preciosa es un amor. Y vos le gustás mucho. ¿Verdad que le gustás, tío? —Preguntó con una inocencia forzada.
D: Obvio que le gusto, mi rey. Soy su “novio” y soy el **tío papá** de tu hermanita que viene en camino. Y a vos te gusta mucho tu tio, ¿verdad?
J: ¡Sííí! Me encanta tu pija, me encanta tu leche. Pero estoy más contento por otra cosa, tío.
D: ¿Ah, sí? ¿Y qué es, mi amor? ¿Vas a provocar a más putitos en la escuela?
J: No solo eso. Estoy re contento porque voy a tener otra hermanita. ¡De vos, mi tio!
D: Jajaja, sos increíble. Sí, mi rey. Vas a tener una hermanita que es mi hija. ¿Te gusta la idea?
J: ¡Muchísimo! Me encanta que mami tenga un bebé tuyo. Y va a ser mi hermanita, y la voy a cuidar. Y le voy a enseñar a chupar tu pija. —Dijo, con total naturalidad, la voz de niño mezclada con la perversión aprendida.
D: Eso es, mi príncipe. Sos un putito con visión de futuro. Un buen hermano mayor.
J: Sí. Y le voy a dar besitos en el culito, como vos me diste hoy. ¿Verdad que la puedo lamer?
D: Claro que sí, mi amor. Tu hermanita va a ser tu novia, y va a amar que le chupes todo, como vos amás que yo te chupe. Sos un putito con suerte, Joaqui.
J: Sí, tío. Pero a veces… —Su voz se apagó un poco, y me miró con sus ojos grandes e inocentes. —A veces me gustaría que vos vivieras con nosotros. Que fueras mi papá de verdad. No solo el tío que viene a garchar a mi mamá y a mí.
Me tensé un poco. Sentí una punzada de algo parecido a la ternura, rápidamente teñida por el morbo de la situación. La inocencia del niño, pidiendo una familia, pero bajo el marco de la perversión.
D: Mmm, mi rey. ¿De verdad? ¿Te gustaría que el tio se quede a vivir acá?
J: Sí. Estaríamos todo el tiempo juntos. Y podrías garchar a mami todos los días, y a mí también. Y tendríamos más hermanitos. Y no estaría el cornudo de mi papá. No lo aguanto.
D: Jajaja, mi putito. Sos un pícaro. No te preocupes por el cornudo, yo soy el que manda en esta casa, aunque él no lo sepa. Y mirá, tenés razón. Me encantaría vivir con ustedes. Tener a mi putito y a mis ninfas todo el tiempo.
Extendí mi mano y le revolví el pelo, sintiendo el deseo de besarlo otra vez. Pero estábamos en la calle, y ya estábamos llegando a la escuela.
D: Algún día, mi rey. Algún día el tío va a vivir con sus putitas favoritas. Por ahora, pensá en la nueva hermanita que viene. Y portate mal en la escuela. Hacé que te regalen pija, y contame todo a la salida. ¿Dale?
J: ¡Sí, tío! A la salida te cuento si conseguí leche. Pero no te olvides de mi hermanita, eh. Contale que la amo.
D: Nunca, mi amor. Ahora, andá. Y sé un buen putito.
Me detuve en la esquina de la escuela. Joaquín me dio un beso rápido en la boca, sin importarle que mi pija estuviera flácida, y salió del auto con esa energía de niño pervertido que me volvía loco. Lo vi entrar en el colegio, y arranqué. Tenía una mañana entera con mi ninfa.
D: Bueno, mi ninfa, ya estamos solos. ¿A dónde quiere ir la princesa del tío? ¿A un parque a jugar con el sol? —Le dije a Preciosa, mirándola por el retrovisor. Ella balbuceó algo y agitó su sonajero, como si estuviera de acuerdo.
Conduje unos minutos hasta un pequeño parque en una zona tranquila. Estaba casi vacío, salvo por alguna abuela en un banco y un par de perros. Perfecto. Estacioné el auto bajo la sombra de un árbol.
Saqué a Preciosa de su sillita. La bebé se estiró en mis brazos, feliz de la libertad. Le ajusté el vestidito, sintiendo el roce de su pañal.
D: A ver mi amor. Vamos a pasear un rato. ¿Querés que el tío te muestre dónde vamos a jugar? —La abracé y empecé a caminar por el sendero de tierra.
La dejé en el pasto, sobre una manta que llevaba en el auto, y ella enseguida empezó a gatear con entusiasmo. Yo me senté a su lado, sintiendo la excitación latente de estar a solas con ella.
D: Mmm, mirá qué juguetona mi ninfa. ¿Qué quiere hacer la bebé? ¿Quiere que el tío juegue con su conchita? —Le pregunté, con voz baja. Me acerqué y empecé a hacerle cosquillas en sus pequeños muslos, muy cerca de su pañal.
Ella soltó una risita aguda, balbuceando con placer, y se giró. Yo aproveché para desabrochar con disimulo el costado de su pañal.
D: Acá no hay nadie, mi amor. El tío te va a dar un mimo, ¿dale? —Abrí un poco el pañal. Su diminuta conchita, rosada, húmeda y sin vello, quedó expuesta al sol de la mañana. Era la inocencia hecha perversión.
Me incliné. Mi lengua se dirigió a su pequeño vientre, lamiendo la piel suave. Preciosa soltó un quejido, su cuerpo tembló de placer.
D: Mmm, qué rica mi ninfa. ¿Te gusta la lengua del tío? —Mi lengua se movió lentamente hacia su vulva. Lamiendo su inocente carne con una devoción perversa. El olor a bebé, a pis, y a la leche de su madre, me volvía loco.
La beba se retorcía en el pasto, balbuceando. Su pequeña manita buscó mi barba. Yo seguí lamiendo su conchita, asegurándome de que disfrutara de ese placer prohibido.
D: Sos tan puta, mi amor. Igual que tu mamá. Te gusta que el tío te chupe la concha en el parque. —La llovizna de mis palabras obscenas caía sobre su carne inocente, marcándola. Sentí el pulso de su pequeña excitación. Ella ya era mía.
que D: Ahora el tío te va a sacar una foto, mi amor. Sonreí para mami, que tiene que ver lo puta que es su beba. —Saqué el celular. Puse la cámara y enfoqué a Preciosa, que estaba en el pasto, con su conchita rosada y expuesta, mientras yo estaba arrodillado junto a ella, con mi mano cerca de su vulva.
Tomé la foto. Luego cambié el ángulo, haciendo un *selfie* donde se veía mi rostro sonriendo, y detrás, la beba, su cuerpo inocente expuesto en el parque.
D: Listo, mi ninfa. Ahora el tío le va a mandar las pruebas a mami.
Abrí el chat con Ximena y envié las dos fotos, junto con un audio.
Audio a Ximena: **»Mirá, trolita. Tu beba está disfrutando de la lengua del tío en el parque. Está mojada. Mandale un beso a mi putita. Te la traigo al mediodía, con la conchita bien abierta y marcada. Mirá cómo la amo.»**
Guardé el celular, la excitación a tope por la osadía de lo que acababa de hacer. Ximena se iba a volver loca. Me incliné de nuevo sobre Preciosa, lamiendo su pequeño ano con renovada devoción.
Ximena contestó de inmediato. El sonido de notificación del celular me hizo sonreír. Saqué el teléfono y vi que me había enviado dos fotos y un audio.
Audio de Ximena: «¡Ay, Damián, que hijo de pua sos! ¡Me volvés loca! Mirá cómo la tenés a mi bebé, ¡tan puta es esa pendeja, como le gusta tu lengua! tengan cuidado que no los vean!»
Me reí con malicia. ¡La muy puta estaba totalmente encendida! La voz de Ximena era un jadeo de lujuria. Miré a Preciosa, que se giró al escuchar el sonido, con la risa en los labios.
D: ¿Escuchaste a mami, mi amor? ¡Dice que sos una putita, y que te gusta la lengua del tío! —Le dije, y volví a lamer su pequeña vulva.
Preciosa soltó un balbuceo feliz, moviendo sus brazos.
P: «¡Mami, rica! ¡Tío, más! ¡Mami, teta!» —chilló, con esa voz de ninfa.
Grabé otro audio, mi voz baja y ronca, mientras mi lengua seguía explorando a la bebé.
Audio a Ximena: «Escuchá a mi rubia, trolita. ¡Te está pidiendo que chupes! Dice que le gusta la lengua del tío en su conchita, y que va a ser más puta que vos. Mirá cómo se me pone de dura otra vez. Y de paso, mirá cómo te la ensucia. ¡Es mi novia!»
Envié el audio. Segundos después, Ximena respondió con una carcajada ronca, excitada al límite.
Audio de Ximena: » Me muero de ganas de estar ahí, chupándole la concha a mi bebé y después tu pija. Decile a mi putita que la amo y que le voy a dar teta hasta que le duela la panza. Pero que no se canse de tu pija. ¡Y no olvides que tenés que dejarme preñada otra vez!»
Me reí. La tenía justo donde quería.
D: ¿Escuchaste a mami, mi amor? ¡Quiere que le sigas chupando la pija al tío! —Le dije a Preciosa, mientras la beba volvía a reír.
P: «¡Mami, sí! ¡Pija, rica! ¡Mamá, teta!» —balbuceó, sin parar de moverse bajo mi lengua.
Grabé un último audio, mi voz ahora con un tono más urgente, mientras sentía la excitación a tope.
Audio a Ximena: «Me encanta, Xime. La voy a dejar bien marcada, como a vos. Pero ahora, escúchame bien. Se me está haciendo tarde, y tengo que llevarla al auto. Pero ya que estamos, tengo que llevarte a vos a hacer un control obstétrico, ¿verdad? El boludo de tu marido no va a estar. ¿Querés que te pase a buscar a las doce para llevarte a ver a nuestra bebé? Y de paso, te doy una cogida rápida en el auto, para festejar la visita médica.»
Esperé su respuesta, mi verga dura y bombeando bajo el pantalón. Ximena respondió casi de inmediato, su voz más controlada, pero con el tono de puta que me excitaba.
Audio de Ximena:«¡Damián, sos un genio! Sí, por favor. Es mi control del séptimo mes. Te espero a las doce.¡Que bueno que venis! Que el verdadero papá va a ver a la beba y no el cornudo.
D: Ya, mi ninfa. El tío Damián va a dejar de jugar con el teléfono, que es aburrido. Ahora vamos a jugar nosotros dos. El tío te va a dar mimos, muchos mimos, mi amor. —Guardé el celular y me incliné sobre la beba, mi corazón latiendo con una mezcla de amor y perversión.
Empecé a acariciar su carita, quitándole suavemente un mechón de pelo de la frente. Mi voz era un susurro tierno y profundo.
D: Sos la nena más hermosa del mundo, mi preciosa. Mi novia, mi amor. El tío te ama, ¿sabías? Sos tan dulce, tan inocente. Me muero por cuidarte, por llenarte de amor, por darte todo lo que necesites. —La abracé y la pegué a mi pecho. Ella balbuceaba, su cabecita descansando en mi hombro, sus manitas agarrando mi remera. Sentir su pequeño cuerpo contra el mío me llenaba de una ternura escalofriante.
D: Te voy a mimar tanto, mi reina. Tu conchita es mi tesoro, ¿sabés? El tío te la va a cuidar. —La bajé suavemente al pasto, encendí la cámara del celular en modo video, y lo apoyé en un ángulo donde se viera bien la escena.
D: A ver, mi amor. El tío te va a dar besitos, los que tanto te gustan. —Me incliné y empecé a besar su diminuta conchita, mi lengua moviéndose con una delicadeza extrema. «Mmm, qué rica conchita de princesa. Huele a bebé. Sos mi flor más linda, mi amor. El tío te va a enseñar que esto es solo tuyo, y solo mío. Sos una nena muy especial, ¿verdad?» Mi aliento caliente chocaba contra su piel sensible.
Empecé a succionar suavemente, mi boca se llenó del sabor dulce y limpio de su intimidad. Mi excitación crecía al sentir su calor. «Sí, mi amor. La conchita de mi novia, de mi beba. Mirá cómo la chupa el tío. Te la estoy besando toda. ¿Te gusta que el tío te chupe? Abrí las patitas, mi reina, así el tío te mima mejor.»
La beba soltaba pequeños quejidos, su respiración se aceleraba. Su cuerpo se retorcía, sus piernas se movían con una agitación infantil. Mi lengua se movía con más intensidad, buscando ese punto que la hacía estremecer. Dejé que mi saliva la empapara, baboseando su conchita con frenesí. Yo gemía en voz baja, mi propia excitación era palpable. «¡Sos una putita, mi amor! ¡Una putita de tu novio el tío! Abrí más, mostrale al tío lo mojada que estás. ¡Qué rica y chiquita sos! ¡Me ponés loco, mi bebé! ¡Dale, venite, mi vida!»
De repente, Preciosa soltó un balbuceo agudo, más fuerte que un quejido, y su cuerpo se tensó. Sus pequeños brazos se agitaron en el aire, y soltó una risita extasiada. Había llegado a su clímax infantil.
D: ¡Eso, mi reina! ¡Así te quería ver! ¡Mi amor, qué bien que te vino el mimo! —La levanté de nuevo, abrazándola, mi corazón lleno de un triunfo morboso y una ternura genuina. La besé en la frente, con la humedad de su propia conchita y mi saliva en mis labios.
Luego, con la excitación a tope, la dejé suavemente en el pasto, cerca de un cantero de flores. Mi verga, dura, hinchada y bombeando, estaba a la vista. Me puse en cuclillas, sintiendo el tirón en mis testículos, y me agarré el miembro.
D: Ahora, mi ninfa, mirá lo que hace el tío. —Empecé a masturbarme, mi mano se movía rítmicamente sobre mi verga dura, el semen se acumulaba en la punta. Mis ojos estaban fijos en la beba, que me miraba con curiosidad. —Esto es para vos, mi amor. El postre del tío. La leche que tanto te gusta. Abrí la boca, mi putita. Esta leche es de tu tío, y es solo para vos.
En un instante, la eyaculación salió. Un chorro caliente y espeso se disparó sobre su carita y su boca, manchando su vestidito. La beba, al sentir el líquido, balbuceó, sin asco.
D: ¡Tomá, mi amor! ¡La leche del tío! —Acerqué la punta de mi verga a su boca y le di unos golpecitos suaves, dejando que los restos de semen gotearan. Preciosa, sin dudar, relamió sus labios y parte de la leche que había quedado en su mejilla.
P: ¡Rico, tío! ¡Leche, rica! —dijo, con su voz de ninfa, sus ojos brillantes.
D: ¡Tomá, mi amor! ¡La leche del tío! —Acerqué la punta de mi verga a su boca y le di unos golpecitos suaves. La beba, al sentir el líquido, balbuceó, sin asco. Se abalanzó con su boquita, buscando la fuente. Con mi dedo, recogí los restos espesos que habían quedado en su mejilla y se los puse en la boca. «Mmm, ¿está rico el sabor, mi ninfa? Abrí la boca, tomá la leche del tío, que es solo para vos.»
Preciosa succionó mi dedo con avidez, sus ojos brillando con esa inocencia perversa. Soltó un pequeño balbuceo de gusto.
P: ¡Rico, tío! ¡Leche, rica! ¡Más! —dijo, intentando agarrar mi pene flácido con sus dos manitas. Al no poder, agarró la leche esparcida en su cara y se la llevó a la boca con sus manos, babeándose y manchándose más. Su risa aguda era un triunfo.
D: ¡Eso, mi amor! ¡Qué bien que la tomás! Sos una putita golosa, igual que tu mami. Mirá cómo te gusta ensuciarte con la leche de tu tío. —Acerqué mi verga y dejé que los restos gotearan en su boca abierta. Luego, recogí la leche que había quedado en el pasto y en su vestidito, y le ofrecí los dedos para que los chupara. Ella los lamió con entusiasmo.
Agarré el celular y le envié el video a Ximena, sin decir una palabra, solo el video. Inmediatamente, escribí un mensaje de texto.
Acordate, Ximena, estoy en el parque, cerca de los juegos.
-Trolita, ya está. Mirá el video. A tu putita le encanta la pija de su tío. La beba tuvo un orgasmo de ninfa, y después se tomó la leche de su tío acá en el parque. Está limpia y vestida. Ahora, la voy a llevar un rato a lo de unos amigos, unos mates. Vuelvo a las doce, con facturas y la pija dura. Y vos, ponete bien puta para el control obstétrico. Te quiero.-
Ximena, al recibir el video y el texto, respondió de inmediato. Su respuesta, aunque contenía el tono de su perversión habitual, reflejaba la preocupación por la exposición y la extrañeza por la mención de los amigos.
Audio de Ximena: «¡Damián, te zarpas! ¡Esa risa de mi bebé cuando te venís en su cara… me mata\! Es tan putita. Pero, mi amor, ¡tené cuidado con el video\! Borralo, por favor, me da un cagazo que el pelotudo de Fernando vea algo. Mirá si lo perdés. Y… ¿a qué amigos la vas a llevar? No entiendo por qué tenés que ir con Preciosa a tomar mates. ¿Querés traermela de nuevo? Fijate, que si esta con gente que no conoce se pone re hincha.
Volví a ponerle la bombachita a Preciosa y le di un beso tierno en su boquita. Tenía un sabor a la verga del tío. Ella no correspondía a los besos de forma tradicional, pero me succionaba el labio y reía. Después, nos quedamos mirándonos mientras ella me agarraba la barba. Nuestras miradas revelaban una conexión muy profunda. Esa niña tan pequeña ya sabía lo que era controlar mi deseo y mis pensamientos. Años después, ejercería ese poder constantemente, consciente de mi incapacidad para controlarme cuando se trata de ella.
Audio a Ximena: No quiero llevártela. Me voy a pasear con mi sobrinita y le vamos a dar más lechita en esa boquita, así que no jodas. Sabes que es mi novia y, por más que seas la mamá, acá mando yo. ¿Está claro? Vos ponete linda para que te revise el obstetra, que por ahí te quiere dar pija en esa concha preñada que tenés.
Mensaje de Ximena: «Dale boludo, que si el otro se entera vamos a tener un re quilombo!!!»
Mensaje de Damian: No me jodas. Y estate linda para las doce, que seguro que te lleno la concha de leche.
D: Bueno, mi amor, ya le dijimos a mami que nos vamos de paseo. ¿Querés conocer a unos amigos del tío? Unos que te van a mimar mucho. —Le di un beso ruidoso en la frente. La nena me miró con esos ojos grises, y balbuceó con ternura.
P: «Tío… mami… tata…» —dijo, intentando comunicarse, mientras se acomodaba para poder mirar el camino.
D: Sí, mi amor. Tata. Y más ‘lechita’. —Me reí con malicia.
Arranqué el auto, dirigiéndome al lugar donde se iba a desarrollar la siguiente escena de mi perversión. No iba a «tomar mates», sino a visitar un pequeño atelier que tenía un amigo fotógrafo, Leo. Leo y su hija, Cami, eran tan perversos y abiertos como yo, y les había prometido mostrarles a mi «ninfa» en acción. Sabía que la presencia de Preciosa, la inocencia de una niña de casi dos años expuesta al morbo, sería un estímulo increíble para todos, y para mí, un nuevo nivel de excitación al compartir mi depravación con cómplices.
Conduje unos veinte minutos hasta el barrio de Leo. Al llegar, bajé del auto, agarrando a Preciosa, que se había dormido en el camino. Toqué el timbre y Leo abrió de inmediato, sus ojos brillando con una mezcla de curiosidad y morbo.
Leo: ¡Damián! ¡Justo a tiempo! ¡No podíamos esperar a conocer a la famosa ninfa! Cami está adentro, preparó algo de tomar. Pasa, pasa.
Entré al atelier. El lugar era una especie de loft con mucha luz natural, lleno de cámaras, telas y fondos de fotografía. Cami, la hija de Leo, de unos trece años, con un camisón de seda que insinuaba más de lo que ocultaba, se acercó a mí con una sonrisa lasciva.
Cami: ¡Ay, Damián! ¡Qué hermosura! ¡Está tan grande! —Dijo, con una voz cargada de falso asombro, y me dio un beso de lengua rápido, sin importarle la nena en mis brazos.
D: Mmm, sí. Es mi ninfa, mi novia. Y hoy tuvo una mañana muy movida, ¿verdad, mi amor? —Le dije a Preciosa, que se despertó en mis brazos, y se aferró a mi cuello.
Leo: Traela, traela. La pusimos en el diván, tiene juguetes ahí para que juegue. Cami preparó unas toallitas húmedas y aceite de coco. Sabemos lo que te gusta, cerdo.
D: Me conocen bien. Hoy necesito un buen ménage à trois morboso. Y que me miren cómo malcrío a mi novia.
Dejé a Preciosa en el diván, que enseguida se puso de pie y se fue caminando a explorar, curiosa por el nuevo lugar. Leo y Cami me miraban, sus ojos llenos de deseo. La tarde iba a ser larga y muy, muy sucia.
D: ¡Uf, Leo! Mirá cómo crecieron las tetas de Cami, ¡estás re buena, pendeja! Hace como un año que no te veo. ¿Te acordás cuando tenías 8 años y tu papá y yo te hicimos doble penetración en ese sillón? Desde que murió tu mamá, no paramos de coger. ¡En una época me invitabas todos los días, Leo! ¡Me tenés olvidado, hijo de puta! —Le dije, abrazándolo con una sonrisa.
Leo me devolvió el abrazo, su risa era ronca y un poco forzada, cargada de una excitación apenas contenida.
Leo: ¡Y sí, boludo! ¡Te extrañamos un montón! Es que estás tan metido en tus cosas, que te olvidás de tus viejos amigos. Sí, Cami creció un montón, está hecha una pendeja potra. Pero no es solo por eso, Damián, teníamos ganas de verte y, obvio, conocer a la famosa Preciosa.
Cami, con esa sonrisa de adolescente que sabe que es atractiva, se acercó a mí. Sus ojos se fijaron en la pequeña Preciosa, que estaba sentada en el diván jugando con un osito de peluche.
Cami: ¡Ay, Damián! ¡Claro que me acuerdo! ¡Éramos terribles! Pero ahora ya tengo catorce, soy más grande, y en cuanto a Preciosa… quería verla, la que te tiene tan enganchado. Papá y yo hablamos de lo que hacés… Nos da curiosidad. Queremos ver cómo es en persona. ¿La podemos saludar?
Leo: ¡Eso, Damián! Queremos ver a la nena… Vos siempre fuiste el que se animaba a más. Y esta… esta es la frutilla del postre, pibe. La hija de tu cuñada, la beba de la casa, tu obsesión. Es fascinante. ¿Nos la presentás?
D: Uf, Cami, estás tremenda. Tenés la misma edad que mi cuñada más chica, Rosario. Le tengo unas ganas a la gordita, debe tener un olor a culo muy rico. Encima se la pasa mostrando las tetas, como vos. Te extrañé, nenita. Vos también me decías «tío» de chiquita. Me acuerdo que venías corriendo y me decías: «¡Tíooo, porfi, quiero que me chupes la conchita!». Pensar que papá me prometió que me iba a dejar preñarte. Sabe que me encanta preñar pendejas.
Leo lanzó una risa canchera. Atrayendo a Cami hacia él, la agarró del culo, dejándome ver que bajo el camisón tenía una tanguita blanca de hilo que contrastaba con el color de su piel. La pendeja era un bombazo: pelo negro, corto, ojos marrones, y dos tetotas que daban ganas de babearlas todas. Y cuando digo tetotas, eran realmente enormes, de esas que no pueden simularse de ninguna forma. La pendeja tenía pechos desarrollados desde los 8 años, y ahora a los 14 eran dos melones que harían que cualquier médico le mande un chequeo hormonal. También tenía un culito chiquito pero parado, y unas piernas estilizadas. Era una nena alta, como había sido su madre. Leo enviudó cuando ella cumplió 5 años, y desde ese día lo ayudé mucho con ella, hasta el día que descubrí los restos de semen seco en su culito. Lo que Leo no sabía es que yo también abusaba de su hijita. Cuando lo descubrí y lo encaré, en su desesperación tuve que decirle que era su amigo y lo iba a apoyar, que su hija debía ser su hembra, pero la condición era que un día yo tenía que hacerle un pibe. Cosa a la que Leo accedió, más por morbo que por honor.
Leo, con una sonrisa aún más amplia, se acercó a Cami y le dio una nalgada fuerte que resonó en el atelier.
Leo: ¡A ver si te portás bien, Cami! Dale un saludo como la gente a tu tío Damián. Y mostrale a Preciosa lo putita que sos, para que aprenda.
Cami, sin inmutarse por la nalgada, se giró hacia mí. Sus ojos brillaban con un deseo adolescente, mezclado con la perversión aprendida.
Cami: ¡Claro que sí, papá! Hola, tío Damián. Y sí, me acuerdo de todo. Me encanta que me digas potra. Y Rosario debe ser como yo, le gusta que la mimen. ¿Y a vos te gustaría preñarme, tío? Sabés que estoy dispuesta. Papá me prepara para vos.
Se inclinó, dejando que su camisón se abriera un poco, exponiendo la curva de sus pechos. Me dio un beso de nuevo, esta vez más lento y sensual, su lengua buscando la mía con una experiencia que no era propia de su edad.
Yo le devolví el beso, disfrutando el sabor a inocencia corrompida. Mientras nos besábamos, Leo se acercó al diván y levantó a Preciosa. La beba, que me miraba con curiosidad, balbuceó al ser levantada por el desconocido.
Leo: ¡Miren qué ricura! Es igual a su mamá, Ximena. ¡Qué ojazos! Hola, Preciosa. Yo soy el tío Leo, y ella es tu prima Cami. ¿Nos das un besito?
Leo, sin esperar respuesta, le dio un beso ruidoso en el cuello, y luego, con una sonrisa depravada, acercó a la pequeña a Cami.
Cami: ¡Ay, es tan chiquita! Mirá, bebé. Yo soy la prima Cami. Tu tío Damián me va a hacer un hermanito para vos. ¿Querés que te mime un poco?
Cami, sin dudar, acercó su rostro a la entrepierna de Preciosa, que aún llevaba el vestidito. Le dio un beso a la tela, justo donde estaba el pañal.
Cami: Mmm, olés a bebé, a pijita de tío… ¡Qué olor más rico!
Yo me reí, mi excitación subiendo a niveles insospechados. La niña en brazos de mi amigo, siendo besada por la hija adolescente de mi amigo, y la imagen de mi semen fresco aún en la boca de la pequeña, era un festín de morbo.
D: ¡Eso, Cami! Mostrale a mi ninfa lo cariñosa que sos. Leo, boludo, sacale una foto, ¡esto es un crimen de arte!
Leo, con su cámara lista, enfocó la escena. Su mano libre se deslizó por la espalda de Cami, sintiendo la piel bajo la seda del camisón, mientras disparaba.
Leo: ¡Fascinante, Damián! Tu ninfa es una preciosura. Mirá cómo la tiene Cami. Mi hembra mimando a tu novia. Es perfecto. Cami, abrila, mirale la conchita.
Cami, siguiendo la orden de su padre, desabrochó el pañal de Preciosa. La diminuta conchita de la beba quedó expuesta. Cami se inclinó, lamiendo la vulva de la bebé con una experticia escalofriante.
Cami: Mmm, qué rica, mi primita. Está húmeda. ¿Te gusta que la prima te chupe, bebé?
Preciosa, ajena a la depravación de la escena, soltó un pequeño balbuceo, riendo y agitando sus brazos. Yo me acerqué a Leo; mi mano agarró mi verga, que se irguió dura al instante.
Damián: Uff Leo, mira esto, son dos bellezas, hermano. Cami está hermosa, amigo. Cómo me alegro de que tengan la relación que tienen. Y Preciosa es algo especial, no tengo explicación, pero me resulta irresistible. Estoy enamorado de una nena de dos años. Pero hay algo más sobre Ximena, mi cuñada… —dije en tono de intriga, contando un secreto muy grande.
Leo: ¿Qué, qué pasó con Ximena? O sea, hasta donde sé, ella te encontró abusando de su hijo cuando era bebé, y desde ese día juntos se la pasan violando al pibito, jajaja.
Damián: Sí, pero hace unos meses fui a su casa y la cogí, y la dejé embarazada, jajaja. La recontra preñé, boludo. Estamos por tener una bebé, está de 7 meses. La tengo que llevar al control en un rato.
Leo: ¡Nooo, boludo, me estás jodiendo! ¿En serio? ¡Pero qué animal que sos! Dejarla preñada al cornudo… ¡es lo más épico que escuché en años! ¿Y él se lo cree?
Damián: Obvio que se lo cree, es un boludo. La panza de Ximena es un trofeo, Leo. Mi semen marco a la puta de mi cuñada . Y la beba que viene, mi Magda, va a ser mi puta, criada para amar a su papá. Se me pone re dura la pija pensando loq eu vyo a hacerle a esa beba.
Leo, con un jadeo de pura calentura, soltó la cámara y se acercó a mí. Su excitación era palpable.
Leo: ¡Sos un genio, Damián! ¡Me encanta! ¡Tenés que traernos a Ximena un día! Ver a tu hija de catorce años con la pendeja de tu cuñada, ambas preñadas por vos… ¡Eso es la cima del arte!
Cami se levantó al toque, su boca chorreando la humedad de la pequeña Preciosa. Sus ojos, llenos de un fervor morboso, se clavaron en mí.
Cami: ¡Tío Damián, por favor! ¡Dejame chupar tu pija de nuevo! ¡Me re excita que vayas a tener otro bebé! ¡Quiero sentir la leche de mi primita en tu chota!
Damián: Dale, mi potra. Pero antes, un mimo a mi ninfa. —Agarré a Preciosa, que se reía, y se la acerqué a Cami. —Dale, bebé, un besito a la prima, que te va a enseñar a ser bien puta.
Cami besó a Preciosa, y después, sin dudar, se arrodilló a mis pies y empezó a succionar mi pene con una avidez salvaje. Leo se masturbaba con frenesí a mi lado, los ojos fijos en la escena y la cámara lista, mientras yo disfrutaba del sexo oral de Camila, una prostituta.
Leo:Hijita, qué linda estás con esa bebita en brazos. Dami, ¿vos decís que Preciosa me chupa la pija?
D:¡Uffff, sí! Te la re chupa, la pendeja petea desde el día que nació… —dije saboreando el buen sexo oral que me hacía Camila. —Mmm, Cami, nena, ¡qué rica boquita tenés, amor! ¿Estás practicando mucho, verdad? Leo, ¿es cierto que ya es una artista internacional de la pornografía infantil? —Le pregunté, ya que había visto videos de ella circulando por internet, no solo teniendo relaciones con su papá, sino también con otras personas.
Leo–acariciando su pene cerca de la cara de Preciosa: —Ah, sí, vengo vendiendo videos de ella por mucha guita. Algunos se filtraron, y ya los tienen todos, pero la verdad es que la pendeja tiene un montón de material y me pagan mucha guita por acostarme con ella.
Cami: —Dale, bebita hermosa, agarra la pija de papito, chupemos pija las dos… —le dijo, guiándola hacia el miembro del padre, al que Preciosa se prendió como un ternero mamón.
Leo– gritó: —¡Ahhhhh, puta madre, cómo chupa la pija, ahhhh!
D: —Es que es una bebé, tiene una fuerza para chupar que es única. ¡Increíble vos, Cami… increíble cómo estás peteando, trolita!
La agarré de los pelos y empecé a usar su boca de trola, esos labios rojos y una sonrisa re perversa. A sus catorce, la pendeja ya era una prostituta de la más alta categoría. Sus tetas le saltaban con violencia mientras le cogía la boca, y su baba le chorreaba encima, dándoles un aspecto re vulgar.
D: «¡Ah, Leo, cómo chupa esta pendeja! Tenemos que vernos más seguido. ¿Cómo viene eso? ¿Qué se siente que una beba te coma la pija?»
Leo retiró su pene de la boca de Preciosa, la levantó en brazos. Preciosa hizo un gesto de decepción, que se disipó cuando Leo comenzó a acariciarla y besarla por todo el cuerpo, quitándole la ropa. La depositó sobre un sillón que estaba viejo, sucio y manchado con fluidos de todo tipo, ya conocidos por Damián a través de los videos de Cami, donde Preciosa era sometida a actos impropios de una niña.
Por su parte, Damián le indicó a Cami que colocara su pene entre sus pechos. Fue una excelente decisión, ya que el contacto con esa carne joven y firme, combinado con la lubricación de la saliva de Cami, le proporcionó un gran placer.
Leo: «Mmm, qué rica está esta bebita, Dami. Quiero filmarla, quiero que haga su primer corto: ‘Bebita Desayunando su Chechona’.»
Damián: «Uff, Dios Cami, ¡qué tetonas tienes, pendeja!… Ah, Leo, no sé. No creo que Xime quiera… es arriesgado», dijo Damián, dudando pero con gran morbo, ya que siempre había deseado entrar en el mundo de la producción de contenidos.
Leo: «Dale, amigo, ¿te imaginas esta bebita, con esos ojos, esa carita de muñeca? Te voy a hacer ganar mucha plata, y nadie se va a enterar, tengo buenos contactos, lo sabes… ¡Ayúdame a convencerlo, Cami!» Mientras decía esto, Leo comenzó a lamerle la vagina a Preciosa, quien se retorcía graciosamente. Acostumbrada a los placeres en su clítoris, la niña se entregó al juego con el desconocido.
Cami: «¡Ay, tío Damián, dale! ¡Mirá qué bien se porta Preciosa! Es re fotogénica, y le encanta la pija. Papá te va a filmar mientras la mimamos. Imaginate: vos y papá, los dos dándole a la bebita. Sería arte, tío. Y después, ¡le llenan la boca de lechita como hacian conmigo! Dale, que yo te ayudo a sostenerla, y después te chupo la pija a vos y a mi papá hasta que nos sequemos.»
Leo: Sí, Damián, es una oportunidad de oro, amigo. Pensalo: la inocencia de la beba,mi don con la camara. Es lo que el mundo perverso quiere ver. Te doy la mitad de las ganancias, pendejo. La beba ya está re caliente, mirá cómo me agarra el dedo. Vos y yo, llenandola de semen tan chiquita, va a ser un boom el video.- Leo sacó su miembro, aún a medio gas, y se lo ofreció a Preciosa, que lo miró con curiosidad. -Dale, Dami, te morís de ganas. Es una sola toma. La hacemos rápido, la vestimos, y te la llevás con su Mama. Vas a llegar con la pija dura y el corazón lleno de morbo.
Damián: «Mmm, no sé, chicos. Es que Ximena es una perra celosa con la beba. El video me tienta, sí, y me excita verlas a las dos juntas, pero es muy arriesgado. Si ese video se filtra, es un quilombo que ni el cornudo me lo perdona. Además, yo no soy productor, soy solo un tipo que disfruta jugar con niños.»
Cami: «¡Ay, tío! ¡No seas cagón! ¡Papá tiene la posta! Es un secreto entre nosotros. ¿Qué tiene de malo que dos hombres mimen a una beba tan linda? Dale, ¿qué querés a cambio para que te convenzas? Sabés que te damos lo que quieras.»
Damián: «A cambio… bueno, si me la quieren endulzar tanto… Cami está hecha una potra. Leo, quiero cogérmela sin forro. Si aceptás eso, te dejo que filmesa Preciosa chupando pija a los dos, y la alimentamos con la leche. Te dejo filmar todo, hacer lo que quieras. Pero Cami es mía, sin forro, acá y ahora.»
Leo:- Leo dudó. Su rostro se tensó, el morbo luchaba contra un celo posesivo.-No, Damián. Sabés que eso es un límite. Cami es mi hembra. El único que la coje a pelo soy yo. Es una cuestión de honor y de proteccion, no seas hijo de puta, sabes que es algo que no puedo dejar. No la he dejado que la cojan a pelo en años. Te dejo hacer lo que quieras con ella, pero con forro. Ella está entrenada para coger, se banca todo, pero el semen de otro en su concha … eso no. ¿No hay otra cosa que quieras? ¿Más guita? ¿Te puedo conseguir otras nenitas?»
Damián: «Entonces, no hay trato, Leo. Mi semen es mi marca, Leo. Y si voy a exponer a Preciosa a tu cámara, quiero que mi pija marque a tu hija. No acepto un ‘no’ como respuesta.» -Damián, sintiéndose superior, agarró a Preciosa en sus brazos, listo para irse. La beba se aferró a su cuello, como si entendiera la tensión.
Cami: ¡Ay, papá, no seas tan exagerado! ¡Es el tío Damián! Sabés que lo queremos y que es de confianza, no es cualquier pajero de por ahí. Además, ¡a mí no me molesta para nada! Al contrario, sería re lindo que el tío me llenara la panza. Me encantaría darle mi panocha y mi útero a su semen. Sería un honor, papá. Y… ¡imaginate, los tres juntos con Preciosa! Sería una locura, un video hermoso. Dale, papá, por favor, ¡decile que sí! Sabés que me gusta complacerte y a él también.
Leo: «No sé, Cami, no sé… Es que la leche de otro en vos… Me revuelve la panza. Es mi potra. Pero… Damián tiene razón en algo, el morbo vende. Es el puto rey del morbo. ¡Carajo! Pensá bien lo que me pedís, Cami. ¿Estás segura de que querés la pija de Damián a pelo?»
Cami: «¡Sí, pa, por favor! ¿No ves? Si quedo embarazada del tío Damián, ¡los videos con una bendi serían muchísimo más caros! Sería la puta embarazada más buscada. Podríamos hacer videos del embarazo, del parto… Y después, ¡los videos de Damián con sus dos nenas, Preciosa y mi bebé! ¡Sería una locura, una mina de oro, pa! ¡Nadie tiene ese material! Ponele un precio a tu ‘honor’, pa, ¡pero hagamos guita!»
Leo: «Quiero embarazarte yo, mi amor. Vos sos mi hembra. Quiero que mi semen te llene. Pero… ¡tiene razón! Es la única forma de que se sume a la producción. ¡Maldita sea!«
Damián: Pensá bien, Leo. Si querés videos con Preciosa, y con Magda cuando nazca, tenés que dejarme preñar a Cami. Es mi garantía. Es mi leche marcando a Cami o se acaba el negocio. Mirá la beba, está recaliente de verme. Dale, dejame marcar a tu hija y hacemos el video. ¡Es la cima de la perversión, Leo! ¡Y te lo juro, la voy a dejar panzona!- Le dije poniendo mi mano en su hombro. PReciosa empezó a impacientarse, le había dejado de chupar la conchita, y eso es algo que le gusta mucho, así que empezó a gimotear– Dale, que el tiempo se acaba, y tenemos que volver…si decis que si, vas a tener a esta bebe hermosa para tus producciones, te lo prometo. Incluso para vos que te dedicas a este material, no debe ser fácil conseguir a una ninfa con esa carita de rusa, y ese culito regordete. Verdad Preciosa? Verdad que sos le bebe mas linda y petera de todas?
Leo, miro dudando, pero Preciosa le extendió los brazos y lo miró con esos ojitos de princesita. Estiró sus manos buscando acercarse a él que tenía la pija dura al aire. Camila se acercó a mí y me acarició la pija, dirigió su nariz al culo de Preciosa que estaba en mis brazos y la ninfa sonrió por las cosquillas.
—D: ¿Qué decís, Leo? Yo te aseguro que una serie de esta bebita que nació para chupar pitos va a vender un montón. ¡Mirá esta genética! —dije dando vuelta a Preciosa y mostrando su anito rosado.
Leo se mordió el labio. Sus ojos se movieron de Preciosa a su hija, y luego a mi miembro, que Cami seguía acariciando con una perversa mezcla de devoción y avaricia. La tensión en el atelier era densa, una mezcla de lujuria, celos y la promesa de una guita en morbo.
Leo: «¡Me re cago en vos, Damián! ¡Sos un chantaje emocional andante! Mirá cómo me ponés… tenés razón, esta beba es oro puro, y la Cami, preñada por vos… es algo que te prometi alguna vez y, no puedo dejar pasar esto. Pero me la vas a pagar, pibe. Me vas a dar el mejor video de tu puta vida.»
Leo respiró hondo, tragando su orgullo posesivo, la codicia y el morbo finalmente venciendo.
Leo: «Acepto, Damián. Cogela sin forro. Hacela tuya , llénala de tu semen. Pero quiero filmar cada puto segundo. Y después, hacemos el video con la beba, como lo prometiste. Quiero que mi cámara capture el momento en que tu esperma marca a mi hija. Y después, quiero que hagamos series con Preciosa, mas si llego a tener un nieto, y que traigas al putito del hermano y su mamá preñada ¿Estamos de acuerdo?»
Mi sonrisa se ensanchó. El triunfo era total, y el placer que me esperaba era la frutilla del postre.
D: «Trato hecho, Leo. Sos un genio. Y Cami… mi potra, vas a amar la leche de tu tío. Te voy a dejar panzona, te lo juro. Abrí ese camisón, mi amor. Es hora de darle al tío el postre que tanto se merece.»
Solté a Preciosa, que al ser depositada en el diván, volvió a balbucear y a señalar mi pija con sus manitas. Ella era el público perfecto,era un enorme morbo que ella estuviera ahi, por convertirse tan chiquita en una actriz porno. Seguro que Ximena se iba a enojar hasta que viera la guita que me iba a dar Leo.
Cami, con un jadeo de anticipación, se despojó del camisón, revelando su cuerpo adolescente, perfecto y maduro. La tanguita blanca se fue al suelo. Sus enormes tetas se alzaron, desafiantes.
Cami: «¡Dale, tío! ¡Haceme tuya! ¡Quiero lechita en mi concha!»
D: ¿Vas a grabar, Leo? Le voy a pegar una re garchada a la re puta de tu hija….- Empecé a chuparle las tetas, enormes tetas, increíblemente tetona. La pendeja me agarró del pelo y empezó a jadear.
Cami: ¡Tío Dami…ahhh! Cómo me gusta cuando me chupas las tetas, tío…. ¡Qué rico!…. Leo le había enseñado a decirme «tío» desde que empezamos a abusar juntos de ella. Era imposible no hacerlo, era una pendeja re abusable, siempre con esa figura exquisita, con ese culito redondito, y ese desarrollo precoz que a los ocho años ya le había dado tetitas.
D: ¡Ufff, pendeja! Te voy a rellenar esa concha de leche. Leo, supongo que las cámaras están prendidas.
Leo tomó su teléfono y presionó algunos botones, encendiendo inmediatamente las luces de las cámaras que abarcaban toda la habitación. Era evidente que el hombre poseía un estudio de grabación extraordinariamente profesional. Filmaba meticulosamente todo lo que ocurría, utilizando diversos ángulos y distancias, para luego editar videos de altísima calidad.
Leo es un profesional de altísimo nivel en cine y fotografía, un hecho que lo mantiene hoy día como contratista de grandes empresas de producción audiovisual y estudios de cine. Sin embargo, desde que enviudó, su negocio secreto—y el más lucrativo—era ser uno de los mejores productores de contenido sexual explícito y prohibido. Su reputación es tal que incluso es llamado desde otros países para filmar, a cambio de grandes sumas de dinero, una actividad que conlleva un riesgo considerable dada la naturaleza de su producción.
Leo: Si, ya estoy filmando todo. Me dejas jugar con Preciosa mientras vos te garchas a la puta de mi hija? – Dijo tomando a la ninfa en brazos otra vez, lamiendo su piel.
Cami: Tio Dami, dale ….necesito pito, porfa…. no doy mas.- Pase mi mano por su concha, y le babeaba como oso hambriento.
D: como estas Cami, papi te tiene que dar mas pito me parece. – La tome del pelo y la escupi- Ahora te voy a garchar bien garchada sabes? Como le gusta al tio Garcharte…. rompiendote bien la concha a pijazos.Leo: —Sí, ya estoy filmando todo. ¿Me dejas jugar con Preciosa mientras vos te garchás a la puta de mi hija? —dijo tomando a la ninfa en brazos otra vez, lamiendo su piel.
Cami: —Tío Dami, dale… necesito pito, porfa… no doy más. —Pasé mi mano por su concha, y le babeaba como oso hambriento.
D: —¿Cómo estás de caliente , Cami? Papi te tiene que dar más pito, me parece. —La tomé del pelo y la escupí—. Ahora te voy a garchar bien garchada, ¿sabes? Como le gusta al tío garcharte… rompiéndote bien la concha a pijazos.
Cami: ¡Ahhh, tío, ahhh, me encanta! Me encanta que me metas así la pija. ¡Ahhh, la siento muy adentro! —gemía muy puta la pendeja. Se zarpaba en buena, esas pendejas que miras por la calle y ya te la imaginas entregando la concha caliente.
D: ¡Cómo se te moja la concha, pendeja! Me encanta. Voy a venir a cogerte más seguido, lo prometo, ¿o puedes venir a visitarme a casa? Sabes que el tío Dami tiene lugar siempre para llenarte de leche. ¿Vos la dejas, Leo? —Leo estaba en la suya, había puesto a Preciosa cerca de una cámara donde se veía en perfecto ángulo cómo la pendeja le usaba el glande de chupete.
Leo: ¡Ahhh, Preciosa, tiene razón tu tío! Sos única, cómo me pones, tan chiquitita y ya pones así a los tipos. ¡Ufff, nenita, vas a pasar recibiendo chota! ¡Ahhhh, Dami, si me dejas la hacemos re famosa en el mundo p2! —dijo mirándome mientras le agarraba la cabecita y le pasaba la pija por la cara. Preciosa trataba de volver a atraparla con la boca.
P: ¡Ahhh, leche, lechita…! Mmm, quiero…
D: Olvídate, quiero que sea una putita famosa. Prometo traértela para que la filmes todas las veces que quieras, igual que al putito de Joaquín, voy a traértelo. – Leo me miró perversamente, era material único el que le proponía, nenes totalmente nuevos para convertirse en parte de la industria. Camila gozaba de recibir pija, la levanté en el aire, y me senté volviendo a clavarla para que me cabalgue sentados en una silla que había en el atelier. Ella sola empezó a moverse como poseída, buscando el roce de mi pija dentro de su abertura toda babosa. El olor a sexo que emanaba su cuerpo era increíble.
Cami: ¡Ahhhh, papi… no sabés cómo me garcha el tío Dami… ayyy, me gusta mucho tu pija, tío… por favor….llenáme, porfi! – Yo me prendí a sus tetotas adolescentes, era increíble el tacto de esa piel joven, dura, sus pezones rosados erguidos.
D: Dame teta, pendeja, sacáme la leche y dame teta. ¡Cómo se te moja la concha, cómo estás creciendo de linda, pendeja! – Llevé mi mano atrás de ella, a su culito, y empecé a dedearla mientras le chupaba las gomas, baboseándolas, metiendo mi cara entre ellas, oliéndola, saboreando su transpiración.— ¡Ahhh, sí, tío, tomá tetita, vení a verme, seguí así te doy teta!
D: ¡Qué pendeja puta y tetona saliste, pendeja! Qué bien que con papá abusamos de vos todos estos años. A las nenas como vos hay que abusarlas, así crecen lindas y regaladitas. – Dije riendo morbosamente.
Leo: ¡Ufff, si esto es para todos los que dicen que las pibas la pasan mal, mirá cómo disfrutan estas dos! Mirá esta beba, no tiene ni dos años. – Leo se había recostado en el sillón mientras Preciosa manoseaba su pija que debía doler de lo dura que estaba, roja, venosa; Preciosa pasaba sus labios por el glande, turgente, y él la ayudaba a masturbarlo con sus manos, la bebé trataba de seguir el ritmo como si fuera un juego muy serio. Él la había puesto encima y su conchita y culito quedaron abiertos frente a él, para lamer y oler.
La tensión en el ambiente se intensificó. El olor, la excitación de los dos hombres adultos mientras abusaban de la adolescente y el bebé, alcanzaba un límite insoportable. Yo estaba reprimiendo la eyaculación para prolongar el momento, pero todo indicaba que íbamos a terminar de forma violenta, con toda la escena siendo grabada desde múltiples ángulos.
Leo: ¡Dios, Damián! ¡Me muero, boludo! Mirá a mi pendeja cómo te monta, ¡está hecha una puta, carajo! Y Preciosa… ¡mirá cómo se me pone de dura la chota con ella! Me está succionando el alma, Damián. ¡Es oro esto, pibe, oro! —Gritó Leo, su voz quebrándose por la excitación mientras sus ojos se movían de Cami a Preciosa. Empezó a lamer con más avidez la pequeña vulva de la beba, su lengua se hundía un poco en el diminuto ano de Preciosa, que se retorcía con pequeños espasmos.
Cami: ¡Ahhh, Damián, más fuerte, tío! ¡Clavámela hasta el fondo! ¡No pares, no pares! ¡Siento tu semen en la puntita, llenáme, tío! ¡Quiero tu leche, quiero tu bebé en mi panza! —jadeaba Cami, sus pechos rebotando con violencia mientras me cabalgaba. Yo le agarré el pelo, la empujé hacia adelante y luego la volví a clavar con una fuerza bruta, sintiendo el golpe seco de mi pubis contra el suyo. El roce de su papo adolescente, caliente y mojado, era una droga.
D: ¡Sos una puta, Cami, una puta! ¡Mirá cómo se te mojan las tetas de excitación! ¡Leo tiene razón, sos una potra para ser montada! ¡Y te voy a reventar! ¡Vas a ser la puta embarazada más rica de todas! ¡Sentí la pija de tu tío, mi amor! ¡Mirá, mirá cómo te la doy! —Le dije, clavándola más profundo, sintiendo el límite de su útero. Me concentré en no acabar, en mantener la tensión en el borde del placer.
Leo: ¡Damián, mirá esto! ¡La beba me está garchando la pija con la boca! ¡Es increíble, boludo! ¡Preciosa, mi amor, chupá más fuerte! ¡Eso, pendeja, sos una puta de nacimiento! ¡Seguí, Cami, seguí, que la quiero ver parir a esta guacha!
Cami: ¡Ahhh, Damián, dame leche, por favor! ¡Estoy que exploto! ¡Mirá la bebita, qué bien que chupa! ¡No te vengas, tío, no te vengas! ¡Quiero sentir la semen de tu pija en mi útero! ¡Esperá un poco, por favor!
D: ¡No voy a parar, puta! ¡Vas a sentir mi semen hasta la garganta! ¡Sos mía, Cami, de tu tío!- mire a Leo- ¡Dale, Leo, seguile chupando la concha, que la beba te pide más! —Seguí con mi embestida, mis movimientos rápidos y fuertes. Cami gemía, sus uñas se clavaban en mi espalda. Mi erección era de piedra, al borde del colapso, pero la imagen de Preciosa succionando la pija de Leo, y la histeria de Cami, me daban un control macabro.
Leo: ¡Sí, Damián! ¡Mirá, Cami, mirá cómo goza! —Leo retiró su lengua del anito de Preciosa y se la ofreció a Cami. —¡Tomá, puta, probá la concha de la beba!
Cami, sin dudar, se inclinó y lamió la lengua de su padre, justo cuando yo daba una embestida final antes de detenerme en seco, respirando agitado. DE mi pija broto un mar de semen, mientras padre e hija lamian a preciosa en su intimidad.
D: ¡Ahhh, hija de puta, cómo me sacaste la leche, pendeja de mierda! Me exprimiste la chota —dije mientras apretaba sus tetorras hermosas.
Cami: Mmm, ¡aahhh, sííí, qué rico, ahhh! Te siento adentro, tío Dami, te siento en mi panocha. ¡Qué rico! —dijo entre lamidas a la concha de Preciosa, y un intenso orgasmo que apretaba mi pija que buscaba relajarse.
Leo: ¡Ahhh, Dami, sostené a la bebé, que la escena es perfecta, ahhhh! —Como buen director de cine, quiso captar ese momento intenso. Tomé a Preciosa, y metí mi nariz en su culito. Mi lengua se cruzaba con la de Camila, que seguía jadeando y chupando a una Preciosa que se retorcía como una muñequita de trapo, sobrepasada del placer.
P: ¡Ahhhhmmmmagghhhhhhhh ahhhh! —hacía ruidos inentendibles que, si hubieran podido ser traducidos, serían: «¡Ahhh, tío, sí, qué rico me chupás el sapito!». Leo empezó a masturbarse en la carita de Preciosa, y quién no querría clavarse una paja pasando la pija por esa carita de bebota, de muñequita de porcelana. Le impregnó su suave piel de precum y olor a chota concentrada.
D: Dale, amigo, esta bebita quiere su leche… — Cami tomó a Preciosa del rostro y empezó a darle un sensual beso de lengua mientras el pene de su padre acariciaba a ambas. Yo sostenía fuerte a Preciosa para que no se cayese. Cami acarició sus enormes tetas y las refregaba contra el cuerpito de Preciosa, se daban lengua entre las dos, Camila besándola con un beso lésbico en extremo morboso, y Preciosa respondiendo como un juego, con su ternura e inocencia que hacían natural la depravación de los que la acompañábamos.
Cami: Dale, papito, las nenitas queremos leche, necesitamos la mema, ¡pa! ¿Verdad, Preciosa? — le hablaba tiernamente a la bebé.
P: Leche, sííí, lechita… — respondió inocentemente, o no tan inocentemente, Preciosa, que seguía disfrutando del juego de lenguas y las caricias de poronga que recibía en su cara. Leo con gran habilidad tomó una pequeña cámara que filmaba desde un trípode y la puso enfocando a la niña y a la adolescente, sin dejar de masturbarse sobre la cara de ambas.
Leo: ¡Ahhh, qué putas son, Dios! ¡Esas caritas! ¡Mira lo que son los ojos de esta princesita! – dijo refiriéndose a Preciosa, y sus rasgos de muñequita. Su mano se movió a ritmo frenético. Para ser un hombre acostumbrado al sexo con niños pequeños, estaba totalmente sacado, quería terminar, y terminar con esa toma. — ¡Ahhhh, Dios, ahí les va… les va la chechona para las dos! ¡Ahhhhh!
Disparó 4 grandes chorros de semen espeso que dieron en la cara de ambas niñas, pero no conforme con esto, otros chorros más pequeños y rápidos siguieron salpicando a ambas, en sus rostros, ensuciando las tetonas de Cami, y el cuerpito y pelo de Preciosa. Esos rostros estaban embadurnados de mucho semen, de un tipo re lechero como Leo que acostumbraba a soltar grandes cantidades. La pobre Preciosa se vio sorprendida por los primeros lechazos, pero después recibió divertida ese néctar que tanto disfrutaba probar de mi pija. Era la primera vez que probaba semen de otro macho que no fuera yo, pero para nada se vio superada por esa situación. Cami la miraba con ternura, esa típica ternura de niña-adolescente que juega de forma maternal con una infante.
Leo: ¡Dios, estas pendejas! ¿Cómo puede ser que me hayan sacado tanta leche, boludo? — Dijo mi amigo riendo.
D: Viste, yo te dije que esta bebita era oro puro… es una mamoncita, mi princesa…
Cami abrazó a Preciosa y empezó a jugar con su lengua en su cara, arrastraba el semen con su lengua hasta su boca. La pequeña no tardó nada en seguir el juego y buscar el semen de la cara de Camila, empezaron a jugar con el semen de sus rostros, a comerlo, esparcirlo, en un juego de ternura, sonrisas, y perversión que excedía mi capacidad de entender. Era un encuentro entre dos putas naturales, nacidas para sacar leche de los machos que se crucen en sus vidas.
Cami: Sí, bebita, compartimos la lechita de papi… es re rica, ¡sos una bebe muy inteligente! ¡Qué besitos ricos que das!
P: Mmmm, besitos, ricos, leche ricaaaammmm, muaaaa — Preciosa compartía lengua y miradas con Cami. Mi pija tuvo un sacudón, pero por la hora no podíamos tener otro round…
D: Mmmm, yo creo que para terminar tenemos que darles una ducha a estas pendejitas, amigos… ¿una duchita dorada, no? — Miré a Leo que entendió el mensaje al instante y apuntó su pija. — Sí, Preciosa, vas a recibir juguito del tío, amor… vos, Cami, preparate también, ¿te acordás lo que me gustaba hacértelo de chiquita?
Cami: ¡Sí, tío! Me encantaba, pero ella, ¿no es muy bebé?
Leo: ¡Sí es muy bebé, tiene que aprender, como aprendiste vos! — jajaja, dijo escupiendo en la carita a su hija— ¡Mi putita hermosa!
D: Preciosa no tiene que aprender, ama que el tío le haga cositas sucias… ¿verdad, princesita? — dije pasando mi pija por su carita.
El primer chorro de meo salió de la pija de Leo, que estaba hecho un fuego. Meó a su hija primero, la putita buscó el chorro con la boca para escupir después sobre sus tetas. Sujetaba a Preciosa en brazos como si fuera una hermana mayor cuidando a su pequeña hermana. Preciosa instintivamente manoseaba la teta de la adolescente que debían ser del mismo tamaño que las de Ximena, su mamá. Preciosa recibió mi chorro, que apunté a su pancita para no lastimarla con la presión, después fui subiéndolo, ensuciándole la carita y el pelito. Ella reía, se divertía. Cami volví a besarla mientras ambas eran meadas, dejando un charco alrededor de ellas y empapando el sofá.
Leo: ¡Qué hijo de puta sos! Siempre encontrás la forma de hacer todo más sucio, hijo de puta.
Preciosa agitaba las manos como buscando más, reía y le hacía caras a Cami mientras se seguían acariciando.
Cami: Sos muy linda, Preciosa… ¡Tío Dami, traela a jugar seguido, porfi!
D: Sí, amor, obvio. Tengo que hablar con Ximena, porque no le copaba la idea, pero va a terminar diciendo que sí, lo juro. — Miré mi teléfono y la hora — ¡No, boludo! ¡Es re tarde, tengo que irme!
Leo: Pero pará, dale una ducha a la bebé, rápida, ¡está toda hecha un desastre! — Me dijo alarmado.
D: Na, que vaya así, la cambia la mamá en la casa. Dame esta toalla que la seco. — Cami me alcanzó una toalla toda sucia, con restos de semen seco, y olor a todo lo que sale de un cuerpo, que debían usar cuando terminaban de filmar. Seguramente había fluidos de muchas personas, pero no importó. Vestí y puse otro pañal a Preciosa. Leo fue a buscar algo mientras yo me despedía de Cami que tenía a upa a Preciosa.
Cami: ¡Ay tío, traemela más seguido, porfi! Me encantó jugar con ella, quiero que papi nos filme seguido, ¡trae al hermano también, dale! — Me acerqué y besé la boca sucia de petera de Camila, y mientras manoseaba su hermoso culo.
D: Sí, amor, obvio que te la voy a traer más seguido, prometo, ¿vos me prometés otra cosa? — Apreté contra mí a la pendeja.
Cami: ¿Sí, tío, mmmm… lo que vos quieras?
D: Te vengo a buscar para llevarte a la escuela, ¿y me sacás la leche con esas tetotas? Quiero que me hagas una turca y vayas al cole toda guasqueada, como cuando te ensuciábamos para ir al jardín con tu papá…
Cami: Mmm sí, tío, obvio… Me encantaba ir así, la seño me decía qué eran las manchas en mi ropa, eran dos zarpados…
D: Vos estás zarpada en puta, Cami, me la paso viendo tus videitos y queriendo llenarte de semen. — Leo se acercó con dos fajos de billetes verdes y me los extendió. — ¿Pará, boludo, qué me das, jaja?
Leo: Yo te dije que ibas a ganar plata, tomá. Dale a Ximena también así ve que la nena puede ser una estrella de cine, jajajaja. Eso sí, si preñaste a la putita esta, la cría va a quedarse acá y es toda mía.
Cami: ¡Ay, papi… no seas así! Jajaja. — Abrazó a su papá mientras yo tomaba a Preciosa.
D: Jaja, amigo, si te hice abuelo, disfrutalo, lleva tu sangre también. ¡Pero sí quiero estar en la primer película!
Leo: Trato hecho… — Nos dimos la mano. Y tomé a Preciosa y me fui.
.
Cuando llegué a la casa de Ximena, ella abrió la puerta con cara de enojo y tomó a Preciosa. La olió y se dio cuenta de que estaba sucia, pegajosa de meo y semen.
X: ¿Vos estás loco? ¿Qué te pasa, pelotudo? ¿Cómo te vas a llevar a mi hija y dejar que esté con desconocidos? ¿Sos idiota? — Me dijo re enojada. Estaba con su camisón todavía, sus ojos estaban inyectados en sangre.
Me encantaría conocer sus opiniones y experiencias. Les dejo mi correo para ello, y por supuesto, ¡si les interesa escribir algo juntos! [email protected]
En breve voy a abrir mi Blog para relatos, donde voy a republicar todo lo que vaya escribiendo y otras historias. Saludos!!!



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