Berenice, una niña curiosa. Capitulo 7.
Aprovechando cada momento, disfrutando cada experiencia..
Desperté muy temprano, apenas estaba clareando el día, eran las 6 y tantos de la mañana. Tenía molestias leves, pero realmente nada importante. Fui al baño y revisé que C siguiera dormido, roncaba como un bendito.
«I» seguía dormido y había destapado parte de su cuerpo cuando me levante (recuerden que nos habíamos acostado desnudos). Lo contemplaba embobada. Era peludo, en pecho, en piernas y brazos. No tenía el cuerpo marcado en músculos, pero si tenía los brazos y las piernas gruesos, su espalda era muy ancha y su pecho estaba a mi medida. En su cara ya «azuleaba» el indicio de su barba (yo nunca lo había visto con barba crecida), definitivamente no era guapo, pero el no ser feo y ser tan masculino eran sus puntos a favor (sin mencionar el tremendo paquete que se cargaba).
Lo acabe de destapar y fije mi mirada en su pene, no me atrevía a tocarlo, me daba pena que me descubriera y se burlara, pero ya era tarde…
-«Agárralo sin pena, es tuyo»- dijo «I».
Muerta de pena y entre risas de él me eche la cobija encima.
Entre jalones me la quito y la aventó al suelo. Me forcejeo pero con suavidad hasta que me acomodo encima suyo, yo lo golpeaba en juego mientras él se reía con ganas de mi vergüenza.
-«Te me antojas-» me dijo.
Me acariciaba la espalda y las nalgas, me jalo más hacia él y comenzó a besar mi cuello y lamer mis pequeños pezones que se habían puesto duros y erectos. Los chupaba con fuerza y los ponía entre sus dientes muy suavemente. Lo disfrute demasiado, la verdad los tenía muy sensibles por haberme estado tallando contra su pecho la noche anterior en la tina y la sensación era deliciosa.
Su erección estaba inmensa, la sentía picoteando entre mis nalgas y mis piernas, ya estaba lista, ya quería entrar en mí, la lubricación que salía se embarraba en mi piel y me anunciaba lo que venía.
“I” salió del cuarto y fue a asomarse al cuarto de C
-«Sigue dormido, pero ya no tarda en despertar»- dijo mientras cerraba la puerta con seguro. Yo miraba ansiosa el enorme pene que se bamboleaba de un lado a otro mientras caminaba hacia mí.
Se hinco en el suelo, se acercó a la orilla de la cama y me jalo hacia él, acomodo mis piernas en sus hombros, ya estaba húmeda (siempre he lubricado abundantemente y rápido) así que solo me mojo un poco más con lo que le salía de la punta del pene. Ya sabía hasta donde meterlo y en esa posición podía controlar muy bien la velocidad y la fuerza de sus embestidas.
Como había jalado una almohada mi cabeza quedo levantada y miraba fascinada como su miembro entraba y salía de mi cuerpo. Ya me había acostumbrado a los aromas y sonidos, pero el ver cómo me sometía y me penetraba me causaba un tremendo placer que aumentaba al ver la diferencia en tamaños; el enorme y fornido, yo pequeña y delicada.
Por la posición en que me tenía, su pene hacia un ángulo hacia arriba, como si hiciera palanca con mi vientre, y se sentía exquisito. Usaba también las yemas de los dedos para frotar mi clítoris por encima mientras mientras besaba mis pies y chupaba mis dedos.
Ya sin dolor ni miedo los orgasmos se sucedieron uno tras otro, no podía ni controlar el volumen de mis jadeos por toda la estimulación que mi pequeño cuerpo estaba recibiendo. La velocidad a la que me penetraba aumentaba mientras en mi vientre lo sentía moviéndose, frotándose en todos lados, el cosquilleo de los orgasmos era continuo.
No era justo, él era muy experimentado y yo apenas podía mantenerme coherente, solo atinaba a mover los brazos y poner las manos en mi boca para acallar los jadeos por el placer que sentía.
No sé ni cuantas veces me vine…
«I» se quedó quieto mientras me empujaba su pene hasta donde podía meterlo sin lastimarme, sabía que se estaba viniendo, que otra vez había algo de él dentro de mí; mire su miembro conectado a mi mientras palpitaba de esa forma tan característica de cuando eyaculan. Aun se movió un poco, entraba y salía, pero muy despacio, como si estuviera masajeando su pene dentro de mi o empujando su semen hasta el fondo de mi vientre.
-«Me vine un montón princesa»- me dijo con voz agitada.
No salió de mí, solo bajo mis piernas lentamente quedando colgadas en la orilla de la cama y así hincado en el suelo como estaba recostó su cuerpo sobre el mío, pecho con pecho. Solo fueron unos minutos en esa forma, pero los disfrute cada segundo.
Un rato después nos limpiamos y vestimos, fuimos a la cocina y mientras el preparaba el desayuno me quedé viendo hacia el bulto de su pantalón, comencé a tocarlo sobre la ropa y la erección llego inmediatamente, sobre su pantalón de mezclilla se marcaba la cilíndrica forma de su pene que acariciaba embelesada.
-«¿Te duele?»- le pregunte
-«Si, porque se aprieta con el pantalón»- me respondió
Le desabroche el pantalón y con mis manos saque su pene, no estaba tan duro como cuando teníamos sexo. Comencé a masturbarlo despacio usando ambas manos, a pesar de todo lo que habíamos hecho seguía sintiendo mucha curiosidad de muchas cosas y no quería dejar ni un momento de aprender, quería que él disfrutara como él me hacía disfrutar.
-«¿Crees que algún día me quepa entero en mi cosita?»- le dije mientras lamia de la punta de su miembro una gota de algo transparente que salía.
Le arranque un gemido al hacerlo, me encanto ver su expresión de placer. Jale hacia atrás y deje al descubierto la punta de su pene al tiempo que me la metía a la boca, en realidad no me cabía mucho, apenas unos centímetros más aparte de su glande. No sentía asco, la verdad es que en ese momento lo único que quería era disfrutar todo lo que se pudiera, no sabía cuándo o si alguna vez volveríamos a estar solos tanto tiempo. Me sentía toda una experta, como las chicas de las «películas de amor», en realidad lo hacía tan mal que me salía bien, lo lamia y lo chupaba sin ritmo ni orden y en esa torpeza radicaba el encanto. «I» tomo una de mis manos y la coloco en el tronco de su pene, me hizo moverla para masturbarlo al mismo tiempo. Comencé a «acelerar», debía hacerlo rápido, «C» podía salir del cuarto en cualquier momento y si corría a la cocina inevitablemente encontraría a su hermanita desayunando algo que no debía. Unos momentos después sentí que «I» lo quería sacar, no me resistí, no quería lastimarlo con los dientes.
-«Abre la boca muñeca»- me dijo.
Lo obedecí y me hizo voltear hacia arriba usando su mano en mi barbilla, acerco la inflamada punta de su pene a mis labios y empezó a eyacular directo en mi boca, se sentía caliente y el aroma era intenso, pero no desagradable. Me quede unos momentos así, mirándolo, con él sujetándome la barbilla y la boca llena de semen.
-«Pásatelo mi amor»- dijo.
Me lo pase completo. No era un sabor fascinante, ni siquiera agradable, está en la línea de lo tolerable o lo indiferente, pero nosotras lo bebemos porque sabemos que a los chicos les excita eso y eso a su vez nos complace; el saber que nuestro chico lo disfruta. Obviamente a esa edad no tenía esa consciencia completa, solo sabía que le gustaba y yo quería hacer cosas que le gustaran.
Mientras él se limpiaba yo me fui al baño para enjuagarme la boca, esta vez no se hicieron los «grumos», creía que pasarme el trago completo lo evito. (No sabía que en realidad lo que lo formaba era el contacto del semen con el agua, así que la noche pasada el estar bajo la regadera mientras se lo hacía fue lo que lo ocasiono).
«I» fue a despertar a «C», nos sirvió el desayuno (seria el segundo para mi) y le pregunto si hoy iría a jugar también, dijo que no y la decepción se marcó en nuestro rostro, tendríamos que esperar hasta la noche que se durmiera para poder estar solos. «I» dedico el día a echar a lavar las sábanas y la ropa que habíamos ensuciado.
“C” no nos acompañó a la azotea, se quedó a jugar mientras que nosotros subimos a tender la ropa para que se secara.
– “No me contestaste la pregunta de la mañana en la cocina ¿eh?”- le dije.
Me contesto que era muy difícil saberlo, que quizás me podría entrar más pero no sabía si todo. También me dijo que no era muy agradable tener el pene tan grande, de hecho, era incomodo la mayoría de las veces porque no podía hacer algunas posiciones ni emocionarse demasiado o podía lastimarme o lastimarse.
– “¿Cuántas veces lo has hecho antes?”- le pregunte con algo de enojo (eran celos, pero no sabía)
Me dijo que varias veces pero que no importaba porque ahora yo era su novia y solo lo haría conmigo.
– “¿A otras chicas si les ha entrado todo?”- continúe preguntando.
Me dijo que solo había conocido a 2 con las que pudo hacerlo normalmente.
– “Mira, muchos hombres presumen de tener un pene enorme cuando no lo tienen, creen que eso los hace más machos, pero no es verdad. Algunos otros desean tenerlo enorme sin saber que es casi siempre incomodo. Una vez una chica se sentó en mi pene y prácticamente se dejó caer, te juro que sentí que me lo había roto porque llegue al fondo y sentí que se dobló, fue un dolor horrible y una sensación nada placentera ni para ella ni para mí; la lastime, me lastimo, y no pudimos seguir. Conocer el cuerpo de tu pareja es muy importante, así como yo contigo, ya sé cuánto puedo entrar, ya sé que tan fuerte y que tan rápido. Tu aprenderás poco a poco”- Me respondió.
Hare un pequeño paréntesis para ahondar un poquito en el tema de “I” ya que es importante para los capítulos posteriores.
Su mamá y su papá se separaron porque mi tío tenía un table-dance (Que también era prostíbulo y mi tía no sabía que ese era su negocio; mi tío siempre dijo que era una cantina y que las muchachas eran meseras. Mi tía peco de crédula por muchos años) al cual llevo a “I” cuando cumplió 15 para que lo “estrenaran” (antigua tradición de México en la que el papá lleva al hijo a que tenga su primera relación sexual con una sexoservidora), mi tía se acabó enterando casi un año después, cuando la chica que “estreno” a mi primo novio lo convenció de irse a vivir juntos (para ese momento ya tenían varios meses de novios y ya me puedo imaginar la cantidad de cosas que le enseño ella a él); no termino bien, cacharon a “I” cuando recogía cosas en su casa y no tuvo más remedio que enfrentar a mi tía y eso fue peor, se supo todo, mi tía corrió a mi tío de la casa y a “I” lo mandaron al pueblo de mi abue, al cuidado de uno de mis tíos, año y medio estuvo allá… año y medio que no desaprovecho entre tanta chica inocente de pueblo.
El ”I” que yo tenía en ese momento era el resultante de toda esa “practica” …
Volviendo a la azotea
Me sentía molesta por lo que me había dicho, estaba muy celosa, el solo pensar en otra chica haciéndolo con él me tenía furiosa. Lo noto rápido, me abrazo por atrás y pego mi trasero al bulto de su pantalón.
– “Suéltame o grito”- Le dije mientras se me llenaban los ojos de lágrimas.
– “No llores mi amor, por eso no te quería contar”- me dijo mientras me besaba la boca.
Era muy boba en ese entonces y no ayudaba en nada el estar tan enamorada de él, con apenas un par de besos deje de resistirme.
– “Ven”- Me dijo mientras me jalaba de la mano hacia un pequeño cuarto improvisado con reja y lona en los costados y techo que había en la azotea donde se guardaban trebejos.
Me hizo inclinarme hacia el frente, puse mis manos sobre unos costales con tierra que había ahí
– “Aquí no, nos van a ver”- le dije muerta de miedo.
No me hizo caso, sus manos se metieron bajo el vestido y tomando mi calzón por los costados lo bajo hasta mis pies.
– “Separa las piernas”- me dijo en voz baja.
Lo intente, pero el calzón en mis tobillos solo se estiro y me lo impidió, levante mi pie y lo zafe de un lado.
“I” levanto mi vestido y bajo su cuerpo un poco, casi de inmediato sentí la húmeda punta de su pene buscando la entrada a mi cuerpo…la encontró y por instinto empujé mi cuerpo hacia el suyo para que me penetrara.
Tomo mis caderas con sus manos y empezó a moverse, entraba y salía con rapidez mientras yo me sentía inusualmente excitada por la posición en que me tenía y por el enorme riesgo de que alguien subiera y nos encontrara así. No despagaba la mirada de la puerta que conectaba la azotea y el interior del edificio, podía verla desde uno de los incontables agujeros que tenía la lona.
El miedo no me quitaba el placer, de hecho, era delicioso, su pene volvía a hacer ángulo, pero ahora como si fuera a mi espalda, sentía como si corrientes eléctricas fueran de mi vientre por mi espalda y hacia mi cabeza, la cara me hormigueaba y mis pezones erectos y super sensibles por el festín que “I” se dio en la mañana con ellos se tallaban contra mi ropa y hacían que se me erizara la piel de los brazos. Me temblaban las piernas y perdí la fuerza en los brazos, me dejé caer hacia los costales con mi cara pegada a ellos y mi trasero bien levantado y embestido por mi primonovio; ya no contenía mis orgasmos, los deje llegar uno tras otro y entre los jadeos comenzaron a salir gemidos de placer.
– “¿Quieres me venga en tu vagina o en tu boquita?”- me dijo.
– “En mi vagina”- en conteste entre gemidos.
Apretó mis nalgas y empezó a llenar mi vientre con su esperma.
Salió de mí, se acomodó la ropa y se agacho, zafo mi calzón que aún estaba en mi pie y lo uso para limpiar el semen que goteaba de mi vagina, ya no era mucho, me lo estaba acabando.
– “Ya tienes irritada tu cosita princesa, vamos a tener que hacerlo por el otro lado”- Me dijo mientras me revisaba.
– “¿Otro lado, como que otro lado?”- pensé.
Si no hubiera estado tan aturdida por lo que me acababa de hacer hubiera recordado lo que había visto en tantas “películas de amor” que había visto…
Estaba por experimentar algo nuevo, algo llamado “Sexo Anal”
he leido todos tus relatos…haste este ultimo….el nº7…..y son sin duda los mas lindos que he leido aki…..no decaigas y sigue con mas…porfa
¡Aun falta mucho, gracias por leerlos!
Excelentes relatos, sigue contando, estaré al pendiente, hojalá hubiera tenido una primita como tú
Ni hablar, no todos se pueden sacar la lotería jajajaja. Gracias por leer, estaré enviando el relato a la pagina los domingos por la noche para que lo suban en el transcurso del lunes.
Muy bueno y muy real aquí estoy a la espera de los demás capítulos excelente
Hola amiga muy buenos relatos de tu niñez y como tu primo te enseño todo y los dos tuvieron una linda historia de amor ya ni has sacado más partes ? Ojalá continúes esta historia y que bueno que las chicas se animen a escribir estos relatos para demostrar que también disfrutaron y desmentir a toda la psicología que ataca este tipo de situaciones
Un saludo especial a la autora de tan grandiosos relatos, por favor continúa, han sido meses de espera!!!
Lamento la espera, estuve un poco delicada por el COVID pero ya el lunes subo la siguiente parte. Gracias por sus comentarios!
Que buen relato, me hiciste recordar cuando tenía 11 años y se la metía a mi hermanita de 8, hasta la fecha sigue siendo mi obsesión, lo que daría por regresar a esos tiempos