Borracho tomé a mis niñas
Todos sabemos que con el cerebro normal, las cosas pueden no salir bien. Pero también sabemos que con el cerebro embotado por el alcohol, las drogas o la desesperación, las cosas no suelen salir bien ¿o algunas veces si…?.
=========
Eran las fiestas de mi pueblo. Mi mujer nos había abandonado unos días antes, a nuestras niñas de 11 años, recientes 9 años, y a mí, por un viejo rico que le había puesto un apartamento en la ciudad y le regaló un auto. Esa noche estuve demasiado tiempo en el bar con mis amigos de siempre y hablando de mujeres, sobre todo de la mía y de otras amigas aún casadas. Casadas, madres, pero más putas que las gallinas. Cosas de pueblos y del aburrimiento.
El licor potente y barato corrió en abundancia, y aunque los 5 éramos buenos bebedores habituales… esa noche vaciamos las bodegas, llenamos en demasía los estómagos y vaciamos el cerebro de todo símbolo de moral, respeto y normalidad, al comentar los vicios de nuestras mujeres… y de otras, que nosotros mismos promovíamos. Salí del bar extraordinariamente borracho, con la polla bien dura por las conversaciones en las que mis amigos me recordaban “con detalles”, las veces que se la follaron, y los cuernos supremos que mi esposa me puso al irse con otro más rico y mucho más viejo. Necesitaba vaciar mis huevos en algún coño o culo, masculino o femenino.
Al entrar en mi casa, necesité urgentemente pajearme. Me saqué la polla y mientras me dirigía al baño secundario, me la empecé a menear. Al pasar por delante del dormitorio de mi niña mayor, me di cuenta que tenía la luz de la mesita de noche encendida y la vi.
La vi totalmente desnuda sobre la cama y masturbándose lentamente. Estaba ligeramente ladeada hacia su lado izquierdo, tenía encendido el portátil y estaba viendo una porno. Tan absorta en lo que veía y hacía en su entrepierna, que no se enteró de mí hasta que entré. No se asustó al verme con la polla agitada en mi mano. No se inmutó demasiado. Es más, hizo una mueca como sonriéndome y apartó su portátil como para hacerme sitio.
Posiblemente, para un espectador neutral era un espectáculo precioso. La niña masturbándose desnuda, tendida en la cama, y el padre masturbándose todavía vestido, pero con el pollón agitado en su mano. Mi preciosa niña de aún 11 años hizo algo más. Deslizó su cuerpo sobre la cama estirándolo completamente ¡y abrió sus piernas invitándome a entrar en su cueva y hacerla mía!
Dejé de masturbarme y empecé a desnudarme con tanta prisa y tan poca cabeza, que casi me caigo al suelo. Subí a la cama, me metí entre las piernas de Conchi y no me preocupé de nada más que de penetrar con mi pollón, en la estrecha caverna de mi niñita. Solo recuerdo entre brumas, lo mucho que me costaba meter mi polla por su estrechez vaginal, y algunas de las lágrimas que en sus ojos aparecieron en dos o tres ocasiones. Pero nunca me rechazó, ni se quejó. Al revés, se posicionaba para ayudarme a follarla.
Recuerdo que poco después tuvo un orgasmo. Su cuerpo se estremeció y de repente, se levantó un poco, sus brazos rodearon mi cuello y su boca se aplastó con la mía, al mismo tiempo que sus caderas se movieron lentamente y se ajustaron a esa preciosa penetración filial. Si a eso unimos los flujos expulsados por el orgasmo, mi follada empezó a ser mucho más que una follada ¡casi fue más una potente violación! Una terrible borrachera, brumosa y sin sentido, pero tan preciosa que violé a mis niñas.
Los besos de mi niña y su lengua queriendo entrar en mi boca, aún me excitaron mucho más. Mi cerebro no existía pero si existían mis deseos de descargar mis huevos y por lo tanto, usar mi polla era lo prioritario para mí. Mi gruesa polla estaba parcialmente dentro de la niña y yo la necesitaba meter hasta el fondo para descargar mi leche en lo más profundo de ella. No lo pensé ni lo dudé. La cogí fuertemente de las caderas y no me importó que fuese mi niña amada, ni su edad, porque su cuerpo ya hacía tiempo que estaba muy desarrollado. Como el de su hermana Yoli. Las dos aparentaban mayores, aunque solo eran niñas.
Pero Conchi también estaba fuera de si. Yo no lo sabía, porque los padres sabemos muy poco de nuestras niñas, pero era, al igual que su hermanita, dos reconocidas mamonas en su cole y las dos eran muy amantes de ver porno, sobre todo duro y Bdsm. Al fin y al cabo, las dos niñas veian a su madre con el porno y follar con alguno de sus amantes. Las dos deseaban, aunque fuese en el fondo, ser folladas y “hacerse mujeres”. Les venía de genética.
Lo que sí recuerdo bien, es que los besos de la pequeña boca de la niña, no sabían a tabaco. Tampoco tenían sabor a alcohol. Me pregunté que podía haber hecho mal para educarlas, si a los 11 años mi niña no fumaba ni bebía licor. Sin embargo, yo hubiese deseado follar a mi niña muy borracha y con su lengua teniendo fuerte sabor a nicotina. Me gustaban las mujeres viciosas y muy putas. También pensé en Yoli. Si mi niña de 11 años no fumaba ni bebía ¿lo haría mi Yoli de recientes 9 años? Y no sé por qué, en esos momentos me prometí hacerlas muy putas y viciosas. Tan putas, que superarían a su madre.
Ese neblinoso pensamiento, aún me excitó mucho más. Algo dentro de mí me decía que si la quería hacer muy puta, tenía que tratarla como puta. Y empecé a follarla duramente. Nada me importaba excepto mi propio placer y por desgracia para ella, mi polla empezaba a penetrar cada momento mejor dentro de ella. Y la follé. Y la traté como a una puta experimentada y adulta, que cerró sus preciosos ojos y apretó sus dientes por el dolor causado.
De repente, la niña se soltó de mi cuello y cayó hacia atrás. Se había vuelto a correr y estaba muy cansada y dolorida. Sus ojos, nuevamente abiertos, estaban clavados en los míos. Se abrían y cerraban. Respiraba entrecortadamente. Sus caderas aún se movían y se ajustaban a mi follada para ayudarme a penetrarla mejor, y poco a poco fui consciente que mi capullo golpeaba el fondo de su coñito con fuerza. Poco después, llegó mi momento triunfal ¡me corrí por primera vez en el coñito de mi niña! Lo llené de leche paterna y deseé con todas mis fuerzas, dejarla preñada.
Apoyé mis brazos en la cama, a los lados de su cuerpo mientras nos mirábamos fijamente durante unos instantes. Poco después me sonrió con una mueca y me dijo:
–Papá, gracias a ti ya no soy virgen… pero Yoli si y como yo, quiere dejar de serlo ¡mirala como se acaricia el coño! Te desea, pero como a mí me has destrozado el coño, a ella métesela por el culo. Así las dos estaremos marcadas para siempre por ti y para ti. Cada una con un principio distinto. Mira tu polla, aún está dentro de mi coñito y la tienes durísima y mojada. La podrás follar sin problemas.
A pesar de que mi cabeza estaba llena de brumas alcohólicas, vi como la pequeña Yoli subía desnuda a la cama, le daba a su hermana mayor un pequeño tarro de crema para las manos y esta lo comprendió. Le puso crema en la entrada de su ano y sin demostrar ningún miedo, se tendió como de a cuatro sobre su hermana y me ofreció su virgen culo. La visión de ese infantil culo de solo 9 años y sus dos agujeritos frente a mí me impactó. Tentado estuve de meterla en su coñito y Conchi lo comprendió así y me dijo:
–No papá no. Te he dicho por el culo y así debe ser. Todos sabremos que en la primera vez, a mi me rompiste el coño y a ella le rompiste el culo. Ya verás como las dos vamos a ser desde ahora tus esposas, tus putas y las madres de tus hijos ¡porque te vamos a dar hijos! Mañana harás con nosotras lo que quieras, pero ahora, debes usar su culo.
No sé si lo comprendí o no, pero su voz era como autoritaria, mi polla estaba durísima y mis huevos se estaban llenando para ser vaciados en ese otro agujero familiar. Mi capullo se apoyó en el agujero, mis manos cogieron con fuerza sus pequeñas caderas y empujé con fuerza…
Mi hija Conchi abrazó con fuerza a su hermanita y la besó con más fuerza en la boca para impedir que gritara en el silencio de la noche. Mi polla tuvo que hacer mucha fuerza para entrar. Conchi agarraba algunas veces la cabeza de su hermanita para que sus bocas estuviesen tan apretadas que no se oyesen sus gritos en la noche. Y mi pollón, inmensamente grande y grueso para ese precioso infantil culito, empezó a penetrar y a meterse dentro. Cada vez más adentro. Y cada vez mi niña se movía más y se agitaba más. Nuevamente Conchi me habló entre cariñosa y mandona:
–Papá, no seas tan bestia. Tienes un pollón de tamaño cine porno y Yoli, a pesar de su tamaño solo tiene 9 años calentitos todavía ¿por qué en lugar de querer meterla tan hondo, no la follas con el trozo que ya tienes dentro?
Y yo, sin saber por qué, al oír su fuerte voz simplemente le obedecí. Volví a agarrar con fuerza sus pequeñas caderas y la estuve follando un buen rato metiendo y sacando de ese estrecho culito, más o menos media polla. Pero poco después, Conchi, excitada y alegrándose de la porno-escena entre su hermana y su padre, empezó a masturbar a media potencia a su hermanita, y al ver como la pequeña se iba excitando, empezó a darme ánimos para que la penetrase “un poco más”.
–Dale más papá. Ten cuidado, pero métela más profundamente ahora que tiene los dos agujeros usados y creo se ha corrido un poco. Seguro que empieza a gustarle.
Inconscientemente, bien por mi borrachera o simplemente por mi excitación sexual, mi polla empezó a hacer caso a la voz de mi hija mayor. Poco a poco, sin prisas, fue metiéndose más profundamente en su inexplorado ano. Y tal como más la metía, más placer sentía por la estrechez de su culo y con más fuerza la penetraba. De repente, la ahora excitada voz de mi hija resonó en mi cabeza:
–Así papá, así. Qué maravilla ver como tu polla la estás metiendo casi entera dentro del culo de Yoli. Conmigo quiero que la metas entera ¡hasta tus cojones!
Esa voz y su rostro de satisfacción por lo que veía y sentía con su abrazada hermanita sobre su cuerpo que hacía de cama, me excitaron terriblemente y aún la forcé un poco más. Unos minutos más tarde, mi niña se corrió de verdad, gracias a mi follada y la masturbación y caricias de su hermana. Poco después, mis huevos depositaron mi primer semen en el ano de mi segunda hija ¡Ya eran mías las dos! Y yo casi no me enteré “del todo”, por culpa de mi borrachera.
Me entraron unas ganas horribles de orinar, la saqué con rapidez y me fui al baño. Pero al volver, me acordé que mis niñas no olían a alcohol, no estaban borrachas y me dispuse a arreglarlo para siempre. Pasé por el salón, cogí dos botellas sin abrir de potente vodka y con ellas volví al dormitorio. Mirándolas sonriente, les dije a las dos:
–Quiero que nos bebamos estas botellas. Quiero poneros borrachas perdidas a las dos, para volveros a follar a cada una por el agujero no usado de la otra, y así, os acostumbrareis a emborracharos y a follar constantemente. Esta noche será nuestra noche de bodas y nuestra primera noche loca de sexo y alcohol.
–Entonces papá ¿vamos a ser tus putas? –preguntó Conchi-
–¿Y nos dejarás fumar? –preguntó la pequeña Yoli-
–Vais a ser mis putas y las putas de otras muchas personas. A partir de ahora seréis fumadoras, borrachas y empezareis a tomar algunas drogas ¿no copiabais a vuestra madre? Pues ahora seréis más putas que ella ¡Os lo juro!
Y las dos se miraron, sonrieron y se besaron sin pudor alguno.
========
Libre95 +++ [email protected]


(1 votos)
Dejar un comentario
¿Quieres unirte a la conversación?Siéntete libre de contribuir!