CAPÓ RURAL (1)
En un camino rural, Carlos sodomiza a Elizabeth sobre el capó del coche mientras Mara mira, excitando morbosamente a Elizabeth. Luego folla a Mara, y ella se masturba viéndolos. .
POV: ELIZABETH
CAPÓ RURAL
Elizabeth tenía cuarenta y cinco años, una diseñadora cuya vida en la Ciudad de México se había transformado en un laberinto de deseos prohibidos bajo el dominio de Carlos, su esposo de cuarenta y ocho años, un empresario implacable que extendía su control sobre ella y Mara, su hija de veintitrés años, una joven adulta independiente con tetas firmes que desafiaban la gravedad, un culo redondo que provocaba anhelos, y una madurez que la hacía cómplice en estos juegos incestuosos. Mara no era una niña; estudiaba psicología en línea, trabajaba como barista y tomaba decisiones eróticas con agencia plena, al igual que Elizabeth, quien racionalizaba estos encuentros como exploraciones consensuadas de tabúes que la excitaban con una culpa erótica adictiva, transformando su rol de madre y esposa en una de puta compartida, un veneno dulce que la hacía sentir viva y degradada bajo el mando de Carlos.
Hoy, ese deseo se desataba en un camino rural desierto a las afueras de la ciudad, un sendero polvoriento flanqueado por campos abandonados y el sol poniente que teñía el cielo de rojo, donde Carlos había detenido el SUV familiar, proponiendo esta “parada improvisada” como una aventura para “fortalecer lazos”. El capó aún caliente del motor servía de escenario improvisado, el aire cargado de olor a tierra seca y gasolina, mezclado con la anticipación sexual, y Elizabeth se sentía expuesta y excitada, racionalizando: eran adultos consintientes, el tabú familiar en un lugar expuesto agregaba riesgo exhibicionista al placer, yuxtaponiendo la cotidianidad de un viaje conyugal con esta sodomía y follada grupal sobre el metal ardiente, un acto que la humillaba y la hacía mojarse como nunca, especialmente al saber que Mara la vería gritar de placer anal.
Elizabeth salió del coche siguiendo la orden de Carlos, su vestido ligero subiéndose con el viento, revelando muslos carnosos, mientras Mara se unía, sus shorts cortos acentuando su culo redondo, tetas marcadas bajo la blusa fina.
Carlos: Quítense la ropa, putas. Sobre el capó, ahora. Voy a cogérmelas como las perras familiares que son, aquí en medio de la nada.
Ordenó él con voz grave y dominante, desabrochando sus pantalones para sacar su verga gruesa y venosa, palpitando en el aire fresco del atardecer. Elizabeth obedeció, quitándose el vestido para exponer sus tetas pesadas y coño peludo, arrodillándose sobre el capó caliente que quemaba ligeramente su piel, sintiendo el calor irradiar a su coño ya húmedo, el morbo intensificándose al ver los ojos de Mara fijos en ella, su hija adulta observándola como una puta sodomizada.
Elizabeth: Sí, Carlos… cógenos aquí, expuestas. Me moja el riesgo… y que Mara me vea así.
Dijo ella, su voz ronca de excitación prohibida, abriendo piernas para invitarlo, la culpa erótica latiendo en su pecho al exponerse en ese camino solitario, el hecho de que su hija la viera ser sodomizada la ponía al borde, su coño goteando jugos por la humillación materna. Mara se unió, quitándose los shorts y blusa, su coño depilado rosado y ya húmedo visible, tetas firmes expuestas al viento.
Mara: Papá, sodomízala primero. Muéstrame cómo la haces gritar como una puta.
Suplicó ella, frotando su propio clítoris mientras observaba, su voz cargada de lujuria. Elizabeth sintió un escalofrío de morbo puro, racionalizando el momento: era su hija adulta, consintiendo en ver a su madre sodomizada, un tabú que la excitaba más que avergonzaba, haciendo que su ano se contrajera de anticipación al imaginar los ojos de Mara devorándola.
Carlos: Mira bien, Mara. Así se sodomiza a una esposa puta. Abre el culo, Elizabeth. Toma la verga de tu marido en este camino de mierda.
Gruñó él, lubricando su verga con saliva antes de frotarla contra el ano de Elizabeth, empujando lento al principio, sintiendo el ano resistente ceder, caliente y apretado envolviéndolo centímetro a centímetro. Elizabeth gimió, arqueando la espalda contra el metal caliente, el dolor inicial convirtiéndose en placer degradante que la hacía contraerse alrededor de él, el morbo explotando al saber que Mara la veía, su hija presenciando cómo su madre era sodomizada como una perra, lo que la ponía más caliente, su coño palpitando sin ser tocado.
Elizabeth: ¡Carlos! Me estás rompiendo… pero me encanta, sodomízame duro… con Mara viéndome gozar como una puta materna.
Gritó ella, empujando hacia atrás, su coño goteando jugos sobre el capó, la humillación de ser observada por su hija intensificando todo, haciendo que ondas de placer la recorrieran, racionalizando: era consensual, pero el morbo de que Mara viera su degradación anal la llevaba al borde del orgasmo solo con la mirada de su hija. Carlos aceleró, bombeando con fuerza, bolas chocando contra su clítoris, nalgadas dejando marcas rojas en su culo carnoso, el sonido de carne contra carne resonando en el silencio rural.
Carlos: Eres una madre puta, Elizabeth. Sodomizada por tu esposo mientras tu hija mira. Dile a Mara cómo se siente mi verga en tu culo.
Ordenó él, humillándola verbalmente, su verga latiendo dentro del ano apretado, olores de sudor y sexo crudo impregnando el aire vespertino. Elizabeth jadeó, las palabras saliendo entre gemidos, su cuerpo temblando de excitación prohibida, el morbo de confesarle a su hija la hacía mojarse más.
Elizabeth: Mara… se siente lleno, duele y goza… tu padre me usa como objeto, y que me veas así me pone cachonda como nunca, hija.
Gimió ella, racionalizando su placer degradante, cuerpo temblando mientras Carlos metía dedos en su coño para doble penetración, bombeando en ritmo frenético, el capó quemando su piel en un contraste erótico, sus ojos fijos en Mara, alimentando el morbo materno de ser vista en su humillación anal.
Mara: Sí, mamá… mírate, sodomizada en el capó. Papá, ahora cógeme a mí.
Suplicó ella, subiéndose al capó junto a su madre, abriendo piernas para exponer su coño rosado. Carlos sacó de Elizabeth, su verga lubricada por el ano, y penetró a Mara de un empujón profundo. Elizabeth sintió un vacío momentáneo, su ano palpitando de la sodomía reciente, pero el morbo no cesaba: ahora veía a Carlos cogerse a su hija, y sin poder resistir, metió una mano entre sus piernas, masturbándose furiosamente, dedos frotando su clítoris hinchado mientras observaba la verga de su esposo entrar y salir del coño joven de Mara, el espectáculo incestuoso la ponía al borde, racionalizando: era su hija siendo follada por su padre, y verla gozar la excitaba de forma perversa, su coño contrayéndose con cada embestida que presenciaba.
Carlos: Toma, hija puta. Mira cómo cojo a mi propia sangre sobre este coche. Elizabeth, frótale el clítoris a tu hija mientras la culío… y sigue masturbándote viéndonos.
Mandó él, bombeando con fuerza en Mara. Elizabeth obedeció, una mano frotando el clítoris hinchado de Mara en círculos rápidos, sintiendo los jugos de su hija lubricar sus dedos, mientras con la otra mano se masturbaba, dedos entrando en su propio coño aún sensible de la sodomía, el morbo de ver a Carlos follar a Mara la hacía gemir, ondas de placer recorriéndola al presenciar el incesto paternal.
Elizabeth: Sí, Carlos… frotando a nuestra hija mientras la follas… y masturbándome viéndote cogértela, es tan jodido y me pone cachonda ver cómo la haces gritar.
Dijo ella, su voz degradada, metiendo dedos en el coño de Mara junto a la verga de Carlos, intensificando la penetración, mientras se digitaba a sí misma, el capó caliente amplificando las sensaciones, sus ojos devorando la escena de su esposo penetrando a su hija, el morbo maternal la llevando a un orgasmo voyeurista.
Mara: ¡Papá! Mamá… me están haciendo correrme… en este camino solitario.
Gimió ella, convulsionando en orgasmo, chorros salpicando el capó, su coño apretando la verga de Carlos. Elizabeth sintió su propio clímax explotar al ver el orgasmo de Mara, masturbándose más rápido, convulsionando contra el capó.
Elizabeth: ¡Viéndote correrme, Mara… me corro masturbándome por verte follada por tu padre!
Gritó ella, jugos chorreando de su coño. Carlos no aguantó, sacando y corriéndose sobre ambos culos, semen caliente chorreando por sus muslos y el metal del coche.
Carlos: Marcadas como mías, putas. Limpien con sus bocas.
Ordenó él, empujándolas a lamer el semen mutuamente, lenguas limpiando culos y coños en un final degradante. Elizabeth sintió la culpa post-orgásmica golpearla, mezclada con éxtasis exhibicionista y voyeurista: había sido sodomizada frente a su hija, y se había masturbado viéndola follada, un morbo que la consumía.
Jadeaban sobre el capó, cuerpos pegajosos de sudor y fluidos, el sol poniéndose en el horizonte. Carlos tomó su teléfono, sacando una foto de ellas marcadas sobre el coche, evidencia de su pacto transgresor rural.


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