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Incestos en Familia, Intercambios / Trios, Masturbacion Femenina

Cogiendo con mis 2 hermanas menores PARTE VI

Al final de todo siempre vuelven donde fueron felices y ese lugar es metiendo una vagina en un pene..
Pasaron varios meses en el cual mis hermanas volvieron a sus raíces incestuosas. María y Mika no sabían que la otra cogia conmigo después de bastantes años.

Como se acercaba la Navidad mi familia tenía pensado viajar para festejar navidad en otra ciudad con toda la familia. Mika me preguntó si iba a ir porque tenía la idea de quedarnos solos y coger durante los días que no estuvieran en casa.

María en cambio tenía la idea de ir y cuando todos estén celebrando nos quedaríamos en un cuatro y tendríamos sexo sin parar hasta que nuestros cuerpos no dieran más.

No me decidía a cual de las dos me la iba a coger así que al final todos fuimos. Como no íbamos solos sino con otros familiares que tenían carros nos invitaron a ir con ellos. Para suerte nuestra como iban nuestras primas llenaron los últimos asientos y sin más opción nos tuvieron que regresar no sin antes dejarnos dinero para estar tranquilos.

Durante el trayecto de regreso mis hermanas se veían inquietas pero no parecían sospechar de la otra. Cuando por fin llegamos entramos las maletas y María se fue a bañar.

Al escuchar la puerta del baño cerrarse, Mika me llevo hacia su cama y sin perder el tiempo se quito su ropa quedando solo su sostén y unas bragas negras.

Mika – Shhhh…No digas nada te voy a dar unos sentones pero no hagas tanto ruido y no te muevas mucho. Tenemos 20 minutos hasta que Maria salga del baño.

Se dio la vuelta y sentándose en mis piernas comenzó a mover su culo para que se me pare. Al sentir mi pene chocando su culo, Mika sin mirar atrás metio su mano dentro de mi pantalón para sacarlo y ponerlo en su vagina la cual se sentía muy mojada por fuera.

Mika – No gimas qué voy a empezar a moverme. Pero si quieres puedes apretar mis senos a tu gusto.

Comenzó moviendo sus caderas de izquierda a derecha para después comenzar a darme sentones. Baje su sostén y con cada senton que daba sus senos rebotaban de manera discontinua chocando entre si.

AHHHGG… MMMMhhhh… AAAAhhhhhg….Mmhhhh…¡¡SIIIII!!…. ¡¡Más duro!!… AAAHHHHH…. oooohhhhh.

Mika – Ahhhh… Que rico se siente el sexo y más cuando hay una persona cerca que no sabe lo que estamos haciendo y que probablemente nos pueda descubrir en pleno sexo.

Ahhhhh…mmmhhhhh..Ooohhhh….Ahhhhh
—Tape su boca con mi mano derecha mientras que con la izquierda estimulaba su clitoris.

Con un movimiento de cadera, trató de sacar mi pene de su vagina al mismo tiempo que su espalda se arqueaba para finalmente correrse y mojar tanto su cama como el piso.

En todo momento trate de tapar sus gemidos pero fueron en vano. Mika estaba tan caliente que siguió gimiendo después de correrse.

Mika seguía temblando encima de mí, su coño apretándome el pene todavía dentro, chorreando jugos calientes que se escurrían por mis huevos y empapaban las sábanas. Intenté mantenerla quieta, pero su cuerpo no obedecía.

Pequeños espasmos la hacían moverse, frotándose contra mí sin querer. Sus gemidos ahora eran más bajos, roncos, como si estuviera mordiendo el interior de su mejilla para no gritar.

—Shhh, silencio, Mika… —susurré a su oreja, mi mano aún cubriéndole la boca, la otra en su clítoris hinchado, que seguía latiendo bajo mis dedos

Mika – María va a salir en cualquier momento…

Ella asintió apenas, con los ojos brillando de placer, pero en vez de bajarse, empezó a mover las caderas muy despacio, casi imperceptiblemente, solo para mantener esa sensación de estar llena. Mi pene seguía dura como piedra dentro de ella, palpitando, y cada pequeño movimiento me hacía aguantar las ganas de gemir yo también.

De un momento a otro el sonido del agua se cortó. Solo el sonido de María secándose y nuestras respiraciones aceleradas.

Mika palidó. Sus ojos se abrieron como platos y me miró con una mezcla de pánico y excitación salvaje.

—Se acabó —murmuró contra mi palma—. Va a salir…

No había tiempo para nada. La empujé suavemente hacia un lado, pero ella no quiso soltarme del todo; se deslizó despacio, dejando que mi pene saliera de su coño con un sonido húmedo y obsceno que retumbó en la habitación. Un chorro de sus jugos cayó sobre mi muslo. Rápido, tiré de la sábana para cubrirnos hasta la cintura pero el olor a sexo ya estaba en todo el cuarto.

La puerta del baño se abrió y se comenzó a oír como María se acercaba hacia, nosotros.

Mika se dio la vuelta de espaldas, fingiendo dormir, su culo desnudo estaba rozando mi erección todavía empapada. Yo cerré los ojos, tratando de controlar la respiración, con el corazón latiéndome a mil.

María entró a la habitación envuelta en una toalla pequeña y el pelo mojado goteando sobre sus hombros. Se detuvo un segundo en la puerta, mirándonos.

Sentí su mirada recorriendo la cama, las sábanas arrugadas, el bulto evidente bajo la tela donde mi pene seguía erecto.

¿Todo bien por aquí? —preguntó con voz calmada, mientras que su mirada decía otra cosa

Mika fingió un bostezo somnoliento.

— Solo estábamos descansando un rato.

María se acercó a la cama. Se inclinó un poco¿ para mirarnos mejor. La toalla se abrió ligeramente, dejando ver el inicio de sus tetas firmes y una vagina peluda. Me miró directo a los ojos, luego bajó la vista al bulto bajo la sábana.

—Qué raro… la habitación huele a… ¿sexo? —dijo bajito, casi como si hablara consigo misma.

Mi estómago dio un vuelco. Mika se tensó contra mí, pero no dijo nada.

María se enderezó, dejó caer la toalla al suelo sin nada de vergüenza. Estaba completamente desnuda, el cuerpo todavía húmedo y brillante por el agua. Sus pezones duros apuntaban directo hacia nosotros.

—Sabía que algo pasaba —murmuró, subiéndose a la cama despacio, gateando hacia nosotros—. Siempre supe que no era la única que tenia la idea de coger contigo durante estos días festivos, hermanito.

Se colocó a mi lado, frente a Mika, y sin decir más, me besó con fuerza, metiendo la lengua mientras su mano bajaba directo a mi pene, que todavía contenía los jugos de Mika.

—Te toca a ti, hermanito —susurró contra mis labios—. Ahora nos toca a las dos… y esta vez no hay prisa. Nadie va a volver hasta pasados cuatro días..

Mika se giró por fin, con los ojos encendidos de sorpresa y deseo. Miró a María, luego a mí.

—¿Desde cuándo… lo sabes? —preguntó en voz baja.

María rio suavemente, acariciando el pecho de Mika con una mano mientras la otra seguía bombeando mi verga.

—Desde la primera vez que los escuché gemir afuera de la casa en plena noche hace meses… y me puse tan cachonda que tuve que tocarme pensando en ustedes dos.

Aunque yo también tuve sexo con el en este año así que no estoy celosa solo ando exitada por lo que va pasar ahora.

Se inclinó y besó a Mika en la boca, un beso lento, profundo, con lengua. Las dos gemían bajito mientras sus lenguas se enredaban y sus manos comenzaban a sentir el cuerpo de la otra.

Yo no podía creer lo que veía: mis dos hermanas besándose encima de mí, sus cuerpos rozándose, tetas contra tetas, mientras sus manos bajaban a tocarse mutuamente.

Años anteriores solo lograron besarse pero esta vez se estaban metiendo sus dedos en la vagina de la otra.

María rompió el beso y me miró.

—Ahora sí… vamos a tener un trío como hace años hasta que no podamos más. Y esta vez, sin escondernos.

Mika se subió encima de mí otra vez, pero ahora de frente, guiando mi verga directo a su coño aún sensible. María se colocó detrás de ella, besándole el cuello, pellizcándole los pezones mientras Mika empezaba a moverse arriba y abajo, lento al principio, luego más rápido.

—Ahhh… sí… hermano… —gimió Mika.

María se inclinó hacia mí, sus tetas en mi cara.

—Chúpamelas mientras la coges… y después me toca a mí.

El resto de la tarde… y la noche… fue un descontrol total de gemidos, cuerpos sudorosos, posiciones imposibles y orgasmos que nos dejaban temblando. Al final, exhaustos, los tres enredados en la cama, con el olor a sexo impregnado en todo, nos miramos y supimos que esto no tenía vuelta atrás.

Al día siguiente nos despertamos tarde, con el sol de Navidad filtrándose por las cortinas. El cuerpo de María estaba pegado al mío por un lado, sus tetas suaves presionadas contra mi pecho, y Mika por el otro, con una pierna sobre la mía, su coño aún pegajoso rozándome el muslo.

Después de un desayuno rápido (desnudos en la cocina, donde María me hizo una mamada rápida mientras Mika untaba mermelada en sus pezones para que yo la lamiera), las chicas desaparecieron un rato. Volvieron con sonrisas pícaras, llevando bolsas de compras que habían hecho en secreto semanas antes. «Regalo de Navidad, hermanito», dijo María dirigiéndose con Mika hacia el baño.

Salieron vestidas con lencería roja festiva: María con un babydoll transparente que dejaba ver sus pezones oscuros y su vagina peluda apenas cubierta por un tanga de encaje; Mika con un conjunto de corpiño y medias de red, el corpiño ajustado realzando sus tetas redondas y el tanga tan delgado que se hundía entre sus labios hinchados. «Te toca desempaquetarnos», murmuró Mika, posando con las manos en las caderas.

No aguanté ni cinco minutos: las llevé al baño, el mismo donde María se había duchado el día anterior. Encendí el agua caliente, y el vapor llenó el espacio mientras las desnudaba despacio. Primero le quité la tanga a Mika, arrodillándome para lamer su coño afeitado, que ya chorreaba jugos; luego a María, mordisqueando su encaje antes de arrancarlo con los dientes. Ellas se besaron encima de mí, frotando sus cuerpos enjabonados contra el mío bajo la ducha.

—Hermano, cógeme aquí… contra la pared —gimió María, girándose y abriendo las piernas. Le clavé la verga de un empujón, el agua caliente cayendo sobre nosotros mientras la embestía fuerte, sus tetas rebotando contra los azulejos. Mika se unió, arrodillándose para chuparme los huevos y lamer el punto donde mi pene entraba y salía de su hermana.

Cambiamos: ahora Mika en mis brazos, con las piernas alrededor de mi cintura, cabalgándome de pie mientras el agua nos empapada. Mientras tanto María estaba detrás de mí manoseando mi pene y en Mika metiendo sus dedos dentro de su ano para intensificar el placer.

—Ahhh… sí, más profundo… ¡lléname, hermano! —gritó Mika, corriéndose con espasmos que me apretaban la verga. María la reemplazó, en cuatro sobre el piso del baño, con el agua golpeando su espalda mientras yo la cogía por el culo esta vez (lubricado con jabón), y Mika le metía la lengua en la vagina. Terminamos los tres sentados en el suelo, exhaustos pero riendo, con mi semen chorreando de sus coños y culos mientras nos lavábamos mutuamente.

El resto del día fue más calmado viendo películas navideñas en el sofá y con pausas para mamadas casuales o dedos en sus vaginas.

El tercer día salimos a la calle por primera vez, con el dinero que nos dejaron. Las chicas se pusieron ropa provocativa: faldas cortas sin nada debajo, tops escotados que dejaban ver los pezones duros por el roce. Fuimos a un centro comencial navideño lleno de gente, donde el bullicio era perfecto para toqueteos discretos. María se inclinaba «accidentalmente» para que su falda subiera y su vagina peluda quedara expuesta al público un segundo; Mika me rozaba la verga con la mano en medio de la multitud. En un baño donde casi nadie entraba, las cogí alternando contra una pared, con gente pasando afuera del baño, sus gemidos ahogados por mis besos. Regresamos a casa para terminar con una orgía en la sala, con ellas en lencería otra vez.

El cuarto día repetimos la salida y esta vez en una piscina atestada de gente. Las chicas se pusieron bikinis diminutos sin forro que se transparentaban con el agua: pezones duros y vaginas expuestas al sentarnos en el borde o reposeras. Nos fuimos a un lugar donde el agua nos cubriera hasta la cintura y decidimos coger ahí mismo a vista de todos. Mientras yo me turnaba en penetrarlas en el agua con embestidas lentas y profundas, ellas simulaban jugar.

Un grupo de chicos las vio claramente: sus bikinis pegados al cuerpo, manos explorando, todo a la vista. Uno se quedó mirando boquiabierto, pero no dijo nada. María quien estaba esperando su turno para ser cogida se dio cuenta y nos avisó lo que estaba pasando. Mika le dijo que le mostrará un poco de su vagina peluda y senos para excitarlo. De un momento a otro no solo era uno sino que el grupo regreso a lo que Maria aviso y junto a Mika la cual ya no estaba conectada conmigo se excitaron y decidieron mostrarles un poco de sus cuerpos manoseando de abriendo sus vaginas al mismo tiempo que con sus manos hacían gestos como si fueran a chupar un pene.

Al final del cuarto día, cuando la familia llamó para decir que volvían al día siguiente, nos prometimos que esto se repetiría en secreto.

Siempre volvemos al lugar donde fuimos felices… y ese lugar, definitivamente, era metiendo una pene en una vagina… o dos.

16 Lecturas/28 enero, 2026/0 Comentarios/por Yonac
Etiquetas: baño, cogiendo, hermana, hermanito, hermano, navidad, semen, sexo
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