El abuelo, su nieta y complicidades necessarias
Muchas veces, detrás de esas noticias escabrosas que vemos en los medios, hay mucho más de lo que quieren contarnos……
De vez en cuando salen en los medios noticias que nos sorprenden, que nos hacen replantearnos las relaciones familiares, más allá de lo convencional o aceptado moral y socialmente, entre esas sensaciones contradictorias que nos causan, en algunos la incredulidad o indignación, y en otros el morbo, la curiosidad y la sorpresa, aunque a los que conocen bien el alma humana, no les sorprenda tanto.
Entre las preguntas que podemos hacernos, al conocer esos casos, serían si son tan frecuentes como parece, o si nos fascinan tanto que les damos más transcendencia de la que tienen en realidad, aunque nunca llegaremos a saber todos esos casos que no llegan a descubrirse y que nos darían la medida real de un fenómeno que esos mismos medios destacan como unos sucesos que van en aumento, lo que alarma todavía más a todos esos que se habían indignado al leer la noticia, llevados por un titular sensacionalista.
Esta es la historia de uno de esos casos, la de una familia normal formada por Pablo y Aurora, con una hija casada y una nieta que era la alegría de esos abuelos, que disfrutaban cada día que podían estar con ella. Como en tantas otras familias, su hija Marta y su marido trabajaban, por lo que tenían que contar con la ayuda de los abuelos para ocuparse de su nieta Nerea, durante su niñez.
Sus abuelos iban al Colegio a buscarla para darle de comer y esperar a que sus padres fueran a buscarla, lo que la niña aprovechaba para hacer los deberes y ver la tele con su abuelo, sentada encima de él, como se había acostumbrado desde pequeña.
También se había acostumbrado a que su abuelo la acariciara mientras la tenía encima, lo que le causaba una agradable sensación, que ella buscaba inconscientemente, pero hubo un momento en el que Pablo notó una cierta excitación cuando tenía a su nieta encima de su miembro, que llevaba como dormido bastante tiempo, ya que las relaciones con su mujer eran inexistentes desde hacía unos años, a causa de la edad, de la falta de ganas, pero sobre todo, porque Pablo dejó de tener esas erecciones duraderas para satisfacer a su esposa, que a su vez, también empezó a olvidarse del sexo, sin que lo necesitara para su vida diaria.
Pero de pronto, su polla había empezado a reaccionar al sentir el contacto del culo de Nerea sobre ella, quizás porque la cría no paraba de moverse y de buscar esos roces hacia los que se sentía atraída instintivamente. Eso tenía bastante alterado a Pablo, que no sabía como comportarse ante esos estímulos que habían resucitado su libido, aunque a la vez, se reprimía para no hacer algo incorrecto con su nieta, que en contraposición a eso, ella parecía buscar ese contacto de una forma natural y quizás inocente.
En alguna ocasión, dejándose llevar, él mismo propiciaba esos roces con su polla, moviendo a su nieta hacia adelante y atrás, haciendo que su sangre fluyera hacia sus genitales, como hacía tiempo que no sentía, nublándose su mente por momentos, y quizás desinhibido por esos primeros síntomas de demencia a causa de sus más de 70 años.
Eso ya se había convertido en un hábito para ellos, cuando Aurora empezó a percibir ese cambio en su comportamiento, a lo que en principio no quiso dar importancia, aunque no podía evitar observar como su marido se encendía con esos juegos con su nieta, que se reía, divertida, ante los meneos de su abuelo.
Aurora no se atrevía a decirle nada a su marido, aunque todo eso empezó a preocuparle por temor a que fuera yendo a más, pero a la vez, veía a Pablo feliz y que había recobrado esa alegría que los últimos años había perdido a causa de una depresión.
Pero efectivamente, esos juegos cada vez iban aumentando esa intensidad erótica, podríamos decir, sobre todo, cuando la niña venía con vestidos, y su abuelo podía sentir ese contacto de su piel más directamente y con sus manos ocultas bajo la tela, acariciar sus muslos, y hasta subirlas más libremente hacia su vagina, que dedeaba sobre sus braguitas, momento en el que su nieta empezaba a jadear y gemir abriendo sus piernas para que su abuelo pudiera meter su mano por dentro de ellas y la hiciera humedecerse completamente, lo que encendía totalmente a la cría y a él, que buscaba su boca para besarla y saborear su pequeña lengua.
Eso ya era demasiado para Aurora, que quizás años atrás no hubiera consentido que pasara nada de eso, pero en esos momentos se quedaba como bloqueada, sorprendida por ese morbo que empezaba a invadirla, que no sabía si achacar a la edad, a la falta de sexo, o a esos síntomas de la vejez, al igual que su marido, aunque en realidad, ella temía que su nieta pudiera decir algo a sus padres, o incomodada por esos manoseos de su abuelo, no quisiera volver a su casa, pero nada de eso sucedía, sino que Nerea siempre llegaba alegre y contenta para quedarse con ellos, lo que la confundía un poco más y la impedía intervenir para que él dejara de hacer eso con la niña.
Quizás eso también envalentonó más a Pablo, que veía que su mujer parecía no enterarse de lo que hacía con su nieta, o al menos, no le daba importancia, pero su polla había recobrado esa vitalidad perdida, y eso dispara la adrenalina en cualquier hombre, tenga la edad que tenga, haciéndole querer llegar más allá cada vez.
Cada vez que nieta se subía sobre él y ponía su culo encima de su polla, su miembro se levantaba como un resorte, como si fuera un adolescente, y llegaba a ser tan molesto que cuando pasaba eso, se desabrochaba el pantalón y dejaba que su polla contactara directamente con el culo de su nieta, a la que sus finas braguitas no impedían que sintiera ese trozo de carne caliente y dura encajarse entre sus nalgas, provocándole unas sensaciones desconocidas para ella, pero que le gustaban cada vez más.
Todo esto sucedía bajo sus vestidos, o sobre una manta que se ponían encima para que Aurora no se diera cuenta de sus manejos con la niña, aunque otras veces, eran descuidados y todo quedaba a la vista de la abuela, que prefería hacer como si no viera nada, porque en realidad, había llegado a un punto, que ya no sabía ni que decir, porque ella a su vez, también empezaba a sentir esa humedad en su vagina que hacía tiempo que no tenía a causa de una calentura sexual, que la llevaban a masturbarse discretamente para que su marido y su nieta tampoco se dieran cuenta de ello.
La relación de Pablo con su nieta se había convertido en algo totalmente sexual, y Aurora se había convertido en su cómplice, hasta el extremo de que en una ocasión, Pablo, llevado por su excitación, llegó a eyacular entre los muslos de Nerea, que miraba con sorpresa esas manchas blancas y pegajosas sobre su piel, pero cuando Aurora se dio cuenta, fue hacia su nieta para decirle:
—Ven que te limpio, que te has manchado toda.
Pablo se quedó desconcertado, mirando a su mujer con cara de sorpresa, porque en ese momento se dio cuenta de que ella estaba al tanto de lo que estaba haciendo con su nieta, y parecía no importarle, e incluso consentir que todo eso pasara. Y a su vez, Nerea, que parecía no entender nada de lo que había pasado, le preguntó a su abuela:
—¿Que es esto? —señalando hacia esos chorros de semen sobre su piel.
—Nada, cariño. Le ha salido a tu abuelo del pito y te ha manchado.
Ante esa respuesta, Nerea parecía entender menos todavía, porque aunque era demasiado pequeña, o inocente todavía como para saber la causa de que su abuelo le echara eso, también tenía la picardía suficiente como para darse cuenta de que había sido provocado por los juegos que tenía con su abuelo, ante lo que su abuela le advirtió:
—Será mejor que no digas nada de esto a tus papás, porque ellos no lo entenderían.
Nerea se quedó mirando a su abuela, como si hubiera escuchado lo más importante que le habían dicho en su vida hasta ese momento, y dijo:
—No, no diré nada….
En ese momento, Nerea sintió como si hubiera madurado de repente, pero todavía le quedaban muchas cosas por aprender, y Aurora creyó que era el momento de hablar con su marido sobre lo que estaba pasando.
—Tienes que tener cuidado con la niña. ¿Cómo se te ocurre correrte encima de ella? Podría contárselo a sus padres.
Pablo se quedó mirándola, sin saber que decir, porque se dio cuenta de que su mujer había estado consintiendo todos esos manoseos a su nieta, y parecía no importarle que él se excitara con ella, pero tendría que ser más cuidadoso con ella, y le dijo:
—Lo siento. No pude contenerme. Es que está muy rica y me excito con ella.
—Qué cosas dices….. Anda, anda, que es tu nieta, por favor. Puedes jugar con ella, pero no le hagas daño.
—No, desde luego, pero habrás notado que a ella le encanta que la sobe y que le de gusto.
—Claro que lo he visto, por eso te he dejado hacerlo….., pero anda con cuidado, no quiero tener un problema con sus padres.
A partir de ese momento, Pablo entendió que era como si se hubieran puesto las cartas sobre la mesa y un nuevo tipo de relación se iba a establecer entre los abuelos y su nieta.
Los siguientes días todo siguió normal. Nerea se sentaba encima de su abuelo para ver la televisión, Pablo miraba a su mujer y ella le miraba a él, y empezaba a sobar a su nieta bajo el vestido, mientras Aurora se excitaba con esa situación, en esa relación enfermiza que se había iniciado entre ellos.
Ya no hacía falta disimular ni ocultarse. Pablo se sacaba la polla para que su nieta jugase con ella, ofreciendo unas escenas de lo más perversa a Aurora, que para su sorpresa, miraba hipnotizada y sentía deseos de masturbarse, aunque lo hacía discretamente para no ser vista.
Demasiada excitación acumulada como para que el abuelo no se corriera como en sus tiempos jóvenes y aunque intentaba evitar manchar a su nieta, siempre caía alguna gota sobre las piernas o el vestido de la niña, que su abuela tenía que limpiar rápidamente para no delatar la perversión que se había instaurado en esa casa.
En las siguientes ocasiones, para evitar eso, Aurora decidió que lo mejor sería desnudar a su nieta cuando se pusiera a jugar con su abuelo, que igualmente, se bajaba los pantalones para que su contacto fuera completo, y mucho más excitante para la vista de esa madura mujer, que no acababa de explicarse por qué estaba haciendo todas esas cosas, ya que ella no esperaba que su marido volviera a follarla después de tantos años, y quizás, la única razón es que quería verlo feliz, como muestra del amor más grande que puede haber entre dos personas.
En esta situación, Pablo podía besarla y acariciar completamente el cuerpo de su nieta, que se abandonaba entre esas manos que la llevaban hasta esas sensaciones tan placenteras a las que se estaba haciendo adicta, ya que en ella acababan causando esos pequeños orgasmos, que cada vez eran más fuertes, cuando esa estimulación era más intensa.
La polla de su abuelo resbalaba por su mojada vagina cuando se frotaba con ella, y aunque a veces tuviera deseos de ser penetrada, su coñito era todavía demasiado pequeño como para albergar una polla del tamaño de la de su abuelo, gorda y dura como una piedra, pero eso no era impedimento para que él se corriera abundantemente cuando llegaba a ese límite de excitación en el que ya no podía aguantar más.
En un paso más dentro de esa perversión ascendente, Aurora decidió nuevamente, que lo mejor era que todo eso lo hicieran en la cama, donde estarían más cómodos y todos podrían disfrutar más, y con la excusa de dormir la siesta, convencieron a Nerea para irse a la cama con su abuelo.
Todo era nuevo para esa niña, que parecía estar creciendo de repente. Su cuerpo se había convertido en un vicio para su abuelo, que lo devoraba con sus manos y su lengua cuando la tenía en la cama, entreteniéndose especialmente entre sus piernas, en esa vagina palpitante, que su boca succionaba como si de ahí saliera el elixir de la eterna juventud.
A Aurora le excitaba tremendamente presenciar esas sesiones de sexo entre su marido y su nieta, y en algunas ocasiones se sumaba a ellos culminando ese círculo de perversión, en el que después de tanto tiempo, volvía a tener la polla de su marido entre sus manos, dura y hermosa como la recordaba en su juventud, lamiéndola y enseñando a su nieta como mamar una polla, y así las dos a dúo, llevaban a Pablo al éxtasis total en el que no podía contener su eyaculación, que salía disparada hacia la cara y las bocas de ellas, aunque a su edad, Aurora no sabía si sería conveniente que su corazón se acelerara tanto con tantas emociones…..
De pronto, para Aurora los años empezaron a contar hacia atrás, porque volvió a esos momentos en los que el sexo con su marido era casi diario, y aunque su coño parecía ya cerrado para siempre, por falta de uso, su polla volvió a entrar en él, con fuerza y determinación, lo que Nerea observaba con asombro, ya que por primera vez en su vida, estaba viendo lo que era el sexo de verdad, y toda una lección acelerada para poder empezar a disfrutar de él a su edad.
Al final, el cuerpo de Nerea no tenía unas simples manchas de semen que se pudieran limpiar fácilmente, sino que toda ella estaba cubierta de ese grumo blanco sobre su piel y hasta en su pelo, mezclado con sus propios flujos y los de su abuela, por lo que ella la llevaba rápidamente hasta la ducha para lavarla bien antes de que viniera su madre a buscarla.
En una tarde de esas, la madre de Nerea llegó antes de lo previsto y cuando preguntó por Nerea, Aurora le dijo que estaba en la cama con su abuelo, lo que le extrañó y preguntó a su madre la razón, que tuvo que explicarle que su padre estaba un poco malo y que se había echado en la cama, por lo que Nerea le había querido acompañar.
Marta, la madre de la niña, miró extrañada a su madre, como buscando entender la situación, y le dijo:
—Pero si mi padre está malo, Nerea estará molestándole, en la cama con él.
—No, no te preocupes, La niña se porta muy bien y no le molesta para nada.
Marta, sin estar muy convencida de todo eso, le dijo a su hija que se levantara, que se tenían que ir a casa, y cuando la vio salir de la cama desnuda, ya no le pareció nada bien que estuviera así.
—¡Mamá! Pero si la niña está desnuda….
—¡Ah!, no sé, tendría calor y se quitó la ropa —le dijo Aurora, intentando disimular algo que cada vez se volvía más inexplicable y esperando que su hija no descubriera que su padre también estaba desnudo bajo las sábanas.
—No me gusta nada que esté en la cama desnuda con su abuelo. No lo veo muy apropiado —continuó la madre de la niña, mientras observaba confusa, el aspecto descuidado que tenía su hija, aunque a la vez presentara un brillo en los ojos, que la dejaban sin saber que decir, mientras Aurora le recordaba a su hija:
—Bueno, mujer, no tiene importancia… ¿No te acuerdas de cuando tú hacías lo mismo y te metías en nuestra cama?
La hija de Aurora se quedó descolocada ante ese recordatorio de su madre, y le contestó:
—Cuando yo hacía eso, era más pequeña que Nerea. No es lo mismo.
—Que más da. Nerea todavía es una niña. No veo nada de malo en ello —intentaba convencer a su hija.
Pero Marta recordó turbada, que en aquellas ocasiones, había tenido algún juego con su padre, que le dejaba tocarle la polla sin que su madre se enterara, por lo que se puso muy nerviosa pensando que su hija pudiera estar haciendo lo mismo, aunque avergonzada, prefería no pensar en eso, terminar la conversación con su madre y marcharse con la niña, con la duda de si tendría que hablar con ella sobre lo que pudiera estar pasando, algo que le incomodaba al creer que su hija era todavía pequeña para hablar de esos temas con ella.
Después de ese incidente, Pablo y Aurora intentaron ser más cuidadosos y terminar antes esas sesiones de sexo con su nieta, aunque era difícil, porque se dejaban llevar por esa pasión que les hacía no ser conscientes del tiempo, y porque Nerea les pedía continuar, entusiasmada por lo que estaba viviendo en esa casa, como si no se cansara nunca.
De todas formas, la madre de la niña seguía sin entender lo que estaba pasando con su hija, porque había apreciado un cambio de actitud en ella. Había dejado de ser esa niña inocente acorde a su edad, y percibía que había madurado de repente, por los comentarios que hacía y por como se comportaba en casa, así que un día, Marta se atrevió a preguntarle a su madre:
—Mama, ¿que está pasando con Nerea?
Aurora se sobresaltó ante esa pregunta tan directa de su hija y trato de desviar la atención:
—No sé, ¿por qué preguntas eso?
—Porque está diferente, la noto muy cambiada. Como está más tiempo con vosotros, no sé si habéis observado algo en ella.
—La niña está creciendo muy rápido y es normal que esté cambiando —le dijo Aurora, tratando de tranquilizarla.
—Pero… ¿Cambiar tanto como para meterse en la cama con su padre?
—¡Ah! ¿Sí? ¿Ha hecho eso? Bueno, no sé que decirte…. ¿No lo había hecho antes?
—No, mamá, no la dejábamos meterse en nuestra cama, como hacías tú conmigo.
—¡Oye…! ¿Me estás reprochando algo? Si te metías en la cama era porque querías y si hacías algo con tu padre, yo ni me enteraba.
—¡Pero mamáaa…! ¿Qué estás insinuando?
—Nada, hija. La que estás insinuando eres tú, como si nos echaras la culpa de lo que tu hija hace en su casa.
Marta se dio cuenta de que nuevamente, se estaba metiendo en una conversación peligrosa con su madre, en la que podían salir a la luz cosas que a ella la dejaran en evidencia, y sin argumentos para reclamar nada respecto a su hija, por lo que le dijo:
—Perdona, mamá, es que estoy un poco alterada, porque veo a la niña muy cariñosa con su padre, y él se deja hacer, encantado, claro.
—¡Ay, cariño! No tendrás celos de la cría…..
—No, mamá, como voy a tener celos de mi hija…. —le contestó, indignada—. Además, como la vi metida en la cama con su abuelo, me quedé con dudas sobre lo que podía haber pasado….
—Bueno, no sé, cuando tú eras pequeña también estabas muy metida con tu padre. Supongo que será normal a esas edades.
Aurora, nuevamente estaba llevando la conversación a su terreno, haciendo que su hija se mirara en su propio espejo, y como ella también tenía sus propios secretos, no podía decirle a su madre que tenía miedo de que su hija estuviera haciendo lo mismo que ella hacía con su padre de pequeña, aunque Marta desconocía que su madre lo sabía perfectamente, ya que alguna vez los había observado, aunque ahora no se lo reconociera ante su hija, ni en su momento les dijera nada.
Quizás por eso, Aurora reaccionó así cuando vio a su nieta con su marido, porque todo eso le recordaba a lo que había pasado con su propia hija, aunque en esa ocasión, las cosas no hubieran llegado al extremo al que había llegado con Nerea.
Aurora creía que Marta simplemente había llegado a masturbarle y a chuparle la polla a su padre, sin que ella supiera exactamente lo que era eso, porque era una niña, y cuando empezó a darse cuenta de lo que suponía, dejó de hacerlo, porque le daba mucha vergüenza, y Marta no sabía si su padre se había aprovechado de ella, o había sido ella la que había provocado todas esas situaciones con él, algo que había tenido guardado toda su vida, por lo que ahora no estaba sabiendo gestionar debidamente lo que pudiera estar pasando con su hija Nerea.
A volver a su mente ese recuerdo que había preferido olvidar, como sucede en tantas ocasiones, pensaba que quizás lo mejor sería confesarse con su madre y asumir una realidad que no podían evitar, pero de momento, no se atrevía a ello porque supondría abrir una caja cerrada y olvidada, con imprevisibles consecuencias para su vida y la de su familia.
Otra situación que tenía como bloqueada a Marta, era que su hija Nerea cada vez iba más contenta a casa de sus abuelos y hasta le había pedido quedarse a dormir allí, algo que no solía hacer desde hacía tiempo, pero su madre no sabía que decirle, porque por un lado percibía que eso sería como entregar a su hija a la lujuria oculta de sus padres, pero por otro, sentía un rechazo a que le vinieran esas ideas a la cabeza, ya que era totalmente normal que una nieta pudiera dormir en casa de sus abuelos, sin tener que pensar nada raro y tampoco quería comentar todo eso con su marido, porque él desconocía todas esas cosas y no sabía como iba a reaccionar, y en qué situación se iba a quedar ella.
Mientras Marta se debatía entre esos pensamientos, los días seguían pasando, en los que su hija disfrutaba de esas sesiones de sexo con sus abuelo, cada vez más atrevida y desinhibida. Hasta le había pedido a su abuelo que la penetrase, como hacía con su abuela, pero Aurora intentaba frenarla y le decía:
—Todavía eres pequeña para eso, cariño. Te puede doler mucho.
—¿A ti te dolió la primera vez?
—Yo ya era mayor cuando pasó eso, pero si que duele un poco, es lo normal, pero luego da mucho gusto.
—¿Como de mayor eras? ¿Ninguna niña hace esto? —seguía preguntando con curiosidad, su nieta.
A Aurora la había desvirgado un chico a los 14 años, pero no quería decírselo a su nieta, porque ella vería cercano cumplir esa edad, y eso quizás, la animara más todavía.
—No me acuerdo ya, hace mucho tiempo de eso, y…, no sé si a otras niñas las penetran hombres mayores, porque esas cosas no se cuentan —le respondió, intentando salir del compromiso en el que le estaba poniendo su nieta.
Ante la cara que ponía Nerea, le preguntó:
—¿A ti te lo cuentan tus amigas lo que hacen?
La niña se quedó pensando, porque alguna cosa si que le habían contado, aunque no eso en concreto, y le dijo.
—No me dicen nada….
—Pues así tienes que hacer tú también, ya lo sabes….. Porque ellas seguro que hacen cosas como tú, ya te lo imaginarás….
—Que sí, abuela…..
Desde luego, Nerea era cada vez más consciente de todo lo que estaba sucediendo y de las consecuencias que tenía todo eso, ya que había dejado un simple juego para divertirse, así como de la extraña actitud de su madre, que la miraba de forma extraña, como queriéndole decir algo, o que ella se lo dijera, pero al igual que su madre, prefería obviarlo, porque en su caso, tampoco se sentía preparada como para tratar ese tema con su madre, que era quién debería llevar la iniciativa para hablar con ella, y preguntarle lo que quisiera, aunque no quisiera o no pudiera contarle la verdad.
Pero lo que estaba claro, también, es que Nerea no quería renunciar a todo eso que estaba viviendo, a ese placer y esa forma de disfrutar con sus abuelos, por lo que en cuanto llegaba a su casa, ya les estaba pidiendo ir a la cama para empezar con esas prácticas que tanto la excitaban, y a lo que Pablo y Aurora, tampoco podían negarse, aunque a veces les costara seguir el ritmo que les estaba marcando su nieta.
Alguna vez, Aurora, ante la insistencia de su nieta, ponía la polla de su abuelo en la entrada de la vagina de Nerea, intentando meterla, para que ella viera que no le cabía y no siguiera obsesionada con eso, pero no se le iba a quitar de la cabeza tan fácilmente, y siempre intentaba hacerlo por ella misma, cuando estaban en la cama.
De este modo, ella iba alcanzando el dominio de la situación, indicando a sus abuelos lo que tenían que hacer para complacerla, pero lo que llevaba tiempo buscando es que la polla de su abuelo acabara introduciéndose en su vagina, para lo cual, se montaba sobre él, y empezaba un suave vaivén en el que frotaba su coño mojado por el flujo, con ese miembro que tras una primera corrida, se mostraba lubricado y con la mínima resistencia, el glande se encajaba en la entrada de esa rajita que cada vez se abría más para albergarlo.
En ese momento, ella presionaba para forzar una mayor penetración ante el placer que eso le producía a Pablo, incapaz de detener esa maniobra de su nieta, hasta que un día, Nerea dio un grito que indicaba que la polla de su abuelo se había introducido completamente en su vagina, y tras unos primeros instantes de aguantar esa presión y no saber que hacer, empezó a moverse suavemente, provocando los gemidos cada vez más intensos de la niña, que al fin, había sido desvirgada, para sorpresa de su abuela, que no esperaba que su nieta fuera tan decidida como provocar esa primera penetración, que le abría el camino a gozos aún mayores.
Ante eso, ya nada se podía hacer. Pablo se encontraba con el camino libre para joder a su nieta siempre que quisiera y eso era la mayor delicia para él, aunque también suponía una excitación extra para Aurora, ver a su nieta montada sobre la polla de su abuelo, disfrutando del sexo como lo había hecho ella muchos años con su marido y ahora, gracias a Nerea, habían vuelto a recobrar esa pasión del pasado.
Marta, la madre de la niña, parecía cada vez más nerviosa y desquiciada, y un día llegó a casa de sus padres llorando por lo que le había pasado y que contó a su madre, que era al fin, y a pesar de todo, con la que tenía más confianza para estas cosas:
—¡Mamá! No puedo más… No sé que va a ser de mi matrimonio…..
—¿Qué te pasa, hija? ¿Por qué dices eso?
—No sé lo que pasa, ese es el problema…. Ayer me encontré a Rafa —su marido—, con la polla fuera, jugando con la niña.
—¿Cómo? ¿Qué quieres decir? No entiendo nada… ¿le dijiste algo a tu marido? —le preguntaba perpleja, su madre.
—Tuvimos una bronca de mucho cuidado, le dije de todo.
—¿Y él como se lo tomó?
—Me dijo que era una exagerada, que Nerea ya le había visto desnudo muchas veces, y que eso era bueno para ella.
—Bueno, quizás tenga razón tu marido. No deberías ser tan dramática —le dijo Aurora, que pensaba un poco como él.
—Mamá, por favor, no te hagas la tonta. Se estaba calentando con la cría, y ella estaba encantada.
—No te entiendo, hija. Tienes que tranquilizarte y contarme bien las cosas, ¿como ha pasado?.
—Sí, lo siento. Verás, Rafa se fue a duchar y metió a la niña en la ducha con él y cuando los vi yo, ya habían salido, y estaban los dos desnudos, jugando, pero es que, Mamá, Rafa tenía la polla dura.
—¡Ah!, ya, bueno. No sé que costumbres tenéis en vuestra casa… ¿Ya se había bañado con la niña más veces?
—Bueno, sí, cuando era más pequeña, pero es que ahora ya va siendo mayorcita y…., ¿tú ves bien eso?
Aurora no sabía que decirle a su hija, porque estaba siendo una hipócrita con ella, ocultándole todo lo que pasaba con la cría en su casa, pero es que tampoco quería contárselo, ni debía hacerlo, y tenía que disimular como pudiera:
—Eso es cosa vuestra, hija. Yo no me quiero meter….
—Pero es que la cría se ha vuelto muy caliente, mamá. Ya te lo dije.
—¡Qué cosas dices, hija! Es una niña.
—Y dale con que es una niña —le dijo, enfadada ya Marta con su madre— Yo también era una niña y jugaba con la polla de papá….
En ese momento, Marta se dio cuenta de lo que acababa de decir, y se arrepintió al instante, pero ya era tarde para eso:
—¡Ay!, perdona, mamá. No tenía que haberte dicho esto…..
Aurora, por fin vio una oportunidad para acercarse emocionalmente a su hija, comprenderla y hacer que comprendiera lo que estaba pasando:
—No te preocupes por eso. Si yo ya lo sabía. Le das demasiada importancia a las cosas y así te llevas estos sofocos que te tienen tan histérica.
—¿Lo sabías? ¿Y por qué no decías nada?
—Porque tú te lo pasabas bien y tu abuelo era feliz con eso. ¿Qué iba a hacer yo?
—A veces me sorprendes, mamá. Es como si no te conociera…..
—No sé que tiene de raro. Tú misma lo estás viendo en tu propia casa, y creo que tienes que cambiar de actitud y no darle tantas vueltas a tu cabecita, porque así nunca vas a ser feliz.
—Es que yo no soy tan moderna como tú y no sé como llevar todas estas cosas…..
—No es que sea moderna, son los años que tengo ya, que me hacen ver las cosas de diferente manera, más tranquila y sin tantos traumas.
—Pero cuando yo hacía todo eso con papá, tú eras más joven y te pareció bien igual.
—A ver, hija, no es que me pareciera bien, entiéndelo, pero tuve que aguantarme y asumirlo. Así es como se va aprendiendo en la vida.
—Ya, quizás tengas razón….. Me alegro de haber tenido esta conversación contigo, pero…., ¿puedo hacerte una pregunta? Y dime la verdad, por favor….
—Claro, hija, dime….
—¿Tu has visto a papá tocar a la cría alguna vez?
—Pues…., a ver…. que preguntas me haces…. No sé, alguna vez….., lo normal….
—¿Lo normal? ¿Qué quieres decir con lo normal?
—Pues eso…., ya sabes como es tu padre….
—O sea, que ya la ha sobado, pero bien….
—Cuando yo no estoy delante, a lo mejor la toca más, ya me entiendes….
—Ya, claro. Ahora voy entendiéndolo todo. Por eso está la niña así….
—Bueno, no te enfades. Si ella no te dice nada, será porque le gusta.
—Eso ya lo sé, que le gusta…., pero es que es una niña… Que sí, ya sé lo que me vas a decir….., pero bueno, voy a tomármelo como me dices tú, con calma y con comprensión.
—Me alegro, hija. Verás como todo va a ir mejor, con tu marido, con la niña….
—Eso espero, pero la próxima vez que vea a Rafa sobando a la cría, ¿que hago?
—Bueno, no sé… Lo que te salga en ese momento, pero mira, a lo mejor, si en vez de ponerte hecha una furia, te unes a ellos y participas de sus juegos, así tendrás el control de la situación, y sabrás mejor lo que hacen.
—Cierto. Como se nota que sabes de estas cosas….. Gracias, mamá, pero no sé si podré, llegado ese momento.
—Claro que podrás. Llegarás hasta donde tú quieras llegar, y poco a poco te irás sintiendo más cómoda.
Milagrosamente, Aurora parecía haber tranquilizado a su hija, después de lo que le había contado, y tras esa conversación, esperaba un cambio de mentalidad en ella que facilitara las cosas que estaban sucediendo con su nieta, al menos de momento, porque todavía no se había enterado de toda la verdad.
Mientras tanto, en la casa de los abuelos las cosas seguían igual, con Nerea reclamando a su abuelo un sexo impropio de su edad, que le había devuelto a su juventud, al igual que a su mujer, a la que comentaba con preocupación:
—Esta niña no se cansa. Se ha enviciado demasiado y yo ya no tengo edad para darle todo lo que me pide.
—Eso tenías que haberlo pensado antes de empezar a sobarla y a darle gusto con la polla —le decía Aurora con ironía.
—¿Cómo iba a pensar yo esto? Con su madre no pasó así.
—Ahora que hablas de tu hija….¿Llegaste alguna vez a follarla?
—Sí, lo siento. Nunca llegué a decírtelo….
—Bueno, ahora da igual eso ya. Tenía que haberlo supuesto, pero en aquella época era más ingenua y os permitía demasiado —le dijo resignada, Aurora.
—Pero ella no era como Nerea. Tuve que convencerla para que se la dejara meter. No me siento orgulloso de ello. Me aproveché de mi autoridad sobre ella y no entiendo como nos deja a su hija, con todo lo que le pasó a ella.
—Bueno, no te atormentes….. Yo cuando os veía, la cría estaba contenta y no parecía estar forzada a nada.
—No, claro, a ella le gustaba jugar. Era muy inocente y yo quise llegar a más. Era más joven e impetuoso y me excitaba demasiado con ella. La follé varias veces, pero ella lo hacía por complacerme, hasta que llegó un momento en que no quiso más, y yo la respeté.
—Yo creo que Marta quiso olvidarse de todo eso. Cuando se hizo mayor le dio mucha vergüenza y lo borró de su memoria, hasta que lo que está pasando con Nerea, se lo ha vuelto a recordar. Está muy confundida con todo esto, porque además, su marido está empezando a meterse con la niña también, y yo estoy tratando de ayudarla, así que me viene muy bien esto que me has dicho.
—¡Ah! Vaya, no sabía…. Esta cría es un demonio. Ahora me siento un poco culpable de eso también, porque seguro que fue ella la que provocó todo eso. No veo a Rafa haciendo esas cosas con su hija.
—Eso mismo me dió la impresión a mí, pero no quise decirle nada a Marta, porque está muy afectada.
—¡Pobre! Me gustaría ayudarla, pero tiene más confianza contigo para hablar de estas cosas —le dijo Pablo, preocupado por su hija.
—No te preocupes. Ya estoy hablando yo con ella para que vea las cosas de otra manera, porque como muy bien dijiste antes, su hija no es como ella y tiene que saber actuar para no perder su matrimonio y a la niña.
—¡Buufff! Menudo lío he armado por meterle mano a la cría —dijo Pablo alarmado.
—Bueno, a ver lo que pasa. Espero que Marta me cuente…..
Pasaron unos días y Marta volvió a hablar con su madre del tema, con el mismo estado de nerviosismo, entre contenta y preocupada, y Aurora la escuchó:
—Mamá, no me puedo creer lo que ha pasado. Te hice caso y cuando vi a la cría con su padre, actúe normal y me uní a ellos. Mi marido me miraba muy sorprendido por mi actitud, pero Nerea no dejaba de besarle con la mano en su polla. Imagínate como me sentí al ver eso…. Me costó, ¡eh!, no te creas, pero también me excité y cuando me desnudé, Nerea empezó a chuparme las tetas mientras se montaba en la polla de su padre y se la metía hasta el fondo. Mi hija estaba follando con su padre…, ¿te das cuenta?
—Sí, hija, ya veo que tuvisteis una buena orgía familiar….
—¡Mamá! No te lo tomes a broma, esto es muy serio y muy grave. No sé que voy a hacer….
—A ver, hija… ¿Tú te lo pasaste bien? ¿Tu marido y tu hija disfrutaron también? ¿Qué problema hay?
—Sí. Así pasó todo, pero es que es una locura ¿A tí te parece bien?
—Bueno…., no sé que decirte. Entiendo tu preocupación, pero creo que eso ya no tiene solucción. Vas a tener que asimilarlo, como me pasó a mí.
Marta se quedó en silencio. De nuevo su madre había tocado ese punto del que no quería hablar, porque lo tenía olvidado, y empezó a llorar….
—Pero hija… ¿qué te pasa? Lo siento, si he dicho algo malo.
Marta empezó a desahogarse con su madre:
—No, soy yo, mamá, la que te he estado engañando todos estos años….
—¿Pero que dices, hija?
—En aquella época acabé follando con papá. Me lo hizo muchas veces, sin que lo supieras. No sé si yo tuve la culpa, porque me dejaba, pero luego empezó a darme mucha vergüenza eso y no quise más. Y todos estos años lo he querido olvidar, haciendo como si no hubiera pasado, pero ahora con la cría, ha vuelto todo a mi cabeza, por eso estoy así.
Aurora no quiso decirle que se había enterado de eso hace poco, e intentó consolar a su hija.
—Bueno, cariño, no te culpes por eso, eras una niña…, ya hablaré yo con tu padre —le dijo, porque en realidad, su marido le había mentido, ya que le dijo que solo habían sido unas pocas veces.
—No, mamá, no le digas nada, por favor. No quiero que salga este tema otra vez….
—Está bien, si lo quieres así…., pero es algo que tienes que superar. Es un trauma que llevas arrastrando demasiado tiempo y no te deja avanzar en la vida. No sé si deberías ir a un psicólogo.
—No, mamá, no quiero contar esto a nadie….
—Bueno, pero al menos, tienes que dejarte ayudar. Cuenta conmigo y con tu padre para esto, y aunque no quieras enfrentarte a él, deberíais hablarlo. Supongo que él también está muy arrepentido por eso.
—¿Sí? ¿Tú crees? ¿Es que sabes algo?
Aurora, de nuevo no sabía si contarle la verdad, porque no quería hacer más daño a su hija, pero intentó hacerlo de la forma más delicada posible.
—Verás, tu padre está como está y a veces dice cosas…. Yo no le hago caso, pero creo que alguna vez dijo algo de eso que me cuentas….
—¡Ay madre! Al final va a contártelo todo…. Pero es que después de lo que está pasando con mi hija, tampoco quiero echarle la culpa de eso —dijo Marta, que entendiendo el estado en el que estaba su padre, ya parecía aceptarlo todo, incluso lo que pudiera haberle hecho a su hija Nerea.
Y continuó preguntándole a su madre:
—Mamá, dime la verdad, ¿papá ha follado a la cría?
Tras un pequeño silencio que lo decía todo, Aurora le confesó a su hija:
—Sí, verás… Es difícil de explicar, estaba yo delante cuando pasó… No me vas a creer, pero fue Nerea la que lo buscó.
—Ya, sí te creo, mamá. Tengo que abrir los ojos de una vez con ella. Con su padre ha hecho igual. Rafa me lo dijo, pero es que la veo yo también como es, muy diferente a como era yo a su edad…
—Bueno, son otros tiempos, hija. Ahora ya sabes como son todas estas crías….
—Sí, que les gusta más una polla que un caramelo, pero no sabía que mi hija era así también….
—Es tu hija y tienes que entenderla…. Ser su cómplice, para que al menos te cuente las cosas y ayudarla para que no cometa errores. Ahora está a punto de tener la menstruación ya y creo que en cuanto le venga debes llevarla al ginecólogo para evitar sustos con ella.
—Pero mamá…. ¿que le voy a decir? Que mi hija está follando ya….
—No, pero bueno, ya sabes, que por si acaso… Él seguro que lo entiende, no será el único caso…
—¡Qué barbaridad…! Todo esto me supera….
—¿Quieres que vaya contigo?
—Sí. Te lo agradecería.
—Pues cuando pase, me avisas y te acompaño.
La experiencia de Aurora hizo que acertara en su perdición, y a los pocos días, mientras estaba follando con su abuelo, empezó a sangrar, lo que la asustó un poco, pero su abuela enseguida la tranquilizó, porque ya le había advertido de que podría pasar en cualquier momento, y esta vez fue Aurora la que tuvo que avisar a su hija para que pidiera cita con el ginecólogo.
Al llegar a la consulta, el doctor examinó a la niña en la forma habitual, aunque teniendo en cuenta su edad y que era la primera visita, al poco rato se quedó mirando a la madre y a la abuela, y les dijo:
—Esta niña ha tenido relaciones ya.
Aurora y su hija pusieron cara como de sorpresa, para disimular, porque ya se lo esperaban, y dijeron:
—¿Sí? No lo sabía —dijo su madre, sin mucha convicción.
El Ginecólogo, que ya estaba acostumbrado a estos casos, intentó quitarle importancia, y les dijo:
—Bueno, no es tan raro en estos tiempos. Las crías no cuentan nada, pero han hecho bien en traérmela, porque supongo que querrán que le recete las pastillas, aunque lo mejor sería que usaran un preservativo, pero a estas edades no suelen querer….
—Sí, doctor, así estaremos más tranquilas —le dijo Aurora.
La madre y la abuela se fueron con la receta a la Farmacia, tras aleccionar a la niña de como debía de tomarlas, con lo que la familia entraba en una nueva etapa, ya que una vez terminados todos los secretos, el abuelo y el padre podrían follar libremente a la niña, sin preocupaciones, algo que tendrían que asimilar también su madre y su abuela.
Pero pasado un tiempo, Aurora no veía a su hija totalmente feliz con la nueva situación, y en una ocasión en la que la veía decaída, le pregunto:
—¿Algo anda mal?
—Me cuesta acostumbrarme a esto. A ver a la niña con su padre hacer de todo… A veces me siento un poco apartada.
—A ver, cariño, ¿te puedo hacer una pregunta?
—Sí, dime….
—Perdóname, pero no sé como decírtelo…. ¿Tu marido te folla como antes….?
—Pues no, mamá. Desde que está con la cría, apenas nada.
—Me lo imaginaba. Por eso estás así. A mí me pasó una época con tu padre.
—Cuando me follaba a mí, ¿no?
—Así fue. Yo no sabía por qué, pero ya ves….
—¿Y que hago, mamá?
—No sé hija. Lo mío se solucionó cuando dejó de follar contigo, pero me temo que Rafa va a seguir jodiendo con su hija hasta no se cuando…
—¿Hasta cuando tenga novio?
—Conociendo a Nerea, creo que va a seguir haciéndolo con su padre, con su abuelo, si puede y con quién sea.
—Menudo panorama me pintas, mamá…..
—Es que no se que decirte, hija… Se me ocurre una locura…
—¿Qué locura? ¿Que lo haga con otros?
—Bueno, eso también…, pero si necesitas un hombre, quizás tengas que volver a cuando eras una niña.
—¡Eeehh! ¿Qué dices….? ¿Me estás proponiendo hacerlo con papá?
—Bueno, al verte así, se me ha ocurrido. A mí no me importa ¡eh!
—Mamá, te has vuelto loca, no ves que entre las tres vamos a matar a papá.
—Tu padre aguanta, tiene su edad, pero está como en sus buenos tiempos. Nerea le da una energía que ni te imaginas….
—No me puedo creer estar hablando estas cosas contigo. Nos hemos vuelto locas las dos.
—Pero te gusta la idea ¡eh!
—¡Buufff! Mamá, me tiemblan las piernas… No sé si podré hacerlo.
—Claro que puedes. Cuando se lo cuente a tu padre no se lo va a creer, y a ti te servirá para quitarte ese trauma que tienes de tantos años.
—Si tu lo dices….
—Ya verás. ¿Cuándo quieres hacerlo?
—¿Ya? Espera un poco que me haga a la idea. Tú díselo primero a papá
Cuando Aurora se lo dijo a su marido, y le explicó toda la situación, se quedó muy sorprendido:
—¿De verdad me lo estás diciendo?
—Claro, ¿cómo voy a bromear con eso?
—¡Uuuff! Cuantas emociones me estoy llevando a mi edad….
—Anda, que algunas ya las tuviste antes.
—Bueno, es verdad, pero es que ahora es diferente. Voy a follar a mi hija después de saber que me estoy follando a Nerea. ¿Quién se puede creer eso?
—Pues ya ves que a veces las cosas más imposibles suceden. No me digas que no te apetece…
—¡Uummm! Claro que me apetece. Marta tiene unas tetas tremendas y un culo que se me va la mano cuando pasa a mi lado.
—Jaja, pues ahora vas a poder disfrutar de todo eso. Yo ya sé que no puedo competir con ella, bueno, ni con mi nieta…
—No seas así. Gracias a ti estoy cumpliendo un sueño. Eres la mejor esposa que podía haber tenido.
—Anda, no seas adulador. Voy a llamar a Marta, a ver si ya se decidió.
Después de la conversación entre madre e hija, Aurora le dijo a su marido:
—Va a venir mañana con la cría, así que vete preparándote.
—¿Con Nerea también?
—Sí, dice que así va a estar menos nerviosa. No sé, son cosas de ella. Siempre necesita a alguien a su lado.
Cuando llegaron el día siguiente, Nerea parecía divertida con la situación:
—¿De verdad lo vas a hacer con el abuelo?, jaja.
—Cállate, anda, no me pongas más nerviosa —le dijo su madre.
Aurora las mandó pasar a la habitación, donde estaba Pablo esperándolas, y Marta saludó a su padre, como si hiciera un montón de años que no lo veía:
—Hola, papá.
—Hola, hija. ¿Qué tal estás?
—Bien —respondió, aunque no estaba muy segura de estarlo.
Nerea intervino para decirle a su madre:
—Pero quítate la ropa, mamá —demostrando dominar la situación a pesar de su edad.
Marta empezó a desnudarse y por su cabeza empezaron a pasar todos esos años en los que tenía sexo con su padre siendo una niña, pero ahora era una mujer adulta, con una hija, y su padre tenía bastantes más años que entonces.
Cuando Marta se desnudó, su padre pudo deleitarse con el espléndido cuerpo de su hija, y se preguntaba como el tonto de su marido no quería follarla más, aunque en parte le entendía, cuando se tiene en casa a una nena como Nerea, pero ahora él estaba dispuesto a disfrutar de su hija, quizás más que en aquellos momentos en los que solo era una niña.
Marta se puso al lado de su padre, que empezó a tocar y a chupar esos hermosos pechos, que ya tenían los pezones erectos y ella volvió a tener en su mano la polla de su padre, después de tantos años, y una extraña sensación recorrió su cuerpo. Nuevamente le venían imágenes del pasado a su cabeza, pero eso acabó de excitarla más todavía y dejó que él pasara sus manos por toda su piel, y palpando con fuerza su culo, le dio un cachete que resonó en la habitación, en la que también estaban expectantes Nerea y su abuela, que no pudieron evitar su excitación cuando la boca de Marta empezó a lamer la polla de su padre, que parecía estar más grande que como la recordaba, sobre todo, más gruesa y con el glande más hinchado.
Mientras Marta disfrutaba de esa felación, Pablo la volteó para empezar a mamar de su coño esos líquidos que empezaban a caer. Era también un coño muy diferente al que él recordaba, rodeado de pelo y con esos grandes labios que se abrían, pudiendo enterrar su cara en esa cavidad para lamer todo su interior.
Pero lo que Pablo deseaba era meter su polla ahí, empezar a joder a su hija como lo hacía hace tantos años, pero esta vez la sensación iba a ser muy diferente; no estaba follando a una niña sin experiencia, lo estaba haciendo con su hija, una mujer en su plenitud física, que empezó a moverse sobre la polla de su padre, buscando que alcanzara todos esos recovecos del placer, gozando de ese momento como nunca, lo que hizo que su primer orgasmo llegara mucho antes de lo que era normal en ella, y sus gritos de placer retumbaron en ese cuarto que había sido el inicio de su vida sexual.
Nerea miraba absorta a su madre, como follaba con esa intensidad, ajena a cualquier mirada, como si tuviera una cuenta pendiente que saldar, como si quisiera disfrutar de todo eso que quizás no pudo en su momento, con una pasión que la contagiaba y provocaba sus deseos de unirse a ellos, pero después de esa primera corrida liberadora de su madre, ella la llamó para que se pusiera sobre la cara de su abuelo, y ofrecerle su coño para que lo lamiera, mientras ellas dos se besaban y acariciaban sus cuerpos, de una forma muy diferente para Nerea al sexo que había compartido con sus padres.
Esta vez Nerea veía a su madre como más liberada, más puta, podría decirse, porque la perversidad parecía haberse adueñado de ellas, cuando intercambiaron su posición y Marta colocó la polla de su padre en el coño de la niña, que empezó a follar a su abuelo, llevando ella el mando, para que él no tuviera que hacer ningún esfuerzo y simplemente, dedicarse a disfrutar de su hija y su nieta en un trío que muy pocos hombres habrán disfrutado en su vida, sobre todo, cuando Aurora también se les unió, llevando al límite la capacidad de ese hombre, ya mayor, para hacer disfrutar a tres mujeres a la vez.
Cuando terminaron, sintieron que habían vivido el momento más especial de sus vidas, y Marta le dijo a su madre:
—Tenías razón. Me siento como si me hubiera quitado un peso de encima. Mi cabeza está limpia, por fin y ahora si que puedo empezar a ser feliz.
—Me alegro mucho, hija. A mí también me hace feliz todo esto. El sexo es el mejor remedio para los males del alma, porque llena nuestro cuerpo de dopamina, endorfinas, oxitocinas y serotonina, que nos provocan un estado de felicidad total.
—Sí, me siento como drogada. Nunca me había sentido así —dijo Marta, que estaba como en una nube.
Marta siguió yendo a la casa de sus padres, sola o con la niña, directa a la cama, para cerrar una y otra vez ese círculo que se había abierto hace muchos años y que no se había acabado de cerrar. Pudo hablar con su padre de todo eso que había quedado pendiente, de esas explicaciones que necesitaba y que su padre necesitaba darle a ella, en una especie de terapia que desafiaba todas las normas existentes, y en la que Aurora había tenido mucho que ver, con esa experiencia que da la vida y esa generosidad que emana del mayor amor que puede existir.


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