Estrenada a los 12
Hola. Mi nombre es Juana y quiero contarles esta experiencia..
Es una experiencia qué me marcó sexualmente, en el sentido de que no me satisface una sola paja, necesito de dos o tres sesiones para calmar mis impulsos y mis fantasías son de todo menos suaves. Pero en fin, inicio.
Todo comenzó antes de cumplir los 12, mi padre nos abandonó a mi madre y a mi hermana y no teníamos a nadie en el mundo, salvo un hermano de parte de padre que se ofreció a acogernos en su edificio de apartamentos; él se había separado de su anterior matrimonio y años después sospeché que mi madre y él habían tenido algo, sospechas qué fueron aclaradas por ella años después, en fin.
Yo era una niña como cualquier otra: Cabellos rebeldes ondulados peinados con moños multicolores, ojitos color agua, nariz bonita y una boquita chiquita que nunca se callaba y de cuerpo, una tabla con vestido y nada de vergüenza.
Su modus operandi fue bastante «dulce» y oportunista, aprovechando todas mis faltas de figura paterna para acercarse a mí con todo tipo de atenciones como caramelos, chocolates y peluches y con el tiempo nos volvimos íntimos amigos y porsupuesto… Amantes.
Y así empezó mi preparación, primero mostrándome su colección de perversiones en VHS, empezando por los besos apasionados de Hollywood y sus roces, hasta las películas para adultos, como la conocida «Las edades de Lulú». De esa manera aprendí a besarle y a levantarme la falda para mostrarle lo poco que podía enseñar.
Hasta que empezó a mostrarme sus dotes, recuerdo con claridad la vez que me acostó en su cama, me bajó las braguitas y comenzó a lubricarme con su lengua mi pequeña vulva, me pone a mil recordar como se bajaba los pantalones y con su enorme verga me daba golpecitos en mi húmeda vulva. Esa tarde aprendí a chupar pijas.
Pasaron los meses y mi «entrenamiento» se basaba en mamadas y dedos, él tenía unos dedos anchos y algo toscos, así que a veces metía uno o dos. Mi himen, convenientemente ya se había roto, debido a un accidente automovilístico de hace tiempo, así que no había nada que detuviera sus dedos o su lengua.
Me saltaré un buen cacho de tiempo, hasta llegar al momento por el que fuí entrenada, una noche, días después de mi cumpleaños número 12, de formas que aún no entiendo, me llevó a su cama y empezamos nuestro ritual inmoral.
Él fue muy gentil todo el tiempo y tuvo la paciencia de vestirme más adecuadamente para la ocasión. Una pequeña camisa blanca, una falda corta y unas medias largas blancas, fueron la selección. Ni bien terminó de vestirme comenzó a besarme, su lengua se movía dentro de mi y we enrollaba con la mía, su grandes manos de posaron en mis nalgas y comenzaron a manosearme, estuvimos así un rato, hasta que se separó de mis labios y comenzó a quitarse los calzoncillos y enseñarme mi premio. Me ordenó quitarmelas y así lo hice me las quite y el se las llevo a la nariz para olerlas, dejandome confundida, no pregunté, solo obedecí diligente su siguiente orden:
-«Chupalo»
Así lo hice, la dejé tan brillante que el no pudo esperar más y poniéndome en posición de misionero comenzó a frotarse y darme golpecitos con su verga mojada en mi saliva, agregó algo de lubricante y procedió a meterla, recuerdo algo de dolor y algo de placer, obviamente no la metió toda,pero lo que entró fue suficiente como para hacer qué la cama se mueva con sus embistes, siempre que lo recuerdo me pongo a cien y fantaseo a él como una bestia enorme y hambrienta, y yo una presa pequeña e inocente, fueron los mejores minutos de ese instante hasta que derramó su descarga un poco adentro y un poco afuera…
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