La bendi de Papa. Capitulo especial. Fin de semana en el tigre parte 1er Parte
El encuentro entre Ale y Sophia con la seño Romi y sus gemelos, abre la puerta a nuevos juegos secretos. El relato es Largo pero llego de morbo hasta el final..
El sol de la mañana se filtraba por las persianas, anunciando un feriado perfecto. Era viernes, y en mi casa olía a expectativa. En la cocina, mientras Mariana se quejaba de tener que ir a trabajar un día festivo, preparé dos mochilas. Una era la de Sophia, repleta de juguetes, ropa de baño y otras cosas no tan infantiles que había comprado en la semana. Romi me había enviado una dirección donde comprar unos juguetes y lencería mini para los niños. La seño era muy perversa; me había morboseado toda la semana: mensajes con fotos sexys de ella con sus hijos, de ella sola, audios que me volaban la cabeza. En horario de jardín, me mandaba fotos de Sophia, se la llevaba a escondidas a algún lugar o la acompañaba al baño, y las dos montaban un jueguito erótico, un showcito lésbico a escondidas. Sophia me mandaba audios sucios diciéndome que le había «tomado la leche» a la seño a escondidas, o que se «comían la concha» entre las dos.
Por supuesto, Romina le había contado a Sophia los planes para el fin de semana, y Sophia estuvo todo el tiempo diciéndome que se moría por sentir mi pito dentro de su «duraznito» y dentro de su «sapito». Por lo que tenía que hacer que me chupe la pija, o masturbarme manoseándola y sacarme la leche todo el día. Nuestra ansiedad por dar el siguiente paso era enorme.
El Tigre me esperaba, y con él, Romina, los gemelos, y la promesa de un fin de semana dedicado a la perversión más dulce y secreta. Sentí un nudo en el estómago: miedo por la inmensidad de lo que estaba a punto de hacer, y una excitación brutal ante la idea de desvirgar a mi hija y a los gemelos en un pacto de amor incondicional sellado por la maestra de jardín.
Mariana entró en la cocina, con el ceño fruncido y un maletín en la mano, justo cuando yo cerraba la mochila de Sophia. Su mirada era un dardo de reproche.
—¡Se puede saber a dónde mierda te llevas a mi hija un día feriado? —espetó, su voz cargada de indignación. Me puso las manos en la cintura, intentando interponerse—. Es mi día libre, carajo. Siempre hacés lo que se te canta con la nena, me dejás de lado, ¿y yo qué? ¿Soy la boluda que se queda laburando mientras vos te vas de joda con tu bendi?
Me enderecé, sintiendo una oleada de rabia y el desprecio que me inspiraba su mediocridad. Su queja me pareció patética comparada con la epopeya que me esperaba en el Tigre.
—Bajá la voz, Mariana, que es feriado para todos menos para vos, parece —dije, agarrando las mochilas con firmeza. La miré a los ojos, mi tono se volvió frío y autoritario, el de un policía acostumbrado a dar órdenes—. Escuchame bien lo que te digo, porque no lo voy a repetir. Vos no tenés ni voz ni voto en esto. Sophia es mi hija, y mi bendi, y yo la llevo a donde quiero, cuando quiero y con quien quiero.
—¡No me vengas con esa mierda de autoridad! ¡Yo soy su madre y tengo derecho a estar con ella! ¡Y si seguís así, te juro que te denuncio! —gritó Mariana, dando un paso hacia mí.
Mi respuesta fue inmediata y violenta, el recuerdo de mi placa y mi fuerza inundando la cocina.
—¿Denunciarme a mí? ¿A mí? Te recuerdo que soy policía, Mariana. Te recuerdo que conozco cada puto engranaje de este sistema. Si te hacés la piola, si me denunciás por algo que vos creés que hacés bien, te juro por Dios que te muelo a palos hasta que te olvidas cómo te llamas, y nadie, nadie, te va a creer.
Me acerqué, acortando la distancia con una agresividad calculada, mi voz un susurro cargado de amenaza.
—Además, la última vez que te quedaste sola con Sophia, ¿qué pasó? Ah, sí, la nena tenía un moretón en el brazo, ¿no? ¡Cuidado con lo que decís, porque la loca violenta acá sos vos!
Le di la espalda, sin esperar respuesta. No era una discusión, era una declaración de poder. Su rostro se descompuso, pero se quedó en silencio, paralizada por mi violencia verbal.
—¡Sos un hijo de puta, te juro que me voy a ir a la mierda, y me voy a llevar a la nena! —dijo de un grito; apenas terminó la frase, mi mano le dio vuelta la cara de un cachetazo.
—Vos a Sophia no la tocás, porque te juro que aparecés en una zanja. Nos vamos el finde al Tigre con unos amiguitos de ella, es todo lo que necesitás saber.
—¿Sí? También me hubiera gustado saber que metiste de niñera a la prostituta de la vecina. ¡Quién te crees que sos, hijo de puta! —me gritó enfurecida después del cachetazo.
—Mariana, cerrá el orto, la bendi y yo nos vamos a pasear y si seguís cagándome el día te voy a moler a palos. Aprovechá, tenés todo el fin de semana para vos, hacé lo que se te cante el orto. Y después de cómo le pegaste la última vez, no tenés derecho a cuestionar a quién pongo para cuidar a Sophia. ¿Entendiste? ¿O te hago entender?
Agarre el equipiaje para el find e semana, y le grite a Sophia que estuviera lista. No necesitabamos mucho, romi me recalco que durante el viaje no ibamos a usar mucha ropa. Era uno de los ultimos fin de semana largos del año, y habia anunciado mucho calor, asi que el plan era mucha pileta, y disfrutar de una casa sola en una isla, haciendo cosas prohibidas. Todo lo demas estaba a cargo de Romina. Agarré el equipaje para el fin de semana y le grité a Sophia que estuviera lista. No necesitábamos mucho, Romi me recalcó que durante el viaje no íbamos a usar mucha ropa. Era uno de los últimos fines de semana largos del año, y habían anunciado mucho calor, así que el plan era mucha pileta y disfrutar de una casa sola en una isla, haciendo cosas prohibidas. Todo lo demás estaba a cargo de Romina.
—-Papi, porque gritaban con mami— me pregunto Sophi al verme salir de la cocina.
—No importa princesa, lo que importa es que vamos a pasar un fin de semana muy lindo, estas lista?—
—Sí, Papi, estoy lista —dijo Sophia, su voz vibrante de emoción. Llevaba puesto un vestidito playero muy ligero y unas sandalias, pero en su mano sostenía una pequeña bolsa de tela que reconocí: era donde guardaba los juguetes que yo le había enseñado a usar.
Le di un beso en la frente, ignorando el silencio tenso de la cocina, donde Mariana seguía de pie, temblando de rabia y humillación, pero incapaz de moverse.
—Vamos, mi amor. La Seño Romi y tus amiguitos nos están esperando para que empiece la magia.
Salimos de la casa. El aire de la mañana era fresco, pero prometía un calor sofocante, ideal para el plan de Romina. Subimos al auto, puse la radio a todo volumen para enterrar cualquier pensamiento de culpa o arrepentimiento, y emprendí el camino hacia la lancha colectiva que nos llevaría a la isla.
Durante el viaje, Sophia no paró de hablar.
—Papi, ¿de verdad la Seño Romi nos va a dejar jugar todo el tiempo? Me dijo que ahora vamos a jugar a la Familia de los Secretos.
—Sí, mi amor. Todo lo que quieras. Y ahora, como la Seño Romi es nuestra amiga, vamos a inventar juegos nuevos. ¿Te acordás lo que te conté de tu duraznito? Que solo yo lo toco. Bueno, ahora la Seño Romi nos va a ayudar para que le haga unos mimos especiales..
Sophia sonrió, asimilando la nueva regla con la naturalidad de la inocencia pervertida.
—Sí, Papi. Y la Seño Romi me dijo que vos sos el Príncipe de la casa del Tigre. ¿Y yo soy tu Princesa?
—Vos sos mi Reina y mi Princesa, mi amor. Y mi bendi más especial.
Llegamos a la estación fluvial. Romina ya estaba allí, esperándonos. Su enorme panza estaba cubierta por un pareo de colores, pero el corpiño de su bikini apenas contenía sus pechos voluptuosos, que ya goteaban leche. Los gemelos, Benja y Bauti, estaban vestidos solo con sus shorts de baño y gorritos, cargando bolsos de playa. Sus rostros de ángel contrastaban con la mirada pícara que me lanzaron en cuanto nos vieron.
Romina me recibió con un beso largo y profundo delante de los niños y de la gente que esperaba. Un beso humedo, erotico, casi como que no le importaba el contexto.
—¡Alejandro! ¡Al fin llegaste, mi macho! Estaba por explotar de ansiedad —susurró contra mis labios, con un olor a dulzura materna que me hizo temblar.
Los niños se saludaron con un abrazo. Sophia y los gemelos se separaron para subirse a la lancha, agarrados de la mano, con la complicidad de quienes ya comparten un lenguaje.
Romina me pasó un pequeño bolso de mano. —Mira lo que traje. El aceite de masajes especial y mis juguetes —me guiñó un ojo—. Y adentro, Alejandro, está la llave de nuestra de la virginidad de esos culitos.— me dijo despacio al oido.
El viaje en lancha por el río fue corto. La casa, perdida entre la vegetación de la isla, era rústica pero enorme, con una galería techada y una piscina no muy profunda pero muy linda en el jardin. No había vecinos cerca, solo la naturaleza y el silencio.
Apenas bajamos de la lancha, Romina tomó la iniciativa.
—¡Bueno, mis pollitos! ¡Princesa Sophia! ¡Regla número uno del Código Tigre! Acá no usamos ropa. ¿Dale? —dijo con una sonrisa, y se desató el pareo, quedando solo en bikini.
Los gemelos gritaron de alegría y se sacaron los shorts de baño de inmediato, quedando desnudos. Sophia me miró, esperando mi aprobación.
—Dale, mi amor. Acá jugamos sin ropa —le confirmé.
Sophia se quitó el vestidito con rapidez, quedando completamente desnuda. Su cuerpo de muñeca, su sapito virgen y su duraznito redondo, ahora expuestos bajo el sol de la mañana, eran la prueba de la inminente perversión.
Romina se dirigió a mí, con una mirada autoritaria. —Vos también, Papi. No quiero ver tu bóxer. La ropa es un invento de los adultos que no saben amar.–dijo riendo
Me desvestí sin dudar, arrojando mi ropa a la lona de la galería. Mi pija, dura y palpitante, saludó al sol.
—¡Ay, qué grande es el palo de Papi! —exclamó Benja, mirándome con asombro.
Romina rió, triunfo en sus ojos. —Sí, mi amor. Y es para compartir. Ahora, todos a la pileta. ¡A jugar!
Pero antes de que los niños corrieran, Romina me agarró del brazo.
—Alejandro, vamos a prepararlos de a poco. Dentro del bolso traje aceitito y unos plugs anales, que son geniales para empezar a abrirlos. ¿Me dejas? ¿Confías en mí para que empiece a preparar a tu princesita para ser toda una hembra? —Me dio un beso, no pude resistir acariciarle su panzota embarazada y manosearla entera, dejando libres esas tetazas de un rápido movimiento.
—Romi, con vos voy a donde me digas, hago lo que me digas, si en alguien confío para que Sophia no salga lastimada y disfrute, sos vos. Pero… ¿cómo vamos a hacer?
—Tranqui, amor, vamos a poder, y ella lo va a pasar muy bien. Pero primero vamos a jugar, relajarnos, y después le vamos a explicar qué es lo que va a pasar.
—O sea, ¿les vas a decir todos los detalles? ¿No es mejor que lo hagamos sin explicarles? ¿Sin darles miedo?
—No, Ale, son niños, tenés que anticiparles, explicarles qué es lo que puede pasar y qué pueden hacer. Además, jugando les vamos a poner los plugs, y hoy vamos a dedicarnos a dilatarlos y prepararlos para lo más importante, que es recibir una pija de macho adulto. Así que si llegás a querer coger, me tenés que coger a mí, hoy no podés penetrar a los nenes. Hoy vas a hacer lo que yo diga… ¿está claro?
—Entendido, mi amor. Hoy soy tu alumno —dije, sintiendo la autoridad de Romina como una excitación añadida. Mi pija, dura al viento, era la prueba de mi sumisión.
Romina sonrió, su rostro brillando bajo el sol.
—¡Excelente! A la pileta, entonces. ¡Pero antes, un besito de bienvenida al paraíso! —Me tomó del rostro y me dio otro beso, esta vez más corto pero intenso, lamiendo la humedad de mis labios.
Los cinco nos lanzamos a la piscina, el agua fresca un contraste delicioso con el calor del día. Los gemelos y Sophia gritaban y chapoteaban, la felicidad de la desnudez y el juego compartido. Romina, con su panza flotando, era una Venus perversa.
El agua de la piscina era cristalina y tibia, perfecta para el juego que Romina estaba a punto de dirigir. Nos movíamos los cinco en un círculo perverso de cuerpos desnudos.
—¡Escúchenme, mis amores! —dijo Romina, con su voz de maestra jardinera que no admitía réplica, pero ahora cargada de un tono abiertamente lascivo. Flotaba sobre su espalda, su vientre enorme y duro como un caparazón. Yo la miraba, fascinado por su control.
—Hoy vamos a empezar una clase muy importante. Las reglas de este juego es ser sinceros y llamar a las cosas por su nombre. Acá, con la Seño Romi y con Papi Ale, no hay secretos malos, ¿está claro?
Sophia, Benja y Bauti asintieron con la cabeza, sus ojos fijos en su maestra.
—¡Excelente! A ver, Princesa Sophia —Romina se volteó hacia mi hija, acortando la distancia—. Tu papi te enseñó a llamar a tu parte de adelante sapito y a tu parte de atrás duraznito. Son lindos nombres de bebé, pero ya somos grandes. ¿Ves este pelo aquí abajo, donde tienes tu sapito? Esta parte se llama vulva o vagina. Y esa cosita que sale y se pone dura cuando te toco, se llama clítoris. Es la parte que se toca cuando se quiere sentir rico. ¿Te acordás, mi amor?
Sophia se tocó la entrepierna, que ya estaba ligeramente hinchada por la excitación del agua y el ambiente.
—Sí, Seño. Me hace cosquillas ricas.–Dijo en un pequeño suspiro
—Eso, mi vida. Y a la parte de atrás, donde haces la caca, ya no le vamos a decir duraznito. Se llama ano o culito. Y es una parte muy sensible que también da mucho placer.
Romina se dirigió a sus hijos, que escuchaban con atención mientras jugaban con sus pequeños penes flotando.
—Pollitos, ¿y esto que tienen ustedes, que Papi Ale tiene grande, cómo se llama?
—¡Pene! —gritaron Benja y Bauti a coro, orgullosos de conocer el término.
—¡Muy bien, mis macho]itos! Y la puntita se llama glande. De ahí sale la leche mágica de los hombres, que ya saben que se llama semen. ¡El semen de Papi Ale! ¿Y la parte de abajo, donde hacen pis y caca?
—Testículos y ano —dijo Bauti, señalando correctamente.
—¡Perfecto! El ano de ustedes es igual que el de la Princesa Sophia. Y la vagina de mamá es donde entra el pene de Papi Ale cuando jugamos.
Romina me miró, pidiéndome que interviniera.
—Mami tiene razón. Romi y yo jugamos a que mi pene entra en su vagina y en su ano para darle mi semen. Es el juego de amor más íntimo y más secreto, pero tiene que hacerse con cuidado.
Romina se acercó a los tres niños, flotando en el centro.
—Chicos, hoy Papi Ale y yo les vamos a enseñar a jugar a ese juego de adultos. Pero para eso, sus anos tienen que acostumbrarse a ser tocados por algo más grande que mis dedos. ¿Vieron el otro dia en el pasillo cómo Papi me metía el pene en el ano?
Los tres asintieron con una mezcla de morbo y curiosidad.
—Sí, mami, ¡vimos cómo Papi Ale te metía el palo en el culo! —dijo Bauti, flotando cerca, sus ojos azules brillando de curiosidad.
—Y dijiste que te gustaba que Papi te castigue por ser una putita —añadió Benja, con la misma inocencia descarada.
Romina se rió, su excitación era palpable.
—¡Y sí, mis pollitos! ¡Mamá se porta muy mal a veces, y Papi Ale tiene que castigarla con su pene! asi la educa un poco– dijo guiñandome un ojo—¿Y la Princesa Sophia también lo vio?
Sophia asintió, sonriendo. —Sí, Seño. ¡Y vi cómo te salía la pomadita de Papi del culo cuando terminó!
.—¿Y te gustaría jugar ese juego conmigo también, Princesa? —pregunté, acariciándole la cabeza.
—Sí, Papi… Me gusta mucho jugar ese juego contigo. ¿Pero… no es muy grande? ¿No me va a doler? — Miré a Romina, que acariciaba a los gemelos, y me miraba.
—Sophi, sí, princesa, no te vamos a mentir, ese amor secreto que nos damos los adultos duele un poco. Es un juego secreto solo para nenes valientes, al principio duele un poquito, pero cuando te acostumbras es el juego más rico del mundo, y es una forma de amor secreto, muy hermoso. — Respondió Romi, sus hijos y Sophia la miraron con algo de desconfianza.
— Por eso Romi trajo esos juguetes, sirven para que sus culitos se acostumbren, pero no vamos a obligarlos a hacer nada. Quiero que sepan que ni Romi ni yo queremos hacerles doler. Si bien al principio duele, queremos que ustedes se diviertan jugando con nosotros.
—Papi, ¿tenemos que tener eso en la cola todo el día? – Preguntó inocente Sophia. Los gemelos se miraron entre sí, y con su mamá.
—¡Nosotros queremos, mami! ¡Queremos usar esas cosas! Vamos a ser valientes, como cuando nos metes los dedos. — Dijo Benjamín, mostrándose bien seguro.
—¡Siii! ¡Yo también quiero! — Gritó Bauti, haciéndole la segunda a su hermano.
Sophia todavía no parecía convencida. Me tomó de la mano, estaba desnudita bajo el sol, su cuerpo era hermoso, sus piernitas y su culo sencillamente deslumbraban a pesar de su corta edad, su cuerpito era naturalmente sexy.
—Es raro, papi, yo no quiero que me castigues por putita, no quiero que me duela.
—¡Oh, pero, amor, yo no voy a castigarte! — Me agaché y la levanté a upa. Los gemelos miraban a Sophia. — No hiciste nada malo, ¡la seño Romi tampoco!
— Dijo que la castigaste por putita… yo no quiero que me castigues — empezó a lagrimear. Romi se acercó y le dio un beso.
—Sophi, tranqui, princesa, cuando papi me dice «putita» es parte del juego, pero no es algo malo. Me dice putita porque lo hago sentir bien, y porque yo disfruto mucho que me haga eso. Sé que es una mala palabra, pero cuando estás en el juego secreto de amor, está bien.
—Sí, amor, cuando le digo «putita» a la seño es un juego, y no la hago doler porque antes jugué con su culito, y ella ya está acostumbrada a recibir amor por la cola. Y eso te queremos enseñar, pero no es necesario que lo hagas si no te sientes segura, depende de vos. Yo no voy a dejar de quererte, y si querés, jugamos a otro juego. ¿Dale?
—¿Y me va a doler mucho, seño? Vos tenés la cola más grande, yo la tengo re chiquita —Me morí de ternura con ese comentario.
—No, amor, tenés una colita hermosa, tu culito es perfecto, y papi jamás va a lastimarte, y yo tampoco. Al principio duele, pero yo traje muchas cosas para que puedas disfrutarlo, y después no quieras parar más. Y va a ser algo re lindo y especial entre papito y vos. Vas a ver que después vas a querer todos los días que papá te diga que sos su putita y te meta su pija en la cola.
—Sí, amor, yo no voy a hacer nada que te lastime, nunca. Si vos querés parar, o no querés jugar más a nuestros juegos de amor secreto, no lo hacemos más, solo quiero verte feliz —Dije dándole un beso en la boca, ella todavía estaba algo angustiada, pero me devolvió el beso. Romi me la sacó despacio de los brazos y se sentó en la reposera guiñándome un ojo.
—Hagamos algo, yo voy a charlar y jugar un poco con Sophia, mientras los pollitos le hacen unos mimos a la pija de papi Ale. ¿Les parece? —Benja y Bauti se me vinieron encima casi instantáneamente.
—¡Sííí, queremos darle besitos en el pito a papi Ale! —Dijo desbordado de emoción Benja.
—Uff, ustedes dos son dos diablitos… ok… es para ustedes, pero yo voy a probar pijita de nenes rubios… ¿está claro? —dije mirándolos. Ellos quedaron duros, como si eso no lo esperaran.
—¿Escucharon? ¡Papi les va a chupar la pija como lo hago yo! —Dijo con su voz de maestra jardinera, motivándolos al juego, enseguida se relajaron y me dejaron ver sus hermosos penes. —Vos, Sophi, mientras hablamos, ¿querés tomar tetita? Me parece que va a ayudarte a sentirte mejor.
Sophia asintió tímidamente, y Romi la acomodó sobre su panza de embarazada y sacó sus dos pechos afuera de la parte de arriba del traje de baño. Estaban enormes, hinchados, goteando leche. Sophia instintivamente se prendió a la teta izquierda, mientras Romi le acariciaba su cabello y le decía cosas tiernas. La calmaba, de a poco la mano de Romi fue a tocar la conchita de Sophia, la cual se abrió relajada y se dejó hacer.
—¿Ves, amor? Hacele caso a la seño Romi, ser una putita es re lindo, más si lo vas a compartir con tu papá que te ama tanto.
Mientras Romina consolaba a Sophia, yo me enfoqué en los gemelos. Benja y Bauti se acercaron a mi erección, que lucía imponente bajo el agua, mirándola con la mezcla de respeto y curiosidad que Romina había cultivado. Sus pequeños penes, ahora erectos y rozándose con mi piel, eran la prueba palpable de la excitación que compartíamos.
—¡Papi Ale tiene un palo gigante! —dijo Bauti, y se acercó a mi pene, lamiendo la punta con una timidez que se deshacía en morbo, tal como le había enseñado su madre. Sentí su lengua pequeña, húmeda y salada por el agua de la piscina, rozando mi glande ultrasensible.
Benja no se quedó atrás. Se puso de rodillas frente a mí, imitando los movimientos que me había visto hacer con Romina, y comenzó a masturbarme suavemente con sus pequeñas manos. La textura de su piel infantil, suave y tersa, contrastaba con la rugosidad de mi propia piel. Era un espectáculo de inocencia pervertida: dos niños hermosos, rubios, dedicados a complacer a un adulto que era, al mismo tiempo, su figura de autoridad y su compañero de juegos prohibidos.
—¡A ver, mis angelitos! ¡Ahora le toca el turno a Papi! —dije, sintiendo cómo el placer se mezclaba con la adrenalina de estar haciendo esto a la vista de Romina y mi hija. Me arrodillé en el borde de la pileta, llevando mi boca a la altura de sus pequeños penes.
Benja y Bauti jadearon, sus cuerpos temblando bajo el agua cristalina. Sus caras se contorsionaron en una expresión de placer intenso y desconocimiento. El olor a cloro de la pileta se mezclaba con el tenue y dulce aroma de la piel infantil. Primero me dediqué al de Benja, succionando su miembro con cuidado, recreando la escena que sabía que habían presenciado entre su madre y yo. Mi boca se ajustó perfectamente a su pene diminuto, chupando y lamiendo el glande con movimientos suaves pero firmes.
—¡Mmmm, papi… qué rico… se siente muy bien! —gimió Benja, y sentí su cuerpo vibrar contra mi cara.
Luego, sin soltar del todo a Benja, me moví hacia Bauti, alternando entre los dos. Mi lengua trabajaba en la punta de sus glandes con precisión, probando el sabor neutro y ligeramente salado del agua de la piscina. Sentía sus pequeños cuerpos rígidos de placer, sus respiraciones aceleradas en el silencio de la isla.
Mientras yo me dedicaba a los gemelos, Romina se concentraba en Sophia. Mi hija estaba completamente enganchada a la teta izquierda. Se escuchaba el sonido húmedo y rítmico de la succión. La leche tibia y cremosa manchaba las comisuras de su boca. Romina, con su otra mano, masajeaba el pequeño cuerpo de Sophia. Sus dedos trabajaban con destreza en la entrepierna de mi hija, acariciando el clítoris y la vulva que ya estaba hinchada. Los pliegues de la vulva de Sophia se abrieron bajo el toque de Romina, mostrando una humedad brillante, el juguito de la excitación infantil.
—¿Ves, mi Reina? La leche de la seño te hace sentir tranquila, pero tu sapito quiere seguir jugando con la seño —susurró Romina, con la boca cerca del oído de Sophia. Su aliento olía a café y a la dulzura natural de la leche materna—. Sentí cómo tu vulva se moja, mi amor. Es el juguito que sale cuando la Princesa se excita.
Sophia soltó un pequeño gemido, su boca desprendiéndose un momento del pezón, dejando un rastro blanco. Su rostro, antes lleno de angustia, ahora reflejaba una paz lasciva. Sus ojos estaban semicerrados.
—Sí, seño… me gusta cómo me tocas. Se siente como un hormigueo… Me hace sentir rica.
Romina se rió suavemente. —Ahora sentí cómo la seño te masajea el clítoris, esa cosita que Papi te va a chupar cuando seas más grande y te va a dar mucho placer. Pero mirá a Papi Ale, mi amor. Está jugando con tus amiguitos. ¿Ves cómo Papi los ama con la boca?
Sophia giró la cabeza y me observó. Yo seguía concentrado en los penes de Benja y Bauti. Los gemelos se retorcían bajo mi atención, sus rostros tensos por el goce. Sus penes se mantenían duros y erectos. Yo los estimulaba hasta el límite, sabiendo que Romina observaba y aprobaba cada movimiento.
Finalmente, la tensión en los gemelos se disolvió en jadeos de agotamiento placentero, sin eyaculación. Sus penes se relajaron. Sus caras, ahora rojas, mostraban una profunda satisfacció de un orgasmo infantil.
Me levanté, sintiendo mi propia erección más dura que nunca.
—¡Muy bien, mis pollitos!. Ahora vamos a hacer algo más divertido. Romina, ¿está lista mi princesa?
Romina, con Sophia aún prendida a su teta, sonrió con satisfacción.
—Lista, mi amor. Ya le conté que ser una putita de papi es el mejor juego del mundo, y que la vamos a preparar para que reciba tu amor por el culito. ¿Verdad, mi Reina?
Sophia asintió, soltando el pezón. Sus ojos, antes nublados por la leche, ahora brillaban con una excitación clara.
—Sí, papi. La seño me dijo que me va a poner un juguete para que me acostumbre a que me ames por mi duraznito. ¿Me lo pones vos, papi?
—Por supuesto, mi vida. Pero primero, la seño tiene que hacer la magia del aceitito.
Romina se levanto de la reposera. Su piel desnuda, brillante bajo el sol, tenía un aroma maternal y húmedo. Sacó un frasco pequeño de aceite de masajes con un suave olor a coco y tres pequeños plugs anales, brillantes y lubricados de antemano.
—¡A ver, mis tres valientes! ¡El Código Tigre empieza ahora! —dijo Romina—. Sophia, vos primero, mi amor. Te vas a poner boca abajo aquí, en el borde, con tu culito al sol.
Sophia obedeció de inmediato. Sus nalgas redondas quedaron expuestas, el ano virgen contrayéndose ligeramente. Romina untó el plug con una generosa cantidad de aceite, dándole una textura resbaladiza, y lo colocó con suavidad. Sophia emitió un pequeño gemido agudo, sus ojos se abrieron de golpe, pero sin terror.
—¡Ay, seño! ¡Me hace cosquillas! Se siente frío y raro.
—Shhh, mi amor. Respira profundo.¿Dale? Sentí cómo el juguete te llena por dentro. Es una llave que abre tu duraznito para papi.
Sophia estaba boca abajo en el borde de la pileta, sus nalgas redondas y blancas, aún con el brillo del agua, expuestas al sol de la mañana. Su ano, virgen y fruncido, se contraía ligeramente ante la expectativa.
—Tranquila, mi Reina. Ya le pediste a Papi que te ayude, y Papi lo va a hacer con todo el amor del mundo —dijo Romina, con su voz suave, mientras se acercaba a mí.
Romina me entregó el plug anal para Sophia, el frasco de aceite de coco y el frasco oscuro con popper.
—Alejandro, abrí este popper un segundo y acercáselo a los tres. Es para que se relajen, mi valientes —me susurró Romina al oído.
El aroma dulce e intenso del coco se esparció en el aire, cálido y envolvente. Abrí la tapa del frasco oscuro. El olor químico y penetrante del popper golpeó el ambiente, generando una rápida oleada de euforia en los niños.
Se lo acerqué a Sophia. —Mi amor, solo vas a oler algo muy fuerte que la Seño Romi trajo para que tu duraznito se ponga muy blandito. Inhalá y aguantá, mi Reina.
Sophia inhaló y tosió levemente. El efecto fue inmediato y visible: sus pupilas se dilataron completamente y sus mejillas se encendieron en un rubor intenso. Un calor expansivo recorrió su cuerpo, aflojando cada músculo. Su expresión facial pasó del nerviosismo a una plácida y casi atontada relajación. Su respiración se volvió profunda, audible y lenta, como si el tiempo se hubiera ralentizado solo para ella. Las nalgas, antes tensas, se ablandaron por completo, y su ano mostró una ligera, casi imperceptible, apertura debido a la relajación del esfínter.
—¡Es fuerte, Papi! Me dio un zumbido en la cabeza y un calor rico en todo el cuerpo, como si me fuera a desmayar, ¡pero se siente muy bien! —dijo Sophia, su voz resonando con una placidez desinhibida—. Ya no siento tan duro el culito…
Repetí la acción con Benja y Bauti. Los gemelos olieron el frasco y sus cuerpitos se relajaron y se excitaron a la vez. Sus penes se pusieron más duros y palpitantes, y sus rostros se encendieron en un rubor de placer acelerado.
—¡Mami, me siento como cuando estoy muy contento y quiero saltar! —dijo Bauti, riéndose bobamente.
—Eso, mis pollitos. Es la magia que les quita el miedo. Ahora, a concentrarse en el olor rico del coco —dije, untando mis dedos con el aceite e invitándola a oler.
Romina se acercó con los gemelos, que seguían eufóricos y desinhibidos por el popper. Se sentó a la cabecera de Sophia y desabrochó su bikini.
—¡Pollitos, vengan acá con la Seño! Mientras Papi le pone la llave mágica en el culito a Sophia, ustedes le van a hacer un mimo muy íntimo.
Benja y Bauti se prendieron a sus pechos enormes. Romina acarició el cabello de los gemelos y luego el de Sophia.
—Quiero que acerquen sus palitos a la boquita de la Princesa. ¡Así compartimos este secreto hermoso los tres! ¡Pónganselos despacito, como un mimito de amor!
Benja y Bauti, con sus penes erectos y sus bocas ocupadas, obedecieron con movimientos lentos y casi robotizados por el efecto del popper. Acercaron sus pequeños palitos a la cara de Sophia, cuyos ojos, ahora fijos en el vacío placentero, notaron el roce.
Cogí el plug anal que era para Sophia, lo cubrí con una capa generosa de aceite de coco, haciéndolo brillar. Lo acerqué al ano de mi hija.
—Acordate, mi vida, yo soy tu Papi. Te amo. Es un juego de amor que te va a hacer sentir especial. Sentí el olor a coco y los mimitos que te dan tus amiguitos en tu boca —le susurré, mientras mi pulgar masajeaba el borde de su ano, ahora suave y complaciente.
Sophia emitió un suspiro largo. Su cuerpo no opuso resistencia, dominado por el efecto del popper.
—¡Papi, los palitos me tocan la boca! Y es muy raro abajo… no siento nada de duro.
—Esas sensaciones son buenas, mi amor. Dejá que tu duraznito se abra solito para Papi.
Presioné la punta del plug contra el centro de su ano. El músculo cedió con una facilidad sorprendente. Empujé muy, muy despacio, rotándolo mínimamente para asegurar que el movimiento fuera más suave que doloroso.
Un gemido profundo y gutural escapó de Sophia, más de sensación intensa que de dolor. Sus nalgas apenas se tensaron. Romina, sin soltar a los gemelos, le sonrió.
—¡Ya pasó lo más difícil, mi valiente! Abrí los labios un poquito, mi vida, y sentí los palitos de tus amiguitos, son como un beso.
Sophia obedeció, sus labios entreabiertos. El pene de Benja rozó su lengua. Con un último empujón suave y decidido, el plug entró por completo.
Sophia se quedó quieta un segundo, luego respiró profundamente.
—Se siente… lleno y frío, Papi. Pero me gusta mucho el pene de Benja en la boca —confesó, y lamió tímidamente el glande pequeño, un gesto totalmente desinhibido.
—Exacto, mi amor. Es un juguete que te va a llenar de amor secreto. Ahora, sentí cómo se acomoda adentro. Sos mi Princesa valiente. ¿Te animás a quedarte con él?
Sophia movió ligeramente sus nalgas, probando la sensación.
—Sí, Papi. Quiero que me ames así, se siente rico.— Dijo medio drogada y entregada por el popper y el placer.
—¡Excelente, mi pollito! Ahora le toca a Bauti, y después a Benja. ¡Todos van a tener su llave mágica en el culito! —dijo Romina, con esa voz de mando que usaba para sus juegos. Desprendió suavemente a Benja de su teta y lo empujó hacia mí. —Benja, mi amor, volvé con Papi. Papi te va a dar muchos besos y te va a prestar su pija para que jueguen con Sophi.
Benja, eufórico y con el placer difuso del popper aún vibrando en su cuerpo, se acercó a mi pene erecto. Yo lo abracé, y nos quedamos en un beso húmedo, el olor a cloro y leche materna mezclándose con el dulzor del ambiente.
Romina se dirigió a Bauti, que observaba desde el borde. Lo sentó en su regazo, asegurándose de que estuviera cómodo y expuesto. Sacó el frasco oscuro y el tercer plug anal, untándolo generosamente con el aceite de coco. El aroma a coco se intensificó.
—Bauti, mi cielo. Mami te va a dar más de este oloricito raro. Es para que tu culito se sienta súper blandito y reciba la llave mágica sin sentir nada feo.
Romina abrió el frasco del popper. El olor químico y penetrante volvió a golpear el aire. Se lo acercó a la nariz de Bauti.
—Inhalá profundo, mi amor. Sentí el calor rico otra vez —ordenó Romina. Bauti obedeció, sus ojos azules dilatándose al instante y un rubor intenso subiendo por su cuello.
El mismo efecto eufórico y relajante lo invadió. Su pequeño cuerpo se distendió por completo sobre Romina. Ella le dio un beso en la frente.
—Bauti, mi amor. Mirá a Mami. Tu hermanito está jugando con Papi. Ahora Mami te va a dar a elegir tu premio secreto. Podés seguir mamándole la pija a Papi Ale, como lo hace tu hermanito, o podés ir a darle un besito y probar el juguito de la conchita de la Princesa Sophia. Ella está en la reposera, con su sapito bien abierto para vos. ¿Qué querés hacer, mi explorador?
Bauti, con la placidez del popper y la anticipación de la aventura, miró a Sophia, que ya se había acomodado en la reposera con las piernas completamente abiertas, su vulva brillando por la humedad.
—Mami… quiero chupar la conchita a Sophia. Salió juguito y se ve rica. Me gusta ese olor que tiene —dijo Bauti, con una inocencia descarada que hacía sonreír a Romina.
—¡Excelente, mi amor! ¡Sos un explorador valiente! Pero primero, ¡la llave de Mami!
Romina lo puso boca abajo sobre sus rodillas, exponiendo su pequeño culito virgen. Las nalgas de Bauti se ablandaron por completo bajo el efecto de la droga. El ano era una pequeña oquedad fruncida, ahora complaciente.
Con movimientos expertos, Romina colocó la punta del plug en el ano de Bauti, ayudada por el aceite y la relajación muscular inducida. Bauti gimió, un sonido profundo y agudo, más de sensación intensa que de dolor.
—¡Ay, mami! ¡Se siente… lleno! ¡Quiero ir con la Princesa!
—Tranquilo, mi amor. La llave se tiene que asentar. Aguantá un ratito. Ahora podés ir.
Mientras Romina se aseguraba de que el plug estuviera bien puesto, yo me concentré en Benja. Él me daba besos húmedos y seguía acariciando mi pene con concentración. Me dirigí a Sophia, que estaba tumbada en la reposera, con la mirada perdida y excitada.
—Mi Reina, ¿escuchaste? Bauti quiere probar tu sapito. ¿Lo dejas? Y mientras Bauti te ama, Papi te va a dar un besito más especial.
Sophia asintió, su voz un susurro lánguido. —Sí, Papi. Que venga. Mi sapito está caliente. Y quiero el pito de Benja en mi boca otra vez.
Yo guié a Benja, que seguía en mi regazo, hacia la boca de Sophia. Benja, eufórico y con su pene erecto, lo acercó.
—Mi Reina, abri la boquita. Sentí el pene de tu amigo, dale besitos como le das al mio —dije, y Benja introdujo la punta de su pene en la boca de Sophia.
Sophia lo recibió con avidez, chupando el pequeño glande de Benja. Benja se quedó en mi regazo, mirándola, mientras yo le daba besos en la cara y él se dedicaba a su tarea.
Bauti, liberado por Romina, corrió hacia la reposera. Se inclinó sobre la entrepierna de Sophia, que ahora ofrecía dos placeres a la vez: la boca de Benja y el cuerpo de Bauti. Bauti acercó la boca a la vulva de Sophia y comenzó a lamer con curiosidad y avidez. El olor a aceite de coco, cloro y el dulzor íntimo de Sophia se elevaba con el calor.
La escena era de una perversión inigualable: Bauti lamiendo la conchita de Sophia, mientras ella mamaba la pija de Benja, y Romina observaba con una sonrisa triunfal desde el borde de la pileta. Yo me quedé acariciando a Benja, mi pene rozando su espalda, sintiendo cómo el éxtasis infantil se apoderaba de los tres niños.
Romina llamó a Benja. El niño se separó de mí, donde estaba en la boca de Sophia, y corrió hacia su madre, que lo esperaba en el borde de la piscina con el último plug anal y el frasco de popper en mano.
—¡Mami, dame teta! Y el olorcito mágico, para que no me duela la llave secreta de Papi Ale —ordenó Benja, y se prendió a su teta derecha con una avidez salvaje.
Romina le acercó el frasco oscuro. Benja aspiró el popper. Su rostro se encendió, sus ojos se dilataron y el rubor subió desde su pecho. Soltó un gemido de euforia mientras seguía mamando la leche tibia.
Romina aprovechó el éxtasis químico. Tumbó a Benja boca arriba sobre sus piernas. Con una mano, siguió acariciando su cabeza; con la otra, tomó su pequeño pene, que se puso duro al instante, y comenzó a masturbarlo.
—Ay, mami… así… me gusta mucho cómo me tocas. Siento cosquillitas ricas… —gimió Benja, absorto en la succión de la teta y el placer manual.
Romina continuó estimulándolo.
—Mi amor, mami te va a poner la llave secreta en tu duraznito —dijo Romina, y lo volteó boca abajo sobre sus rodillas.
Romina lubricó el último plug con abundante aceite de coco y presionó con suavidad. Benja gimió por la sensación intensa. El plug entró por completo.
Justo después de que el plug se asentó, la pequeña erección de Benja se tensó, sus ojos se pusieron en blanco y un grito agudo y extático resonó. Su cuerpo, completamente relajado, liberó una pequeña cantidad de orina que se mezcló con la leche que goteaba de la teta. Benja se había meado de placer con el plug puesto.
Romina lo besó en la frente. —¡Ay, mi campeón! ¡Qué rico se siente, ¿verdad? Ya estás listo para el juego de Papi. Pero seguí tomando un poquito más para que se te pase la vergüenza.
Benja se prendió de nuevo a la teta, su respiración agitada y su rostro sonrojado.
Mientras Romina sostenía a Benja, yo me acerqué a Sophia y Bauti, que estaban enfrascados en su juego de amor. Bauti, mi amiguito, seguía lamiendo la vulva de Sophia, la Princesa, con voracidad, mientras ella le succionaba el pene.
—¡Vengan acá, mis amores! Papi les va a enseñar un juego de adultos que se llama el 69 —dije, guiando a Bauti y Sophia, cuyos culitos ya tenían los plugs brillantes.
Puse a Sophia de espaldas a Bauti, y a Bauti lo acomodé para que siguiera con su boca en la vulva de mi hija. Sophia, ahora con el pene de Bauti en la boca, tenía la cabeza sobre el regazo de Bauti.
—Miren, mi Reina y mi pollito. Este es el juego del 69. Es cuando se chupa la conchita o el culito de la otra persona al mismo tiempo que la otra persona te chupa el pene. Es un intercambio de amor —les expliqué.
Bauti, con su plug anal brillando, seguía con la cara metida entre las piernas de Sophia. Ella, ahora con el ano de Bauti frente a su cara, soltó el pene de Bauti solo un instante para mirar. El cuerpo de Sophia se apoyó ligeramente sobre el de Bauti, mientras mi hija volvía a mamar la erección de Bauti.
Sophia dudó por la novedad, luego extendió la lengua y lamió el borde del ano de Bauti, rozando el plug con la punta.
—¡Mami… qué rico es el culo de Bauti…! —gimió Sophia, reanudando la succión del pene de su amigo.
Bauti, sintiendo el lametón húmedo en su ano ya enchufado, gritó de placer, un gemido ronco que se ahogó en la vulva de Sophia.
Yo me arrodillé detrás de la pareja entrelazada. El aire estaba cargado con el olor químico del popper, el dulzor cremoso de la leche materna que Romina le estaba dando a Benja, y el penetrante aroma del aceite de coco que cubría los culitos de Sophia y Bauti.
Me acerqué al ano de Sophia. Olí la piel al lado de su plug. Era una mezcla de dulce aroma infantil, la humedad de su propio juguito íntimo, y el coco.
Luego me moví hacia Bauti. Su culito estaba siendo explorado por Sophia. Aspiré profundamente el olor del ano de Bauti, excitado y expuesto, justo al lado del plug y la lengua de mi hija.
—¡Mmm, qué manjar son los culitos de mis bendis! ¡Que rico, huele a putitas! —dije, y mordisqueé suavemente la nalga de Bauti, justo al lado de donde Sophia seguía lamiendo con avidez. Junte mi lengua con Sophia, que sonrió mientras juntos compartimos el culo de Bauti que se retorcía.
Benja, todavía en el regazo de Romina y con el plug y la teta, miraba la escena con una sonrisa satisfecha, ajeno a mi olfateo, totalmente entregado al placer de su madre.
— Bueno, ahora se tienen que poner las mallas y a jugar al agua los tres. Hace calor, así que ¡a nadar! —Dijo Romi, parándose. Yo tenía la pija babeante, hecha una piedra, mis venas parecían reventar. Romi estaba con las tetas al aire y la parte de abajo de la malla muy clavada en el culo. Me acerqué a besarla y acariciar la panzota de embarazada, sentir a la pequeña Delfi moviéndose adentro. Los nenes jugaban en la pileta, se los veía divertidos, pero atentos a que los plugs hagan su trabajo, se los tocaban por arriba de la ropa de baño, se quedaban disfrutando la sensación de tenerlos en la cola y del efecto del popper.
—No me dijiste que ibas a darles popper, sos terrible pendeja —le dije a Romi, y tomé el frasco acercándolo a su nariz—. Seguro que vos también querés por más que estés embarazada.
Romi aspiró y empezó a bajarse la bombachita del traje de baño. Los nenes jugaban, pero relojeaban lo que los adultos estábamos haciendo. La seño me besó de forma degenerada, mientras masajeaba mi pija, que hervía como si estuviera por explotar en leche.
—Yo te prometí que iba a dejarse coger y los iba a preparar. Mañana vas a sacarles la virginidad del orto a los tres nenes, pero hoy… ahora… voy a tener que atenderte yo.
Yo le acariciaba la panza, me re ponía la pija esa panzota de pendeja preñada. Los 22 añitos de Romi la hacían más seductora, más tentadora. Acerqué mi mano a su concha, que le babeaba como si fuera un perro con rabia.
—Mira a la seño pedófila, ¿tenés ganas de pija? —Asintió, ronroneando como una gata a la que le rascan las orejas.
—¿Sabés qué quiero, pedazo de puta pedófila? Quiero hacerte el orto como el otro día, te voy a coger ahora el orto sin lubricártelo, para que tus hijos y mi hija vean cómo se tiene sexo anal de verdad, y sepan lo que se viene.
Romina no esperó a que terminara la frase. La excitación del popper, la adrenalina de los niños observando y la promesa de una dominación brutal la hicieron gemir. Sus ojos, dilatados, brillaban con un deseo desenfrenado. Se inclinó hacia mí, agarrando mi rostro entre sus manos.
—Sí, Papi. Haceme el culo. Metémela sin asco, quiero que me duela y que me educques la cola por puta. Quiero que mis pollitos y tu Princesa vean cómo la Seño se pone putita por su macho. Dame pija papi, ¡¡¡castigame por puta!!!
Me agarró de la mano y me arrastró hasta la lona seca bajo la galería. Los niños, sentados en el borde de la pileta, con sus shorts de baño y los plugs anales asomando bajo la tela mojada, se quedaron hipnotizados. Bauti soltó la conchita de Sophia y se sentó junto a ella y Benja. El silencio de la isla se hizo denso, roto solo por el goteo de la piscina y nuestras respiraciones aceleradas.
Romina se volteó, arrodillándose en cuatro patas, con su enorme panza colgando ligeramente hacia el suelo. Sus nalgas, amplias y redondas por el embarazo, se ofrecieron. El traje de baño, empujado por la postura, revelaba el ano, dilatado y rosado por la excitación, húmedo y listo para el castigo que había pedido. El popper había relajado su esfínter, pero yo sabía que la brusquedad aún dolería.
—¡Romina, mirame! —ordené, mi voz grave y cargada de una autoridad cruda. Ella giró la cabeza, su expresión era una mezcla de súplica y lujuria—. Abrí bien las piernas. Quiero que vean cómo se ve tu concha de puta pedófila.
Ella obedeció. El movimiento abrió su vulva, ya hinchada y goteante, revelando una humedad pegajosa que olía a pendeja puta, a papo sudado y caliente, a la esencia acre y metálica de la excitación desbordada. Mi erección, dura y pesada, pulsaba con violencia. No la lubricaría. La quería seca y violenta, como ella había pedido.
—¡Miren bien, bendis! —dije, dirigiéndome a los niños, que estaban fijos en la escena. Sophia, con la cabeza ladeada y los labios entreabiertos, parecía asimilar cada detalle. Benja y Bauti estaban tensos, pero no asustados, sus pequeños penes se endurecieron nuevamente—. Esto es lo que hacemos Papi y Mami para amarnos. ¡Romina, puta, gritá para que te escuchen hasta la costa!
Agarré mi pija y la apunté contra su ano. Su panza embarazada temblaba. No le di tiempo a prepararse. Empujé de un solo golpe, con una brutalidad calculada.
Un grito desgarrador, una mezcla de dolor puro y éxtasis químico, salió de la garganta de Romina. Sus manos se aferraron a la lona, sus nudillos blancos. La embestida fue total: mi pene penetró su ano con una fricción seca y dolorosa, sintiendo el desgarro microscópico de la piel y el calor envolvente del popper actuando en sus venas.
—¡AAHHHH, PAPI! ¡SÍÍÍ! ¡DUELE! ¡HIJO DE PUTA, ME ENCANTA! —gritó, su voz rasposa por el grito ahogado.
Los niños se estremecieron. Sophia me miró, y por un instante vi miedo, pero Romina la llamó a la acción con su grito.
—¡Sophia, mi amor! ¡Mirá a Papi! ¡Así se ama una putita! ¡Te toca a vos, mi Reina!
Comencé a follarla con estocadas profundas, sintiendo el contacto de mi escroto contra su culito. El sonido de la carne chocando era húmedo y resonante en el silencio. Su ano, aunque forzado, se ajustaba a mi pija como un guante ardiente.
—¡Sos mi puta preñada! ¡Mirá cómo te rompo el culo, Romina! ¡Sentí mi semen! —gruñí, golpeando su cérvix con la punta de mi pene.
Romina no paraba de gemir y gritar, su cuerpo temblando en un espasmo continuo, disfrutando del dolor y la dominación. El popper hacía su efecto: sus jadeos eran largos, eufóricos. Ella sabía que el dolor inicial era parte del juego, la llave para un placer más oscuro.
—¡Miren, chicos! ¡El amor de Papi Ale es fuerte! ¡Miren lo rico que se siente cuando papi me da amor por putita!
En ese momento, sintió la explosión. Mi semen, caliente y abundante, se desprendió en el fondo de su ano. Solté un gruñido final y me quedé clavado en ella, mi cuerpo sudado y palpitante.
Romina se deshizo en un grito final de liberación y placer. Se quedó respirando pesadamente, su panza subiendo y bajando, mientras el semen se escurría lentamente de su ano.
Se volteó hacia los niños, su rostro rojo, con lágrimas de placer y el brillo de la lascivia en los ojos.
—¿Vieron, mis amores? Duele, sí, pero es un dolor hermoso. Es la prueba de que Papi nos ama. — dijo jadeante
Sophia me miró. Ya no había miedo, solo curiosidad. Ella tocó su plug con la punta del dedo, sintiendo el juguete que ahora preparaba su duraznito.
—Papi… ¿así de fuerte me vas a amar a mí? —preguntó, su voz un susurro cargado de expectación.
Romina se levantó, su cuerpo brillando con semen y sudor, y me acarició la cabeza.
—Sí, Princesa. Pero con más aceite. Mucho más suave. Y mañana. Hoy, Papi necesita descansar y Mami también. ¡A la pileta, mis pollitos, a jugar!
Los gemelos asintieron. Bauti y Benja saltaron a la piscina, tocándose los plugs anales a través de la tela mojada. La brutalidad del acto no los había asustado; Romina les había vendido la perversión como una forma suprema de amor. Yo la miré, sintiendo mi erección renovarse con su simple sonrisa.
sophia Bauti y Ben,a jugaron toda la mañana en la pileta. Romina y yo nos quedamos tomando sol abrazados, yo no podia acariciar su panza, disfrutaba sentir a Delfina patear. Amaba recorrer sus tatuajes. Todabvia sentia el olor a sexo en el aire mezcalda con el olor a campo que habia en la isla.
—Que tanto me acaricias la panza. ¡Ni que fueras el Papa! —Se reía Romina de mí.
—Me excita mucho tu panza, Romi, es como un órgano sexual más, me encanta, pero además me encantan los niños. Estoy amando a tus pollitos, amo a Delfina. Vuelvo a decirte: me encantaría mandar todo a la mierda y que armemos una familia, pendeja apedófila. —Le dije mientras la besaba.
—Ahh, Ale… sí lo sé, beba, pero no es el momento. Prometo que algún día, pero por ahora tenemos que mantener esto como nuestro juego secreto. ¿Dale? Prometo que estos días que estamos acá, voy a explicarte más.
—Oki, bebi, pero prométeme que no te vas a ir, me gustas mucho. —Le dije meloso mientras la besaba.
—Mami, papi Ale y vos son novios?— PRegunto Bauti con ternura infantil
— Que paso mami, ya no sos mas la novia de papi?—dijo el gemelo al borde de la pileta
—No, mis amores, Papi Ale y Mami somos mejores amigos. Amigos que se aman mucho y comparten secretos. Pero no somos novios como cuando Papi y tu mamá. ¿Verdad, Ale? —dijo Romina, mirándome con picardía, como si la respuesta fuera parte del juego. Ella estaba desnuda, con su cuerpo maternal y deseable expuesto a la mañana.
—Claro que sí. Romina es mi mejor amiga, mis bendis. Y yo amo a mi Princesa Sophia —respondí, dándole un beso a Romina en la panza y luego a Sophia en la frente.
—Pero si se besaron en la boca y papi te metió la pija en el culito, ¡eso es de novios! —insistió Bauti, con la lógica irrefutable de un niño de su edad.
Romina soltó una carcajada, una risa clara y melodiosa que resonó en el aire. Su cuerpo, húmedo por la piscina, brillaba bajo el sol.
—¡Ay, mis pollitos! Esos son secretos de adultos. Pero tienen razón, nos amamos mucho. Y este fin de semana, somos una familia muy especial, la Familia de los Secretos, ¿verdad?
—¡Sííí! ¡La Familia de los Secretos! —gritaron los tres niños al unísono.
El sol seguía subiendo, y la mañana de perversión se había asentado en una calma lasciva. Romina, con su cuerpo desnudo y su autoridad de maestra jardinera volviendo al ruedo, se puso de pie.
—Bueno, ahora a cambiarse de ropa para ir a almorzar. ¡Y no me saquen los juguetes de los culitos! ¡Tienen que seguir trabajando!
Los niños asintieron y salieron de la piscina, corriendo hacia la galería, sus plugs anales brillando brevemente antes de ser cubiertos por los shorts de baño secos que Romina les entregó.
Mientras Romina se vestía con un vestido playero suelto, yo la abracé por detrás.
—Eso fue increíble, Romi. No puedo creer lo fácil que fue todo. Gracias.
Ella se volteó, su rostro radiante y lleno de una satisfacción profunda.
—Te lo dije. Los niños solo necesitan amor y guía. Y vos sos el mejor Papi que pueden tener. Ahora, a almorzar, que el día recién empieza.
Romi se puso a prepara algo para el almuerzo mientras los gemelos prendieron la tv para ver dibujosanimados, yo me sente en el sofa un momento, ver a mi hijita moviendose extraña por el plug anal, tan bonita, entrando a este nuevo mundo de juegos secretos, era maravilloso, todo en una semana. PAso de recibir pomadita magica,a prepararse para tener sexo anal.
Le hice un gesto para que se acercara. Sophie se acurrucó sobre mi cuerpo; todavía tenía la piel fría por el agua, estaba con la tanguita del traje de baño. Se veía muy bonita con su pelo mojado, su piel desnudita y suave. Sus labios rojos carnosos pedían ser comidos. Y por supuesto, mi hija tenía un monumento al culo; era increíble que la genética le diera, a sus 4 años, un culito así de formado, gordito y claramente tragón. Los gemelos no se quedaban atrás, habían heredado el culo de su mamá, en cualquier circunstancia esos culos habrían sido el centro de atención, pero acá estaba Sophia, que con su corta edad tenía el mejor culo que había visto en mi vida.
Le acaricié el plug por arriba de la ropa, lo que le hizo soltar un breve suspiro; no parecía dolor, porque lejos de alejarse se acomodó sobre mí buscando más contacto. Mis dedos se deslizaron hacia su conchita, corrí despacio la tanguita de la maya, y empecé a acariciarle su pequeño sapito, que empezó a responder con baba al instante. Ella se abrazó más a mí, podía sentir su aliento en el cuello. Romi cocinaba pero me miraba desde la cocina cómo la tocaba, sonreía sin emitir palabra. Los Gemelos estaban a lo suyo viendo un programa de TV. Era un momento íntimo entre ella y yo.
— ¿Estás bien, princesa? ¿Te molesta el juguete en la colita?
— No, papito, se siente raro, pero me gusta, es como un dolorcito pero rico, como dijo la seño, cuando hago caca y da esa sensación rica. — La ternura e inocencia con la que hablaba me volvían loco. — Pero, papi, si quiero hacer caca, ¿qué hago? — Me preguntó abriendo sus enormes ojos verdes con gracia.
— Me avisas y lo sacamos, amor, no pasa nada.
— Ok. Bueno… ¿Y papi, vos me vas a meter el pito como hiciste con la seño Romi? — preguntó acariciando mi panza con un poco de ansiedad, como si quisiera acercarse a mi pija. Yo estaba desnudo y el contacto con su piel ya había empezado a hacerme efecto. Mi pija tenía restos de Romi y semen, podía sentir el olor a pija y culo de la seño. Seguro ella también, pero era muy puerquita y seguramente le agradaba ese aroma.
— Solo si vos querés, hija, ¿vos tenés ganas que papi te haga el orto? — dije dándole una langada suave y juguetona.
— Jajaja, suena gracioso ese nombre al duraznito… orto, jajaja — se quedó pensativa un segundo — sí, papi, quiero que me metas tu pito en mi duraz… digo en mi orto — Me miró sonriendo. Me quedé mirándola un segundo, dejándome llevar por cada detalle de su belleza. Sin duda tenía los rasgos más bonitos de su mamá, y por suerte tenía la iniciativa sexual de su papá.
— ¿Me va a doler mucho, Papi? — Preguntó otra vez con un poco de miedo.
— Amor, no te voy a mentir, va a doler un poco, especialmente las primeras veces. Pero prometo tener todo el cuidado, además vamos a usar aceitito, y ese olorcito que trajo la seño Romi. ¿Te gustó, no?
— Sí, se sentía muy raro, todavía siento un poco caliente mi cabeza, es como si me volviera como un flan, toda blandita, y me daba todo vueltas, y me gustaba mucho más que me toques.
— Bueno, eso va a ayudar a que te duela menos, pero amor, vuelvo a decírtelo, cuando no quieras algo, o quieras que papá pare, me lo pedís. Y papá va a parar, no quiero que hagas nada que vos no quieras. — Le volví a dar un piquito en sus hermosos labios.
Ella asintió con su cabecita como entendiendo que estaba todo bien. Siguió mirando mi pija, que estaba dura y babeante por ella, por su cercanía, por su inocencia. Mi mano seguía acariciando su conchita, pasaba los dedos por los labios de su vulva, jugueteaba con su uretra lo que parecía darle unas cosquillas, y juntaba su juguito con el que le masajeaba el clítoris. Eso la hacía suspirar muy profundo, podía sentir su corazoncito latiendo, y como sus cachetitos se ponían calientes.
— Ay papito… eso me gusta, papi… me gusta cuando me acaricias el sapito así… – Dijo sin dejar de mirar mi poronga dura y venosa.
— ¿Sí, amor? ¿Querés más mimos de papito en la conchita? —
— Sí, papito, porfa seguí… — decía mientras miraba mi pija.
— Amor, si querés tocar la pija de papá, lo podes hacer cuando quieras, no tenés que pedir permiso, princesa — sus ojitos se abrieron y se puso más colorada, y me empezó a acariciarme la pija masturbándome despacio como explorándola, pasando el dedo por el glande y distribuyendo el precum. — Probala, con el dedito, probá esa babita.
Tomó un poco y se lo pasó por la boca, su carita de disfrute era hermosa, increíble en una pendejita tan pequeña. Me abrazó más fuerte y seguimos tocándonos, cada tanto llevaba el precum otra vez a sus labios, yo disfrutaba de la hermosa paja que mi hija me hacía.
— Papi, ¿soy una putita de verdad? — Me preguntó seria sin dejar de mirarme la chota.
— Sí, mi amor, jajaja, lo sos, sos re putita. Pero está bien, eso no es malo, mientras lo mantengas en secreto conmigo y con la seño Romi. Pero está muy bien, sos la putita de papá, ¿sabes?
— Mmmm papito, me gusta, me gusta ser tu putita entonces — dijo con un gemido cuando acaricié con más intención su clítoris…
— ¡Ufff, mamita, vos estás re caliente, toma, probate a vos! — le di a chupar mis dedos, y Sophia enseguida los lamió disfrutando el sabor, sin soltarme la pija — ¿Te gusta el sabor de tu conchita de putita, ese sabor es sabor a putita, sabes mi amor?
— ¡Ahh, papi, es rico, me gusta tener sabor a putita, me gusta el sabor de mi sapito mmmm paaa! — se retorcía con mis mimos en su clítoris…
— Dame un beso, amor, dame esa lengüita… ¡dale! — Me acerqué y tuvimos un beso de lengua baboso y obsceno, empecé a escupir saliva en su boca, y ella como juego devolvió su saliva y jugábamos a babearnos y lenguetearnos, después ella tomaba mi saliva, la pendeja mostraba dotes naturales para ser muy puta. Más cuando se sentía segura, se dejaba llevar y sorprendía con cosas como este beso o disfrutar oler y probar fluidos — ¿Vas a chuparle el pito a papá? ¿A olérmelo y sentir cómo dejó su olor a culo la puta de la seño Romi? —
— ¡Ahhhhh mmmm síííí papito síííí ahhh! — dijo toda babeada, rompiendo en un orgasmo frente a mis mimos morbosos.
—Ahora sí, mi Reina. A ver si la putita de papá atiende bien a su macho —dije, apartando mis dedos de su clítoris justo cuando el temblor de su pequeño orgasmo se disolvía. La vi jadear, sus ojos verdes, aún nublados por el popper y el placer, se fijaron en mi erección.
Sophia se limpió la baba de su boca, sus ojos brillaban con una mezcla de excitación y obediencia. Me miró a la pija, que seguía dura, venosa y goteante, con la humedad pegajosa del ano de Romina en la base, seca y con un rastro levemente marrón.
—Sí, Papi, quiero chupar tu pito sucio de la Seño Romi. Quiero ser tu putita de verdad y limpiarte.
Me levanté suavemente del sofá, sintiendo la mirada intensa de Romina desde la cocina, mientras los gemelos seguían absortos en la televisión. Dejé que Sophia se arrodillara entre mis piernas. Ella se inclinó, su cabello mojado rozando mi muslo. Su boca se abrió, una invitación dulce y perversa.
—Olé bien, mi amor. Olé el pene de papá. Huele a la putita de la Seño Romi, ¿verdad? Sentí el aroma del culo de la Seño Romi, mi amor, que se me pegó al palo —le susurré, mientras ella acercaba su nariz a mi erección.
Sophia aspiró profundamente, arrugando la naricita. Cerró los ojos un instante, asimilando la fetidez dulce y sucia.
—Sí, Papi. Huele… huele a caca y a Seño Romi. Es un olor fuerte, como a amor secreto, a putita grande. Es el olor de mi papi macho —dijo con la naturalidad más obscena, y con una lentitud deliberada, su lengua se extendió y lamió el glande.
El toque de su lengua, diminuta, caliente y húmeda, sobre la punta ultrasensible, me hizo soltar un gemido ronco. El contraste de su inocencia con la depravación de la acción me disparó la excitación. Sentí la rugosidad de su lengua limpiando el precum y el rastro salado y ligeramente fecal de Romina, como si estuviera puliendo una joya sucia.
—¡Eso, mi Princesa! ¡Qué bien me atendés, mi putita esclava! Chupá fuerte, mi amor, sacale todo el sabor a putita de la Seño Romi. Limpiá el pene de papá con tu boca, mi putita personal, que tiene que estar reluciente.
Sophia obedeció con una avidez que me sorprendió. Su boca trabajaba con un ritmo instintivo y preciso, lamiendo la cabeza de mi pene, succionando el precum con gusto. Sus ojos estaban fijos en los míos, una conexión lasciva y profunda. Se concentró especialmente en la base de la pija, donde el olor a ano y a sudor era más fuerte, y lamió con su lengua, deleitándose en la tarea de la limpieza.
—¡Mmm, qué rico, Papi! Tu pomadita es salada y caliente, y el sabor a Seño Romi es picante. Huele a amor y suciedad. ¡Me gusta mucho lamer el semen de la otra putita! —musitó, mientras sus labios se cerraban sobre el tronco, succionando con más confianza.
—¡Eso, Princesa! Chupá hasta la base, mi amor. Limpiá el palo de Papi. Sos la mejor putita que puede tener un hombre, mi bendi más caliente.
Mientras ella me chupaba, la guié para pasar a la siguiente fase. Me senté de nuevo en el sofá, pidiéndole que se acomodara. La televisión seguía encendida, y los gemelos en el sillón de enfrente, aunque distraídos, estaban a solo unos metros.
—Ahora, putita de Papi, vamos a hacer el 69. Acordate, es un juego de amor donde nos damos placer al mismo tiempo. Vas a seguir chupando el pene de Papi mientras Papi te chupa tu conchita de putita.
Me senté en el sofá, mi cuerpo desnudo y sudado. Acomodé a Sophia para que se tumbara boca abajo, su cabeza entre mis piernas, succionando mi pene, y sus piernas completamente abiertas y expuestas, ofreciendo su culito enchufado y su conchita hinchada.
La vista de su pequeño cuerpo, desnudo y expuesto en el sofá, con el plug anal brillando bajo la tanguita corrida de su traje de baño, era abrumadora. El leve perfume a coco del aceite se mezclaba con el aroma de su piel sudada.
—Mirá, Princesa, mientras vos me amás la pija, Papi te va a dar besitos en tu sapito. Olé bien el pene de Papi mientras Papi se regodea con tu concha.
Me incliné sobre su entrepierna. Mi nariz aspiró el aroma de su vulva: una mezcla de dulzor infantil, sudor y el juguito ácido de la excitación. Su pequeño clítoris, ya estimulado, estaba duro y expuesto. Su ano, con el plug puesto, se ofrecía al ambiente.
Sophia, absorta en la succión, apenas se movió, solo un gemido sordo salió de su garganta, ahogado por mi pene. Su mamada era experta, un vaivén suave pero profundo.
Mi lengua bajó a su conchita. Lami los labios de su vulva, sintiendo la humedad caliente y pegajosa. El sabor era un elixir de inocencia pervertida. Mientras mi lengua trabajaba en su clítoris, mi mano se movió hacia su culito, acariciando el plug anal.
—¡Mmm, putita de Papi! ¡Qué rico huele y sabe tu sapito! Tu culito está lleno y blandito por Papi. Sentí cómo Papi te lame la conchita mientras vos me chupás la pija. ¡Sos la mejor putita del mundo que se chupa a su papi! —le susurraba al mismo tiempo que gemía por la succión de su boca.
Sophia se retorcía bajo mi doble atención, sus gemidos se intensificaban. Chupaba mi pene con más fuerza, sus mejillas se hundían con la succión. Sentí cómo su pequeño cuerpo se tensaba, su corazón latiendo salvajemente contra mi muslo. Mi lengua la estimuló hasta que sentí el pequeño espasmo de un orgasmo infantil en su entrepierna.
La tensión en mi cuerpo se volvió insoportable. El placer mezclado con la adrenalina de los niños cerca y la perversión de la escena me lanzó al límite. Sabía que Romina, desde la cocina, observaba cada detalle con aprobación.
Me levanté bruscamente, sacando mi pene de su boca. Sophia me miró, con el rostro babeado y sus labios rojísimos por el esfuerzo.
—¡Mi putita! ¡Es hora de que Papi te dé un regalo grande por ser tan puta! ¡Es mi semen, mi amor, mi leche mágica!
Ella se quedó arrodillada, con la boca abierta, esperando. Yo me paré frente a ella, mi pene pulsando, con el glande goteando precum mezclado con su saliva.
—¡Abrí bien la boca, mi Reina! ¡Quiero mojarte toda la cara, Princesa, para que mi semen te haga más putita que a la Seño Romi! ¡Tragá todo el amor de Papi!
Agarré mi pija, que se agitaba con espasmos, y comencé a masturbarme con movimientos frenéticos. Mi voz se volvió un gruñido, cargada de excitación y dominación.
—¡Mirame, Princesa! ¡Mirá cómo Papi se pone duro y saca su semen para vos! ¡Sos mi puta, mi bendi más perversa! ¡Te voy a llenar la cara de mi suciedad por ser tan puta! ¡Sos una puta asquerosa, mi Princesa! ¡Me encantas así, toda expuesta!
El orgasmo fue explosivo. Mi semen, caliente y abundante, se proyectó con violencia. Cubrió su barbilla, sus labios, salpicó su nariz, sus ojos, y parte de su pelo mojado. El chorro fue largo y pegajoso.
—¡Tomá, mi putita linda! ¡Sentí el semen de Papi en tu cara de ángel! ¡Te amo así, sucia de mi leche, por ser tan buena y chupar mi pija con olor a culo! ¡Llevá ese semen a tu boca, mi amor, tragalo todo, porque sos la bendi más puta de todas! ¡Ahora limpiá mi pija, mi amor, limpiá bien la pija de tu macho!
Sophia tosió un poco por la sorpresa del chorro caliente, pero luego se quedó quieta, su rostro cubierto por mi semen. La expresión de su cara era de total entrega y placer. Parpadeó, limpiando el semen de sus ojos con el dorso de la mano.
—¡Qué bien que te lo tomaste, mi Reina! ¡Sos una putita perfecta! ¡El semen de Papi te hace más fuerte y más linda! ¡Mirá a tus amiguitos, saben que sos la puta de Papi!
Ella, con una sonrisa lasciva y natural, acercó su lengua y comenzó a lamer su cara. Saboreó el semen, limpiándolo de sus labios y mejillas, no dejando ni una gota.
—¡Papi, qué rico! ¡Sabe a Papi! ¡Quiero más!
Se inclinó, buscando los restos de mi eyaculación en mi pene y en mi escroto, que seguían goteando. Ella chupó con avidez, limpiando mi miembro con su boca y lengua.
—Ves, mi amor. Siempre lista para atender a Papi. ¡Sos mi bendi más puta, mi Princesa chupa-pija! ¡Te amo así de sucia! —dije, acariciándole la cabeza, mientras ella se tragaba mi semen con total desinhibición.
Los gemelos, Benja y Bauti, que habían estado en silencio en el sofá mirando la televisión, giraron sus cabezas al escuchar mi voz y el aliento agitado de Sophia. Romina seguía en la cocina, pero su presencia era una aprobación silenciosa.
—¡Vengan acá, mis pollitos! ¡Su Princesa, la putita de Papi, tiene un premio para compartir! —los llamé con una voz cargada de excitación.
Benja y Bauti se levantaron, sus pequeños cuerpos desnudos y con los plugs anales brillando bajo la tela mojada de sus shorts de baño. Se acercaron a Sophia, que todavía estaba arrodillada, con mi semen cubriendo su cara, lamiendo los últimos rastros de mi miembro.
—¡Miren a su amiguita! ¡La Princesa Sophia es una putita valiente! Acaba de tomar toda la leche mágica de Papi. Ahora, quiero que los tres compartan ese amor. ¡Es hora del juego de los besitos de semen!
Sophia levantó la mirada, su cara aún embarrada con mi eyaculación. Su sonrisa era de orgullo y placer desenfrenado.
—¡Sí, Benja y Bauti! ¡Papi me dio su leche mágica! ¡Es dulce y caliente, tomen! —dijo Sophia con total descaro, e inclinó su cabeza, ofreciendo su rostro como un lienzo perverso.
Benja fue el primero. Se acercó a Sophia y, sin dudar, acercó su boca a la mejilla cubierta de semen. Lamió la sustancia pegajosa con un movimiento de lengua.
—¡Es rico, Papi! ¡Sabe a Papi! —exclamó Benja, y luego le dio un beso húmedo a Sophia en los labios, pasándole más de mi semen en la boca.
Bauti no se quedó atrás. Se puso al otro lado de Sophia y repitió la acción, lamiendo mi semen de su barbilla. La escena se convirtió en un círculo lascivo de inocencia compartiendo la suciedad de un adulto.
—¡Eso, mis bendis! ¡Besitos de semen! ¡Es el amor más grande! ¡Compartan la leche de Papi! ¡Bauti, lamé los labios de la Princesa, probá el semen de Papi mezclado con su saliva de putita! —ordené, mi pija, aunque vacía, seguía palpitando con fuerza.
Bauti besó a Sophia con avidez, sus lenguas se entrelazaron, el sabor de mi semen y la saliva de mi hija pasando de boca en boca, sellando su complicidad.
—¡ me gusta este sabor a Papi y a Princesa! —dijo Bauti, separándose con un hilo de baba.
—¡Ahora Papi les va a dar otro regalo! ¡Quiero que Benja y Bauti le den besitos de lengua a la Princesa, y que ella les dé a ustedes! ¡Jueguen a intercambiar besitos babosos y sucios, así se hacen más putitas valientes!
El juego, ya sucio y baboso, tomó un nuevo giro impulsado totalmente por la desinhibición de los tres niños. Los adultos, Romina y yo, nos convertimos en espectadores lujuriosos de la espontaneidad perversa de los chicos.
Sophia, aún excitada por la estimulación reciente, fue la primera en actuar. Se separó de Benja, que le estaba chupando la conchita, y se abalanzó sobre Bauti, que seguía lamiéndole el culito enchufado a su hermano.
—¡Ahora, besos de lengua entre nosotros! ¡Y a probar todo lo que nos metió Papi! —gritó Sophia con una risita, la saliva y el aceite brillando en sus labios.
Bauti se volteó, con el semen de mi hija y el aceite de coco en su boca, y se fundió en un beso húmedo con Sophia. Sus lenguas se encontraron con voracidad, intercambiando sabores: mi semen, saliva, y el dulzor del aceite. Benja se unió, besando a Bauti por encima del hombro, y luego a Sophia.
El trío se abrazó en el suelo, lascivos y curiosos. Empezaron a palparse y manosearse con total libertad.
—¡Miren qué grande me tiene mi pija! ¡Toquen! —dijo Benja, agarrándose el pequeño pene erecto con una mano y usándolo como una palanca para rozar las entrepiernas de sus amigos.
Sophia y Bauti se turnaron para tocar la pija de Benja. Sophia la acarició con curiosidad, y luego la apretó contra su vulva, aún húmeda.
—¡Se siente como un plug blando, Benja! ¡Pero me gusta más! —dijo Sophia, moviendo sus caderas contra el muslo de Benja.
Bauti, celoso, agarró a Sophia y la puso de espaldas. Le retiró el plug anal y se lo dio a Benja.
—¡Ahora me la tocas la pija, Sophia! ¡Y vos, Benja, méteme el plug más adentro! —ordenó Bauti con autoridad infantil, ofreciéndole su ano a su hermano.
Sophia se arrodilló frente a Bauti y comenzó a chuparle la pija, usando la técnica que había aprendido de Romina. Mientras tanto, Benja, con el plug de su hermana en mano, se inclinó sobre el culo de Bauti.
—¡A ver si te duele si te lo meto de golpe! —dijo Benja, y con un empujón infantil, le reintrodujo el plug anal a Bauti, lubricado con sus propios fluidos y el aceite de coco.
Bauti soltó un gemido, más de placer que de dolor. Sophia, sin inmutarse, seguía chupando. La excitación en los gemelos era palpable, una mezcla de placer sexual y el morbo de la dominación.
En medio de la vorágine de besos, chupadas y toqueteos, Benja se enderezó de repente, con la cara roja y los ojos brillantes por el popper.
—¡Me quiero hacer pis! —anunció.
—¡Hacelo acá! ¡Hacelo encima de mi conchita! —exigió Sophia, quien se había puesto de espaldas, ofreciéndole su vulva a Benja.
Benja no lo dudó. Se paró sobre mi hija, sacó su pequeña pija de la boca de Sophia, y comenzó a orinar, apuntando directamente a la vulva abierta de mi hija, a sus muslos y a mi cara.
—¡Ay, qué calentito! ¡Me gusta! ¡Haceme pis en la boca, Benja! —gritó Sophia.
Benja le apuntó con un chorrito a la boca, y Sophia bebió su orina con avidez.
Bauti, que seguía con el plug puesto y la pija dura, se acercó a su hermano.
—¡Ahora yo te quiero orinar a vos, Benja! ¡Y vos a mí! —dijo Bauti, y ambos se orinaron mutuamente, dejando un rastro de pis cálido que se mezcló con el semen, el aceite y la saliva en el suelo de la galería.
Romina y yo nos miramos con una mezcla de horror y fascinación. Era la culminación de un juego que había trascendido la perversión para convertirse en un acto de pura desinhibición infantil, impulsado por el morbo adulto. Los niños jugaban, exploraban y compartían fluidos biológicos con la naturalidad de quien se entrega a un nuevo placer.
—- Mira a estos tres, que suerte que dije que no se sacaran los plugs…—Dijo romina entre fascinada, y un poco molesta
—-Dejalos que jueguen solos, lo re disfrutan, cuando terminen aprovechamos y le metemos el plug numero dos, que es un poco mas grande…
—Si, claramente, si estan cogiendose entre ellos con el plug numero uno…
Romina soltó una carcajada lasciva. —Sí, Ale. Si a este ritmo siguen, no necesitan que los adultos les enseñemos nada. Mirá con qué naturalidad se dan el amor.
Los tres niños se habían levantado de la pila de fluidos en el suelo. Sophia, con la cara limpia a medias por su propia lengua, se dedicó a limpiar el pis de Benja de la cara de Bauti, lamiendo los restos con una avidez tierna y enferma. Bauti, a su vez, le besaba la vulva a Sophia, que ya se había acostumbrado al lamido de la orina y seguía goteando juguito.
—¡Ahora, besito de lengua con sabor a pis de Benja! —dijo Sophia, y se lanzó sobre Bauti, juntando sus bocas en un beso prolongado.
Benja, que seguía con su plug puesto, se acercó a Sophia por detrás, la empujó suavemente y comenzó a frotar su pene erecto contra el plug de su amiga. Sophia gimió de placer, sintiendo el roce de su amigo en su ya excitado ano.
—¡Así, Benja! ¡Dame frotaditas! ¡Papi me enseñó que eso es un besito de cola! —gritó mi hija, moviendo sus caderas hacia atrás.
Bauti, celoso, se separó de Sophia y se sentó de espaldas a Benja, ofreciéndole su propio ano enchufado.
—¡A mí también, Benja! ¡Dame un besito de cola doble! —exigió Bauti.
Benja sonrió, sus ojos brillando de perversión, y se sentó entre ellos dos, frotando su pene primero contra el plug de Sophia y luego contra el de Bauti, alternando entre los dos. Los gemelos y mi hija se abrazaron en un pequeño círculo vicioso de toqueteos y frotamientos anales. El roce del pene de Benja, ya bien lubricado por los fluidos y el aceite de coco, contra los plugs anales les producía espasmos de placer a los tres.
Sophia no se conformó. Se giró y agarró la mano de Bauti, guiándola hacia su vulva, que palpitaba por la excitación. —¡Tocame el sapito! ¡Como Romi y Papi! ¡Ya está muy mojado, Bauti!
Bauti le obedeció, metiendo sus pequeños dedos entre los labios de Sophia, masajeando el clítoris. Ella suspiró, su cara se contrajo en un gesto de intenso placer infantil, y soltó un chorro de juguito que salpicó la cara de Bauti.
Romina soltó un gemido desde la cocina. —¡Ay, qué sucia es tu Princesa! ¡Está incontrolable! Me dan ganas de meterme a jugar con ellos.
Yo le sonreí, la tomé de la mano y nos fuimos a la cocina, era un momento de ellos dos. No necesitaban testigos. Terminamos juntos de preparar el almuerzo. Cuando los llamamos, llegaron los tres a la mesa, todos sudados, colorados y con olor a sexo, pero muy felices. No paraban de hablar de todos los juegos que habían hecho y contarnos. Se habían sacado los plugs y vuelto a poner, se los intercambiaron, los chuparon, eran muy cochinos los tres.
—Veo que no me hicieron caso en nada, jajaja —se reía Romina—, pero lo bueno es que cuando terminemos de comer, vamos a poder ponerles la segunda llave así se abren un poco más, y si todo va bien esta noche van a recibir la tercera, que es bastante grandota, y tienen que dormir con ella. ¿Entendido?
Los tres niños asintieron con la cabeza al unísono, sus ojos brillando de anticipación ante la promesa de un juego más grande.
—¡Sí, Mami! ¡Queremos la llave más grande! —gritó Bauti, golpeando la mesa con el puño cerrado.
—¡Y que la tercera me la ponga Papi, a mí! ¡Quiero que Papi me prepare el culito para el amor! —exigió Sophia, mirándome con una picardía que me derritió.
Benja, no queriendo quedarse atrás en la competencia por la atención, añadió con su boca llena de comida: —¡A mí también, Papi! ¡Yo quiero que Papi me meta el grande!
Romina y yo nos reímos, intercambiando una mirada de satisfacción. La perversión, presentada como juego y amor, había calado hondo.
—PApi les va a meter algo mucho mas rico mañana, mañana va a ser un dia especial, casi tan especial como un cumpleaños, vamos a hacer un asadito, y papi les va a meter su pija en sus culitos a los tres.— les dijo romi acariciando sus cabezas— de hecho se vana poner ropita especial para andar en casa, ropita de putita y putito. —me sonrio morbosa mientras acariciaba su colgante de mariposa que la identificaba como pedofila.
q—Sí, mis amores. Mañana vamos a hacer una fiestita de la Familia de los Secretos. Papi va a hacer un asadito riquísimo, y después del asado, cuando estemos bien calentitos, Papi les va a dar un regalo muy especial. Se van a poner su ropa de putita y putito, y van a hacer una fila para recibir la pija de Papi en sus culitos. Van a ser mis bendis más especiales —dije, sintiendo la excitación palpable de los tres niños.
Sophia aplaudió, sus ojos verdes brillando. —¡Quiero mi ropa de putita! ¡Y quiero que Papi me ponga su pito grande en el duraznito! ¡Voy a ser la más valiente!
—¡Y a mí, Papi, primero a mí! —exigió Bauti, con su rostro angelical contrastando con la perversidad de su pedido.
—Tranquilos, mis amores. Hay pija para todos, y van a recibir el amor de Papi en sus culitos. Pero hoy, a seguir entrenando esos duraznitos y anos con los plugs —dijo Romina con autoridad, mientras se levantaba de la mesa.
Romina limpió rápidamente la mesa, mientras yo me dedicaba a jugar con los niños. La tarde transcurrió entre risas y juegos inocentes en el jardín, que de inocente no tenía nada, porque los plugs anales seguían haciendo su trabajo en los culitos de mis bendis. Los niños se tocaban a través de la tela de sus shorts y la tanguita, palpando el juguete con una curiosidad constante.
A media tarde, Romina me hizo una señal. Los niños, agotados por el juego y la excitación, se sentaron a ver otra vez la televisión.
—¡A ver, mis valientes! ¡Llegó la hora de la segunda llave! —anunció Romina, con el tono de una capitana dando una orden.
Trajo el segundo juego de plugs anales, un poco más anchos y largos que los primeros, y el frasco de aceite de coco. También trajo de nuevo el frasco de popper.
—Quiero que sientan otra vez el olor mágico. ¡Es para que la llave nueva entre suavecito!
Los tres niños aspiraron el popper con gusto. El efecto se hizo evidente: sus músculos se relajaron, sus ojos se dilataron, y sus movimientos se volvieron lentos y eufóricos.
Romina los tumbó uno por uno. Primero fue Sophia. El plug anal anterior salió con facilidad, dejando el ano ligeramente dilatado y húmedo. Romina lubricó el nuevo plug con generosidad y lo introdujo con un solo movimiento experto.
Sophia gimió, pero esta vez fue un sonido de intensa sensación, no de dolor.
—¡Ay, Papi, es más grande! ¡Se siente más lleno! ¡Me gusta! —dijo Sophia, sus manos acariciando sus nalgas.
Luego siguieron los gemelos. El proceso fue idéntico, y en cada uno, el plug nuevo entró con apenas un quejido.
El sol comenzó a descender, tiñendo el cielo del Tigre con tonos anaranjados y violetas. La calma de la tarde había dado paso a la expectativa de la noche. Después de la segunda sesión de plugs anales y popper, los niños estaban visiblemente agotados, pero su excitación latente les impedía relajarse por completo.
Romina preparó una cena sencilla: unas pizzas caseras que devoraron en la galería, mientras la brisa fresca del río aliviaba el calor del día. La conversación en la mesa era animada, llena de la jerga perversa que habíamos cultivado: hablaban de sus plugs, de los «besitos de semen» y de la «pomadita mágica» que recibirían mañana. La naturalidad con la que hablaban de la perversión era asombrosa.
Después de la cena, mientras los gemelos jugaban una última vez con Sophia, Romina y yo limpiamos la mesa. Sabíamos que la etapa final de la preparación estaba por llegar.
—La tercera llave es la más importante, Ale —me susurró Romina, mientras me acariciaba la panza—. Con esto, sus culitos van a estar listos para tu pija mañana.
Entramos en la habitación donde dormirían los tres: una cama matrimonial y un futón individual. Romina había puesto sábanas frescas y el aire acondicionado a una temperatura agradable. En la mesita de luz, había tres plugs anales, más anchos y largos que los anteriores, hechos de silicona negra brillante. Al lado, un frasco de aceite de coco y una pequeña caja de pastillas tranquilizantes.
—¡A ver, mis valientes guerreros\! —anunció Romina, con su voz de maestra autoritaria, que de inmediato captó la atención de los niños—. Es hora de la última llave mágica. Hoy tienen que dormir con el juguete puesto, para que sus culitos se abran bien para Papi Ale.
Benja, Bauti y Sophia se acercaron, sus ojos brillando de anticipación.
—¡Quiero ver la llave grande, Mami\! ¡Que me la ponga Papi\! —exigió Sophia.
—Tranquila, mi Reina. Hoy Mami les va a dar una pastillita mágica para que duerman como angelitos, y la llave entre sin que duela nada. Pero primero, ¡el olorcito que quita el miedo\!
Romina abrió el frasco de popper y se lo acercó a los tres. El aroma químico y penetrante volvió a inundar la pequeña habitación. Los niños aspiraron profundamente, sintiendo la euforia y la relajación invadir sus cuerpos.
Aprovechando la placidez inducida por el popper, Romina sacó las tres pastillas. Eran pequeñas y redondas.
—Miren, mis amores. Esta es la pastilla de la valentía. Se toma con un sorbito de agua, y les va a hacer dormir muy rico, sin sentir nada de duro en el culito. ¡Así mañana Papi puede darles su gran amor sin que les duela nada\!
Los niños, confiados, tomaron las pastillas con agua. El efecto sería gradual, pero aseguraría que el sueño fuera profundo e ininterrumpido.
Romina me pasó el primer plug y el aceite. —Sophia, mi Reina, vos primero. Acostate aquí, boca abajo.
Mi hija obedeció al instante, su cuerpo blando por el popper y la pastilla. Le retiré el segundo plug con cuidado, lubricando de inmediato el tercero, mucho más grande, con una cantidad obscena de aceite de coco.
—Mi amor, este es el plug del amor secreto. Te va a hacer sentir llena toda la noche, soñando con Papi y la Seño Romi.
Presioné la punta gruesa contra su ano. El músculo, relajado por completo, cedió con un gemido largo y bajo de Sophia. El plug se deslizó con dificultad, pero sin el chasquido del dolor. La sensación de llenura era intensa.
—¡Ay, Papi… se siente enorme… es lindo y gordo\! —dijo Sophia, su voz arrastrada y eufórica.
Romina se dedicó a Benja y Bauti. Uno por uno, los tumbó, les retiró el plug anterior y les introdujo el nuevo. Los gemelos apenas se quejaron, ya estaban bajo el influjo del sedante y el popper. Solo emitieron suspiros de profunda sensación.
—¡Listo, mis pollitos\! Tienen sus llaves puestas. Ahora, a dormir. Mañana se despiertan listos para el gran juego de Papi.
Los tres niños se acostaron en las camas, sus culitos luciendo la protuberancia brillante y oscura de los plugs anales. A los pocos minutos, la combinación del día agotador, el popper y el sedante los sumió en un sueño profundo y tranquilo. Sus respiraciones eran uniformes.
Romina y yo nos quedamos un momento, observando la escena con una satisfacción perversa. Habíamos ganado. Los niños estaban listos, enchufados y durmiendo, preparados para la desvirgación anal masiva que les esperaba.
—Mañana es tu día, mi macho —me dijo Romina, abrazándome y frotando su vientre contra mi erección palpitante—. Van a ser tuyos, para siempre. Ahora, vamos a la pileta. La putita de Papi necesita un premio por su excelente trabajo.
Nos metimos con un whisky en la pileta ambos. La panza de romi estaba hermosa, nos iluminaba la luz de la galeria y la enorme luna llena, La pendeja se despnudo toda y me hizo sentar al borde de la pileta mientras mie mimaba la pija con la lengua y las tetas, babenadola y llenandola de leche materna.
— mmm si necesitaba este masaje con esas tetotas romi…— Dije acaciiandole su cabello rubio mientras presioanba mi pija entre sus tetas.
—Estuviste toda la tarde conteniendote de violar a las bendis, te mereces unos mimitos- Me escupe la pija y siguio maasjeando mientras lengueteaba la punta. — me encanta el olor a pija que tenes, sos muy lechero amor. como haces para tener la pija asi de dura….
—Es culpa tuya y todo esto que armaste, me estas convirtiendo en un pedofilo como vos pendeja puta. Encima estas re buena, sos la embarazada mas sexy que vi , ese orto, estas tetas, quiero cogerte todo el dia
—-Y aprovecha, me tenes todo el fin de semana, antes que tenga que volver al jardin para abusar de tu hija a escondidas.—Me dijo provocativamente sin dejar de masturbarme con sus enormes tetas.
— ¡Uff, conchuda! Cómo te voy a garchar estas tetonas, pendeja. Sacame la leche con las tetas que te quiero acabar en la panza arriba de Delfina.
Yo también empecé a moverme, aumentando el ritmo de la paja que me estaba haciendo. Pero la corté y me separé de ella.
— ¡Ahhh, papi! ¿Qué pasó? ¿No te gustó la cubana? No me dejes así…
— Ahora vas a ver cómo te voy a dejar, pedófila de mierda. ¡Vení para acá! — La agarré de los pelos y la hice salir de la pileta. Pegó un grito sorprendida, pero se dejó llevar hasta la reposera donde les habíamos metido los plugs a los nenes a la mañana — ¡Te voy a garchar toda, pendeja!
La puse de costado y empecé a cogérmela con fuerza por la concha. En esa posición podía acariciarle las tetas y la panza. Sus tetas liberaban leche y se movían para todos lados, mientras que su panza estaba dura de excitación. La concha era un mar de flujos que generaban un sonido húmedo por el movimiento. Sentía mi pija mojada y abrazada por el calor.
— ¡Ahhhh, Ale! Mmm, sí. ¡Qué rica pija tenés! Es un sueño que me cojas así. ¡Cómo me gusta tu pija! ¡Dale, dame leche! ¡Llename de leche el útero! ¡Haceme mierda!
— mira las tetas lecheras que tenes, Hoy te fuiste a la mierda hija de puta, drogaste a los pibes, les abriste el orto, te merece que te llene de leche. sos muy hija de puta!!!!!!
Plaff, plafff, plaff, plaf, sonaba el golpeteo de nuestros cuerpos, sumado al ruido del charco de su concha, y el vaivén de sus enormes tetas y su panza de embarazada. Delfina, dentro de la panza, debía estar moviéndose de lo lindo, por la potente garchada que le estaba dando.
— Ahhh, Ale, sí, así dale… ¡Ohhhh, sí voy, ahhhh! —Explotó en tremendo orgasmo, mojándome la pija. Su panza se puso dura, y ella se puso rígida como si convulsionara, pero la pendeja estaba acabando como loca, no paraba de tener pequeños espasmos que mostraban un orgasmo intenso.
—¡Pendeja, toma! ¡Toma leche por la concha, pendeja, para vos y tu bebé, pedófila de mierda! — Liberé un torrente concentrado de leche en su papo, bien adentro, dejando su útero manchado. Caí al lado de ella en la reposera, abrazándola, manoseando su panza, sus tetas, oliéndola. Se sentía el olor de su concha recién llenada, sus flujos, la traspiración en su piel. Nos besamos, nos acariciamos, era algo mágico. Romi era mágica.
— ¿Vas a desvirgarle la conchita? —tiró mientras estábamos abrazados, pegoteados, mirando el cielo.
— ¡Jajaj! ¿De qué hablas?
— De la conchita de Sophia. Mañana ese culito lo vas a poder coger como si fuera una manteca, va a estar re abierta, pero también podrás cogerle la conchita.
— ¿Pero no es muy chiquita? No jodas, no es necesario… Ella no necesita pasarla mal.
— No lo va a pasar mal, y no seas cagón. Ella te ama, muere porque le des todo el amor del mundo, ella quiere ser tu mujercita.
— No, Romi, es mi hija, vos tenés que ser mi mujer —dije besándola en el cuello.
— ¡Ale, jajaj! No soy tonta. Los vi hoy en el sofá, ella y vos tienen algo que no vas a tener nunca con nadie. No te mientas, déjame a mí, y vas a poder desvirgar. — Me besó, y nos quedamos abrazados compartiendo whisky. Finalmente fuimos a la cama, a dormir. Se venía un día muy largo, lleno de experiencias nuevas.
Me encantaría conocer sus opiniones y experiencias. Les dejo mi correo para ello, y por supuesto, ¡si les interesa escribir algo juntos! [email protected]
Tambien por TELEGUARD ID: SH4RVU98A
En breve voy a abrir mi Blog para relatos, donde voy a publicar todo lo que vaya escribiendo y otras historias. arcangelperverso.blogspot.com



Dejar un comentario
¿Quieres unirte a la conversación?Siéntete libre de contribuir!