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Incestos en Familia

La luna de miel con mi hija “II” (6)

La segunda parte.
Hija: Papi, ¿te gusta sentirme cerca de ti para abrazarme?

Padre: Si mi hermosa niña, me encanta sentir tu cuerpo y tu aroma, me enloquece, no puedo ocultar el deseo tan fuerte que despiertas cuando siento tu cuerpo.

Tomó mis manos y las apretó contra su pecho, sentí sus senos por encima de su camisón, los sentía más grandes y suaves como copos de algodón, esa sensación me excitó al máximo.

Hija: Papi, porque tu pene se pone tan grande cuando me abrazas, a veces me asusta un poco.

Padre: Porque te deseo mucho, cuando me viste desnudo en el paseo, despertaste un deseo y un sentimiento tan fuerte que no había sentido hasta ese momento, ni siquiera por tu mami, es como si me hubieras embrujado y cuando te veo desnuda no puedo controlarme, quiero abrazarte, comerte a besos, contemplar toda la belleza de tu cuerpo,  hacerte el amor, pero deseo que me devores todo mi niña hermosa.

Hija: Jajaja, Papi yo no te puedo devorar, porque dices eso.

Padre: Es una forma de decir, cuando dijo que deseo que me devores, es que mi pene te penetre por tu vaginita y tu boca, lamer con mi lengua tu vaginita y penetrarte con ella hasta que digas no más papi.

Hija: Me asusta con todo eso que me dices, ¿siempre lo deseas hacer cuando me ves papi?

Que preguntas de mi niña, eso me encantaba.

Padre: No siempre, a veces solo quiero abrazarte, darte un beso, sentir un poco tu cuerpo y tu aroma de mujercita, mentiras, siempre deseo que me devores.

Solté sus manos y empecé a masajear sus piernas por encima de su camisón, ella se recostaba sobre mi regazo y con sus manos hacía lo mismo con mis piernas.

Padre: Mi niña hermosa, quiero saber qué es lo que te gusta que te haga o que es lo que más te gusta sentir cuando estamos los dos.

Hija: Me da pena papi, no sé cómo decirte.

Padre: No te preocupes, es la razón de estar solos para que me digas todo sin pena, mi hermosa niña.

Empecé a besar su cuello y mordía su oreja, mientras mis manos levantaban su camisón quedando al descubierto sus piernas y panti, coloque mi barbilla en su hombro y le susurre al oído:

Padre: Me muero por saberlo, mi niña hermosa.

Hija: Papi, me haces sentir muchas cosquillas y no puedo hablarte.

Hija: Me gusta mucho que me digas mi niña hermosa, me encanta como lo dices, me gusta cuando todas las mañanas te despides de mí abrazándome y apretando mi cintura y lo otro me da pena decirlo.

No podía creer que le gustaba cuando apretaba su pequeña cintura y el abrazo, era el único momento de sentirla cerca.

Padre: Pero dime lo otro, quiero saberlo mi niña hermosa.

Padre: Dale hija, solo es entre tú y yo.

Mientras decía eso, desplazaba mis manos desde sus hombros hasta llegar a sus manos y las dejaba caer sobre su vaginita que anhelaba tocar.

Hija: Me gusta mucho como me acaricias y me besas, siento cosas bonitas, cosquillas en mi estómago y me gusta mucho que lo hagas.

Padre: Dime que te gusta que te acaricie, mi hermosa niña.

Hija: Me gustó como me hiciste el masaje la otra vez, me gusta como pasas tu mano por mi vagina y más cuando la besas papi, eso me encanta, me haces estremecer como dices tu, no quiero seguir papi, me siento incomoda.

Lo que ella me acaba de decir no lo esperaba, nunca pensé que despertara todo eso en ella, la verdad quedé asombrado, mi pequeña de tan solo 14 añitos y todo lo que me decía.

Padre: Mi niña hermosa es importante para mí saberlo todo, es la única manera para complacerte y hacerte sentir más placer de lo que tú te imaginas.

Hija: Papi te lo voy a decir, pero no te vayas a enojar conmigo por favor.

Padre: Cómo dices eso, no va a pasar, solo dímelo, que muero por saberlo.

Hija: La otra noche cuando estábamos al lado de mamá, me gustó mucho haber probado tu pene con mi boca, me gusto chupárselo papi, sentí que me gustaba mucho y me hacía sentir cosquillas por todo mi cuerpo.

Al escuchar lo que me decía metí mis manos por debajo de su camisón y las lleve hasta sus senos, sus senos habían crecido un poco, seguían siendo redonditos y de piel suave, le gusto sentir mis caricias porque se recostó un poco hacia mí y sus manos tocaron mi pene por encima del pantalón de la pijama, no lo podía creer, mi niña hermosa quería sentirme, empezaba a demostrarlo, besaba su cuello y le decía que la amaba, que me enloquecía,  que deseaba que fuera solo para mi toda la vida.

Padre: Dime hija, ¿te gusta cuando mi pene entra a tu vaginita?

Hija: Si papi, pero al comienzo me dio miedo, porque lo veía muy grande y me dolía cuando entraba, pero me gusta lo que siento papi.

Padre: Eres una locura hija, dime ¿si te gusta que te penetre con mi pene y te deje mi semen dentro, mi niña hermosa?.

Hija: Si papi, me gusta sentir tu pene en mi vagina, me hace sentir cosas ricas.

Mis manos no descansaban, ya no solo tocaba sus senos, también había metido mis manos por debajo de su panty tocando su pubis y halando suavemente sus vellitos, estaba más poblado, eran sensaciones maravillosas, ella se meneaba mientras sentía mis manos, solo que acariciaba mis piernas y no tocaba mi pene.

La tomé de sus caderas y la subí un poco, abrí sus piernas colocándolas encima de las mías, quedó sentada sobre mi estómago, así ella podía tocar mi pene como yo tanto deseaba.

Tome sus manos y las lleve hasta dejarlas sobre mi pene e hice que lo tocara por encima, luego acaricie su vaginita, se sentía caliente, su panty estaba mojado, estaba excitada mi bella niña hermosa.

Hija: Papi, me gusta como jalas mis vellos, porque lo haces, quiero saber.

Padre: Me excita, sabes, tu vaginita se ve hermosa con tus vellos, siempre quiero verla así rodeada de vellitos.

Hija: Dime qué más te gusta de mí.

Padre: Todo me gusta de ti, cada parte de tu cuerpo, como besas, verte desnuda y más cuando tocas mi pene con tus manos y lo acaricias, como haces el amor, como te devoraste mi pene con tu boca esa primera vez, eso me enloqueció, no sabes cuanto, me gusta que me veas desnudo y mires mi pene.

Ella entro sus manos por dentro de mi pantalón y empezó a tocar mi pene, al sentirla, casi exploto, era demasiado para mí, sentir la suave piel de sus manos y sus dedos apretando me excitaba, lo hacía con una suavidad que me enloquecía, me quite la camisa y la despoje de su camisón, quedando solo en su panty, eran tanto el deseo que sentía, que no le pregunte y la despoje también de su panty.

Estaba como yo la deseaba, desnuda en su camita y solo para mí, mi hermosa niña, después de tanto esperar por fin la tenía a mi lado.

Hija: Papi estas loquito, me desnudaste toda como te gusta verme, la verdad me siento más cómoda así, dime ¿te gusta como acaricio tu pene?

Padre: Que rico escucharte como lo dices mi niña hermosa, hablas como si tuvieras experiencia pero eres una niña, y si, me gusta como lo haces, una delicadeza que hace crecer el fuego del deseo que siento por ti.

Padre: Quiero que me desnudes, me excita más mi niña hermosa, demuéstrame lo que sabes.

Se dio media vuelta y llevó sus manos a mi cintura y empezó a quitármelos, no tenía mi bóxer, me los había quitado antes de entrar a su cuarto, quedó sorprendida al ver como tenía mi pene.

Hija: Papi, tú no tienes tu bóxer, ¿dormiste así con mi mami anoche?

Padre: No hija, me los quité cuando me vine para tu cuarto, porque deseaba que al entrar, vieras bien mi pene y te excitaras un poco.

Hija: Papi, me gusta como se ve y se siente, no te lo había visto así de cerca, el otro día estaba oscuro debajo de las cobijas y en la ducha no lo vi bien, ahora entiendo porque me duele cuando lo entras en mi vagina, es enorme y grueso papi, ¿por eso siento tan rico cuando lo entras?

Sus palabras despertaron ese volcán de deseo que llevaba dentro de mí.

Hija: Sí mi niña hermosa, así es, por eso sientes cosas tan ricas dentro de ti cuando mi pene entra a tu vaginita y cada vez sentirás más placer porque te gustará sentirlo dentro de tu vaginita.

Hija: Papi,  porque está todo mojado en la punta, quiero saber.

Padre:  Primero no es la punta, es su cabeza y le pasa igual que a tu vaginita, se lubrica para que cuando entre en tu vagina se deslice suavemente dentro de ella y sientas el placer que hace que lo desees tener dentro de ti.

Volví a sentarme otra vez y en ese momento sonó mi celular, era mi esposa quería saber cómo estaba nuestra niña, me levante a contestar el teléfono estaba en la mesita de noche de mi hija, le dije que ella estaba bien, solo que mientras hablaba con ella, le di la espalda a mi hija.

Madre: Quiero que me la pases para hablar con ella y dime porque te siento tan agitado.

Padre: Ella está dormida aún,  yo bajé un momento a caminar y acabo de llegar.

Madre: Cuando despierte me llamas para hablar con ella.

Padre: No te preocupes apenas se levante te llamo para que hables con ella.

Cuando me di la vuelta, me quedé mirándola y le dije:

Padre: ¿te gusta cómo está mi pene ahora?

Hija: Papi, te imaginas que mi mamá supiera que estamos haciendo ahora, se moriría de celos, porque estas para mi solita y te voy a devorar todito hoy.

Hija: Me encanta verte así porque nunca te puedo ver de pie  desnudo, sabes, me encanta sentirlo así de grande en mi vagina, ven y te sientas a mi lado como estabas.

Me senté otra vez en la cama en la misma posición, le dije que se parara frente a mí, porque deseaba verla de pie, cuando se paró frente a mí sobre la cama, no podía creer cómo había crecido, sus senos más grandes y hermosos, el vello de su vaginita más frondoso, con su largo cabello que le llegaba hasta debajo de sus senos, era hermosa, me quede viéndola unos segundos, la tome de su colita, la sentía más grande y redondita, la acerque hacia mí, quedando su vaginita frente a mi rostro y le dije:

Padre: Quiero complacerte y hacerte lo que más te gusta, mi bella y hermosa niña y le di un beso en su pubis.

Hija: Papi, ¿te gustó más cómo soy ahora o como era antes?, quiero saber.

Padre: Cuando estabas más pequeña eras hermosas, ahora lo eres más, tus senos y tu cola han crecido, tienes un cuerpo divino, tu piel es tan delicada, tu aroma penetra lo más profundo de mi ser y me excita, ahora te siento mía, eres una linda mujercita que sigues siendo niña y quiero saber porque te dejas el vello púbico.

Hija: Papi, porque sé que te gusta ver mi vaginita con vello, por eso me lo dejo, para complacerte a ti y verte, recuerda que me dijiste que te gusta y quiero tenerte así como estas hoy, loquito por mí.

Padre: Sabes, el vello en tu pubis realza tu belleza,  se ve más provocativa esa linda vaginita que tienes, por eso quiero estar siempre dentro de ti.

Hija: Papi con todas esas cosas que me dices me haces sonrojar mucho y siento felicidad de saber todo lo que sientes por mí y despierto en ti, espero no le digas lo mismo a mi mamí.

Padre: Hija, quiero que solo pienses en nosotros ahora, deja a tu mamá en el trabajo, por favor.

La acerqué otra vez hacia mí y pasé mi lengua por medio de sus piernas, sentir su piel caliente y suave excitaba más mi cuerpo, pero al sentir la humedad y el aroma de su vaginita me descontrolaba aún más.

Abrí sus piernas y lamía su vaginita con intensidad mientras sentía su vello en mi rostro, elevabando mi excitación al límite.

Empezó a moverse un poco y me dijo:

Hija: Quiero sentir más tu lengua en mi vagina papi, me excitas cuando lo haces.

Colocó sus manos en mi cabeza.

Subí mis manos y empecé a acariciar sus delicados senos, sentirlos en mis manos era mágico, mi boca estaba devorando su vagina mientras mi lengua penetraba lo profundo de su vagina, estaba a punto de explotar, pero quería hacerlo dentro de ella.

La tome de sus caderas y le dije que se sentará con sus piernas abiertas sobre mi pene, puso sus manos sobre mis hombros y se sentó, cuando sentí que mi pene entro un poco en su vaginita, por poco explotó, el roce con su vello me enloquecía, me corrí un poco para que ella pudiera sentarse bien sobre mi pene, sus piernas quedaron entrelazando mi cintura.

Padre: Mejor te sientas sobre mis piernas primero y luego sobre mi pene.

La tomé por su cola, le dije que llevara sus piernas hasta mi cintura y la rodeara con ellas, era la pose para que ella sintiera mi pene hasta el fondo de su vientre y hacerla explotar también.

Me quedé mirándola cuando la tuve cerca.

Padre: Vas a sentir el máximo de placer,  te voy a penetrar duro, hasta el fondo de tu vaginita, quiero que lo sientas plenamente entrando en tí para que puedas disfrutar de él como una mujer y no como una niña, si quieres gritar de placer lo podrás hacer libremente porque nadie nos escuchara, quiero que vivas plenamente este día mi pequeña.

Hija: Papi, quieres decir que esta vez me va a doler más porque lo vas a meter muy duro como si fuera mi mamá, luego antes no lo hacías, no entiendo. ¿Solo a mi mamá le haces duro para que sientas mucho placer y las haces gritar papi?

Padre:Mi niña hermosa, me daba miedo hacerte duro cuando te penetraba, no quería lastimarte, pero en la posición que estas, tu vagina estará más abierta y así te penetro más fuerte, por eso vas a sentir más placer que antes y si te dan ganas de gritar lo haces, me gustaría escucharte hacerlo.. ya te dije olvida a tu mamá, pero ella nunca grita. 

14 Lecturas/28 enero, 2026/0 Comentarios/por campesinonuevo
Etiquetas: celos, esposa, hija, madre, mujer, padre, semen, vagina
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