MALA SANGRE PARRTE 1
Una serie de sueños que he tenido claramente cambiare nombres pero he tenido fuertes erecciones por lo mismo.
CAPÍTULO 1: El Código del Patriarca (El Origen de la Mancha)
La historia no comienza con un nacimiento, sino con una visión. El origen de todo es Silas (el Nono), un hombre que entendió temprano que las leyes del hombre son simples sugerencias para quienes tienen el valor de mandar. Silas no crió una familia; construyó un laboratorio de lealtad biológica.
La Habitación de Cristal
Desde que Damián era apenas un niño, Silas le enseñó a observar el mundo con ojos clínicos. En las reuniones familiares, Silas no buscaba la armonía, buscaba la vulnerabilidad. La primera lección de «mala sangre» ocurrió cuando Damián vio a su tía Elena (Norlay) bajo el amparo de Silas. No era un afecto común; era una atmósfera de propiedad absoluta.
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La Imagen Fundacional: Damián recuerda la humedad del vapor en la casa de campo. Silas y Elena compartían el espacio con una naturalidad que desafiaba cualquier sermón dominical. Silas ponía su mano sobre el hombro de su propia hija con una firmeza que decía: «Ella es mi creación, y por tanto, mi derecho». Elena, lejos de retroceder, sonreía con la paz de quien ha sido «fritada» por una autoridad superior.
La Semilla en Damián
Silas tomó a su nieto Damián y le entregó el plano de la existencia: «El mundo se divide entre simios que obedecen y arquitectos que diseñan su propio alivio». Damián, dotado de una inteligencia técnica superior, no solo absorbió el mensaje, sino que decidió que él llevaría esa herencia al siguiente nivel.
Damián creció viendo cómo Elena se convertía en el activo más leal de Silas. Entendió que el secreto compartido no era una carga, sino un vínculo de acero. Si compartes la sangre y compartes el vicio, te vuelves invulnerable.
El Despertar del Arquitecto
A los 20 años, Damián ya no miraba a las mujeres como compañeras, sino como maquetas de sumisión. Observaba a las mujeres de su propia estirpe y comprendía que la «pichacilina» mental era el único lenguaje que garantizaba el control total. Él sería el encargado de perfeccionar lo que Silas había iniciado de forma rudimentaria.
La «mala sangre» hervía. Damián estaba listo para empezar a construir su propia red, utilizando sus tres posgrados no para servir a la sociedad, sino para encubrir su verdadera obra maestra.


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