Melisa y Melany dos hermanas muy putas
Aventuras de dos hermanas muy calientes y muy putas.
Luego de haberme insistido toda la semana para que la acompañara a la Disco, a ella le fascinaba, pero, definitivamente, no quería ir sola, finalmente acepte, así que mi hermana se puso de lo más feliz, me abrazo y se agacho para darme un beso en el cachete, pero sin querer, me lo planto en la boca, yo me quede quietecita y ella, se alejó totalmente avergonzada.
En aquella época yo ya era más cabrona que mi hermana yo con 14 y ella con 16, pero no dije nada, aunque la verdad, sentí bien rico su boca pegada a la mía, aunque fue solo un instante.
Llegada la hora, las dos bien arregladitas, nos dispusimos irnos a la disco. Yo me observe en el espejo y de reojo miraba a mi hermana disimuladamente. Las dos nos veíamos super espectacular, bien sexis y muy cachondas. La verdad nos gustaba vestir bien, medio atrevidas y llamativas.
Las dos teníamos unas nalgas de infarto, así como un par de melones de rechupete. Causábamos admiración tanto en el cole como en la calle y eso nos hacía sentir bien a las dos putitas uwu.
Apenas llegamos, mi hermana nos consiguió un par de copas, ella se sentía muy nerviosa, así que se puso a tomar desde temprano para tranquilizarse, claro que yo la acompañe para que no tomara solita.
Así que nos pusimos a bailar las dos solitas en espera de que alguien se acercara a sacarla a bailar, a ella eso le encantaba, a mí no tanto. Nos pusimos a menear las nalgas tipo perreo y nos nalgueábamos riendo divertidas. En verdad la estábamos pasando bien.
Parecíamos perras en celo, ya que la forma de bailar ese tipo de música hace que te muevas como cogiendo, ese es el éxito de ese baile y, en esa época, a todas las chicas nos encantaba, todo mundo bailaba así con su pareja.
Yo enseguida me di cuenta de un grupo de viejos que estaban tomando muy alegres en una mesa cerca de la pista. Note a un señor mayor medio guapo, algo atractivo. Nuestras miradas se cruzaron por un instante, yo de pendeja, casi sin querer le sonreí de lo más coqueta.
Eso fue todo, ellos siguieron tomando y nosotras dos bailando.
Al poco, a la pendeja de mi hermana se le ocurre ir al baño y me deja sola a media pista. A mí me valió madre y seguí meneando el culo yo solita al ritmo de la música.
Sin darme cuenta, la faldita se me subía más de medio muslo, provocando tremenda excitación entre los asistentes. enseñando el comienzo de las nalgas bien duras y paradas que tenía, cada vez que me agachaba a perrear.
El hombre se dio cuenta de que me quede sola y enseguida, se levantó y camino hacia mí. Enseguida me di cuenta y me puse de lo más nerviosa. No es lo mismo que te saque a bailar cualquiera que uno que te guste, además, maduro ufff.
De espaldas, con la boca cerca de mi oído alcance a escuchar que me hablaban con una voz que me hizo temblar las patitas…
~ Pero por qué tan solita en este antro tan lleno de ambiente mi reina ~
~ No señor, estoy con mi hermana ~
~ Esa preciosidad es tu hermana? por un instante parecían ser pareja ufff ~
~Ah ja ja, ¿cómo cree? ~ le respondí riendo nerviosa.
El viejo se me quedaba viendo descaradamente el tremendo cuerpazo bien desarrollado que me cargaba a pesar de mi corta edad, entonces se acerca más diciendo.
~ Ven bailemos preciosa, esta música esta buenísima y bailas increible ~
~ No señor, ya le dije estoy bailando con mi hermana, solo fue al baño, ya no tarda en venir ~
Pero el viejo siguió insistiendo ~anda, solo hasta que regrese tu hermana y me voy ¿va? ~ Me decía mirándome con ganas de comerme ahí mismo
Yo le miraba y cada vez se me hacía más y más guapo, de seguro seria por el alcohol pensé. De igual manera me anime y acepte bailar solo un poco en espera de que mi hermana volviera.
~ Esta bien ~ respondí con una vocecita de lo más sensual y provocativa.
Definitivamente a mí siempre me han gustado los hombres maduros, especialmente, así como este, con una cara de pervertidos con ganas de devorarme. Yo sabía perfectamente que hombres así, jamás en su vida ellos podían estar con jovencitas, así como yo, pero yo era una perrita caliente y me gustaba coquetear.
Me gustaba sentirme deseada y llamar la atención con mi forma tan sexual de vestirme, dejando ver mi bien formado cuerpo para deleite de cualquier viejo pervertido que se topara en mi camino.
Así que empezamos a bailar, por lo menos yo, me deje llevar de la música y poniéndome de espaldas a el viejo me empecé a menear y tratando de provocarlo al ritmo de la canción que sonaba, moviéndome como lo pide ese tipo de baile, o sea como puta cogiendo.
Al viejo le encanto mi forma de ser, solo que se entusiasmó de más y, pegadito a mí, empezó a sobarme las piernas, acariciándome los muslos, subiendo y bajando.
Definitivamente a mí me estaba gustando ese manoseo, así que no me apartaba de él. En un momento dado, él acerca la boca y cerquita de mi oído me dice, ~pero que rico meneas esas nalgas mamita ~
Entonces, me empezó a besar el cuello haciéndome sentir una tremenda corriente eléctrica recorrer todo mi cuerpo. Ya para entonces, el seguía pegado a mi manoseándome y yo ya sentía como su herramienta se endurecía y la colocaba enmedio de mis nalgas, aprovechando que mi faldita ya estaba toda subida.
Había tanta gente que nadie se fijaba en esos pequeños detalles. El hombre trataba de subir las manos para apoderarse de mis tetas, pero mero cuando iba apenas al inicio de ellas, enseguida las bajaba, haciendo que yo me empezara a calentar más de lo debido.
~Sigue moviéndote así ~ me decía el viejo restregándome la verga, con su boca pegada a mi cuello y a mi oído, su voz ronca, me ponía los pelos de punta, la piel de gallina y, definitivamente, empezaba a sentir un leve cosquilleo en mi panochita.
El hombre me seguía manoseando los muslos ya desnudos subiendo la mano cada vez más, yo estaba que ladraba, me encantaba lo que el viejo me hacía sentir, yo no quería que eso se terminara.
El clímax llego cuando el hombre, finalmente logro poner tan solo la punta de los dedos entre mis piernas tocando descaradamente mi panocha sobre la sexi tanga, entonces fue que se dio cuenta lo empapada que ya estaba.
~ N…ooo señor, no toque ahí, ahhhh ahhhhhh ~ se me escapo un involuntario gemido de placer.
El hombre, perdido, completamente excitado, no hacia caso de mis suplicas, las que, a decir verdad, tal parecía que yo le pedia que siguiera, no que parara.
~ S…eñor rr, ayyyy, ya no sigaaa, nos pueden verrr, ahhhh ahhhhh ahhhhh ~ gemia y gemia de tan rico que sentía.
Yo no quería que se detuviera, pero también sabía que, si seguía asi, no tardaria en entregarme a el y que pasara lo que tuviera que pasar.
se entregaría a él sin ninguna oposición. Ya iba a valer madre, me entregaría a el sin ninguna reserva.
Sin decir palabra, el viejo me tomo de la mano y me llevo hacia los baños de hombres, ahí me arrincono en un gabinete para que nadie nos molestara.
Coloco su hombría entre mis piernas, al tiempo que me besaba el cuello apasionadamente haciendo que casi me orinara de excitación.
Me empezó a manosear los melones que ya estaban ansiosos, mis pezones querían reventar el sostén, de tan duros y parados que ya los tenía.
Me saco el sostén y se dedicó a mamarme las tetas, de tal manera que yo nomas me retorcía de placer, al tiempo que hurgaba entre mis piernas, pasando la mano bajo la tanga logrando introducir dos dedos dentro mi empapada panocha haciéndome gemir y estremecer de calentura y excitación.
Yo, en vez de negarme y apartarlo, todo lo contrario, separaba las piernas para que el pudiera hacer su chamba a gusto. Me abrazaba de su cuello para no caerme, las patitas me flaqueaban y se resistían a sostenerme en esa posición. Mi cuerpo ya pedía una cama.
Nunca había yo sentido tanto placer.
Tenía los ojos semicerrados, la cabeza echada hacia atrás, en una clara muestra de lo tremendo que yo estaba disfrutando todo eso que el muy pervertido me hacía.
Solo se escuchaban mis gemidos de placer y los conocidos ruidos de un perro bebiendo agua, solo que, en este caso, ni perro ni agua, eran los sonidos de mi panocha siendo dedeada a toda prisa por ya cuatro dedos introducidos hasta el fondo sacándome jugos a lo bestias.
No aguante más, las piernas se negaron a seguir sosteniéndome en esa posición y caí de rodillas frente al viejo, que él, enseguida, se bajó los pantalones y me la dio a mamar.
Yo levante la vista y lo mire agradecida, así que, sin más, me dedique a darle una rica mamada, de esas que acostumbro y que enloquece a los hombres y hacen que se enamoren de mi casi enseguida, aun antes de eyacular uwu.
El viejo se retorcía de placer, pero como siempre que estoy entretenida disfrutando de lo lindo, el hombre me la saco de la boca, me dio la vuelta poniéndome casi en cuatro, las manos sobre el wc, de un tirón me quito las pantaletas y sin más, me la dejo ir, arrancándome un verdadero alarido de placer extremo.
Me abrazaba de su cuello para no caerme, las patitas me flaqueaban y se resistían a sostenerme en esa posición. Mi cuerpo ya pedía una cama.
~ Mmmmm..hummm … aaaghhhh…~gemía yo de placer, moviéndole las nalgas igual que como en la pista de baile.
~Que bárbara mamacita, que bruta, como coges, te mueves delicioso, donde aprendiste ~
~-Ahhhh, ahh, así papi, dame más ~ alcanzaba yo a decir apenas en un susurro gimiendo como puta barata.
El hombre sintió que la eyaculación era inminente, así que me empezó a dedear de lo más rápido al tiempo que aceleraba sus movimientos de meter y sacar, haciéndome que me terminara en un tremendo orgasmo.
El sabía que, si no me hacía eso, él no iba a poder atender mi demanda de puta insaciable, así que logro darme placer manual hasta terminarme, entonces el dejo de resistirse y se vino tremendo dentro de mi sexo, cayendo desfallecido sobre mi espalda.
Así nos quedamos durante varios minutos, hasta que alguien toco la puerta del sanitario, apurándonos. Nos recompusimos como pudimos y una vez habiendo arreglado nuestras ropas, finalmente salimos del baño nuevamente hacia la pista tratando de disimular.
Encontré a mi hermana y sin más, nos fuimos de regreso a casa.
Continuara…
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