Mi madre me hizo venirme sin querer.
Una madre comprensiva atiende la fimosis en el miembro de su hijo, sin darse cuenta que por tanta palpación, llevará a su hijo al clímax. .
Mi nombre es Jaudy, actualmente tengo 26 años, y este relato es sobre algo que me pasó a mis recién cumplidos 14 años.
Recuerdo que siempre tuve una ligera fimosis en mi miembro ; mi prepucio, aunque podía retraerse, tenía cierta dificultad para hacerlo. Mi mamá lo sabía desde que yo era pequeño, pero nunca le había puesto atención pues no me había dado problemas, hasta los 14 años.
Yo siempre había sido un muchacho que conocía poco de la másturbación, de hecho nunca había eyaculado, pues lo más cercano a el autoplacer, era cuando frotaba mi pene contra la almohada, pero no sentía más que un poco de cosquilleo y placer, y para mí eso ya era masturbarme, por lo que lo que me pasó con mi mamá tuvo un impacto que nunca olvidaré, de hecho recuerdo cada detalle.
Mi madre, de nombre Adilia, es una mujer entrada en edad, morena, al menos 1,60 y un peso normal , no es una modelo pero definitivamente tiene encanto físico. Para ese entonces tenía 46 años. Ella aveces me hablaba sobre cómo funciona el pene y los embarazos, pero era por motivos educativos.
Un día, empecé a notar que mi fimosis era más molesta, ya costaba más cubrir el glande y dolía, por lo que le conté a mi madre, pues yo no tenía miedo de hablar esos temas con ella. Mi madre rápidamente me dijo que bajara el pantalón y el bóxer, y sin dudar lo hice, y procedí a mostrarle cómo el prepucio ya tenía más dificultad para bajar. Ella nunca había mostrado ser morbosa conmigo, pero ciertamente no temía a la hora de hablarme de sexo y sobre cómo funciona el aparato reproductor.
-«Este gusanito te está dando problemas»- dijo ella. Desde que yo era pequeño ella le decía gusano a mi pene, como juego.
-«Que raro, recuerdo que siempre tuviste el pellejito un poco cerrado, pero ahora se nota más» – dijo mi mamá.
– «Sí, y esto apenas lo noté hace poco»- le dije, preocupado.
– «Ya regreso» – dijo mi mamá mientras fue al baño a buscar unas cosas.
Ciertamente yo ya sabía que buscaría la manera de tantear y examinar mi pene, puesto que en aquel tiempo, vivíamos en una zona rural alejada de hospilates, por lo que la atención médica era solo en casos de emergencias. Mi madre regresó con un poco de jabón, un paño, papel y me indicó que saliéramos al patio, pues ahí había luz solar. Al ser una zona rural, el patio estaba rodeado de árboles y no había vecinos cerca, por lo que incluso en el patio había privacidad. Mi mamá y yo en ese momento estábamos solos, ya que mi hermana estaba en la universidad y mi madre estaba soltera desde hace años.
– «Siéntese en aquella banca, y quítese el pantalón y el bóxer. Voy a enseñarle un ejercicio para su gusano» – dijo.
Yo inmediatamente lo hice, y me arrecosté en la banca, que era larga, por lo que servía prácticamente como una camilla. Al lado de la banca estaba una silla, en donde mi madre se sentó. Me abrió las piernas, dejando mis bolas y pene frente a ella y acto seguido, comenzó todo. Para ese punto, yo ya tenía vergüenza.
Ella empezó apretando mi pene, desde la base hasta la punta. Apretaba la punta del prepucio, y la jalaba con fuerza hasta el límite.
-«Jaja tienes puro pelo, ya usted tiene que ir viendo cómo rasurarse» – decía mi madre sobre el vello en mis partes íntimas, pues yo ya era un adolescente.
Yo solo asentía con la cabeza mientras veía cómo ella manipulaba mi prepucio. Ella luego bajó con fuerza mi prepucio hasta dejar al descubierto mi glande, y fue justo ahí que sentí esa misma sensación de cosquilleo que sentía al frotarme con las almohadas. Ella tomó jabón y lo embarró por mi pene, mientras también echaba agua y empezó a frotar de arriba a abajo. Mi pene aún flacido, aveces escapaba de sus manos por el jabón resbalozo, a lo que ella hacía comentarios jocosos, como : «Ay, se me quiere escapar este gusanito», y esos comentarios provocaron que poco a poco yo tuviera una ereccion. Con una mano jalaba el prepucio hasta abajo mientras que con los dedos de la otra, frotaba el glande.
Mi madre seguía frotando, hasta que empezó a notar la ereccion que estaba al menos a un 50%.
-«Mm, te duele? » – me preguntó.
-«Un poco el pellejito» – le dije.
Mi madre enjuagó el pene, y comenzó a secarlo con el paño, ya ahí mi ereccion bajó. Una vez mi pene estaba seco, metió sus dedos anular e índice entre mi prepucio y los separó, halando hacia atrás, luego, con una mano, bajó el prepucio al límite y luego lo subía, así una y otra y otra vez. Me dolía un poco, pero se sentía bien, y eso… Provocó otra ereccion. Esta vez la ereccion llegó como al 70%, era imposible no verla. Y mi mamá sujetó mi falo, mientras golpeaba el glande con el dedo, dando varios golpecitos hasta que mi ereccion bajó otra vez. Parecía que estaba regañando a mi pene o gusanito.
-«Esto que tienes se llama fimosis, y estos ejercicios son buenos para tratarla. » – decía mi madre, intentando ignorar lo que acaba de hacer.
Ella siguió bajando y subiendo mi prepucio hasta que en unos segundos ya mi ereccion volvió. Ella volvió a golpear el glande, mi ereccion se fue, pero luego volvía rápido. Yo ya estaba caliente así que le dije con respecto a la erección:
-«Ma, perdón por eso, no puedo evitarlo»-
-«Jaudy, eso es muy normal. De pequeño también las tenías. Eso pasa cuando el gusanito se pone feliz. Eso significa que tu cosa está sana » – dijo ella riendo.
Ella tenía mi pene erecto entre su mano, y poco a poco mi pene llegó al 100, luego, empezó a palpitar, me puse rojo y estaba muy excitado. Mientras mi mamá trataba de bajar el prepucio, debido a mi ereccion, me dolía, pero la sensación de placer era mayor. Se notaba que cada vez le costaba bajar más el prepucio :
-«Bueno, ya creció demasiado, voy a apretar, me dices si te duele» – dijo mi madre, mientras empezó a apachurrar mi pene con sus dos manos, buscando que mi ereccion bajara. Con una mano, amoldaba mi falo en la palma, y con la otra mano, apretaba el glande como si estuviera destapando una botella. Para ese punto yo casi sentía un orgasmo y cuando sentí que estaba cerca de orinar (que en realidad era eyacular) le dije que se detuviera :
-«Ma, porfa, me duele» – le dije.
-«Bueno, pero te va a doler más si bajo tu pellejito con tu miembro tan grande mi amor»- dijo mi mamá, extrañada.
-«Yo creo que es mejor así, porque entre más grande esté más se estira el pellejo y así talvez cierre mejor luego»- le dije sobre los ejercicios y la fimosis y que tenía lógica.
Mi mamá me dio la razón y continuó bajando mi prepucio. Mi pene palpitaba entre sus manos y se ponía rojo. Ya para esa edad mi pene medía unos 16 cm.
-«Lo estás moviendo Jaudy?» – preguntó ella.
-«No» – le dije.
-«Creí que sí, no sabía que se movían solos» – dijo ella, entre risas.
-«Bueno, ya vengo, voy a traer algo para lubricar»-. Justo cuando mi madre dijo esto último, de mi pene salió un líquido transparente, era líquido preseminal. Ese líquido empezó a chorrear como miel y parte le cayó en los dedos, mientras aún mi madre sostenía mi pene. Ella lo vio y arqueo la ceja :
-«Mira esto. ¿Qué pasó? ¿Toqué mucho? ¿Sintió algo raro? «- preguntó, talvez creyendo que me había dado un orgasmo.
-«No es semen, creo que es orina» – le dije, sabiendo yo que no era orina.
-«Ya entiendo. Mire, yo no dije que sea semen. Esto que acaba de salir no es orina y tampoco semen. Es un lubricante natural. ¿se acuerda cuando hablamos del semen? Esto es diferente»- dijo mamá.
Ella tomó ese líquido y lo untó por el glande y el prepucio. Luego procedió a sujetar mi pene desde la base entre sus dedos, y exprimió hasta la última gota. Esa exprimida hizo perder un poco la ereccion.
-» Hijo, creo que tienes razón. Es mejor que esté duro para el ejercicio» – indicó mi madre. Luego de esto, empezó a acariciar rápido el frenillo del pene, buscando provocar una erección . Mi respiración se hacía pesada y mi madre se dio cuenta.
-«Tranquilo, si se siente mal dígame»- dijo ella, a lo que respondí que no.
Ella luego acercó mi pene a sus ojos para ver bien, y sujetó una parte especifica de mi prepucio, amasandolo entre los dedos. Increíblemente ella sabía que esa parte de mi prepucio era muy sensible, a lo que mi ereccion fue casi inmediata. Solté un ligero gemido, a lo que mi madre dijo :
-«Ay, muchacho. Eso es normal. Tranquilo, ya casi terminamos, vea bien para que lo haga solo».
-«Gracias, se siente curioso, tranquila» – le dije.
-«Qué bueno»- dijo, con una ligera sonrisa.
Mi pene rojo y erecto, palpitaba de nuevo entre su mano. Ella seguía bajando y subiendo el prepucio, en lo que ya más bien parecía una clásica másturbación. Empecé a exhalar con fuerza y se notaba, pues yo estaba cerca de eyacular, ya no podía detenerlo y realmente estaba a nada de dejarme ir. Mi mamá se detuvo y sujetó mi pene en la parte que conecta la base del falo y los testículos y sujetó con los dedos de la otra mano, el glande, haciendo presión. En ese momento no lo sabía, pero lo que mi madre hacía, era una técnica para evitar la eyaculacion ¿qué tanto conocía esa mujer sobre el pene como para saber eso? Ella impidió mi eyaculación con sus propias manos, mis ganas de eyacular se fueron… se detuvo y dijo:
-«Amor, tienes que decirme. No sé si usted se ha masturbado antes, pero usted estaba a punto de acabar. Eso es algo privado»- dijo ella.
-«Perdón Ma, yo no sé que es eso. Pero siga masajeandome por favor, quiero aprender los ejercicios» – le dije casi suplicando. Evidentemente era una excusa, pero funcionó.
-«Está bien» – me dijo.
Mi madre parecía saber que a mí me gustaba esto, pero ella no lo veía como algo morboso, sino como su hijo que quería saber más de su cuerpo.
Volvió a sujetar mi pene erecto y siguió bajando y subiendo el prepucio. Luego, conforme siguió bajando y subiendo , sujetó sin darse cuenta, esa parte sensible del prepucio y la apachurraba una y otra vez. Esto me llevó al límite, mi respiración se volvía pesada otra vez, y el placer era cada vez mayor. Yo recordaba que ella me dijo que debía avisarle, pero yo estaba muy seguro que al final de este placer creciente, ocurriría algo que yo debía saber. Mi madre me miraba, miraba que claramente yo ya estaba llegando al límite, por lo que decidió detenerse y volver a sujetar mi glande con sus dedos, mientras con la otra mano sujetaba la base de mi pene, buscando impedir la eyaculación … Pero esta vez, sus dedos sujetando mi glande se sentían tan bien, que solo me dio el último empujón para correrme. Volví a ver mi pene entre sus manos y solo solté un ligero suspiro.
-» Hijo, mejor dejemoslo hasta aquí …» – dijo mi madre, pero ya era tarde, justo antes de eyacular, ella se dio cuenta de lo que iba a pasar… Y sin soltar mi pene, solamente lo apartó hacia un lado, y todo el semen salió disparado hacia el pasto. Yo estaba en el clímax , mi pene palpitaba entre sus bellas manos y el semen salía chorro tras chorro. La mirada de mi madre solo seguía cada uno de los chorros de semen, con total indiferencia, como si fuera una enfermera viendo algo común en su trabajo, y aún no soltaba mi pene, hasta parecía que sostenía una pistola de agua. Cuando salió el último chorro, ella solo volteó el pene hacia sí … Y lo exprimía … Lo juro, sentía una sensación eléctrica, agradable y horrible a la vez, pero no podía decir nada, estaba anonadado. Ella exprimía cada gota de semen, y de hecho, veía mi reacción, ella sabía que yo sentía horrible, pues eso pasa después de eyacular, pero parece que lo hacía a propósito, como castigo por no avisarle nada. Luego limpió con el papel. Liberó una de sus manos mientras con la otra aún sostenía el pene, y procedió a halar el prepucio hasta cubrir el pene y ahí terminó todo. Yo solo veía las nubes sin decir nada más que : «Perdón Ma». Ella respondió :
-«No Jaudy, perdoneme usted. Yo creo que apreté muy fuerte, pero por eso le dije que me avisara. Esto pasa cuando hay sobreestimulación, es una reacción natural. «.
Después de eso, nos levantamos, me vestí y nos fuimos del patio. Ya en la tarde, recuerdo haberla visto en el patio echando agua en donde estaba mi semen, ocultando lo que pasó. No hemos vuelto a hablar de eso, pero nuestra relación siempre se mantuvo igual.
Actualmente tengo mi trabajo y vivo solo, pero hasta el día de hoy sigo teniendo fantasías con aquel increíble día, en que descubrí cómo es una eyaculación, una en las manos de mi madre


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