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Fantasías / Parodias, Incestos en Familia

mi noviecita

tengo una

Mi primera vez no fue con una chica de mi edad, fue con una 10 años menor.
Esta es la historia que marcó mi vida sexual o toda mi vida. Todo empezó cuando estaba terminando la secundaria. A esa edad todavía era virgen y era un estigma para mí serlo y peor aún nunca haber tenido novia.

No solo era soportar las cargadas de mis amigos sino las reiteradas consultas al respecto de mi mamá y mis tíos. Hasta llegaron preguntarme si yo era gay. Para colmo mamá me mandó a una secundaria de orientación técnica y en ese momento iban pocas chicas, y las pocas que había ya estaban «ocupadas» o no me daban bola ni yo las encaraba.

En aquel entonces el levante se hacía en un boliche o por redes sociales, pero nada de eso era efectivo para mí. Y no porque yo fuera feo, sino que era muy tímido. Algunas chicas me hablaban y hasta coqueteaban pero en ese momento no me daba cuenta o no sabía qué decirles.

Con la única «chica» que tenía contacto y podía hablar sin vergüenza era con Brisa, la ahijada de mi mamá, hija de su amiga y vecina.
Brisa era una nena hermosa, en ese momento tenía 6 añitos. Era blanquita de cabello castaño y largo, piernas gruesas como su mamá, bastante alta para su edad, era la más alta de sus compañeritas. Su altura contrastaba con su personalidad tranquila e inocente. Era muy tranquila y bien portada aunque conmigo se soltaba más; era más traviesa porque la conozco desde que nació y era como el hermano mayor y ella como la hermanita que nunca tuve. Pasábamos mucho tiempo juntos al no tener hermanos ni papás y nuestras mamás trabajan mucho. Siempre nos hicimos compañía.

Nuestra relación empezó a cambiar a finales de noviembre de ese año. Yo salía casi todos los fines de semana y volvía al otro día, casi siempre borracho y fumado. Brisa venía todos los sábados y domingos a la mañana porque su mamá trabajaba y ella se quedaba en casa con mamá y conmigo.
Un finde de esos volví al amanecer alcoholizado, hacía un calor terrible. Fui directo a acostarme, en boxer, me hice una paja y me dormí.

Pasaron unas horas y sentí que me sacudían.
-Ey… Luqui.. despertate… Tu mamá dice que bajes a comer.

-Bueno….ahí bajo- le dije bostezando y refriegandome los ojos, mientras noto que ella me mira el bulto porque me habré destapado.

-Qué tenés ahí? – pregunta señalando con el dedo.
-Nada… Mi cosa… -le dije tapándome.
-Y por qué está así? preguntó mordiéndose el pulgar. Se refería a la terrible erección matutina que tenía.
-Eeemm… No sé… Porque tengo ganas de hacer pis, Bri. Ahora andá con mi mamá que me tengo que vestir.
-Bueno! Me dijo con su sonrisa de nena a que le faltaban los dos dientes delanteros de leche.
No le dí mucha bola al asunto en ese momento… no me atraían las nenas, ni se me había cruzado algo así por la cabeza.

Al siguiente finde se volvió a repetir. Era la mañana del sábado, me acosté de madrugada y cuando voy despertando me doy cuenta que Brisa tenía su manito sobre mi pija dura cubierta por el boxer. La tocaba y le daba unos apretoncitos leves, como explorando su tamaño, que se sentía muy rico. Era la primera vez que alguien me tocaba la pija. Sabía que estaba mal pero el placer me impedía detenerla.

Cuando voy abriendo los ojos me dice:
-Ey… Despertate… Vamos a desayunar…

Y ahí la vi como nunca la había visto… con su cabello castaño largo y lacio hasta la cintura, peinado con una raya al medio. Su carita tierna con esa expresión de serenidad que siempre tenia. Sus labios rosaditos, su vestido floreado que dejaba ver esas hermosas piernas blancas voluminosas. La conocía desde que nació y nunca había apreciado así su belleza. Era hermosa.

-Bueno, me levanto… pero me das un abrazo?

Brisa asintió con la cabeza. Me paré frente suyo y ella miró mi erección. Nos abrazamos y sentí una sensación desconocida, cariño, deseo, amor. La suavidad de su piel y su perfume de nena hicieron que la pija se me ponga más dura, algo que estoy seguro que sintió sobre su pancita porque la tenía bien pegada a mí.
Acaricié su pelo suave, le di un besito en la frente y la miré a los ojos, nos miramos. Ahí me dí cuenta no sólo me parecía linda, sino que me gustaba, me gustaba como como una chica.

Podía ver en ella una mirada expectante; tal vez por la situación, que estábamos muy cerca, que sentía mi pija y que yo la miraba con deseo. Deseaba poder besar esa boquita pero a la vez tenía miedo que no me correspondiera. De consuelo le di un besito en la comisura de los labios y le dije que bajara así me vestía.

Ese día me quedé en casa y estuve todo el día embobado con Brisa. Ayudé a mamá y ella con la comida, escuchaba su vocesita dulce y la veía caminar. Mi percepción hacia ella había cambiado, no solo la miraba con ternura sino también con deseo. La hacía jugar con tal de estar con ella. Aunque en ese momento no era conciente pero hoy puedo decir que ese día me estaba enamorando de ella.

En un momento me pide ayuda para ponerse un delantal de cocina, ella inclinada con la cola para afuera sobre la mesa. Estaba haciendo unas galletitas, parada sobre un banquito que usaba mi vieja para llegar a la alacena. Pude ver cómo se le marcaba la bombacha a través del vestido. 🤤
Aprovechando que mamá no estaba cerca, le puse el delantal lo más lento posible, pegando mi verga contra su culito. Estuve dándole unos empujones leves, sentí sus glúteos, firmes pero suaves a la vez mientras me demoraba en atarle la cintura. Ella, reclinada sobre la mesa gira la cabeza sobre su hombro y me pregunta:

-Tenes ganas de hacer pis?
-No, por qué?
-Porque siento tu cosa dura.
-Uy perdón, es que se me pone así cuando una chica me gusta- le dije sonriendo y me separé de ella.
Ahí estaba yo, un pibe que era tímido con las chicas de su edad, coqueteando con una nena. La vi sonreír y fue suficiente, me di la vuelta y me fuí. Se la dejé picando.

Al día siguiente me desperté algo decepcionado, Brisa no vino a despertarme. Ya se me había hecho un hábito que ella sea la que me de los buenos días, ver su carita linda, sentir su perfume infantil que me daba ternura, escuchar su voz dulce. Era un comienzo ideal, pero mamá se la había llevado al súper.

Cuando volvieron me alegré tanto que bajé las cosas del súper y les preparé el desayuno. Después de comer mamá se fue a dormir la siesta y Brisa me pidió que le ponga la película de Cars que mamá le acababa de comprar en DVD. Yo sólo quería estar con ella así que rechacé la invitación de mis amigos para a jugar al fútbol y me senté en el sillón. Brisa en lugar de sentarse al lado de sentó entre mis piernas, apoyando su colita contra mi entrepierna. No quería creer que lo hiciera con mala intención pero a mí pija no le importó y se puso dura al toque. Creo que ella lo sintió porque se movía mucho. Puse una mano en su pierna y fui acercandola minuto a minuto hacia su vagina con la esperanza de que no dijera nada. Mis dedos llegaron hacer contacto con su bombachita, el corazón me latía mil y la pija la tenía al palo entre sus dos nalgas. Sentí con mis yemas el calor y la textura gomosa de su vulva a través de la bombacha, y la vez como el líquido preseminal mojaba mi boxer. Cuando me atreví a poner el dedo mayor en su rayita escucho que mamá sale de su pieza. Obviamente retiré la mano pero no quise sacar a Brisa porque un movimiento brusco sería muy sospechoso.

-Que hacés ahí sentada Bri? Sentate al lado de Lucas, no arriba- dijo mi vieja sin darle tiempo a responder.
-Qué tiene? A mí no me molesta, la defendí haciéndome el despreocupado.
Brisa obedeció a mamá y se sentó a mi lado. Yo puse la mejor cara de poker que pude y rogaba que mi vieja no notara que tenía una erección terrible, por las dudas ni la miré a los ojos. Se quedó parada un rato ahí como pensando y se fue.

Más tarde cuando Brisa se fué pensé que mi vieja me iba a cagar a pedos o algo así pero lo único que dijo fue un comentario en la cena.
-Brisa te quiere mucho. Le dijo a la mamá que ojalá vos vivieras con ellas.
-Jaja, qué tierna… Igual viven acá al lado.

La primera vez que hicimos el amor no lo voy a olvidar jamás. Los días pasaron y ya casi terminaban las clases.
Era un viernes, nuestras mamás estaban trabajando. Yo no fui a la escuela porque esas materias ya las había aprobado. Era la tardecita, hacía como 34°C, estaba pesadisimo y con algunas nubes densas. Me estaba fumando un porrito en mi pieza y por la ventana veo a Brisa en su patio jugando con muñecas bajó el sol.

-Hola Brisa, estás sola? le pregunté.
-Si… Mamá está trabajando… Puedo ir a tu casa con vos?
-Si, dale… Ponete una maya y nos metemos a la pile que hacer un re calor.

Vino con la maya en la mano y la mandé a cambiarse.
Cuando la ví salir quedé impactado: tenía una maya enterisa de color rojo, idénticas a las de Baywatch. Era la misma maya que usaba el año pasado, pero ella había crecido mucho (ya dije que era alta para su edad) por lo que le quedaba muy ajustada.
Podía ver cómo resaltaba su monte de Venus, prominente, carnoso. Se le marcaba la rajita en la maya como si se la estuviera comiendo. Cuando se dió vuelta pude ver que los cachetes de su cola también se comían parte de la maya, no los llegaba a cubrir como debería, y se veía muy sexy. Tuve una erección instantánea.

Nos metimos a la pile y yo ya no pensaba con la cabeza pensaba con la chota. Me puse a jugar con ella y buscaba cualquier excusa para tocarla toda, sobre todo su cola y su vagina, pero siempre teniendo cuidado de no ser brusco.

En un de los juegos ella se sube arriba mío y se pone a dar saltitos y frotarse sobre mi pene. Eso me volvió más loco. Después se subió a mi espalda y me pidió que la lleve como si fuera su delfín. Yo me sumergí y pasé una mano hacia mi espalda y tocaba su rajita, pero ya sin ningún tipo de cuidado. La frotaba y la apretaba con la yema de los dedos.

Se levantó un viento fresco que trajo algunas gotas. Al escuchar el primer trueno Brisa se asustó y me abrazó.
– Salimos? Me preguntó
– Dale, ya tengo hambre.

La cubrí con su toallon y la mandé a cambiarse, teníamos un bañito en el quincho.

– Me ayudas a cambiarme? – me descolocó con la pregunta.
– Qué… No te vestis solita todavía? -yo sabía que sí lo hacía, lo que me dió la pauta de que ella quería que yo la desvistiera. Si ya tenía la pija dura eso me la hizo poner más.
-Si, tonto… Pero está malla me aprieta mucho y no me sé secar bien.

Entramos al bañito; dejé la puerta entreabierta. Apenas entrabamos los dos, tenía un inodoro y un lavamanos. Brisa se quitó el toallon y lo apoyo en la tapa. Me miraba como esperando que iniciara. Estaba tratando de disimular los nervios, poner cara como si no pasara nada; pero tenía una nena de 6 años frente a mí esperando que la desnudara, no era algo normal.

Tragué saliva… y de la manera más cuidadosa y sensual que pude, le saqué una y después otra de las tiras que van sobre los hombros. Tiré de ambas hacia abajo dejando ver su pechito plano, sus pezones chiquitos y rosados. Su vientre infantil se veía infladito y suave como para usarlo del almohada.
Mi verga latía, el corazón me golpeaba el pecho.
Silencio. Ella me miraba, tenía menos vergüenza que yo. Me agaché y lentamente seguí bajando la malla hasta que llegué a su monte de Venus. Bajé un poco mas. Y ahí la vi: la más hermosa vagina de todo el mundo. Era prominente como noté cuando la ví con el traje de baño. Una cosa perfecta: color crema, esponjosa, brillante, sin pelitos, labios gordos y una rajita que se veía profunda. Una invitación a comérsela. Era la primer vagina que veía en la vida real… Y era mucho más linda que la de cualquier porno star! Pasaron años y esa imagen no se me borra más. Es sin lugar a dudas lo que me llevó a ser amante de las vaginas infantiles.
Quedé hipnotizado de rodillas mirando ese cuerpito perfecto.

– Ey… Estás bien?
– Si… es que sos hermosa Bri. Tenés un cuerpito re lindo.
Se avergonzó un poco y me dijo -Vos también sos lindo- bajando la mirada.
Escuchar eso me dió confianza y me arriesgué:
– Te quiero mucho, sabes?… -mientras acariciaba su pelo-
…Te puedo dar un beso?
Ella solo asintió con la cabeza. Me acerqué de a poco, ella estaba quietecita, había tensión.
Mis labios hicieron contacto con los suyos, todavía mojados. Fue un beso corto y tierno, apenas hizo ruido. No abrimos la boca ni nos mandamos lengua ni nada grosero, no hacía falta, para mí era lo más erótico del mundo.

La abracé unos segundos, acaricié su espalda y volví a besarla. Ella se animó un poquito esta vez y nuestros labios se intercalaron.
– Es lindo besarse- me dijo y me derritió.
– Si, más si es con alguien que te gusta.
– Me vas a secar?
– Si, perdón.

Empecé a secarla pero no podía pensar con claridad. Estaba muy enamorado y muy caliente. Recorría todo su cuerpito con la toalla, asegurándome de secar bien sus piernas, sus nalgas, su vientre. La hice sentarse en la tapa del inodoro y que separe las piernas así le sacaba la vagina.
Al ser la primera que veía, aproveché a examinarla, era como una flor hermosa, tanto los labios exteriores como su interior rosadito; y un pequeño y cerrado agujerito cerca de su periné. Era demasiado tentador.

– Te puedo dar más besos?
– Está bien.🫣
Recordé una escena de una película erótica que ví y me inspiré en eso.
Besé primero sus labios, luego sus cachetes.
Después besé su cuello, lo que provocó una risita.
La besé en el medio de su pecho; luego chupé sus pezoncitos rosaditos, lo que la hizo suspirar.
Besé su pancita y hasta su ombligo.
Le separé las piernitas, la miré a los ojos y paso seguido al fin besé su vagina. La besé por fuera y ella decía que le daba cosquillitas. Me dispuse a lamer su rajita, abriéndome poco a poco entre sus labios vaginales.
No sé si lo hacía bien por mi falta de experiencia pero traté de controlar la ansiedad y comérmela despacio pero ella no aguantó las sensaciones.

-Ay…ya está, ya está. 👐🏻
– No te gusta, Bri?
– Si, pero me da muchas cosquillas… me voy a hacer pipí.

No la quise forzar, y aunque yo quería más, podría haberme conformado con eso pero ella me dijo:
– Ahora te toca a vos cambiarte- señalando mi short mojado-
– Querés que me cambie acá, frente tuyo?
– Si tonto, vos ya me viste a mí… Sino no vale 🙎🏻‍♀️
– Bueno… Está bien… pero sácame vos el short entonces- la desafié.

Sin dar vueltas ella me bajó el short y yo me lo saqué, dejando a la vista mi pija ya durísima.
-Wow… Tu pito es re grande (en realidad solo eran unos 13cm pero estaba más parada y gorda que nunca)
– No es tan grande, pero a los varones nos crece cuando nos gusta alguien… y vos me gustas.
– Está caliente… Parece de goma -dijo tocándome la pija con las yemas de sus deditos sin siquiera pedirme permiso-
– Si querés podés darle besitos y lamerlo como yo te hice en tu chula.

Me dió tres besitos en el glande y luego empezó a lamerlo. La sensación era exquisita y la vista algo perfecto: una hermosa nenita de 6 años desnuda, recién bañada, lamiendome la pija.
– Uff Brisa, que rico.
– Te da cosquillas?
– Si, pero ricas… Chupala como un chupetín.

Si bien era su primera mamada y me raspaba un poco con sus dientitos, también era la primera vez que me la chupaban y para mí fue perfecto. No voy a mentir que quería agarrar su cabecita y llenarle la boca de leche como en los vídeos porno, pero no quería asustarla o que le diera asco.

Me di cuenta que ya habíamos llegado a un punto de no retorno entonces le pregunté si quería que vayamos a mi habitación. Se largó una tormenta así que nos apuramos. Le puse la toalla y agarré su bombachita y su vestido. Cuando entramos a mi habitación me sorprende con una pregunta:

– Vamos hacer el amor?
– QUÉ!? De dónde sacaste eso?
– De la tele… Siempre en las novelas que ve mamá cuando el hombre y la mujer se gustan; se besan…. y van a la pieza… y se sacan la ropa… Y después el hombre se acuesta arriba de la mujer y se besan más. Y a eso le dicen «Hacer el amor».
-Jajajaja bueno, es algo así. Sólo que para «hacer el amor» yo tengo que meter mi pito en tu chula, por eso se sacan la ropa.
– Ah… no ví eso en la tele… Pero me va entrar tu cosa? Vos sos más grande que yo.
– Si querés podemos intentar.

Nos sacamos las toallas y nos acostamos de costado. Miré la hora, todavía había tiempo. La besé en los labios, esta vez mejor que nuestro primer beso, fue más sensual. Miré la belleza desnuda que tenía frente a mí; su cuerpito perfecto, su cara angelical.

– Te amo Brisa- le dije por primera vez
– Yo también- me dijo algo tímida. Pero yo no necesitaba nada más

La acosté boca arriba y me subí sobre ella con cuidado de no pesar sobre ella. Separé sus piernas largas y gruesas, y me coloqué en medio. Lubrique un poco mi pija apunté a su conchita. Cuando mi glande hizo contacto con sus labios vaginales ambos nos estremecimos.
A Brisa se le erizó la piel y me miraba con una leve sonrisa serena. Yo estaba nervioso y ansioso pero tratando de disimular.

Fui punteandole la conchita intentando abrime paso, ella daba gemiditos que sumado al calor de sus labios vaginales me provocaban ganas de acabar. Tal vez no hacía falta penetrarla para que gozaremos los dos pero si ya había llegado hasta ahí lo iba hacer.

– Vamos a ver si entra, si linda?

Empujé mis caderas y sentí como mi pija entraba de a poco rompiendo su telita. Oficialmente ya había dejado de ser virgen y desvirgué a una nena. Cuando entró toda la cabeza paré. Brisa sacudía las manitos tratando de tolerar el dolor.

– Fuuu… Fuuu… 😖
– Te duele mucho Bri?
– Un poco. Me arde… pero me gusta.

Esperé un minuto a que su tierna vagina se adaptara a mi verga, acariciando su pelo y besando su frente mientras suspiraba. Cuando se relajó empujé, un poco más y ella gruñió y me clavó las uñas en mis brazos. Ya era mía.
Ya tenía la mitad de la pija adentro y su vagina había dilatado así que empecé a meterla y sacarla entrando siempre un poquito más. Al fin estábamos cogiendo.
Solo se escuchaba el ruido de la tormenta y sus gemidos.

– Mmmmm! Mmmm!
– Te gusta? Te gusta hacer el amor conmigo?
– Mmm! Si.
– A mi también… Es la primera vez que lo hago yo también- le confesé.
– Siento… todo tu pito caliente, Luqui… Mmm..
– Yo también siento tu chula calentita y suave. Re rica.

Se la empujé hasta el fondo y le entró toda. Miré al espejo del ropero y vi nuestro reflejo. Un adolescente cogiéndose a una hermosa nena de 6 años, era mejor que el porno. Brisa empezó a mover sus caderas instintivamente, le estaba encantando así que aumenté el ritmo y la profundidad.

– Um! Um! Um! Rico… Qué rico. 🥵
– Te gusta princesa? Podemos hacer el amor siempre que quieras.
Te gustaría ser mi novia?
– Umm… Si… Quiero… Ayyy…

Sellamos nuestro amor con un beso mientras seguíamos haciendo el amor. Ahora éramos novios, con 11 años de diferencia, pero nos queríamos.

Me apoyé un poco más sobre ella. Su cara quedaba a la altura de mis hombros. Brisa me abrazó mientras yo la cogía un poco más rápido, y unos segundos después, me apretó sus piernas y me clavó las uñas en la espalda. Las contracciones y los juguitos calientes de su orgasmo (en ese momento no lo sabía) estimularon mi eyaculación provocando que llene su útero de leche.

– Uyy nena, como apretás! Te voy a llenar de leche mi amor… 💦 Aaaah 💦💦 Aaaah 💦💦💦 que ricooo 💦💦
-Aaaay!

Ni en las mejores pajas acabé tanto, habrán sido como siete u ocho lechazos sin exagerar directos a su útero infantil.

La besé, ella estaba ruborizada y sudada tratando de recuperar el aliento igual que yo.

– Ay! Despacito, despacito- me dijo mientras se la iba sacando.

Vi salir mi semen y un poquito de sangre alrededor de su huequito, pero nada para asustarnos. La llevé al baño y nos duchamos juntos. La vesti y la peiné como si fuera mi hermanita.

– Mirá que si nuestras mamás o alguien se entera de lo que hicimos hoy, me matan.
– Ya sé tonto, no voy a decir nada. Mamá me dijo que soy muy chiquita para tener novio.

Le hice la merienda mientras veíamos Bob Esponja. Después se fue a su casa antes que nuestras mamás volvieran de trabajar.

Eso fue solo el comienzo de un verano que nos pasamos jugando y descubriendo el sexo juntos. Aprovechamos a pasar tiempo disfrutando antes que ella empezara la primaria y yo la universidad.

Al otro día vino a casa pero no me despertó. Bajé a la hora del almuerzo, me saludó normal. Me preocupé un poco. Pregunté por qué no me despertaron y me dijeron que se fueron a comprar cosas. Después del almuerzo mamá se fue a tomar su siesta y apenas cerró la puerta Brisa me abrazó y me dió un piquito.

-Te extrañé -me susurró con su vocecita dulce.

Me volvió el alma al cuerpo y la abracé con fuerza y le di un beso apasionado.

-Yo también mi amor, estuve toda la noche pensando en vos. Tenía miedo que te enojaras por lo que hicimos.

– No me enojé tonto, pero no quiero que tú mamá se entere que somos novios.

Nos pusimos a ver una peli abrazados y al ratito nos empezamos a tocar. Para mí era inevitable tener una erección teniendo apoyada su cola. Empecé con unas caricias en su pierna llegando hasta su bombachita. Ahora ya no tenía miedo de tocarla, después de todo era mi noviecita. Ella me apretaba la pija sobre el pantalón de fútbol. Después le metí la mano por el costado de la bombacha y pude sentir toda su conchita babosa y caliente. Nos dimos un par de besos, ya ni pelota le dábamos a la televisión. Fue ella quien propuso al oído:

– Vamos a tu pieza?

– A jugar a la play? -le dije haciéndome el tonto

– No bobo, vos ya sabés… Hacer cosas de novios.

Subimos, prendí la play para que haga ruido y la senté en la cama. Le abrí esas piernitas largas y carnosas que la hacían parecer una nena de 8 o 9. Fui bajándole la bombachita que ya estaba toda húmeda. No sabía que una nena se podía mojar.

Por primera vez sentí el olor de su conchita (el inconfundible olor de conchita infantil) y fue como una droga que me provocó un deseo irresistible de comérsela. La tiré de las piernas y se la empecé a chupar como loco. Brisa pegó un alarido y se tapó la boca con la mano. Qué rico qué tenía la conchita esa nena! Se la estuve chupando un buen rato, lamía sus labios internos y succionaba su clítoris chiquitito. Ella largaba unos juguitos riquísimos.

-Pará que me voy hacer pissss! -me dijo. A mí ya no me importaba si lo hacía pero le hice caso.

Me paré… me saque el short y el boxer de un tirón. No perdí tiempo ni di vueltas: ella estaba mojada y yo con la pija al palo. Apunté la pija a su vagina y con un poco de presión le metí la cabeza.

Ahora podía ver cómo le iba entrando mi pene en su vagina. Sus labios se separaban y se iba tragando mi verga dentro de ella, otra de las imágenes que quedaron grabadas en mi memoria. Brisa estaba ruborizada, sudando por el calor y por tener mi pene adentro de su cuevita. Hubiese querido cogerla así toda la tarde pero la excitante vista que tenía, sumado a sus gemidos tiernos, me hacían imposible contener la eyaculación y después de unos minutos, por segunda vez le llené su conchita con mi leche.

Después del acto nos limpiamos y nos pusimos a jugar a la play de verdad. Al rato mamá se levanta y la llama a Brisa. Le preguntó por qué estaba tan despeinada y transpirada. Ella ni lenta ni tonta le dijo que estuvo jugando a las luchitas conmigo (algo que era habitual) y mamá la mandó a bañarse. Cuando Brisa entró a la bañera, mamá tomó su ropa, se asomó a la puerta y me pidió

-Hijo, poné esto en el lavarropa por favor. -dandome el vestido de Brisa, y su bombacha de princesa húmeda en la entrepierna.

Tragué saliva y se me cruzó pensar si mamá sospecharía algo, pero como siempre me hice el desentendido. Aún con esa duda no iba dejar de hacer el amor con Brisa. Nos queríamos y a los dos nos gustaba hacerlo. Cada día juntos íbamos descubriendo cosas nuevas.

 

Mi tesoro

La primera vez que uno tiene sexo nunca se olvida, al igual que el primer amor. La mía había sido perfecta y mi relación con Brisa era perfecta, nos hacíamos compañía, nos reíamos, jugábamos, hacíamos el amor. No había escena de celos ni reproches de pareja. Era perfecto, era una relación ideal pero no se lo podía contar a nadie por la diferencia de edad.

Cuando le conté a mi mejor amigo Fede que estaba cogiendo con «una chica». Al principio no me creía, me pedía nombre, fotos, su fotolog (era esa época). Yo me hacía el misterioso pero ante su escepticismo, mi orgullo me llevó a mostrarle una foto de mi celu donde se veía mi habitación y parte de la cola de Brisa, con su vagina chorreando semen. Si bien me creyó, aumentó su curiosidad y sus preguntas, pero yo no podía dar más información. Entendí que Brisa era mi tesoro y debía cuidarla a ella y nuestra relación.

 

Cómo cambió nuestra relación

Después de consolidarnos como novios, ella siguió yendo a despertarme casi siempre tocándome la pija, eso le divertía. Pero ahora que había más confianza; la sacaba del boxer, la manoseaba. Un día me despertó de la mejor manera que te pueden despertar en la vida: con una chupada de pija. Para ella era una manera de «molestarme» jaja. No era una experta pero imagínense lo bueno que es despertar sintiendo que te lamen el tronco y la cabeza de la verga. Abrís los ojos y hay una nena hermosa como un ángel lamiéndote el pene y mirando si vos te despertás. Una locura.

Para la noche de navidad, a mi noviecita le regalé una muñeca que ella quería mucho y que sabía que su mamá no iba a comprar (escuché hablar a nuestras mamás de su regalo). La compré con plata de unas changuitas que hacía para mis gastos. Después del brindis fuimos a mi casa a buscarla. Nuestras mamás estaban en su casa tomando champagne y charlando con familiares suyos que habían ido a cenar. Mientras tanto, yo la tenía a Brisa de perrito en mi cama, con su vestidito negro levantado y su bombacha por los tobillos, penetrándola aún con su nuevo juguete en sus manos. Para mí, Ella era mi mejor regalo de Navidad.

Me encantaba cogerla en cuatro, podía ver cómo le entraba y salía por su vagina y también ver su culazo de nena grandota para su edad. La agarraba de las caderas y ahí sí que no le «hacía el amor» sino que me la cogía como su fuera mi putita. No fuerte ni bruto, pero con un ritmo más intenso que cuando hacíamos el amor.

Dos veces intenté hacerle la cola, pero le dolía así que no insistí.

Casi siempre lograba que ella tuviera un orgasmo, aunque algunas veces no. Pero eso sí, ella siempre se iba a casa con mi leche adentro.

Otra anécdota divertida fue una tarde que estábamos en mi habitación jugueteando y ella arrodillada sobre mi cama se asoma por la ventana que da a su patio (mi habitación era un altillo). Yo aproveché, le bajé el shortcito y la bombacha, y se la fui metiendo. En eso su mamá sale al patio a colgar la ropa y Brisa con su espontaneidad de niña la saluda.

– Hola Mamiiii- saludó ella.

Yo del otro lado de la cortina y con la mitad de mi verga dentro de ella, me alerto y dejo de bombear.

– Hola mi vida! Qué hacés ahí arriba?

– Estoy jugando a la play con Lucas (siempre usábamos la misma excusa, si)

-Bueno en un ratito ya vení a casa, si?

-Bueno Mami! – dijo antes que yo se la volviera a hundir.

Después del susto, me dió un poco de morbo la situación, una adrenalina de seguir cogiéndola así, detrás de la cortina a metros de su mamá que estaba tendiendo la ropa lavada y mi mamá en nuestro patio haciendo lo mismo .

 

Un poco de ayuda

Los fines de semana eran de lo mejor. Ella venía a despertarme y casi siempre era darnos sexo oral. Primero ella me la chupaba hasta acabar en su boquita. Solo una vez se tragó mi semen y como no le gustó no quiso repetirlo ni yo le insistí. Nunca obligarla a nada siempre fue clave.

Después recibir sus «besitos» yo le sacaba la bombachita y le comía esa conchita gordita y rosada.

Si había tiempo y ganas hacíamos un «rapidito», el cual casi siempre nos hacía transpirar y ella quedaba despeinada por lo que mamá nos retaba por andar «jugando a las luchas».

 

– Brisa, vos sos una nena, no tenés que jugar de manos. Ahora estás despeinada y sudada. Te vas a tener que bañar. – le decía mi vieja.

 

Una de esas veces me mandó a comprarle bombachitas.

-Anda a la tienda de la avenida y comprá bombachas para Brisa.

– Tengo que ir yo? Me da vergüenza

– Si, anda vos. Vos la hiciste transpirar y yo la tengo que bañar, vestir y peinarla. Compra 3 o 4 así ya quedan acá, que siempre viene con las bombachitas manchadas la nena.

– Y… Pero… Cómo pido? No sé

– Pedile bombacha para nena talle 10.

Me acuerdo que me moría de vergüenza pero la vendedora me atendió re bien. Tengo que decir que me dió un poco de excitación todos los modelitos de bombachas que me mostró. Yo me hice el que me daba igual pero elegí las tres que más me gustaron.

Por estás cosas estoy casi seguro que mi vieja sabía lo que hacíamos, pero no sé por qué no nos detenía. Muchas veces le dí vueltas al asunto. Pero estoy convencido que ella sabía o se imaginaba, porque no era una mujer ingenua como para no sospechar de las señales; las bombachas «manchadas», la transpiración de ambos, el olor a sexo que debíamos tener. Me da cierto morbo pensar que mi vieja permitía a su hijo adolescente desfogarse con su pequeña ahijada de seis años.

Lo mejor es que cada vez nos dejaba más tiempo solos, cuando Brisa venía la mandaba a despertarme y ella salía sola.

El día de los enamorados nos sacó a pasear en una salida que fue bastante romántica al delta de Tigre. Hasta nos hizo subir solos en la Vuelta al Mundo porque a ella le daba vértigo. Brisa y yo aprovechamos para besarnos en la altura viendo el atardecer a la orilla del río. Fue uno de los días más felices de mi vida.

 

Todo lo bueno en algún momento se termina

Brisa empezó la escuela y al verano le quedaba poco. Yo estaba haciendo el curso de ingreso a la Facu y nos veíamos los fines de semana. Para colmo me mandaban un montón de lectura y no le podía dedicar el tiempo que ella se merecía. Igual cuando podíamos pasábamos tiempo dándonos cariño de todo tipo, pero el sexo fue mermando. Ni siquiera recuerdo claramente cuál fue la última vez que lo hicimos.

Conseguí trabajo para costear mis estudios, no quería ser más carga para mí vieja, y esa rutina me consumió todo el tiempo. A Brisa la veía cada vez menos, y tengan en cuenta que a su edad no tenía teléfono, mucho menos redes sociales, ni siquiera existía WhatsApp.

Con el paso de los meses nuestro vínculo volvió a ser como el de un hermano y su hermanita… con juegos, cariño y haciéndonos bromas, comiendo juntos, paseando… Pero sin sexo ni besos en la boca.

Pasaron los años, yo me mudé, me puse de novio. La veía muy poco, algunas veces cuando volvía a mi barrio. Nunca hablamos de lo que hicimos ese verano pero en alguna cena con nuestras madres, Brisa mencionó como un recuerdo divertido: «Te acordás cuando nos pasábamos toda la tarde jugando a la play y viendo pelis… Y que jugábamos a las peleas?»

Nunca hubo un reproche ni un reclamo por parte de ella. Al día de hoy nos vemos algunas veces. Muy poco, pero mantenemos buen trato.

Actualmente está estudiando y sigue siendo esa chica tranquila e inteligente y de buen corazón. Nunca le conocí un novio.

Espero que tenga una buena vida y que tenga el mismo recuerdo grato que tengo yo de ella.

39 Lecturas/31 enero, 2026/0 Comentarios/por sexcolector
Etiquetas: amigos, gay, hermanita, hermano, hermanos, mayor, navidad, sexo
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