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Incestos en Familia, Intercambios / Trios

Mi sobrino se queda el fin de semana con nosotros

Un sobrino caliente y un unos tíos morbosos disfrutan del fin de semana .
La casa estaba en silencio, solo se escuchaba el leve tintineo de los cubiertos mientras cenaban. Laura, de treinta y ocho años, seguía siendo una mujer que hacía girar cabezas: tetas grandes y firmes (36D), cintura estrecha, caderas anchas y un culo redondo, jugoso y perfectamente moldeado que se movía con cada paso. Su sobrino Diego, de apenas 18 años recién cumplidos, se había quedado el fin de semana porque su madre tenía un viaje de trabajo urgente. El chico era alto, de cuerpo atlético por el fútbol del colegio, con esa mirada inocente pero hambrienta que delataba lo poco que había experimentado todavía.
Desde el momento en que llegó el viernes por la noche, Juan, el marido de Laura, notó cómo los ojos de Diego se clavaban sin disimulo en el escote profundo de su tía. Cada vez que Laura se inclinaba para servir la cena, las tetas suaves y bronceadas casi se salían de la blusa, y Diego no podía apartar la vista. Cuando ella caminaba hacia la cocina, la mirada del chico bajaba directo a sus nalgas, marcadas perfectamente por los jeans ajustados que dejaban ver hasta la línea de la tanga. Juan sintió cómo su propia polla se endurecía solo de ver el deseo crudo en los ojos de su sobrino de 18 años.
Esa misma noche, después de que Diego se fuera a la habitación de invitados, Juan cerró la puerta del dormitorio y empujó a Laura contra la cama. Le subió la falda hasta la cintura y le metió dos dedos de golpe en el coño, que ya estaba completamente empapado.
—Ese cabrón de 18 años no te quitó los ojos de encima en toda la cena —gruñó mientras le follaba el coño con los dedos—. Cada vez que te agachabas, se le iban las pupilas directo a tus tetas. Y cuando te diste la vuelta… joder, Laura, le miraba el culo como si quisiera clavarte la verga ahí mismo.
Laura jadeó y trató de negarlo, pero su coño se contrajo con fuerza alrededor de los dedos de su marido.
—Juan… deja de decir tonterías… es solo un niño de 18 años…
Pero Juan no paró. Le abrió más las piernas y empezó a follarla lento y profundo, rozándole el clítoris hinchado con cada embestida.
—¿Un niño? Vi cómo se le marcaba la verga dura en el pantalón cuando te sentaste frente a él. Seguro ya se está pajeando en la habitación de invitados, imaginando cómo te abriría las piernas y te lamería ese coño jugoso hasta que grites.
Laura gimió más fuerte, sus pezones duros como piedras.
—Para… no digas eso…
Juan aceleró el ritmo, follándola con más fuerza.
—¿No te calienta saber que tu sobrino de 18 años se muere por follarte? ¿Que probablemente se está corriendo ahora mismo pensando en comerte el coño y en meterte toda su verga joven?
Laura ya no pudo resistirse. Su cara se enrojeció y sus tetas rebotaban con cada golpe de cadera de su marido.
—Sí… joder, sí… me calienta —confesó entre gemidos entrecortados—. Me gusta que me mire… me pone muy cachonda saber que quiere metérmela…
Juan sonrió con triunfo y le pellizcó un pezón con fuerza.
—Pues mañana vas a seguirle el juego, mi puta.
Laura explotó en un orgasmo brutal, apretando la polla de Juan mientras gritaba ahogado contra la almohada, el cuerpo temblando de placer prohibido.
Al día siguiente, Laura obedeció al pie de la letra. Pasó todo el día por la casa con shorts cortísimos de lycra que se le clavaban entre las nalgas y blusas ajustadas sin sostén, marcando claramente sus tetas grandes y los pezones que se transparentaban. Cada vez que se agachaba a recoger algo, Diego se quedaba congelado mirando cómo se le salía casi todo el culo. Juan solo observaba y sonreía.
Por la noche, Juan le susurró a su mujer al oído:
—Ponte solo esa camisa blanca de botones que apenas te tapa el culo. Nada más… pero déjate puesta esa tanguita negra que te compraste la semana pasada.
Laura obedeció. La camisa blanca de botones le llegaba justo debajo de las nalgas. Debajo solo llevaba una delicada tanga negra de encaje, tan fina que apenas cubría su coño depilado. Cuando se movía, la tela se le hundía entre los labios mayores, marcando claramente su rajita. Si se inclinaba un poco, la camisa se levantaba y se le veía todo: la tanga negra desapareciendo entre sus nalgas redondas, el coño completamente depilado con los labios mayores hinchados y ya brillosos de excitación asomando por los lados de la tela.
Se sentaron los tres en el sofá grande: Laura en medio. Juan puso una película erótica con temática de tríos, donde una mujer era devorada por dos hombres sin piedad. A los pocos minutos, Juan empezó a besar a su mujer delante de Diego. Le metió la lengua hasta la garganta mientras le desabrochaba los primeros botones de la camisa. Sus tetas grandes y pesadas saltaron libres, con los pezones duros y oscuros. Con una mano le apretó una teta, amasándola con fuerza y pellizcándole el pezón. Con la otra le acariciaba el muslo interno, subiendo lento hasta rozar la tanga negra ya empapada.
Diego estaba tieso en el sofá, respirando agitado, la polla marcándosele claramente en el pantalón de chándal. Sus ojos no se apartaban de la tanguita negra que apenas cubría el coño de su tía.
Juan lo miró de reojo y le guiñó un ojo con complicidad. Luego, sin decir una palabra, agarró la mano temblorosa del sobrino de 18 años y la puso directamente sobre el otro muslo desnudo de Laura, muy cerca de la tanga.
Laura soltó un gemido largo y profundo. Abrió las piernas despacio, como una invitación explícita. Los dos hombres empezaron a acariciarle los muslos al mismo tiempo: Juan subiendo hasta rozar la tela de la tanga con los dedos, sintiendo lo mojada que estaba. Diego temblando pero siguiendo el ejemplo, rozando con las yemas de los dedos los labios hinchados que se escapaban por los lados de la fina tela negra.
—Así, Diego… tócala —susurró Juan con voz ronca—. Tu tía está ardiendo por ti.
Laura echó la cabeza hacia atrás, gimiendo sin ninguna vergüenza.
—Dios… sí… tócame, Diego… tócame tú también, mi amor…
Diego se atrevió más. Sus dedos jóvenes apartaron la tanga a un lado y encontraron el clítoris hinchado y resbaladizo. Lo frotó en círculos torpes pero ansiosos, mientras Juan le metía dos dedos bien profundo en el coño, follándola con ellos. Laura empezó a mover las caderas, follándose las manos de su marido y de su sobrino de 18 años, la tanga negra completamente corrida a un lado y empapada.
Juan le abrió completamente la camisa. Las tetas de Laura quedaron totalmente expuestas. Se inclinó y le chupó un pezón con fuerza, mordisqueándolo. Diego, hipnotizado, hizo lo mismo con el otro: chupó y lamió el pezón de su tía como si llevara meses soñando con ello. Dos bocas devorando sus tetas grandes al mismo tiempo. Laura gritaba de placer puro.
—Quiero ver cómo te la come —le ordenó Juan a su sobrino.
Diego se arrodilló entre las piernas abiertas de su tía. Le separó los muslos con manos temblorosas y le quitó la tanga negra de un tirón, dejándola completamente desnuda de la cintura para abajo. Hundió la cara en ese coño jugoso, caliente y empapado. Lamió con hambre, metiendo la lengua dentro, chupándole el clítoris con desesperación. Laura le agarró la cabeza con ambas manos y se restregó contra su boca joven.
—Méteme la lengua… así… chúpame el coño, Diego… joder, qué rico lo haces para tener solo 18 años…
Juan se sacó la polla dura y gruesa y se la metió a Laura en la boca hasta el fondo. Ella la chupó con desesperación, gimiendo alrededor de la verga de su marido mientras su sobrino de 18 años la devoraba abajo. El sonido húmedo y obsceno de la lengua de Diego chapoteando en su coño mojado llenaba toda la sala.
Después de hacerla correrse dos veces con la boca, Juan la puso a cuatro patas en el sofá. Le abrió las nalgas con ambas manos y le escupió directamente en el culo. La tanga negra seguía tirada en el piso, olvidada.
—Ahora vas a sentir las dos vergas, mi puta.
Diego se colocó detrás de su tía, la polla joven y dura palpitando. Le metió la verga de un solo empujón lento pero profundo en el coño empapado. Laura gritó de placer. Juan se arrodilló frente a ella y le metió su polla gruesa en la boca hasta la garganta.
Los dos la follaron al mismo tiempo: Diego dándole embestidas fuertes y rápidas en el coño, agarrándole las caderas con fuerza, mientras Juan le follaba la boca sin piedad, apretándole las tetas que colgaban y rebotaban.
—Cambiemos —dijo Juan con voz ronca.
Pusieron a Laura encima de Diego. El sobrino de 18 años la penetró profundo mientras ella cabalgaba como una loca, sus tetas grandes rebotando en la cara del chico. Juan se colocó atrás, le escupió en el culo y empezó a metérsela por el ano, despacio al principio, abriéndola poco a poco, luego más duro. Doble penetración completa. Laura se volvió completamente loca de placer.
—¡Sí! ¡Fóllenme los dos! ¡Llenen a su puta! ¡Quiero sus vergas adentro al mismo tiempo!
Los dos hombres la follaban sin piedad: una polla joven y dura en el coño, otra gruesa y experimentada en el culo, chocando dentro de ella con cada embestida. Laura tuvo un orgasmo tan intenso que soltó un chorro caliente de squirt que empapó el sofá y las pelotas de Diego.
Juan fue el primero en correrse. Le sacó la polla del culo y le descargó varios chorros espesos y calientes sobre la espalda y las nalgas redondas de su mujer. Diego no aguantó más: levantó un poco a su tía y le llenó el coño hasta el fondo con su semen joven y abundante, empujando con fuerza mientras gemía contra su cuello, vaciándose completamente dentro de ella.
Los tres quedaron tirados en el sofá, sudados, jadeando y temblando. El coño de Laura chorreaba semen espeso del sobrino de 18 años, mientras su culo brillaba con el de su marido. La tanga negra de encaje yacía olvidada en el suelo, empapada de sus jugos.
Juan sonrió satisfecho y le acarició el pelo a su mujer.
—Este fin de semana recién empieza, mi amor… y Diego se queda hasta el domingo por la noche.
Laura, aún con la respiración agitada y el cuerpo lleno de semen, solo sonrió con lujuria y lamió un poco de la leche que le había caído en una de sus tetas.
—Que nos folle las veces que quiera… los dos. Quiero sentir esa verga de 18 años otra vez.

4 Lecturas/11 abril, 2026/0 Comentarios/por Premium
Etiquetas: colegio, culo, madre, mayores, orgasmo, semen, sobrino, viaje
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