Mirando a mi papá.
Mi papá viudo siempre llevaba sus conquistas a casa..
Hoy soy una vieja; lo que sigue empezó cuando yo tenía 14.
A esa edad vi por primera vez a mi papá teniendo sexo con una mujer en la cama de él. A esa vez le siguieron varias más, tantas que a menudo me preguntaba a mí misma como podía mi papá ser tan descuidado que no cerraba su puerta y estaba siempre entreabierta. ¿La dejaría de exprofeso?
Cuando yo tenía 18, llevó una «pareja» hasta menor que yo. Eso me hizo cambiar el modo de ver a mi papá. He de reconocer que mientras lo miraba siempre me masturbaba, sólo que esa vez me masturbé pensando que mi padre me penetraba a mí. Hasta podía sentir en mi cuquita y en mi «patio trasero», sus embestidas masculinas. Hasta sentí ganas de entrar y unirme a la acción. Ver el tremendo cipote de mi viejo entrar en el chiquito de una pendeja hasta menor que yo, me llenaba de envidia, rabia, deseo, etc. Estaba yo muy posecionada cuando en mi segunda paja la pendeja pegó un grito escandalizada porque me vio en el vano de la puerta entreabierta pajeándome. Yo me fui muerta de vergüenza, ellos discutieron por una media hora y el resultado final fue el de la pendeja yéndose, por lo que ni terminaron de cojer, ni yo terminé mi segunda paja de la noche. Cuando escuché que la pequeña bruja se fue una idea me iluminó la vida, empecé a llorar de modo tal que mi papá me escuchase y venga a consolarme. Ni dos minutos habían pasado cuando golpeó muy quedito mi puerta.
-Andate…! Quiero estar sola.
-Dina… por favor… Dejame entrar…
-Andate! Llamá alguna puta que te consuele. (Yo seguía fingiendo mi enojo, pero hasta ahí nomás, no sea que se fuera y tuviese yo que ir a rogarle).
-Voy a entrar hijita.
-Hacé lo que quieras.
…y entró. Parecía un pajarito mojado.
-Perdón Dina! ¿Me perdonás?
Entonces acarició mi cuello. Tomó mi mano izquierda y la besó con mucho cuidado, mientras acariciaba mi antebrazo. Empecé a llorar nuevamente y se recostó a mi lado, lo abracé y me acurruqué debajo de su mentón, yo tenía puesto un pijamas muy leve sin sostén ni braga, él acariciaba mi espalda pero muy paternalmente, por lo que yo empecé a juguetear con los pelos de su pecho, cuando él me atrajo con su brazo en mi espalda, apiyé mis tetas duras descaradamente contra su cuerpo, pegándome con mi cosita a su bulto. La respuesta no fue inmediata pero tampoco se hizo rogar, sentí que se le paraba y posicioné mi cabeza de modo que le sugiriera qué quería que me bese. No lo hizo, el muy hijo de puta y yo estaba que ardía de calentura. Sin poderme contener, lo puse bocarriba y lo monté luego de quitar la sábana, para tomar la iniciativa y besarlo de forma muy pero muy putarraca. Ahora sí reaccionó. Rompió la parte superior de mi pijamas para liberar mis tetas y empezar a chuparlas desaforadamente, me dijo:
– Hijita no aguanto más… quiero cojerte.
-Cojeme! Cojeme papito que yo también quiero que me cojas toda… toda… toda!
Después vinieron otras actividades que próximamente relataré.



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