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Fantasías / Parodias, Incestos en Familia, Intercambios / Trios

Mis hijas gemelas (PARTE 2)

….
El día que decidí que era el momento de que Fer, mi novio, cumpla la segunda parte de nuestro juego con las gemelas, fue el 14 de febrero. El regalo perfecto de San Valentín.

Ese día empezó temprano. Lleve a las nenas a la colonia del club del que somos socios para que estuvieran unas horas con sus amiguitas, y luego las pase a buscar temprano para un medio día de compras con mamá. Me compré lencería para mí y encontré unas cosas deliciosas para ellas.

Después de almorzar, fuimos las tres a la peluquería. Yo me hice de todo, desde pelo, uñas, cejas y depilación, y a ellas pedí que le dejaran el pelo impecable, así como que le pintaran las uñitas de los pies y las manos de un color rojo. Como las de mamá.

Estaban hermosas las dos con su pelo largo y brillante. A Fer le encanta el pelo largo y oscuro de las nenas.

Cuando llegamos a casa son como las seis de la tarde y teníamos que estar listas las tres para las nueve de la noche, que es cuando Fer nos va a pasar a buscar para llevarnos a cenar y celebrar.

Él después del trabajo fue a casa de sus padres a dejarle un regalo a mi suegra, así que ya venía bañado y listo de allá.

Me bañé junto con las nenas. Desde el día de nuestro juego, en la pileta, lo hacíamos juntas. A veces los cuatro como familia, que es cuando Fer aprovechaba para chuparle sus conchitas, meterles algún dedo en su hoyito que ya estaban acostumbrándose a ser usados, y lamerles el ano. O a veces las sentábamos en la bañera para ver como su papi me cogía contra la pared así aprendían lo que era el sexo.

A ellas les encantaba vernos, y hasta ahora, no habían contado a nadie nuestro secreto.

Al bañarme con ellas, sentían curiosidad por mi cuerpo, por eso mientras yo las enjabonaba ellas me tocaban las tetas, jugaban con mis pezones o me tocaban la concha. Muchas veces Mila se agachaba para chupármela a su manera y eso me volvía loca. Me calentaba tanto que agarraba la mano de cualquiera de las dos y me la metía completa en la concha, pajeándome.

Ellas se reían inocente. Además, les gustaba cuando “mamá se hace pis” y en realidad es cuando tengo orgasmos muy fuertes y me provocaba algún squirt.

Después de bañarnos, las arregle primero a ellas y después a mí. A las dos, primero les puse crema por todo el cuerpo, les sequé el pelo y les hice ondas con la mitad del pelo atado por una cinta en forma de moño en color rojo. Luego les puse la parte más divertida.

Una tanguita roja.

No sé cómo, pero la vendedora del local de lencería me consiguió las tangas más chiquitas que tenía. Eran rojas, muy básicas de algodón, pero a las nenas les quedaba espectacular. Se les metía tan profundo en el orto que no pude evitar pasarle un dedo por la raya y jugar con sus anos.

-Mami, nunca usamos esto. -me dice Mia, mirándose en el gran espejo de mi habitación.

-No mi amor, pero como hoy quiero que estén combinadas con mami, y para darle una sorpresa a papi, la van a usar. ¿No les gusta?

– ¡A mí sí! -grito Mila, excitada saltando de arriba abajo en frente del espejo. Posaba y se miraba, sacando el culito y abriéndose los cachetes del orto.

Me reí. Es tan puta como su madre.

– ¿A vos no, Mia? -le pregunté.

Ella se encoge de hombre. -No sé… es incómodo, se me mete en el culito.

-Ya sé, pero ya te vas a acostumbrar. Además, ¿no querés hacer feliz a papi?

Se le iluminan los ojos cuando le pregunto eso. -Si, mami.

-Bueno, por eso tenés que usarla.

Yo por otro lado, me pongo una tanga negra de encaje, junto a un corpiño a juego. A las nenas les pongo un vestido hasta arriba de la rodilla con vuelo de color negro y unos zapatitos rojos de charol. Están elegantes, finas y delicadas como las nenas de papá y mamá que son. Nadie sospecharía al verlas, que son hijas de dos generados que esta noche van a cogérselas.

Yo me pongo un vestido muy corto rojo pegado al cuerpo que resalta mis curvas y unos tacos altos negros. Las nenas tienen pequeños bolsos que solo tienen adentro un labial de juguete, y yo llevo un bolso más grande sobre el hombro. Me arreglo el pelo también con ondas y un maquillaje simple, pero resaltando mis labios con un color rojo como mi vestido, y ya estamos listas.

Fer nos viene a buscar a las nueve en punto. Está impecable con un conjunto de camisa y pantalón de lino que le queda al cuerpo y lo hace ver sexy. Dios, como me calienta.

Él debe pensar lo mismo de mí… o de nosotras, porque al vernos, se le oscurece los ojos.

Las gemelas salen corriendo a los gritos cuando lo ven y se le tiran encima. Él las toma en sus brazos a las dos y les llena la cara de besos, incluido los labios. Ellas felices, se dejan besar. Mila es la que más se deja besar, hasta saca la lengua y le lame los labios a su papi. Fer se ríe.

-Cuidado, no se ensucien ni se despeinen. -trato de ser la mamá responsable por un momento. Fer con una sonrisa y las nenas todavía en sus brazos, se acerca a mí y me come la boca. – ¡Pará, el labial!

-Que importa si igual te lo voy a sacar. Estás hermosa, amor.

– ¡¿Y yo papi?! -grita Mia.

-Todas están hermosa. Me dan ganas de que nos quedemos…

– ¡No! -me niego, aunque me encantaría porque lo he fantaseado toda la semana, también quiero que salgamos a cenar esta noche. -Ni se te ocurra, nos arregle así para ir y pasar una linda noche.

-Arriba también vamos a pasar una linda noche. -dice esto mientras me mete la mano por debajo del vestido. -Uf, ¿no tenés nada?

-Te encantaría, pero tengo tanga.

– ¿Y ellas?

-Adivina. -le sonrío, picara.

Él me mira con curiosidad y mira a las nenas y sus vestidos. Yo le saco a Mila para tenerla en mis brazos y empezar a caminar hasta la camioneta porque si llega a ver lo que tienen las nenas debajo, no habrá cena afuera esta noche.

-Dejame ver.

-No, vamos a cenar. Llegamos tarde… ya después te vas a comer el postre.

Se queja, pero me sigue hasta la camioneta donde pongo a las nenas en sus sillitas atrás y los dos nos sentamos adelante. Vamos todo el camino hasta Roldán, un restaurante al que nos gusta ir mucho, hablando de cosas banales que nada tienen que ver con las imágenes morbosas y perversas que sé que él y yo estamos pensando para el final de la noche.

En unos de los semáforos cuando estamos cerca de llegar al restaurante, miro hacia atrás a las nenas que están hablando y jugando entre ellas. Amo ver la complicidad que tienen como hermanas y como solo con mirarse se ríen o se entienden.

-Niñas, porque no abren sus piernitas y le muestran a papi lo que su mamá les compro hoy para que se pongan.

Mila es la primera que abre las piernas mientras se ríe. El vestido se le sube y se ve como la tela roja de algodón y fina, cubre su conchita. Los labios gorditos de su concha de nena atrapan la tela de la tanga como queriendo comérsela. Luego Mia también abre sus piernas y es la misma imagen.

Fer respira con fuerza y alterna su mirada entre el espejo retrovisor para ver a las gemelas, y en mí.

– ¿Qué es eso?

– ¿El que?

– ¿Qué les compraste para que se pongan?

– ¿No te das cuenta? -niega. -Bueno, más tarde lo verás.

No decimos más nada, simplemente le como la boca con deseo y le acaricio la pija por arriba del pantalón. La tiene durísima, eso me encanta.

Llegamos al restaurante que está llenísimo. Por la fecha todas las parejas salieron a cenar, muy pocas familias y nosotros somos una de ellas. Nos dan nuestra mesa reservada y nos ubicamos los cuatro.

La noche pasa amena. Comemos rico, nos reímos y es simplemente un ambiente familiar. Las nenas comen de todo y son las únicas en pedir postre porque Fer y yo estamos muy llenos así que solo pedimos un café.

Cuando las gemelas están comiendo su brownie con helado (demasiada azúcar, no habrá manera de dormirlas esta noche), me acerco al oído de Fer que está sentado a mi lado.

-Muchas gracias por esta cena, mi amor.

-De nada, amor. Espero que la hayan pasado bien.

-Seguro, miralas. Les encanta. -los dos miramos a las gemelas. -Mira como chupan la cuchara con el helado… es así como te van a chupar la verga a vos cuando lleguemos a casa. ¿Lo imaginas?

Fer me mira. Es increíble lo rápido que se le oscurecen los ojos cuando se excita. -Vas a hacer que se me pare la verga.

– ¿Qué tiene de malo?

-Acá no.

Y obviamente que no me importa lo que diga.

Me vuelvo a acercar a su oído y le susurro lo que no quiere escuchar ahora, pero que sé que le encanta

-Imagina cuando lleguemos a casa y yo te entregue a mis hijas. Vas a ser libre de hacerles lo que quieras, lo que tanto quisiste. Las vas a coger como sé que tanto fantaseaste… Mila se muere por sentir la verga dura y grande de su papi dentro de ella. Lo sé… mira la forma en la que te mira. Le encanta cuando le metes la verga hasta la garganta y se le ponen los ojitos llorosos. Y a Mia, le gusta cuando le chupas el culito y le metes la lengua. Como se lo chupas por dentro… no lo va a decir por qué es tan tímida mi bebé, pero le encanta sentir la lengua de su papi limpiándole el ano. Y a vos te encanta el sabor de mis hijitas, ¿no? Te encanta chuparles la concha, sus tetitas y los pies. Lo hiciste el otro día con Mila. Como le comías los deditos y te pajeabas… después se los llenaste de leche he hiciste que Mia se los lamiera. Que rico eso. Te vi, me pajeé después. Me muero por ver hoy como te las coges. Quiero que lo hagas rudo, que le rompas la concha… que tu verga se les marque en su pancita. Que las violes.

-Basta, nos vamos.

La manera en la que pagó la cuenta, dejó la propina y prácticamente nos arrastró a las nenas y a mí fuera del restaurante me hizo reír.

En la camioneta solo se escuchaba la radio. Las nenas dormían atrás, yo solo pensaba en lo que iba a pasar cuando llegáramos, y mi novio miraba concentrado al frente con la mandíbula apretada y la verga durísima. Se le marcaba tanto en el pantalón que me daban ganas de chupársela.

– ¿Fer?

-Milena, cuidado con lo que me vas a decir por qué estoy a un segundo de explotar en leche.

Largue una carcajada.

-Y bueno, hacelo. Pero acábame en la garganta. ¿Querés?

– ¿Me la querés chupar?

-Siempre, mi amor. Además, así vas a aguantar más para cogerte a tus hijitas.

Me saque el cinturón de seguridad y me arrodille sobre el asiento, poniendo el culo al aire sabiendo que se me veía todo el orto y la tanga metida a cualquiera que pasara. Me calentaba mucho pensar en que alguien podría vernos. Mami chupándole la verga a papi mientras las hijitas duermen en el mismo auto. Delicioso.

Le bajé un poco el pantalón a Fer con su ayuda, y su pija me salto en la cara. Tan dura, gruesa y venosa. Se notaba lo caliente que estaba. Se me hace agua la boca.

Se la lamo y le doy besos. La huelo, la respiro y me la paso por toda la cara y los labios. Amo la verga de mi novio. Me la meto a la boca hasta la garganta. Sé que él intenta no agarrarme la cabeza para que yo vaya a mi ritmo y lo hago. Sé que le gusta que me ahogue y lo lleve hasta al fondo y lo hago.

-Dios, Mile, no voy a durar mucho.

-Si mi amor, dame la lechita. La quiero en la garganta, dale.

-Que hija de puta.

Tres chorros directos en mi garganta y me lo trago como el mejor de los néctares.

– ¿Mami? ¿Llegamos? -esa es Mia.

Me limpio la boca, y me incorporo para mirarla.

-Hola, mi amor, si ya estamos cerca. No te duermas que papi te tiene un regalo en casa que tenés que ver. Despertá a tu hermana.

Cuando llegamos, las gemelas ya no tienen ni un gramo de sueño en sus cuerpos y por toda la azúcar que consumieron, están saltando como locas por todo el living.

-Ay por favor, cálmense. -les digo, pero me rio de verlas tan extasiadas.

– ¡¿Dónde está el regalo que nos compraste, papi?! -grita Mila.

Fer la mira. – ¿Que me das a cambio del regalo?

– ¡Papi! -ella grita y se ríe. – ¡Dale, el regalo!

-Ah no, papi quiere algo a cambio por el regalo. -Fer las corretea y ellas se mueren de risa.

Con ese jueguito, logramos llevarlas al baño y lavarles los dientes. Después Fer les dice que vayan a nuestra habitación mientras él y yo también nos lavamos los dientes y nos toqueteamos en el baño. No podemos dejar de tocarnos, estamos muy caliente y sé que es por todo el morbo que nos provoca toda esta situación incestuosa y prohibida con las gemelas.

Después del primer episodio de la pileta, estamos más calientes que nunca. Podemos llegar a coger hasta cuatro veces en una noche. Es una locura, el mejor momento de nuestra relación.

Vamos hasta nuestra habitación, las gemelas están saltando sobre nuestra cama. Por hoy las dejamos.

Fer empieza a sacarse la ropa. Yo hago lo mismo. Cuando él ve mi conjunto de lencería, silva.

-Wow, mami. Que hermosa estas. -me agarra de la cintura y me besa, agarrándome el culo. Las gemelas empiezan a gritar y a reírse.

– ¡Papi, yo quiero besos también! -dice Mila.

-Bueno, para tener besos de papi, van a tener que enseñarle también que tienen ustedes debajo del vestido.

Mila, como es sabido, es la más puta de las dos, así que ella es la primera en levantarse el vestido.

– ¡Mira papi!

– ¡Yo también tengo! -Mia la sigue.

Las dos levantando sus vestidos, se ve la tanguita roja tan chiquita. Yo lo miro a Fer que ahora está serio y sorprendido mirando lo que sus hijas le muestran. Yo me acerco para ayudar a las nenas a sacarse los vestidos. Ahora las dos quedan solo con la tanguita. Agarro a Mia y la pongo en el piso para que gire y le muestre bien a su papi como le queda la tanguita desde atrás.

– ¿Le compraste a las nenas, tangas?

Me rio. -Las más chiquitas que había. ¿Te gustan?

– ¡Papi, mira!

Mila se había bajado de la cama, y se acerca a nosotros, poniéndose de espaldas y abriéndose los cachetes del orto con las manitas. Flexiona un poco las rodillas así que se le ve todo abierto y como el hilo de la tanga se apoya en su ano rosadito.

La verga de Fer vuelve a estar muy dura con eso.

-Dios mío. -él suspira con fuerza. -Por Dios, Milena, me vas a matar.

-Yo no, tus hijas.

Él me mira. -Esto es un puto sueño, y no me quiero despertar nunca.

Me rio. -Entonces, nenas, vamos a darle a papi su regalo de San Valentín. ¿Quién quiere ir primero?

– ¡Yo! – ¿pueden adivinar quien es esa?

Fer toma a Mila en sus brazos, le hace cosquillas, le besa toda la cara, el cuello, las tetitas y le hace ruidos en la panza con la boca cuando la apoya en la cama. Yo mientras, tomo a Mia también en brazos y la beso con ternura.

Me siento con ella a un costado de la cama, sus piernitas abiertas mirando todo lo que su papi le hace a su hermanita que a ella le va a tocar después. Para prepararla, le corro la tanguita, y empiezo a tocarle con suavidad la conchita deliciosa y tierna.

Por el otro lado, Fer está con Mila besándose como si fueran una pareja de adultos y no un tipo de treinta y cinco años con una nena de cinco. Mila es tan puta a su edad, que se entrega a su papi con pasión. Fer la acuesta boca abajo y le corre la tanga para comerle todo el orto. Con su lengua, la lame desde el ano hasta la conchita desde atrás. Ella respira con fuerza y se retuerce. Le encanta a la muy trola.

Fer la tomo de las caderas y la pone en cuatro, todo el tiempo dejándole la tanguita puesta.

-Le voy a hacer el orto, ¿me dejas? -me pregunta a mí.

-Es toda tuya, pero recuerda que solo tiene cinco años.

-Le va a encantar. Es tan puta como su madre.

Vuelve a enterrar la cabeza en el culito de su hija. Es tan chiquita Mila delante de él. La mueve como si no pesara nada y ella se deja hacer todo. Su cuerpito delicioso se sacude con placer a las lamidas de orto que le da su papi. Fer le escupe el ano y vuelve a lamérselo. Luego, con mucho cuidado, le introduce un dedo. El meñique. Ella se remueve inquieta, pero él no la deja ir.

Saca el meñique y ahora le mete el índice. Más grueso y largo, ella intenta alejarse. Él la sostiene con una mano, y con la otra sigue cogiéndole el culo con el dedo.

-Te voy a romper el orto, Mila. Tu mami dice que recuerde que tenés cinco años, pero un ano como este no parece de una puta niña de cinco años. Que ano hermoso que tenés, hija.

– ¿Papi, me va a doler?

-Te va a encantar. Tráela a Mia, amor. Que me chupe la pija mientras le preparo el culo a su hermanita.

Mia entiende lo que dice su papi, porque sola va y se arrodilla sobre la cama a la altura de la verga dura de Fer. La agarra con sus manitas de nena y se la mete a la boca. Todavía no entiende muy bien como se hace, Mila es mejor chupándola que ella, pero ya va a aprender.

Mia se la chupa a su papi como puede. Es un juego para ella que otra cosa, pero la mantiene dura y babosa, y eso a Fer le encanta.

Con el culito de Mila ya preparado, Fer toma a Mia de la carita, le come la boca y le agradece por humedecerle la chota. Le pide que le escupa en el culito a su hermanita y ella lo hace, riéndose. Le parece gracioso. A mí toda la situación me tiene masturbándome con un vibrador.

Voy por el tercer orgasmo, por cierto.

Cuando Fer se agarra la verga y comienza a frotarla por toda la raya del culito de Mila, temo por la vida de esa niña. La puede desgarrar, pero la imagen de eso pasando, me provoca otro orgasmo.

-Mia, vení. Chúpale la concha a mami. -pongo a que Mia se tome todos mis jugos.

Fer apunta al ano de su hijita de cinco años. Mila parece entender lo que está por pasar porque se queda tranquilita en la cama esperando a que su papi haga lo que quiera con su cuerpo.

-Te va a encantar esto, mi bebé. -la verga de mi novio entra con cuidado en el ano de Mila. Dulce y despacio, para mi sorpresa entra hasta la mitad. Los ojos de mi novio se ponen en blanco y le tiembla todo el cuerpo. – ¡La puta madre!

– ¿Qué pasa, papi? -ella pregunta, dando vuelta la cabeza. Quiere ver lo que está pasando.

-Nada mi amor, es que papi está muy feliz ahora.

– ¿Por mí, papi?

-Por Dios, si hija. Por vos, por tu hermanita, por tu mami. Voy a morir de felicidad. -le besa la espalda y con mucha delicadeza, comienza un entrar y salir del culo de Mila. -Milena, no tenés idea de lo que es esto. Voy a morir de placer, tengo los huevos durísimos.

– ¿Te gusta, mi amor?

-Es una puta locura. Es el mejor culo que probé en mi vida. -no voy a ponerme celosa. -Dios!

Ya no tiene delicadeza, se la mete con fuerza. Mila gime no sé si de placer o dolor, pero tampoco intenta alejarse. Él se la coge y le dice lo hermosa, buena y la perfecta hija que es. A ella le encanta eso.

– ¿Te gusta lo que papi te hace, Mila? -le pregunto mientras su hermanita sigue lamiéndome la concha como un gatito.

-Si mami.

– ¿Qué te está haciendo, papi?

-Me está metiendo la verga en mi culito… eso hace.

-Uf, si pendeja, te voy a llenar el culo de leche, Mila. Sos hermosa hija, papi te ama. Ama hacerte todo el orto.

-Te amo, papi. -ella le contesta, feliz.

Fer le llena el culo de leche y otro poco sobre las nalgas. No deja que se mueva, captura el momento con un video. Graba como la leche sale del ano rojo y abierto de una nena de cinco años a la que se supone que tenemos que proteger. Después me pide a mí, que se lo limpie.

-Comete mi leche desde el culo roto de tu hijita, dale.

Lo hago. Lamo la leche de sus nalgas y luego le meto la lengua en el ano. Se siente lo abierto que lo tiene, es hermoso de ver. Su ano por lo general rosadito, ahora está rojo y muy maltratado. Ojalá su papi siga abriéndoselo más al punto de que le meta toda la mano.

Para recuperarse, Fer baja a buscar agua y juguito de manzana para las nenas. Más azúcar y más a esta hora, pero no diré nada por la situación.

Mila está soñolienta después de lo que pasó así que la tomo en mis brazos y la acurruco, las dos acostadas sobre la cama mientras que Fer ahora tiene en sus brazos a Mia que no para de hablar.

De hablar y hacerles preguntas de sexo anal.

– ¿También le vas a hacer el orto? -le pregunto.

-No, a ella le voy a romper la concha. Y la próxima vez, al revés.

Me encanta. Me encanta que ya estemos pensando en la próxima vez.

Vuelvo a agarrar mi vibrador cuando veo como Fer toma a Mia y la acuesta sobre su pecho, cerca de su corazón. Como protegiéndola de todo lo malo del mundo, de los de afuera.

Agarra su verga, y comienza a frotarla en la conchita de nuestra nena. Ella tiene las piernitas abiertas sobre él, acostada como una ranita se acomoda en su pecho como si se fuera a dormir, se siente protegida. Tiene hasta los ojitos cerrados mientras su papi sigue frotándole su verga dura y grande en su rajita.

– ¿Te la vas a coger dormida? -le pregunto.

– ¿Esta dormida? -asiento. -Mejor, así no le duele cuando la haga sangrar.

Solo sus palabras, son suficientes para que tenga un orgasmo. El quinto de la noche, por cierto.

Primero le mete la punta en su hoyito, delicado, tranquilo. La mete y la saca. Mia no parece sentir nada. Empieza a metérsela con más ímpetu centímetro a centímetro. La nena se remueve, pero parece estar mucho más dormida. No pensé que fuera a dormirse esta noche después de toda esa azúcar, pero supongo que los brazos de papi son muy relajantes.

Pasa lo mismo que con su hermana, Fer solo puede meterla la verga hasta la mitad.

-Dios, que ganas tengo de desgarrarla. Ver su sangre en mi chota.

-Hacelo.

-No la quiero hacer llorar.

-Le tapamos la boca.

-Otro día.

Sé que la ternura y la paciencia que tiene con Mia es por la forma de ser de la niña. Se la coge con delicadeza. Ella sobre su pecho dormidita, y él metiéndosela dulcemente. A mi cabeza viene la imagen de que, si tuviéramos otra hija, tal vez él podría cogérsela de la misma forma, así costada en su pecho, desde que es bebé.

Solo pensarlo, me hace temblar de placer.

– ¿Te gusta la conchita de tu hijita, amor?

-Me encanta. Es tan dulce y chiquita. Me aprieta toda la verga… nunca sentí nada igual. Siento como si ella no quisiera que me salga. Quiere que la llene de verga por siempre. Gracias por esto, amor. El mejor regalo de San Valentín.

-De nada, amor. ¿A ella también le vas a llenar la conchita de leche? Me gustaría verlo y también comérsela.

– ¿Sí? Vení entonces. No voy a aguantar más.

Voy hasta donde esta. La conchita de Mia está muy roja y su hoyito también abierto. La verga de su papi no la lastimó, pero se nota que la abrió lo suficiente. Fer descarga toda su leche dentro de ella. Veo como cae, acerco mi boca para que caiga directo. Saborear la leche de mi novio desde la conchita de mi hija le da otro sabor. Me encanta.

La dejo bien limpita mientras que Fer la sigue teniendo en su pecho y le hace mimitos en la espalda.

-Fue hermoso. -dice.

-Lo fue.

Se siente la calma en el ambiente mientras limpiamos todo: a las nenas, a nosotros y cambiamos las sábanas.

Las gemelas están totalmente dormidas y no decimos nada mientras nos metemos con ellas en la cama. Cada una de las gemelas con cada uno.

-Gracias, amor. Me hiciste muy feliz. -me dice Fer.

-De nada mi amor, yo también lo fui. Y te aseguro que ellas también.

– ¿Se va a repetir?

-Las veces que quieras.

117 Lecturas/19 febrero, 2026/1 Comentario/por queenxdoll
Etiquetas: anal, baño, hermana, hermanita, hija, madre, orgasmo, sexo
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1 comentario
  1. Arthurd Dice:
    20 febrero, 2026 en 2:44 am

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