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Incestos en Familia

Mónica, despertar sexual.

Me extiende su meñique para cerrar el trato, yo hago lo propio, me enternece su “inocencia” y me empiezo a sentir culpable, me deje llevar por mi calentura. .
MONICA

 

Mónica, mide poco más de 1.60, algo alta para la  edad que tiene, blanca de ascendencia italiana por su padre, con sangre norteña por parte de su madre. De pelo rubio cenizo ensortijado, sus senos ya se han desarrollado bastante bien, piernas torneadas y carnosas con un trasero que es la perfección andando. Queda claro que le tengo muchas ganas. Mónica es la segunda generación de nietos, le llevo unos 12 años. Como ella, los de la primera generación solíamos pasar temporadas en la casa de los abuelos, sobretodo en el verano porque la casa era amplia y tenía una piscina con 1.2 de profundidad en su lado más hondo, especialmente construida para nosotros.

Siempre fue muy curiosa. Recuerdo que con unos pocos años, me abrió la puerta del baño cuando me estaba duchando.

  • ¡Moni, que haces! ¡Cierra la puerta!

Estaba cubierto de jabón, cabeza con champú y con el pene empalado. Instintivamente me lo oculte con mis manos,

  • ¿Qué tienes ahí? ¡Enséñame!
  • ¡No, cierra la puerta!

Era prácticamente una bebé, y obedeció. El incidente no llamo mi atención y lo considere una travesura. Yo era un adolescente con las hormonas a tope y algo retrasado en mi evolución, sexual. Con solo decir que descubrí la masturbación por casualidad y de pura calentura.

Andaba erecto la mayor parte del día y esa tarde una de mis primas me pide que le ayude a resolver un problema de matemáticas, para lo cual yo era muy bueno. Ella un algo menor, yo era un adolescente con las hormonas a mil, así que nos fuimos al “escritorio” un lugar donde solíamos estudiar en nuestras visitas y que tenía una ventana que daba a la calle. No recuerdo qué, pero algo me encendió, erectándome automáticamente, tal vez fueron las nalgas de mi prima, que se dibujan sinuosamente en un pantalón negro muy pegado con cierre en la parte de atrás, estaban de moda a principio de los 70s. Al principio me pegué disimuladamente, y ella no dijo nada, así que cada vez lo hice más evidente, ya frotándome con más ganas. Ella solo atino a hacerse la que se concentraba en su ejercicio. No pude más y me arriesgue con todo, abrí mi pantalón y me la saque y colocaba mi glande entre sus cachetes y lo rozaba, pero no muy fuerte, ella no reaccionaba, a pesar que sentía las punzadas y permanecía en silencio. Pero en ese momento, alguien tocó la ventana y nos sacó de situación, yo me recompuse, me arreglé y continuamos como si nada por unos minutos. Luego ella me dio las gracias y se fue corriendo, ni me miró a la cara. Temí lo peor, que me acusara. Nada de eso paso, nunca se habló del incidente.

Pero esa noche algo cambio, por lo general los primos cuando nos quedábamos a dormir, nos acomodábamos en los dormitorios y compartíamos las camas. No sé, si fue por el incidente o porque ya éramos púberes y adolescentes. Las niñas ocuparon los dormitorios y yo era el único hombre y me toco dormir en un salón sobre un sofá. Ya había pasado otras veces cuando éramos demasiados y no lográbamos acomodarnos en las camas disponibles. Pero nunca hubo tema con que durmiera con mis primas en la misma cama. En fin.

Esa noche desperté y empecé a tocarme, recordando el incidente de más temprano y me frotaba el glande, emulando la frotación con las nalgas de mi prima de pronto de una revolución de placer me invadió y frote con más intensidad. Tuve la primera eyaculación de mi vida, Salió semen a borbotones y quedo entre mis manos, al no saber qué hacer, limpié mis manos en el pijama, me volví a tapar y dormí plácidamente. En los siguientes días, obtuve más información de mis amigos mayores.

Volviendo a Mónica, ya un poco más grandecita, me quede a cuidarla en la casa de mi tía. Ya no era una bebé,  yo estaba por cumplir la mayoría de edad, preparándome para ingresar a la universidad. Mirando la tele, de pronto me dice que se va al baño y que me avisa. Yo no preste mucha atención.

Pero unos minutos después escucho su voz.

  • ¡Micky!… ¡Ya!

Es la forma en la que mi familia me llama, nadie más lo hace. Yo me acerqué intrigado a la puerta del baño.

  • ¿Que pasa?
  • Entra

Ingreso y la encuentro sentada en el inodoro

  • Ya terminé
  • Bueno …ya
  • Tienes que limpiarme
  • ¿Yo? ¿No sabes limpiarte sola?
  • .. siempre me limpian…
  • Ah… y como hacen…
  • Primero con papel y luego me lavan …

Me quedé de una pieza, para mí era lo suficientemente grande como para resolver eso.

Así que ni modo, sin ninguna malicia, tomé una buena porción de papel higiénico, la incliné en uno de mis brazos y se lo pasé entre las nalgas. Salió limpio, lo eche al inodoro y pase el agua. Ya ella estaba de pie, pantalón y bombacha de bajo de las rodillas, ahí noto que tenía un lindo traserito, muy bien formado.

  • ¿Cómo hacen para lavarte?
  • En la tina… yo me siento al borde… a me meto adentro

Me muestra un estuche con un jabón y una toallita colgada al lado. Se saca los zapatos, medias, pantalón y bombacha, quedando con medio cuerpo desnudo

  • Con este jabón y me secan con esa toallita, con agua tibia, por fa… Empieza con el potito…

Vaya que era una niña engreída. Abrí las llaves para temperar el agua, mojo el jabón y lo paso entre sus nalgas. La suavidad de su piel era una delicia. Una sensación que me encendió,

  • Ya… Moni.

Así, con la adrenalina a mil empiezo a enjabonar sus nalgas, como dicen “una experiencia religiosa” pero la cosa no quedo ahí

  • Adelante también.
  • ¿Qué? Pero…
  • Es que también he orinado

Eso superó mis expectativas. Separe un poco sus piernas y metí el jabón en sus pequeños labios y me despache con todo, intente meter un dedo, pero solo logré abrirlos un poquito, la enjuague bien siempre de espaldas. La voltee y me encontré con una maravillosa imagen, si fuera adulta tendría el abdomen plano, un bonito ombligo y una hermosa vagina, sus piernas empezaban armoniosamente y tenía los muslos rellenitos, suaves y esponjosos al tacto, al igual que sus nalguitas. Al secarlas no puede evitar darle unos cuantos besitos y disimule pegando mis labios y haciendo ruido de borbotones, a ella le causo risa, no estaba incomoda. Le dije date vuelta para secarte y le hice levantar una pierna sobre el borde de la tina. No pude contenerme y empecé a darle de besos subiendo por su pierna hasta llegar a su ingle, le di un beso, la chupe un poco y trate de pasarle la lengua.

  • Ahora sube la otra pierna
  • ¿Me vas a dar más besitos?
  • ¿Te gustaron?
  • Sip

Continué, pero esta vez, lamí sus muslos y entrepierna, dándole más a su vulva y penetrando más mi lengua, ya había visto algo de porno y técnicamente era un “cunnilingus” con todo. Pero eso no podía ser eterno, la termine de vestir.

  • Bueno, ya está. ¿Te gusto?
  • ¡Si!
  • Le vas a contar a tu mami que te limpie
  • No…no creo…
  • Si le cuentas no le digas de los besitos ¿Esta bien, me lo prometes?
  • Está bien
  • Es un secreto de los dos
  • Ya

Me extiende su meñique para cerrar el trato, yo hago lo propio, me enternece su “inocencia” y me empiezo a sentir culpable, me deje llevar por mi calentura. Por suerte, todo fluyo naturalmente y ella lo tomo como un juego. Hasta ahora tengo dudas, que tal vez fui víctima de su curiosidad, porque no era tan pequeña, quizá no tan grande para saber que estaba haciendo, pero una bebita no era.

Desde ese día, se convirtió en mi “Colita” cuando nos encontrábamos en la casa de mi abuela, siempre me perseguía y cuando podía, le llevaba algunos regalitos, la familia no veía con malos ojos su predilección hacia mi.

No se volvió a repetir el episodio del baño y esperaba lo haya olvidado. Pero, yo no. Esporádicamente hubo algunos tocamientos, pero era temeroso que pasara a mayores. Aunque ella era persistente, encaramándose encima mío, la sensación del contacto con su cuerpo me encendía. Lo que daba pie para otras sesiones solitarias. Era inevitable mirarla con cierto morbo como iba desarrollando, pero no quería avanzar más allá, estaba seguro que ella ya se daría cuenta de todo.

Era el dia de su cumpleaños, había desarrollado bastante, media cerca de 1,5m y tenía el cuerpo de una adolescente, una cintura diminuta y caderas con curva, parecía una mujercita en miniatura. Era pleno verano, llevaba un short que resaltaba sus nalgas, rojo, corto y pegadito, Con bordes blancos y un pasador de igual color que recorría su bajo vientre, cerrando con un lazo que destacaba lo planito que era. Sus piernas rellenitas y esbeltas terminaban en sus pies desnudos, pues había dejado de lado las sandalias. Llevaba una especie de corpiño con tiritas con estampado de flores que descubría parte de su vientre y el ombligo. La delgada tela de la prenda insinuaba unos senos incipientes, plana no era. Su cabello castaño claro y ensortijado caía sobre sus hombros desnudos. Era demasiado sexy

En plena reunión familiar Mónica empezó a posicionarse “despreocupadamente” en mis faldas y terminó por pegarme las nalgas, la erección fue automática. A las finales me dejé llevar, ella sintió la dureza y se movía mientras lo encajaba entre sus nalgas. Parecía ser instintivo porque continuaba riendo y conversando, pero no estábamos solos, las primas más pequeñas eran parte de ese grupo y bueno no era lo ideal. Felizmente estábamos sentados en la mesa de la cocina y el tablero nos tapaba.  Como pude me las ingenié para zafar y escondiendo mi condición. Me fui a mi habitación para mantenerme a salvo.

 

Pero ese verano traería mas sorpresas… (continuará)

125 Lecturas/15 enero, 2026/0 Comentarios/por sextum
Etiquetas: amigos, baño, cumpleaños, madre, mayor, mayores, padre, primos
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