Nuestras vacaciones. – Primera parte.
Tienes razón como siempre, mamá … Será una actividad reservada a madre e hijo solamente ….
Tuve a Matteo recién cumplidos los dieciocho años. Enzo, mi actual esposo, habíamos sido amigos desde la secundaria. Pero a esa edad las hormonas de él y las mías estaban totalmente fuera de control y él que era mi mejor amigo, sin saber ni cómo ni por qué, se convirtió en mi amante. Nuestra primera vez fue en el asiento trasero de su auto en el parque, bajo la luna y las sombras cómplices de unos frondosos peumos. No sé si fue la inocencia y la abstinencia de no haberlo hecho nunca, que desde esa primera vez no pudimos detenernos más. Teníamos relaciones sexuales en toda ocasión que teníamos oportunidad; lo hacíamos en su carro, en su habitación, en el gimnasio del colegio. Él me metía los dedos durante las clases y yo le hice una mamada bajo la mesa del comedor de su casa, mientras sus padres estaban en el jardín. Ambos pensábamos que estábamos totalmente enamorados y, a decir verdad, en cierto sentido lo estábamos. Pero debo admitir después de todos estos años, que nos habíamos rendido a una lujuria desenfrenada. Ambos teníamos una formación religiosa muy estricta y se suponía que debíamos permanecer castos hasta nuestro matrimonio. Pero nos considerábamos adultos y dueños de tomar nuestras propias decisiones, sobre todo, sobre nuestros cuerpos.
Cada vez que estábamos solos, mi coño comenzaba a mojarse y lo único que pensaba era en tener sexo con él. La polla de Enzo era un juguete nuevo para mí y no me cansaba de él. Al principio nos cuidábamos usando mucho los preservativos, pero luego descubrimos el sexo oral y para mi fue una nueva adicción, disfrutaba mucho haciéndolo correrse y por supuesto, los condones le quitaban toda la diversión. Fue entonces que las cosas dieron un vuelco. Después de varios meses desde la primera vez que tragué el semen de Enzo y dejamos de usar condones, descubrí que mis periodos no llegaron, tenía un atraso que después fue confirmado por una visita ginecológica, que estaba embarazada. Ambos estábamos mortificados pues no habíamos planeado nada; afortunadamente, después del shock y decepción inicial, nuestros padres se unieron y decidieron apoyarnos en todo. Así fue como después de mi graduación de la secundaria; tuve a mi único hijo, Matteo.
Como suele suceder en todos estos casos, todos los planes que tenía para mi vida cambiaron drásticamente cuando llegó Matteo. He leído mucha literatura, tenido conversaciones y me informé por Google sobre los sacrificios y pruebas de carácter de tener un hijo a tan joven edad, pero, sinceramente, él fue lo mejor que me pudo suceder. Desde un principio me sentí que había nacido para ser madre, queriendo ser más precisa, nací para ser la madre de Matteo. No quiero decir que fuera fácil, porque no lo fue. Mis planes universitarios se convirtieron en sueños y luego simplemente los deseché.
Enzo y yo nos casamos antes del año y desde entonces que nos hemos esforzado para ser buenos padres para nuestro único hijo. La vida para nosotros tres era bastante buena. Éramos padres jóvenes, así que teníamos energía de sobra para afrontar los sacrificios de criar un bebé y sin perder oportunidad de vivir nuestra vida conyugal intensa. Tenía todo el amor de Enzo, me trataba como a una reina y él era todo para mí. Apreciaba el rol de padre y esposo y, siempre ocupábamos el primer lugar en todas sus prioridades.
Matteo creció y sin darnos cuenta, llego a la adolescencia y nos encontramos con un chico bastante guapo. En su primer año de secundaria, vi que las chicas lo rodeaban y seguían continuamente. Tenía un encanto inocente y juvenil, combinado con una complexión delgada y físicamente fuerte. Me percaté que muchas madres jóvenes también lo seguían con la mirada. Pero eran sus ojos los que hechizaban. Eran de un intenso color verde mar que a veces se volvían grises. Su mirada era intensa y reflexiva, parecía prodigar caricias solo con mirarte. Se parecía mucho a su padre, excepto por sus ojos. Muy pronto tuvimos que llamarlo, Enzo y yo para tener una charla seria. Nada estaba prohibido, pero debía hacerse con responsabilidad. El sexo puede dar lugar a bebés.
—¿Y que hay de los sistemas para el control de la natalidad? … —Fue su primera pregunta.
Nos miramos Enzo y yo e inteligentemente, él me dejó responderle.
—Bueno … Tú padre y yo usamos métodos anticonceptivos …
Fue mi respuesta poco honesta. Ciertamente no estaba lista para decirle a mi hijo que yo disfrutaba el semen de su padre y por lo tanto no usábamos nada, solo mi boca. Enzo me quedó mirando y asintiendo con su cabeza apoyó mis palabras. Ni él ni yo teníamos arrepentimientos, sentimientos de culpa o vergüenza, sino más bien tratábamos de inculcar responsabilidad a nuestro hijo. Mi marido reforzó mis palabras diciendo:
—Esto significa que si no estás listo para pensar en un bebé … Nada de relaciones sexuales, ¿entiendes? …
Felizmente esto tuvo el efecto que esperábamos. Matteo se mantuvo lejos de las chicas. Sabía que tenía novias, pero nada en serio, él estaba más interesado en los deportes y en sus estudios. Esto me mantuvo tranquila por un tiempo, pensando en que la secundaria sería algo muy sencillo, pero estaba equivocada.
Lorena fue la primera novia seria de Matteo, ambos estaban terminando la secundaria y tenían la misma edad. Habían sido amigos durante la mayor parte de sus vidas. Lorena era baja de estatura, pero se notaba que poseía una fuerza de espíritu enorme, era una luchadora. Siempre me gustó porque no se dejaba dominar, era dura. No aceptaba tonterías de la gente, pero al mismo tiempo tenía una personalidad generosa, divertida y muy bien centrada. Matteo y ella eran amigos y estudiaban juntos, ya sea en la casa de ella o en la nuestra. Entonces un día algo pasó. Cosa que les sucede a las chicas, un día son delgadas y planas, una crisálida. Y al día siguiente aparecen tetas, culos, piernas largas y sinuosas caderas. Eso sucedió con Lorena.
Pasó de ser una ruda marimacho a una impresionantemente bella muchacha. Su pecho se llenó en cuestión de semanas, de repente se pegó un estirón y paso de ser baja a una chica bastante alta, de cuerpo despampanante. Envidia de todas las chicas que una vez hicieron burla de ella y sus modales de chico. Mantenía su personalidad fuerte y audaz y me pareció que mi inocente Matteo podía ser devorado por esta bestia rubia que no se despegaba de su lado. Mas de una vez los vi besarse en la piscina de nuestro patio trasero.
La realidad es que no me sorprendí ni me preocupé. Las cosas eran como tenían que ser. Pero vi que la inocencia de mi bebé comenzaba a desaparecer. No quiero parecer mojigata, sé perfectamente lo que sucede en los tiempos en que vivimos. Estamos en la era de la hipersexualidad. Estamos rodeados de posters publicitarios de chicas semidesnudas. La pornografía está en todas partes y es fácilmente accesible desde tu celular o computadora.
Por supuesto que sabía que Matteo también miraba pornografía en su laptop y celular, pero dejé que mi marido se encargara de eso, cosas de hombres, pensé. Pero cuando lo vi besarse apasionadamente con Lorena, supe que las cosas estaban escalando. Sus hormonas estaban entrando en juego, me recordé las de Enzo y yo. Estaba segura de que también las hormonas de Lorena estaban siendo afectadas, igual que las mías. Para empeorar el todo, ella estaba vestida solo con un minúsculo bikini.
Creo que todo comenzó con esa simple observación. Los chicos no eran un problema, pero sus hormonas sí. Nos encantaba tener a Matteo con nosotros. Pero ni Enzo ni yo queríamos verlo enfrentado a hacerse cargo de un bebé a sus casi cumplidos dieciocho años. Mirando a mi hijo besar a su novia, me di cuenta de lo mucho que había renunciado por ser su madre y, de lo mucho que quería que él no viviera la misma situación.
—No hay mayor fuerza al mundo que el deseo sexual de un adolescente …
Reflexionó Enzo con una sonrisa orgullosa de padre de un macho joven y guapo como Matteo, agregó:
—Recuerdo que tres cuartas partes de mi sangre se iba a endurecer mi pene cada vez que tu estabas cerca de mí y así tener mi polla dura y lista para ti …
Le sonreí por tan reflexiva observación y descaradamente le pregunté:
—¿Y todavía tengo ese efecto en ti? … ¿Todavía me encuentras linda? …
—Alessia …
Comenzó diciendo mientras se acercaba a mí.
—Te ves mucho mejor … Estás más rica que nunca … ¡Ven acá, nena! …
—Buena respuesta …
Le dije arrastrándome hasta él y buscando su sexo endurecido.
Creo que Enzo tenía toda la razón cuando se trataba de chicos adolescentes. Hasta lo treinta y cuatro él me hizo sentir así, nos amábamos alocadamente. Mis amigas me advirtieron de que eso eventualmente pasaría, que vendría un cambio hormonal y todo cambiaría. Siempre ignoré esos comentarios porque Enzo era incansable. Me mantenía contenta y satisfecha todo el tiempo, eso para mí era lo normal. Pero sucedió que esa química cambió.
De repente me desperté con un impulso nuevo. Lo quería todo el tiempo. Mi coño añoraba su polla y lo buscaba asiduamente. Todos mis terminales nerviosos estaban conectados con mi panocha, bastaba un mínimo estimulo y me mojaba entera. Comencé a amar el sentarme sobre la lavadora y sentir todas esas vibraciones que me regalaban mini orgasmos continuos. Comencé a despertar a Enzo por la noche. Por la mañana lo despertaba con su pene en mi mano. Tenía una necesidad de besarlo, chuparlo y follarlo. Montaba su polla y lo hacía penetrarme con fuerza moviéndome demencialmente sobre su polla y cuando estaba encima de mí, lo urgía para que me follara más fuerte y rápido. Cuando estaba detrás de mí estiraba mis brazos para tironearlo contra mi panocha. Los orgasmos los tenía todas las veces y cada vez me parecía más rico follar con mi marido.
Pero para mí frustración, el cuerpo de Enzo parecía ir en sentido contrario al mío. Le resultaba cada vez más difícil excitarse y mucho más difícil seguir mi ritmo. No fue algo que enfrentamos y hablamos. Sabía que le haría daño y lo amaba demasiado como para causarle cualquier inconveniente. Nuestra realidad ahora era esa y muchas veces me quedé con ganas, yo quería y necesitaba más. Entonces hice lo que cualquier otra mujer haría. Investigué en internet y compré varios juguetes. Encontré y leí algunos buenos libros de sexólogos experimentados. También me hice asidua a la buena pornografía. Enzo y yo seguíamos haciendo el amor y complementé el todo con mi imaginación y mis juguetes. Pero ese fuego que había dentro de mí no podía ser apagado y mi vulva quemaba queriendo más sexo. Traté de aplacar mi famélico coño durante la quietud de la noche con juguetes o en mitad del día cuando Enzo no estaba, solía masturbarme, pero no podía apagar las llamas en mí.
Una noche cualquiera, Matteo llegó a casa más tarde de lo habitual. Yo todavía estaba despierta viendo la televisión sentada en el diván, disfrutaba de una copa de vino blanco cuando él entró. Me miró sorprendido:
—¡Hola, mamá! …
Dijo mientras giraba su cuerpo en un modo un poco extraño hacia un lado.
—¡Hola, cariño! … Vuelves tarde, ¿eh? …
Respondí en modo casual y volví a prestar atención a la televisión.
—Sí … La verdad que sí …
Dijo moviéndose algo incomodo, luego comenzó a dirigirse hacia las escaleras.
—¿Estabas con Lorena? …
Pregunté más que nada en forma retorica. Nunca había sido una madre controladora con él. Sabía que si tenía algo que decirme lo haría. Además, no debía entrometerme.
—Sí …
Dijo escuetamente. Y se detuvo al pie de las escaleras y luego se giró a mirarme.
—¿Mamá? …
—Sí …
Dije volteándome a mirarlo. Había algo diferente en él. Entonces me di cuenta de que la parte delantera de sus pantalones tenía un pronunciado abultamiento. Obviamente evité de que él notara donde miraban mis ojos. Mi pobre bebé tenía una furiosa erección, tal vez también dolorosa. Hizo una pausa como pensando si volver a subir las escaleras o expresar sus preocupaciones.
—¿Qué es lo que te preocupa, tesoro? …
Cierto que esa hinchazón en sus pantalones me distraía. Matteo no solo es guapo, es cariñoso, dulce y corpulento, sino que también parece estar dotado de una gran polla. ¿En qué demonios estoy pensando? ¡Este es mi hijo! Mis malditas hormonas me están haciendo desvariar. Sacudí mí cabeza para esclarecer mis pensamientos.
—¿Qué te sucede cariño? …
Pregunté dejando las hormonas de lado y tomando el control de madre. Sabía que él quería decirme algo.
—Ya sé como la piensan tú y papá … Pero creo que Lorena y yo vamos a tener sexo … Todavía no lo hemos hecho … Pero es muy difícil evitarlo … Demasiado difícil …
Dijo mirándome fijamente para evaluar mi reacción. Lo sé que es difícil, pensé mientras trataba por todos los medios no mirar el gran bulto en sus pantalones. Entonces recordé las palabras de mi esposo “No hay mayor fuerza al mundo que el deseo sexual de un adolescente”, no sabía que decir, un poco estúpidamente pregunté.
—¿Estás seguro de que no lo han hecho ya? … Por favor sé honesto …
Dije, apagando el televisor para que supiera que tenía toda mi atención. Tuve cuidado con mi tono de voz, no quería que se sintiera en algún modo prejuzgado. Mi corazón se había acelerado. No quería escuchar que me dijera que estaba teniendo sexo. No estaba preparada para sentirlo decir directamente con sus palabras.
—¡Juro que no, mamá! … Lo creas o no, esta noche le dije que no a Lorena …
Habló mientras me miraba con sus hermosos ojos verdes y caminaba sonriendo hacia mí para sentarse en el diván. Me pareció un poco extraño porque los chicos nunca rehúsan el sexo. Le sonreí contenta, sabía que no me mentía.
—¿Y por qué le dijiste que no? … Quiero decir, me alegro de que lo hayas hecho, pero ¿por qué le dijiste que no? …
—¡Carajo! …
Exclamó sorpresivamente. Matteo no usa ese tipo de palabras a menudo, lo cual quiere decir que se trata de algo serio, continuó:
—Honestamente … Como tú y papá conversaron abiertamente conmigo, pensé que no era justo hacerlo sin decírtelo primero … Sé que te preocupas de que la deje embarazada … Pero Lorena me dijo que está tomando anticonceptivos …
¡Esa pequeña puta!, pensé.
—¿Y su madre sabe eso? …
—Sí … Ella ha hablado con su mamá sobre esto y creo que su madre la llevo al ginecólogo, para que así estuviera preparada por si eso llegaba a suceder … En caso de encontrarnos en una situación en que no podamos detenernos …
Asentí complacida. Yo haría lo mismo si tuviera una hija. Él prosiguió:
—Entonces … Sé que ustedes no quieren que lo hagamos … Pero hemos decidido hacerlo … Ni ella ni yo queremos evitarlo … No vemos una razón plausible … Solo pensamos en hacerlo …
Volvieron a mi cabeza las palabras de mi marido, “No hay mayor fuerza al mundo que el deseo sexual de un adolescente”, lo curioso es que me reconocía totalmente en sus palabras. Yo estaba pensando en follar a mi Enzo tan pronto subiera las escaleras, o al menos iba a intentarlo. Lo miré afectuosamente y le dije:
—Cariño … No sabes cuanto aprecio que me hayas dicho esto … Significa mucho para mí … Eres un buen chico honesto … Estoy orgullosa de ti … Sé lo difícil que es aguantarse … Y a la edad tuya y de Lorena, eso se hace más difícil … Yo también pasé por eso …
Se rio y me miró como si dudara de que yo alguna vez fui tan cachonda como su noviecita. No me gustaba que él se comprometiera siendo tan joven. Pero sabía que esta vez se trataba de algo serio y que se estaba esforzando mucho, entonces añadí:
—Solo quiero que me prometas una cosa … Una cosa sencilla …
—¿De qué se trata, mami? …
—Recuerda que nos vamos de vacaciones el lunes próximo, ¿sí? …
—Por supuesto que lo recuerdo …
Dijo pensando a nuestra quincena de vacaciones en los lagos del sur.
—Quiero que me prometas que no lo harás hasta que regresemos de las vacaciones …
Le dije en tono lo más maternal posible.
—¿Por qué? … ¿Qué diferencia hay, excepto que al regreso tendremos muchas más ganas? …
—El tiempo es sabio, tesoro … A veces nos ayuda a aclarar nuestras mentes … Si estás lejos de Lorena y de toda esta situación, te ayudará a pensar claramente al respecto … Verás las cosas de una perspectiva diferente … Ahora tiene a toda su belleza queriéndote todo el tiempo … Quiero que me prometas que esperarás y pensarás en todo antes de dar un paso tan importante como el que pretenden dar …
—Te refieres a un posible embarazo, ¿verdad? …
—Sí … Pero no solo a eso … Sé que serás inteligente … Lo único que quiero es que te preguntes si estás preparado para esa responsabilidad en caso de que suceda … Aunque si piensas que es improbable que suceda algo así …
Tomé sus manos en las mías y le sonreí:
—Nunca me he arrepentido de haber quedado embarazada tan joven … Así que no quiero que pienses ni por un momento que es por eso por lo que tu padre y yo somos tan aprensivos con este tema … Lo que si lamento es no haber tenido el tiempo de pensarlo antes … Creo que si lo hubiera hecho, sería una mejor madre para ti …
Matteo me apretó las manos y dijo:
—Mamá, eres la mejor … Has siempre sido una madre maravillosamente increíble … No sé que más podrías haber hecho para ser todavía mucho mejor de lo que has sido …
Le devolví la sonrisa y le besé la frente:
—Eres demasiado bueno conmigo … Entonces, ¿me prometes que esperarás hasta cuando volvamos de las vacaciones? …
—Solo porque fuiste tú a pedírmelo, te lo prometo, mamá … Pero te advierto que ya sé lo que hare apenas vuelva del viaje …
Tal vez lo hagas, tal vez no lo hagas, pensé egoístamente.
—Eso basta para mí … Ahora vete a la cama … Y descansa …
—Buenas noches, mamá … Te amo …
—Yo también te amo, bebé …
Se levantó para dirigirse a las escaleras, pero su bulto había desaparecido. Supuse que hablar de sexo con la propia madre podía asesinar cualquier erección.
Lo vi subir las escaleras y desaparecer por el pasillo hacia su cuarto. Crucé mis piernas un par de veces y suspiré audiblemente. Por otro lado, ningún sentido de maternidad y adultez parecía calmar mi fogosidad y necesidad constante de tener sexo. Sabía que Enzo estaba durmiendo, así que me apronté a pasar un larga noche con mi consolador, el cual últimamente estaba usando en exceso. Además, tenía esos relatos que me había aconsejado mi amiga con cosas bastantes pervertidas e inmorales. Pensé que estaba bien, pues la “saludable obscenidad” ya no me bastaba.
*****
—¿Yoga? … —Preguntó mi marido Enzo.
—No sé cómo lo haces … —Agregó.
Lo miré en el reflejo del espejo del baño y le di una coqueta sonrisa mientras me ajustaba mi sujetador deportivo para que cubriera bien mis tetas.
—Sé que piensas que debo decir esto porque soy tu marido, ¿eh? …
Dijo entrando al baño. Amaba a mi hombre. Se veía tan guapo con su traje y corbata, era su traje de negocios. Estaba inspeccionando atentamente mi cuerpo, agregó:
—Lo digo en forma objetiva … Como hombre …
Dio un paso atrás para encuadrar mi trasero cómodamente ajustado a mis nalgas en mi traje de yoga, luego me miró a los ojos y manifestó:
—Eres la mamá más linda y sexy que conozco …
Concluyó su comentario dándome una sonora nalgada juguetona. Me reí y chillé cuando me dio otro par de palmadas. Moví mi trasero pidiéndole más y le dije:
—Bueno … Todo esto es para ti … Tuve algunos pensamientos muy sucios esta mañana, ¿sabes? …
—Me gustaría poder cumplírtelos ahora mismo, pero tengo que irme al trabajo …
Dijo mostrando su frustración. Me di la vuelta rápidamente y di un paso hacia él. Mi trasero todavía ardía con sus bofetadas y mi coño había iniciado a mojarse.
—¿Acaso no tienes ni un minuto para mí? …
Pregunté haciendo pucheritos.
—Hago todo este yoga para estar en forma, flexible y firme solo para ti …
Le dije presionando mi cuerpo contra él. Mi mano se deslizó hasta su entrepierna. Yo sabía como jugar este juego y estaba segura de ganarlo. Lo escuché respirar profundamente, se lamió los labios y dijo juguetonamente:
—Sea lo que sea que tienes en mente debemos ser rápidos … No puedo retrasarme mucho …
—Te lo haré fácil …
Dije mientras me arrodillaba frente a él y comenzaba a desabrochar sus pantalones. Los ojos de Enzo expresaban toda su lujuria mientras le bajaba los pantalones. Su dura polla se levanto enhiesta para saludarme. Antes de que pudiera expresar cualquier otra palabra lo tomé en mí boca. Se lo chupé intensamente al menos unas tres veces y ya podía saborear el sabor salado de su pre-semen. La sapidez y dureza de su polla me volvían loca, así que chupé con más energía mientras deslizaba una mano sobre su culo y la otra para aferrar la base de su miembro. Lo miré y me tragué profundamente su pene hasta el tope de mi garganta, una y otra vez.
—¡Gluck! … ¡Gluck! … ¡Gluck! … ¡Gluck! …
—¡Oh, mierda! … ¡Alessia, por favor! …
Gritó mi esposo antes de estallar con gruesos filamentos de esperma en mi boca. Sucedió extremadamente rápido y me sorprendió, pero no me decepcionó. Lo chupé todo vorazmente. Aferré la base y la estrujé hacia arriba, seguí chupando mientras su pene continuaba a latir y a vaciarse en mi boca. Su sapidez era exquisita como siempre, pero me parecía encontrarlo aún más sabroso, así que lo tragué a grandes tragos. Sentí una oleada de ansias y anhelo cuando su pene blandengue se deslizó fuera de mis labios. Mantuve mis ojos en los de él mientras tragaba su semen. La verdad es que desearía poder hacer esto todos los días por él y, no solo una vez, ojalá dos o tres veces al día. Desde la primera vez que lo vi correrse y lo probé en mi boca, quedé prendada con hacerle mamadas. Pero en el estado de hipersexualidad en el que me encontraba, mi placer era incrementado al tragarme sus descargas copiosas. Me encantaba de ser yo a hacerlo poner sus ojos en blanco. El semen de mi esposo era delicioso.
—Eres increíble, tesoro …
Me dijo Enzo mientras volvía a subirse los pantalones. Me limpié la boca con el dorso de mi mano, lo miré y le dije.
—Solo quiero que mi hombre vaya a trabajar livianito y relajado …
Luego me di vuelta y comencé a arreglar mis desordenados cabellos.
—Te amo, Alessia …
Dijo mientras se ordenaba la camisa dentro de sus pantalones. Escuché sus cariñosas palabras y me sentí realmente amada. Yo era su reina y él todo mi reino.
Apenas salió hacia el trabajo, fruncí el ceño frente al espejo. Después de leer todos esos relatos de la internet, yo no quería ser su reina. Yo quería ser su puta. Quería que Enzo me follara como una puta.
—Un paso a la vez, putita …
Susurré mirándome al espejo con una sonrisa. Esta vez solo le chupé la polla antes de que se fuera al trabajo. Me complació y debía estar agradecida de estar juntos y de lo que teníamos.
Di un paso hacia atrás y miré mi figura al espejo. Supuse que él tenía razón. No me veía nada de mal para mi edad. Mis cabellos rubios hasta los hombros. Mis pechos razonablemente duritos y paraditos qué, con este sujetador deportivo, se veían más sugestivos. Quiero decir, se supone que los ajustados pantalones de yoga hacen resaltar tu trasero, pero yo sabía que mi trasero era estupendo. Siempre tuve caderas y una cintura pequeña, con un culo a forma de corazón, pero después de mi embarazo, mis muslos y mi trasero se llenaron un poco más. No tuve problema para perder los kilos ganados durante el embarazo, pero mis caderas y mi trasero permanecieron más pronunciados. No estaba gorda, claro está, solo que mantuve mi trasero espléndidamente desarrollado y mis caderas algo más anchas.
Con el tiempo me uní a un grupo del vecindario, todas mamás y mientras nuestros hijos jugaban futbol o basquetbol, nosotras practicábamos yoga y algunos ejercicio extras. Así fue como descubrí que disfrutaba el yoga, además que mantenía estupendamente bien mi cuerpo y me aliviaba del estrés. Mis muslos y mi trasero se vieron reforzados, pero nunca perdieron su forma. Lorena a menudo me decía que debía ser una Influencer o algo así por lo bien que cuidaba mi cuerpo; lo cual lo tome como un cumplido viniendo de esta despampanante bella chica que además, pronto le quitaría la virginidad a mi hijo. ¡Sigh! Volví a mirar mi trasero y sonreí. No me sentía vanidosa, pero me encantaba acompañar a mi hijo a sus partidas y percibir que adultos y jóvenes se fijaban en mí. Matteo también lo sabía y le gustaba tener una mamá como yo, no cómo otras mamás que se dejaban estar. Fruncí el ceño ante este último pensamiento. Ser madres es difícil y bastante preocupaciones que se tienen. Tal vez no debí decir que se dejaban estar, sino que sus prioridades eran otras.
A todo esto el grupo de yoga se había ido, así que fui al Shala que quedaba a una quincena de minutos de mi casa. Me registré, puse mis llaves y mi bolso en mi casillero personal, luego entré a la sala de yoga. Sonreí cuando vi a Lorena y a su madre, Denisse. No había ninguna duda de que eran madre e hija. Ambas tenían el cabello castaño oscuro recogido en sendas colas de caballo muy apretadas. Sus ojos azules parecían más grandes, las dos con hermosas pecas alrededor de su nariz. Eran demasiado lindas. Lorena vestía pantalones de yoga grises muy ajustados y un sujetador deportivo del mismo color, prenda que dejaba muy poco a la imaginación. Todo culpa del desarrollo de la adolescente, las tetas de la pobre chicas habían al menos triplicado su tamaño en solo un año y todavía le estaban creciendo. Me sentí bien y en forma, no tenía nada que envidiarle, excepto su juventud. Por otro lado, su madre estaba igualmente de proporcionada por la parte superior, solo que usaba una blusa mucho más conservadora, tratando de esconder sus pesados pechos y parte de su escote generoso.
—¡Alessia! …
Grito Denisse tan pronto como me vio y agregó:
—Juro que cada vez que te veo me impresionas mucho … ¡Eres tan hermosa! …
Le sonreí divertida, Denisse tenía una personalidad expansiva y extrovertida, le gustaba hablar a alta voz y era muy generosa con sus halagos. También era la envidia de muchas mujeres del barrio. Tenía una perfecta figura de guitarra, pechos hermosamente grandes, cintura de abeja y amplias caderas redondeadas, con hermosas nalgas protuberantes y firmes. Muchas veces me pregunté si había tenido algún trabajo de bisturí en sus curvas, pero viendo a Lorena estaba segura de que todo lo que tenía para mostrar era genuino y natural. Mi naturaleza me hizo tener celos de ella cuando la conocí y no me agradaba mucho, pero era tan autentica, segura de sí, coqueta y naturalmente acogedora, que era imposible que no agradara a todo el mundo.
—Lorena … ¿No me digas que faltaste a la escuela? … Estás en tu último año y pienso que no te haría bien faltar a alguna de tus clases …
Ella me sonrió con confianza y dijo:
—No señora Furci … Esta semana tengo libre el viernes y aproveché para venir a mejorar mi yoga …
Asentí comprensiva. En realidad conocía muy bien su agenda, pero este tipo de conversación era otra forma de acercarme a la chica que estaba seduciendo a mí hijo.
—Bueno, me alegro de que sea así … Ahora que tú y Matteo pretenden estar más cercanos … Creo que es genial que nosotras las chicas podamos pasar algún tiempo juntas …
Dije y en ese momento intervino Denisse.
—¿Sabes, Alessia? … En algún momento vas a tener que dejarle más espacio a tú hijo … Él dentro de poco será adulto … Yo estoy intentando de hacer los mismo con Lorena …
Extendí mi tapete cercano a ellas y luego me arrodillé. El Maestro estaba charlando con algunas de las damas. Pensativamente dije:
—Lo sé …
Me pareció que Denisse y Lorena se miraban de reojo y supuse que pensaban que yo era una madre demasiado protectora con Matteo. Pero no podía evitarlo. En muchos sentidos me parecía que él era todavía un niño, todavía tenía fresco los recuerdos de cuando creció junto a mí. El mundo es un lugar complicado y yo solo quería lo mejor para él, para tranquilizarlas miré a Lorena y agregué:
—Sé que está en tus muy buenas manos, Lorena …
La chica me sonrió ampliamente. A pesar de toda su energía y coraje, Lorena todavía buscaba desesperadamente mi aprobación. En realidad no podía entenderlo. Su madre era increíblemente hermosa y un ser destacado en la comunidad y yo sabía que muchas mujeres me criticaban por haber tenido a Matteo tan joven, pero Denisse me dijo que ella valoraba mucho eso. Mi hijo había sido muy bien educado y sentía un profundo respeto a mi y a mi marido. Lorena sentía un poco de celos de mí, como si yo fuera la competencia. Mientras estábamos en nuestra primera posición, respiré profundamente y no pude evitar de sonreír. A mi lado estaba esta chica jovencita, muy sexy, de pechos redondos, túrgidos y frescos; una cinturita de avispa y un trasero bien moldeado y apretado, que lo único que quería era follar con mi Matteo. Sin embargo, de alguna manera, ella se sentía amenazada por mí, porque mi hijo de algún modo le había hecho sentir que yo era la mujer más importante de su vida. ¡Guau! ¡Si esto no levanta mi autoestima, no sé qué podría hacerlo!
El resto de la sesión de yoga fue genial para meditar y reflexionar. Toda esta situación de Lorena y mi Matteo podía esperar un momento. Ahora debía arreglar algunas cosas para el viaje. Había que empacar, dejar limpia la casa y preparar todo lo que íbamos a necesitar. Mentalmente comencé a hacer mis listas y a entusiasmarme con el viaje. Ahora que mi hijo se estaba haciendo cada vez más grande, el tiempo que disponíamos para pasar los tres juntos era cada vez más escaso. Sobre todo ahora que Lorena se había metido en la cabeza de mi hijo, (y muy pronto entre sus bolas y su polla). No me pareció muy agradable pensar que tal vez estas eran las últimas vacaciones que pasaríamos todos juntos, después le tocaría la universidad y tendría que irse quizás donde y nadie sabe por quizás cuanto tiempo.
Cuando terminó la sesión de yoga me fui a mi casillero, saqué mi teléfono y comencé a planificar el resto del día. De repente me encontré a Lorena parada a mi lado con una toalla sobre sus hombros
—¿Señora Furci? …
—Sí, querida …
—Quería hablarle de Matteo …
Me dijo con un tono de confianza y seguridad en su voz, pero cuando la miré a los ojos, su confianza se vio mermada. Me gustó que se sintiera intimidada por mí.
—Por supuesto … Dime …
Le dije en tono maternal como si estuviera hablando con una bebé. Cruzó los brazos y constaté cuan hermoso era su escote, el hombre de la recepción también la admiraba desde lejos. Quizás cuantos pretendientes iba a tener cuando se hiciera más mujer. No iba a ser simple para ella siendo bella e inteligente.
—El otro día él y yo estábamos … Usted sabe … Besándonos …
—Sí … Es lo que hacen todos los jóvenes … ¿Y que pasó, Lorena? …
—Matteo no quiso tener relaciones sexuales conmigo, ¿sabe? …
—Sí … Lo sé …
—Me dijo que tenía que hablar con usted y el señor Furci primero …
—Sí … Y lo hizo … Cariño, él sabe como la pensamos … Y se lo hice ver otra vez …
—Sí … Lo sé … Solo quiero que sepa que amo a Matteo y siempre lo he amado … Desde cuando nos conocimos en la básica … Es decir … No soy una puta o algo así … Yo realmente lo amo …
—Estoy segura de que sí, tesoro … Pero no se trata de eso … Todo lo que le hemos pedido es que tanto tú como él se den cuenta de la elección que van a tomar … Esto puede ser más grande que solo ustedes dos … Puede resultar en un bebé, ¿sabes? … Sé que es poco probable porque tu estás tomando anticonceptivos … Entiendo todo eso … Pero el hecho de que tengas tomada alguna precaución, no significa que estés preparada para la responsabilidad de la elección que van a tomar …
Lorena no dijo nada, pero asintió con la cabeza en forma reflexiva. Entonces continué:
—Mira, quiero que entiendas que estoy muy emocionada por ti y por Matteo … Como su madre me alegra mucho que lo quieras y lo ames … Aprecio mucho como ustedes dos han enfrentado la situación … por favor, no quiero que interpretes esto como un juicio contra ti …
—Lo sé, señora Furci … Tanto usted como su marido son geniales … Pero para mí es difícil … Bueno … Porque sé cuanto Matteo te ama … Sé que él no quiere decepcionarte ni a ti ni al señor Furci … Matteo no para de hablar de ti, dice que eres una mujer perfecta, inteligente, hermosa y muy divertida … Él siempre habla de ti …
Me reí. Me costaba imaginar a mi hijo dándome todos esos halagos. Ella continuó:
—Es difícil competir con alguien así … La vara está demasiado alta …
Le volví a sonreír y le di un abrazo:
—Escucha, Lorena … No puedo opinar sobre lo que mi hijo dice o piensa de mi … Pero estoy segura de que él también te ama muchísimo y yo también … Además, el sexo no lo es todo en la vida …
Nos separamos y ella mirándome a los ojos, dijo:
—Lo sé … Matteo me dijo la promesa que te había hecho … Quiero que sepas que la respeto … Pero cuando él vuelva de este viaje … Lo haremos sí o sí …
La miré y ahora vi a la Lorena luchadora llena de confianza, creyendo de saber de todo de la vida.
—Lo entiendo más de lo que imaginas … Sí es esa la decisión que ambos tomarán después de estar separados este par de semanas, la respeto … Lo único que te pido es que lo pienses bien mientras estemos lejos de aquí, ¿harías eso por mí? …
Lorena asintió emocionada y me dio un gran abrazo. Cuando la solté me dijo sonriendo:
—Siento que ya eres mi suegra …
Le devolví la sonrisa y exclamé:
—Nunca una madre está preparada para eso …
Puso una mano en mi brazo y espetó:
—Bueno … Que tengan un gran viaje y se diviertan mucho … Por favor cuida bien a mi Matteo por mí …
—¡Oh! … Por supuesto …
“Mí Matteo”, esta chica va demasiado rápido; tampoco estoy preparada para eso. Me di la vuelta y salí del estudio de yoga para ir a preparar el todo a casa.
*****
Me encanta empacar. Es una de las peculiaridades de mi signo de virgo donde todo tiene que ir en su lugar, no me gusta el desorden. Primero debo clasificar el todo y luego llenar las maletas en un orden prestablecido. Al principio dejaba que Enzo me ayudara, pero él era muy diferente y me creaba muchos problemas, todo iba dentro de las maletas sin ningún orden, me volvía loca, no lo podía soportar, así que le prohibí de ayudarme. Simplemente él no servía para eso y aceptó de dejarme hacer yo sola toda la selección de la ropa y de las cosas que debíamos empacar en el orden en que yo había decidido.
Subí las escaleras para empezar con la maleta de Matteo. Mientras caminaba me di cuenta de que esto es lo que hace precisamente una madre protectora; seguir empacando la cosas del hijo ya casi adulto. En realidad él no era igual que su padre, Matteo era casi tan organizado como yo, tal vez no necesitaría que yo empacara sus cosas. Sé que él podría hacerlo solo, pero yo soy su madre, tengo derecho a empacar sus cosas. Yo cocino para él, lavo su ropa, así que en mi opinión, empacar su maleta es uno de mis derechos adquiridos.
Cuando llegué a lo alto de las escaleras me detuve y escuché. Podía oír correr el agua del grifo del baño. Matteo había llegado a casa antes que yo y ahora se estaba duchando. Lo extraño es que se escuchaban algunas voces. Cuidadosamente me acerqué a la puerta del baño y coloqué mi oído cerca de esta., enseguida escuché la coqueta voz de Lorena:
—¿Te gustan estas, querido? …
—¡Oh, amor! … Eres tan hermosa … Me encantan …
—¿Te gustaría tocarlas así sin ropa? …
—¡Oh! … Eso es muy hot, tesoro …
Mi corazón se agitó violentamente: ¿Estaban…? Mi garganta se secó, no por enojo, por supuesto que no estaba enojada. La próxima semana él sería ya adulto y sabía que habían experimentado mostrándose sus cuerpos. Pero escucharlos mientras lo hacían era algo completamente diferente.
—Déjame ver esa gran polla tuya … Necesito verla, Matteo …
Era la sensual voz de Lorena en un estado de febril excitación. Casi se me sale del pecho mi corazón que latía agitadamente. No podía escuchar todo debido al ruido del agua, pero aún así me llegaba claramente la afanosa respiración de mi hijo.
—¡Santo cielo, Matteo! … Esa cosa enorme me hará daño … Pero la quiero … Es jodidamente grande, pero siento que me correré antes de que me la metas toda adentro …
Su voz sonaba algo chillona y supuse que ella se masturbaba junto a mi hijo.
—¡Córrete conmigo, querida! … ¡Muéstrame cuanto quieres esta polla! …
Podía oír a mi hijo gruñendo y haciendo extraños gemidos. Mi corazón seguía pulsando con fuerza en mi pecho.
—Sí, tesoro … Muéstrame tu coño … Hazme ver lo pequeño que es … Dime que quieres mi polla en tu pequeño coño, amor … Dímelo una vez más …
Era raro escuchar a mi hijo diciendo palabrotas y me lo imaginé acariciando su gran polla mientras Lorena lo miraba por su celular. Me sentí mareada y con mi propio coño muy mojado. Sacudí la cabeza tratando de despejar mi cabeza. Esto era asunto de ellos y no tenía derecho a escucharlos. Pero me sentí terriblemente excitada. ¡Ehm! Quiero decir. ¿Me excitaba esto? Matteo era mi hijo y estaba compartiendo con su novia. Esto no tiene nada que ver conmigo. Yo soy solo su madre. Ella me dijo hoy que yo era su suegra.
¡Malditas hormonas!, susurré mientras me alejaba de la puerta del baño y entraba en la habitación de Matteo. Apenas entré mis pensamientos cachondos desaparecieron y sonreí contenta. Mi dulce bebé había doblado toda su ropa en el orden en que yo le había enseñado y había dejado la maleta abierta pronta para empacar el todo. Entré y comencé a colocar cosas en su maleta. Mientras lo hacía tuve otro pensamiento sobre lo que había escuchado en el baño. Matteo ya no era mi pequeño bebé. Él ahora es un hombre. No importa lo dulce que Lorena intentara ser conmigo, ahora es una chica cachonda y yo no era su rival. Si ella le dejaba ver su hermoso cuerpo, era solo cuestión de tiempo para que llegaran a tener relaciones sexuales. Era lo que comandaba la naturaleza y no había forma de evitarlo. Lo que había sido cierto para mí y Enzo en nuestra juventud, era totalmente valedero para Lorena y mi hijo.
Después de terminar con su maleta la dejé abierta como siempre, por si él quería agregar algo más. Lo esencial ya estaba empacado. Me acerqué a su cesto de ropa sucia y note un par de calcetines arrugados. Agarré uno y lo estiré, estaba pegajoso y eso no era sudor. Este calcetín había estado limpio. Fruncí el ceño y lo miré por un momento. Me tomo solo un segundo darme cuenta de que era lo que estaba mirando. ¡Semen! Semen de mi hijo. Matteo se había masturbado con este calcetín. Casi lo dejo caer. Pero no lo hice. Simplemente lo sostuve; miré el otro calcetín y lo recogí. También estaba embadurnado de semen. Dos calcetines manchados de lechita de mi hijo y no se trataba de pequeñas cantidades. Llevaba cerca de media hora en casa y ya había eyaculado dos veces en sus calcetines, ¿cómo era posible?
Mi corazón otra vez se aceleró no sé por qué. El primer calcetín parecía más mojado que el segundo. Probablemente esa era su primera eyaculación. Sabía por Enzo, que cuando venía dos veces, la segunda era menos copiosa. Sostuve ambos calcetines a la altura de mis ojos y respiré profundamente. Podía sentir que parte del semen escurría en mis dedos filtrándose por la delgada tela. Pensé en lo rico que sabía el semen de mi marido esta mañana. Y quería más. Esta noche no se me escaparía, lo iba a chupar o follarlo o algo así. Sosteniendo los calcetines en el aire me acerqué al escritorio de Matteo. Toqué suavemente el mouse y la pantalla cobró vida. Su escritorio estaba delante de mis ojos. Fruncí el ceño intrigada. No estaba segura de lo que pensaba ver ni de lo que encontraría, pero no vi nada allí. Mi corazón siguió latiendo alocadamente. Me pregunté: ¿A qué cosa se masturbaría mi hijo? ¿Era esa una pregunta extraña? No lo creo, me pareció una pregunta del todo normal. Yo era su madre y tenía el derecho a indagar sobre algunas cosas. La pregunta extraña era: ¿Por qué esto me hace sentir tan cachonda?
—Porque siempre estás cachonda, boba …
Murmuré en un susurro sonriendo para mis adentros.
Hice clic en el navegador. Una vez más no sabía lo que estaba buscando ni lo que esperaba encontrar. Miré alrededor de la habitación, todavía podía escuchar el agua de la ducha. Mis dedos estaban húmedos con el semen de Matteo. Hice clic en el historial y me quedé boquiabierta, estaba lleno de direcciones pornográficas y búsqueda de la misma índole. Algunos estaban abreviados, pero eran similares a los que recorría yo en mi celular. Hice clic en uno de los enlaces y se abrió un sitio, la pantalla parecía gigante al lado de mi teléfono. No estaba acostumbrada a ver pornografía tan grande frente a mí y exhibida en ese modo tan crudo, me pareció hasta vulgar. Volví a mirar a mi alrededor y decidí cerrar la puerta, todavía podía escuchar el agua de la ducha.
El video mostraba a una chica universitaria teniendo sexo con otro chico. Nada impactante. Todo parecía muy convencional y nada de anormal.
—Creo que debería asistir a un psicólogo …
Murmuré mordiendo mi labio inferior. Hice clic en otro enlace, luego en otro y luego en otro. Comenzaba a perder el interés cuando apareció un enlacé más, el más reciente. Al principio no me llamó la atención hasta que leí el título: “La madrastra seduce a su hijastro” Mi corazón casi se detuvo de golpe:
—¡Oh, no? … ¡Mi pobre Matteo piensa en Denisse! …
Murmuré estupefacta. Pero muy luego le encontré sentido. Esa mujer estaba hecha para ser follada a cada rato y todos los días. Pero la mujer del video no tenía ningún parecido con Denisse. Esta actriz era rubia, caderas anchas, pechos generosos. Creo que ella se parecía mucho más a mí que a Denisse. ¡Santo cielo! No puede ser que mi hijo piense … ¡Oh, no! No puede ser. Si hasta llevaba unos pantalones de yoga parecidos a los míos. Vi el video, el chico hizo de todo con su madrastra, hasta se comportó un poco rudo con ella dándole algunas nalgadas.
—¡No puedo creer qué …! … ¡No lo creo posible que él! … No sé …
Rápidamente apagué el navegador. Justo en ese momento la puerta se abrió y entró Matteo. Estaba todo mojado y cubierto solo con una toalla alrededor de la cintura y su celular en una mano. Su cuerpo recio y masculino, de complexión ancha, amplios hombros y solo algunos escasos pelos en su pecho. Rápidamente metí los calcetines en el bolsillo de mis pantalones de yoga.
—¡Hola, cariño! … —Dije en modo del todo casual.
—¡Ehm! … ¡Hola, mami! … ¿Qué estas haciendo? …
—Tu maleta … Está casi lista …
Le respondí y me pregunté si se había corrido una tercera vez en su contacto telefónico con Lorena, verlo así de joven no dude ni por un instante de que así había sido.
—¿Con la puerta cerrada? …
Pregunto suspicazmente.
—Supongo que se cerró con alguna corriente de aire y no me di cuenta … En realidad no le estaba prestando atención … De todos modos ya terminé …
No quería que se diera cuenta de que tenía sus calcetines en mis bolsillos.
—¡Y que hubiera pasado si yo hubiese entrado desnudo? …
—Nada … Yo ya lo he visto todo, querido … No hay nada que sorprenda a tu madre, ¿sabes? … Ahora déjame ir que tengo muchas cosas más que hacer …
—Como tu quieras …
Dijo y se hizo a un lado para dejarme pasar. Note que todavía había un bulto en su toalla. Me pareció increíble de que pudiera estar teniendo otra erección. Pasé junto a él evitando de que notara el bulto de sus calcetines repletos de esperma en mis bolsillos. Me detuve por un instante y rocé su mejilla:
—Gracias, por haber doblado tu ropa para mí …
—¡Oh, mami! … No fue nada …
Dijo con su rostro iluminado. ¡Oh, Dios! Amaba a mi niño.
—Intenta decir eso a tu padre …
Dije con una sonrisa y al pasar junto a él, miré su teléfono todo mojado:
—¿Acaso te duchas con tu teléfono? … Será mejor que no le envíes fotos inapropiadas a Lorena …
Le dije medio en serio y medio en broma. Se rio un poco inquieto y me dijo:
—Un par de días más y seré adulto, mamá … Tal vez no está de más mostrarle lo que ella tanto quiere, ¿no crees? …
Le di una juguetona palmada en el hombro y le dije:
—Soy tu madre … No quiero oír esas cosas …
—¿Qué? … ¿Acaso no dijiste que ya lo habías visto todo y que nada te sorprendería? …
—Es verdad … Pero debes saber que cuando envías una foto por intermedio de la red, esta puede jugarte malas jugadas … Y sabes a lo que me refiero …
—¡Oh!, no temas … Tenemos cuidado con eso …
—Estoy segura de que lo tienen … Pero soy tu madre y tengo derecho a advertirte sobre estas cosas …
—Me gusta eso, ¿sabes? …
—¿Qué? …
—De que aún te preocupes por mí …
—¡Ah! … ¡Ahora te gusta! … Pero no quiere que me implique en tener relaciones sexuales, ¿eh? …
—Sí, es verdad …
—Entonces una nueva regla …
—¿Y ahora qué? …
—Nada de fotitos osadas para tu noviecita, ¿Ok? …
Sabía que eso era cruel, pero él estaba alimentando demasiado su lujuria y lo debía detener. Así que antes de irme agregué:
—Lo importante es que tengas la mente clara para pensar en lo que te pedí, ¿Ok? …
Dio un suspiro de impaciencia y me respondió:
—Mamá, no puedo controlar lo que ella me envía … Pero lo intentaré …
—Eso es todo lo que te pido, cariño … Ahora vístete, cenaremos dentro de un rato …
Dije y salí de su habitación.
Escuché que su puerta se cerraba, me fui inmediatamente a mi dormitorio. Saqué los calcetines de mi bolsillo, la sustancia pegajosa se había filtrado y tenía una mancha en mi pantalones. Tiré los calcetines al cesto de ropa sucia.
—¡Oh, mierda! …
Murmuré y me lamí el dedo para mojarlo y limpiar la mancha de mis pantalones, pero me detuve. Lo había saboreado. Podía sentir el semen de mi hijo en mis dedos. Me los saqué de la boca y me lavé las manos velozmente:
—¿Qué mierda te sucede, Alessia? … ¡Tenía un sabor delicioso! …
*****
Enzo estaba en retardo y yo caminaba como una tigresa enjaulada de un lado para otro en nuestro dormitorio. Cuando él finalmente llegó, mi estomago estaba lleno de maripositas, mi piel ardía y lo único que estaba en mi mente era chupar su semen hasta la última gotita directamente de su linda polla. Me había puesto un sostén a balconcito que mostraba la mayor parte de mis tetas y la tanga más pequeña que tenía, que era un triangulo que apenas cubría mi coño y por detrás solo un hilo dental oculto en medio a mis carnosas nalgas. El objetivo era atraerlo tan pronto como me viera. Me paré frente al espejo del tocador cuando escuché el portón eléctrico del garaje que indicaba que él estaba en casa.
Tenía el pelo suelto, pero en un ataque de nervios decidí atarlo en una cola de caballo. Mientras estiraba mis cabellos, vi uno de los calcetines de Matteo. Volví a sacar uno de ellos para palpar su humedad y calcular la cantidad de esperma que tenía. Traté de no pensar en que era el semen de mi hijo, sino que simplemente reconocer cuanto semen había en ese calcetín. Me pregunté si había descargado un par de veces antes de tirarlo. Por supuesto que al tomarlo me mojé los dedos con esperma y tuve que lamer mis dedos.
—¡Ay, por Dios! … ¡Te estás volviendo loca, Alessia! …
Murmuré afligida y arrojé el calcetín al cesto otra vez, removí un par de prendas para colocarlas encima y ocultarlo a la vista.
Desde que tengo memoria nunca me había sentido tan cachonda. Mi coño estaba extremadamente húmedo todo el tiempo, como si siempre estuviera listo para ser follado. Ahora mismo podía decir que estaba mojada y ya había humedecido el pequeño parche que cubría mi rajita. Pensé en cambiarme mi tanga, pero sé que a Enzo le encanta cuando me encuentra toda mojadita.
Finalmente la puerta de mi dormitorio se abrió, estaba solo parcialmente cerrada, lo que era una señal para entrar sin llamar. Giré expectante para encontrar a mi marido, pero en lugar de eso …
—¡Hola, mamá! … ¡Ehm, yo! …
Dijo Matteo abriendo sus ojos a desmesura mirándome media desnuda, sus ojos recorrían mi cuerpo de arriba abajo.
—¡Oh, no! … ¡Matteo, tú! …
Grité mientras agarraba mi gruesa bata rosada para cubrirme, solo llevaba mi diminuta tanga y mi revelador sujetador. Matteo reaccionó llevando su vista al suelo, al tiempo que retrocedía vacilante. Después de cubrirme con mi bata, respiré profundamente y me acerqué a él.
—¡Está bien, cariño! … ¡No ha sido nada! …
Le dije tratando de tranquilizarlo. Lo vi que levantaba su vista hacia mí y que se sentía aliviado de encontrarme vestida y cubierta con mi bata.
—Mami … Lo siento yo … La puerta estaba abierta y … No sabía que estabas … ¡Ehm! … Quiero decir … No sabía que estabas sin ropa …
—Matteo, querido … Esta bien …
Matteo siempre llamaba cuando venía a nuestro dormitorio. Todavía estaba sonrojado, así que decidí dar por superado el impasse, le pregunté:
—¿Qué es lo que necesitas? …
Me miró por un par de segundos y luego me dijo:
—Papá está abajo preguntándose si la cena está lista … Tiene hambre y yo también, mami …
Lo miré un poco impaciente y decepcionada, tal vez un poco molesta:
—¡Hombres! … ¡No me explico como ustedes pueden sobrevivir solos en la naturaleza! … Dile que enseguida bajo … La cena esta ya preparada … Termino de vestirme y bajo …
Dije en un tono de voz mezclado con molestia y condescendencia. Mientras se giraba para irse, él dijo:
—Lamento haberte sorprendida así, mamá …
—Cariño, no hay necesidad de disculparse … La culpa es mía … Debería haber cerrado la puerta …
Él volvió a mirarme indeciso, así que agregué:
—Ve y dile a tu padre que enseguida bajo …
Pensé que así terminaba todo, pero él antes de salir me dijo:
—Te veías preciosa, mamá … Eres muy linda …
Luego desapareció cerrando la puerta. No supe que responder. Él es mi dulce niño. Me quité la bata y volví a mirarme al espejo. Hubiera querido que fuera mi marido que me encontrara vestida así. Hubiera querido que él regresara a casa con el deseo expreso de follarme. Desearía que él me viera como una MILF pronta a ser follada, pero él tenía otras cosas por la mente y esto me hacía sentir frustrada.
¡Malditas hormonas!, me dije en un susurro mientras miraba mis mojadas bragas. Miré el contorno de mi culo desnudo y vi el hilo dental que desaparecía en medio a mis glúteos. Estas eran las bragas más pequeñas que tenía. Mi marido podría quitármelas fácilmente. Me reí pensando que había sido Matteo a encontrarme vestida así. Quizás que cosa habrá pensado de mí. Pero me dijo que estaba linda y eso me hizo regocijarme y animar un poco mi estado de ánimo.
Cenamos sin problemas ni contratiempos. Matteo actuó como si nada hubiera pasado, charlamos de esto y de lo otro. Le di un centenar de miradas asesinas a mi marido por llegar a casa y no ir directamente a nuestro dormitorio a follarme. El muy idiota tenía hambre, yo también tenía hambre, pero de su semen, quería que me diera una abundante descarga antes de cenar. Me sentí bien comiendo en familia. Hacíamos esto todo el tiempo, me di cuenta de que pronto esto no sería así. Matteo había crecido y pronto se iría a la universidad quizás donde. Pensé también en Lorena que dijo, “Mí Matteo”, ¿desde cuando mí Matteo era su Matteo? ¿En que momento una madre deja de pensar en su hijo como si fuera suyo? ¡Jamás!, pensé.
*****
—¡Estoy muy emocionado por estas vacaciones al lago Villarrica! … ¡Estoy listo para disfrutar del sol, las olas y pescar! … ¡Me hará bien estar lejos de aquí! …
Dijo repentinamente Matteo. Lo quedé mirando, le sonreí y le pregunté:
—¿En serio? … ¿No extrañarás demasiado a Lorena? …
Me miró con una expresión un poco molesta.
—Por supuesto que la voy a extrañar … Pero ese no es el punto … Quiero decir que me hará bien estar a solas con mis pensamientos …
—Creo que lo mejor es desintoxicarse … Respirar aire fresco y despejar el cerebro … El aire limpio es bueno para despejar la mente …
Dijo Enzo y yo asentí.
—¿Y que pasa con todas esas chicas que caminan con pequeños bikinis? … ¿Verlas también aclara la mente? …
Preguntó Matteo en son de broma. Enzo lo quedó mirando y luego dijo:
—Hijo … Cuando tengo a mi lado a tu madre en bikini … Literalmente toda otra mujer desaparece de mi universo … ¿No la has visto últimamente? …
Cruzamos nuestras miradas Matteo y yo, seguramente recordando el incidente en mi dormitorio, él se sonrojó y yo también, luego dijo como casualmente:
—Sí, papá … Creo que tienes razón … Mamá es realmente linda …
Sonreí sin saber cómo responder.
—¡Sí, lo es! … La mujer más sexy del mundo …
Dijo Enzo agarrando mi mano. Matteo siguió mirándome. Me sentí incomoda, pero terriblemente halagada por mis dos hombres. Le guiñe un ojo a mí hijo y él me correspondió como si fuéramos cómplices de alguna secreta transgresión. Solo si Enzo lo supiera. Pero fue todo un accidente. Quiero decir, por supuesto que no se lo iba a contar a mi marido, tampoco el hecho de los calcetines y como había embadurnado mis dedos que luego me los llevé a la boca. Le di un mordisco a mi filete y miré hacia otro lado. Todavía podía saborear el semen de Matteo en mis labios.
Sé que se había ido. Me había lavado las manos, me había duchado y por supuesto me había chupeteado mis dedos, pero todavía podía sentirlo. Miré a mi marido que hablaba de deportes con mi hijo. Lo necesitaba a él. Necesitaba que Enzo me inyectara una abundante carga de semen en la boca esta noche. Quería que él agarrara mi cabeza para empujar su gran pene dentro de mi boca, poder sentirlo en control de mí y de mis deseos. Y que se sacudiera la polla rociando toda mi cara con su espesa esencia masculina. Que me exigiera abrir mi boca para rociarme con su semilla. Pensé en Enzo llamándome “Puta”, “Zorra”, “Cochina”, “Adicta al semen”. O algo parecido, pero igual de erótico. Me imagine dándome a chupar su polla como para alimentarme con su néctar delicioso. Pero él nunca había hecho eso antes, el muy idiota me respetaba más que asimismo.
La cruda realidad es que creo que me sentiría mucho más amada si me tratara en forma ruda de vez en cuando. Como si pudiéramos prescindir de nuestros roles de pareja, de papá y mamá, de esposo y esposa o lo que sea y entregarnos a la más desenfrenada lujuria y me dijera cuando desearía follar mi coño o romperme el culo una y otra vez. Que me mirara y me ordenara de arrodillarme a chupar su polla; “Ven aquí puta caliente y aliméntate de mi polla”, eso me gustaría escuchar al menos una sola vez. Quería que él llegara a casa del trabajo y sin decir una palabra me rajara las bragas, me pusiera sobre la mesa de la cocina y follara mi coño hasta el cansancio. Esas eran la palabras que yo quería escuchar de él. Pero sus labios se movían mientras hablaba con mi hijo y solo salían palabras referentes a la última partida de la nacional y las culpas del árbitro, que nos robaron la partida, que los árbitros uruguayos no son buenos y todas esas banalidades que acostumbran a hablar los hombres.
Sabía que no era una vieja decrepita. Pero cada vez me costaba mucho más mantenerme en forma, pero que quede claro, no lo hacía por mi marido. Lo hacía por mi misma. Cualquier mujer que te diga que es por la sociedad y que los hombres les imponen un estándar de belleza, están mintiendo descaradamente. Nuestra apariencia influye en como nos sentimos nosotras mismas, así que lo hacemos por nosotras. Porque así somos las mujeres. Sabía que Enzo me adoraba y que cuando dijo que me encontraba sexy lo decía en serio. Pero en mi estado actual de cachondez intensificada, yo necesitaba mucho más que eso. No me servía ser adorada. Quería ser follada una y otra vez sin pausa.
Supuse que me había convertido en una adicta al semen. Tal vez pueda parecerte raro. Pero el semen de mi amante era extremadamente erótico y excitante, a la vez que delicioso. Nunca sentí repulsión, me gustó desde el principio. Era como un regalo que me daba mi amante por haberlo complacido. Era como la forma en que él expresaba su amor por mí. Supuse que me encontraba más bonita con mi cara repleta de su semen fresco y goteante. No en público, sino en la intimidad de él y yo. Fruncí el ceño ante estas ideas, porque él nunca había hecho nada de eso. Enzo era conservador y me respetaba demasiado. No es que esto estuviera mal de por sí, pero una vez de tanto en tanto, también se podía jugar, ¿no? Lo cierto es que yo necesitaba de su semen cada día más.
—¿A que hora es nuestro vuelo? … —Preguntó Matteo dirigiéndose a mí.
Me sacudí un poco la cabeza para espantar todos esos pensamientos de follar, semen y sexo vario de mí mente, para concentrarme en la pregunta de mi hijo.
—Si no me equivoco … A las 07:45 …
Dije antes de levantarme para limpiar la mesa, Enzo intervino diciendo:
—Así que tenemos que salir como a las cinco de la mañana …
Enzo siempre había sido del tipo que se acostaba temprano, mientras a mi me gustaba llegar tarde a la cama. Matteo también solía levantarse tarde durante las vacaciones. Pude ver que Enzo miraba su reloj para calcular cuantas horas de sueño necesitaba.
—¡Ufffa! … ¡A las cinco! … —Dijo Matteo exasperado, luego añadió:
—Bueno … No todo el mal viene para causar daño … Eso significa que llegaremos allí antes de mediodía y podremos disfrutar la playa desde ya, ¿no? …
—Sí … Supongo que sí …
Respondí mientras me alejaba con algunos platos sucios a la cocina.
—Eso me dará un tiempo extra para tumbarme al sol y nadar un poco … Entonces dejaré de ser la vuestra sirvienta por las dos siguientes semanas …
Agregué antes de desaparecer por el umbral de la cocina.
—¡Ay! … Me gusta tanto cuando eres mi esclava, mamá …
Dijo Matteo siguiéndome a la cocina con una socarrona sonrisa en sus labios. Al escuchar la palabra “esclava” me recorrió un escalofrío desde la punta de mis cabellos hasta mi clítoris. Todos los pensamientos que tuve durante la cena pasaron a segundo plano. Esa palabra me había remecido todos mis sentidos:
—Te gusta tu mami como esclava, chico perezoso …
Le dije juguetonamente. Se rio y después de dejar los platos en el fregadero me dijo:
—¡Calla mujer y ponte a trabajar! …
Luego me pinchó la espalda. Le di un golpe con mis caderas para seguirle el juego, él se rio y me abrazó. Besé su mejilla y me acurruqué en sus fuertes brazos, me acerqué a su oreja y le susurré:
—Siempre serás mi chico …
—Es lo que más quiero …
Me respondió estrechándome muy fuerte. En un momento creí sentir algo y me solté. No estaba segura de lo que había sido. Le sonreí y me giré a lavar los platos y lo conminé.
—Ahora vete a poner en tu maleta todo lo que haga falta … Vete … Vete ya …
Matteo me sonrió y antes de salir me dijo:
—Ahora me parece que todo este tiempo el esclavo he sido yo …
Lo vi alejarse y me di cuenta de que el costado de mi cadera, justo encima del hueso, tenía una extraña cosquillita, justo a esa altura debía estar su polla. Solo entonces me vino de pensar que quizás me había dado una punteada con su polla. Me sonreí para mi sola. Mi hijo había tenido otra erección. Sacudí la cabeza y murmuré solo para mis adentros:
—¡Eso es ridículo, Alessia! … ¡Estás totalmente loca! …
*****
Me encantaba volar. Desde el check-in y todo el proceso de embarque me encantaba. Las tiendas del aeropuerto, los restaurantes, toda la gente moviéndose de un lado a otro, gente cosmopolita desplazándose por todo el planeta, era como estar en una película. Sé que a mucha gente le molesta toda esta parafernalia. Por alguna razón que desconozco, para mi todo era divertido y de carácter aventurero. Enzo era todo lo contrario, apenas entrabamos al aeropuerto comenzaba a quejarse. No le gustaban las multitudes, el aire acondicionado, la gente haciendo filas y nada de eso. Esta mañana lo notaba especialmente cansado porque lo había mantenido despierto con mi insaciable voracidad por su semen. Dos hermosas cargas completas él me había regalado. Pero me dejó con las ganas con su maldito reloj que sonó a las cinco de la mañana.
Tan pronto como subimos a nuestro dormitorio, lo desnudé y lo empujé sobre la cama. Inmediatamente ataqué su polla llevándomela a la boca, le di de besitos a lamidas y algunos pequeños mordiscos. Se apresuró a cambiar la situación y me puso en posición para follarme la boca. Lo que a mi marido le faltaba en habilidad, lo compensaba con tiempo y esfuerzo. Él quería que me corriera y hacerme sentir bien, él sabía como hacerlo. Jugaba con mis tetas, las estiraba, las amasaba, las chupeteaba, a ratos lamía mi coño y mi culo. Me ponía debajo, luego encima, después de costado. Me chupaba el coño por largo rato porque sabía que luego cuando me penetrara no iba a durar nada y haría que me corriera. Yo también debía estar atenta, porque si él sentía que me estaba corriendo de seguro también se iba a correr él y yo no quería su semen en mi panocha, yo lo quería para mí, para degustarlo, para quedarme con ese sabor en mi boca. De ese modo su semen sería totalmente mío.
Pasamos la seguridad y tomé a mis dos hombres por los brazos, luego nos fuimos a la puerta de embarque. Matteo tenía sueño y parecía un niño menor, vestía pantalones cortos y una remera de su equipo preferido, portaba auriculares inalámbricos. Me sostuvo el brazo mientras caminábamos y me gustaba que lo hiciera. Como si yo fuera algo más que su mamá. Encontramos la puerta de embarque y nos sentamos a esperar la llamada para abordar el avión.
Fui a comprar un café y cuando regresé noté que Matteo ya no lucía cansado, estaba mirando muy atentamente su celular. Furtivamente me fui por detrás de él y vi el porqué. Lorena le había enviado una serie de fotos lascivas de ella misma. Estaba absorto mirando las fotografías como preguntándose con cual de ellas se iba a masturbar. Casualmente me senté a su lado, él hizo un movimiento con su pulgar y las fotos desaparecieron de la pantalla. Pude ver en su cara que estaba nervioso y cachondo. Ella era una pequeña puta tentadora. No había manera alguna de que él se pudiera resistir a ella cuando regresáramos.
—¿Qué estás haciendo? … —Le pregunté con una sonrisa astuta.
Miró hacia abajo tímidamente.
—Nada … Solo le envié un mensaje a Lorena …
—Me sorprende que esté despierta, todavía no son ni las siete …
—Bueno … Ella ya me extraña … ¿Puedes culparla? …
Me reí. Mí hijo era tan tierno y lindo, que le dije:
—No … Ahora no puedo culparla …
Le toqué suavemente la mejilla como siempre lo hacía y agregué:
—Pero a veces quiero que seas solo para mí, ¿hay algo de malo en eso? …
Matteo me sonrió con su rostro resplandeciente:
—No … No hay nada de malo en eso …
Excelente respuesta. Miré a Enzo que estaba reclinado hacia atrás, durmiendo con la boca abierta, parecía un anciano.
—Tu padre está inconsciente …
Dije señalando a Enzo. Matteo me sonrió:
—Sí … Desde esta mañana ya parecía cansado …
Asentí con una media sonrisa en mi rostro. Mi mente se llenó de las escenas de sexo que habíamos tenido él y yo. Además, del sabor de su semen, sobre todo de la segunda carga que me pareció mucho más abundante que la primera. Bueno, tal vez porque se lo tiré todo fuera, lo chupé y lo rechupé hasta que no le salió nada más. Me pase la lengua por los labios, todavía podía sentir el sabor.
—Mamá … ¿Puedo preguntarte algo? …
—Por supuesto que sí … Dime …
Titubeó, miró hacia el lado contrario y luego dijo.
—¡Ehm! … ¡No importa! … ¡Es una tontería! …
—¡Matteo! … ¡No me dejes con el misterio! … Soy tu madre … Puedes preguntarme cualquier cosa …
Se produjo un largo silencio, me miró embarazado y dijo:
—Está bien … Esto puede parecer raro …
—No lo sabré hasta que me lo preguntes …
—Mami … Ayer cuando te encontré accidentalmente en ropa interior …
Sentí que mi corazón se aceleraba y traté de mantenerme lo más tranquila posible, con una mirada del todo neutra, él continuó:
—¡Uhm! … ¿Usas a menudo ese tipo de cosas? … Ya sabes … Siempre te he visto vestida o al máximo en traje de baño … Esta fue la primera y única vez que te vi … ¿Ehm! … Así …
Sentí que algo cálido envolvía todo mi cuerpo.
—¡Ehm, sí! … A veces uso ese tipo de cosas … Me gustan, ¿sabes? … Me hacen sentir femenina …
Hice una pausa pensando a las palabras apropiadas.
—Sí, soy tu mamá, pero también soy mujer … Antes de ser tu mamá ya era mujer … Me hacen sentir bonita …
Me miró por un momento toda entera y luego exclamó:
—Mami … Solo para que conste … Te veías fenomenal … Muy bonita, sexy, hot … Sí, eso …
No pude evitar de sonrojarme. Él me hablaba muy en serio y me encantó:
—Bueno … Es muy dulce de tu parte decirlo …
—¡Es verdad, mami! …Quedé impresionado … Quiero decir, siempre he pensado que eras bonita … Pero verte con ese tipo de ropa interior, me mostró un lado diferente de ti … ¿Sexy? … Puedo decir ¿Cachondo? … ¿Es eso raro? …
Le volví a acariciar la mejilla como siempre lo había hecho, maternalmente. No quería afligirlo, todavía su rostro rebelaba su contrición y decoro, le dije:
—No, tesoro … Eso no es raro … Solo que siempre me siento como una mamá … A veces usar alguna de esas cosas divertidas y sexys, me recuerda que soy más que eso, ¿sabes? … Soy una mujer …
Asintió siempre manteniendo su vista baja.
—Bueno, mami … Creo que eres muy hermosa y sexy y eres la mamá más linda del mundo …
—Eres muy dulce y halagador conmigo …
—No es difícil ser dulce contigo … Eres mi madre y te amo …
Me incliné hacia adelante y besé su mejilla:
—Yo también te amo, cariño …
Respiré profundamente y me recliné en la silla, disfrutando de este momento cercano con mi hijo.
—¿Sabes que me preocupa? … Que me reemplaces con Lorena …
Dije no se cómo ni por qué. ¿De donde me salieron esas palabras? Me quedé un poco paralizada, no sabía como había dicho eso, pero me di cuenta de que era la verdad. Matteo se acercó más a mi y me tomó de la mano, luego mirándome a los ojos me dijo:
—Eso no va a pasar, mamá …
Entrelazó sus dedos con los míos y agregó:
—Siempre serás la mujer más importante de mi vida …
Le sonreí y apreté mis dedos entrelazados con los suyos hasta cuando me dolieron:
—Bueno … Entonces déjame hacerte una pregunta como la mujer más importante de tu vida …
Me acomodé en la silla para mirarlo de frente:
—Ahora que me viste como ayer … Quiero saber, solo por curiosidad … ¿Qué prenda te gustó más … el sostén o la ropa interior? …
Me miró con los ojos resplandecientes, muy seriamente, como si estuviera reviviendo en su mente todo ese momento:
—¿De verdad a esa prenda pequeña y con un hilo llamas ropa interior? …
Sonreí ante su pregunta y dije:
—Técnicamente lo es … Pero creo que se llama Tanga …
Apretó mi mano, suspiro y me dijo:
—Definitivamente la tanga fue la que más me gustó …
—¿En serio? … ¿No tienes ninguna duda? …
—Bueno … El sujetador era bonito … pero más bonito que sexy … En cambio la tanga era genial … Te veías preciosa con ella, mamá … Era perfecta en ti …
Me di cuenta de que sus ojos estaban inmóviles, estaba como soñando con las imagines que había visto el día anterior. Me gustó eso.
—Deberías tenerlo en cuenta para cuando vuelvas a ver a Lorena …
—¿Lorena? … ¡Ah, sí, Lorena! …
Dijo como si no hubiera pensado en Lorena hasta ahora. Luego añadió:
—Tienes razón … No tengo ningún conocimiento real sobre este tipo de cosas … Quizás tu podrías mostrarme otras cosas que podría tener en cuenta … Ya sabes … Para cuando vea a Lorena …
Mi corazón casi se me sale del pecho, estaba latiendo como loco. Me sentí caliente. Volví a cruzar las piernas para calmar a mí clítoris que quería casi escapar de mi panocha caldeada.
—Sí … Creo que necesitaré mostrarte algunas cosas … Voy a necesitar tu opinión … En mi maleta tengo varias de esas cosas … Ya veremos …
Matteo me sonrió y dio una significativa mirada a Enzo y luego a mí. Inmediatamente supe que pasaba por su mente.
—Creo que sería apropiado no contarle nada a tu padre … Esta tiene que ser una actividad privada entre madre e hijo … ¿Te parece? …
—Tienes razón como siempre, mamá … Será una actividad reservada a madre e hijo solamente …
(continuará …)
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