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Incestos en Familia, Intercambios / Trios, Masturbacion Masculina

ÓRDENES PATERNAS (1)

En esta ficción erótica transgresora ambientada en una casa familiar en México, Carlos, un empresario dominante de 48 años, inicia una red de deseos prohibidos con su hija adulta Mara (23 años), una estudiante independiente, explorando dinámicas incestuosas consensuadas llenas de culpa erótica y pod.
POV: CARLOS

ÓRDENES PATERNAS

Carlos tenía cuarenta y ocho años, un empresario dominante cuya vida en la casa familiar de la Ciudad de México se había convertido en un laberinto de deseos prohibidos, especialmente desde que había iniciado encuentros transgresores con Mara, su hija de veintitrés años, una joven adulta independiente con tetas firmes que se marcaban bajo ropa ajustada, un culo redondo que invitaba a la posesión, y una agencia erótica que la hacía dueña de sus límites en este juego incestuoso. Ahora, involucrando a Juan, su hijo de veinte años, un soldado musculoso con verga gruesa y fuerza bruta ganada en el ejército, Carlos racionalizaba esta nueva escalada como un ejercicio de control paternal: todos eran adultos consintientes, el tabú sanguíneo agregaba un filo adictivo a la culpa erótica que lo consumía, transformando su rol de padre en un director erótico que orquestaba la degradación familiar para su propio placer voyeurista. Juan, no un niño sino un hombre con agencia plena, obedecía con una mezcla de excitación y sumisión filial, mientras Mara se entregaba, su independencia convirtiéndose en rendición voluntaria bajo las órdenes de Carlos.

Hoy, la escena se desarrollaba en el dormitorio principal, un espacio amplio con cama king size y espejos en las paredes que reflejaban cada ángulo, las luces tenues proyectando sombras que intensificaban la atmósfera de control y transgresión. Carlos había convocado a Mara y Juan después de una cena familiar tensa, revelando su plan: él observaría y daría órdenes mientras se masturbaba, convirtiendo el incesto en un espectáculo dirigido por su autoridad paterna. El aire estaba cargado de anticipación, olores a loción aftershave de Juan y perfume floral de Mara mezclándose con el sudor nervioso, y Carlos se sentía poderoso, racionalizando: era consensual, un secreto que fortalecía su dominio sobre la familia, yuxtaponiendo la cotidianidad paterna con esta humillación erótica compartida.

Carlos se sentó en una silla al pie de la cama, desabrochando sus pantalones para sacar su verga gruesa y venosa, ya medio dura, masturbándola lentamente mientras observaba a sus hijos en la cama: Mara arrodillada en lencería negra, tetas expuestas y coño visible a través de la tela fina, Juan desnudo con músculos tensos y verga erecta palpitando.

Carlos: Comienza despacio, Juan. Bésala como si fuera tu puta hermana. Usa lengua, hazla gemir para mí.

Ordenó él con voz grave y autoritaria, su mano subiendo y bajando por su polla, sintiendo el precum lubricar el glande mientras observaba. Juan obedeció, inclinándose sobre Mara y besándola con fuerza, lengua enredándose en su boca, saboreando su saliva dulce mientras ella gemía, arqueando el cuerpo.

Juan: Sí, papá. Así, ¿verdad?

Preguntó él, su voz ronca, continuando el beso mientras sus manos bajaban a las tetas de Mara, apretándolas rudo.

Mara: Papá… Juan… esto es tan jodido, pero me moja.

Murmuró ella, racionalizando su culpa erótica en voz alta, su coño humedeciéndose bajo la lencería. Carlos aceleró su masturbación, la verga endureciéndose más al ver el incesto fraternal bajo su mando.

Carlos: Ahora, quítale la lencería, Juan. Arráncala si es necesario. Muéstrame su coño depilado. Tócate la verga mientras lo haces, pero no te corras todavía.

Dirigió él, su voz firme como un patriarca, mano bombeando su polla con ritmo constante, ojos fijos en la escena. Juan rasgó la tela, exponiendo el coño rosado y húmedo de Mara, su propia verga palpitando mientras se masturbaba brevemente, dedos rozando el glande.

Juan: Mira, papá. Está goteando por nosotros.

Dijo él, abriendo las piernas de Mara para que Carlos viera, metiendo un dedo en su interior resbaladizo.

Mara: Sí, hermano… bajo las órdenes de papá.

Gimió ella, empujando contra el dedo, excitación prohibida brillando en sus ojos. Carlos sintió el pulso acelerarse, racionalizando el voyeurismo: controlaba todo, transformando el tabú en su placer personal.

Carlos: Lámela ahora, Juan. Chupa su coño como una perra en celo. Usa lengua profunda, hazla gritar. Y tú, Mara, mírame mientras te come tu hermano.

Ordenó él, masturbándose más rápido, la verga venosa hinchándose en su mano, precum chorreando. Juan se arrodilló entre las piernas de Mara, lamiendo con avidez, lengua entrando profundo en los pliegues salados, saboreando jugos dulces mientras chupaba el clítoris hinchado, sonidos húmedos resonando.

Juan: Sabe a pecado, papá. Tan mojada por su hermano.

Gruñó él, metiendo dos dedos mientras lamía, bombeando rápido. Mara gritó, ojos fijos en Carlos, cuerpo temblando.

Mara: ¡Juan! Papá, mírame correrme…

Suplicó ella, convulsionando en orgasmo, chorros salpicando la boca de Juan. Carlos ralentizó su masturbación para no correrse, disfrutando el control.

Carlos: Bien hecho, hijo. Ahora, penétrala despacio. De misionero, para que vea tu cara mientras te la coges. Ve profundo, pero no rápido todavía. Mara, dile lo puta que eres por tu familia.

Dirigió él, su voz degradante, mano frotando su polla con precisión, bolas tensas de excitación. Juan se posicionó, penetrando el coño apretado de Mara de un empujón lento, sintiendo el calor resbaladizo envolverlo, bombeando profundo pero controlado.

Juan: Así, papá. Su coño me aprieta como un vicio.

Gruñó él, tetas de Mara rebotando con cada embestida. Mara jadeaba, racionalizando en voz alta.

Mara: Soy la puta de mi padre y hermano. Cójanme siempre.

Carlos sonrió, acelerando su mano, la verga latiendo al ritmo de la follada.

Carlos: Acelera ahora, Juan. Fóllala duro, como una zorra. Nalguea su culo, humíllala verbalmente. Dime cómo se siente su coño de hermana.

Ordenó él, masturbándose furiosamente, el sonido de su mano contra la carne mezclándose con los gemidos. Juan obedeció, bombeando con fuerza, bolas chocando, nalgueando el culo de Mara dejando marcas rojas, gruñendo degradaciones.

Juan: Se siente caliente y apretado, papá. Como una puta incestuosa mojándose por su hermano menor.

Dijo él, metiendo un dedo en el ano de Mara para doble penetración, intensificando. Mara gritó de placer, cuerpo convulsionando en otro orgasmo.

Mara: ¡Más, Juan! Papá, ordénalo…

Carlos sintió el clímax acercarse, pero lo contuvo, dirigiendo el espectáculo.

Carlos: Sácala y córrete en su cara, Juan. Marca a tu hermana como nuestra propiedad. Mara, abre la boca, trágalo.

Ordenó él, su propia verga al borde, mano bombeando rápido. Juan sacó, masturbándose brevemente antes de explotar, semen caliente salpicando la cara y tetas de Mara, chorros espesos que ella lamió, tragando lo que caía en su boca.

Juan: ¡Toma, hermana puta!

Gruñó él, convulsionando. Carlos no aguantó más, corriéndose en su mano, semen chorreado sobre su abdomen, ojos fijos en la escena.

Carlos: Buena puta, Mara. Limpia a tu hermano con la boca ahora.

Ordenó finalmente, jadeando, su verga suavizándose mientras observaba a Mara chupar los restos de Juan, el tabú sellado en fluidos familiares.

Jadeaban todos, cuerpos exhaustos en la cama. Carlos sintió la culpa residual mezclada con satisfacción voyeurista: había dirigido el incesto como un patriarca erótico. Mara lo miró, sonriente y marcada.

Mara: Papá, fue perfecto bajo tus órdenes.

Juan tomó su teléfono, sacando una foto de Mara cubierta de semen, evidencia de su obediencia familiar.

11 Lecturas/24 enero, 2026/0 Comentarios/por donatienangeles
Etiquetas: hermana, hermano, hija, hijo, incesto, orgasmo, padre, semen
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