PILI, PUTA ADOLESCENTE (13). EL DÍA SIGUIENTE
Tras la presentación de Pili ante el Club, la vida continúa para este grupo de adolescentes putas..
PILI, PUTA ADOLESCENTE (13).
EL DÍA SIGUIENTE.
Me desperté sobre las diez de la mañana, tras un sueño profundo y reparador. Supuse que el cocktail de bebidas alcohólicas y de drogas del día anterior me había dejado K.O. No era habitual que durmiese casi doce horas del tirón, sin despertarme ni una sola vez, ni para ir al baño. De hecho, creo que me desperté por las ganas de mear. Tenía la vejiga a reventar.
Sobre el retrete, mientras orinaba, comencé a leer el chat de las chicas, al que había sido agregada tras mi presentación el día anterior. Ruth preguntaba qué tal al resto. Yoli, Mamen y Alba respondían que bien, comentando la fiesta del día anterior. Ruth mandó un selfie fumando un porro y todas rieron mientras las llamaban puta yonki.
Pertenecer a aquel grupo de adolescentes me hizo sentirme muy feliz. Todas teníamos entre 12 y 15 años. Un escalofrío recorrió mi cuerpo al darme cuenta de lo que había pasado en mi presentación. Aquellas cosas unen para siempre y ellas serían mis amigas, casi mis hermanas, por el resto de mi vida.
– Pili: Hola, putitas!!!
– Ruth: Hola, zorrón!!!
– Yoli: Por fin te despiertas, perra!!!
– Mamen: Buenos días, dormilona.
– Alba: Hola, Pili!!!
– Sole: Aún te duele el oído?
– Ruth: Joder, es verdad. Vaya ostión que te metió mi padre. Jajajaja!!! Qué le hiciste para ponerle así?
– Pili: Ya no me duele, pero me estuvo pitando hasta que me quedé dormida.
– Mamen: Jajaja!!!
– Pili: Ruth, le dije a tu padre que no se corriese dentro de mí, que no era digna de su leche. Como tiene que preñar a Yoli, pensé que era mejor que le metiese la lefa a ella.
– Mamen: Yo estaba a su lado y sonó como una bomba atómica. Jajaja!!!
– Alba: Te dio más fuerte que a mí. Jajaja!!!
– Ruth: Soniaaaaaa, despierta!!!
– Yoli: Está sobada fijo.
– Sole: Cómo la voy a echar de menos cuando la traspasen.
– Alba: Tenemos que disfrutar de ella todo lo que podamos, quedan menos de tres meses para que se marche.
– Ruth: Ya te digo, qué putada!!!
– Pili: Os dejo un rato, chicas. Que mi padre me reclamaba
– Mamen: Chúpasela bien, perra!!! Jajaja.
– Ruth: Ya te quiere dar lo tuyo, puta zorra!!! Jajaja!!!
Bloqueé el móvil, con una sonrisa en el rostro por los comentarios de mis amigas. Papá me había llamado desde el salón.
– ¡Hola, papi! ¡Buenos días! – saludé al entrar en el salón. Mi padre estaba sentado sobre el sofá – ¿Quieres que te la chupe o prefieres mearme?
– Luego, Pili – dijo sonriente – Ahora tengo que comentarte algo …
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Mientras tanto, en casa de Antonio.
– ¿Tienes un piti? – preguntó Ruth asomando la cabeza por la puerta entreabierta de la habitación de Sole.
– ¡Toma! – respondió Sole sacando un par de cigarrillos de un paquete y alargando el brazo para dárselo a su hermana – ¡Ven! Charlemos un rato, hermanita – añadió ofreciendo a Ruth un sitio en su cama.
Ruth se sentó junto a Sole y ambas se encendieron sus respectivos cigarrillos, mientras miraban de reojo el chat de las chicas. Dieron un par de profundas caladas, pensativas.
– ¿Crees que ya estarás preñada de Marcial? – preguntó Ruth.
– ¡Quién sabe! – respondió Sole encogiéndose de hombros – Ayer se me corrió dentro 3 veces, pero nunca se sabe
– ¿Tienes ganas de tener una barriga gorda? Seguro que así te van a contratar un montón de pervertidos … – comentó Ruth con la mirada perdida.
– Supongo … – respondió Sole soltando lentamente por la boca el humo del cigarrillo.
– A mí me gustaría un montón – dijo Ruth ensimismada – Un barrigón bien gordo con una putita dentro para enseñarla a servir al Club. Además, seguro que preñada te crecen las tetas y se te ponen bien gordas.
– Pronto te preñarán a ti – respondió Sole – Algún día me gustaría ver a nuestras convertidas en grandes putas, atendiendo a los miembros del Club y siendo muy rentables, como nosotras ahora.
– ¡Qué madre no quiere eso para su hija! – exclamó Ruth, dando una nueva calada a su cigarrillo, ya medio consumido.
De pronto, la voz de Antonio interrumpió la fraternal charla entre Sole y Ruth.
– ¡Putaaaaaas! ¡Arriba que a las dos tenemos que estar en la monta! ¡Id preparándoos!
– Joder … por un momento había olvidado que hoy tenemos trabajo – dijo Sole apagando la colilla del cigarro en un humeante cenicero sobre una de las mesillas de noche.
– ¡Hostias, es verdad! – exclamó Ruth – Ya no me acordaba que hoy nos van a follar un par de perros – dijo poniéndose en pie y corriendo hacia el cuarto de baño – ¡Rápido, Sole … vamos a ponernos un enema!
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En ese mismo momento, en casa de Pepe.
– ¡Chupa bien, putita! ¡Chupa como ayer hacías con los del Club! – susurró Pepe empujando su polla dura en la boca de Albita, su hija.
– ¡Glup, glup, glup!
– ¡Hazme un trombón, perra! – ordenó Pepe – Como hizo ayer la nena de Agustín.
– Pili va a ser una gran puta, papi – dijo Albita, con su habitual vocecilla infantil, mientras se colocaba detrás del culo de su padre y metía la lengua dentro. Meneó su polla dura al tiempo que lamía su ojete peludo.
– Sí, lo va a ser – respondió Pepe – Creo que esta semana haré una visita a Agustín para usar a su hija. He pensado en pedirle a Agustín que me deje preñar a Pili, cuando sea el momento. ¿Qué opinas? ¿Te gustaría una hermanita?
– Sí, papi … Pili me cae muy bien. Sería genial que ella te diera una hermanita para mí. ¿Quieres que te saque ya la leche, papi? – preguntó Albita, apartando por un momento la lengua del culo de su padre.
– ¡No, perrita! Sólo toca el trombón hasta que me entren ganas de mearte.
– ¡Vale, papi! Lo que tú digas – añadió Alba regresando a la tarea de lamer culo y menear polla.
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Mientras, en casa de Paco.
– ¡Puta de mierda! ¿Estás sorda o qué, jodida subnormal? – gritó Paco.
– ¿Eh? ¿Qué? – exclamó Sonia despertando por los gritos de su padre – ¿Qué pasa, papi?
– ¡Te está sonando el móvil, retrasada de los cojones! ¡Tu puto móvil me ha despertado, hija de la gran puta! ¡Contesta o ponlo en silencio!
Sonia dio un respingo y se incorporó. Efectivamente, su móvil no dejaba de sonar sobre la mesilla junto a la cama. El cansancio por la fiesta del Club el día anterior y la heroína que se había inyectado al llegar a casa mientras su padre se hacía una paja viendo cómo se pinchaba, la habían dejado fuera de combate durante más de diez horas. Miró su móvil. Había más de 250 mensajes en el grupo de la chicas y dos llamadas perdidas de Pili. Eran las once de la mañana.
– ¿Qué querrá esta puta perra ahora? – se preguntó a sí misma en voz baja, mientras devolvía la llamada
Se sentó sobre la cama, tratando de recuperar la consciencia, mientras escuchaba los tonos de llamada.
– ¡Sonia! – exclamé.
– ¿Qué coño quieres, Pili? Has despertado a mi padre.
– Lo siento – dije con voz apesadumbrada – No era mi intención. Pensé que ya estarías levantada.
– Bueno … ¿qué cojones pasa? – preguntó de mala gana.
– Tengo una noticia muy buena – dije ilusionada. Mi padre me había despertado a primera hora de la mañana, a eso de las nueve, para contarme que sus gestiones telefónicas de la noche anterior, tras la fiesta con el Club, habían dado sus frutos y me había conseguido un cliente para esa misma tarde. Estaba deseando contárselo a alguien. Antes de comentarlo en el chat con las otras chicas, pensé que Sonia debía ser la primera en saberlo.
– ¿Me quieres decir de una puta vez qué coño pasa? – preguntó Sonia, tan impaciente como enfadada.
– Tía … ¡que tengo mi primer cliente! – exclamé emocionada.
– ¡Enhorabuena! – respondió de inmediato – ¿Y cómo ha sido el tema? Tan rápido …
– Mi padre ayer se puso a hacer llamadas cuando me acosté y esta mañana me ha dicho que ya tiene un cliente para mí, para esta misma tarde.
– ¡Joder, qué bien! Cómo me alegro por ti, Pili.
– Quería que fueras la primera en saberlo.
– ¿Y a qué debo ese honor?
– Pues … que gracias a ti y a tus consejos de la semana pasada … creo que he gustado a los miembros del Club.
– ¡Ya lo creo que les has gustado! – exclamó Sonia.
– ¿Te lo han dicho?
– No hace falta, puta idiota … esas cosas se notan – respondió Sonia.
– ¿En qué? – pregunté ilusionada.
– En todo … en cómo te follaban, en cómo estaban pendientes de ti, en cómo todos querían usarte y verte colocándote, … Tú no te diste cuenta pero cuando te pinchaste el caballo, varios no pudieron contenerse y empezaron a meneársela – me contó – ¡Se la pusiste bien dura sin tocarles la polla!
– ¡Ay, gracias! – exclamé ilusionada.
– Cuéntame … ¿qué sabes de ese cliente? ¿Qué te ha contado tu padre?
– Poca cosa, Sonia – respondí – Solo me ha dicho que un conocido suyo quería probarme. Vendrá esta tarde a casa, sobre las siete – expliqué – Pero no sé nada más. Ni precio, ni cuáles son sus gustos, ni cuánto tiempo estará conmigo, … no sé más – dije resignada – Y quería pedirte consejo.
– Sé tú misma, Pili – dijo Sonia – Ayer demostraste lo puta que eres.
– Ay, muchas gracias – dije – Pero … no sé … algo más concreto … ¿cómo debo comportarme, qué debo decir? Dame algún consejillo …
– A ver … mi primer cliente fue hace ya mucho. Te envidio, ¿sabes? – dijo Sonia con un poso de nostalgia – Fue una época de mi vida muy bonita.
– ¿Hace cuánto? – pregunté, ávida de las respuestas que me había negado en su visita a mi casa la semana anterior. Recordé que me preguntó desde cuándo follaba y que ella no me quiso responder a esa misma pregunta. Dijo algo así como “no me creerías si te lo dijera”.
– Hace ya más de cuatro años.
– ¿Tanto? – exclamé calculando mentalmente su edad – Entonces … tenías … ¡11 años!
– Sí, Pili. Mi padre me prostituía antes de convencer al resto de miembros de formar el Club – explicó – Ellos me probaron cuando tenía 12 y supuso la fundación del Club. La regla de no ser prostituidas entes de ser presentadas a los miembros se creó después. Yoli, Mamen, Sole, Ruth, Alba y Elenita sí han seguido esa regla. Y ahora tú – prosiguió – Pero mi padre no sabía si conseguiría convencer al resto, así que me sacó todo el provecho que pudo desde los 11.
– Joder, Sonia … sabía que habías sido muy precoz, pero no tanto – dije, pensando en que mi primer cliente me llegaba con catorce. Cuánto tiempo perdido y cuánto dinero había dejado de ganar mi padre por culpa de que mi primera regla me hubiera bajada tan tarde. Ojalá me hubiera venido a los 9 o 10 años, para poder haber empezado antes mi adiestramiento y llevar años siendo rentable.
– Tú sé muy servicial y complaciente – me aconsejó Sonia – Como lo fuiste ayer con los miembros del Club y como lo eres siempre con tu padre.
– Ahá – asentí.
– Te pida lo que te pida, nunca pongas mala cara o dudes, ¿vale?
– Sí.
– Siempre con una sonrisa de felicidad en la cara.
– Vale.
– Si te ofrece bebidas o drogas, ¡nunca las rechaces! A muchos clientes les gusta colocarse con putas.
– Ni se me ocurriría hacer algo así – respondí de inmediato.
– Piensa en lo afortunada que eres cuando estés con tu cliente – prosiguió Sonia – Pocas chicas de nuestras edad tienen la suerte de ser putas tan jóvenes. Piensa que lo que haces hará feliz a tu padre y que cuanto más complazcas a tu cliente, más querrá volver a contratarte y tu padre y el Club ganarán dinero con ello.
– Sí, Sonia – asentí.
– Que vea que tu vida es el vicio, ya sea sexo, alcohol o drogas – añadió Sonia – A los hombres les gustan las chicas muy viciosas. ¿Recuerdas lo que respondí ayer en el juego de las preguntas?
– Eh … estoooo … no sé …
– Me preguntaron cuánto es 7×8. ¿De verdad crees que no sé la respuesta? 56. ¿Crees que a ellos les importa una mierda si sabemos las respuestas o no? Lo que quieren escuchar es que somos unas viciosas, que sabemos cosas de porno, de sexo y de drogas … no quién inventó la bombilla o quién descubrió América.
– Ah, vale … ya recuerdo. Dijiste algo como que te importaba una mierda, que sólo querías follar, emborracharte y drogarte, ¿no?
– ¡Eso es! – asintió Sonia – Y esa es la actitud que tienes que tener, no sólo con el cliente de hoy, sino siempre. Mientras tengas claro lo que eres, para lo que sirves y quién manda, todo irá bien.
– Soy una puta, sirvo para que me usen y mandan los hombres – dije de carrerilla. Lo había repetido miles de veces durante el adiestramiento recibido por mi padre, mientras me daba por el culo o me meaba en la cara.
– Eso es todo lo que debes saber. Siéntete muy orgullosa de lo que eres y no tengas dudas ni vergüenza de demostrarlo ante quien sea.
– ¡Qué buena eres conmigo, Sonia! – dije, agradecida por sus consejos.
– Llámame cuando termines con ese cliente y me cuentas, ¿vale, perra? – dijo Sonia, anunciando con el tono de voz el fin de la conversación – Mi padre acaba de levantarse y querrá que la haga una mamada.
– Claro, Sonia. Muchas gracias. Besitos – dije antes de colgar.
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En ese mismo instante, en casa de Marcial.
– ¡Sigue chupando, no pares! – exclamó Yoli mientras Mamen le lamía el coño. Cogió un cigarrillo humeante del cenicero de cristal sobre la mesilla y le dio una profunda calada – ¿Crees que ya estaremos preñadas? Ayer Paco se me corrió dentro del coño cuatro veces.
– ¡Quién sabe! – dijo Mamen separando las piernas de su hermana para poder profundizar mejor con la lengua en su coño – A mí Fernando me metió su lefa tres veces – añadió justo antes de volver a la tarea de comerle el coño a Yoli.
Marcial abrió la puerta de la habitación de las gemelas.
– ¡Así me gusta, putas! – exclamó al ver cómo Mamen le comía el coño a Yoli – Os he enseñado bien – añadió mientras se bajaba los calzoncillos.
– ¿Me la metes en el culo, papi, mientras hago que Yoli se corra? – preguntó Mamen.
– Justo eso es lo que voy a hacer, puta – dijo Marcial colocándose tras el culo de Mamen. Se meneó la polla durante unos segundos, al tiempo que restregaba el capullo sobre las nalgas de su hija y, de inmediato, se la enchufó por detrás.
– ¡Eso es, papi, dame por el culo! – exclamó Mamen – Dame una calada, Yoli – le pidió a su hermana, que le pasó el cigarrillo, mientras con la otra mano acariciaba su clítoris.
– ¡Fóllate a esta puta, papi! – exclamó Yoli, refiriéndose a su hermana.
– ¡Ven aquí, nena! – le indicó Marcial a Yoli. Ésta se arrodilló sobre la cama acercándose a su padre, que la tomó con fuerza por la cabeza y le metió le lengua en la boca, sin dejar de follar el culo de su otra hija.
Durante unos minutos mantuvieron esa posición. El ritmo de las embestidas de Marcial en el ojete de Mamen se fue acelerando progresivamente mientras jadeaba y jugaba con la lengua de Yoli, escupiendo en su boca y mordisqueando sus labios. Hasta que se corrió. Antes de hacerlo, sacó la polla del culo de su hija y soltó su leche caliente sobre sus nalgas.
– ¡Trágate mi lefa, Yoli! – ordenó – ¡No dejes ni una gota de mi semen en el culo de tu hermana! Y tú, Mamen … ¡límpiame la polla!
Ambas obedecieron. Mamen se giró sobre la cama para poder meterse la polla de Marcial en la boca, siempre a cuatro patas para que la lefa que acababa de recibir en sus nalgas no resbalase hacia las sábanas y Yoli pudiera lamerla.
– ¡Son más de las 11, putas! – exclamó Marcial mientras Mamen le limpiaba la polla con la boca – A la cinco tenéis un cliente. Así que … ¡preparaos!
– No sabía que hoy teníamos trabajo – dijo Yoli mientras lamía el semen de su padre del trasero de su hermana.
– Me ha surgido esta misma mañana – explicó Marcial.
– ¿Dónde es? – preguntó Mamen, colocando la polla flácida de su padre dentro de los calzoncillos.
– ¡Y qué ti qué cojones te importa, zorra de mierda! ¡Poneos un enema y tomad una ducha! A las cuatro salimos – añadió, saliendo de la habitación.
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A esa misma hora, en casa de Fernando.
– Papi, tienes que hacer algo ya … ¡no aguanto más! – se quejó Elenita a su padre.
– Tienes que ser fuerte, Elena – dijo Fernando – Ya sabes que de momento no se puede hacer nada.
– Es que mamá no me deja fumar, ni beber … no puedo ver porno en su casa, tiene capados todos los dispositivos. Es horrible. ¡Ni un porro me puedo fumar!
– Cuando cumplas los 13 pediré la custodia exclusiva – explicó Fernando – Cuando te hagan el informe solo tienes que decir que te tiene abandonada, que no quieres verla, que es una borracha, que lleva hombres a casa, que estarías mejor conmigo, …
– Queda mucho para eso – dijo enfadada – Además, luego puede tardar años. No soy tonta, he mirado en internet.
– Pero ahora mismo no podemos hacer otra cosa – repitió su padre – El Martes y el Jueves te veo y te dejo fumar, beber y meterte lo que quieras, ¿vale? A ver si te puedo conseguir algún cliente para esos días …
– ¡No es justo! – añadió al borde del llanto, cruzando los brazos, evidenciando su enfado – Mira las demás. ¡Joder! Pueden hacer lo que quieran. Sonia ni va al insti ya. Y en cuanto Sole y las mellizas se queden preñadas seguro que tampoco van más. Todo el día follando y colocándose … ¡y yo teniendo que ir al colegio y encerrada en casa de mamá!
– Lo sé, Elena … lo sé – dijo Fernando viendo sufrir a su hija – Le he pedido ayuda a Paco y ha dicho que los rusos quizás puedan hacer algo.
– ¡A ver si se la cargan de una puta vez! – exclamó Elenita.
– ¡No digas eso! No hay que llegar a esos extremos – dijo Fernando – ¡Venga, nena! ¡Anímate que hasta las 8 no viene tu madre a por ti! ¡Chúpame la polla un rato y luego nos metemos unas rayitas! ¿Vale?
– Vale, papi … ¡qué bueno eres conmigo!
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Un rato después, en casa de Arturo.
– ¡Bébete todo de un trago para poder vomitarlo después! – ordenó Arturo mientras le metía la polla por el culo a su hija. Tania, desnuda y a cuatro patas sobre una alfombra recubierta por un plástico transparente, recibía en su tierno culito el pollón de Arturo, mientras trataba de beber leche de una jarra de litro.
– Glup, glup, glup – bebió Tania hasta dejar la jarra vacía – ¿Me la saco yo con los dedos o tú con la polla? – preguntó con voz infantil.
– ¡Con esto! – ordenó Arturo entregando a su hija una polla de látex de grandes dimensiones – ¡Métela hasta la garganta y devuelve, puta!
– Vale, papi – obedeció Tania introduciendo la polla de látex en su boca y empujando con fuerza sobre su garganta.
– ¡Así me gusta, hija! – exclamó Arturo sin detener las embestidas en el culo de Tania.
– ¡Argggg! – exclamó Tania, justo antes de que brotase de su boca la leche que había bebido hacía unos instantes – El chorro cayó sobre un barreño colocado bajo su cabeza.
– ¡Más, puta! – ordenó Arturo – ¡Échalo todo!
Tania repitió la misma operación, forzando su garganta con la polla de látex y soltando una considerable cantidad de vómito blanquecino sobre la palangana. Arturo le insistió varias veces en que debía echarlo todo, sin dejar de follarla por detrás.
Tania era delgada pero con curvas. Más o menos de metro y medio de estatura y unos 45 kilos de peso. Tenía unas caderas pronunciadas y unos pechos pequeños pero abultados. Piernas y trasero firmes. Su cuerpo no aparentaba la edad que verdaderamente tenía. Parecía un par de años mayor. Ni siquiera en su rostro podía advertirse la inocencia de una chica de 11 años. Ojos oscuros, frente estrecha, nariz chata y labios gruesos; coronado todo ello por una media melena lacia de color anaranjado. Su padre lo había comentado con los otros miembros del Club: parecía mayor y, vestida y maquillada, pasaba perfectamente por alguien de 16 o 17 años.
– ¡Más, Tania, más! – exigió Arturo – Tienes que sacarlo todo de las tripas.
– Arrrggg, arrggg, arrrggg – insistía Tania con la polla de látex sobre su garganta.
– Ayer potaron todas con facilidad – explicó Arturo sin dejar de follar el culo de su hija – Hasta Alba devolvió después de llevarse un par de hostias, pero sospecho que lo hace adrede para calentarnos.
– ¡Arrrrggg! – soltó un nuevo chorro de vómito blanquecino.
– Quiero ser la envidia de todos los miembros del Club cuando te presente – explicó Arturo agarrando de la melena a su hija y tirando de ella – Vas a ser la puta más joven y rentable de todo el Club. ¿Entiendes, puta? – preguntó tirándola del pelo con fuerza.
– Sí, papi. Te haré sentir muy orgulloso – asintió Tania – Creo que ya he soltado todo.
Arturo le sacó la polla del culo a su hija y se puso en pié, acercándose a la palangana. La cogió y vertió todos los vómitos sobre la jarra.
– ¡Bébetelo! – ordenó.
Tania no dudó. Tomó la jarra y comenzó a beber su contenido poco a poco. Cada trago que daba, tomaba aire; momento que Arturo aprovechaba para contemplar la magnífica puta en que había convertido a su hija de tan sólo 11 años. Dos lagrimones le recorrían las mejillas, por el esfuerzo de vomitar. Poco a poco, Tania logró beber todo el contenido de la jarra. Arturo le escupió en la cara y le pegó dos bofetones, uno por mejilla. Al momento, pellizcó con violencia sus tetitas y las sobó con energía.
– ¿Qué eres?
– Una puta.
– ¿Para qué sirves?
– Para ser usada.
– ¿Qué te hace feliz?
– Follar, emborracharme, drogarme, dar placer, …
– ¿Cómo puedes dar placer?
– Con mi cuerpo. El hombre que me use puede hacer conmigo lo que quiera.
– ¿Cuánto vales?
– Nada.
– ¿Quién es tu dueño?
– Tú, papi.
– Sabes que llegará un día en que tendré que venderte para sacarte rendimiento …
– Lo sé, papi. Será un honor que te hagas rico conmigo.
– ¿Cumplirás mis órdenes?
– Siempre, hasta que me vendas a otro dueño
Arturo volvió a propinarle dos bofetadas. Después, la empujó sobre el suelo y la puso tumbada boca abajo. Pisó su cabeza. Llevaba puestas una botas de montaña, con una suela de goma negra.
– Ayer llegó una nueva puta al Club – explicó, sin levantar el pie de la cabeza de Tania, que permanecía inmóvil y en silencio – Se llama Pili. Tiene 14 años. Es buena puta ya, aunque aún debe cumplir algunos requisitos para ser admitida como esclava del Club. Aún no se ha prostituido ni ha sido emparejada con animales, pero seguro que pronto lo hará y creo que podrá acudir a la Capea del mes de Junio – prosiguió sin levantar la bota de la cabeza de su hija – Ayer comenzaron a preñar a varias de las putas. A Sole, a Yoli y a Mamen. ¿Y sabes qué? Se me ha antojado preñar a la nueva putita, a Pili.
En ese momento, Arturo dejó de presionar con el pie sobre la cabeza de Tania. La cogió por el pelo y la puso de rodillas, como si se tratara de una muñeca de trapo.
– Quiero darte una hermanita, Tania – le dijo con rabia a escasos centímetros de su rostro – Pero aún no puedo preñar a ninguna de las putas del Club. ¿Sabes por qué, zorra asquerosa?
– ¿Por mi culpa? – preguntó tímidamente Tania.
– ¡Exacto, hija de la gran puta! – le gritó. De inmediato, volvió a escupir en su cara – No puedo hasta que aporte una puta al Club. Esa puta eres tú, Tania.
– Lo sé, papi.
– Así que … ¡date prisa en mejorar hasta ser una puta esclava que pueda ser admitida por el Club o alguien se me anticipará y preñara a Pili! Javi ya está adiestrando a su hija mayor, ¿sabes? Estoy perdiendo tiempo, dinero y oportunidades … ¡por tu puta culpa!
– Papi, no es culpa mía que me haya bajado la regla a los 11 … – dijo Tania en tono de disculpa.
– ¡Ah, no! – exclamó Arturo muy enfadado – ¿Y de quien es la culpa … si puede saberse? ¿Mía?
– No, papi … tuya nunca – se apresuró Tania a decir – Sabes que si me hubiera venido antes, ya estaría prostituyéndome y dándote mucho dinero.
– ¡Me vas a devolver cada puto céntimo que he invertido en ti, puta asquerosa!
– Sí, papi … claro que sí. Te haré rico, ya lo verás.
– ¡Eso espero, zorra de mierda! – exclamó Arturo – No quiero volver a la puta oficina del Ministerio. Como a los 12 años no estés generando 5.000 Euros al mes, te mato y adopto a otra puta rumana como tú, a ver si me sale mejor.
– No papi, ya lo verás – dijo Tania con voz temblorosa – Prostitúyeme ya, papi. Seguro que pagarán mucho dinero por una puta de 11 años.
– ¡No puedo, zorra subnormal! – gritó Arturo – Antes tienes que ser presentada al Club. Es una de las reglas. Si lo hago antes, puedo ser expulsado. Te adopté para que fueras rentable. Tuve que chantajear a gente en el Ministerio. Pagué dinero para pasar los filtros de la adopción. Pago tu comida, tu colegio, tu ropa, el alquiler de esta casa … ¿cuándo coño vas a empezar a devolverme lo que he hecho por ti?
– Preséntame ya, por favor. Lo estoy deseando – suplió Tania.
– ¿Estarás preparada para la reunión del mes que viene, cerda?
– Sí, papi – dijo Tania con desesperación – Lo estoy ya. Por favor … si me presentas en la siguiente reunión, podrás alquilarme desde ese momento …
– No sé … – dijo Arturo, pensativo, deambulando nervioso por la estancia.
– ¿Qué hacen las otras chicas que no haga yo? – preguntó Tania, aún de rodillas sobre el plástico que cubría la alfombra – Follo, fumo, bebo y me drogo. Vomito, trago pis y me masturbo con cualquier cosa. Bebo mis vómitos, trago tu lefa, ya he follado con perros, me he pinchado heroína, esnifo coca, fumo un paquete de tabaco al día, veo mucho porno, … joder, papi, soy muy puta. Estoy preparada ya – suplicó.
– Está bien, Tania – cedió Arturo – Aún tenemos un mes por delante para impresionar al Club. A ver si puedo conseguirte algún caballo para que te estrenes con equinos y varios perros más para que cojas más soltura. Y habrá que acelerar la dilatación de tu culo.
– Sí, papi. Haré lo que sea. Me encanta follar con perros y seguro que con caballos también. Gracias, papi.
– Ahora, ¡chúpame la polla y sácame la leche, puta! – concluyó Arturo, cogiendo por el pelo a su hija y metiéndole su enorme pollón hasta la garganta.
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Unas horas después, en una finca de un pueblo de Toledo.
– ¡Vamos, nenas! ¡En pelotas ya! – ordenó Antonio.
– Papá … aquí no hay perros – dijo Sonia mirando alrededor, al tiempo que se quitaba la bata negra del Club y la apoyaba sobre un fardo de paja. Ruth hizo lo mismo. Las dos se quedaron completamente desnudas y descalzas.
– Tengo una sorpresa para vosotras – dijo Antonio, después de colocar el trípode de una cámara de vídeo sobre el suelo del establo, lleno de tierra y paja. A continuación, tomó su móvil y marcó un número – ¡Ya puedes traerlo!
Al cabo de unos segundos, un hombre ataviado con una visera negra y un peto de color marrón entró en el establo, conduciendo a un imponente caballo de piel marrón brillante.
– ¿Un caballo? – preguntó emocionada Ruth
– ¿En serio, papi? – exclamó Sole, sin dar aún crédito a semejante regalo.
Antes de que Antonio respondiese a sus hijas, el tipo dirigió al caballo hacia el extremo opuesto del establo y ató las riendas a una valla de madera junto a una pared. Le pasó la mano por el lomo, dándole unas palmadas.
– Está sedado y acostumbrado a hacerlo con humanos – le indicó a Antonio – Tienes una hora. Cualquier problema, me llamas y vengo.
Antonio le entregó varios billetes al hombre, que los contó y se los guardó en el bolsillo. Después echó una mirada a Sole y a Ruth y salió del establo.
– ¿Para nosotras, papi? – preguntó Ruth, emocionada.
– Sí, nenas. Vamos a hacer una película – explicó Antonio – Ya habéis oído al dueño: tenemos una hora para que juguéis con él – dijo mientras cambiaba el trípode de la cámara, ubicándolo a unos dos metros del caballo, buscando un ángulo que permitiera ver a las dos hermanas jugar con el equino – Voy a dejar la cámara grabando todo el rato – añadió mirando por el visor para ajustar el plano – Tened los móviles cerca para haceros selfies. Yo también me acercaré para grabaros con mi móvil. Luego lo editaré todo.
– Muchas gracias, papi – exclamó Ruth, acercándose a Antonio y dándole un abrazo.
Sole no perdió el tiempo. Se arrodilló bajo el caballo y tocó su enorme cipote, meneándolo ligeramente. Ruth se colocó a su lado, sonriente. Comenzó a acariciar la enorme tranca del caballo.
– ¡Qué grande es! – dijo Ruth – ¡Y mira qué huevazos tiene! – indicó señalando los testículos del caballo.
– Hay que hacer que se descapulle – explicó Sole meneando la polla del animal. Poco a poco, la piel se fue retirando y el capullo asomó, desplegándose como si de una flor se tratase. Si la polla medía casi medio metro en reposo, cuando el capullo se desfloró y la tranca comenzó a coger vigor, llegaría a los 60 centímetros.
– Ay, qué blandito está el capullo – comentó Ruth tocándolo.
– Voy a metérmelo ya en la boca – anunció Sole, mientras su padre acercaba el móvil para capturar el momento – ¡Arrrrrgggg!
Sole abrió la boca cuanto pudo para introducirse el capullo, pero apenas si consiguió unos centímetros. Era demasiado gordo.
– Es tan grande que no me cabe – dijo Sole, contrariada – ¡Arggggg! – volvió a intentarlo, consiguiendo esta vez que el capullo desapareciese en su boca – Vale, ¡ya lo tengo! – exclamó – Una vez que pasa el capullo, pasa el resto. Lo que pasa es que está muy abierto y blando – explicó – Lo he visto en algunos vídeos de zoofilia. ¡Mira!
Sole volvió a meterse el capullo en la boca. No pasaba, se salía. Pero tras varios intentos, consiguió metérselo todo. Una vez dentro, engulló la tranca todo lo que pudo, ante la atenta mirada de Ruth
– ¡Déjame probar a mí! – exigió Ruth.
– Toma, puta … ¡hazlo así! Ya verás. A ver si te cabe más a ti – dijo Sole pasándole el pollón a su hermana.
– ¡Dios, qué bonita es! – exclamó Ruth emocionada mientras meneaba suavemente el pollón. De inmediato, intentó succionarla igual que había hecho un momento antes Sole. Siguiendo los consejos de su hermana, capturó el capullo entre los labios ayudándose de las manos y, una vez que lo tuvo todo dentro de la boca, deslizó la polla dentro hasta que hizo tope con la garganta.
– Yo creo que no está dura del todo – apuntó Sole meneando con más ritmo, mientras Ruth la mamaba. Pasó la lengua por toda la tranca, desde los huevos hasta encontrar la boca de Ruth al otro extremo, tratando por todo los medios de engullir el pollón – ¡Chupemos las dos!
Ambas se fueron pasando el enorme rabo, de boca en boca, lamiendo y chupando con glotonería. Cada vez les resultaba más sencillo metérsela en la boca.
– Espero que la inversión valga la pena, perras – exclamó Antonio, grabando un primer plano de sus hijas disfrutando de la polla del caballo – Esto me ha costado 300 pavos y espero que el vídeo podamos venderlo por mucho más.
– ¡Yo me lo quiero follar ya! – exclamó Ruth impaciente – Seguro que por el coño me meto treinta centímetros – ¡Ayúdame, Sole!
– ¡Primero yo que para eso soy la mayor! – reclamó Sole, arqueando la espalda bajo el caballo y buscando con el culo el contacto con la tranca del animal – ¡Vamos, joder! ¡Ayúdame, hostias!
– Sole, tú solo por el culo – advirtió su padre – No quiero que influya en nada en tu embarazo.
– ¿Y eso qué tiene que ver? – replicó Sole, enfadada.
– ¡Tú a callar, puta! – sentenció su padre – ¡Vamos, Ruth, ayuda a tu hermana a meterse la polla del bicho por el culo!
Ruth meneó la polla del animal tratando de endurecerla al máximo y que el enorme capullo pudiese penetrar el culo de su hermana. Sole ofrecía su trasero, separándose las nalgas. Ruth dirigió la tranca hacia el ojete de Sole y empujó haciendo fuerza para que avanzase por su recto. Tras varios intentos, por fin la tranca fue penetrando el culo de Sole.
– ¡Ahora lo siento dentro! – exclamó emocionada, mientras se tocaba el coño, en señal de excitación – A ver cuánto puedes meter, Ruth. ¡Empuja fuerte, que entre más!
– ¡Eso intento, joder! Pero es muy gorda y no está dura del todo – dijo contrariada mientras meneaba la polla del animal con una mano y, con la otra, presionaba sobre el ojete de su hermana para lograr que penetrase más – Tendrás dentro como unos diez centímetros.
– Joderrrrr, qué sensación más maravillosa! – susurró Sole – ¡Me está follando un caballo! Gracias, papi. ¡Graba bien todo, por favor! Que se vea bien cómo me entra la polla enorme del bicho este.
– ¡Qué orgulloso estoy de ti, hija! – exclamó Antonio, enfocando con su móvil el rostro de Sole.
– ¡Qué puta soy, joder! – exclamó mirando a la cámara del móvil de Antonio – ¡Mirad como me da por culo un caballo! Papi, cuando esté preñada y tenga una barriga bien gorda tienes que traerme aquí otra vez y grabarme follándome a este caballo con mi puta hija dentro de la panza – dijo muy excitada.
– ¡Me toca, joder! – reclamó Ruth, impaciente por ocupar el lugar de su hermana.
Antonio se bajó los pantalones y le ofreció su polla a Sole, que la engulló de inmediato. Ruth tomó su móvil y grabó la escena desde otro ángulo, aprovechando a sacarse varios selfies. Antonio ordenó el cambio de postura. Le tocaba a Ruth, que imitó a su hermana.
– ¡Vamos, Sole … joder, métemela ya! – exclamó impaciente, al tiempo que se la mamaba a su padre.
– Tranquila, guarrilla … – dijo Sole apuntando la tranca hacia el coño de su hermana – A ver si en esta postura puedo hacer que te la meta en el chocho. ¡Joder, puerca … lo tienes encharcado! – exclamó a tocar el coño de Ruth, intentando meter la tranca del animal.
– ¡Como para no estar mojada! – exclamó impaciente Ruth – Me voy a follar a un caballo, joder … ¡ahhhh, qué gusto! – suspiró cuando sintió el pollón avanzando en su conejo – ¡Qué bueno, joderrrr!
– Va entrando – indicó Sole dirigiendo la follada y presionando la polla del animal sobre el coño chorreante de Ruth. A continuación, lo meneó, de forma que el capullo siempre quedase dentro de su hermana, pero ésta pudiese notar cómo la enorme polla la follaba – ¿Te gusta así, puta?
– Sí, joder … esto es la hostia – suspiró al borde del orgasmo – Papá, enfócame con el móvil, por favor. Hola, me llamo Ruth, tengo 14 años y me está follando un caballo – dijo con gesto vicioso justo antes de perder el control y correrse.
– ¡Córrete, puta! ¡Te gusta tener la polla de un caballo en tu puto coño, eh! – exclamó Sole, haciendo gala de su peculiar vulgaridad al hablar.
– ¡Sí, sí, sí! – exclamó Ruth entre espasmos, corriéndose – Ahora, ¡metémela en el culo!
Muy hábilmente, Sole sacó la polla del caballo del coño de su hermana y, de inmediato, se la metió en el culo. Presionó para que la tranca del animal no perdiese vigor y dificultase la enculada, siempre sin dejar de meneársela. Ruth volvió a mamar la polla a su padre y cuando sintió la tranca del equino avanzar en su recto, gimió de placer.
– ¡Dios, qué bueno! – exclamó.
– ¿La sientes, perra? – preguntó Sole.
– Sí, joder … ¿cuánto tengo dentro?
– No sé, unos diez centímetros, como lo que me ha metido a mí – calculó Sole, acariciando la polla del animal.
– ¡Me gusta, joder … qué gorda es! – exclamó Ruth – ¡Qué bien se siente un pollón así dentro de mi culo! Es como cuando te follan con el puño, pero más rico porque esta polla está más blandita y se siente genial dentro.
De pronto, Sole le sacó la polla del culo a su hermana y mamó el capullo del animal durante unos segundos. Después, escupió en el ojete de Ruth.
– ¡A ver si te puedo meter más, puta!
– Sí, quiero medio metro dentro! ¡Sácamela por la boca, que me atraviese entera, joder! – exclamó Ruth, otra vez muy excitada.
– Ya ha pasado media hora, nenas – dijo Antonio mirando su reloj – Hay que hacer que se corra antes de que vuelva el dueño. El vídeo sin corrida del animal pierde mucho y no se venderá igual.
– Vale, papi – dijo Sole – Pero deja que me la meta otro ratito en el culo.
– Cinco minutos y os ponéis a la tarea de sacarle la leche, ¿vale?
Sole y Ruth volvieron a intercambiar sus puestos. Esta vez Ruth, que había tomado buena cuenta de las buenas mañas de su hermana con el animal, la imitó para conseguir mayor penetración de la tranca en el ojete de Sole. Lamió el culo de su hermana mientras meneaba el pollón y chupó el capullo con intensidad, embadurnádolo de su saliva, antes de apuntarlo sobre el agujero trasero de Sole. Ésta se separaba las nalgas con las manos mientras mamaba la polla de su padre, que seguía grabando todo con su móvil, además de la grabación de la cámara fija en el trípode a un par de metros del caballo.
– Joder, ahora entra mejor – dijo Sole – ¡Qué maravilla! ¡Diossssss! – exclamó al sentir la tranca del animal avanzando en su ojete – Papi, tienes que comprarnos un caballo para poder follárnoslo todos los días.
– Eso depende de vosotras dos, putas – dijo su padre – Si fueseis verdaderamente rentables, ya me habría comprado una finca con un establo, burros y caballos para vosotras.
– Si algún día paro una hija, me gustaría que ella pudiera tener esto todos los días, que no le falte de nada – dijo Sole – Ganaré mucho dinero, papá, para que mi hija pueda crecer en una granja, follando con caballos y burros.
– ¡Y cerdos! – exclamó Ruth – ¡Quiero follarme a un cerdo!
– En la capea lo harás, nena … – dijo su padre.
– Este año no se me escapa el puto gorrino ese – dijo Ruth, sin parar de menear la polla enorme del caballo.
– ¡Venga, hay que hacer que se corra! – ordenó Antonio.
– Papi, deja solo que me la meta un poquito en el coño, por favor … – suplicó Sole – Que ya verás como no pasa nada y me quedo preñada de Marcial sin problemas – dijo. Su padre la miró resignado – Además, a Ruth sí la has dejado.
– ¡Venga, vale! Pero solo un momento para que lo pruebes.
– ¡Gracias, papi! – exclamó Sole – Ruth, ¡sácamela del culo y me la metes en el coño! – ordenó. Su hermana obedeció y la tranca del caballo apenas estuvo fuera de Sole un segundo.
– Por el coño entra más fácil, ¿a qué sí? – apuntó Ruth, empujando el pollón dentro del coño de su hermana.
– ¡Dios, qué bueno! ¡Qué polla enorme! – susurró de placer Sole.
Tras unos minutos disfrutando de la polla del caballo en el coño, Sole deshizo su postura sacándose la tranca del animal. Las dos se pusieron en cuclillas para menear y chupar hasta que soltase la leche, procurando que la cámara fija las grabase bien. Antonio siguió grabando primeros planos con su móvil, mientras sus hijas meneaban y lamían la tranca del caballo, succionando alternativamente el capullo.
– Dicen Yoli y Mamen que estos bichos sueltan mucha leche, que es casi imposible tragarla toda – explicó Ruth.
– Ahora lo comprobaremos – respondió Sole, mamando con intensidad el capullo del animal, mientras su hermana meneaba la tranca con las dos manos.
– Creo que para que se corra deberíamos ordeñarlo, más que hacerle una paja – apuntó Ruth, aumentando el ritmo sobre la tranca del animal, con ambas manos, mientras Sole succionaba el capullo.
Durante unos minutos, las dos hermanas se alternaron mamando y meneando con el propósito de sacar la lefa del animal. Antonio metía prisa porque sabía que el tiempo se acababa. Pero Sole y Ruth eran suficientemente tenaces como para no desistir hasta conseguirlo. La polla del animal, de pronto, se puso más dura. Sole tenía el capullo en la boca cuando un potente chorro de semen invadió su garganta. Era tanta cantidad que Sole casi se ahoga y se tuvo que sacar el capullo de la boca mientras el semen le resbalaba por la barbilla, sin que le diera tiempo a tragarlo todo.
– ¡Déjame un poco, hija de puta! – exclamó Ruth al ver cómo a su hermana le rebosaba la boca de líquido blanquecino.
Sole soltó el capullo del caballo y varios regueros de lefa se perdieron sobre el suelo, hasta que Ruth pudo enderezarlo y dirigirlo hacia su boca, como si de una manguera se tratase. Antonio enfocó a su hija mayor, con la boca llena de semen de caballo. Sole miró al móvil de su padre y tragó, relamiéndose después.
– ¡Qué rica, joder! – exclamó Sole, mientras Ruth se afanaba en exprimir los restos que goteaban del capullo del caballo. Meneó ágilmente, pero no salía más. Prácticamente le había echado todo a Sole. Cuando Ruth se dio cuenta de esto, se lanzó a por la boca de su hermana, metiendo la lengua dentro y buscando cualquier resto de la lefa del animal.
– ¡Cacho puta, te lo has tragado todo! ¡No me has dejado nada! – protestó
– ¿Lo has grabado bien, papi? – preguntó Sole.
– ¡De puta madre, nenas! – exclamó su padre, contento con el resultado – Aún quedan diez minutos para que se cumpla la hora …
– A lo mejor podemos hacer que se corra otra vez – dijo Ruth – Las gemelas me contaron que un caballo se puede correr unas tres veces al día – explicó volviendo a la tarea de menear la tranca, visiblemente más encogida tras eyacular – Y seis o siete si es un semental.
– Papi, pues el bicho ni se ha inmutado – comentó Sole, mientras Ruth apuraba los últimos minutos del alquiler del caballo volviendo a mamarle la tranca y a meneársela en busca de una nueva eyaculación, que nunca llegaría – Cuando intentamos chupársela al pony en la capea, no se quedaba quieto …
– Claro, hija – dijo Antonio – Es porque este caballo está entrenado y acostumbrado a follar con humanos. Las mellizas han follado con él ya varias veces – explicó – Además, está sedado. Ya has oído antes al dueño.
– Yo no me voy de aquí hasta que se me corra en la boca – dijo Ruth, empeñada en ordeñar nuevamente al caballo.
– ¡Jajaja! – rio Antonio – ¡Qué puta estas hecha, hija!
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Unas horas después, en casa de Agustín.
Estaba tan nerviosa por mi primer cliente que apenas si probé bocado en la comida. No pude sacarle mucha más información a mi padre. Solo me dijo que era un conocido al que le gustaban las chicas jovencitas y que venía a probarme gratis. Si quedaba satisfecho, me contrataría más veces a razón de 100 Euros por hora.
Después de comer, me puse un enema para tener el culito limpio para mi primer cliente, me duché y me repasé con una cuchilla la escasa pelusilla que tenía en el pubis. Lo bueno de ser una puta esclavizada que recibe clientes en casa es que no tenía que pensar qué ponerme. No como mi madre, que siempre tenía que vestirse con conjuntos sexys y lencería para recibir o visitar a sus clientes.
Papá me había dicho que el cliente llegaría sobre las siete. Aún me quedaba más de media hora y, como estaba tan nerviosa e impaciente, me hice un porro y me lo fumé en mi habitación mientras veía porno.
No eran aún las siete cuando sonó el timbre. ¡Había llegado la hora de atender a mi primer cliente! ¡Qué nervios! ¡Qué emoción! Por fin iba a ser una puta de verdad.
Continuará …
Twitter (X): CarolinaPuta @CarolinaP21112
E-mail: [email protected]



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