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Incestos en Familia

Una noche loca de caricias con mi hija «I» (5)

Nuestra noche.
Tratar de no recordar lo que estaba viviendo con mi hermosa hija no era fácil, cada día que pasaba crecía en mí el fuego del amor y el deseo.

Era difícil verla todos los días cerca de mi sin poder decirle nada, debía conformarme contemplándola y viendo como crecía y era más bella cada día, no puedo negar que de vez en cuando sentía la necesidad de vernos a solas, por eso aprovechaba en las mañanas cuando se despedía de mi para ir al colegio para abrazarla y sentir su cuerpo, en verdad el amor por mi pequeña era real y el deseo por ella crecía como espuma.

Soñaba con volver a tenerla solo para mí, no era fácil, me daba temor arriesgarme tanto y que de pronto su hermanita, o aún peor, que mi esposa se diera cuenta.

También pensaba en que fuera demasiado para ella y me rechazara; era una encrucijada que vivía cada día, pero, aun así, guardaba la esperanza de poder vivir otro hermoso momento con mi pequeña, siempre tuve la paciencia necesaria y me contuve para no dañar las cosas.

Llegó el día soñado, ese fin de semana nos visitaron los papas de mi esposa y una hermana con su hija,  enseguida pensé, si se quedan, la oportunidad de poder estar con mi niña es segura.

las cosas empezaron a darse, porque al caer la noche, mi esposa le dio por decir que nos tomáramos algo a lo que yo dije que sí.

A ella y mi cuñada les gustaba tomar algunas veces cuando se veían y ese día sería uno de ellos, que felicidad, me motivó mucho, con decir que me encargue de hacer una buena comida para esa noche y además de conseguir el trago que les gustaba.

La comida les gustó y acompañada con el trago fue mejor, lo bueno fue que ya estábamos un poco tomados, yo me tome como cuatro tragos, les decía que estaba un poco mal y esa fue mi disculpa,

solo pensaba en estar bien para mi hija, mis suegros tomaron muy poco, pero mi cuñada y mi esposa estaban pasadas un poco de copas, yo feliz de verlas así, solo esperaba el momento que dijeran, a dormir.

Mientras nosotros estábamos en la sala compartiendo, mis hijas y su prima vieron unas películas que les gustaba.

Eran como las 10 de la noche, cuando mis suegros dijeron que estaban ya cansados y querían ir a dormir, les dije que se quedaran en la alcoba de mi hija Marcela, así evitaba que ella se quedará en su alcoba y después veía donde dormiría.

Nos quedamos unas horas más en la sala, mi esposa y mi cuñada ya estaban bien tomadas, entonces mi cuñada dijo que se iba a dormir, porque ya no quería tomar más.

Padre: Cuñadita quédate en el cuarto de tu sobrina Marcela con tu hija y tu sobrina Claudia, como estaba tomada no se dio cuenta que mi niña hermosa, no tenía donde dormir.

Le dije a mi niña que para no incomodar se fuera al cuarto de nosotros y ahí nos acomodamos, así pasó, ellas se quedaron en el cuarto y mi niña hermosa se fue al cuarto nuestro.

Levante a mi esposa y la lleve a mi cuarto, me dijo que estaba muy tomada, que se había pasado un poco, al entrar al cuarto vio a nuestra hija y le dijo porque no te vas a tu cuarto.

Padre: Lo que pasa es que quedan muy incómodas en un cuarto las cuatro, mejor que se quede con nosotros por esta noche amor.

A mi esposa no le pareció mal.

Le dije a mi niña hermosa que saliera mientras la mami se cambiaba, ayudé a mi esposa a ponerse su piyama y la acosté.

Salí y le dije a mi niña hermosa que mientras yo me colocaba la piyama en el baño, se colocara su piyama y se acostara al lado de la mami.

Yo estaba temblando, no lo podía creer, todo había salido como lo pensé, aunque solo me había tomado unos pocos tragos, me sentía un poco entonado, sentía miedo porque estaba excitado y cuando me puse la piyama se me notaba mucho, pero me gustaba estar así y quería que mi niña hermosa me viera como le gustaba a ella.

Cuando salí del baño, oh sorpresa, mi niña estaba ya en la cama, arropada hasta la cabeza , me miró y luego su mirada se desvió hacia mi pene erecto, vio como estaba, me encanto que viera cómo sobresalía mi pene por debajo del pantalón de mi piyama.

Apagué la luz del cuarto, luego me dirigí a la cama y prendí la luz de la lámpara, me senté al borde de la cama.

Padre: Mi niña hermosa quiero que te quedes en medio de los dos, de mamá y papá, como cuando eras pequeña y dormías con nosotros.

Hija: Bueno papi está bien, ¿solo vamos a dormir verdad?

Me pregunto si solo vamos a dormir, pensé que ella no quería que pasara nada más o como siempre un mensaje de ella para saber que pasaría.

No apague la lámpara, quería seguir viéndola a mi lado, otra noche para los dos,  pasaremos toda una noche juntos, esta vez al lado de mi esposa, que locura, pensaba yo.

Los nervios ya estaban presentes en mi cuerpo, acompañados de la excitación.

Me quite el pantalón de mi piyama antes de meterme debajo de las cobijas, fue un impulso de último momento, solo quede en mis bóxer y camisa de dormir, mi niña hermosa se dio cuenta porque estaba a mi lado.

Mi esposa estaba dormida, los tragos en ella hicieron su efecto, cuando levante las cobijas, oh sorpresa, mi niña tenía el mismo camisón azul del día de nuestro masaje, no sé si fue coincidencia o quería estar así, como queriendo recordar algo, verla así me hacía pensar que deseaba vivir una noche de amor y placer, como aquella primera vez.

Me acosté y apagué la luz de la lámpara, subí las cobijas para arroparme, mi niña hermosa estaba bocarriba, al acostarme mis piernas hicieron contacto con las suyas, sentí la chispa que prendió todo en mí, recorrió todo mi cuerpo, no sabía qué hacer, había planeado todo y ahora sentía miedo, estaba a su lado, pero no sabía si abrazarla o tocarla con mis manos, una locura y la oscuridad del cuarto evitaba que nos viéramos los rostros.

Me di media vuelta y la abracé, está temblando mucho, no le dije nada tan solo fue el abrazo, no soportaba estar tan cerca de ella, mi niña hermosa a mi lado, solo para mi otra vez, no decía nada, solo coloco sus manos sobre las mías y las entrelazamos, decía mucho para mí, no estaba molesta.

Mi respiración estaba acelerada, acerqué mi boca a sus mejillas y le di un beso abrazándola fuerte contra mí.

Baje unas de mis manos hasta sus muslos sobre su camisón y los acaricie un poco, estaba super excitado y ella lo sintió cuando la abrace.

La ansiedad se apoderó de mí, no quería esperar mucho y desaprovechar la noche, el tiempo pasaría rápido y era lo que menos quería, eso pensaba.

Seguí de medio lado abrazándola y ella boca arriba, mi mano fue hasta sus rodillas y la metí debajo de su camisón, sentir su tibia y delicada piel encendía mi deseo, empecé a acariciar sus muslos suavemente de sus rodillas hasta su parte superior, deslicé mis manos en medio de sus muslos y seguí con las caricias hasta sentir que mis manos chocaban con su pequeña vaginita por encima de su panti.

Al sentir el contacto de mi mano con su vaginita cerró sus piernitas, como solía hacerlo, mis dedos apretaban suavemente sus muslos deslizándose de sus rodillas hasta sentir que tocaban su vaginita, apretando su mano y acariciando sus dedos.

Sentí que sus dedos acariciaban los míos, mi niña hermosa respondía a mis caricias, el deseo en ella también se despertaba aquella noche oscura en el cuarto.

Tome su mano y la lleve hasta mi pene por encima de mi bóxer, estaba bien erecto como sabía le gustaba sentirlo a ella, sin soltarla de mi mano hice que lo apretara un poco y la solté.

Con su mano apretando mi pene sobre mi bóxer, atizó el fuego del placer en mí, me encantaba sentir sus caricias, sentir lo pequeña de su mano acariciando mi pene, me llevaba a nuestra primera noche, solo que sentía que el deseo era más grande, ahora había caricias de ella hacia mí y me sentía seguro correspondido por ella, también deseaba hacer el amor esa noche, con mi niña hermosa.

Continua «II»

24 Lecturas/24 enero, 2026/0 Comentarios/por campesinonuevo
Etiquetas: baño, colegio, cuñada, hermana, hermanita, hija, padre, sobrina
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