Yo le rompo el culo y ella me rompe el corazón
La siguiente noche después de desvirgar a mi noviecita, tuvimos el mejor sexo entre ella y yo, tiempo después le estrené ese delicioso culito y ya a los 14 era toda una hembra; sin embargo, en su fiesta de XV años, me aguardaba una sorpresa..
La vida nos muestra los diferentes caminos, pero es decisión nuestra elegir cuál tomar. Así como algunas personas tienen el talento y el carácter para buscar ser siempre el primer lugar en todo, mi obsesión me llevó a ser un experto en pervertir a las nenas adolescentes y obtener la virginidad de muchas. Esto parece un cuento fantástico, pero no lo es, algunos se sentirán identificados conmigo, muchos me criticarán por las cosas que hice, otros lamentarán haber dejado pasar alguna oportunidad como las que yo tuve o busqué, según sea el caso. Bien dice el refrán: Jamás te arrepentirás tanto de lo que hiciste, como de lo que dejaste de hacer.
Después de haber desvirgado a mi noviecita santa y la deliciosa cogida que le dí en la noche del domingo, Vicky se volvió extremadamente cariñosa conmigo, siempre me quería traer abrazado, me besaba cada que había oportunidad, cogimos en todos lados, la sacaba de su cuarto por la ventana y lo hacíamos en el patio en la madrugada, a veces que escuchábamos roncar a su familia, lo hacíamos en su misma cama, la mayoría de las veces en el camino a la escuela, en las tardes la esperaba en un monte al cual entraba por un caminito casi invisible. En fin, la cogía casi todos los días, mi tío me aconsejó que tuviera cuidado, porque ya Vicky se había puesto bien sabrosa, le habían crecido bastante las nalgas, los pechos y hasta su carácter tímido había desaparecido, ahora era más alegre y despierta, de la niña solo quedaban algunos rasgos. Mi tío me hizo un comentario, que debería estrenar ese culito para que se le hicieran más paraditas las nalgas y se le ampliaran las caderas. Esa oportunidad llegó después de insistirle varias veces y recibir varias negativas. Por consejo de mi tío, al estarla cogiendo, comencé a acariciarle el culito y con la misma lubricación de su panochita, le comencé a meter la puntita de mi dedo cordial, al principio se resistió, pero cuando la montaba de frente, mi mano alcanzaba plenamente ese agujerito y ya bien caliente, empezó a tomarle gusto a esas dedeadas y cuando menos lo pensé, ya le metía todo el dedo y pronto fueron dos, ella solo se retorcía y me daba cuenta que le gustaba que la dedeara, ese culito estaba listo para recibir una verga. Una tarde en el monte cercano a su casa, la tenía en cuatro y mientras le daba por la panocha, mi pulgar izquierdo hacia la labor en su hoyito trasero, le dije que se la metería por ahí, ella se negó pero muy débilmente, así que hice que bajara la cabeza al cartón sobre el suelo donde estábamos, quedando ese hermoso traserito al alcance de mi verga, le puse la punta en la entrada ya dilatada, presioné suavemente, mientras mi mano derecha le acariciaba el clítoris, ella se relajó y entró la cabeza, solo emitió un pequeño gritito, se mordía los labios y gemía muy rico, yo le daba un vaivén suave pero firme, la verga se iba abriendo paso lentamente, se sentía tan rico que tuve que parar varias veces para no venirme rápido, ella pensaba que era para no lastimarla y cuando dejaba de bombearla, me pedía que siguiera moviéndome.
—Ay, amor, que rico, sigue, ya no me duele, dale otro poquito —me decía con voz entrecortada y llena de excitación cuando yo paraba de moverme—.
Cuando se la metí completamente dentro de su culito, gemia bien rico.
—¿Ya entró todo, amor? —dijo con una sonrisa de felicidad—, pensé que no me iba a caber. No lo muevas, déjame disfrutar tenerla dentro.
Yo le hacía presión con la cadera, clavándola lo más profundo posible, ella solo gemía y comenzó a mover en círculos su trasero, fue la señal para comenzar a darle el metesaca y así lo hice, mientras le seguía acariciando su panochita con los dedos de mi diestra. Duramos solo unos minutos, ella se vino bien rico, me mojó toda la mano con la que le masturbaba la pepita y apretó el culito tan rico que yo también alcancé el orgasmo, le dejé ir toda la leche dentro de ese culito hermoso, encajándole mi pedazo de carme profundamente, ella se arqueó y siguió exprimiendo mi miembro, yo quería que eso no terminara, besé su espalda y nos quedamos unidos por un momento, los dos bocabajo, yo encima de ella y le besaba la nuca, hasta que mi garrote se hizo pequeño y se salió solito. Le había estrenado ese culito y a ella le había encantado tanto como a mí. Así que ya se volvería costumbre cogerla por los dos lados.
El tiempo pasó, nosotros seguimos cogiendo cada vez que se presentaba la oportunidad, ella se había puesto hermosa, ya tenía el cuerpo muy desarrollado, iba a cumplir sus 15 años y le harían su fiesta, yo iba a ser uno de sus chambelanes, así que estaba muy contento, ella me iba a presentar a sus papás como amigo y compañero de la escuela solamente, le comenté a mi tío, él me ayudó con la ropa, los zapatos y el regalo. Yo me sentía seguro de ella, hasta que llegó la fecha de la fiesta, ella lucía radiante con un vestido azul celeste, un peinado con tocado muy coqueto, parecía una princesa, me miraba con disimulo y yo la veía ir de un lado a otro, estaba feliz; sin embargo, ese día llegaron muchos parientes de ella por parte de su mamá, chavos que no conocía yo y creo que ella tampoco, uno de ellos era un güero como de unos 20 años, traía un coche ya algo usado, pero a ella rápidamente le brillaron los ojos al verlo, ni siquiera se acordó de presentarme a sus papás, pasé a segundo plano, ella andaba del brazo de su primo Johnatan, según dijo después. Él no era chambelán, pero como si lo fuera, después del baile ceremonial donde bailó con todos, incluso conmigo bailó un poco apresurada, pero con su primo, hasta se tardó más de la cuenta, se abrazaban y reían. Esa tarde fue una dónde más celos he sentido, pues solo le faltaba besarlo frente a todos, pero lo peor apenas comenzaba. Los chambelanes nos fuimos a cambiar, algunos solo se quitaron una parte, yo me cambié todo, fui en mi bicicleta a mi casa a ponerme un pantalón de mezclilla y una playera verde oscuro, que me había regalado mi tío. Llegué a la fiesta y me senté en un rincón, solo observaba cómo todos disfrutaban de la comida y yo ni hambre tenía. Seguía a Vicky con la mirada, en un momento dado, el papá de ella le dijo a su sobrino Johnatan que lo acompañara al otro pueblo a comprar cerveza, porque no había alcanzado, Vicky rápidamente le dijo a su papá:
—Yo voy con Johnny, papá, para no interrumpir tu plática con mis tíos.
Era cierto, su papá estaba platicando con sus cuñados, así que le dió el dinero y Vicky se subió al auto de su primo mientras él le ayudaba con la puerta, ella acomodaba su estorboso vestido de quinceañera sentándose en el asiento del copiloto. Arrancaron y se fueron lentamente por la calle que conduce a la terracería donde nosotros íbamos a la escuela, yo salí disimuladamente de la fiesta y subiendo a mi bicicleta, los seguí a prudente distancia, eran entre las cinco y las seis de la tarde, el sol ya no pegaba de lleno, pero se veía todo muy claro y más claro aún, era que ella no desaprovecharía la oportunidad de estar a solas con su primo. Cuando se perdieron de vista de la fiesta, el auto aceleró y rápidamente se perdió en las curvas de la terracería, yo pedaleé lo más rápido posible y a unos tres kilómetros alcancé a ver el auto de ellos que estaba orillado a la derecha bajo la sombra de un árbol grande, baje de la bicicleta como a unos trescientos metros antes de llegar, la escondí en el monte y me fui entre los cafetales hasta llegar al pie del árbol donde estaba parado el coche, tenían la puerta del copiloto abierta, él sentado en una esquina del asiento y ella con las piernas hacia la izquierda para darle espacio, estaban abrazados, besándose. Me invadieron los celos, me dieron ganas de ir y confrontarlos, pero preferí dejar a ver hasta dónde llegaban, yo pensé que ella se iba a conformar con los besos, pero él no iba a desaprovechar la oportunidad de cogerse a una quinceañera. Le besaba el cuello, las orejas, ella se retorcía y acariciaba su nuca, buscaba su boca. El vestido de ella no tenía mangas ni tirantes, tenía un cierre atrás, se sostenía por los pechos de ella, que eran grandes ya para su edad, él bajó el cierre y sus pechos sin sostén quedaron a la vista, su primo no perdió el tiempo, los chupó ávidamente, ella disfrutaba de su boca, lo abrazaba y acariciaba su espalda, él metió las manos bajo el vestido y sacó sus pantaletas, era un bikini de color azul pálido, más claro que el vestido, puso las braguitas en la ventanilla del auto, como quien le quita la cáscara a una fruta y no quiere tirarla aún. Él se desabrochó el pantalón, se acomodó de frente a ella, haciendo el asiento un poco más atrás y reclinándolo para tener más comodidad. A esa hora ya nadie pasa por ahí, ella lo sabía, así que sin cerrar la puerta del auto, ella dobló las piernas y con los talones en las caderas de él, se acomodó para recibir la estocada inicial, yo la veía con un coraje inmenso, como ese wey con solo unas horas se la iba a coger ahí en su mismo carro, cuando a mí me había costado tanto convencerla; pero la diferencia es que yo me había comido ese coñito cuando era virgen, ahora él solo sería el segundo, eso me consoló un poco. Ella se acomodó con la pepita en el borde del asiento, el vestido les estorbaba y rápidamente se lo sacó, aventándolo al asiento de atrás, quedando ella solo con las zapatillas, él después de frotarle algunos segundos la cabeza de su verga en la entrada, se la fue enterrando poco a poco, quizá pensó que era la primera vez, pero al ver que le entraba todo como cuchillo en mantequilla, la empezó a coger con mucha rapidez, sabían que no tenían mucho tiempo y se besaban en la boca, pienso que él al darse cuenta que ya no era virgen, le metía el garrote con rudeza, le pellizcaba los pezones de manera brusca, los apretaba fuerte, se los mordía y ella hacía gestos de dolor, ya no eran los de placer que yo conocía bien. Él estaba muy emocionado, le daba con todo, le sacó la verga y se bajó del auto, la puso de perrito con el culo hacia la puerta y ella mirando hacia el adentro del auto, se la metió sin miramientos, ella se quejó fuerte.
—Despacio, Johnny, me duele.
Él ni siquiera contestó le daba fuerte, le dió una nalgada que se escuchó más con furia que con pasión, ella gritó.
—Ay, no, espérate —dijo ella—, no me pegues, no me gusta.
Eso no era cierto, porque yo sí la había nalgueado ya, pero no le daba tan fuerte, le daba con cariño y ella disfrutaba de eso. De pronto, ella se levanta rápidamente, yo hasta pensé que venía alguien y me escondí más, pero no, solo que al parecer, a ella no le habia gustado tanto el coger con ese wey.
—Ya vámonos —dijo en tono molesto—, se nos va a hacer tarde.
—Espérate —replicó él, un poco enfadado—, otro ratito, deja terminar.
No, ya vámonos —dijo ella con firmeza , mientras se ponía la pantaleta y abría la puerta de atrás para tomar el vestido—, no se vayan a dar cuenta que hicimos algo y nos metamos en problemas.
Ella terminó de acomodarse el vestido, él se masturbaba a un lado del coche, aventando una gran cantidad de leche.
—Mira de lo que te perdiste, Vicky —dijo él señalando su verga que escupía esperma—.
Ella solo levantó las cejas y torció la boca con fastidio.
—Ya vámonos —volvió a decir ella, mientras se limpiaba la panocha con papel sanitario que encontró en la guantera—, aquí hay papel por si quieres.
Él se limpió las manos y el pito, ya molesto por la actitud de ella. A pesar de tener unos cuatro años más que yo, Johnatan tenía una verga casi del mismo tamaño que yo. Quizá fue eso, quizá fue su rudeza, quizá todo, pero siento que Vicky esperaba mucho más de él y quedó decepcionada. Subieron al auto y arrancaron, yo me regresé a la fiesta un poco más tranquilo, porque claramente me di cuenta que no disfrutaron como esperaban. Al llegar a la fiesta, me senté en un rincón, solo, tomaba un refresco y miraba a la gente que bailaba, no tardaron mucho y llegaron ella y su primo, visiblemente molestos. Ya no se abrazaban, yo no charlaban, ya no bailaban. Ella se metió a su cuarto, estoy seguro que se fue a limpiar bien la pantufla, él se puso a tomar con los demás primos. Vi que se acercó a uno y le hablaba al oído, el otro puso cara de “no mames”, pero cuando salió Vicky nuevamente, el amigo de Johnatan, soltó una risa de burla hacia él, porque Vicky estaba claramente molesta con él. Hasta su mamá lo notó y vi que la llamó a la cocina que estaba atrás de la casa, me escabullí y escuché a través de las tablas de madera lo que le dijo.
—¿Qué tienes, hija? —dijo su mamá, un poco preocupada—, espero que no sea grave.
—Nada, mamá —respondió Vicky—, solo que estoy un poco cansada.
—Ay, mi niña, acuéstate un ratito.
—No, mamá, ya casi acaba la fiesta y no quiero ser grosera con los invitados, ya que se vayan me voy a descansar.
Salieron y ella trató de sonreír, pero ya no era esa sonrisa alegre, era una forzada y llena de hipocresía. De repente me vio sentado en el rincón donde estaba y la cara se le puso roja, se acercó y no sabía que decir.
—Hola, Mano. ¿Quieres comer?
—No, gracias —respondí con una frialdad que ni yo me conocía—, solo te estaba esperando para darte tu regalo, ya que por el vals, no pude dártelo cuando llegué.
Le entregué una caja forrada de dorado, con un moño en color plata, era un par de tenis de marca. Le entregué la caja como quien entrega algo insignificante, ni un abrazo y mucho menos un beso, solo la miré a los ojos con una mirada fría. Ella se sentía culpable, intuía que yo me había dado cuenta de su desliz con su primo, no supo que hacer ni que decir.
—Gracias —dijo con una voz que parecía quebrarse—, no te hubieras molestado.
Y sí, no me hubiera molestado, me sentí pésimo, quería aventarle la caja en la cara, pero me contuve. No estaba molesto, sino emputadísimo.
—Gracias por todo, que la pases bien —le dije, al momento que me daba la media vuelta y me dirigía a donde estaba mi bicicleta.
—Espera —dijo en un susurro—, quiero hablar contigo.
Hice como que no la escuché, mis ojos estaban llorosos, un poco de coraje, un poco de tristeza, un poco de celos y un chingo de orgullo herido. Subí a mi bicicleta y me fui a llorar a mi casa.
Este es un relato un poco diferente, pero es el preámbulo de las historias siguientes y la razón por la que dejé de perseguir el amor y busqué el sexo sin más complicaciones.
Hasta pronto.


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