El maestro y sus alumnas en una escuelita rural 3
Nos vamos a los cerros con Carina donde la chiquilla recibió el placer por los dos agujeros..
La semana pasó volando, con Marina no tuvimos otra oportunidad para ir más lejos, pero en algunos momentos sólo podía manosearla y a veces llegar a su rajita que siempre estaba húmeda, ella me decía que cuándo lo íbamos a hacer de nuevo y yo le respondía que, en cualquier momento, pero ambos nos cuidábamos de no dar motivos de sospecha a sus padres como a los demás alumnos.
Un viernes a la hora de salida me fijé que Carina se quedaba del resto de los alumnos, cuando salieron todos se me acercó y me dijo que podía acompañarme a conocer otros lugares que yo no conocía, que había dicho a sus padres y ellos estaban de acuerdo, quedamos en encontrarnos al día siguiente en un lugar a la salida del caserío en horas de la mañana. En la casa todos se alistaban para ir a la chacra, incluida Marina, por lo que les dije que esta vez yo iría solo a caminar por los cerros para seguir conociendo los alrededores.
Nos encontramos con Carina en el lugar convenido, ella estaba vestida de lo más normal, con su faldita mil rayas y una manta en la espalda, nos dirigimos al otro lado del caserío que se mostraba aún más espeso por la presencia de mucha vegetación, sobre todo de arbustos y árboles pequeños, mientras caminábamos ella me iba explicando muchas cosas sobre el pueblo y sus alrededores, varios pobladores, sobre todo jóvenes campesinas, salían del pueblo llevando a sus cabras y ovejas a pastorear, Carina les saludaba y algunas nos sonreían con picardía. Nos fuimos alejando de las casas con dirección a otra montaña, el camino fue desapareciendo y sólo había sendas entre la vegetación para poder caminar, como ya no había gente nos sentamos en un claro desde donde se contemplaba el pequeño valle donde estaba asentado el caserío, por primera vez aproveché para hacerla echar en la hierba y besarla en la boca, mientras mi mano ya trabajaba para subir su falda hacia su entrepierna caliente, luego de devolverme el beso húmedo y caliente paró el avance de mi mano y me dijo que aún no, que podrían vernos, que nos alejemos más donde ya no había gente.
Por la excitación y la impaciencia ya se me había formado el bulto en mi entrepierna y me dificultaba caminar libremente, ella miraba de reojo y se reía, llegamos a un lugar escondido y todavía nos metimos entre los arbustos a la base de un árbol donde había abundante hierba a ras del suelo, por fin bajó su manta, sacó de ésta una frazadilla, lo tendió en el suelo y se echó boca abajo, yo sólo miraba embelesado toda esa operación, me acerqué y de rodillas empecé a explorar su cuerpo, desde los pies fui subiendo lentamente con la yema de mis dedos por su pantorrilla, por sus muslos al mismo tiempo deslizando su falda hacia arriba, por fin pude ver su calzón rosado y a medida que subía su falda fui deleitándome con la redondez de sus glúteos y el canal del medio, posé mi rostro para sentir su calor, tomé el calzón por el elástico y con las dos manos fui bajando descubriendo la denudes de sus pompis, cuando lo bajé a medio muslo abrí ligeramente sus muslos para ver su rajita deliciosa, al abrir un poquito se podía ver un líquido transparente y espeso pronto a gotear, pasé mis dedos mojándolos y llegando hasta su clítoris logrando que dé un gemido profundo.
Tal como estaba se dio la vuelta, aproveché para darle un dulce beso en su boca, desabotoné su chompita y su blusa para descubrir sus tetitas que recién empezaban a madurar como mandarinas, apliqué mis labios alternativamente a ambos senos logrando que se ericen y ella dio unos suspiros profundos, bajé mis labios por su vientre, sin quitarle la falda deslicé completamente su calzón por sus piernas hasta quitarlo, hice que abra sus piernas, se podía ver sus hermosos labios casi virginales con su rajita al medio de donde resumía el líquido transparente, sólo tenía pelusillas y al abrir con mis dedos pude ver su entradita rosada y apretadita, luego puse mis labios y fui jugando con mi lengua hasta hacerla llegar un delicioso orgasmo.
Luego saqué mi pene que ya me dolía de tanta excitación, puse sus manos para que los acaricie luego fui acercando hacia sus labios, al principio trató de rechazarlo, pero ante mi insistencia lo besó y lo introdujo un poquito en su boca, estuvo jugando un rato y poco a poco fui presionado para que se meta más a fondo en su garganta, antes de reventar paré el masaje bucal y me dispuse a penetrar su linda chuchita, ella se acomodó mejor esperando el embate, acerqué la punta del capullo que también estaba babeando, ni qué decir de su rajita rezumaba su líquido abundantemente, presioné un poquito embarrando con nuestros líquidos y poco a poco lo fui introduciendo, luego de un quejido ella jadeaba cada vez más, luego seguí con el mete y saca, al principio lentamente y poco a poco fui aumentando la intensidad, al mismo tiempo mi mano apretaba su seno y me lengua penetraba su cavidad bucal, al aumentar la intensidad de mis embestidas explotamos al mismo tiempo, ella con un pequeño grito se desplomó como desmayada mientras mi semen bañaba su útero, hicieron falta varios minutos para recuperarnos, luego del cual mi pene salió de su vagina seguido de abundante semen que manchó la mantilla. Estuvimos echados por largos minutos hasta recuperarnos completamente, recién pude articular algunas palabras.
—Estuvo sensacional pequeña, ¿te gustó?
—Hay profe, me has hecho ver estrellas.
Me fijé que todavía estaba echada con las piernas abiertas y su pequeña raja resumiendo semen, busqué papel higiénico en mi mochila y le alcancé para que se limpie, yo también me lavé con agua que llevé en una botella, también le alcancé a ella para que se lave su rajita, mientras nos aseamos seguíamos hablando.
—¿Acaso con tu novio no sientes lo mismo?
—Es que de mi Olme su cosa es más chiquito y de ti es muy grande, cuando lo has metido me dolió un poco, pero después me gustó mucho.
—¿Y por qué querías hacerlo conmigo si tienes novio?
—Es que está de viaje y cuando mi amiga me contó que tu cosa era grandota tenía curiosidad.
—En el fondo eres una putita, pero me gusta mucho como eres.
—Pero es la última vez que lo hacemos profe, mi novio ya llega mañana, con él me voy a casar cuando termine la escuela, tu seguramente te irás pronto y no quiero soñar.
Me quedé pensando por la madurez de la muchacha, casi niña en realidad, pero pensaba como una adulta.
Saqué de la mochila algunas cosas que había llevado para comer, ella también había llevado su fiambre en su manta, comimos hablando de diversas cosas que no valen mencionar.
Luego dijo que iría a mirar si hay gente por las cercanías, había un promontorio cerca y fue en esa dirección, como tardaba yo también fui en esa dirección, deduje que estaba meando, pero ella ya venía por entre los arbustos, la agarré y nos pusimos a retozar, ella quería más y se notaba en su mirada traviesa y llena de deseo, metí mi mano por debajo de su pollera y me percaté que estaba sin calzón, mi dedo se deslizó en su cueva húmeda mientras con la otra mano la masajeaba las tetas, así nos fuimos acercando a nuestro refugio, le pregunté si quería hacerlo otra vez y moviendo la cabeza dijo que si, entonces así parada la arrimé al árbol de espaldas, levanté su pollera hasta la cintura y arrimé mi instrumento que ya lo había sacado y estaba totalmente erecto, por atrás la introduje en su cueva húmeda, mientras la bombeada ella gemía y se agarraba del árbol para no caerse, poco a poco la fui dirigiendo donde estaba tendido su manta, hice que se ponga de rodillas sin sacar mi falo de su cueva.
Ahora estaba de rodillas apoyando sus manos en el suelo, levanté su pollera totalmente hasta su cintura y tuve a la vista por una parte mi pene penetrando su estrecha cueva y por otro el pequeño asterisco de su ano virgen, rosadito, que me dejó hipnotizado, estaba húmedo por la fricción anterior de mi pene, ahora mi penetración era calmado y acompasado, ese anito me atraía como un imán por lo que toqué ligeramente con el dedo, en un inicio dio un respingo, pero en la segunda se dejó tocar, seguía dándole mientras mi dedo masajeaba de a poco ese pequeño asterisco, mojé mi dedo con mi saliva e hice una pequeña presión, al tercer intento introduje la punta de mi dedo, al parecer encontró el gusto y estaba poniéndose como loca, pues cuando me quedaba quieto ella hacía el vaivén hacia atrás penetrándose con mayor profundidad sobre mi pene y a la vez mi dedo fue entrando, primero hasta el nudillo y luego hasta el fondo, cuando saqué mi dedo como que se desesperó, pero seguidamente saqué mi pene de su vagina y lo puse en la entrada de su orto, como era de esperar, ella misma trataba de penetrase presionando su culo hacia atrás, yo tomé mi falo con la mano e hice una presión más fuerte, luego de varias envestidas cedió su esfínter y entró la cabeza de mi pene, ella gritó y quiso zafarse, pero yo la agarré para que no se salga, luego de estar quieto un momento empecé a masajear su clítoris e imperceptiblemente seguí penetrando, en un momento como que se relajó y aflojó el esfínter momento en el que mi pene se deslizó completamente en su interior, muy despacio fui sacando y metiendo cada vez más profundamente, hasta que en un momento mi verga estaba metido hasta la empuñadura, seguí con el movimiento ahora sacando casi todo y metiendo hasta el fondo, mientras dos o tres dedos se metían también por su raja que parecía estar hirviendo, por los abundantes flujos que soltaba y lo caliente que se sentía, en algún momento mi pene salió completamente dejando el hoyo abierto que inmediatamente fue cerrándose, volví a la carga despacio y sostenido tratando de darle el mayor placer posible, por fin, en medio de espasmos eyaculé en sus intestinos, mientras ella caía rendida en la manta yo igualmente quedé tendido sobre ella, con mi falo todavía palpitando dentro de ella y su ano haciendo contracciones. Nos quedamos así bastantes minutos, hasta que mi pene se puso flácido y salió de su culo seguido de abundante semen, todavía nos quedamos unos buenos momentos hasta recuperar plenamente la conciencia.
Estábamos echados frente a frente, yo con el pantalón en mis pantorrillas y ella con la pollera arremangada hasta la cintura, no se había cubierto, su carita estaba roja por la agitación, al mirarme sonrió, miré a su entrepierna que estaba semi abierta, sus labios vaginales aún hinchados, embarrados en flujos vaginales y semen, un poco atrás el agujero trasero también dilatado, pero ya se había cerrado, fue ella la que empezó a hablar.
—Qué mes has hecho profe, casi me matas— yo sólo me quedé mirándolo embelesado.
—Malo profe, me has hecho doler horrible, me has roto mi potito.
—Pero, ¿te ha gustado no? — repliqué con una sonrisa.
—Si me ha gustado, pero me ha dolido fuerte, ahora voy a estar pensando a cada rato.
—¿En qué?, ¿en cómo te entraba mi zambo en tu culito?
—Eres grosero profe, si pues, ¿cómo lo pudiste abrir para que entre esa cosota?
—Ella solita se abrió, ¿tu novio no te había metido por allí?
—Nooo, él ni siquiera sabe que se puede hacer también por allí, pero es más chiquito también.
—Y cómo lo hacen ustedes.
—Normal nomás, yo me echo y me hace nomás, ni siquiera he visto bien su cosa.
—¿Y no le has chupado?
—No, apenas le he tocado con mi mano.
—¿Y él no te lo ha chupado tu almejita?
—Ni siquiera le he hecho ver
—¿Y te ha gustado todo lo que te he hecho?
—Eres malo profe, ahora voy a estar pensando todo el tiempo en tu cosa y las cosas que me has hecho.
—Pero podemos seguir haciendo de vez en cuando.
—Quizás, vamos a ver
Como estaba aún con la pierna descubierta, subí su pollera un poquito para ver nuevamente esa hermosura, su rajita casi virginal y su pequeño asterisco que ya se había cerrado, mientras mis dedos se introducían en sus dos agujeros la besaba introduciendo mi lengua en su cavidad bucal, de repente reaccionó y empezó a arreglarse buscando su calzón.
—Ya no profe por favor, casi me matas, ya tenemos que irnos.
Agarré su calzón que estaba más cerca de mi mano.
—Regálame tu calzón como un recuerdo.
—Noooo— se reía de una forma cómica —tengo pocos calzones y mi mamá se daría cuenta, qué le voy a decir, ¿Qué lo he perdido en el cerro?, jajajajaja.
Entre risas y juegos se lo devolví, ella se puso y arregló toda su ropa y su manta, igualmente yo me arreglé para el retorno. Ella se puso en camino delante de mí, mientras se sobaba su traserito, decía.
—Aaay, me duele todavía, voy a caminar medio raro y la gente se va dar cuenta que me has roto el potito.
Regresamos a media tarde, a esa hora los pastores y pastora todavía no volvían por lo que no encontramos casi a nadie en el camino, salvo en la entrada del pueblo a alguna anciana o niños jugando, por lo que llegamos y nos separamos sin ningún problema cada uno a nuestros quehaceres.
Continuará…
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