Mi mamá y el marino
Mi mamá ha sido y es una mujer correcta y educada pero con un delicioso secreto que yo solo sé.
Esta es mi anécdota de cómo fue la vez, el 14 de febrero de 2019 —Día de la Amistad y del Amor—, que pillé sin querer a mi mamá Syrianne (todos le dicen “Syri”) cogiendo como actriz porno con nuestro ex vecino. Mi mamá actualmente (2026) tiene 41 años (en mayo 42) y sigue estando en su punto: estatura media, con un cuerpazo trabajado hasta el cansancio en el gym (va todos los días al atardecer menos el sábado ni domingo), carita hermosa con boquita de mamadora, ojos verdes, piel trigueña oliva (ni muy blanca pero ni muy morena) y un par de tetotas jugosas, lechosas y gomosas. Joder, no miento: esas montañas de carne son, sin exagerar, lo más llamativo de ella (sin contar su carita). Están en su punto perfecto: ni exageradas ni como limones. Y sí, son naturales; he visto fotos de ella de la uni y prepa, y ya se notaba ese par que me amamantó muy bien de bebé. Está buenísima y sé que otros hombres la morboseen (como mis amigos y vecinos), pero no me molesta porque yo también más de una vez me he pajeado viéndola o recordando lo que les voy a contar.
Mi papá es estadounidense de Arizona, pero llegó a México en 2006 por intercambio universitario y conoció a mi mamá en un spring break. Se casaron poco después porque ella salió embarazada de mi hermana mayor (nacida en 2007) y al año siguiente nací yo (2008). Vivimos toda la vida en Mazatlán, ciudad natal de mi mommy y donde fue el spring. Mi mamá siempre ha sido muy atenta y servicial con todos, y con su familia ni se diga: nos mima a mí, a mi hermana y a papá con comidas, ayuda en tareas y todo lo de una mamá y esposa aparentemente normal. También tiene una boa llamada Ingrid, que está con nosotros desde que era cría. Ah, y ojo con este detalle: a ella nunca le ha gustado el reggaetón, trap, hip hop ni esos géneros; siempre ha dicho que son para “nacos”. Guárdenlo en la mente.
Toda la vida tuvimos un vecino llamado Óscar, militar (sargento). Era como 4 o 7 años mayor que mis papás, estaba casado con una canadiense y tenía hijos ya adolescentes o jóvenes. Era musculoso (no de gimnasio mamado, sino de marino de verdad), moreno, casi rapado, una calavera tatuada en el pecho y muy bien dotado. Siempre estuvo ahí, en la casa de enfrente. Algunas veces él o su mujer saludaban a mis papás y viceversa. Como militar, salía temporadas largas de casa o del puerto.
Cuando tenía 11 años llegué temprano a casa ese 14 de febrero y escuché ruidos y música de reggaetón saliendo de la habitación de mis papás. Dejé la mochila en la sala, me quité los zapatos del uniforme y subí sigilosamente. Los gemidos se oían más claro: “Ahh… baby… ahhhh…”, y luego “Ahhh… Syri, móntame… uff, no mames, así harás que me corra rápido, cabrona”, seguido de un “plak” de nalgada. Estaba nervioso pero con un morbo brutal; mi verga ya goteaba precum. Parecía una escena porno de las que veía a esa edad.
Llegué al último escalón: en la chapa de la puerta colgaba una braga. La tomé, la olí… y casi me corro ahí mismo oliendo los juguitos que otro macho había provocado en mi mamá. Sin asco, pasé la lengua varias veces, escupí y me la restregué en la cara. Todavía suponía que era mi papá el que estaba con ella.
Me asomé por el baño contiguo y lo que vi fue deliciosamente innombrable: mi mamá cabalgando en cuclillas furiosamente la verga de ese militar mientras “Diablita” de Anuel AA sonaba a todo volumen (el reggaetón que tanto decía odiar). Ambos con cuerpazos de catálogo XXX: él con torso atlético y tatuado, acostado con cara de placer, sosteniéndola de las nalgas para ayudarla a montarse mientras ella le gemía en la cara “Uhhh… uhhhh… mi sargento”. De repente pararon, ella se acomodó para montarlo normal y le dijo: “Chúpame las chichis”. Se dejó caer, aplastándole el rostro con esas tetas; él escupió y se metió una en la boca mientras le daba ligeras acometidas (aún dentro de ella), gimiendo los dos. “Ayyy bebe”, jadeaba ella mientras él chupaba y escupía sobre sus pezones hinchados. Esas tetas quedaron brillantes, rojas y babeadas, rebotando con cada movimiento.
Eso me excitó demasiado. Me desnudé y empecé a masturbarme como loco viendo la escena. Me la jalaba al ritmo que él bombeaba. Mi mamá se enderezó, puso los brazos atrás para que Óscar pudiera ver bien cómo sus gordos y lechosos pechos rebotaban con cada bajada. Uffffff, la cama y la cabecera rebotaban sin parar; mis juguetes estaban todos tirados por el suelo y recuerdo que mi sábana de Batman tenía una mancha justo en la cara. Se veían hermosos sus cuerpos, los dos de gym, musculoso y casi rapado él, como militar de verdad, y la música a todo volumen.
Entonces ella se levantó un poco, alineó esa verga gruesa y se la metió entera de una sentada lenta y profunda. “Ahh… ahhhh… Daddy… “ se le escapaba mientras empezaba a subir y bajar de nuevo, ahora en vaquera clásica, con las manos apoyadas en el pecho tatuado de él. La verga entraba y salía completa, brillante de sus jugos, y cada embestida hacía que sus tetas saltaran como locas. Óscar tenía las manos clavadas en su culo, abriéndole las nalgas con fuerza; metió hasta tres dedos por atrás en su culo mientras ella gemía más fuerte, y luego se los llevaba a la boca, los chupaba y se los metía a ella para que los probara también. Triigueña oliva, lechosa, ahh… ahhhh… Syri…
De pronto él gruñó hondo, se tensó y empezó a eyacular dentro de ella. Mi mamá se quedó quieta un segundo, sintiendo cómo le llenaba la vagina con chorros calientes y espesos; se mordió el labio, arqueó la espalda y siguió moviéndose despacio para ordeñarlo todo, dejando que la leche se quedara bien adentro mientras gemía bajito “sí… así… lléname, mi sargento”. La verga palpitaba aún dentro, y un poco de semen blanco empezó a escurrir por los lados cuando ella se levantó apenas. No pude más. Me vine fuerte, sintiéndome muy femenino y puta al mismo tiempo; chorros calientes me salpicaron el abdomen y el pecho, y con la mano libre me los embarré por el cuerpo como si fuera crema, untándome el semen en la piel mientras temblaba y jadeaba sin hacer ruido. La escena seguía: ella encima de él, besándose con lengua, todavía con la verga medio dura adentro y las manos de Óscar jugando con su culo lleno de dedos y baba. Vi como ella le soltó un chorrazo largo y espeso de baba directo a la boca abierta del marino. Óscar lo recibió con la lengua afuera, tragándoselo sin pestañear, y correspondió escupiendo otro chorro caliente de vuelta a la de ella. Se besaban así, intercambiando saliva como si fueran dos animales en celo, sin rastro de la ternura que yo conocía en mi mamá. Parecía una actriz porno de las más sucias, no la mami servicial que nos preparaba el desayuno o la esposa que besaba a papá en la frente antes de dormir.
Después de correrse los dos al mismo tiempo —él llenándola por dentro y ella apretando para no dejar escapar ni una gota—, se quedaron un rato jadeando, besándose con lengua profunda mientras la verga de Óscar todavía palpitaba medio dura dentro de su vagina. De pronto se levantaron de la cama, desnudos y sudorosos, y salieron directo al baño contiguo. Mi mamá lo llevaba agarrado de esa polla larga, morena, venuda y todavía brillante de jugos y leche; en esa mano tenía puestos su anillo de compromiso y de bodas, reluciendo bajo la luz mientras un hilo espeso y grumoso de semen blanco le escurría lento por el interior del muslo, goteando hasta el piso. Al ver eso, con el corazón a mil y la verga aún goteando mi propia corrida, me oculté rápido en el pasillo, pegado a la pared para no ser visto.
Primero se escucharon sonidos inconfundibles desde el baño: slick, slick… gloo gloo gloo… como si estuviera chupando con ganas, succionando fuerte esa verga que acababa de salir de su coño. Óscar gemía grave, ronco, como macho satisfecho pero todavía hambriento: “Ahhh… sí, Syri… así, trágatela toda, cabrona…”. Era señal clarísima de que mi mommy le estaba haciendo una mamada profunda, limpiándole los restos de semen y sus propios jugos con la boca, tragando lo que quedaba mientras él le agarraba el pelo y le empujaba la cabeza.
Al cabo de unos minutos volvieron los golpes rítmicos: las nalgas de mi mamita rebotando contra el abdomen duro de él, plaf plaf plaf, mientras la cogía de perrito o contra la pared del baño. Solo se oían gemidos entrecortados: Uh ah uh ah uh ah uh ah… cada embestida más fuerte, más rápida. El agua de la regadera no corría todavía; solo carne contra carne, piel sudorosa chocando y el eco de esos gemidos ahogados.
A través de sus siluetas que se dibujaban en la regadera podía ver todo. Óscar seguro que se vino otra vez , tal vez en la boca o en la cara o más rico: se lo descargó todo de nuevo dentro de su vagina, profundo, como si quisiera marcarla por segunda vez. Se quedó quieto un rato, gruñendo bajito mientras le llenaba el coño hasta que rebosó, y luego se oyó el sonido húmedo cuando se salió, dejando que el semen espeso goteara de nuevo por sus muslos trigueños. Mi mamá soltó un gemido largo y satisfecho: “Ahhh… mi sargento… qué rico me dejas…”. Se besaron bajo el chorro de agua que por fin abrieron, lavándose mutuamente mientras yo seguía ahí, oculto, con la verga dura otra vez y el cuerpo temblando de morbo puro.Y yo afuera, tocándome como vicioso, con la mano empapada de mi propia leche mientras escuchaba cada golpe húmedo desde el baño. Me metí de nuevo al cuarto cuando ellos ya estaban follando como animales en celo ahí dentro: plaf plaf plaf, gemidos roncos de Óscar mezclados con los grititos ahogados de mi mamá. Las cortinas y ventanas abiertas de par en par, como si no les importara una mierda que el vecino de al lado pudiera ver o escuchar todo. El cuarto olía a sexo puro, de ese espeso y animal que te endurece la verga nada más entrar: sudor, semen, coño mojado y ese aroma salado de macho que se te pega en la garganta.
¿Recuerdan a la boa? Ingrid estaba esa vez enredada entre las sábanas revueltas de la cama, su cuerpo grueso y escamoso deslizándose lento sobre el colchón como si nada. Eso me puso aún más loco, porque claramente Ingrid no podía haberse salido sola de su terrario; alguien la había sacado a propósito. Me imaginé a Óscar, con esa sonrisa de sargento cabrón, abriendo la jaula para que la serpiente viera el espectáculo, o quizás usándola para rozar las tetas de mi mamá mientras la cogía, o peor: envolviéndola alrededor de su propia verga dura para que el frío de las escamas le apretara los huevos cargados. Solo de pensarlo me restregaba más fuerte contra mis almohadas, frotándome la verga hinchada contra la tela mientras me imaginaba a ese macho perfecto dominando todo, hasta a la mascota de la casa.
Óscar tenía una buena verga, eso sí, joder qué verga. Larga, morena, venuda, con una cabeza gorda y rosada tirándole a azul, que hacía un encaje perfecto con la vagina depilada y rosada de mi mamá. Note que le llegaba un poquito arriba del ombligo cuando estaba totalmente erecta, y no dudo que a mi santa madre le rozara el inicio del cérvix con cada embestida profunda, haciendo que se le arqueara la espalda y soltara esos gemidos de “ahhh… mi sargento… más adentro”. Sus huevos… ay, sus huevos gordos, negros, peludos y pesados, colgando como frutos maduros, cargados de semen espeso que ya había descargado dos veces y todavía parecía tener más. Los veía balancearse contra las nalgas de mi mamá cuando la penetró de vaquera, y sentí una envidia cabrona de mi mommy. Me imaginaba a mí en su lugar, sintiendo esa polla gruesa abriéndome, esos huevos peludos golpeándome el culo, esa verga venuda llenándome hasta que no pudiera más. Óscar era puro macho: torso tatuado, músculos marcados de marino, casi rapado, con esa mirada de quien sabe que te puede romper y te hace rogar por más.
Mi mamá y Óscar seguían en el baño, follando sin parar; ya me había venido dos veces en mi propia cama, dejando manchas frescas sobre la sábana, y ellos todavía no paraban. Se oían los golpes de carne, el slick slick de la verga entrando y saliendo, los gemidos de ella “uh ah uh ah” y los gruñidos graves de él “toma, cabrona… todo para ti”. Aproveché el momento, me vestí rápido con el uniforme arrugado, agarré mi mochila y salí sigiloso hasta la esquina de la calle. Me quedé ahí como media hora más, escondido detrás de un carro, viendo cómo finalmente Óscar y mi mamá salían por la puerta principal. Él iba con ropa de civil pero se notaba el bulto todavía medio duro en el pantalón; ella con una bata ligera que apenas cubría, el pelo mojado de la ducha y una sonrisa satisfecha. Se despidieron con un beso largo en la boca como si fueran novios o esposos, él le apretó el culo por debajo de la bata y le susurró algo al oído que la hizo reír bajito antes de que él se subiera a su camioneta y se fuera. Volví a la casa cuando ya no había nadie. Todo estaba en su lugar de nuevo: la cama tendida a medias, olor a jabón y lejía tapando el sexo, Ingrid de vuelta en su terrario como si nada hubiera pasado. El resto de la tarde fue normal, como si no hubiera ocurrido nada: mi mamá cocinando, mi hermana llego, ella y yo hablando de la escuela, mami viendo sus novelas. Cuando llegó mi papá del trabajo, lo recibió con un beso en la boca y un “¿cómo te fue, amor?”, como la esposa perfecta de siempre. Cenamos los cuatro juntos (mommy hizo cena especial por el día), platicando, y después me lavé los dientes y me fui a la cama. La misma mami de siempre entró a darme las buenas noches: me arropó, me dio un beso en la frente y me dijo “duerme bien, mi rey”, con esa voz dulce que usaba conmigo desde chiquito.
Pero esa noche no pude dormir tranquilo. Me quedé frotándome despacito bajo las sábanas, desnudo, imaginando todo otra vez. En un momento me puse la tanga que había encontrado en la puerta esa tarde —todavía olía a ella—, y metí un dedo en mi culo, empujándolo profundo mientras murmuraba bajito el nombre de Óscar: “Óscar… ay, Óscar… métemela…”. Me vine quién sabe por cuanta vez pensando en esa verga venuda abriéndome, en esos huevos peludos golpeándome, en ese macho tatuado dominándome como había dominado a mi mamá todo el día. Dormí así, con el semen secándose en mi piel, el nombre de él en la boca y la imagen de esos dos demonios sexuales reproduciéndose en mi mente. Actualmente mi mamá y papá siguen felizmente casados y sin escándalos 💕


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