Mi marido invita a sus amigos a tomar cerveza y ellos tambien me toman a mi
Cada sábado mi esposo llevaba a sus amigos a tomar sin saber que ellos tambien me tomaban a mi.
Sábado en la noche, como siempre, mi esposo había organizado una reunión en casa y había invitado a algunos amigos a ver el partido y tomarse unas cervecitas, como hacia cada semana.
A mí no es que me molestara, pero como apenas nos habíamos casado, pues yo necesitaba otra clase de diversión, pero a él le gustaba mucho llevar a sus amigos y se ve que la pasaban muy bien.
Esto ya se había vuelto una rutina desde hacía algunos pocos meses.
Ese sábado en especial, ya todos andaban medio pasados de copas, así que ya sin pena alguna, los amigos me sacaban a bailar y yo pues accedía, con tal de ver contento a mi esposo.
En baile y baile, los tipos ya se propasaban algo conmigo, disimuladamente me rozaban los senos y las nalgas. Yo me hacia la disimulada para no entrar en problemas con mi esposo.
Ya como a las 10 de la noche, mi esposo me manda a la tienda de la esquina por más cervezas. Así que rápidamente accedí con tal de quitarme de encima a esos mañosos.
Llegué a la tienda y pedí mi compra, enseguida Don Manuel se dispuso a atenderme como siempre, lanzándome piropos discretos y diciéndome indirectas. Pero yo en esos momentos no estaba para bromas, así que me porte distante, un poco cortante.
Pero el hombre era muy insistente y aprovechaba cualquier descuido para toquetearme. No es que me molestara tanto, pero en esos momentos yo andaba ya muy de malas.
En una de esas, sin querer queriendo se acomodó detrás de mí y me froto las nalgas con su pene, sentí un estremecimiento tremendo, ya sabía de las habladurías de que el hombre se cargaba un muy buen paquete, y en ese momento descubrí que en verdad era cierto, así que me entro un tremendo escalofrió y me separe de él.
~Que paso werita? ¿Te gusto? ~ se atrevió a preguntarme de lo más descarado.
~Oiga, que atrevido, ¿cómo se le ocurre? ~ le reproche sin mucha convicción. Como decirle que me había gustado sentir su enorme paquete rozándome las nalgas.
Sentí un tremendo estremecimiento y rápidamente pagué y me fui sin despedirme.
~Hoy cerrare más tarde por si se te ofrece algo ~ me dijo descaradamente el muy atrevido.
Llegué a la casa con las cervezas, pero me di cuenta de que seguía pensando en el condenado viejo y su tremendo arrimón que me había dado, también me di cuenta de que me había guastado…y mucho.
Los amigos de mi esposo seguían bailando conmigo, pero yo no podía dejar de pensar en el viejo y su tremendo paquete, así que, distraída, no me daba cuenta de que los manoseos de los amigos de mi esposo ya eran de lo más descarados y yo ya me estaba poniendo muy caliente sin querer, así que me mostraba coqueta con ellos dejándolos hacer y yo solamente les sonreía.
Al poco, mi esposo me pide que vaya nuevamente a la tienda a traerles cigarros. Así que, sin pensarlo, me dirigí a toda prisa a la tienda otra vez.
Al verme llegar, el viejo empezó nuevamente a la carga.
~Que paso werita? ¿Viniste por más?
Yo quería responder que sí, pero, aunque ya estaba bien caliente, todavía me daba pena ser tan descarada, así que le dije…
~Solo vine por unos cigarros ~
Pasa werita, están acá atrás del mostrador ~ me dijo con doble intención el muy condenado.
Lo seguí a la parte de atrás. El me tomo por la cintura detrás de mí y me volvió a dar otro tremendo arrimón que hizo que las piernas me temblaran, no lo pude resistir y sin más, casi al suelo de rodillas, el aprovecho para sacársela y ponerse frente a mí, mostrándomela.
Me quede muy sorprendida por su atrevimiento, y muy asombrada por el enorme tamaño, la tenía tan cerca de la cara que hasta podía sentir su calor. Los ojos me hacían bizcos, la boca se me hacía agua, sentí mis pezones ponerse duros y claramente noté como se me humedecía el sexo.
No recuerdo haber visto una cosa tan grande y mucho menos tan cerca. Yo sin poderlo evitar me había quedado mirándole su tremenda verga con tremenda incredulidad.
El hombre aprovechó mi desconcierto y sin más me dijo, su voz se notaba ronca, excitada y ansiosa.
~Apuesto a que nunca habías visto algo así, ¿Quieres tocar?
~Ay Don Manuel, como se le ocurre? Respondía yo ya muy nerviosa sin poder dejar de mirársela.
~Solo un poco, no seguido tendrás una oportunidad así ~ me seguía diciendo insistente, agarrándosela y balanceándola frente a mí a dos centímetros de mi cara. Yo tragaba saliva sin poder dejar de verla.
Me tomo la mano y yo sin poderlo evitar le deje, el me la puso sobre su verga y sin poderlo evitar, instintivamente se la aprete.
Sentí una tremenda corriente eléctrica cruzar todo mi cuerpo. Aun no la tenía muy dura, pero si lo suficiente para darme una idea de todo lo que yo podría disfrutar con ese animalote.
Al poco, para mi sorpresa, me di cuenta de que ya se la tenía agarrada con las dos manos y se la acariciaba nerviosa mirándola con asombro, notando como le crecía y se le iba poniendo cada vez más grande y dura. Yo no podía creer a pesar de tenerla entre mis manos.
El hombre aprovecho y tomándome de la cabeza me la empujo dentro de la boca haciéndome toser. Me costó un poco pero finalmente pude acomodármela dentro de la boca, era grande, muy grande, no me cabía, pero por puro instinto, casi sin pensarlo, de pronto me vi mamándosela y me sorprendió notar lo rico que sabia, así que sin darme cuenta, la empecé a disfrutar…y bastante.
El viejo sonrió descaradamente.
~Lo sabía, sabía que no ibas a poder resistirte, eres una puta cualquiera igual que todas ~ sus palabras me estaban super excitando y yo sabía muy dentro de mí, que no iba a poder resistir más tiempo, antes de que el me tratara como puta y yo se lo permitiría. De pendeja se lo iba a impedir. ¿No creen?
El viejo caliente me empezó a frotar las tetas, metiendo mano bajo la blusa y manoseándolas, apretándome los pezones, bien cachondo.
Sentí como me excitaba más y más y noté como se me empezaban a salir los jugos. El viejo ya me tenía muy caliente, estaba totalmente a su merced, así que cuando me pone en cuatro de a perrita, supe que se venía lo inevitable, así que yo no opuse la mínima resistencia.
Al contrario, separe las piernas, doble la espalda y pare las nalgas, ofreciéndome a mi macho.
~Lo sabía, ya estas bien caliente, ¿verdad puta? ~me dijo, su voz reflejaba su triunfo, tenía tiempo que me echaba los perros y yo de pendeja nunca le había hecho caso, de haber sabido lo que se cargaba entre las piernas, desde cuando le habría ofrecido las nalgas. No hay puta que resista a una belleza de verga como la del condenado viejo.
~Si papi, hazme tuya ~ me sorprendí respondiendo sin poderlo evitar.
El viejo se acomodó detrás de mí y me la empezó a meter despacio, la metía un poco y luego la sacaba y la volvía a meter un poco más.
Yo ya estaba que bramaba, la quería ya todita de una buena vez, pero el viejo mañoso y experimentado, sabía que me podría lastimar, así que se tomó su tiempo.
Cuando ya por fin me la metió todita, yo me empecé a mover como puta caliente disfrutando al máximo de la tremenda verga del viejo. Entonces, el me tomo de las caderas y empezó con su tremendo movimiento de macho experto haciéndome ver estrellas.
Yo no paraba de jadear, gemir y suspirar. El muy perro me tenía en el cielo hasta que sentí como me llenaba con sus chorros de leche caliente, haciéndome estremecer y sin ya poderme contener más, yo también me vine en un tremendo orgasmo incontenible, el maldito me saco todos los jugos que no había sacado en meses.
Finalmente, caímos desfallecidos, quedándonos tumbados jadeando en el piso, el con su verga ensartada todavía.
Al poco, ya por fin me recompuse agarre los cigarros y salí de prisa sin despedirme de mi nuevo macho.
Al llegar a mi casa, vi que mi marido se había quedado dormido y sus amigos, en lugar de haberse ido, se quedaron esperando a que yo regresar y continuar con lo que ellos habían dejado pendiente.
Así que nuevamente me sacaron a bailar, siguiendo con sus manoseos descarados, esta vez me deje llevar permitiendo que me metieran mano a su antojo entre todos.
Sobra decir que me manosearon a su gusto, me encueraron todita, me la dieron a mamar entre todos y luego uno por uno me la fue metiendo, cogiéndome a placer.
A medianoche ya me habían hecho hasta sándwich, cogiéndome en deliciosas doble penetración turnándose y cambiando posiciones para que todos disfrutaran de la puta caliente esposa de su amigo.
Me deje coger por el culo hasta el cansancio, yo planeaba que mi culo quedara listo para recibir por la puerta trasera a mi nuevo macho, el viejo vergon pervertido de la tienda, tenía que estar preparada y en condiciones, para que, cuando se llegara el momento, el viejo me la diera por el culo sin lastimarme.
La siguiente semana, en viernes, pase nuevamente a visitar al viejo pervertido, ofreciéndome ya sin la mínima vergüenza, y el me hizo su puta todas las veces que quiso.
Empecé a visitarlo miércoles y viernes y, al poco tiempo, ya iba a verlo diario. Me volví adicta al muy condenado, más bien, adicta a su enorme verga, especialmente cuando me la empezó a meter por el culo, definitivamente se convirtió en mi macho de planta.
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