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Infidelidad

Mi puesto gracias a mi esposa

Preste a mi esposa para obtener un puesto en mi empresa.
«Mi puesto, por mi esposa»

Estábamos pasando problemas económicos muy graves; debíamos la hipoteca de la casa y el banco no nos podía dar más prórrogas de pago. Por desgracia, solo yo trabajaba en casa, ya que mi esposa Ericka siempre se había dedicado al hogar y mi hija Sofía, de 15 años, tenía que estudiar. Había una vacante en mi trabajo en la cual podía ganar mucho más dinero del que ganaba, mucho más… así que tenía que buscar cualquier manera de que fuera mía.

 

Mi jefe, el dueño de la empresa, había dicho que buscaría al que realmente lo mereciera, pero sabía que había muchos lamebotas que también buscarían ese ascenso aun sin merecerlo. Pero, como dije, buscaría cualquier manera de que ese puesto fuera mío, aunque tuviera que volverme un lamebotas también.

 

—Carlos quería invitarte hoy a mi casa en la noche a un asado; mi esposa tiene una mano de ángel, que todo le queda muy bien…

—Uhhhh, bueno, la verdad hoy no tengo nada agendado y tengo tiempo libre. ¡¡¡Pero esto me suena a que quieres el puesto de subdirector de proyectos y no es una invitación muy normal!!!

—No, jefe, hace tiempo que quería invitarte a almorzar o a cenar, pero ya que lo mencionas, podrías conversar sobre ese puesto durante la cena…

—Y dime, Juan, ¿qué puedes ofrecer? Sé que tus capacidades son muy buenas, ¡¡¡pero sabes que por este puesto muchos de tus compañeros están peleando también!!!

 

Yo sabía que la única manera de poder tener esa oportunidad era siendo más osado que los demás, y sabía que con solo palabras no iba a poder lograr nada… Tenía conocimiento por boca de muchos compañeros de que el jefe era un hombre mujeriego, que parte de su debilidad eran las mujeres y tal vez allí podía tener una opción, aunque eso podía poner en riesgo mi matrimonio y no era algo que me diera mucha gracia. Pero por otro lado, a mí me daba algo de morbo, y era entregar a mi esposa a otro hombre, verla siendo poseída. Por dicha, mi hija se había ido a quedar a dormir donde su tía y no la vería hasta el día siguiente.

 

—Bueno, jefe, te voy a proponer algo, algo que no vas a poder rechazar y en donde tú y yo saldremos beneficiados…

—¡¡¡A ver, dime qué es, tengo tu atención!!!

—Bueno, sabes que mi esposa es muy bella; ya la habías conocido en la fiesta del año pasado. Ella es una mujer que en su vida solamente ha estado con un solo hombre y he sido yo…

—¿Y eso qué tiene que ver conmigo o qué pasa?

—Quiero proponerte darte a mi esposa para que tengas sexo con ella con tal de tener el puesto de subdirector de proyectos, ¿qué dices?

 

Mi jefe se quedó en silencio; sus ojos estaban abiertos de par en par. Estaba asombrado por la propuesta; jamás le pudo haber pasado por la cabeza que alguien le hiciera una proposición de ese tipo.

 

—¿Me estás hablando en serio, Juan, y qué hay con tu esposa, ella está de acuerdo? No me gustaría llegar a tu casa y tener problemas de ningún tipo…

—Claro que te estoy hablando en serio, y no habrá ningún problema. Mi esposa me ama y sé que ella entenderá, no va a decir que no…

—Okey, está bien… acepto tu propuesta. Nos vemos hoy en la noche, espero no te eches para atrás.

 

Yo salí directo del trabajo a la casa, ya que era tarde y debía llegar con tiempo y buscar la manera de decirle a mi esposa de la situación en la que la había metido; era algo descabellado, pero no encontraba otra solución y era la única manera de lograr que ese trabajo fuera mío.

 

Voy a describir a mi esposa; ella es una mujer, como dije, muy hermosa, una mujer de hogar y muy cariñosa. Ella es rubia, de ojos celestes, pechos grandes como nos gusta a la mayoría de hombres y un trasero ni muy pequeño ni muy grande; por cierto, se llama Ericka. Algo que mencionaré es que en el sexo ambos somos muy anticuados; siempre hemos hecho el sexo a lo normal, las posiciones comunes. Lo que sí le rescato a mi esposa es que ella en el sexo oral le gana a cualquiera, sabe mamar como ninguna otra, y al parecer es algo que le gusta, pues nunca he tenido un rechazo por parte de ella, pues siempre me ha gustado terminar en su boca.

 

—Hola, mi amor, ¿qué tal tu día, cómo te fue en el trabajo?

—Bien, mi vida. —Muuuuack. (Le di un beso, pero este beso llevaba una pesadez, pues debía decirle lo que iba a pasar en pocas horas). ¿Y tu día qué tal estuvo?

—Bien por dicha, aunque por desgracia la licuadora se dañó; te quería hacer un licuado, pero no lo pude terminar. ¡¡¡Perdón, mi amor!!!

—Tranquila, cielo, no pasa nada… Tengo algo que decirte, mi vida… ¿Recuerdas que te conté que en mi trabajo había una plaza vacante y que el puesto iba a concurso interno?

—Sí, mi amor, claro que lo recuerdo… No me digas que te lo dieron a ti, síííí, ella estaba muy alegre o al menos su rostro brillaba de felicidad.

—No, mi vida, pero te dije que haría todo lo posible para que ese puesto fuera mío, así que invité a mi jefe a cenar hoy.

—¿Cómo? ¿Qué qué? ¡¡¡Pero, mi amor, me lo dices hasta ahora!!!

—Tranquila, mi vida, sé que harás algo muy rico, pues tu cuchara siempre ha sido excelente. Pero además hay algo más y espero no te vayas a negar; de eso depende el puesto y sabes que ocupamos dinero para pagar las deudas.

—Claro, mi amor, sabes que te voy a apoyar en todo lo que necesites… ¿Dime qué es?

 

Tenía que buscar las palabras para decírselo, aunque no había palabras correctas o incorrectas en este caso; era algo descabellado, algo anormal que ningún esposo haría, pero ya no había marcha atrás.

 

—Espero me perdones por lo que hice, mi amor, pero fue lo único que se me ocurrió. No solo invité a mi jefe a cenar, también le dije a él que podía tener sexo contigo; él es conocido por ser mujeriego y así muchos han tenido ayuda de parte de él…

—¿Qué dices, me estás diciendo que me pondrás a cocinar en el último momento y que además me ofreciste como mercancía a tu jefe, que tengo que tener sexo con él esta noche?

—Como te dije, es la única manera que pensé podía tener el puesto y ya no hay vuelta atrás… Espero puedas complacerlo y que seas amable con él; viene en menos de una hora, así que ponte algo sexi para él.

—¿Pero por qué hiciste eso? ¡¡¡No te pusiste a pensar muchas cosas!!! ¿Qué tal si se dan cuenta tus compañeros de trabajo? Dices que es mujeriego, ¿y si me pega una enfermedad?

—Lo siento, mi amor, espero me perdones, pero, como te dije, es la única manera en que salgamos de deudas.

 

En eso me retiré a la sala; ella se quedó un momento en la cocina y, posterior a eso, escuché que se fue al cuarto. Esperaba que me hubiera hecho caso y se estuviera cambiando de ropa.

 

Sonó el timbre; había pasado ya poco más de una hora. Fui a abrir y era él; mi jefe había llegado. Había perdido la noción del tiempo; eran las seis y ya estaba allí. Lo hice pasar.

 

—Hola, Carlos, llegaste muy rápido… ¿Quieres algo de tomar?

—Sí, no había mucho tránsito de camino. Claro, Juan, te acepto algo de tomar…

 

Me dirige a la cocina y me serví un par de tragos de whisky; caminé de regreso a la sala.

 

—Acá tienes, Carlos, whisky en las rocas.

—Uhhhh, gracias, y dime, ¿hablaste con tu esposa?

—Si ella ya sabe…

 

En eso ella apareció en la sala; nosotros estábamos de pie. Ella venía con un vestido floreado, el cual le quedaba precioso; parece que se había vestido para la ocasión.

 

—Les traía algo de tomar, pero parece que mi esposo se adelantó.

—Gracias, bella, eres muy amable.

 

En eso él se acercó a ella por detrás y empezó a meter sus manos entre su vestido, tocando sus tetas.

 

—¡¡¡No quiero hacer esto!!! —decía mi esposa, aunque no hacía esfuerzo por quitarse.

—¿Te gusta tu casa? Tu esposo me comentó que tienen problemas de dinero y que ocupa el empleo…

—Sí me gusta mi casa, pero…

—Pero nada, ya sabes qué hacer…

—No quiero hacer esto, cielo… ¿Puedes parar esto, por favor?

—Hazlo que él dice, solo relájate.

—Pero esto no está bien, estoy casada contigo, tú eres mi esposo. Mi amor, no tienes por qué hacer esto, no está bien.

 

Él seguía tocando sus tetas y a su vez le besaba su cuello. Mi esposa empezaba a dar ligeros gemidos; parece que lo que mi jefe hacía estaba haciendo efecto en ella.

 

Mi jefe sacó ambas tetas de su brasier y los seguía masajeando; mi esposa tenía los pezones erectos. La respiración de mi esposa se aceleró.

 

—¿Crees que ya es suficiente con tocar mis tetas? ¿Puedes ahora sí dejarme en paz?

—Noooo, ahora me vas a chupar la verga…

—¿Qué? Nooo, por favor, ya para con esto…

 

Ella estaba asustada, pero no se negaba o ponía resistencia a lo que mi jefe hacía. Yo me mantenía a la distancia solo viendo y, en lugar de sentirme mal, esto me estaba excitando. Él la inclinó hasta ponerla de rodillas en el piso y, posterior a eso, sacó su pene.

 

—Mi amor, ¿vas a dejar que él haga esto? Él me va a poner a chupar su pene, ¿dejarás que me meta su verga en la boca?

—Abre la boca…

 

Él metió su verga en la boca de mi esposa y a ella no le quedó más que empezar a mamarle su pene. Él tenía una verga más grande y gruesa que la mía; con mucha dificultad solo la mitad le entraba. El mete y saca de mi jefe comenzó con un ritmo cada vez más deprisa.

Parecía que ella lo estaba disfrutando, pues se escapaban de su boca ligeros gemidos y su rostro la delataba.

 

—Lo siento, mi amor, es que solo… (Me decía ella, tratando de disculparse).

—Shhh, cierra la boca y sigue mamando —le decía mi jefe a ella, y ella hacía caso.

 

El paro un momento, agachó su cabeza y tomó a mi esposa con sus manos, acercando su boca a la de él, y le plantó un beso. Ella no se negó y también lo besó; fue un beso corto. Seguidamente, él volvió a colocar su verga en la boca de mi esposa.

 

—Sé que eres el jefe de mi esposo, pero por favor, ya para esto…

—Tú sigue, lo estás haciendo bien.

 

Mi esposa seguía chupando el enorme pene de mi jefe; ella lo succionaba y soltaba solo para chupar sus testículos. De verdad parecía que sí lo estaba disfrutando.

Mi jefe la puso de pie, la volteó, levantó su vestido y le bajó su tanga y seguidamente comenzó a chupar su culo y su panocha; la tenía de cuatro patas…

 

—Ahhhhh, síiiii, ohhhhhh… Uhhhhh, gemía mi esposa de placer; yo solo miraba y tragaba grueso al ver a mi esposa en esa posición.

 

Ahora Carlos se puso más cerca de mi esposa, su pene estaba en la entrada de su vagina y, sin mediar palabra, se la metió de una. Mi esposa pegó un leve grito.

 

—Ohhhh, cariño… Dile que pare, por favor, ahhhhh… Tu jefe me está cogiendo y me duele…

—Tú sigue, mi amor, tranquila, solo disfruta y haz lo que él te dice —le respondí yo a ella, pero no solo ella disfrutaba; yo también lo hacía desde el lugar donde miraba.

—No quiero, por favor, no quiero… yaaaa, para, para, ohhhh, síiiii, por favooooor. ¡¡¡Ohhhh, dios mío!!! No cabía duda quede , a pesar de que estaba siendo exigida mi esposa, también lo estaba disfrutando.

 

La verga de Carlos entraba en su totalidad en la panocha de mi esposa y sus huevos rebotaban en cada empuje que él hacía. Al principio parecía difícil su entrada, pero después de un rato, por la cantidad de fluidos que salían de mi esposa, la verga de mi jefe ingresaba con mucha facilidad.

 

Carlos la tomaba de sus hombros para que su verga entrara con más fuerza; mi esposa no podía hacer nada para frenar las embestidas que él le daba…

 

—¿Te está gustando, puta?

—No me trates así, no soy ninguna puta; son ustedes los que me obligan. —Trátame con cariño para que al menos disfrute yo también. —Esas palabras hicieron que mi erección creciera; mi esposa estaba entrando en el juego y tenía el derecho de disfrutar.

 

—Ohhh, Ohhhh, síiii, ohhhhh, uhhhhhh, ahhhh, ahhh, ahhhh.

 

Eran los únicos sonidos que salían de la boca de Ericka y algunas lágrimas; no sé si eran de dolor o excitación, ya que, como dije, Carlos tenía una verga mucho más grande que la mía.

 

—Por favor, mi amor, dile que yaaaaa pare, ¿vas a dejar que tu jefe siga con esto?

—Tú solo sigue, cielo, solo haz de cuenta que soy yo el que está allí… disfrútalo, hazlo por los dos, hazlo por la casa…

—Ahhhhh, Ahhhhh, Ahhhhh, síiii, síiii, uuuuhhhh. (Ella cerraba sus ojos, su respiración se entrecortaba, sus gemidos eran más notables; podía ver cómo su vagina cada vez se abría más y se hinchaba).

 

Carlos lo estaba disfrutando; él la taladraba como si no hubiera un mañana. Él sacaba su verga una y otra vez y se la volvía a meter a Ericka; disfrutaba más viéndola sufrir. Ya llevaban cerca de unos 30 minutos cuando por fin mi esposa tuvo su primer orgasmo; su cuerpo temblaba y su respiración se ralentizaba.

 

—Ohhhh, Ohhhh, síiiii, síiiii, no pares, síiii… me riego, me riego, ¡maldita sea! Uhhhhhh, ohhhhh, siiiiii. (De su panochito salía gran cantidad de fluidos; no cabe duda de que ese orgasmo le salió del alma).

 

El paro de follarla, la volteo y la besó… Mi esposa no puso resistencia, sus bocas se juntaron y de ambos salieron sus lenguas, las cuales jugaban la una con la otra.

 

—Por favor, ahora ya sí para, ya me hiciste mucho daño…

—Noooo, esto aún no ha terminado, así que colabora…

 

Él la volteó y la subió sobre la mesa, tomó sus tetas y empezó a chuparlos. Mi esposa solo cerraba sus ojos; no sé si era placer o vergüenza. Él tomaba sus pezones y los mordisqueaba uno a uno. Ahora nuevamente tomó su verga y la volvió a meter entre la panocha de Ericka; ella lanzó un gemido nuevamente, esta vez casi sin aliento; parecía que él la quería partir en dos, ya que le daba con mucha, mucha fuerza.

 

Ahora Carlos sacó su pene de la vagina de mi esposa y lo acercó al culo de ella; la iba a penetrar analmente. A ella nunca le había gustado el sexo anal; solo una vez lo hicimos, pero nunca más me lo permitió.

 

—¡¡¡Noooo, nooooo, para, por allí no!!! Ni a mi esposo le permito eso; él no me hace eso…

—Ahhh, pero a partir de hoy lo vas a disfrutar tanto que lo vas a seguir pidiendo siempre… así que solo déjate llevar, abre bien ese culito que hoy va a ser mío.

 

Él solo se echó un poco de saliva en su verga, arrimó su pene al ano de mi esposa y de a poco fue desapareciendo esa gran verga en su culo. Mi esposa mantenía su boca abierta del dolor que le causaba la penetración que le estaba propinando mi jefe, echaba su cabeza hacia atrás y me miraba. Sus gemidos se intensificaron, sus jadeos eran más fuertes.

 

Ella ya no reclamaba, ya no decía que no; ahora lo estaba disfrutando. Sus caderas empezaron a moverse al ritmo de cada arremetida de Carlos; cerraba sus ojos y mordía sus labios.

 

—Oh, oh, oh, oh, ¡Uhhhh! Sigue, sigue, ahora no pares, no vayas a parar, dame más duro…

—Ves lo que te dije, sabía que te iba a gustar.

 

Los testículos de Carlos revotaban en el culo de mi esposa; esto me daba placer. Escuchar los gemidos de ella y el golpeteo de la verga y huevos de Carlos en el ano de mi esposa hacían que mi erección fuera cada vez más grande, al punto que saqué mi pene y me empecé a masturbar.

 

Ahora Carlos se tiró al piso; mi esposa, sin hacer reclamos, se subió encima de él, insertó su pene en su panochito y se comenzó a mover, consumiendo el pene de Carlos por completo. Ella se agachaba y besaba la boca de mi jefe; ahora sí que lo estaba disfrutando y de eso no cabía duda.

 

Pude escuchar una vez más cómo mi esposa estaba llegando al segundo orgasmo, pero esta vez era más intenso, al punto que sus ojos se pusieron en blanco, su respiración casi no se escuchaba, pero sus gemidos comenzaron a escucharse.

 

—Ohhhh, síiiiiii, síiiiii, sigue, sigue… me estoy regandoooo, sigue… —¡¡¡ugggghhhh, agggghhhh!!! —(Ella convulsionaba, sus movimientos eran bruscos, parecía poseída).

 

Mi jefe ya no aguantaba tampoco; estaba a punto de regarse. Mi esposa estaba terminando con su orgasmo; él la levantó de prisa, la puso de rodillas, le indicó que abriera la boca. Él se iba a regar en la boca de Ericka, iba a ver cómo otro hombre le llenaba su boca de leche.

 

—Vamos, abre la boca, ya no aguanto más… (Ella hacía gestos de asco, pero yo sabía que a ella le encantará realmente tanto el semen, sabía que al menos conmigo le encantaba que me le regara en su boca…

 

Ella abrió su boca y sin pensarlo dos veces, metió el pene de Carlos a su boca y comenzó a realizar sexo oral; hizo un sonido ahogado en su garganta, mientras lo dejaba entrar más profundo. Ella no se detenía; se escuchaba un «mmmmhhh» vibrante, seguido por el inconfundible sonido húmedo de la succión «Glup glup glup». El sonido de su garganta al tragar fue tan sonoro que Carlos arqueaba la espalda, hundiendo más y más su verga en la boca de Ericka.

 

Podía escuchar cómo ella se ahogaba tratando de engullir todo el pene de mi jefe; su respiración estaba más forzada, se atragantaba en cada penetración. Ella lo llevó hasta el fondo, sin piedad. Se escuchó un ‘glck’ ahogado, un sonido gutural y húmedo cuando su garganta se cerró alrededor de él. Sus fosas nasales se dilataban, dejando escapar un ‘nghhh’ desesperado por falta de aire, pero no se detuvo. El sonido de su arcada vibró directamente contra el glande».

 

—Eso es, ábrete la garganta para mí, métetela toda, quiero verte ahogarte con ella. No pares, sigue chupando hasta que me saques todo. Al fondo. La quiero al fondo…

 

Ella solo lo miraba a sus ojos y hacía caso a sus exigencias. Tomaba su pene y lo chupaba, se lo metía completo en su boca sin perder el ritmo.

 

—Qué bien la mamas, mira qué puta te ves de rodillas, esa boquita hace milagros. Me encanta oírte tragar. Y ahora te vas a tragar toda mi leche, no vayas a desperdiciar nada, así que prepárate, te voy a llenar esa boca de semen.

 

Él le agarró el pelo con fuerza, guiando el ritmo.

 

​—Qué rico, eso es… no pares —gruñó él, viendo cómo sus labios desaparecían alrededor de su erección.

 

​Ella levantó la vista, con los ojos llorosos por el esfuerzo, y se separó apenas un centímetro, dejando un hilo de saliva colgando entre su boca y la piel de él.

​—Mmm… es tan grande que me ahoga —susurró ella con voz ronca, antes de volver a bajar con voracidad.

 

​¡Glck!

 

​El sonido de su garganta tragándolo entero resonó en la habitación. Ella intentó hablar con la boca llena, vibrando contra él:

​—Mmh-gush-ta —gimió, intentando decir «me gusta», mientras la succión se volvía más ruidosa, más obscena.

 

Él se agarró la cabeza y gritó; su cuerpo se sacudió violentamente mientras la punta de su verga empezaba a palpitar. Ella notó la diferencia de presión y supo que era el final. Intentó bajar más profundo y sintió la primera oleada caliente. Él gimió, no de placer, sino de necesidad.

 

​»¡Toma, mi leche! ¡Es tuya!»

 

​El chorro lo inundó todo con un sonido pegajoso. Se escuchó un ‘glck’ ahogado, seguido de una fuerte arcada y la tos de ella. Se apartó, el mentón goteando, su boca llena, mientras él se desplomaba.

 

Ella lo miró con los ojos cargados de lujuria y resentimiento, tragó con un ‘glup’ fuerte y dijo:

 

—Me la he tragado toda.

 

 

Mi esposa sintió el calor espeso inundar su boca antes de que tuviera tiempo de reaccionar. Él se arqueó, y ella había sentido la primera pulsación caliente golpeando su garganta. Un segundo chorro caliente la llenaba de nuevo. Se escuchó un ‘Glup’ forzado cuando su garganta se llenó.

 

Él gritó ‘¡Tómalo todo!’ mientras la llenaba de leche; el sonido de la eyaculación era una mezcla de pu-pu-pu y un sonido húmedo de llenado.

 

Ella se separó tosiendo, con los ojos llorosos, el pecho agitándose por la arcada. El rostro le chorreaba. Lo sostuvo en su boca un instante, saboreándolo antes de tragar con un ‘Glup’ lento y triunfante.

 

​El hombre se desplomó con un gemido grave y prolongado; su respiración áspera y rota era ahora lo único que se escuchaba. Ella se enderezó de rodillas, con el cuello y la cara cubiertos por una mezcla de sudor y leche espesa. Sin prisa, se pasó la lengua por los labios y saboreó. Un hilo chorreante le cayó del mentón al pecho. Él abrió los ojos, su mirada vidriosa pero intensa.

 

​—Mírate, eres un desastre delicioso —jadeó él.

​Ella sonrió, triunfante; tenía rastros de semen que bajaban por su barbilla. En su cara no había dolor, sino lujuria.

 

A pesar de que ella había sido usada, a pesar de que yo la había obligado, al final ella disfrutó del sexo, ella había salido triunfante y yo esperaba que esto me sirviera para mi cometido, esperaba que ese puesto fuera mío, ya que el valor que le puse a mi jefe valía la pena.

 

—¿Lo has disfrutado, cielo? (Le pregunté a mi esposa aun sabiendo cuál iba a ser su respuesta).

—Claro que sííííí, pero me debes una y muy grande. Sabes que jamás hubiera hecho esto por la buena.

—Sí, mi vida, lo sé…

—Jefe, ¿y a ti qué te pareció?

—Valió la pena cada segundo en tu casa, y lo prometido es deuda; el trabajo es tuyo…

 

Mi felicidad era notoria a pesar de que había ido muy lejos, valió la pena.

 

—Bueno, yo me retiro, muchas gracias por todo. Gracias, Ericka, la verdad eres única.

 

Mi esposa se puso roja de la vergüenza, pero solo sonrió y con su mano le dijo adiós a Carlos mientras ella caminaba hacia el baño a asearse.

 

—Bueno, Juan, nos vemos después en el trabajo. Recuerda, los negocios son negocios.

 

Y así Carlos salió por la puerta. Me quiso entrar un poco de pena o arrepentimiento por lo que había hecho, pero ya no había nada que hacer, lo hecho estaba. Todo fuera por ganar más dinero y salvar la casa.

 

Ya en otra ocasión les contaré de un nuevo trato con mi jefe y cómo en él sí participé.

 

1027 Lecturas/24 diciembre, 2025/0 Comentarios/por Papillo1980
Etiquetas: anal, baño, cogiendo, hija, mayor, orgasmo, semen, sexo
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