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Infidelidad, Intercambios / Trios

Otra noche libre (2)

Mi marido salió a una ciudad cercana para dejar instalada a una cuadrilla a cargo de su amigo Pedro y estaría fuera dos días con una noche, los cuales aproveché desde muy temprano, además de la noche anterior en que ambos me atendieron muy bien..
Desde el viernes en la tarde hasta la madrugada del domingo Dalita, yo y nuestros maridos estuvimos retozando, haciéndonos de todo, pero todo el domingo, desde que salió Dalita a atender a su tía enferma, Pedro y Ramón me trajeron como su puta, poniéndome como quisieron. Ni siquiera nos vestimos ese día. Claro, yo los ordeñé obligándolos a que me llenaran de semen por todo el cuerpo, era importante quedar bien enlechada. Hasta rusa le tocó a cada uno…

El lunes en la mañana, al despertar, ordeñé y tomé dos biberones de leche antes de mandarlos juntos a la regadera. Se vistieron y se fueron a la comisión foránea. Yo me vestí, sin bañarme, claro. Tomé un abrigo y salí a donde me esperaban mis amantes, Amador y Bernabé, para pasar 36 horas juntos…

Crucé el ancho camellón pues del otro lado me esperaban ellos. Me subí de inmediato al auto de Amador y partimos a la casa de éste. Al cerrarse la puerta de la cochera, nos bajamos y me abrazaron juntos. Besos, manoseos, apretones de chiches y verga, etc. Y terminé desnuda antes de pasar al interior de la casa.

–¡Espérense, dejen que llegue a la cama! –grité separándoles las caras de mi cuerpo pues uno ya estaba mamando las tetas con crema y el otro sorbiendo el atole de mi panocha.

–¡Qué rica estás mamita! –dijo Bernabé y me llevó cargando a la alcoba, en tanto que Amador recogía mis zapatos y ropa del piso.

–¡Primero se encueran ustedes! –exigí en cuanto volvieron a manosearme tratando de chuparme–. Primero tomarán tetas con crema. Tú del lado izquierdo –le dije a Amador–, y tú en el otro.

Mamaron y lamieron todo el pecho hasta que se terminó el sabor de la lefa que me unté, con las mamadas de chiche siento que amamanto a un niño, por eso a Bernabé le digo “mi nene”, ahora creía que tenía gemelos para amamantar y les sobaba la cabeza mientras que les decía “Mamen mis niños tienen leche de papi y de su amigo Pedro”. Se pasaron a las axilas. Yo reía a carcajadas al sentir las cosquillas que me provocaban sus lenguas. Bajaron las lenguas por los costados y pasaron a la panza, donde con las cabezas se dieron un tope al querer limpiarme el ombligo. “Juntos, compartan, no se peleen”, les dije acariciándoles el pelo. Sus lenguas trabajaron juntas. Quisieron pasar a la vagina, pero les dije que aún faltaban los pies, las piernas y las nalgas, donde también me regaron generosos mi marido y su amigo. “¡Eres muy puta mamita!” me decían mis machos entre lamida y lamida. Otra vez vinieron mis carcajadas cuando las lenguas pasaron por las plantas de mis pies y me chuparon los dedos. Por último, me volteé para que repasaran la espalda cintura y nalgas. “La leche sabe muy rica en tu piel, putita, tu perfume corporal le da mejor sabor”, dijo Amador. Volví a voltearme y les pedí que fueran acercándose a mi panocha limpiando las chorreaduras de mi entrepierna, pero que los quería juntos al abravar el atole. Lamieron delicioso y entraron alternadamente en mis labios haciéndome soltar muchos jugos en cada venida.

“Ahora, métanme la verga juntos, putos, quiero sentirlos así. Resbalen sus vergas hasta que se vengan”, les ordené y ellos acataron, Tuve a Bernabé entrando por atrás a mi panocha, restregando si pubis en mis nalgas al tiempo que se asía firmemente de mis tetas. El tierno de Amador me tomaba de los hombros y me besaba mientras me cogía. ¡Más orgasmos encadenados al oler el aroma de machos sudados! Al poco tiempo se vinieron casi juntos. Y descansaron con su falo exangüe dentro de mí. Cuando se salieron les pedí que, como buenos amigos, se limpiaran el pene en un 69. ¡Ni por asomo lo dudaron y se pusieron a mamar verga! Mientras yo contemplaba la escena metiéndome los dedos en la raja para sacarlos llenos de lefa que saboreaba… Ellos pasaron a lamerse los huevos uno al otro y la escena me calentaba por la ternura con que mis amores se trataban.

Al poco rato, con sus bocas, volvieron a mi panocha para lamer sus excreciones y las mías. “Te cogieron mucho, Mar, estás con los labios y clítoris muy inflamados” me dijo Bernabé antes de darme un beso para descansar.

–¿Salimos a desayunar algo? Tengo hambre –sugirió Amador.

–Sí, vamos al mercado, ahí hay puestos de comida. Sirve que compramos lo necesario para que les haga una lengua almendrada con la receta de mi amigo Ber, a quien Bernabé ya conoce…

–¿Volviste a mamarle los huevos a tu amigo, putita, o cómo obtuviste la receta? –preguntó Bernabé.

–No he vuelto a estar con él desde la vez que se los mamamos tú y yo –le dije para recordarle ese placer–. Él la mencionó en un relato donde la preparó para el primer trío que hizo con su amigo y Tella, la exesposa de éste. Se me antojó, también el trío, y se la pedí por correo.

Nos vestimos y fuimos a desayunar. Hice las compras de lo necesario y después que regresamos, nos encueramos. Sí, desnuda preparé la comida y, mientras la olla exprés hacía su trabajo, nos echamos otro palo.

–¿No tienes escozor después de tantos días seguidos de coger, mamita? –preguntó Amador, suspendiendo las lamidas que nos daba recogiendo con la lengua el atole que escurría de mi anillo y el tronco en la penetración que me hacía Bernabé.

–No me interrumpas, papacito, estoy viniéndome muy rico… –le contesté y seguí en el chaca-chaca.

Al terminar, Bernabé fue sacando poco a poco su tranca y Amador de la mamó para pasar a tomarse la leche que me dejó Bernabé en la panocha. Luego, Amador me penetró y fue Bernabé quien se puso a chuparnos, Estaba muy rico, pero me acordé que no debía dejar que se cociera de más la lengua que estaba en la olla, así que me separé cuando amador se vino y los dejé para que Bernabé le limpiara la verga a Amador.

Cuando terminaron de descansar y acariciarse uno a otro los aparatos reproductores, me fueron a ayudar. Al menos para lavar los trastos que usé. Amador insistió en su pregunta.

–Traes la panocha muy irritada, preciosa, ¿no te duele…?

–Ya me acostumbré y más que dolor, es disfrute por saberme tan deseada y satisfecha –le contesté.

–Supongo que las putas de la calle que están muy buenas, también se acostumbran al uso frecuente –opinó Bernabé.

–Al menos ellas descansan entre un cliente y otro, yo ni los calzones me puedo poner, pues cuando sale uno, el otro está filoso otra vez. Me gusta verlos y tenerlos arrechos, a todos… –contesté–. Aunque no tenga macho junto a mí, me caliento y me pajeo recordándolos a ustedes o viendo las fotos y videos que me mandan los lectores de mis relatos –añadí.

–¿De qué son esas fotos y videos? –preguntó Amador.

–Son fotos de sus vergas y videos de las venidas donde dicen mi nombre al jalársela. ¡Me caliento riquísimo! Seguramente ya me hicieron muy viciosa. Por eso, sea por mano propia o por fricción de verga o lengua, gozo sin que me duela el exceso –concluí.

Serví la comida, ellos abrieron la botella del vino y sirvieron las copas. El caldo de pollo con arroz y la lengua se acabaron. La comida fue alabada al máximo pues quedó muy sabrosa.

–Cásate conmigo Mar, déjame pedirle tu mano a Ramón –me dijo Amador tomándome la mano.

–Ya mero que el marido la va a soltar, donde tiene cogida y comida excelentes con esta señora –externó Bernabé.

–Así estamos todos muy bien… –contesté–. Es cierto que cojo mucho, atiendo a seis machos regularmente.

–Sí, a tu marido, con cuernos de alce, a su amigo Pedro, a nosotros dos, además del profe y el párroco –señaló con tristeza Amador.

Nos fuimos al sofá y les dije “De postre tienen a esta señora”. De inmediato llovieron los besos y caricias por todo mi cuerpo, acompañados de palabras melosas aderezadas con “putita” Sentí unos dedos dentro de mi raja y otro par apretando y jalándome suavemente el clítoris. Inevitablemente me puse a jalarles la verga y acariciarles los huevos. Fue un buen calentamiento, pues me llevaron cargada a la cama donde me abandoné a sus caricias y metidas de verga por todas partes. La única que orgasmeaba era yo, ellos simplemente me agasajaban…

Bernabé había comprado un pastel de higo, el cual había metido al refrigerador cuando llegamos y eso, acompañado de café, fue la cena.

–Si quieres leche en tu café o en tu pastel, tienes que ordeñarnos –dijo Amador.

–Esa la quiero al rato por dentro, ya que me acabé la botella de Asti –dije extrayendo una botella de la cava de mi amado Amador, quien de inmediato la abrió.

Brindamos. Ellos me seguían calentando y yo me emborraché poniéndome aún más caliente. Cuando me acabé la botella, les pedí que ya nos fuéramos a la cama para que me hicieran sándwich. Ellos obedecieron y yo lo gocé sin importarme quién me culeaba y a quién tenía en la panocha, pero sentía que me faltaba otro pene más para mi boca, ¡Así de puta estaba por el alcohol!

Quedé rendida y me dormí. Más noche sentía que me cogían, yo me dejaba y volvía a dormir. Yo creí que era mi esposo pues las penetraciones eran intermitentes, como pasa cuando Ramón llega borracho. Al amanecer, Bernabé se subió en mí y Amador me dijo “Toma tu biberón matutino, Mar hermosa” poniéndome su verga en la boca. Amador se vino primero y ,e quedé con Bernabé encima. ;o besé compartiéndole la leche que acababa de ordeñar y en pocos segundos, junto con su beso apasionado, sentí su calor en mi vagina. Seguimos durmiendo. En mi sueño me sentía mareada y en él Dalita me decía “Fuma más, mi amor” y me daba de su bacha de mariguana, la cual inhalaba y luego se la pasaba a Teya, la ex de Bernabé, quien también acostumbra fumarla. Entre ambas me tallaban la cara con sus hermosísimos pechos y yo abría la boca para mamarlas. Me desperté con dos vergas llenándome la boca. Cerré los ojos y seguí mamando, imaginando los pezones de ellas…

Mis machos me llenaron de besos y me cogieron juntos volviéndonos a dormir. Ya eran más de las doce cuando despertamos completamente. Amador sacó su cámara y empezamos a posar cogiendo. Cada uno de ellos sobre mí y yo apretándoles la cintura con un candado de piernas. Yo cabalgando, también un 69 con cada uno, pero yo exigí que hicieran ellos dos uno para fotografiarlos. A regañadientes aceptaron, pero en lugar de la cámara, tomé mi celular y le mandé la foto a Dalita con el texto “Mira cómo los tengo de calientes”. Ella contestó “Putísima, me voy a pajear con tus machos”.

Nos metimos a bañar, fuimos a desayunar y ellos me llevaron a mi casa. Obviamente me bajé del auto a más de una cuadra de distancia, no era correcto que me vieran los vecinos…

Me puse a hacer la comida para recibir a mi marido, como esposa fiel y hacendosita que soy. ¡Osicómono! Bueno, lo de hacendosa es cierto, lo de fiel es puro hocico.

Llegó Ramón y lo recibí como se debe. Primero pidió como entrada una cogida, comenzando a quitarse la ropa. Atendí de inmediato a su requerimiento quitándome la bata (lo único que yo traía puesto) y terminé de desvestirlo. Allí mismo, en la sala me empinó y me la dejó ir hasta el fondo.

–¡Qué brusco! Siquiera me hubieras mojado los labios… –reclamé y me la sacó para chuparme la vagina.

–¡Qué irritada estás, mi amor! ¿No te arde la panocha? –preguntó mirándome detenidamente y dando lengüetazos en mis labios.

–Obviamente, después de que del viernes hasta e lunes me trataron como puta, sobre todo el domingo en que apenas salía uno y de inmediato entraba el otro, me dejaron así…–expliqué.

–Pobrecita, pero ni Pedro ni yo nos podíamos contener al ver tu raja babeando con la leche de el otro. ¡Se resbala uno muy rico! Nos hubieras dicho… –se justificó.

–No, ¡qué les iba a decir que pararan!, si me encanta coger teniéndolos muy calientes. Me gusta tanto que soy capaz de seguir cogiendo dos días más con dos vergas deseosas. Métemelo, mi amor, me gusta coger… –le dije y me empaló otra vez.

Soltó tres chorros y se recostó en el sillón. Le traje una cerveza fría y me puse a lamerle la verga hasta dejársela limpia. ¡Amo a mi marido! Sí también al otro par de machos.

4 Lecturas/11 abril, 2026/0 Comentarios/por Mar1803
Etiquetas: amigo, amigos, cogiendo, leche, puta, putita, semen, vagina
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