Así me volví Publica 2
En los vestidores, me puse una pantaloneta de jean sin ropa interior, sintiendo la tela áspera contra mi piel. Luego, salí y busqué a la chica que me había prestado la toalla. Al encontrarla, se la devolví con una sonrisa agradecida, acompañado de una disculpa sincera por las molestias que le había .
En los vestidores, me puse una pantaloneta de jean sin ropa interior, sintiendo la tela áspera contra mi piel. Luego, salí y busqué a la chica que me había prestado la toalla. Al encontrarla, se la devolví con una sonrisa agradecida, acompañado de una disculpa sincera por las molestias que le había causado. Quise asegurarme de que entendiera cuánto apreciaba su gesto, pues en aquel momento, su ayuda había sido más que bienvenida. Fui por el mismo corredor por el que habían salido la pareja de acosadores, caminé con el único objetivo de encontrarlos, se que ni iba a ser tarea sencilla porque el dichoso complejo era bastante grande. Sin embargo, cuando llegaba al final de las torres de habitaciones, tenía pensado devolverme, no sabía realmente que después se encontraban unas cabañas mucho más… privadas, por así decirlo. Y Con mucho esfuerzo los vi a lo lejos, estaban hablando en la entrada de una de estas cabañas, riendo a carcajadas, muy seguramente hablando de lo que me habían hecho.
Corrí, me quité mis sandalias y corrí descalza para acelerar el paso, cuando el hombre estaba a punto de cerrar la puerta le grité
—Espera!!!
EL chico me vio, sonrió y algo gritó hacia adentro de la pequeña cabaña, al instante salió la chica, su pareja.
—Vaya, ¿quieres más puta? — Dijo ella
EL chico rio y muy para mis adentros a pesar de quererme sentir humillada y denigrada no fue así.
—Quizás, pero lo que realmente quiero es que me devuelvas mi bikini, por favor
La pareja se miró por un instante.
—Entra. —Me dijo él
La cabaña era de las últimas del corredor por donde había corrido. Adentro hacía mucho calor, habían dejado el aire apagado, y en esa hora del día el sol abrasador parecía no dar tregua. Sin embargo, no me importó, entré, di un par de pasos y me di vuelta.
Cerraron la puerta y me miraban, me rodeaban, sentía que era un objeto que estaban decidiendo si comprar o no. Me encontraba a su merced y para ser sinceros no me sentía incomoda.
—Creo que la zorra volvió por leche. —De pronto dijo la chica.
Suspiré indecisa y miré a mi alrededor. Apenas si sentía el aire denso y caliente, y las gotas de sudor resbalaban por mi frente. El chico bajó lo suficiente su pantaloneta para liberar una verga de gran tamaño, de esas que no se paran totalmente, se mantenía estática en posición horizontal. Me acerqué y se la toque, mis dedos y mano se quedaban ligeramente pegados por el sudor.
—Lo siento, putica, está un poco caliente aquí —dijo él, halándome fuertemente del brazo, obligándome a arrodillarme ante él.
La observé de cerca, era demasiado grande par a mí, pero antes de que pudiera hacer algo sentí la presencia de la chica, se arrodilló a mi lado y sin decir palabra agarró con su mano izquierda la verga.
—Esto es mío, sabes, no andes ofreciéndoselo sin mi permiso, después no vas a tener leche para mí —dijo, inclinándose y llevándoselo a la boca como si fuera su más preciado tesoro. El chico soltó una carcajada suave mientras yo solo observaba en primera fila.
Me sentía como una niña tímida, cuando a todas luz quería tomar esa verga y devorarla hasta donde pudiera. La chica era una experta, era increíble como se le abría la boca para acoplar el contorno de esa verga y metérsela muy al fondo, seguro que hasta que hacía tope con su garganta y aún así, gran parte de la verga quedaba por fuera.
—Abre todo lo que puedas tu boca, y saca la lengua, —me dijo él. Así lo hice, me prepare para recibir su miembro, y cerré los ojos, sin embargo, lo que sentí fue otra cosa, un liquido caliente hizo contacto con mi boca y me atraganté, abrí los ojos e intente apartarme al darme cuenta de que estaba orinando sobre mi boca.
Puse mis manos sobre sus piernas e intenté alejarme, cerrando al tiempo mi boca, pero unas manos sobre mi cabeza y mi cabello me lo impidieron, recibí toda su meada, la sentía bajando por mi garganta, en el interior de mi boca y en toda mi cara. Cuando terminó, abrí ligeramente mi boca y escupí los restos de orina que tenía dentro y también abrí los ojos, mirándolo con odio, mis manos intentaban retirar sus manos que me tenían atrapada, su respuesta fue acercarme su verga y restregármela por toda la cara, sentí los pelos que adornaban sus testículos por cada centímetro de mi rostro.
Me sentí como una puta barata. Pero tal vez mi ira e incredulidad ante lo que estaba ocurriendo no se notaban demasiado, ya que yo permanecía allí, sin mayor oposición que mi mano buscando aquella que me sujetaba por mi cabello. Solo cerré mis ojos y mi boca y dejé que ese hombre restregara su virilidad contra mí.
—Es toda nuestra. —Dijo él.
Cuando se despegó de mí. Note la ausencia, mi cara húmeda recibió el aire denso que flotaba en la habitación y ya no sentí el calor del principio, fue como un tullido, como si prefiriera el contacto con su piel que la soledad de no tenerlo. Pero mi cuerpo aún sentía el calor y más cuando la chica se acurrucó a mis pies e intentaba a la fuerza quitarme mi pantaloneta de jean.
Me quede quieta, con el corazón latiéndome fuerte en el pecho. Los miré a ambos, desesperados por comerme, por usarme, por violarme. Y luego, estaba yo, yo era culpable de lo que ocurría, me lo había buscado, la calentura que envuelve a una mujer amante del sexo es difícil de explicar.
Sentí como mi pantaloneta cedía y quedaba sentada sobre el baldosín de la habitación, el suelo estaba mojado, bañado en orina y yo estaba ahí sobre eso. La posición me llevo nuevamente a admirar esa enorme verga que se mantenía a escasos centímetros de mí, y volvieron mis deseos de tenerla en mi boca. Él mantenía su mano sobre su verga, masturbándose suavemente. Pero la chica se volvió a adelantar y nuevamente su boca se apropiaba de la verga de mis deseos.
Dejar un comentario
¿Quieres unirte a la conversación?Siéntete libre de contribuir!