En el camion, dos viejos me manosearon
A mis 18 y embarazada de 7 meses, la verdad me sentía algo cansada, lo malo es que el camión venia lleno, así que me tuve que esperar a que se desocupara algún asiento. .
Esa tarde, iba en el camión de pasajeros de regreso a casa luego de hacer mis compras en el mercado como cada semana.
A mis 18 y embarazada de 7 meses, la verdad me sentía algo cansada, lo malo es que el camión venia lleno, así que me tuve que esperar a que se desocupara algún asiento.
Mientras tanto, algunos pervertidos me venían metiendo mano a su gusto y yo no podía hacer nada para apartarme, no había para donde hacerse y yo, yo, pues ya me estaba poniendo bien caliente.
Un viejo maduro pervertido me rozaba las tetas con el brazo disimuladamente aprovechando el movimiento del camión. Otro viejo, de plano me había subido la faldita, que de por si era algo corta y me agarraba las nalgas bien rico.
Yo ya estaba que me escurría de lo caliente que me habían puesto, así que la verdad, pues me hacía pendeja y los dejaba hacer. No sé porque a una se le calienta tanto estando embarazada ufff.
Finalmente se desocupo un lugar y pude sentarme, los dos pervertidos quedaron sentados frente a mí y me miraban las piernas con lujuria, ya que se me veían los muslos y un poco los calzones. Ya que, por la panza, una no puede cerrar bien las piernas.Además, que, con cada movimiento, sin querer abría las piernas y esos pervertidos se daban su buen taco de ojo.
Cuando llegue a mi destino, los muy condenados se apresuraron a ayudarme a bajar deteniéndome por los brazos y cargando mis bolsas. Luego, se ofrecieron a acompañarme a mi casa, ya que les dije que vivía ahí cerca.
Al llegar a mi casa, les ofrecí que pasaran a tomar algo para el calor, en agradecimiento por haberme ayudado. Ellos aceptaron de buen grado.
~Disculpa hermosa, no se molestará tu marido ~ preguntaron con desconfianza, algo preocupados.
~No hay problema, vivo sola, no se preocupen ~ respondí coqueta y algo insinuante.
~Ah ok, ¿desde cuándo vives sola? ~
~Desde que me embaracé de mi suegro y su mujer pidió que me marchara ~ respondí mostrando cierta tristeza.
~ ¿Tu, tu…suegro? Preguntaron incrédulos.
~Si, ~ Mi esposo no me atendía como corresponde y mi suegro tuvo que intervenir hasta dejarme embarazada. Así que tuve que salirme de esa casa.
~Y.… no te sientes sola? ~
~ Si mucho ~ respondí fingiendo un sollozo de tristeza.
Nos sentamos en el sofá y el paso un brazo detrás de mis hombros para tratar de consolarme. Así estuvimos un rato, ellos empezaron a tomar y a platicar tonterías. Al poco ya estaban algo tomados y se mostraban ya más atrevidos en sus comentarios.
En un momento dado, alce la cara para mirarlo, el me tomo la cara y me empezó a besarme muy tierno. Yo le respondí tímidamente y, sin querer, claro está, puse una mano sobre su pierna, tocando su bulto.
El hombre me empezó a besar ya más apasionadamente metiendo una mano dentro de mi blusa agarrándome las tetas, ya un poco desesperado. Note como su bulto se le ponía duro y se le paraba.
El otro viejo pervertido, ya no se aguantó más y me separo las piernas, como pudo me quito los calzones y recostándome sobre el sofá, metió su cara entre mis piernas me empezó a mamar la panocha de lo más rico, poniéndome mucho más caliente de lo que ya estaba.
Como pude, separe las piernas y le agarre la cabeza frotándola contra mi sexo, estaba ya que escurría. El otro hombre, luego de mamarme las tetas un rato, se levantó y se la saco dándome a mamar.
Que barbaros los dos viejos, tenían una tremenda verga enorme, gruesas, hasta se les notaban las venas, cosa que me excitaba tremendo. Así que se la empecé a mamar bien rico, lamiéndole las bolas y pasándole los dedos por atrás, haciendo que se estremeciera de placer.
Así pasamos bastante rato cogiendo, los viejos sí que sabían cómo tratar a una dama. Me hicieron terminar varias veces hasta dejarme tumbada como muñeca de trapo toda desmadejada y llena de leche por todos lados.
Cuando salí a despedirlos, solo me puse una batita corta transparente que se me veía todo, me di cuenta de que don Oscar, el mecánico, nos estaba observando disimuladamente y claro está, que se imaginó todo lo que había sucedido al ver salir al par de viejos de mi casa, sabiendo que yo vivía sola. Yo solo le sonreí coqueta a modo de saludo y dando vuelta entre a la casa, dejando que me viera un poco las nalgas.
Pocos días después, ya estaba yo caliente de nuevo, así que se ocurrió ir a ver a don Óscar a ver si me hacia el favor. Él era un hombre grande, fornido, a causa de su trabaja y no sé por qué, pero sí que se me antojaba bastante.
Así que me puse mi faldita corta y mi blusita escotada y tomé una tacita y me dispuse ir a verlo.
Toque la puerta y al abrir, don Oscar se me quedo mirando todo embobado, se me veían más de la mitad de los senos y mi carita de ángel y mi sonrisa angelical, era algo que él no se esperaba, así que sin más me metí a su casa enseñándole mi tacita.
~Don Oscar, vengo a ver si me regala un poco de leche ~ le dije sonriendo coqueta y un poco descarada.
En eso, vi que había dos hombres más con el hablando de trabajo.
~Perdón, quise decir, un poco de azúcar ~ pero ya era demasiado tarde, estaba claro a lo que yo había ido. Los dos hombres solo se miraron y luego me miraron a mí, haciéndoseles agua la boca.
Por su expresión, me di cuenta de que habían estado hablando de mí.
~Les estaba contando que metiste a dos viejos a tu casa, pero no me creyeron ~ decía don Oscar deseando que le confirmara para quedar bien con sus amigos.
~Pues por algo habrá sido que no le creyeron don Oscar ~ le dije sonriendo.
~No sé cómo les dice esas cosas, que van a pensar de mí, estos caballeros ~ decía coqueta.
~No se preocupe güerita, venga a platicar, siéntese con nosotros ~me decían al tiempo que me hacían lugar en el sofá entre ellos. Al sentarme, se me abrió el escote de la blusa y notaron que no llevaba sostén.
~Dios mío, no trae brasier ~ escuche decir.
El otro que estaba frente a mi exclamo bajito, pero con gran sorpresa ~dios mío tampoco trae calzones ~
~ Esta puta ya viene preparada para lo que sea ~ decían muy nerviosos, pero también muy excitados.
~Hay no que pena, no piensen mal, es que me iba a bañar, pero quería un poco de leche para mi café antes ~ claro está que nadie me creyó.
~No te preocupes güerita, entre los tres te vamos a dar toda la leche que necesites ~ dijo Don Oscar ya muy excitado.
Me pusieron de pie y entre los tres me empezaron a acariciar, a besar y a desvestir. Yo no puse resistencia, al contrario, les dejé hacer y les permití propasarse todo lo que quisieran conmigo.
Uno me besaba las tetas, otro, de rodillas, me lamia el sexo, haciéndome ver estrellas y enseguida note como ya enseguida me empezaba a mojar.
Don Oscar, detrás de mí, me acariciaba las nalgas y trataba de meterme los dedos en el culo, ensalivándoselos, uno, luego otro, hasta que sentí que ya me tenía con cuatro enormes dedos dentro, mete y saca rápidamente. Yo me sentía en la gloria. Esos tres condenados sí que sabían cómo ponerme bien caliente.
Me acostaron sobre la mesa y don Oscar me empezó a coger con su enorme y gruesa verga, haciéndome suspirar, gemir y jadear. Mientras uno de los viejos me daba a mamar, que rica verga tenia, me sabia deliciosa ufff, es increíble sentir como te palpita dentro de la garganta, toda dura y bien caliente. El otro viejo se entretenía mamándome las tetas y frotándome el clítoris, haciéndome ver estrellas, con ganas de venirme ya.
Continuara…
No te pierdas la continuación de esta excitante historia.
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