Mi amigo, una puta y yo
Relato publicado originalmente en SexoSinTabues.com por Anonimo.
Lo que ocurrió la noche de ayer es algo que siempre había querido hacer y que por fin se presentó la oportunidad de hacerlo realidad.
José es un amigo desde hace 10 años y un día estaba chateando con él y surgió el tema del sexo, sin darnos cuenta ya estábamos cuadrando un trío en el cual él y yo nos cogeríamos a una puta.
Llegó el día y yo estaba en su apartamento tomando unas cervezas, me preguntaba a mí mismo si llegada la hora iba a ser capaz de hacer el trío. Fue él quien preguntó si finalmente le íbamos a echar bolas a lo cuadrado por chat. Ya habíamos tomado unas cuantas cervezas y habían empezado a hacer efecto. Le dije que por mí estaba bien, que llamáramos a la puta y que le echáramos bolas.
José tomó el celular y llamó a una puta que él ya se había cogido varias veces en el pasado. Según él, Anabel era una tipa que estaba buenísima y tiraba muy rico. Así pues, pasada media hora sonó el timbre… era ella… Anabel, una catira con porte de italiana, alta y delgada, con un vientre totalmente plano que traía al aire, unas tetas operadas y del tamaño perfecto y un culazo excepcional. La piel de su pecho y espalda estaba cubierta de pecas, lo que me excita full.
Al entrar nos presentamos y le brindamos una cerveza de la cual sólo tomó un par de tragos. José y yo nos sentamos en el sofá, ya sin camisa ambos y ella comenzó a desvestirse lentamente. Se quitó el top que traía y dejó al aire y a nuestra vista unas tetas perfectas, con marca de bronceado y unos pezones claros y parados. José empezó a masajearse por encima del pantalón, a través del cual se notaba la erección que ya tenía.
Mi amigo es un tipo un poco más alto que yo (yo mido 1, 75 mts) y moreno, con un buen cuerpo resultado de noches tras noches de ejercicio. Su torso está cubierto de vello que afeita íntegramente, sin embargo esta noche hacía una semana que se había afeitado por lo cual traía el pecho, abdomen y axilas cubiertos de pelitos muy cortos. Por mi cuenta, soy un tipo blanco, delgado y con un cuerpo bastante menos atlético que mi amigo, sin embargo me considero relativamente bien parecido; en la tarde me había afeitado el torso y las bolas completamente. Mi amigo y yo, a pesar de los años de amistad, nunca habíamos hecho algo parecido, ni entre nosotros ni con nadie más, ni siquiera nos habíamos visto desnudos en ningún momento, aunque sí hablábamos mucho de nuestra intimidad.
Anabel empezó a bajarse la minifalda de espalda a nosotros y quedó en un hilo dental mínimo. Sus nalgas y muslos estaban bronceados, lisos y firmes. A este punto yo también me estaba tocando por encima del pantalón y se notaba mi gran erección. La puta nos pidió que nos levantáramos y fuéramos hacia ella y así lo hicimos. Nuestras manos comenzaron a recorrer todo su cuerpo, sus tetas eran amasadas por nosotros, yo apretaba su culo mientras mi amigo hizo a un lado la pantaletica y le introdujo un par de dedos en el coñito recién depilado.
La caraja se agachó y se puso frente a nuestros bultos. Nosotros comenzamos a desabotonar el pantalón, bajamos el cierre y dejamos ver nuestros bultos por debajo de los interiores. Anabel sacó primero el güevo de mi amigo. Era un ejemplar que, sin que me quede nada por dentro, estaba bastante bien, grueso, con pelos muy cortos, de unos 14 o 15 centímetros, con una cabeza grande y rosada. Mi amigo tenía el güevo torcido un poco hacia arriba y a la izquierda. La puta le dio un par de lengüetazos y empezó a sacar mi güevo. Yo estaba totalmente afeitado, mi güevo es grueso, pero no tanto como el de José, sin embargo sí más largo, me mide 17 centímetros y es bastante venoso; mi cabeza no es tan grande como la de mi compañero y estoy circuncidado a diferencia de él, lo tengo un poco torcido hacia abajo y a la izquierda.
Anabel empezó a alternar nuestros güevos para mamarlos, cada vez José y yo nos acercábamos más a voluntad de ella hasta que consiguió meterse ambos güevos a la vez en la boca. Esto me exitó mucho, nunca había pegado mi güevo con ningún otro y ver como ambos entraban y salían de la boca de la puta me puso a mil y noté que a mi amigo también porque empezó a respirar más pesado.
Levantamos a Anabel y nos fuimos al cuarto de José. Él se sentó al borde de la cama y Anabel se arrodilló entre sus piernas, sacó un condón y se lo puso, luego se sentó encima de él metiéndose su güevo de un solo golpe en su coño. Yo me acerqué por detrás de ella y los empujé para que quedaran acostados, me arrodillé en la cama a la altura de sus cabezas y al lado de ellos para que la caraja me mamara el güevo mientras mi amigo se la cogía. Por nuestra cabeza nunca pasó una doble penetración por lo que mientras uno se la cogía, al otro se lo mamaban, al menos eso era lo acordado hasta entonces y así estuvimos hasta que José acabó. Escucharlo teniendo un orgasmo fue gracioso porque yo no hago ruido al acabar pero él sí lo hace tal cual película porno.
Anabel se bajó de él y se acostó en la cama boca arriba. Yo me puse mi condón y me acerque entre sus piernas, poniéndole la punta en la entrada de su coñito, ya dilatado por la cogida de mi amigo. Comencé el mete y saca con fuerza, bombeándola con cada embestida. José mientras tanto se quitó el condón y se limpió con una toalla que había puesto en la cama con ese fin. Se quedo sentado al lado de nosotros viendo como yo me cogía a la puta.
Yo ya sentía cerca mi orgasmo por lo que saqué mi güevo y me quité el condón y acabé en el vientre de Anabel; normalmente mi leche no es muy abundante, pero esa vez salían y salían chorros de semen y uno de ellos fue a parar a las piernas de José. Los dos nos acostamos boca arriba mientras Anabel iba al baño a limpiarse un poco.
Acostados los dos, José me elogió mi güevo y yo el suyo y me dijo que le había exitado bastante cuando la puta nos los había mamado a los dos a la vez, yo le dije que también me había exitado bastante eso y acordamos que cuando volviera Anabel la penetraríamos los dos a la vez. Mientras la puta se limpiaba en el baño, nos pusimos los condones nuevos y comenzamos a hacernos la paja para que cuando llegara ya tuviésemos los güevos bien parados para seguir.
Anabel salió del baño totalmente mojada lo que me puso a millón esta vez. Le dijimos que se acostara sobre José dándole la espalda a él. Así lo hizo y con una mano agarró el güevo de mi amigo y se lo metió en su coño. Yo le pedí que se echara para atrás y que dejara de moverse mientras yo le metía mi güevo. Con mi mano llevé mi güevo a la entrada de su coño y lo recosté al de mi amigo, con la misma mano agarré los dos güevos para que el de él no se saliera mientras yo metía el mío, esto hizo que casi acabará instantáneamente. Fui presionando hasta que conseguí meterlo y comenzamos a bombear el coño de Anabel. Ella gritaba del dolor y placer que le estábamos causando, eran dos güevos gruesos los que estaba recibiendo.
Estuvimos así un rato hasta que José se salió y yo, sin sacárselo, me acosté dejando a la puta encima de mí. José se puso entre nuestras piernas y cuando yo pensé que iba a penetrarla, sentí que me apretaba las bolas y metía un par de dedos en el coño que yo me estaba cogiendo. Eso me llevó a acabar nuevamente soltando una descarga aún mayor que la primera. Me salí de Anabel y José empezó a cogérsela en cuatro patas. Yo me deslicé entre los brazos y piernas de ellos, hacia abajo, y dejé mi cara a la altura de la acción. Sobre mi cara veía el bombeo de José dentro de la puta, veía sus bolas balancearse al ritmo del vaivén que llevaban e incontrolablemente acerqué mi cara y empecé a lamerle el clítoris a Anabel, sintiendo a veces el sabor del condón de José y sus bolas pegando de mí barbilla.
Mi amigo empezó a hacer los ruidos extraños por lo que sabía que estaba a punto de acabar, sacó su güevo y se quitó rápidamente el condón acabándole encima del culo a la puta, yo traté de quitarme pero uno de sus chorros de leche se escurrió por el culo de Anabel y cayó en mi cara.
Nos limpiamos y la puta se fue. Nos quedamos los dos acostados desnudos en la cama, al día siguiente quedamos en repetir la experiencia porque a ambos nos había parecido lo máximo.
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