Mi nuevo empleo
En mi nuevo empleo ascendí rápidamente debido a mi experiencia y a mis habilidades.
Tenía un mes trabajando en esas oficinas, me habían asignado a la recepción. Yo había esperado encontrar algo mejor, pero eso fue lo que salió, así que acepte en espera de encontrar nuevas oportunidades más adelante.
Ese viernes los compañeros de trabajo habían organizado la reunión de cada mes como ellos acostumbraban, por supuesto que fui invitada, de ese modo seriamos 8 hombres y 8 mujeres.
Yo acepte de muy buena gana, en poco tiempo ya me llevaba muy bien con todos, así que pensé que sería buena decisión asistir.
En la reunión, casi a medianoche, ya todos con algunas copas de más, se empezaron a desinhibir.
Un compañero, esposo de otra compañera me había estado coqueteando muy descaradamente, me había estado metiendo mano bajo la mesa, agarrándome las piernas, me puso bien caliente, asi que yo lo había dejado hacer y muy disimuladamente le había agarrado la verga acariciándosela sobre el pantalón.
~Ya estas bien mojada ~
~Pues así me pones agarrándome ahí ~
~Es que estas bien buena ~
~Tú también estas caliente? Vamos al baño ~ le pedía ya muy excitada, se me estaba antojando una buena cogida.
Me excito mucho sentir como se le paraba y se le ponía muy dura, la tenía algo grande y como que me entraron ganas.
Así que disimuladamente nos metimos al baño y pues que remedio, me la dio a mamar, la verdad es que si la disfrute bastante, pero me tiro toda la leche dentro de la boca, dejándome con bastantes ganas de coger.
Mi jefe se dio cuenta de todo, así que disimuladamente se sentó cerca de m, yo todavia bien caliente.
¿Que estabas haciendo? ~ me pregunto directo.
~Nada ~
~Nada? Salieron juntos del baño ~ me decia muy cachondo.
~ Solo se la mamé un ratito ~ respondí mirándolo directo a los ojos.
El no pareció sorprenderse por lo que le dije, más bien se sorprendió por lo sincera o descarada la forma en que le respondí.
El acepto y sonrió en silencio.
~Eres muy hermosa, tienes muy buen cuerpo y se nota que eres muy caliente ~ me dijo tranquilamente.
~Tú crees? ~ le decía sonriendo coqueta.
~Me gustaría saber que tal lo haces ~me dijo descaradamente, mirándome a los ojos y con una mano ya sobre mis piernas.
Me estremecí al contacto de su mano caliente que subía y subía.
~Pues vamos ~ me sorprendí yo misma con esa respuesta que ni siquiera lo había pensado.
Yo asentí con la cabeza y con una sonrisa medio coqueta. Salimos sin decir palabra. Nos metimos en un motel cerca de ahí.
Apenas entramos a la habitación, él ya tenía la verga de fuera, así que aproveché para acariciarla un poco, en lo que mi jefe me mamaba las tetas, al poco, me puse de rodillas y se la empecé a mamar.
El hombre se estremecía de placer.
~Que bárbara Melany, sí que la mamas bien rico ~me decía entrecerrando los ojos disfrutando bien rico.
~Creo que vas a dejar la Recepción y serás mi secretaria privada ~
~Y la esposa de Ricardo? ~ pregunte insinuante.
~Se ira a Recepción ~ sonreí y se la seguí mamando bien rico.
Al poco ya me tenía todita encuerada, su cabeza entre mis piernas, su lengua disfrutando mi panocha y chupándome el clítoris., haciéndome estremecer y retorcerme de pasión.
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Se me empezaron a salir los jugos y mi jefe se apresuró a bebérselos.
~Que rico saben tus jugos, se ve que eres una puta bien caliente, tal como me gusta ~ Yo no respondí, le agarraba la cabeza y me frotaba su cara en mi sexo, toda desesperada, estaba a punto de ebullición.
Noto que ya me iba a venir, así que se levantó rápidamente, se recostó sobre las almohadas boca arriba y me hizo sentarme sobre él, clavándome su enorme verga dentro de mi sexo, haciéndome estremecer.
Me puse a moverme como loca, yo ya estaba a mil, me la metía hasta el fondo rebotando sobre su vientre, sintiendo como se me iba todita. Que placer estaba yo experimentando, sí que tenía muy buena verga el muy condenado. En ese momento supe que el me haría su puta cuantas veces quisiera y yo, yo…aceptaría.
El lunes siguiente, llegue tarde al trabajo, la otra chica ya estaba en la recepción y apenas me saludo. Entre a la oficina de mi jefe, él ya me estaba esperando.
Sin más me puso a mamar, yo obedecí sumisamente, y al poco me dio tremenda cogida al estilo mañanero, un buen rapidin, que me supo delicioso.
Así fueron todas mis mañanas en mi nuevo puesto.
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