• Registrate
  • Entrar
ATENCION: Contenido para adultos (+18), si eres menor de edad abandona este sitio.
Sexo Sin Tabues 3.0
  • Inicio
  • Últimos Relatos
  • Publicar Relatos
  • Relatos Eróticos
    • Categorías de relatos
    • Buscar relatos
    • Relatos mas leidos
    • Relatos mas votados
    • Relatos favoritos
    • Mis relatos
    • Cómo escribir un relato erótico
  • Menú Menú
1 estrella2 estrellas3 estrellas4 estrellas5 estrellas (Ninguna valoración todavía)
Cargando...
Intercambios / Trios, Orgias, Zoofilia Mujer

Mi perro y yo fecundamos a mi esposa

Un recorrido erótico de nuestros espermatozoides (de mi perro y yo) has fecundar a mi esposa.
La noche empezó con risas y copas en el salón de su apartamento. Ana y Marcos habían bebido más de la cuenta: whisky, vino, y esa botella de tequila que siempre los ponía salvajes. Ella, con su vestido corto negro subido hasta las caderas, se sentó a horcajadas sobre él en el sofá. Sus besos eran húmedos, borrachos, llenos de lengua. Marcos le metió dos dedos en el coño ya empapado mientras ella gemía contra su boca.

—Joder, qué mojada estás… —gruñó él, sacando la polla dura de los pantalones.

Ana se bajó de golpe, empalándose hasta el fondo con un gemido largo y gutural. Empezaron a follar como animales: ella cabalgándolo fuerte, las tetas rebotando, el coño chorreando por sus huevos. Marcos la agarraba del culo, separándole las nalgas, y le metía el dedo en el ano mientras la penetraba. El salón olía a sexo y alcohol.

Pero esa noche algo cambió. El perro de la casa, un rottweiler grande y musculoso llamado Thor, rondaba cerca. Había estado mirándolos todo el rato, la polla roja asomando ya del prepucio, goteando. Ana lo vio y se mordió el labio.

—Marcos… —susurró, sin dejar de follar—. ¿Y si… lo dejamos mirar más cerca?

Marcos sonrió con esa sonrisa ebria y perversa.

—Invítalo. Que te folle, mi puta.

Ana se bajó de la polla de su marido, se puso a cuatro patas en la alfombra y levantó el culo. Thor no necesitó más. Se acercó olfateando, lamiéndole el coño y el ano con esa lengua áspera y caliente. Ana gritó de placer cuando el perro le metió la lengua dentro, follándola con ella. Marcos se masturbaba despacio, viendo cómo su mujer se abría para el animal.

—Vamos, Thor… móntala —ordenó Marcos.

El perro saltó sobre la espalda de Ana. Sus patas delanteras se clavaron en sus hombros. La polla roja, larga y gruesa, buscó a tientas y, de un golpe salvaje, se hundió hasta el nudo en el coño de Ana. Ella aulló. Era enorme, más gruesa que la de Marcos, y quemaba. Thor empezó a bombear como una bestia: embestidas rápidas, brutales, el nudo hinchándose dentro de ella, trabándola. Ana se corrió al instante, chorros de squirt saliendo alrededor de la polla canina mientras gritaba:

—¡Sí! ¡Más fuerte! ¡Fóllame como una perra!

Marcos se arrodilló frente a ella y le metió la polla en la boca. Mientras Thor la reventaba por detrás, Marcos le follaba la garganta. Los tres gemían: Ana ahogada en polla, Thor gruñendo, Marcos jadeando.

El perro se corrió primero. Un chorro espeso, caliente, interminable. Litros de semen canino inundaron el útero de Ana, el nudo trabado impidiendo que saliera. Marcos, al ver eso, se corrió también, llenándole la boca de leche espesa que ella tragó entre gemidos.

Cuando Thor se bajó, el nudo aún hinchado, un río blanco y espeso empezó a salir del coño abierto de Ana. Pero no todo. Mucho se quedó dentro.

Y entonces, en la oscuridad de su vientre, empezó el verdadero viaje.

Los espermatozoides de Marcos, blancos, humanos, veloces y familiares, nadaban ya desde hacía minutos por el cérvix, abriéndose paso entre las paredes rosadas y húmedas del canal vaginal. Eran miles, agitándose con esa cola furiosa, buscando el óvulo que Ana había ovulado esa misma mañana.

Pero no estaban solos.

Los espermatozoides de Thor llegaron como una marea salvaje. Más grandes, más agresivos, con colas más potentes. El semen del perro era más espeso, más caliente, y sus espermatozoides parecían bestias: gruesos, con cabezas ovaladas y colas que latían con fuerza animal. Se mezclaron con los de Marcos en una orgía microscópica dentro del útero de Ana. Los dos tipos de esperma chocaban, se rozaban, se empujaban… pero ninguno dominaba. Nadaban juntos, como aliados en la misma carrera.

Ana seguía a cuatro patas, gimiendo bajito, sintiendo cómo su vientre se llenaba. Marcos le acariciaba el clítoris hinchado mientras veía salir más semen mezclado por sus muslos.

Dentro, el recorrido era puro éxtasis biológico y erótico.

Los espermatozoides humanos y caninos avanzaban por las trompas de Falopio, deslizándose por las paredes mucosas que se contraían de placer alrededor de ellos. Se tocaban, se rozaban las colas en un baile obsceno. Uno de Thor, más grande y dominante, se pegó a uno de Marcos como si lo guiara. Juntos atravesaron el istmo, dejando atrás millones de compañeros que se perdían en los pliegues.

Y ahí estaba: el óvulo.

Grande, redondo, brillante, flotando en la trompa como una luna llena, rodeado de su corona radiada. Esperando.

Los primeros en llegar fueron dos: uno de Marcos y uno de Thor. Se acercaron al mismo tiempo, rozándose las cabezas. El espermatozoide humano penetró primero la zona pelúcida, abriendo un camino. El canino, más fuerte, lo siguió de cerca, empujando con su cola potente. Ambos atravesaron la membrana exterior con un latido de placer microscópico, como si el óvulo mismo se contrajera alrededor de ellos en un orgasmo silencioso.

Entraron juntos.

Sus cabezas se hundieron en el citoplasma cálido y nutritivo del óvulo. Las colas se agitaron una última vez fuera, como si follaran el borde mismo del huevo, y luego… desaparecieron dentro.

Completamente.

Los dos espermatozoides se fundieron en la oscuridad dorada del interior. Sus núcleos se acercaron, se tocaron, y en un estallido invisible de placer biológico, desaparecieron por completo dentro del óvulo. Ya no eran dos. Ya no eran humano y perro. Solo eran parte de ella ahora. Absorbidos. Devorados por la célula que empezaba a dividirse, latiendo con vida nueva y prohibida.

Ana se dejó caer en la alfombra, exhausta, el coño aún goteando semen mezclado. Marcos la besó, sabiendo lo que acababa de pasar dentro de su mujer.

—Joder… —susurró ella, tocándose el vientre—. Los sentí… a los dos… dentro de mí.

Y esa noche, mientras dormían abrazados con Thor a sus pies, el óvulo ya latía, lleno de un secreto que nunca contarían a nadie.

6 Lecturas/2 abril, 2026/0 Comentarios/por Premium
Etiquetas: culo, follar, leche, orgasmo, puta, semen, sexo, viaje
Compartir esta entrada
  • Compartir en Facebook
  • Compartir en X
  • Share on X
  • Compartir en WhatsApp
  • Compartir por correo
Quizás te interese
Mis primeros cuernos
Fabiola y su hijo 4
Descubriendo el secreto de Sandra, mi madre – Capítulo I
Ay, Humberto que rico eres
DESCUBRIMOS EL SEXO FUERA DEL MATRIMONIO
Ámbar, La Nínfula
0 comentarios

Dejar un comentario

¿Quieres unirte a la conversación?
Siéntete libre de contribuir!

Deja una respuesta Cancelar la respuesta

Lo siento, debes estar conectado para publicar un comentario.

Buscar relatos

Search Search

Categorías

  • Bisexual (1.424)
  • Dominación Hombres (4.374)
  • Dominación Mujeres (3.202)
  • Fantasías / Parodias (3.563)
  • Fetichismo (2.902)
  • Gays (22.677)
  • Heterosexual (8.697)
  • Incestos en Familia (18.974)
  • Infidelidad (4.647)
  • Intercambios / Trios (3.247)
  • Lesbiana (1.190)
  • Masturbacion Femenina (1.065)
  • Masturbacion Masculina (2.033)
  • Orgias (2.164)
  • Sado Bondage Hombre (470)
  • Sado Bondage Mujer (198)
  • Sexo con Madur@s (4.555)
  • Sexo Virtual (275)
  • Travestis / Transexuales (2.518)
  • Voyeur / Exhibicionismo (2.653)
  • Zoofilia Hombre (2.284)
  • Zoofilia Mujer (1.695)
© Copyright - Sexo Sin Tabues 3.0
  • Aviso Legal
  • Política de privacidad
  • Normas de la Comunidad
  • Contáctanos
Desplazarse hacia arriba Desplazarse hacia arriba Desplazarse hacia arriba