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Fantasías / Parodias, Intercambios / Trios, Voyeur / Exhibicionismo

Un matrimonio intercambian de cuerpo

Una noche de pasión y fantasía nos llevó a desear algo inesperado .
La luna llena entraba por la ventana del dormitorio como un foco plateado, iluminando los cuerpos sudorosos y entrelazados de Marco y Laura. Eran un matrimonio swinger de treinta y tantos, fogosos hasta la locura, siempre buscando el siguiente nivel de placer. Esa noche, como tantas otras, habían empezado con una sesión salvaje: Laura cabalgaba a Marco con fuerza, sus tetas rebotando mientras él le apretaba las nalgas y la penetraba hasta el fondo. El sudor les corría por la piel, el olor a sexo llenaba el aire y los gemidos eran roncos, animales.
—Joder, amor… —jadeó Marco, clavándole los dedos en las caderas—. Me encanta follarte así… pero ¿te imaginas qué se sentiría estar en tu lugar? Ser penetrado… sentir cómo te abro el coño desde dentro.
Laura se inclinó hacia adelante, mordiéndole el cuello mientras aceleraba el ritmo, su clítoris rozando contra la base de la polla gruesa de Marco.
—Y yo… quiero saber qué se siente tener una verga dura y metérsela a alguien… a ti. Ser tú por un fin de semana entero. Penetrarte, correrme dentro de ti, sentir cómo te corres alrededor de mi verga… Luna llena, por favor… haz que pase. Solo este fin de semana. Quiero ser él… y que él sea yo.
Marco gruñó, embistiéndola desde abajo con más fuerza.
—Que pase. Que cambiemos. Quiero sentir tu coño apretándome la polla… desde adentro.
Los dos llegaron al orgasmo al mismo tiempo, gritando, contrayéndose, corriéndose juntos mientras la luna los bañaba. El placer fue tan intenso que se quedaron temblando, abrazados, y se durmieron casi al instante.
Al amanecer del sábado, la luz entró por la ventana. Marco abrió los ojos primero… y sintió algo completamente equivocado. Sus pechos se movían al respirar. Pesados, suaves. Bajó la mirada y vio dos tetas firmes con pezones rosados. Su mano —delgada, con uñas largas— tocó entre las piernas y encontró… un coño húmedo, hinchado, sin polla.
—¡¿Qué carajos?! —gritó con la voz de Laura.
Al lado, “Laura” abrió los ojos y se incorporó de golpe. Tenía el cuerpo musculoso de Marco, la polla semierecta entre las piernas, pesada y gruesa. Se miró las manos grandes, el pecho plano y velludo.
—Marco… soy… soy tú —dijo con la voz grave de él.
Se miraron horrorizados. Corrieron al espejo del baño. Ahí estaba: Marco dentro del cuerpo de Laura, con su melena castaña, sus curvas, su coño depilado. Y Laura dentro del cuerpo de Marco, con su barba incipiente, sus abdominales marcados y esa verga que ahora colgaba entre sus muslos fuertes.
—Esto no puede ser real —susurró Marco (en el cuerpo de Laura), tocándose los pechos, pellizcándose un pezón que se endureció al instante—. ¡Joder, se siente… bien!
Laura (en el cuerpo de Marco) se tocó la polla, que empezó a endurecerse solo con el roce.
—Está pasando. La luna… lo pedimos. Nos espantamos… pero… ¿y si lo aprovechamos? Dijimos un fin de semana. Quiero saber qué se siente follarte con tu propia verga.
Marco, aún en shock, sintió cómo su nuevo coño se mojaba solo de oírlo. El miedo se convirtió en una excitación brutal, caliente, prohibida.
—Hazlo —dijo con la voz de ella, ronca de deseo—. Fóllame. Quiero sentir cómo me penetras.
No hicieron falta más palabras. Laura, en el cuerpo de Marco, empujó a su esposo (ahora en el cuerpo de ella) contra la cama. Le abrió las piernas con manos fuertes y miró ese coño que ahora era de él, rosado, brillando de humedad. Bajó la cabeza y le pasó la lengua despacio, lamiendo el clítoris hinchado. Marco gimió alto, arqueando la espalda; la sensación era eléctrica, diferente, más profunda.
—Dios… tu lengua se siente tan… —jadeó.
Laura no esperó. Se colocó encima, agarró su polla dura —la polla de Marco— y la frotó contra la entrada del coño. Empujó. Centímetro a centímetro, la verga gruesa entró, abriéndolo, llenándolo. Marco gritó de placer, sintiendo cómo lo estiraba, cómo le rozaba las paredes internas.
—¡Sí! ¡Más adentro! ¡Fóllame como yo te follo a ti!
Laura empezó a embestir con fuerza, con ritmo salvaje. Sus caderas chocaban, la polla entraba y salía, mojada, brillante. Le agarró las tetas, se las chupó, mordió los pezones mientras lo penetraba sin piedad.
—Esto es… joder… se siente tan apretado… tan caliente… —gruñó Laura con la voz de Marco.
Marco, en el cuerpo de ella, movía las caderas para recibir cada embestida, tocándose el clítoris mientras era follado. Llegaron juntos otra vez, Laura corriéndose dentro de él, chorros calientes llenando su coño, mientras Marco se corría con espasmos alrededor de la polla, gritando.
No pararon en toda la mañana. Lo hicieron en la ducha: Laura lo empotró contra los azulejos y lo folló por detrás, sujetándolo de las caderas. Lo hicieron en la cocina: Marco se sentó en la mesa, abrió las piernas y Laura lo penetró mientras desayunaban entre gemidos. Cuatro veces más. Cada orgasmo era más intenso, explorando sensaciones nuevas: el peso de las tetas rebotando, la polla palpitando antes de correrse, el sabor de su propio coño en la boca del otro.
Por la noche, decidieron dar el siguiente paso. Se vistieron con la ropa del otro —Marco con un vestido corto y tacones que le hacían sentir las piernas largas y sexys; Laura con jeans y camisa que marcaban su nuevo cuerpo masculino—. Condujeron a la ciudad cercana, a un bar swinger que conocían de antes. La luna seguía llena, cómplice.
En el bar conocieron a Diego y Valeria, otro matrimonio caliente, treintañeros como ellos, que enseguida captaron la química. Después de unas copas y coqueteos descarados, terminaron en una habitación privada del lugar.
—Queremos experimentar todo —dijo Laura (en cuerpo de Marco), con voz segura.
Se desnudaron. Diego y Valeria se quedaron impresionados con lo que creían era una pareja “nueva”. Laura empujó a Valeria contra la cama y le metió la polla de Marco sin preámbulos, follándola duro mientras Diego se colocaba detrás de Marco (en cuerpo de Laura) y le metió la verga en el coño de un solo empujón.
—Joder, qué apretada estás —gruñó Diego, embistiéndolo.
Marco gemía como nunca, sintiendo una polla extraña abriéndolo mientras veía a su esposa (en su cuerpo) follarse a Valeria con fuerza. Laura le agarraba las tetas a Valeria, la besaba con lengua, la penetraba profundo. Los cuatro se enredaron: Marco chupándole la polla a Diego mientras Laura lo follaba por detrás; Valeria sentándose en la cara de Marco mientras Laura y Diego se turnaban para penetrarlo. Corrieron juntos, semen en tetas, coños llenos, gemidos mezclados. Marco se corrió dos veces solo con ser follado, sintiendo cómo le llenaban el coño y el culo. Laura se corrió dentro de Valeria y luego dentro de Marco, reclamando su nuevo cuerpo.
El domingo por la mañana, aún con los cuerpos cambiados y el coño de Marco deliciosamente adolorido y lleno de semen seco, decidieron ir más allá. Llamaron a sus mejores amigos del sexo opuesto: Ana, la mejor amiga de Marco (una morena curvilínea y bisexual), y Carlos, el mejor amigo de Laura (un tipo alto, dotado y sin complejos).
Quedaron en un hotel discreto. Ana y Carlos llegaron pensando que era una sesión swinger normal… hasta que empezaron.
Primero, Laura (en cuerpo de Marco) folló a Ana con fuerza sobre la cama, embistiéndola mientras Carlos le metió la verga en la boca a Marco (en cuerpo de Laura). Luego cambiaron: Marco se dejó follar por Carlos, sintiendo esa polla gruesa abrirle el culo mientras Laura le comía el coño a Ana y la hacía correrse en su boca. Fue salvaje, explícito, sin límites: doble penetración para Marco, que gritaba de placer con dos vergas dentro; Laura corriéndose en la boca de Ana mientras Carlos le follaba el coño a Marco desde atrás. Se corrieron una y otra vez, cuerpos sudorosos, semen por todas partes, gemidos que llenaban la habitación.
Pasaron el resto del día follando sin parar: en la piscina del hotel, en el jacuzzi, en la cama otra vez. Marco descubrió lo que era correrse con el culo lleno; Laura, lo que era follarse a su mejor amiga con la polla de su marido.
Llegó la medianoche del domingo. Estaban exhaustos, abrazados en la cama del hotel, todavía en cuerpos ajenos. La luna ya empezaba a bajar. De pronto, un calor intenso los recorrió. Sus cuerpos temblaron, la vista se nubló… pero nada cambió.
El lunes por la mañana despertaron todavía intercambiados. Marco seguía con las tetas de Laura, su coño sensible y usado; Laura seguía con la polla gruesa de Marco entre las piernas. Se miraron aterrorizados.
—No… no regresamos —susurró Marco con voz femenina, tocándose el cuerpo que no era suyo—. ¡Se suponía que era solo el fin de semana!
Laura, en el cuerpo de él, se levantó de golpe y se miró en el espejo.
—¡Mierda! ¿Qué hicimos? ¿Cómo volvemos?
Pasaron el día en pánico, probando todo: bañarse con agua fría, repetir las palabras que habían dicho bajo la luna, incluso intentar dormir otra vez. Nada funcionaba. Sus cuerpos seguían cambiados.
Al atardecer, desesperados, decidieron ir a ver a la bruja del pueblo, una anciana que vivía en las afueras y de quien todos hablaban en susurros. La encontraron en su casa llena de velas y hierbas. Les bastó una mirada para que la mujer sonriera con picardía.
—Ah, el hechizo de la luna llena… —dijo con voz rasposa—. Pidieron el cambio mientras follaban bajo ella. El hechizo de la luna es poderoso. No se revierte hasta la próxima luna llena… en dos meses.
—¿¡Dos meses!? —exclamaron los dos al unísono.
Marco (en el cuerpo de Laura) se sintió mareado. Dos meses con coño, tetas, reglas, tacones… Laura (en el cuerpo de Marco) miró su polla y tragó saliva, pensando en tener que masturbarse, orinar de pie y follar con ese cuerpo durante todo ese tiempo.
—Es mucho… es demasiado tiempo —dijo Laura, preocupada—. ¿No hay forma de acelerarlo?
La bruja negó con la cabeza.
—El hechizo se cumple tal como lo pidieron. Disfrútenlo… o sufran. Pero tendrán que seguir así por un buen tiempo.
Salieron de la casa de la bruja pálidos, tomados de la mano, con el corazón latiendo fuerte. Dos meses enteros viviendo en el cuerpo del otro. Dos meses de sensaciones nuevas, de follar de formas que nunca imaginaron, de descubrir cada rincón del placer ajeno… y de aprender a vivir con el miedo y la excitación constante.
Se miraron en silencio mientras subían al coche. El terror seguía ahí, pero debajo de él ya empezaba a crecer otra cosa: la misma curiosidad fogosa que los había metido en esto.
Esta historia continuará…

5 Lecturas/11 abril, 2026/0 Comentarios/por Premium
Etiquetas: amiga, amigos, baño, bisexual, follando, follar, hotel, sexo
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